27 Sep 2019

HELLO! 1

El próximo 30 de septiembre celebramos en la Iglesia Universal la memoria de San Jerónimo, a quien veneramos por su amor a Dios en la Sagrada Escritura, y quien se se dio a la tarea de hacer la traducción de ésta al latín. Por esto, la Iglesia de Monterrey durante la semana previa de la celebración de este santo, lleva a cabo lo que conocemos como Semana Bíblica, en donde en toda la Arquidiócesis se intensifica la reflexión en torno a la Palabra de Dios en la Biblia.

En este mismo espíritu de nuestra Iglesia local, el Seminario de Monterrey no queda excluido, y durante la semana del 23 al 27 de septiembre tenemos nuestra Semana Bíblica, en la que profundizamos y reflexionamos con más empeño la Palabra de Dios.

Todo cristiano tiene la tarea de acercarse a la Sagrada Escritura para profundizar en nuestra fe, ya que en ella, podemos conocer a Dios y entrar en comunicación con Él; por eso, con cuanta mayor razón en la formación sacerdotal el estudio de la Palabra de Dios, forma parte vital de nuestra formación.

El estudio y la reflexión de la Sagrada Escritura es tan importante en nuestra formación sacerdotal, que uno de los pasos para que un seminarista llegue al sacerdocio son los ministerios laicales, en donde uno de ellos es el Lectorado, que en la antigüedad era quienes podían leer en la Eucaristía la Palabra de Dios (como los grupos de lectores que hay en algunas parroquias). Pero este ministerio no se reduce a eso. Cada vez que nuestro Obispo, Monseñor Rogelio, da estos ministerios a los seminaristas, nos recuerda la tarea primordial de conocer y enamorarnos de la Escritura; ya que sin ello, nuestras palabras estarán vacías al no surgir de este encuentro con la Palabra.

Ciertamente el estudio de la Biblia no se queda condensado solo en una semana, no se trata de que solamente desempolvemos nuestra Biblia y que el resto del año no le prestemos atención; sino que esta semana, nos debe de llevar a saber la importancia que tiene su interiorización en cada cristiano y en cada joven que se está formando, para ser el futuro pastor del pueblo de Dios.

San Jerónimo nos dice que quien no conoce las Escrituras (la Biblia) no conoce a Cristo, por lo tanto, si queremos ser discípulos y amigos de Cristo tenemos que conocerlo por medio de su Palabra.

Dejemos que la Palabra de Dios nos impacte y nos transforme en nuestra vida cotidiana. Date tiempo de leer algo de la Biblia, comienza por los evangelios, escoge alguno de ellos y de ser posible no solo lo leas y ya, quédate con alguna frase que te haya impactado y llévatela a tu memoria para el resto del día y descubrirás, cómo es que Dios nos habla por medio de su Palabra.

Adrián Alejandro Garza Morales
3ero. de Teología

17 Sep 2019

HELLO! 1

Se cumplen 209 años que según la historia, se dieron los inicios de la lucha por la independencia del territorio nacional, hoy conocido como México. Han pasado ya más de dos siglos en que México se constituía como nación libre y soberana, sin duda fueron tiempos muy difíciles de inestabilidad social, económica y religiosa; pero gracias a aquellos hombres y mujeres valientes de quien hoy también hacemos heroica memoria, somos un pueblo con identidad y soberanía propia.

México sigue luchando por ser un país más justo, con mayor libertad y con una identidad bien arraigada. En los inicios de la lucha por la independencia se tenía como ideal, la no esclavitud de los hombres, el respeto de los derechos y garantías que la sola dignidad humana merece. Sin embargo es bueno preguntarnos ¿En verdad somos libres? ¿En verdad promovemos la dignidad de la persona? Quizá hoy en día no vivimos sujetos a las disposiciones de otro país, quizá no somos dominados por una monarquía, pero en estos tiempos en que todo se torna difícil y pesado, debemos seguir trabajado por una nación más justa, donde la persona realmente valga como lo que es y no por lo que pueda producir o hacer.

La construcción de nuestra nación no ha sido cosa fácil, han sido años de lucha, de ir caminando e ir plasmando huella, nos hemos enfrentado a muchas situaciones en las que el pueblo mexicano ha manifestado sus ideales y su identidad como una nación que se sabe autentica y humana. En los muchos problemas a los que hoy nos enfrentamos, debemos trabajar juntos, las soluciones no les competen a unos cuantos, sino que cada uno de nosotros debemos tomar nuestro lugar para que esta nación siga caminado, se siga construyendo y auto determinando.

