12 Ene 2018

HELLO! 1

1. ¿Hubo algún acontecimiento que influyera en su opción vocacional?
Si, fue cuando tenía 17 años y lo que influyó fue un retiro de DEJ que me permitió acercarme a la vida parroquial. También hice el proceso vocacional completo.

2. ¿Tuvo algún testimonio sacerdotal que le llamara la atención durante su proceso vocacional?
Sin duda el gran ejemplo y testimonio de Mons. Andrés Sánchez Barco Q.E.P.D. mi párroco. Un hombre que entregó su vida a la comunidad Allendense. Un verdadero buen pastor.

3. ¿Cuál fue la reacción de su familia, cuando les dijo que quería ser sacerdote?
Mi familia en un principio me dijeron que pensara bien, que ingresar al Seminario no era un juego. Cuando empecé el proceso vocacional, fueron un gran apoyo. Pero, cuando ya ingresé al Seminario Menor, mi papá no estuvo de acuerdo.

4. ¿Qué miedos tuvo que enfrentar?
Miedo a que no fuera mi vocación. También tuve miedo de renunciar a un muy buen trabajo que yo tenía. Pero siempre de la mano de mi párroco Mons. Sánchez y del vicario parroquial, el padre Mariano Rincón. Ellos me ayudaron mucho en mi discernimiento.

7. ¿Qué le diría usted a un joven con inquietud vocacional sacerdotal?
Que se acerque al Centro Vocacional, que haga el proceso vocacional, y que de la mano de Dios tendrás todas las herramientas para poder hacer un auténtico discernimiento.

19 Dic 2017

HELLO! 1

El Seminario de Monterrey fue fundado canónicamente el 19 de diciembre de 1792, «bajo la advocación de la Asunción de Nuestra Señora y de San Antonio de Padua», pero la apertura a los primeros seminaristas y el inicio de clases data del 12 de febrero de 1793, con una ceremonia que se realizó en la capilla de sus instalaciones.

Durante la primera mitad del siglo XIX el Seminario era la «única institución de educación superior en el noreste de México». La mayoría de los obispos de esta época mencionan en sus informes, que la institución frecuentemente estaba en situación económica difícil, que no había recursos suficientes, ni económicos ni humanos, para llevar a cabo la labor formativa.  Sin embargo, los intentos por organizar dicha institución, sobre todo en el área académica, fueron constantes. Existen noticias de que el Seminario de Monterrey ofrecía, desde principios del siglo XIX, las cátedras de:

Teología Escolástica, Teología Moral, Filosofía y Latinidad y hacia 1823 se fundó la cátedra de Derecho Canónico y Civil.

Desde finales del siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX, el Seminario pasó por diferentes crisis provocadas por la situación política del país, no obstante se buscó llevar a cabo un proyecto que le diera consistencia a la institución. Para esto se llamó a los padres de la Congregación de la Misión, comunmente llamados paúles o vicentinos, quienes firmaron un contrato con José Ignacio Montes de Oca, obispo de Linares-Monterrey durante el período de 1879 a 1884, para encargarse del Seminario.

Al iniciar el siglo XX, a causa de la Revolución y la persecución que ella desató, el Seminario tuvo que establecerse en Castroville Texas y será  hasta 1917 cuando se restablecerá en Monterrey, pasando por diferentes domicilios del centro de la ciudad.

Hacia 1935, el Seminario se estableció en el anexo del actual Templo de San Luis Gonzaga, después volvió a pasar por una etapa itinerante en 14 domicilios diferentes, debido a otro período de inestabilidad política, y una vez lograda la estabilidad en las relaciones Iglesia-Estado, se volvió a ubicar en San Luis Gonzaga.

Dos décadas más tarde, en 1959, se terminó de construir el proyecto del Seminario de Monterrey, en el municipio de San Pedro Garza García, siendo el Arzobispo don Alfonso Espino y Silva. Ahí se concentraban los Seminarios Menor y Mayor. En 1983 inició sus funciones una segunda casa del seminario para el Curso Introductorio, con domicilio en Allende, N.L.

