11 Dic 2018

HELLO! 1

La madrugada del 12 de diciembre de 1531, la nación completa vivió un cambio en su identidad como tal. Fue la misma señora del cielo, quien tomando al más sencillo de sus hijos, decidió plasmar la huella de su amor en el más burdo de los lienzos. Así, México fue adquiriendo una identidad única, no solo espiritual, sino social, política y antropológica.

Si nos remontamos a la historia de nuestro país, la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe ha sido protagonista de algunos sucesos que han marcado el rumbo de nuestra historia. En la Independencia de México, Miguel Hidalgo, portando el estandarte con la imagen de Guadalupe, se armó de valor para convocar al pueblo e iniciar la lucha por la independencia. De igual manera, en la persecución religiosa que sufrió México en 1926, el estandarte de la Guadalupana encabezaba las marchas; y el último grito de los mártires fue: ¡Viva Cristo Rey, Viva la Virgen de Guadalupe!

En la actualidad el acontecimiento Guadalupano sigue causando admiración, sigue estremeciendo la piel de hombres y mujeres que contemplan su imagen.

Son innumerables los altares que nos encontramos hechos en su honor, miles de imágenes pegadas en carros, autobuses, ventanas y puertas. Podemos escuchar canciones de género popular, y en muchas de ellas se hace referencia de la Guadalupana. Unos la llaman la Señora, la Morenita, la Madre de todos, la Señora del Tepeyac.

La identidad antropológica de nuestro país se ve enriquecida por su amor y cercanía. Su imagen es un códice cargado de símbolos, dictado en un lenguaje ordinario, pero significativo. Basta con tan solo mirarla, para dejarte cautivar por su esencia única e inigualable. Han pasado ya 487 años de su aparición, muchas generaciones, muchos cambios culturales y evolución de pensamiento; pero su presencia entre nosotros sigue vigente.

En la última visita del Papa Francisco a México, en su discurso de despedida en Cd. Juárez Chihuahua, antes de regresar a Roma, afirmó: «México no se entiende sin Ella». En la realidad de nuestro ser mexicano, las palabras del Papa nos dice mucho, México ha culturizado y ha entendido muy bien este magnífico hecho.

Éste 12 de diciembre, no lo veamos como un día ordinario, como un recuerdo más de algún hecho ocurrido en el pasado. Al contrario, tenemos que sentirnos orgullosos de ser mexicanos, de ser Guadalupanos. El 12 de diciembre tendrá que ser un día de fiesta, día de celebración nacional, sin importar, raza, lengua, condición social. El amor de ella hacia nosotros, es para todo aquel que se quiere dejar amar por la Madre, por su Madre, Nuestra Madre. No perdamos de vista que el anuncio de Santa María de Guadalupe es su Hijo Jesucristo, el Verdadero Dios por quien se vive. Quien la ama a Ella, lo ama a Él. Gracias Guadalupe por darnos identidad como pueblo y nación; pero más por darnos a tu Hijo Jesús, “quien nos amó y se entregó por nosotros” (cfr. Ga 2, 20).

Héctor Morales Montes
1o. de Teología

11 Dic 2018

HELLO! 1

La vida de los cristianos debe ir encaminada y acompañada por virtudes tanto humanas como divinas que nos permitan orientarnos en el camino que nos hará encontrarnos con Dios nuestro Creador y Señor; dichas virtudes tenemos que ir desarrollándolas en cada paso que demos como lo han hecho infinidad de hombres y mujeres en sus vidas cotidianas.

En la actualidad pareciera que carecemos de ejemplos reales y cercanos que nos permitan aventurarnos en los grandes misterios de la vida para caminar con confianza y sentido, direccionándonos a un fin prometedor.

Pero esto no es así, gracias a Dios existen diversidad de ejemplos que han tenido una fe bien cimentada, una esperanza prometedora y una caridad sustanciosa. En México la persona de Cuauhtlatoatzin (nombre indígena) o Juan Diego (nombre cristiano) fue capaz de acoger con mucha prontitud la llamada de Dios en María Santísima de Guadalupe.

