10 Ago 2017

HELLO! 1

Ordenaciones

“Único mediador entre Dios y los hombre”
                                                                    ( 1Tm. 2, 5)

El orden del presbiterado establece la misión confiada por Cristo a sus apóstoles, que sigue siendo ejercida en la iglesia hasta el fin de los tiempos. Como en todo sacramento somos conscientes que se tienen signos y ritos que nos demuestran las esencias del amor de Dios, en este en especial se da la consagración de una persona por su plena libertad a darse en su totalidad a Cristo y a la iglesia.

El rito esencial del sacramento está constituido por “la imposición de manos” del obispo sobre la cabeza del ordenado, así como una “oración consecratoria específica” en la cual toda la asamblea pide a Dios la efusión del “Espíritu Santo” y de sus dones apropiados para el candidato que es ordenado.

Otro aspecto importante en el rito, es el momento en el cual el obispo unge al candidato con el Santo Crisma, como signo de la unción especial del Espíritu Santo que se hace fecundo en su ministerio. Como parte de la celebración, se hace entrega de la patena, el cáliz y de los Sagrados Evangelios.

En el ministro ordenado, es Cristo mismo quien está presente en su iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, Sumo Sacerdote del Sacrificio Redentor y Maestro de la verdad. Es lo que la iglesia expresa, al decir que el sacerdote, en virtud del Sacramento del Orden, actúa “IN PERSONA CHRISTI”.

Como Iglesia de Monterrey estamos invitados a participar de ésta celebración, el martes 15 de Agosto a las 5:00 p.m. en la Basílica de Nuestra Señora de
Guadalupe. ¡Unidos como iglesia, celebremos el don del sacerdocio!

02 Ago 2017

HELLO! 1

Ángel Josué Loredo

Entré al seminario a los 17 años, estudiaba Ingeniería Mecánica Eléctrica en la UANL, practicaba ciclismo incluso estuve en las fuerzas básicas de Monterrey, tenía una vida ordinaria y tranquila, soy el menor de tres hijos.

Cuando estaba en la parroquia, el vicario Miguel Pasillas me dijo: “Tú vas a ser sacerdote”, no estaba en mi pensamiento, no estaba en mis planes, ni en mi vida, sin embargo este fue un llamado de Dios muy interesante al hacerlo por medio del sacerdote. En aquel entonces mi proceso vocacional fue de dos retiros.

El fin de semana que asistí al retiro sacerdotal, al ver la vida Juan Pablo II me llamó mucho la atención como Dios puede transformar los proyectos personales en proyecto de Dios. En ese entonces entró la espinita en mi corazón y sentí que debía intentar a responder al llamado de la vocación sacerdotal, lo hice con gusto y también con miedo, fue en ese fin de semana donde Dios me llamó. A las dos semanas fue el retiro de la opción y es cuando pongo por escrito mi intención de entrar al seminario para ser sacerdote.

Siempre he dicho que vengo de una familia cristiana gracias a Dios. Como tuve muy poco tiempo de proceso vocacional en realidad no les había dicho nada, sólo sabían que iba a un retiro, así que cuando les digo a mis papás mi decisión de ingresar al seminario se sorprendieron mucho, pero a la vez se alegraron y sus palabras fueron de confianza y apoyo: “Te vamos a apoyar en toda decisión que tomes”. En realidad se pusieron muy contentos.

Llegar a ser sacerdote es responder al llamado que Dios me hace en mi indignidad, en mi limitación, en mi propio pecado… es un gran reto y es una gran alegría al ser un proyecto de Dios para nosotros en el cual uno intenta ser dócil, implica poner tu alma, tu corazón, tu vida y tu persona en la manos de Dios.

Consejo vocacional:
Vale la pena vivir la aventura de la vocación, es una gran alegría, una gran aventura la que vivimos cuando sentimos el llamado de Dios y nos arriesgamos a responderle, es algo que es indescriptible, inimaginable. Siempre Dios va a sorprendernos, déjate sorprender por Dios, por sus proyectos, por su llamada, por su presencia y anímate a vivir la vocación a la cual Dios te llama. Si sientes que te llama a ser sacerdote: Ánimo, adelante, fuerza y alegría.