Finalmente, en 1992, después de los festejos del bicentenario, se empezó a elaborar el proyecto para construir un nuevo Seminario Mayor, siendo el Arzobispo don Adolfo Antonio Suárez Rivera. Éste tendría como característica principal, el propiciar la formación gradual de los futuros pastores del pueblo de Dios. Las instalaciones debían procurar la salud, la vida espiritual y la ciencia de los seminaristas (comedores, capillas y aulas). La primera piedra se colocó el 4 de abril de 1994 en la carretera a San Mateo km. 3.5, ciudad Benito Juárez, N.L., e inició sus funciones en agosto de 1995 continuando hasta nuestros días.

 

Pbro. Jesús Treviño Guajardo
Formador Instituto de Teología

 

24 Nov 2017

HELLO! 1

Como hemos de recordar, nuestra Iglesia se rige por un año litúrgico similar al año civil.

El año litúrgico está integrado por distintos tiempos litúrgicos, como el Adviento, la Navidad, el Tiempo Ordinario, la Cuaresma, la Pascua. Cada uno de estos tiempos, tienen sus propias características: una duración determinada, un color propio, un sentido que marca el modo de vivir.

El año litúrgico inicia con el tiempo de Adviento, el cual posee una doble connotación: es el tiempo de preparación para Navidad, solemnidad que conmemora el primer advenimiento o venida del Hijo de Dios entre los hombres, y es al mismo tiempo aquel que, debido a esta misma conmemoración o recuerdo, hace que los espíritus dirijan su atención a esperar el segundo advenimiento de Cristo como un tiempo de expectación piadosa y alegre[1].

El tiempo de Adviento, dura cuatro semanas previas al 25 de diciembre (Navidad), tomar en cuenta el final del año, nos ayuda a identificar el tiempo de Adviento.

Éste año, la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, o de “Cristo Rey” es el día 26 de noviembre, domingo de la XXXIV semana del tiempo ordinario. Iniciando el nuevo año Litúrgico 2017-2018 desde las vísperas del 3 de diciembre, que es ya, el primer domingo de Adviento.

[1] Cfr. Misal Romano, Edición Típica para México, BAC, reimpresión en junio de 2015,  Normas Universales Sobre el Año Litúrgico y Sobre el Calendario, no. 39. pp.122.

22 Nov 2017

HELLO! 1

El 23 de octubre se cumplieron 9 años de que fueran entronizadas en la parroquia Cristo Rey, las reliquias de 25 mártires mexicanos de la Cristiada, canonizados por san Juan Pablo II el 21 de mayo del año 2000. Y una más, del beato Padre Miguel Agustín Pro. Las otras dos reliquia son, una del Quinto Obispo de Veracruz, San Rafael Guízar, y otra de Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, fundadora de las Hijas del Sagrado Corazón.

El Padre Jorge Rodríguez Moya, párroco de dicha comunidad, consiguió las 28 reliquias, después de largas gestiones realizadas con las diferentes diócesis que custodian sus restos. Las pequeñas osamentas concedidas de cada uno de ellos, fueron dividas en dos, para colocar una parte en la corona de espinas y la otra parte en una cruz procesional que su utiliza en las mayores solemnidades de Nuestra Arquidiócesis de Monterrey, que fue bendecida por el Papa Benedicto XVI en su visita a México, en Guanajuato, en el año 2012. Y que ha peregrinado entre las diferentes diócesis de México.

La parroquia Cristo Rey está inspirado en la iglesia de Notre Dame en Raincy, París, y está ubicada en Villagrán, entre Madero y Reforma, en el Centro de Monterrey. El martirio, según el Catecismo de la Iglesia Católica (No. 2473) es el supremo testimonio de la verdad en la fe; es un testimonio que llega hasta la muerte, en defensa de una verdad de fe y de la doctrina cristiana.

 

Gilberto Eliud Gómez Pérez

15 Nov 2017

HELLO! 1

Como cada año, se realizaron las fiestas en el Seminario de Monterrey en honor a nuestro patrono, san Teófimo mártir.