Juan Diego se caracterizaba, entre los suyos, por ser un hombre atento a las necesidades de los demás (cuidando a su tío Bernardino), trabajador (haciendo matas para vender y llevar el sustento a su casa), atento y dispuesto en realizar su responsabilidades como esposo, un hombre que por naturalidad cumplía con la voluntad de Dios sin conocerla aún, sólo hacía lo que le correspondía hacer. De tal forma, que cuando comienza a recibir la instrucción catequética por mediación de los frailes franciscanos no duda en seguir el camino que ya llevaba.

Este gran hombre abrazó la fe católica poniéndola por encima de su cultura chichimeca de la zona de Texcoco, debido a lo que estaba descubriendo en las enseñanzas recibidas, hacía que se enamorara más de Dios, tomando un verdadero sentido en su actuar, siendo paciente, bondadoso, nada envidioso, ni jactancioso, tampoco orgulloso (Cfr. 1 Co 13, 4-13).

El acontecimiento Guadalupano no podía suceder sin que Dios pusiera su mirada en alguien como Juan Diego, un hombre limpio de corazón (Cfr. Mt 5,8). Nuestra Madre del cielo reconoce la sencillez de este indio y confía en él para compartir con todo el mundo el mensaje de salvación que traía en su vientre, y quien mejor que el bienaventurado Juan Diego para ser el portavoz para el pueblo mexicano.

Mirar la vida y obra de Juan Dieguito, es mirar un camino de santidad, cercano y posible del cual tanto tú y yo podemos imitar, para mejorar nuestra relación con Dios y con el prójimo. Si en verdad queremos ocupar una de las habitaciones que Dios nos tiene preparadas despojémonos de todo aquello que nos estorba y revistámonos de los dones y carismas ya recibidos. Que a ejemplo de san Juan Diego, Dios vea nuestra sencillez y limpieza de corazón para acoger su misterio redentor y salvador, y que María Santísima de Guadalupe vaya encaminándonos de su mano para lograrlo como lo hizo con el más pequeño de sus hijos Juan Dieguito.

Luis Humberto Saldívar
2do de Teología

04 Dic 2018

HELLO! 1

Parafraseando un refrán, me atrevo a decir: “Dime como te preparas, y te diré que tan importante es para ti esa persona o ese evento que esperas”.

El Adviento, es un tiempo especial, de gozo y alegría que requiere más que una organización de fiestas y posadas.

No hay duda que, después de hacer una invitación a un amigo, familiar o algún ser querido, nos preparamos de la mejor manera para brindar una buena hospitalidad, y que esa persona, “especial” para nosotros perciba el aprecio y la importancia que guarda en nosotros. Mostramos nuestros buenos modales, ponemos los mejores cubiertos, e inclusive nos aseamos para tener una buena presentación. Es muy semejante la experiencia cuando nos enteramos de que alguien importante llegará a visitarnos, pues como mínimo solemos preparar y limpiar el lugar por donde pasará esa visita especial.

Ahora bien, sucede todo lo contrario cuando sabemos que, llegará alguien que nos incomoda, no compaginamos ideas o, simplemente nos cae mal. Con un lenguaje no verbal damos a entender que no disfrutamos de la presencia de ese individuo, podemos incluso no hacer acto de presencia, o evitamos involucrarnos en la plática, y en el peor de los casos solemos ser descorteses, para que la persona se incomode y se retire lo más pronto posible.

Un gesto sencillo, pero que nos puede ayudar a vivir este tiempo de Adviento, es que, durante estas semanas, por medio de la oración hagamos una invitación para que nuestro Señor habite en nuestros pensamientos, sentimientos, sueños, anhelos, en todo nuestro ser. Y si logramos ser consientes de la persona que nacerá esta Navidad, prepararemos bien nuestra vida, aseando y acomodando nuestras acciones y pensamientos; para que Jesús vea cuán importante es para nosotros. Se consciente de como te preparas y descubre que tan importante es para ti esta Navidad.

Luis Rosendo Martínez Cigarroa
2do. de Teología

25 Nov 2018

HELLO! 1

Seguramente has escuchado hablar mucho de mí y haz visto como los otros dicen amarme, la concepción que algunos tienen sobre quien soy y como es mi reino es muy variada. No los culpo.

