12 Jul 2019

HELLO! 1

Antes de comenzar mi año de experiencia eclesial le pedí a Jesús que me enviará al lugar que fuera a ser inmensamente feliz, y así me lo concedió. El 17 de agosto del 2018, precisamente el día de mi cumpleaños, llegué la Parroquia y Santuario de Nuestra Señora de Agualeguas.

El territorio parroquial abarca todo el municipio de Agualeguas, y está compuesta por sus ocho comunidades, Los Nogales, Lagunillas, la Escondida, Ojo de Agua, Los Garza, Rancho Nuevo, Tres Hermanos y Cieneguitas; además del municipio de General Treviño y su comunidad “san Javier”.

Gracias a Dios, al apoyo y consejo del párroco el P. Ernesto Ríos y la alegre y acogedora comunidad de Agualeguas, me ayudaron a forjar mi persona en cada una de las áreas formativas (humana, cristiana y sacerdotal); ya que en el trabajo pastoral pude descubrir las virtudes que Dios me ha dado; pero, sobre todo, aquellas cosas de mi vida personal que necesito seguir mejorando para ser una gran persona e hijo de Dios que quiere ser sacerdote.

En la comunidad de Agualeguas tuve la dicha de vivir diversas experiencias, momentos de gozo, alegría y dolor con las comunidades, desde celebrar la Palabra hasta acompañar a las familias en las capillas funerarias y en las celebraciones exequiales.

También participé en la organización de las fiestas patronales de la Virgen de Agualeguas, en la creación y asesoramiento de dos grupos parroquiales (concretamente: Adolescentes y Matlachines); en la atención a los diversos centros de catequesis; en el auxilio y acompañamiento al grupo de misioneros que estuvieron en las temporadas de Navidad y Semana Santa; visitando casa por casa y predicando el Evangelio, además de ayudar en las labores propias de la oficina parroquial.

Doy gracias a Dios, de manera especial a la comunidad de la Parroquia y Santuario de Nuestra Señora de Agualeguas y a todos ustedes que, durante este año y siempre, han ayudado al Seminario de Monterrey para seguir formando sacerdotes. No se olviden de rezar por mí y por cada uno de mis compañeros que esperamos algún día recibir de Dios el gran don del sacerdocio.

Seminarista José Ignacio Ávila Rangel

03 Jul 2019

HELLO! 1

A todos nos ha pasado alguna vez que, cuando tenemos una pareja estable, nos preguntan; – ¿Cuándo se casan?; y ya casados, ¿cuándo tienen un hijo?; cuando tienen un hijo, ¿cuándo se animan para el otro?. ¿Te ha pasado? o ¿has sido tú el que ha hecho la pregunta?

Seguramente la respuesta es sí, y es así como nuestra cultura y sociedad nos ha ido diciendo lo que “podemos” preguntar y que sea aceptable. Sin embargo, ¿no es éste, un cuestionario agobiante? ¿qué peso podemos llegar a sentir cuando estas preguntas se repiten constantemente?

Hagamos una reflexión sobre la dimensión tan amplia de la familia como desarrollo de habilidades cognoscitivas, intelectuales, psicológicas, afectivas, volitivas, corpóreas y de la sinergia y armonía entre ellas. Estos criterios básicos, pueden darnos luz sobre el papel de la “familia en la educación”, tema que actualmente ha comenzado a tener más peso en nuestras comunidades e instituciones educativas.

Por generaciones, se han heredado entre las familias la forma de organización, educación, y valores. Incluso tenemos una escala de los asuntos de mayor a menor importancia. Entonces ¿qué tanta importancia o interés se le ha dado a aprender a ser padres?

Viéndolo desde una perspectiva preventiva; es decir, antes de iniciar la procreación, sería importante aprender aspectos teóricos y prácticos que probablemente no nos han sido heredados en nuestro círculo familiar.

En la educación de los hijos, partimos de la base previa de que el ámbito familiar es el que más influye en la vida de las personas y por lo tanto en su educación. La familia tiene el deber moral de educar y puede ser ayudado por las instituciones, la iglesia, la escuela, etc.