Hoy viene a mi mente el Sr. Cura. Miguel Hidalgo y Costilla, padre de la patria. Aquel párroco que en la noche del 15 de septiembre de 1810, al repique de las campanas de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en Guanajuato, convocaba al pueblo con el estandarte de Nuestra Señora de Guadalupe, un hombre que supo identificar el acontecimiento guadalupano como identidad para todos los mexicanos. Nunca permitamos que nuestra historia sea borrada o manipulada. La historia de cualquier pueblo es la fuente de su identidad, es la memoria de sus héroes, de sus luchas, sus derrotas y sus logros, cuidemos como un tesoro invaluable la historia de nuestra nación y nuestra gente.

Contemplemos la prodigiosa imagen de Nuestra Madre Santa María de Guadalupe, y elevemos una oración por nuestra patria, por los mexicanos y mexicanas que todos los días luchan por ser una mejor nación, por aquellos hermanos que han tenido que dejar nuestra nación para buscar una vida mejor , por aquellos que nos gobiernan para que trabajen por la justicia y la paz, y por último, por nuestra Santa Madre la Iglesia, para que sepa ser testimonio de consuelo y esperanza para todos los mexicanos, especialmente por aquellos que sufren.

¡Viva México! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Nuestra Señora de Guadalupe!
¡Viva Nuestra Santa Madre la Iglesia! ¡Viva México!

Héctor Elías Morales Montes
2do. de Teología

13 Sep 2019

HELLO! 1

Conforme «la palabra de Dios crecía, el número de discípulos se multiplicaba» (Hch 6, 7a) y la fe se esparcía por las naciones, el pueblo, habiendo escuchado el mensaje y testimonio de Cristo por parte de los Apóstoles y sus discípulos, se vio en la necesidad de contar con más hombres «llenos de Espíritu y de saber» (Hch 6, 3b), que fueran «partícipes de la misión y gracia de Cristo» (LG, 41) y asumieran diversas actividades para el bien de las nacientes comunidades cristianas. Por ello, los Doce decidieron instituir, mediante la oración y la imposición de las manos, a siete hombres capaces de entregar su vida al servicio de los demás. A esos hombres ahora los conocemos como diáconos.

Hoy en día, al igual que las primeras comunidades cristianas, el mundo necesita de personas que dediquen plenamente su vida en darle a conocer el rostro de Jesús misericordioso. El sábado 7 de septiembre, fuimos testigos de un acontecimiento sumamente significativo: cinco hermanos que dieron de nuevo el “sí” a Dios, fueron ordenados diáconos para el servicio de la Iglesia de Monterrey.

En la misa de ordenación, nuestro Arzobispo, Mons. Rogelio Cabrera, dio un emotivo y profundo mensaje sobre la significativa labor que realizan los diáconos en las comunidades en las que les compete participar. Ellos están llamados a ser imagen de Cristo en un mundo tan alejado de él, a ser «puente que une realidades que parecen distantes», a «conectar el evangelio con la vida, el templo con la calle, la mesa de la Eucaristía con la de los pobres», expresó.

Así mismo, exhortó a la comunidad a ser, junto con nuestros hermanos, servidores de los demás, a colaborar en la misión permanente que Cristo nos ha encomendado de llevar esperanza a los pobres, virtud que nos hace orientar nuestras acciones al amor, caminar junto con ellos y así dirigir nuestra mirada anhelando la eternidad que nos tiene preparada.

El Seminario de Monterrey se une a la alegría de nuestros hermanos diáconos, así como a la oración por el ministerio que se les ha encomendado. Pedimos a Nuestra Señora del Roble que interceda por ellos, los cubra con su manto y que Dios nuestro Señor llene de gracia sus corazones, los motive a seguir colaborando en la construcción de su Reino aquí en la tierra, recordando que de su mano «es posible amar, es posible esperar y es posible creer».