Los ojos del hombre han visto muchas cosas, buenas y malas; sus relaciones con las autoridades tanto políticas como religiosas no han sido favorables del todo, y han sufrido mucho daño. Yo soy una figura de autoridad, yo soy Rey y por tal motivo la percepción que puedan tener de mí, puede no ser agradable.

En un principio en la historia judía, mi Pueblo pedía un rey, y mi Padre se los concedió, pero obtuvieron reyes con pensamiento de hombre, que si bien algunos fueron grandes reyes, otros hicieron mucho daño al Pueblo de Israel, pero es parte de los riesgos al elegir a alguien que elija por ti. Mi Reino no es de este mundo, y por lo que mi reinado no es igual al de los hombres, no me preocupa darles órdenes e imponer mi voluntad aun sabiendo que les haría un bien, pero los amo demasiado como para coaccionar su libertad.

Mi reinado se basa en el amor y mi juicio es en base a la cantidad de amor que cada uno da a su prójimo. El amor es lo que me movió a mí a dar la vida por ustedes, a entregarme y a amarlos hasta el extremo. Mi reino también consiste en estar con ustedes, todos los días hasta el fin del mundo yo estoy con ustedes, y en muchas ocasiones me he decepcionado de su indiferencia porque estando enfermo no me visitan, estando hambriento no me dan de comer, estando desnudo no me dan algo para vestir y la indiferencia me hiere.

Se preguntaran que ¿Cómo es posible que no me hubiesen reconocido en estos momentos? Pues han de saber que lo que hacen con los más débiles y los más pequeños, los que más los necesitan, ahí estoy yo, en todos ellos y en ustedes. A los que sean misericordiosos como el Padre lo ha sido con ustedes sepan que en su juicio el amor los premiará, porque al ser misericordiosos sus corazones se asemejan al mío y como yo los amo mucho, al ser semejantes nuestros corazones, no deben temer al juicio del amor.

Ustedes son mi Pueblo y yo soy su Dios y Rey y si su Rey los juzga con el amor, sean semejantes ustedes también, miren, hablen, actúen conforme al amor y serán bienvenidos a mi casa, en la que hay una habitación para cada uno de ustedes.

Mi gracia les basta, Jesucristo Rey del Universo.

Emigdio de Jesús Ochoa.
1o. de Teología.

23 Nov 2018

HELLO! 1

Vocación y castidad, dos palabras que quizá sean fácil de definir, pero en el diario caminar son difícil de escuchar y vivir. Si volteamos a ver a todo lo que ofrece el consumismo y el individualismo, encontramos que estas dos palabras no ofrecen lo que el mundo ofrece.

La vocación ofrece el discernimiento, por el cual entramos en lo más profundo de nuestro ser para reconocernos como hijos amados por Dios, capaces elegir.
La vocación también ofrece entrar en un dialogo personal con Dios, que nos ayuda a descubrir nuestro verdadero camino a la santidad dando una respuesta libre que significará una donación a Dios y a nuestros hermanos.

Junto al don de la vocación, tenemos la castidad, regalo de Dios a la humanidad que nos une a él en la ternura de su amor. Tristemente se cree que la castidad es solo para los padrecitos y las monjitas, esta es una idea absurda pues, aunque están llamados a vivirla no se limita a la continencia por el Reino de los Cielos (eso es el celibato, cosa distinta); la castidad se puede vivir en cada persona, sacerdotes, religiosas, solteros y matrimonios, pues la castidad el recto uso del amor humano.

Podemos finalmente dirigir nuestra mirada a María santísima, un gran ejemplo de la castidad y servicio. Ella que fue inmaculada desde su concepción, nos enseña cómo vivir este don: en el llamado de María, ella responde con una entrega total, tanto que es capaz de autonombrarse la sierva de Dios. La vocación y la castidad, son un llamado a servir al igual que nuestra Madre del Cielo, no con manifestaciones extraordinarias, sino con los pequeños detalles que encontramos las diversas situaciones de la vida. Hoy la Iglesia necesita de cristianos que respondan al llamado de Dios para ser mensajeros de su ternura y de su amor.