Las fiestas son un novenario donde se realizan actividades diversas, cada día del triduo se invitan a sacerdotes externos para que celebren misa, enriqueciéndonos con sus experiencias y anécdotas; hay conferencias de temas diversos; y en esta ocasión, se ofrecieron meditaciones haciendo uso de las “Actas de los mártires”, donde pudimos reflexionar acerca de las vivencias de los mártires cristianos de la antigüedad.

Otra vivencia que ya es tradición son los torneos deportivo, este año iniciamos con juegos de exhibición, integrando equipos con sacerdotes y alumnos; posteriormente se celebraron los torneos entre los cuatro casas de formación: Seminario Menor, Curso Introductorio, Filosofía y Teología, en tres disciplinas, futbol, basquetbol y volibol.

El partido final de volibol, fue entre Filosofía y Teología, quedandose éstos últimos con la victoria. La motivación de haber salido airoso en tan combativo set, fue suficiente para hacerse rápidamente de una cómoda ventaja que ya no soltaron en el set definitivo. En la final de basquetbol, Filosofía inició jugando por nota, terminando el primer cuarto con una ventaja de 10 a 4. Fue entonces cuando Teología aprovechó lo compacto del equipo para alcanzar a darles la vuelta, y en un partido que parecía destinado al empate, un tiro de 3 en los minutos finales le dio el gane al instituto de Teología.

En el futbol, debido a la baja en número de seminaristas, los organizadores se vieron en la necesidad de organizar el torneo en la modalidad de fútbol 7, pues tristemente no hay seminaristas suficientes para jugar un futbol 11, arrojando como victorioso el equipo de Teología.

Una innovación en la fiesta fue la realización de un trote 5k, donde el objetivo era que, pudieran atravesar la meta el 50% +1 de los seminaristas de cada instituto, quedando como ganador el Curso Introductorio al hacerlo en el menor tiempo. Estos fueron los acontecimientos durante el novenario a san Teófimo mártir, esperamos con ansias la siguiente edición.

Rodolfo Guadalupe Amador García

 Galería de fotos del evento

29 Sep 2017

HELLO! 1

Yo era apenas un muchacho cuando me incorporé al grupo de los discípulos que seguían a Juan el Bautista. Él era un profeta hecho y derecho: lo movía la fuerza de la palabra de Dios, era coherente, hablaba con autoridad y no se arredraba ante nada ni nadie, todo el pueblo lo sabía, por eso lo tenían en alta estima. Además, hacía años que no había surgido un profeta en Israel. Yo, personalmente, lo admiraba y lo veía inalcanzable, de una altura espiritual difícil de imaginar a mi edad.

Había otro profeta en nuestro entorno que igualmente comenzaba a ganar simpatizantes. Aunque su presencia era bastante discreta, sus expectativas eran muy altas, se trataba de un tal Jesús de Nazaret, escuché que tiempo atrás había sido también parte de los discípulos de nuestro maestro. Eran tiempos de esperanza avivados por las antiguas promesas libertarias de nuestro Dios, por lo que no fue extraña la separación para conformar otro grupo. En cuanto a mi, el aprendizaje al lado del Bautista llenaba mis anhelos; lo único que llamaba mi atención, era que a diferencia de los que seguíamos a Juan, decían que Jesús escogía a sus discípulos.

Con el paso del tiempo, el grupo del bautista y el grupo de Jesús se fueron fortaleciendo, hasta el grado de experimentar una cierta rivalidad y orgullo de pertenecer a uno u a otro. A pesar de ello, se notaba un mutuo respeto. Inclusive me desconcertaban algunas afirmaciones esporádicas que Juan hacía acerca de Jesús, parecían ir más allá de una simple admiración. No era el único que lo percibía, también mis compañeros, sobre todo los más viejos, les parecía que el Bautista iba decreciendo en su protagonismo y apuntaba hacía alguien mucho más fuerte.

Nuestras incógnitas por fin se despejaron el día que los judíos enviaron desde Jerusalén a sacerdotes y levitas, entre ellos algunos fariseos, para preguntarle al Bautista quién era; el confesó sin negarlo: yo no soy el Mesías. Sólo soy la voz que clama en el desierto… detrás de mi viene uno al que no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias… Los emisarios no esperaban que Juan contestara así, tampoco los que éramos sus discípulos. Aquella tarde, después de su inesperada respuesta, la noche fue silencio.