Luis Carlos Solís G.
2do. de Filosofía

04 Sep 2019

HELLO! 1

Sorteo Seminario de Monterrey
CELEBRADO EL 1 DE SEPTIEMBRE DE 2019

1er Premio
06724 Francisco Vargas
Certificado de Viaje
Colaborador:
06724 Par. Santa Beatriz2266
Chevrolet BEAT 2019

2do Premio
08693 Yolanda Coindreau
Chevrolet AVEO 2019
Colaborador:
08693 Gerardo de la Garza
$13,000

3er Premio
05527 Miguel Ramírez
$50,000
Colaborador:
05527 María Zul
$5,000

4to Premio
12289 María Imamura
$15,000
Colaborador:
12289 María Imamura
$2,000

5to Premio
14444 Emmanuel Torres
$15,000
Colaborador:
14444 Jorge Assam
$2,000

6to Premio
08520 María Flores
$15,000
Colaborador:
08520 María Flores
$2,000

7mo Premio
07963 Lissette Saca
$15,000
Colaborador:
07963 María Ojeda
$2,000

8vo Premio
12179 María Velázquez
$10,000
Colaborador:
12179 Eliseo Soriano
$1,500

9no Premio
13610 Rosalba López
$10,000
Colaborador:
13610 María Alanís
$1,500

10mo Premio
12056 Isabella Navarro
$ 10,000
Colaborador:
12056 Isabella Navarro
$1,500

11vo Premio
03462 Beatriz Cruz
$ 10,000
Colaborador:
03462 Luis Saldivar
$1,500

12vo Premio
02966 Graciela Banda
$10,000
Colaborador:
02966 Ciro Alfano
$1,500

13vo Premio
00225 Vicenta Guerrero
$5,000
Colaborador:
00225 María García
$1,000

14 Premio
03379 Francisca Hernández
$5,000
Colaborador:
03379 Francisco González
$1,000

15 Premio
00530 Ma. Gpe. Hernández
$5,000
Colaborador:
00530 Ma. Gpe. Hernández
$1,000

16 Premio
10487 Soledad Castro
$5,000
Colaborador:
10487 Martha Ponce
$1,000

17 Premio
06064 Yessica Villarreal
$5,000
Colaborador:
06064 Conny Flores

18 Premio
12724 Marco Arrellano
$5,000
Colaborador:
12724 Rogelio Moyano
$1,000

19 Premio
02694 Virgilio Arévalo
$5,000
Colaborador:
02694 José Pérez
$1,000

20 Premio
00283 Guillermo Aguilar
$5,000
Colaborador:
00283 Parr. San Juan Bosco
$1,000

21 Premio
07967 Jesús Moreno
$5,000
Colaborador:
07967 Francisco González
$1,000

22 Premio
02242 Rosalinda Ortíz
$5,000
Colaborador:
02242 Rosalinda Ortíz
$1,000

En presencia del interventor de la Secretaría de Gobernación: Lic. Martha Aurora Sola-no Ortíz.

Permiso SEGOB: 20190104PS01.

La reclamación de premios se realizará dentro de los 20 días hábiles a partir de la fe-cha del sorteo en las instalaciones del Seminario de Monterrey Nuevo León, A.R., ubi-cadas en Prolongación Corregidora Norte 700, Col. Plan de Ayala, C.P. 66217, San
Pedro Garza García, N.L.

Dudas o aclaraciones al 01 (81) 1160-1376. En caso de quejas, favor de comunicarse a la Dirección General de Juegos y Sorteos al 01 (55) 5209-8800.

30 Ago 2019

HELLO! 1

El Maestro Jesús llamó a sus apóstoles, primero para que estuvieran con Él y segundo para enviarlos a predicar (Mc 3,14), fue de este modo que el Maestro Jesús formó una comunidad. El ejemplo de Jesús y la misma vida en comunidad, con las distintas personalidades de cada uno de sus miembros, con la diversidad de carismas que cada uno ponía al servicio, la vida en común y el amor que ahí se vivía, eran elementos formativos que iban marcando la vida de los apóstoles en su configuración con Jesús.

Las comunidades parroquiales de origen de los seminaristas, aun teniendo en cuenta la separación que la opción vocacional lleva consigo, siguen ejerciendo un influjo en la formación del futuro sacerdote, al acogerlo entrañablemente en los tiempos de vacaciones, al respetar y favorecer la formación de su identidad presbiteral, y ofrecerle ocasiones oportunas y estímulos vigorosos para probar su vocación a la misión.