Gilberto Pérez Castro (2do. de Filosofía)
Revista San Teófimo No. 139

16 Nov 2018

HELLO! 1

Justo después de la solemnidad de Cristo Rey estaremos viviendo la última semana del tiempo ordinario y con ello el fin del año litúrgico.

El tiempo ordinario se divide en dos partes, el primer periodo ordinario se da entre Navidad y Cuaresma, y el segundo entre Pascua y Adviento. En total suelen ser treinta tres o treinta y cuatro semanas en las cuales no se celebra ningún aspecto particular del misterio de Cristo como lo hacemos en los demás tiempos litúrgicos. Se dice que, precisamente por no celebrarse ningún misterio concreto de Cristo en el tiempo ordinario, se celebra en él, todo el misterio cristiano. Al comenzar inmediatamente después del Bautismo del Señor, permite iniciar el ministerio de la vida pública desde el comienzo, siguiendo la narración evangélica mostrando la vida de Jesús en todo su dinamismo y la presentación de su persona y de su imagen con los mismos métodos catequéticos que usó la primitiva comunidad.

El tiempo ordinario, es el periodo más largo dentro del año litúrgico, también se puede definir como “el tiempo en que Cristo se hace presente y guía a su Iglesia por los caminos del mundo”, tiempo en el cual la Iglesia es llamada a profundizar en el misterio pascual y a disponerse a vivirlo en el transcurrir de la vida diaria, podríamos decir que es un tiempo de preparación para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios.

Una particularidad del tiempo ordinario es el color verde, el cual significa la esperanza, cuando todo florece, reverdece y se renueva, por eso es común que el sacerdote use la casulla de color verde en la Misa sobre todo los domingos, a excepción de los días festivos o en los que celebramos la memoria de los mártires.

En el tiempo ordinario nos encontramos con un Cristo ya preparado para la misión que le encomendó Dios Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres (cfr. Lc. 2, 52.) de modo que también nosotros busquemos crecer y madurar en nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad en medio de la comunidad en la que vivimos y servimos.

El tiempo ordinario desarrolla el misterio pascual con una gran claridad. La temática tan concreta propia de los tiempos especiales, es más abierta que en el tiempo ordinario, esto permite a nuestros pastores ahondar en la presentación y ampliación del misterio de Jesucristo, y a los fieles profundizar en su fe, especialmente en aquellos aspectos que más afectan a su vida concreta.

Francisco Gerardo González Rivera
Segundo de Filosofía

09 Nov 2018

HELLO! 1

El día 5 de noviembre es una fecha muy especial en el Seminario Arquidiocesano de Monterrey, pues ese día celebramos a nuestro santo patrono, San Teófimo mártir.

Este año las celebraciones a san Teófimo, iniciaron el día 29 de octubre; pero las preparaciones para la fiesta fueron desde meses atrás. En esta ocasión le correspondió al Instituto de Teología la organización, por ello nos esmeramos en privilegiar el aspecto espiritual, de fraternidad, cultural e incluso el deportivo.

Los seminaristas nos encargamos de organizar todas las actividades que se realizan; nos organizamos mediante pequeñas comisiones, donde es muy importante la comunicación entre nosotros para que todo se desenvuelva de la mejor manera posible, apoyados en todo momento y de manera oportuna por el equipo formador del Instituto.

Otro punto que no quiero dejar por alto es el reconocer a los empleados del Seminario, pues todos de alguna manera u otra han contribuido a la realización de esta fiesta, de manera enunciativa más no limitativa quiero mencionar el equipo de Cocina, el de Mantenimiento, Economía y Administrativo.

Esta fiesta no es solo para los seminaristas, se busca que también sea un punto de encuentro con el presbiterio de Monterrey, es por ello que contamos con la valiosa participación de Monseñor Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey, quien presidió la misa del inicio del septenario.

Posteriormente, tuvimos la dicha de que nos celebraran la Eucaristía los sacerdotes Héctor Mario Pérez Villarreal, Carlos Alberto Santos García, Ángel Josué Loredo García, Miguel Ángel Espinosa Garza y Jesús Salvador García Ortiz. El día 5 en la Misa Solemne de la Fiesta, nuevamente presidió la misa Monseñor Rogelio Cabrera.