Al día siguiente, todavía desconcertados, Jesús caminaba cerca de nosotros, Juan nos dijo con la solemnidad de un profeta: Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Sin pensarlo, atraídos por Jesús, lo seguimos inmediatamente (sólo Andrés y yo). Cuando el Maestro nos vio, lo primero que dijo fue: ¿qué buscan? Una pregunta que aún hoy sigue haciendo eco en mi interior. Lo que se nos ocurrió responder, y quizá lo mejor, por salir espontáneamente, fue: ¿Dónde vives? A lo que nos contestó: vengan y véanlo con sus propios ojos. Ese día la pasamos con él; tengo muy presente la hora exacta en que lo conocimos.

Después de ese primer día vinieron muchos otros, tan variados y distintos; ordinarios y extraordinarios, con el maestro y con el amigo. Seguimos a Jesús no sólo Andrés, también su hermano Pedro y los demás.

Los años al lado de Jesús pasaron muy rápido, muchas cosas no las entendimos en su momento y tantas otras que quizá parecían poco importantes, cobraron relevancia después de la resurrección. Para mi, que era apenas un joven reservado que dejaba la iniciativa a los más experimentados, después de las apariciones de Jesús, surgieron en mi convicciones y fortalezas que jamás hubiera pensado que yo tenía; como si siempre hubiera estado dormido y de pronto despertara para caminar.

Muchos años más tarde, en Asia, junto con una comunidad de hermanos, elaboramos un escrito al que llamaron el cuarto evangelio. Sí, los que habíamos sido testigo de aquella gloria, la que vimos con nuestros propios ojos, la que contemplamos, la que oímos y la que tocamos. La del Verbo que puso su morada entre nosotros, la de aquel que es la vida y la luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.

La comunidad de aquel entonces me tuvo una especial consideración por ser alguien cercano a Jesús, pero no era difícil serlo, el Maestro se hacía próximo y se dejaba encontrar, era parte de su ser. También corrió una leyenda de que yo no moriría hasta que el Señor regresara por segunda vez, pero eso no fue lo que dijo exactamente, Pedro es quien mejor comprendió lo que quiso decir el Señor. Algo parecido difundieron los otros discípulos, porque en la cena antes de la Pascua, como si algo presintiera, me senté al lado del Señor y, a la luz de los hechos posteriores que lo llevaron a la cruz, el significado de las acciones y palabras de esa noche tomaron otro valor.

Otros tres sucesos más me asociaban próximo al Señor: primero, al pie de la cruz estaba María, la madre del Señor; ahí estuve también a su lado cuando él nos habló. Segundo, la mañana del domingo, cuando María Magdalena nos dijo aturdida que se habían llevado al Señor y no sabía dónde lo habían puesto, Pedro y yo corrimos hasta el sepulcro y al ver el sudario y los lienzos en un lugar aparte, me vino de golpe lo que el Señor nos había preanunciado. Entonces, vi y creí. Por último, la aparición del Señor en el lago de Tiberíades. Esa madrugada, Pedro dijo que salía a pescar, la mayoría quisimos acompañarlo. Después de bregar toda la noche no sacamos nada. Al lo lejos, oímos una voz que nos preguntó si teníamos algo para comer, respondimos que no; entonces nos gritó que echáramos la red a la derecha y para sorpresa nuestra atrapamos ciento cincuenta y tres peces enormes, aún así, la red no se rompió. No fue casualidad lo que pasó esa mañana, como un relámpago en mi memoria, reviví la escena de unos años atrás, donde nació el llamado de algunos de nosotros pescadores. Entonces grite muy fuerte: “Es el Señor”. Pedro, el primero, se arrojó al agua.

Me he preguntado muchas veces por que Jesús me escogió a mi si era apenas un muchacho. Encuentro una única razón en mi interior a la luz de la Escritura:

He querido dejar claro, en el libro que ustedes conocen, que fui sólo un testigo como otros, pues si contemplan el vocabulario del cuarto evangelio, las expresiones de cariño y amor que Jesús me tuvo son las mismas que le prodigó a los demás discípulos y, más allá de nuestro grupo, a otros como Martha, María y Lázaro.