El sacerdote proviene de una comunidad cristiana y a ella regresa, para servirla y guiarla en calidad de pastor; es por eso que el seminarista, primero, y presbítero, después, tienen la necesidad de un vínculo vital con la comunidad. Ella se presenta como un hilo conductor que armoniza y une las dimensiones formativas.

Otra comunidad importante es la de apostolado, donde cada fin de semana el seminarista pone en práctica lo aprendido en su formación. El compartir es recíproco, porque dependiendo las necesidades de la comunidad, ésta va enseñando qué es lo que el seminarista tiene que ir trabajando y formando para su futuro ministerio.

Una comunidad más, que forma parte de la formación sacerdotal, son las comunidades a las que asistimos de colecta del “Día del Seminario”, en ella el seminarista agradece al pueblo de Dios por su ayuda espiritual y su ayuda material. Es la oportunidad para rendir cuentas de su avance y trabajo, porque la comunidad responde al llamado en ayuda de las necesidades del Seminario, el seminarista está obligado a responder con buenos resultados.

La comunidad de fieles son el ejemplo por el cual los jóvenes se animan a llevar su estilo de vida a una forma más radical, entregando su vida a Dios en la vocación sacerdotal.
Es deber de toda la comunidad fomentar las vocaciones con una vida totalmente cristiana, con su oración incesante, su preocupación por las vocaciones sacerdotales, con su unidad, vida de fe y el ejercicio de la caridad. Es decir, cada comunidad tiene el sacerdote por el que pide y trabaja.

Juan Carlos López Martínez
Tercero de Filosofía

02 Ago 2019

HELLO! 1

Hablar acerca de la familia es traer a la memoria múltiples beneficios de nuestra historia personal, si bien es cierto que no todos hemos podido disfrutar de una familia perfecta, es un espacio donde nos sentimos acogidos, seguros, amados. La familia constituye toda una referencia, algo ineludible a la hora de entender un rostro, de descifrar una herida o por qué no, de agradecer una vocación.

Es la familia el lugar donde hemos compartido la vida, decir familia es decir amor, acogida, incondicionalidad, es decir, don de Dios. Atesoramos en el corazón muchísimos momentos donde, desde la sencillez y simpleza de la vida, encontrábamos refugio seguro, pero también referencias.

La familia hay que decirlo bien, es el espacio que Dios tenía destinado para nosotros como proyecto previo, a la acogida de un don tan alto como lo es la vocación sacerdotal. En mi caso, en mi familia encontré el modelo de una madre que, antes de dormir oraba a Dios y que me decía: “Hijo, junta tus manos, da gracias a Dios y descansa”. Fue con mi familia que yo emprendía esas aventuras llamadas “peregrinaciones” o fue en el contexto familiar, que yo aprendí valores que hoy me han hecho grande como persona: el trabajo, la responsabilidad, la libertad, pero sobre todo la generosidad y el amor, claves básicas a la hora de entender la llamada y la respuesta de una vocación.

La familia es madre porque acoge, porque corrige, porque ama. Es madre porque consuela, porque protege. Y sobre todo, es madre porque vela por nosotros, porque ahí en la familia, Dios quiso poner en el corazón de muchos jóvenes el don de la vocación. Es nuestra familia quien en las horas más bajas ha servido de aliento, quien en los momentos más grises ha sabido llenar de color la existencia. ¿Cómo no agradecer a Dios el habernos dado una familia?

Y ahora pienso en la familia de Jesús, el único sacerdote. María, con ese perfil que traza de ella el Evangelio, como la mujer amorosa, tierna, la mujer que supo cumplir con creces su misión de madre. Pienso en José, desde el silencio. ¡Qué ejemplo le dio José al niño, para que al momento de hablarnos de Dios, Jesús recurriera a la imagen del Abba! ¡En Nazaret se respiraba amor!

La familia ha sido pensada por Dios para llevar a cabo también nuestro proyecto de salvación. Es indispensable en el desarrollo histórico de una vocación echar un vistazo a esa experiencia de familia que hemos tenido. La familia que es consciente de su papel y misión en el mundo no tiene miedo de cultivar la vocación en sus hijos. El mundo les reclama. Dios les invita. Don de Dios, la familia y la vocación.