¿Qué pasaría si cambiáramos nuestra forma de expresar la alegría de ver a nuestros amigos y familiares unirse en matrimonio? Si se modificara el mapa mental cultural que hemos creado. Imagina que el día de tu boda tu mejor amigo te regalara una inscripción, para tomar un curso llamado “Ser Padres.” Si cada vez que alguien te felicita, en lugar de preguntar ¿cuándo tienes a tu primer hijo? te pregunta ¿ya planearon algún curso para aprender a educar a sus hijos? O ¿ya leyeron algún libro sobre educación? Sería incómodo, probablemente fue lo que llego a tu mente.

Te invito a que la próxima vez que seas testigo de una unión matrimonial, promuevas más la educación que la procreación. Estemos más alerta y preocupados por lo que nos ha salido mal como sociedad, y que nuestros niños crezcan en un ambiente emocional sano y volitivo. Eduquemos la conciencia no la obediencia; gastemos tiempo y esfuerzo en educar conscientemente el carácter y no dejar la educación en las manos del destino, de la reacción del momento.

Es indispensable reflexionar a fondo sobre la trascendencia que conlleva formar una familia de manera responsable y comprometida, porque “la decisión de casarse y formar una familia debe ser el fruto de un discernimiento vocacional” (Amoris Laetitia, 72).

Marcela Tinoco
Lic. en Ciencias de la Familia
Revista San Teófimo No. 142

21 Jun 2019

HELLO! 1

La familia no es un simple fenómeno sociológico, tampoco un recurso biológico para proteger la especie humana, mucho menos un tipo de propiedad privada o de seguridad de vida.

La familia fundamentalmente es un misterio de la vida humana; del amor entre sus miembros, porque es signo de la trascendencia y siempre será el primer punto de referencia un padre y una madre, como signo, símbolo y sacramento del amor y de la providencia de Aquel que es Padre-Madre de todos los hombres. (Cfr. Familiaris Consortio No. 14)

Y aunque se ha producido una amplia teología del matrimonio como sacramento, no se ha correspondido con una profunda reflexión teológica que abrace toda la familia en sus diversos aspectos, sobre todo, en cuanto Iglesia doméstica.

San Juan Pablo II, en una de sus catequesis de los miércoles afirmó: “Podemos decir que el primer sacramento constituido por Dios Creador es la familia y después la misma familia se convierte en un verdadero y propio sacramento de la nueva alianza…” (L’Osservatore romano, Junio 6, 1993).

Pero, ¿dónde ubicar el origen de la expresión: “La familia iglesia doméstica”? Tenemos que responder que hay dos posibles respuestas, el encuentro de occidente con oriente; y el segundo, que es sobre el cual profundizaremos, “el despertar del laicado en la iglesia”, de su papel, de su actividad, de su competencia en el mundo. Será precisamente el Vaticano II quien re-coloca la categoría de “Pueblo de Dios” como un eje de una nueva eclesiología y con una categoría de “pueblo” recupera la del “laico”. Fue entonces, en este contexto de reflexión sobre el laicado donde re-aparece la inquietud de llamar a la familia “pequeña Iglesia”, donde los padres adquieren la grandísima responsabilidad de ser los primeros maestros de la fe (Lumen Gentium 11; Apostolicam Actuositatem 11).

En la Sagrada Escritura tenemos ejemplos de “Iglesia doméstica”, en las cuales se manifiesta que el paso de la sinagoga judía a la comunidad cristiana (mientras aparecieron los templos públicos), se dio en las “casas”. Pablo da testimonio de cómo consiguió en cada localidad la conversión de una familia, la cual le brindó una casa adecuada como plataforma misionera y localización de la comunidad cristiana. (Rom 16,4-5; 1Cor 16,19; Fil 2; Hch 11,14; Tit 1,11; II Tim 1,16; 4,19).

El mismo San Juan Crisóstomo recomendaba: “Haz de tu casa una Iglesia” y con ello expresaba el calificativo de “Iglesia doméstica” dado a la familia cristiana, el papel del padre de familia dentro de la “Iglesia doméstica” y la oración en familia. Esta expresión, haz de tu casa una Iglesia (Iglesia doméstica) no se trata, por tanto, de un lugar donde vivan un grupo de cristianos, más bien, de un dinamismo de transformación, de construir la comunidad cristiana.