Contamos además con una Hora Santa, exposiciones, conferencias, torneos deportivos, así como la participación de un cuarteto de cuerdas y un conjunto musical.

El balance este año es totalmente satisfactorio, disfrutamos enormemente las actividades que ayudan a nuestro crecimiento integral como personas que buscan configurase con Cristo.

Rodolfo Amador García
2do. de Teología

02 Nov 2018

HELLO! 1

Dentro del pensar humano está presente el binomio de vida y muerte, en la cual se trata con mucha profundidad pero con un sentido claro de trascendencia. Podemos verlo claramente en las tradiciones arraigadas en nuestro pueblo, para expresar el tema de la muerte. Por ejemplo, los altares de muertos, que expresan el regreso de un difunto y folklóricamente, es representado con los gustos que tenía, quien ha dejado este mundo: con la comida preferida, con bebidas, dulces, flores, inciensos. Es aquí donde se manifiesta con claridad esta creencia de la vida futura con alegría y gozo.

Otro ejemplo es el ornato y decoración de los panteones, los cuales son visitados y revestidos de todo tipo de flores, placas, alimentos, bebidas, mariachis, etc. Todo esto también manifiesta la importancia que tiene en las personas este binomio.

En el aspecto litúrgico se realiza una conmemoración de los fieles difuntos, en la que normalmente está cargada de largas listas de intenciones en el rubro de eterno descanso, en las cuales, es importante que se mencione el nombre de nuestros difuntos, pues es un día de conmemoración. También es una intención constante dentro de la liturgia de la Iglesia pedir por los difuntos, en sus oraciones ordinarias; esto encontrado en oraciones universales, en las plegarias eucarísticas, y en la oración de la Liturgia de las Horas. De igual modo, existe una serie de oraciones contempladas por el Misal Romano para la celebración de difuntos, así como las exequias y misas exequiales.

Vida y muerte tienen un misterio antropológico, ya que el hombre está hecho para la vida, contrario a lo que Heidegger afirmaba, que “somos creados para la muerte”. El sentido fatalista y pesimista del cual está cargada esta expresión, es iluminada por la muerte de Jesús, ya que la muerte misma fue vencida; es por ello que la teología católica siempre ha considerado con gran esperanza el tema de la muerte, porque se ve desde la perspectiva de la Resurrección: “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos. Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos.” (Rm 14, 8-9).

Los invito a ver el día de los fieles difuntos, como un reflejo de nuestra propia vida, un misterio que pueda ser visto sin temor y sin tabú. El contemplar nuestra propia vida, y nuestra muerte, nos hace más conscientes de la fragilidad humana y de la grandeza de Dios de la cual nos hace participes Él, pero sobre todo que la vida en Cristo es vida eterna.

Edgar A. del Río
3ero de Teología.

01 Nov 2018

HELLO! 1

El día de hoy la Iglesia Universal celebra la Solemnidad de Todos los Santos, una fiesta muy importante en su vida y su caminar, pues es la santidad, la corona más bella de la Iglesia.

Los santos son personas comunes, que no son ajenas a nuestra condición humana. Personas cargadas de defectos, que en su vida terrena tuvieron una y muchas veces, contacto con el pecado; pero lo que los hace especiales, es que han tenido un encuentro vivo con Jesús, y han llevado a la práctica este encuentro, en sus actos, obras y palabras. Es esto lo que hace santos a hombres y mujeres virtuosos, que en su vida cotidiana han logrado testimoniar la presencia de Dios en sus vidas.

La solemnidad de todos los Santos es el día donde no solo se celebra a los santos reconocidos oficialmente por la Iglesia; sino a todos aquellos que han vivido heroicamente de manera anónima. En nuestra sociedad existen muchos santos que siguen entregando la vida por Cristo y por los hermanos, hombres y mujeres, que no conocemos su nombres, pero que han llevado una vida recta en la cual, la «misericordia» ha sido su mejor herramienta para vivir la santidad.