Carlos Alberto Ramírez Sánchez.
Tercero de Filosofía.
Revista San Teófimo No. 142

25 Jul 2019

HELLO! 1

¿Por qué es importante un sacerdote para el mundo? Esta pregunta surgió hace 10 años en una plática en un parque mientras estaba sentado con unos amigos, y les compartía que quería ingresar al Seminario a discernir si Dios me llamaba a la vocación sacerdotal; y dicha pregunta salía a precisamente, porque todos, al ya estar en las carreras universitarias veíamos lo productivo o benéfico que sería cada uno en su profesión.

Una amiga decía, yo que estoy estudiando Medicina ayudaré a que muchas personas recuperen su salud, por eso seré la doctora de este grupo; uno que estudiaba la carrera de Actuaría en la Facultad de Físico-Matemáticas decía, yo que estudiaré cálculos, puedo generar probabilidades y generar seguridad en las personas, y así cada uno iba expresándolo.

Cuando les comenté que quería ser sacerdote porque yo tenía la idea de que podría ayudar a muchas personas al compartirles a Jesús. Les compartiría la esperanza en un momento de tristeza, la alegría al bautizar a un nuevo hijo de Dios y miembro de la Iglesia, alegría al ver iniciar un proyecto de amor en el matrimonio, pero también la presencia de acompañamiento a quien sufre. Entonces sentía yo que un sacerdote no solo es la presencia necesaria de Cristo en el mundo; sino que también lo es para la comunidad, ya que el sacerdote se vuelve el amigo, compañero y guía de la comunidad. Es el pastor que ha de llevar a las ovejas a senderos nuevos y pastos seguros.

La presencia del sacerdote en la comunidad no solo se ha de ver como la presencia de una profesión, sino como la gracia sacramental del Orden. Es la que garantiza a los fieles la presencia real de Jesús en la Eucaristía. El sacerdote nos transmite la misericordia de Dios a través del sacramento de la Reconciliación, nos fortalece con la unción de los enfermos y nos entrega al Padre en el momento de la agonía. Es por ello que el sacerdote es una persona clave para la vida de la comunidad creyente, pues está presente desde el nacimiento hasta el fin de la vida de las personas.

También es indispensable el sacerdote para los no creyentes, pues ha de ser el encargado de iluminar la conciencia de las personas, para que puedan transformar las realidades terrenales con el Espíritu de Cristo, generando dignidad humana en las personas desde la concepción hasta su muerte natural, de garantizar la dignidad de las personas que se ven afectadas por las injusticias sociales, y velar de sobremanera porque se establezcan los valores del Reino en las personas de buena voluntad, para que así el testimonio de vida brille como antorcha ardiente para muchos que viven en oscuridad y penumbra.

Esa es la importancia del sacerdote en el mundo, esa es la importancia del sacerdote para la comunidad creyente y no creyente, ser motor, ser impulso, ser agente de cambio con la fuerza del Espíritu, para la gloria del Padre.

Edgar Alonso del Río Reyna
Tercero de Teología

12 Jul 2019

HELLO! 1

Antes de comenzar mi año de experiencia eclesial le pedí a Jesús que me enviará al lugar que fuera a ser inmensamente feliz, y así me lo concedió. El 17 de agosto del 2018, precisamente el día de mi cumpleaños, llegué la Parroquia y Santuario de Nuestra Señora de Agualeguas.

El territorio parroquial abarca todo el municipio de Agualeguas, y está compuesta por sus ocho comunidades, Los Nogales, Lagunillas, la Escondida, Ojo de Agua, Los Garza, Rancho Nuevo, Tres Hermanos y Cieneguitas; además del municipio de General Treviño y su comunidad “san Javier”.

Gracias a Dios, al apoyo y consejo del párroco el P. Ernesto Ríos y la alegre y acogedora comunidad de Agualeguas, me ayudaron a forjar mi persona en cada una de las áreas formativas (humana, cristiana y sacerdotal); ya que en el trabajo pastoral pude descubrir las virtudes que Dios me ha dado; pero, sobre todo, aquellas cosas de mi vida personal que necesito seguir mejorando para ser una gran persona e hijo de Dios que quiere ser sacerdote.

En la comunidad de Agualeguas tuve la dicha de vivir diversas experiencias, momentos de gozo, alegría y dolor con las comunidades, desde celebrar la Palabra hasta acompañar a las familias en las capillas funerarias y en las celebraciones exequiales.