Así, la “Iglesia doméstica” manifiesta el valor cristiano fundamental: la existencia, como estructura base de la Iglesia, de comunidad humana en la cual sean posibles las relaciones interpersonales, la comunión de la fe y la participación efectiva de sus miembros. (Cfr. Familiaris Consortio No. 21, 38, 48, 49).

Aunque el Papa Francisco no trata de manera exclusiva “Iglesia doméstica” en Amoris Laetitia; si hacemos una revisión profunda de su contenido, es muy fácil palpar que todo lo expresado por Vaticano II, está presente en dicha Exhortación Apostólica Postsinodal. Y en su viaje a Ecuador (julio 2015), hizo alusión a la importancia actual de la “Iglesia doméstica” para bien la fe: “La Iglesia doméstica se forja en el hogar, cuando la fe se mezcla con la leche materna, entonces experimentado el amor de los padres, se siente más cercano el amor de Dios.” Así, la familia “Iglesia doméstica” se convierte en el hospital más cercano, en la primera escuela de formación humana y de catecismo para los niños, el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, en el mejor asilo para los ancianos y el lugar donde se descubre el llamado de Dios. La familia constituye la gran riqueza social que otras instituciones no pueden sustituir.

Para nuestra época de secularización, de desinstitucionalización, valorizar la familia cristiana en sus elementos humanos y mistéricos es una intuición que ya conoce y ha vivido la Iglesia primitiva. Podemos concluir diciendo, que también la Iglesia debe experimentar la kenosis, con el fin de propiciar la salvación de las células de la “grande Iglesia”, que son las “Iglesias domésticas”.

Mons. Oscar E. Tamez Villarreal
Obispo Auxiliar de Monterrey
Revista San Teófimo No. 142

13 Jun 2019

HELLO! 1

Me gusta imaginar cómo María y José, con dudas, preocupaciones y siendo conscientes de que el camino de Jesús, además de gracias y bendiciones, tendría también dificultades; depositaron totalmente su confianza en el Padre, quien los incluyó en el plan de salvación, aceptando con mucho amor y entrega su voluntad, sabiendo que la obra de aquel niño, que luego crecería hasta convertirse en un hombre de bien, daría al mundo frutos abundantes.

Cuando a los 19 años escuché el llamado de Dios a la vocación sacerdotal, una de mis más grandes preocupaciones era lo que pensarían mis padres y mis hermanos. Junto con ellos había platicado anteriormente sobre los planes que tenía de estudiar una carrera, trabajar, formar una familia, entre tantas cosas; además se trataba de algo que jamás había pasado por mi mente, mucho menos por la de ellos. En un principio imaginé que no estarían de acuerdo con mi inquietud y la decisión que tomaría en un futuro; sin embargo, con el paso del tiempo y la ayuda de Dios, fueron descubriendo que Él también los había llamado a formar parte de esta historia de servicio y amor.

El hecho de que ya no pasáramos tanto tiempo juntos, tal y como lo hacíamos con bastante frecuencia, representó para toda mi familia una dificultad que poco a poco supimos sobrellevar. Esta fue transformándose gradualmente en una motivación para salir adelante, teniendo como meta principal la permanencia de Jesús en nuestra vida.

Hoy puedo decir que el papel que ha jugado mi familia en esta historia vocacional ha sido fundamental, en Dios y en ellos he encontrado la fortaleza para perseverar en las dificultades que en ocasiones se presentan en mi vida. Quién mejor que ellos, quienes dedicaron su vida entera a mi cuidado y me entregaron su amor incondicionalmente, para actuar como soporte y acompañarme en aquello que me hace feliz, servir a Dios.

Familia, no tengamos miedo de dar juntos el “Sí” a Dios, y sepamos que Él, junto con María Santísima, nos guiará por esta bella historia de amor que ha ido construyendo en nuestra vida.

Luis Carlos Solís Garza
1o. de Filosofía
Revista San Teófimo No.142

07 Jun 2019

HELLO! 1

Si te preguntaran qué es lo primero que te viene a la mente cuando escuchas la palabra familia ¿qué contestarías?