Hoy es un buen día para recordar la llamada universal que Dios nos hace el día de nuestro bautizo. «Todos los cristianos bautizados estamos llamados a ser santos», ser testigos del amor, la misericordia y la gracia que viene de Dios. Toda nuestra vida, tiene que ser como la buena levadura, que al fermentarse produce un buen alimento, que sacia a aquellos hermanos que tienen hambre de Dios.

La santidad es vivida en medio de la comunidad, con los hermanos, sirviendo a los más necesitados, de tal manera que no solo estamos llamados a santificarnos a sí mismos, sino a santificar a otros. La Iglesia es comunidad y la santidad se vive en la Iglesia, por lo tanto ser santo implica la relación con los hermanos.

Quizá podemos ver la santidad como algo muy lejos e inalcanzable, ciertamente no es algo fácil, pero tampoco es imposible. San Ignacio de Loyola decía: “si este llegó a ser santo ¿Por qué yo no?”. Hoy en día podríamos ver todo esto como algo que ya pasó de moda, pero no es así, hoy más que nunca la Iglesia necesita que seamos santos. Santos de nuestros tiempos, jóvenes valientes que desde sus trincheras vayan en contra de la corriente de las ideologías planteadas hoy en día.

Que la solemnidad de todos los santos nos recuerde nuestra misión como hijos de Dios, que reafirme nuestra esperanza para alcanzar la corona en el cielo y nos acreciente en el amor, para amar a los hermanos. Que la Santísima Virgen María, reina de todos los santos y ejemplo de santidad por excelencia, nos ayude a seguir los pasos de su Hijo, imitando y siguiendo el ejemplo de ella.

Por: Hector Elías Morales Montes
1o. de Teología.

25 Oct 2018

HELLO! 1

El Papa Francisco inauguró el pasado 3 de octubre el Sínodo de los Obispos sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. En su mensaje inicial, enfatizó en que el Espíritu Santo es el responsable de mantener viva y actuante la memoria de Jesús en el corazón de sus discípulos, y solicitó el ardor y la pasión por el Maestro, que haga a toda la Iglesia, capaz de soñar y esperar.

En esta línea, instó al Espíritu Santo el don de los sueños y la esperanza para los Padre sinodales, para que ellos a su vez unjan a los jóvenes con el don de la profecía y la visión.

El Papa reconoció que es necesario transformar todas aquellas realidades y estructuras eclesiales que apartan o alejan a la juventud. Volvió a denunciar el conformismo pastoral identificado en el “siempre se hizo así”, apelando a la esperanza que pide mirar el rostro de los jóvenes y las situaciones en las que se encuentran actualmente. Son ellos, dice, quienes están reclamando luchar contra todas las formas que obstaculizan sus vidas, si exigen una entrega creativa, dinámica, inteligente, entusiasta y esperanzadora de la Iglesia es porque eso les hace falta. Afirmó que necesitan ser acompañados, y pidió que no se les deje solos, en manos de tantos mercaderes de muerte que oprimen sus vidas y obscurecen su futuro.

Para lograr lo anterior, recordó que es necesaria la humildad suficiente de ver a los otros como superiores, de ser capaces de buscar el interés de los demás antes que los propios (Cfr. Flp 2, 4).

El Papa ha pedido a los obispos escucharse, cuidarse de no caer en la lógica de la autopreservación y la autorreferencialidad, apeló al amor por el Evangelio y por el pueblo para hacerlos capaces de buscar un bien mayor que beneficie a toda la Iglesia. Precisamente la escucha, les defenderá de la tentación de caer en posturas eticistas o elitistas, así como de la fascinación por ideologías abstractas que nunca coinciden con la realidad.

Para el Papa Francisco escuchar a los jóvenes es atender el llamado al despertar de la Iglesia y a acrecentar la esperanza. Ellos contienen las nuevas tendencias de la humanidad y son la apertura al futuro (EG 108). La custodia del Espíritu Santo hará posible que la riqueza y hermosura del Evangelio sean fuente constante de alegría y novedad que atienda la solicitud de los jóvenes.

Antonio de Jesús Peña Díaz
2do. de Teología.