En estos pasajes donde aparezco, he buscado, a propósito, que no se mencione mi nombre. ¿Por qué? Porque la voz insistente de la comunidad me ha hecho ver que así cómo Dios le cambió los nombres a ciertos personajes de la Escritura, para darles un nuevo rumbo a sus vidas. Jesús, como a tantos otros de sus seguidores, cambió el mío y lo he reconocido en la voz de mi Iglesia: “el discípulo amado”.

 

 

Escrito por:
Pbro. Hugo Chávez

26 Sep 2017

HELLO! 1

Del 24 al 26 de septiembre celebramos la Asamblea Eclesial Diocesana con el lema “Hacia una Pastoral Misericordiosa”, en ella, proponemos orientaciones para nuestra acción pastoral. La Asamblea Eclesial Diocesana es el momento idóneo de hacer oración y pedir que el Espíritu Santo nos ilumine para reflexionar nuestro caminar; de dialogar como familia que somos, como Iglesia; de seguir caminando y planear, en un mundo que va en continuo movimiento; de mostrarnos como aquellos primeros cristianos, que, a pesar de la adversidad, caminaban juntos y daban testimonio de alegría, llevando siempre en sus corazones ése amor plantado por nuestro Señor Jesucristo.

La Asamblea Eclesial es el espacio para saber por dónde vamos caminando como Arquidiócesis y hacia dónde queremos llegar como Iglesia. Tanto pastores como ovejas debemos de caminar a la Luz del Evangelio y de lo que nos pide el Santo Padre, en la voz de nuestro Pastor Mons. Rogelio Cabrera. Es la oportunidad de fortalecer esta relación de pastores y ovejas, con una intención común, ir juntos a donde el Señor nos invita a caminar, en búsqueda de Él, de manera privilegiada en los más necesitados, en los que sufren, en los marginados y alejados.

Es importante para nosotros, futuros pastores de esta Iglesia de Monterrey, entender y reflexionar el caminar de nuestra Iglesia Diocesana, para sumarnos al camino ya emprendido junto al Pueblo de Dios. Como diáconos, nos sentimos llamados a ser servidores de los pobres, servidores de la Iglesia y la Asamblea Eclesial Diocesana nos ayudará a saber ejercer nuestro futuro ministerio sacerdotal.

En oración por los frutos de esta Asamblea Eclesial Diocesana, juntos como miembros de esta Iglesia Diocesana, caminando, donde Dios nos pide que andemos.
Diácono Jonathan García Galaviz.
Alumno de cuarto de Teología del Seminario Arquidiocesano de Monterrey.

22 Sep 2017

HELLO! 1

«Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él»
(1 Cor 12, 26)

El pasado martes 19 de septiembre, a 32 años del terrible terremoto de 1985, México revivió aquel escenario desolador, con un sismo de de 7.1 grados en la escala de Ritcher. Las imágenes transmitidas en las redes sociales parecían sacadas de una película de ciencia ficción, era la impactante realidad de la cual fuimos testigos en tiempo real: olas en el paseo de Xochimilco, carreteras y calles agrietadas, derrumbe de edificios, pánico, llanto y lo más lamentable, mexicanos atrapados entre los escombros.

¿Qué ser humano puede ser indiferente a esto? Precisamente por eso, porque el sufrimiento ajeno interpela al corazón, los mexicanos comenzamos a mostrarle al mundo su mejor rostro: «la compasión». Las calles se llenaron de héroes en búsqueda de herramientas para retirar escombros y salvar vidas, rápidamente se organizaron para enviar ayuda a las familias que recién habían perdido sus hogares, los jóvenes demostraron sus ganas de formar parte de la historia, y comenzó una oración nacional. Brotó de nuestro corazón mexicano las ganas de amar.