En lo personal cuando yo escucho la palabra familia pienso en mis padres, hermanos, cuñadas, sobrinos, como un todo. Como ese regalo que Dios me ha dado, pues es ahí en donde he crecido en lo humano y en lo espiritual. Y ahora desde hace siete años que comencé la formación sacerdotal, tengo una nueva familia espiritual: mis hermanos seminaristas y padres formadores con los cuales comparto el día a día de nuestra vocación.
Nosotros como cristianos tenemos un modelo de familia de la cual podemos aprender de sus valores e imitar en sus virtudes, me refiero a la Sagrada Familia integrada por Jesús, José y María.

De las primeras imágenes que tengo en mi memoria de la Sagrada Familia, es cuando de niño, mis papás me llevaban junto con mis hermanos a rezarle al niño Dios en la Navidad, y me llamaba la atención las figuras de cerámica de José y María por su tamaño, considerablemente grande y que contrastaba con la pequeñez del niño Dios (Jesús). A mi parecer esos padres de cerámica, por su tamaño grande e imponente, eran capaces de cuidar y proteger a ese recién nacido. Esos pensamientos infantiles no estaban muy distantes de la realidad, pues en los evangelios se narra cómo José protege a Jesús, huyendo a Egipto junto con María para librar al niño de la muerte a manos de Herodes (cfr. Mt 2, 3-15).

En la actualidad es preocupante la baja el número de cristianos que optan por unir sus vidas a través del sacramento del matrimonio. Tal vez exista un temor al compromiso a largo tiempo o es probable que hayamos sido testigos del fracaso de algunos matrimonios. Como Iglesia, necesitamos alentar a los jóvenes a que unan sus vidas mediante el sacramento del matrimonio, que su unión forme familias santas y sagradas como la familia de Nazaret.

Todos necesitamos de una familia, de su cobijo, de su amor, pidamos a Dios por intercesión de la Sagrada Familia, que libre a las nuestras del descalabro moral y humano. Y que como Iglesia, podamos ofrecer espacios de acompañamiento y asesoramiento sobre cuestiones relacionadas con el crecimiento del amor y la superación de los conflictos. (cfr. Amoris Laetitia cap. 2)

Miguel Ángel Colchado
2do. de Teología
Revista San Teófimo No. 142

05 Jun 2019

HELLO! 1

El 31 de mayo “fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María” el pueblo de Dios, junto a su pastor Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey, se congregaron en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, para celebrar el 55 aniversario de la Coronación Pontificia de Nuestra Señora del Roble Patrona de la Arquidiócesis de Monterrey.

El Sr. Arzobispo en su homilía recordó a los fieles la actitud de la Virgen María al visitar a su prima Isabel: “Esta visita debe ser modelo de las buenas relaciones humanas; pero más aún, debe ser modelo de la evangelización que todos estamos llamados a llevar acabo”; así mismo, exhortó a dar prioridad a nuestros hogares, pues es allí donde se vive la experiencia de la primera comunidad.

Antes de concluir su homilía, felicito a los seminaristas por la ya casi conclusión del ciclo escolar 2018-2019, recordándonos que la misión no sólo se ha de desempeñar en las comunidades parroquiales, sino en cada uno de los hogares de nuestras familias.

Un aspecto que hay que resaltar; es la profunda devoción de muchos fieles a la protección de la Virgen del Roble. Éstas expresiones populares, son realmente un lugar de encuentro y abandono de los fieles, que buscan el favor y la intercesión de la Santísima Virgen María en su advocación del Roble. En palabras del Papa Francisco en su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” (la alegría del evangelio) habla de la Piedad Popular afirmando que “es «una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros»; que conlleva la gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar.

«El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador». ¡No coartemos ni pretendamos controlar esa fuerza misionera! (E.G. #124).

Así pues damos gracias a Dios, que nos ha permitido confiar nuestra vocación a la poderosa intercesión de la Santísima Virgen del Roble.

Héctor Elías Morales Montes
Primero de Teología

17 May 2019

HELLO! 1

Los días 18 y 19 de mayo, los alumnos del Seminario de Monterrey presentaremos la obra de teatro “Dos arcas, una salvación” durante nuestra kermés anual, en dos funciones, 5:00 y 8:00 pm.