¿Te gustaría saber si Dios te llama a ser sacerdote?
¡Haz proceso vocacional!
Llámanos al 1158-2838 o visita nuestra página: centrovocacional.org

02 Ago 2017

HELLO! 1

Edgar Eduardo Alvarado

Entré al seminario a los 15 años recién cumplidos, un 6 de agosto de 2005 a las 5:00 PM. Al terminar la secundaria, fue en la parroquia Cristo Buen Pastor en Apodaca donde descubrí mi vocación participando en los grupos parroquiales, de monaguillo, fui Tarsicio en la adoración nocturna, después de hacer un año de proceso vocacional solicité ingresar al seminario.

Desde muy pequeño fui cercano a la Iglesia gracias a los valores que mi mamá me inculcó, siempre participé en grupos parroquiales y desde antes mi familia, concretamente mi mamá, me acercó a Dios, me inculcó los valores cristianos y durante ese tiempo de mi infancia, de mi adolescencia me sentía muy bien en la iglesia, en ese ambiente de parroquia, de apostolado, siendo monaguillo, en los grupos de jóvenes y formando parte de la adoración nocturna mexicana yo me sentía como en mi casa, la iglesia era el lugar donde más tiempo pasaba.

Fue un amigo de la familia que era seminarista quien me invitó a vivir el proceso vocacional, él siempre bromeaba conmigo diciéndome que yo debía ser padrecito, cuando lo escuchaba yo no me lo creía, me sentía indigno, lo sentía muy lejano, yo pensaba que como iba a ser posible ya que yo era muy inquieto y muy alegre.

Un día lo acompañé a un retiro en Aguascalientes y descubro que los seminaristas son personas normales, bromean, ríen, lloran, juegan, son como todos con la diferencia que quieren consagrar su vida a Dios, me identifiqué con ellos. Al regresar de este retiro inicié mi proceso en el Centro Vocacional y durante un año asistiendo a los retiros, a los acompañamientos, a los momentos de oración y reflexión voy descubriendo que Dios me llama. Lo interesante es que las tres personas que sembraron la inquietud vocacional ya no continuaron su formación sacerdotal, sin embargo Dios se valió de ellos para llamarme a este camino y aquí estoy, doce años después estoy culminando muy agradecido con Dios.

Mi mamá es madre soltera y desde muy pequeño me enseñó a amar a la familia y a orar por mi papá aunque no estuviera con nosotros, y a cuidar a mis hermanos -soy el mayor de cuatro-. Cuando le digo mi inquietud recuerdo que ella empezó a llorar de alegría me abrazó y me dijo que me apoyaba: “Si decides entrar al seminario te apoyo, y si no también”; ella fue quien me llevó al retiro, yo no sabía andar solo en camión así que las primeras veces ella me llevaba y pasaba por mí. Para mi eso significaba mucho ya que veía su apoyo y entrega, me sentía apapachado y amado por ella y por mis hermanos, que aunque eran muy pequeños también me apoyaban.

Cuando decido entrar al seminario, mi mamá me cuenta que al momento de mi nacimiento casi da a luz en el taxi en el que iba al hospital… gracias a Dios si alcanzamos a llegar, pero las cosas se complicaron un poco y estuvo un tiempo en el hospital y como buena madre cristiana me consagró al Señor, nunca me lo contó hasta el momento que en que ingresé, para mi es un reafirmar este llamado que sentía y que Dios me estaba haciendo a consagrar mi vida al sacerdocio.

Llegar a ser sacerdote significa que Dios me ha mirado con misericordia y que voy a experimentar algo que no puedo entender, no puedo describir, que no soy digno, pero que acepto con agrado, consciente de la gran responsabilidad que eso significa.

Consejo vocacional:
No tengan miedo a hacer su proceso vocacional, hombre y mujeres, independientemente de sus edades, atrévanse a preguntarle al Señor ¿qué quiere de ustedes? Yo les aseguro que no se van a arrepentir, Dios habla clarito y el proceso vocacional es una gran herramienta para descubrir la voluntad de Dios. Siempre estamos preguntando ¿Señor que quieres de mí? y quisiéramos que se abrieran los cielos o que abriendo la Biblia apareciera una frase reveladora… Te aseguro que si haces el proceso vocacional, te acercas a la oración y te dejas acompañar, Dios te dirá claramente que es lo que quiere de ti y siguiendo su voluntad encontrarás la paz y la felicidad.