La comunidad del Seminario de Monterrey no fue la excepción. Nos unimos en oración ante el Santísimo Sacramento por las víctimas del sismo; y conmovidos ante la realidad que nos apela, buscamos servir alegremente junto a más jóvenes, adultos, religiosos y sacerdotes, en el Banco de Alimentos de Cáritas de Monterrey. ¡Que testimonio y generosidad el de las familias regiomontanas!

Nuestra patria nos hermana y el Evangelio nos anima a ser buenos samaritanos. ¡Qué esperanzador es contemplar el mejor rostro de México en medio de la tragedia! ¡Qué hermoso es contemplar en cada mexicano el rostro misericordioso del Padre! Los mexicanos lloramos por aquellos que nos fueron arrebatados bajos los escombros, pero también oramos, trabajamos y cooperamos para levantarnos ¡para reconstruir este hogar y templo de Dios! Nos queda claro que, si un miembro sufre, los demás sufrimos con él. Ésta es una gran enseñanza para los que aspiramos a imitar a Jesús. Hemos de aprender a sufrir con y por su pueblo y a darnos y darlo todo, como lo hizo Él.

Confiamos en que Santa María de Guadalupe acoge cada oración, cada buena obra, cada acto de generosidad, cada gesto de ayuda mutua entre sus hijos y que diligentemente se lo entrega a Jesús, el Buen Samaritano. Apenas estamos comenzando ¡No nos cansemos de ayudar!¡No nos cansemos de amar!

07 Sep 2017

HELLO! 1

Los diáconos participan de una manera especial en la misión y en la gracia de Cristo. El sacramento del Orden los marca con un sello («carácter») que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo «diácono», es decir, el servidor de todos.

Los diáconos son ministros ordenados para las tareas del servicio de la iglesia, aún no reciben el sacerdocio ministerial, pero la ordenación les otorga funciones importantes en el ministerio de la Palabra, del cultivo y del servicio de la caridad, y las tareas encomendadas por su obispo.

Los actos litúrgicos en este rito tienen como materia y forma: la imposición de manos y la oración consecratoria, a los diáconos sólo el obispo les impone las manos, pero «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio» o servicio.

Decía San Ignacio de Antioquía: «Los diáconos son los imitadores de Cristo porque ellos son los servidores del obispo, como Cristo es el servidor de Dios Padre», por eso agrega: «A los diáconos ha sido confiada la “diaconía” de Cristo».

El sábado 9 de Septiembre, recibirán el Orden del Diaconado once de nuestros seminaristas, a las 10:00 a.m. en la Basílica de Nuestra Señora del Roble.
Esperamos contar con su presencia.

10 Ago 2017

HELLO! 1

“Único mediador entre Dios y los hombre”
                                                                    ( 1Tm. 2, 5)

El orden del presbiterado establece la misión confiada por Cristo a sus apóstoles, que sigue siendo ejercida en la iglesia hasta el fin de los tiempos. Como en todo sacramento somos conscientes que se tienen signos y ritos que nos demuestran las esencias del amor de Dios, en este en especial se da la consagración de una persona por su plena libertad a darse en su totalidad a Cristo y a la iglesia.

El rito esencial del sacramento está constituido por “la imposición de manos” del obispo sobre la cabeza del ordenado, así como una “oración consecratoria específica” en la cual toda la asamblea pide a Dios la efusión del “Espíritu Santo” y de sus dones apropiados para el candidato que es ordenado.

Otro aspecto importante en el rito, es el momento en el cual el obispo unge al candidato con el Santo Crisma, como signo de la unción especial del Espíritu Santo que se hace fecundo en su ministerio. Como parte de la celebración, se hace entrega de la patena, el cáliz y de los Sagrados Evangelios.

En el ministro ordenado, es Cristo mismo quien está presente en su iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, Sumo Sacerdote del Sacrificio Redentor y Maestro de la verdad. Es lo que la iglesia expresa, al decir que el sacerdote, en virtud del Sacramento del Orden, actúa “IN PERSONA CHRISTI”.

Como Iglesia de Monterrey estamos invitados a participar de ésta celebración, el martes 15 de Agosto a las 5:00 p.m. en la Basílica de Nuestra Señora de
Guadalupe. ¡Unidos como iglesia, celebremos el don del sacerdocio!