La obra de teatro es una tradición en el Seminario de Monterrey. la música es compuesta por los seminaristas; así como las letras de las canciones. Antes se presentaban dos obras por año, una en noviembre y la otra en mayo, ahora se ha unificado en una sola fiesta (mayo) para hacerla más grande.

La organización de la kermés, varía dependiendo de la creatividad de los seminaristas encargados, buscando siempre que nuestros invitados disfruten de un ambiente sano. Éste año en la kermés hemos incluido espacio para el baile, con música de sonora (sábado) y grupera (domingo).

No nos hemos olvidado de lo importante que es dar gracias a Dios por estos momentos de convivencia, y el domingo 19 de Mayo a las 4:00 p.m. tendremos la Celebración Eucarística presidida por Mons. Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey.

Si me preguntaran por qué hacemos este evento, les contestaría una sola cosa: para agradecer a tantos fieles que apoyan con su generosidad y cariño en la formación de los futuros pastores del pueblo de Dios.

Por último quisiera mencionar, que esta gran celebración se hace en torno a la fiesta de san José Obrero, que conmemoramos el pasado primero de mayo. De esta manera le ofrecemos nuestro trabajo a Dios por manos de san José, quien es uno de nuestros patronos, y le pedimos por el aumento de vocaciones a la vida sacerdotal.

Ojalá que quien asista a esta kermés pueda disfrutar de un buen rato en compañía de su familia y pueda integrarse a la gran familia del Seminario de Monterrey, ofreciendo a Dios junto con los seminaristas su oración por el aumento de vocaciones.

Ya lo saben ¡Están todos invitados!
¡Los esperamos!

Alexis de Jesús Hernández
Segundo de Teología

09 May 2019

HELLO! 1

Los obispos mexicanos han elaborado un “Proyecto Global de Pastoral” (PGP) en el cual se nos propone, presentar a Jesucristo vivo y resucitado, llevando el mensaje de nuestra redención a todos los hermanos y hermanas que se han olvidado de este acontecimiento, mirando la situación de nuestro pueblo.

Nos hace bien, hacer un estudio serio sobre la situación actual de nuestro país, de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia. Hoy en día, es común que escuchemos a muchos hermanos nuestros que dicen: no creo, no sé o simplemente les es indiferente contemplar, vivir y celebrar los misterios de nuestra redención. Los motivos de este alejamiento de lo sagrado, pueden ser muchos. En el PGP, se nos habla de una crisis antropológico-cultural, en donde la humanidad está siendo bombardeada por muchas situaciones, ideas o “modas” que van llevando a los hombres y mujeres a una crisis del sentido, provocando la indiferencia hacia el prójimo, la migración, la violencia, etc.

Durante el tiempo de Cuaresma, tiempo de gracia favorable para reconciliarnos con Dios y acercarnos a Él, nos preparamos para contemplar, vivir y celebrar el acontecimiento fundante de nuestra fe: la resurrección gloriosa de nuestro Señor Jesucristo. Es una oportunidad para volver nuestra mirada hacia Jesús, pero no podemos verle como un personaje simplemente histórico, su pasión, muerte y resurrección no pueden ser vistos como un hecho del pasado, porque Jesús está vivo. Con la resurrección de Cristo se nos confirma la palabra dada por Dios, para Él nada es imposible. Esto también es redención, lo interesante es que está redención es para todos.

La Pascua es la fiesta de la luz, es fiesta de victoria, fiesta del amor. Celebrarla nos ayuda a llevar esa luz, esa victoria y ese amor, a aquellos lugares donde todo parece estar obscuro, donde todo parece estar perdido, transmitiendo el amor aquellos que sienten o son rechazados por los sistemas y las ideologías de este mundo. Pues «En la humanidad glorificada por Jesucristo Resucitado está también la nuestra. Esta es la raíz de nuestra esperanza; celebrar su Pascua es vibrar con el misterio de su resurrección» (PGP 126).