También participé en la organización de las fiestas patronales de la Virgen de Agualeguas, en la creación y asesoramiento de dos grupos parroquiales (concretamente: Adolescentes y Matlachines); en la atención a los diversos centros de catequesis; en el auxilio y acompañamiento al grupo de misioneros que estuvieron en las temporadas de Navidad y Semana Santa; visitando casa por casa y predicando el Evangelio, además de ayudar en las labores propias de la oficina parroquial.

Doy gracias a Dios, de manera especial a la comunidad de la Parroquia y Santuario de Nuestra Señora de Agualeguas y a todos ustedes que, durante este año y siempre, han ayudado al Seminario de Monterrey para seguir formando sacerdotes. No se olviden de rezar por mí y por cada uno de mis compañeros que esperamos algún día recibir de Dios el gran don del sacerdocio.

Seminarista José Ignacio Ávila Rangel

03 Jul 2019

HELLO! 1

A todos nos ha pasado alguna vez que, cuando tenemos una pareja estable, nos preguntan; – ¿Cuándo se casan?; y ya casados, ¿cuándo tienen un hijo?; cuando tienen un hijo, ¿cuándo se animan para el otro?. ¿Te ha pasado? o ¿has sido tú el que ha hecho la pregunta?

Seguramente la respuesta es sí, y es así como nuestra cultura y sociedad nos ha ido diciendo lo que “podemos” preguntar y que sea aceptable. Sin embargo, ¿no es éste, un cuestionario agobiante? ¿qué peso podemos llegar a sentir cuando estas preguntas se repiten constantemente?

Hagamos una reflexión sobre la dimensión tan amplia de la familia como desarrollo de habilidades cognoscitivas, intelectuales, psicológicas, afectivas, volitivas, corpóreas y de la sinergia y armonía entre ellas. Estos criterios básicos, pueden darnos luz sobre el papel de la “familia en la educación”, tema que actualmente ha comenzado a tener más peso en nuestras comunidades e instituciones educativas.

Por generaciones, se han heredado entre las familias la forma de organización, educación, y valores. Incluso tenemos una escala de los asuntos de mayor a menor importancia. Entonces ¿qué tanta importancia o interés se le ha dado a aprender a ser padres?

Viéndolo desde una perspectiva preventiva; es decir, antes de iniciar la procreación, sería importante aprender aspectos teóricos y prácticos que probablemente no nos han sido heredados en nuestro círculo familiar.

En la educación de los hijos, partimos de la base previa de que el ámbito familiar es el que más influye en la vida de las personas y por lo tanto en su educación. La familia tiene el deber moral de educar y puede ser ayudado por las instituciones, la iglesia, la escuela, etc.

¿Qué pasaría si cambiáramos nuestra forma de expresar la alegría de ver a nuestros amigos y familiares unirse en matrimonio? Si se modificara el mapa mental cultural que hemos creado. Imagina que el día de tu boda tu mejor amigo te regalara una inscripción, para tomar un curso llamado “Ser Padres.” Si cada vez que alguien te felicita, en lugar de preguntar ¿cuándo tienes a tu primer hijo? te pregunta ¿ya planearon algún curso para aprender a educar a sus hijos? O ¿ya leyeron algún libro sobre educación? Sería incómodo, probablemente fue lo que llego a tu mente.

Te invito a que la próxima vez que seas testigo de una unión matrimonial, promuevas más la educación que la procreación. Estemos más alerta y preocupados por lo que nos ha salido mal como sociedad, y que nuestros niños crezcan en un ambiente emocional sano y volitivo. Eduquemos la conciencia no la obediencia; gastemos tiempo y esfuerzo en educar conscientemente el carácter y no dejar la educación en las manos del destino, de la reacción del momento.

Es indispensable reflexionar a fondo sobre la trascendencia que conlleva formar una familia de manera responsable y comprometida, porque “la decisión de casarse y formar una familia debe ser el fruto de un discernimiento vocacional” (Amoris Laetitia, 72).

Marcela Tinoco
Lic. en Ciencias de la Familia
Revista San Teófimo No. 142

21 Jun 2019

HELLO! 1

La familia no es un simple fenómeno sociológico, tampoco un recurso biológico para proteger la especie humana, mucho menos un tipo de propiedad privada o de seguridad de vida.

