24 Nov 2017

Como hemos de recordar, nuestra Iglesia se rige por un año litúrgico similar al año civil.

El año litúrgico está integrado por distintos tiempos litúrgicos, como el Adviento, la Navidad, el Tiempo Ordinario, la Cuaresma, la Pascua. Cada uno de estos tiempos, tienen sus propias características: una duración determinada, un color propio, un sentido que marca el modo de vivir.

El año litúrgico inicia con el tiempo de Adviento, el cual posee una doble connotación: es el tiempo de preparación para Navidad, solemnidad que conmemora el primer advenimiento o venida del Hijo de Dios entre los hombres, y es al mismo tiempo aquel que, debido a esta misma conmemoración o recuerdo, hace que los espíritus dirijan su atención a esperar el segundo advenimiento de Cristo como un tiempo de expectación piadosa y alegre[1].

El tiempo de Adviento, dura cuatro semanas previas al 25 de diciembre (Navidad), tomar en cuenta el final del año, nos ayuda a identificar el tiempo de Adviento.

Éste año, la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, o de “Cristo Rey” es el día 26 de noviembre, domingo de la XXXIV semana del tiempo ordinario. Iniciando el nuevo año Litúrgico 2017-2018 desde las vísperas del 3 de diciembre, que es ya, el primer domingo de Adviento.

[1] Cfr. Misal Romano, Edición Típica para México, BAC, reimpresión en junio de 2015,  Normas Universales Sobre el Año Litúrgico y Sobre el Calendario, no. 39. pp.122.