Todos nosotros formamos parte de una comunidad de bautizados, es la Iglesia la fiel testigo de este acontecimiento glorioso, por lo tanto, nosotros como miembros de esta comunidad debemos testimoniar con la propia vida este acontecimiento. La Iglesia es consciente de que ha sido redimida, pero también es consciente que es peregrina y que debe anunciar este acto redentor, es por lo tanto tarea de todos llevar a la humanidad al encuentro pleno con Dios donde radica la causa y el fin de los hombres.

Héctor Elías Morales Montes.
Primero de Teología.
Revista San Teófimo No. 141

02 May 2019

HELLO! 1

Martha ya era una mujer entrada en años, aquella tarde que su amiga tocó a la puerta de su casa en Betania.
– ¿Quién es?
Preguntó, mientras ladraba el perro.
– Soy yo, Susana

Martha abrió la puerta. Recibió a su amiga con una sonrisa y un beso. El perro olfateó y, en seguida, comenzó a agitar la cola.
– La paz del Señor te acompañe. Hace tanto tiempo… Qué gusto volver a verte Susana.
– Sí, ha pasado mucho tiempo desde la última vez… ¿Cómo has estado?
– Bien, el Señor es bueno conmigo. Mis hijos ven por mi, en la familia nos cuidamos y mi marido me dejó esta pequeña casa. No me falta nada. Y tú, ¿cómo estás?
– Bien, también. El Señor cuida de mi. Aunque la muerte de Santiago, no deja de hacerme pensar tantas cosas. En parte, por eso he querido venir a verte.
– Pasa, siéntate.

Martha, trajo un poco de agua fresca, pan y algo de comida que colocó sobre la mesa. No sabía exactamente qué era lo que Susana quería platicar, aun y cuando mencionó la muerte de su hijo mayor, Santiago. Esa fue la última ocasión que se vieron; poco más de un año atrás. Las amigas fueron entrando en confianza y en un ambiente de intimidad. Recordaron los tiempos de juventud, a los hijos, la familia. Pasó cerca de una hora, hasta llegar al tema que Susana quería tratar. Se animó, entonces, a decir:

– Tú sabes, Martha, que yo también sigo el Camino y he aprendido mucho sobre Jesús de Nazaret; cosas que ustedes mismos me contaron y otras que los apóstoles y los hermanos anunciaron con claridad. Pero quisiera preguntarte algo sobre la resurrección, a ti, que estuviste tan cerca de esta experiencia de manera anticipada, a causa de lo que Jesús hizo con Lázaro.
– Sí, fue algo impresionante no sólo para nosotras, sino para todos los cercanos a la familia. Pero, anda, dime, ¿qué quieres preguntar en concreto?
– ¿Qué pensaste? ¿Qué sentiste cuando el Señor resucitó a Lázaro? ¿Creyeron que ya no iba a morir? ¿Qué la vida de tu hermano sería distinta? Porque Lázaro, a fin de cuentas, volvió a morir. Igualmente, ¿qué experiencia viviste cuando María, tu hermana, también murió?
– Para empezar, es verdad que, entre la gente del pueblo, no faltó quien pensara que Lázaro no moriría jamás, pero no, si la resurrección fuese una llana inmortalidad, sería terrible.
– Es verdad, Martha. Los seres humanos somos mortales y debemos morir.
– Imagínate, Susana, si alguien fuera inmortal en el tiempo, en un momento dado no tendría ningún contemporáneo, ningún amigo de la infancia, no vería a ninguno de los que formaron parte de su historia. Habría soledad sin afectos. ¡Qué tristeza! No es lo mismo revivir, como mi hermano, que resucitar.
– Martha, después de la crucifixión de Jesús, ¿qué pasó por tu mente cuando escuchaste por primera que el Señor estaba vivo y se dejó ver para sus discípulos?
– Mira, Susana. Varias veces, María, Lázaro y yo nos sentamos a platicar acerca de la muerte y la resurrección. Recordamos que Jesús dijo, el día que nos visitó tras la muerte de Lázaro: “yo soy la resurrección y la vida…”. E inmediatamente después, le ordenó que saliera del sepulcro. Ambas cosas, su palabra y su acción, cobraron otro sentido con la resurrección del Señor. Ni siquiera yo había entendido del todo mis propias palabras, aquel día, cuando le respondí: “ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Él cambió todo… ¿Si me doy a entender?
– Si, Martha. Caigo en la cuenta que él también había dicho que convenía que se fuera, para que el Espíritu abriera nuestro entendimiento y pudiéramos recordar.
– Sí, Susana, Él es la Resurrección y la Vida, el primogénito de entre los muertos.
– Y, ¿cómo viviste la muerte de tu hermana?
– Tú conociste bien a María, ella se sentó muchas veces a los pies del Maestro para escucharlo, lo amaba. Después de la muerte y resurrección del Señor, su vida transcurrió con una paz y una alegría que se traslucía en sus ojos. No era sólo un recuerdo sin presencia, pues al poco tiempo se hubiera convertido en vacío. Era su presencia real, vislumbrada ahora por la fe, pero también animada por el recuerdo y la historia de su amistad. Ella entendió perfectamente el nuevo modo de presencia de su Señor, siguió experimentando su cariño, su ternura, su amistad, su misericordia y su comprensión. También nosotros lo vivimos en medio de la comunidad, en medio de nuestras familias y en nuestra relación íntima con él.