La familia fundamentalmente es un misterio de la vida humana; del amor entre sus miembros, porque es signo de la trascendencia y siempre será el primer punto de referencia un padre y una madre, como signo, símbolo y sacramento del amor y de la providencia de Aquel que es Padre-Madre de todos los hombres. (Cfr. Familiaris Consortio No. 14)

Y aunque se ha producido una amplia teología del matrimonio como sacramento, no se ha correspondido con una profunda reflexión teológica que abrace toda la familia en sus diversos aspectos, sobre todo, en cuanto Iglesia doméstica.

San Juan Pablo II, en una de sus catequesis de los miércoles afirmó: “Podemos decir que el primer sacramento constituido por Dios Creador es la familia y después la misma familia se convierte en un verdadero y propio sacramento de la nueva alianza…” (L’Osservatore romano, Junio 6, 1993).

Pero, ¿dónde ubicar el origen de la expresión: “La familia iglesia doméstica”? Tenemos que responder que hay dos posibles respuestas, el encuentro de occidente con oriente; y el segundo, que es sobre el cual profundizaremos, “el despertar del laicado en la iglesia”, de su papel, de su actividad, de su competencia en el mundo. Será precisamente el Vaticano II quien re-coloca la categoría de “Pueblo de Dios” como un eje de una nueva eclesiología y con una categoría de “pueblo” recupera la del “laico”. Fue entonces, en este contexto de reflexión sobre el laicado donde re-aparece la inquietud de llamar a la familia “pequeña Iglesia”, donde los padres adquieren la grandísima responsabilidad de ser los primeros maestros de la fe (Lumen Gentium 11; Apostolicam Actuositatem 11).

En la Sagrada Escritura tenemos ejemplos de “Iglesia doméstica”, en las cuales se manifiesta que el paso de la sinagoga judía a la comunidad cristiana (mientras aparecieron los templos públicos), se dio en las “casas”. Pablo da testimonio de cómo consiguió en cada localidad la conversión de una familia, la cual le brindó una casa adecuada como plataforma misionera y localización de la comunidad cristiana. (Rom 16,4-5; 1Cor 16,19; Fil 2; Hch 11,14; Tit 1,11; II Tim 1,16; 4,19).

El mismo San Juan Crisóstomo recomendaba: “Haz de tu casa una Iglesia” y con ello expresaba el calificativo de “Iglesia doméstica” dado a la familia cristiana, el papel del padre de familia dentro de la “Iglesia doméstica” y la oración en familia. Esta expresión, haz de tu casa una Iglesia (Iglesia doméstica) no se trata, por tanto, de un lugar donde vivan un grupo de cristianos, más bien, de un dinamismo de transformación, de construir la comunidad cristiana.

Así, la “Iglesia doméstica” manifiesta el valor cristiano fundamental: la existencia, como estructura base de la Iglesia, de comunidad humana en la cual sean posibles las relaciones interpersonales, la comunión de la fe y la participación efectiva de sus miembros. (Cfr. Familiaris Consortio No. 21, 38, 48, 49).

Aunque el Papa Francisco no trata de manera exclusiva “Iglesia doméstica” en Amoris Laetitia; si hacemos una revisión profunda de su contenido, es muy fácil palpar que todo lo expresado por Vaticano II, está presente en dicha Exhortación Apostólica Postsinodal. Y en su viaje a Ecuador (julio 2015), hizo alusión a la importancia actual de la “Iglesia doméstica” para bien la fe: “La Iglesia doméstica se forja en el hogar, cuando la fe se mezcla con la leche materna, entonces experimentado el amor de los padres, se siente más cercano el amor de Dios.” Así, la familia “Iglesia doméstica” se convierte en el hospital más cercano, en la primera escuela de formación humana y de catecismo para los niños, el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, en el mejor asilo para los ancianos y el lugar donde se descubre el llamado de Dios. La familia constituye la gran riqueza social que otras instituciones no pueden sustituir.

Para nuestra época de secularización, de desinstitucionalización, valorizar la familia cristiana en sus elementos humanos y mistéricos es una intuición que ya conoce y ha vivido la Iglesia primitiva. Podemos concluir diciendo, que también la Iglesia debe experimentar la kenosis, con el fin de propiciar la salvación de las células de la “grande Iglesia”, que son las “Iglesias domésticas”.

Mons. Oscar E. Tamez Villarreal
Obispo Auxiliar de Monterrey
Revista San Teófimo No. 142