– Ay, Martha, tenía que oírlo de ti. ¡Qué alegría!
– Tengo la certeza de que mis hermanos, mi marido y tu hijo Santiago están vivos. Siguen siendo los mismos, pero ahora con una existencia a plenitud, superando las fronteras materiales, en comunión con Dios y con los demás hermanos. No están en un lugar neutro y anodino, como pudiera entenderse el Sheol, sino que habitan donde los vínculos del amor y el conocimiento son plenos.
– Y desde aquí podemos pensar en ellos y su felicidad…
– ¡Sí! Y no sólo eso, nuestros hermanos nos siguen amando, vivimos en su corazón. No resultan accesibles a nuestros sentidos, pero por nuestra fe en Jesús resucitado, tenemos la certeza de establecer una auténtica relación con ellos, sintiéndonos acompañados, en muchas ocasiones dialogando con ellos, siendo acogidos por su afecto.
– ¿Algunas veces platicas con tus hermanos Martha?
– No los invoco, como quien invoca un espíritu, pidiendo que vengan a esta temporalidad material; sino que, desde el misterio de la fe orante, bajo a la eternidad silenciosa de mi corazón, haciendo que llegue a ser en este tiempo, la eternidad que ellos testimonian para siempre, mientras llegue la hora en que me encuentre nuevamente con ellos junto al Señor.

Pbro. Dr. Hugo Chávez
Director Espiritual del Instituto de Teología.
Revista San Teófimo No. 141

26 Abr 2019

HELLO! 1

El anuncio de la resurrección es el núcleo de nuestra fe, es por ella que miles de hombre y mujeres han fijado su mirada a Cristo.

Jesús con su muerte se vuelve el mejor ejemplo de entrega por los demás, y el mensaje de Cristo no concluye en la cruz; sino, que se desborda con un acontecimiento divino que llena de alegría y esperanza a toda la tierra, ¡CRISTO HA RESUCITADO! y no podemos esconder este hecho.

Jesús una vez resucitado se aparece a sus apóstoles y les dice: “Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad” (Mc 16,15). Es Él la Buena Noticia, Él es nuestra alegría porque con su sacrificio nos ha demostrado, cuánto Dios ama al hombre y cuánto desea y anhela que estemos con Él. En la actualidad se sigue escuchando el grito de todos los discípulos de Cristo que anuncia con entusiasmo la Buena Nueva, que entregan su vida a diario por Jesucristo, nuestra esperanza.

Los seminaristas, estamos convencidos que este anuncio es de suma importancia para todos, que existen personas que ignoran o desconocen cómo Dios nos ha amado, y esa es nuestra misión. Proclamar que, Él es el camino que anunciamos, y que queremos ser imagen de Cristo en esta sociedad que cada vez trata de separarse más de Dios.
Salgamos a predicar con nuestras palabras y acciones que Cristo ha resucitado y que Él es nuestra alegría.

¡Contamos contigo!

Alfredo Cantú Leal
Curso Propedéutico
Revista San Teófimo No. 141