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02 Ago 2017

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Reynaldo Lázaro Arriaga

Antes de entrar al seminario, estuve sirviendo en misiones rurales de Nuevo León, estaba por terminar mi carrera en Derecho, sabía que Dios me llamaba a algo, pero no sabía a donde, así que decido abandonarme al llamado de Dios, fui a un retiro para aclarar mis inquietudes, un retiro muy especial llamado Emaús de cinco días caminando en el pueblo de Mina y las comunidades.

Un 20 de mayo de 2007 hago mi carta de la opción para entrar al seminario y fue el 4 de agosto del mismo año cuando ingreso al Seminario de Monterrey, tenía 24 años. Ya son 10 años de estar respondiendo a Dios y feliz de que Él siga manifestando su llamado a la vida sacerdotal, aunque al inicio yo me negaba a este llamado. Siempre me abandone a la voluntad de Dios y hoy estoy feliz en este camino.

Llegar a ser sacerdote significan muchas cosas: Con humildad digo que me siento indigno, soy igual que todos, hay personas más buenas que yo, pero Dios se ha fijado en mí, es una gran responsabilidad, un gran reto, una gran misión, y un compromiso con Dios, con el pueblo de Dios y conmigo mismo. Encuentro en la iglesia retos personales, quiero dar todo de mí, dar una entrega total. En el pueblo de Dios hay mucha fe, pero en ocasiones la gente no quiere acercarse. Uno de mis retos cuando sea sacerdote es compartir a Dios con alegría, con gozo, con esperanza y con mucha fe.

A lo largo de los años tuve una crisis vocacional de la cual aprendí algo muy hermoso, fue cuando estuve en el Curso Introductorio, lo hablé con mi familia, con los padres formadores, y ya con maletas hechas un sacerdote, antes de llevarme a mi casa como le había pedido, me aconsejo ir al Santísimo a lo que le pregunté a Dios: “Aquí estoy para hacer tu voluntad, ¿qué es lo que quieres de mi vida?”. La respuesta fue clara.

Siempre me ha gustado darle sorpresas a mi familia, cuando les doy la noticia mi papá se sorprendió mucho, ya que él estaba muy esperanzado por mi estudio, me hacia graduado y trabajando con algo de mi carrera, no sabían que estaba haciendo el proceso vocacional, le cuento a mis hermanos y a mi papá… mi mamá en aquel entonces ya había fallecido.

“No estoy de acuerdo, pero no me opongo, si esa es tu felicidad te apoyo” fueron las palabras de mi papá quien a lo largo de los años, sobretodo después de un retiro que hacen aquí para papás y seminaristas, ha cambiado la idea que tenía y hasta la fecha es el más contento y quien más me apoya, siempre esta conmigo y siempre al pendiente de lo que necesite.

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02 Ago 2017

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Pedro Mora Oviedo

Entre al seminario a los 47 años, yo estaba trabajando, estudié una carrera, tenía un trabajo profesional bueno que me gustaba, había perseverado por crecer, me pagaban muy bien, sin embargo en una hora santa sentí algo muy grande que me decía: VEN. El vicario de la parroquia me invitó a un retiro en el Seminario Menor y en el Centro Vocacional me entrevistaron y así fue como inicié mi caminar con Cristo, fue una experiencia muy bonita vivir el proceso vocacional.

Sentí mucha alegría al sentir el llamado, era sorprendente el hecho que me hubiera llamado a esta edad, claro que había incertidumbre al dejar todo lo que había hecho hasta el momento. Pero un día la salir del Centro Vocacional algo en mi corazón me decía: “Yo te amo, te amo mucho, ven y sígueme”. Me fui directo al trabajo y renuncié para seguir a Jesús, me decían que estaba loco. Me sentía muy lleno, muy feliz. “Si Tú me estás hablando, yo voy a seguir contigo en este caminar”. Yo sabía que Él me estaba llamando, yo sé que Él siempre me ha estado cuidando y protegiéndome.

Cuando fue avanzando el proceso, le compartí a mi familia el deseo de entrar en el seminario. Mi madre me dijo: “si tu eres feliz con Él nosotros estamos contigo”, y hasta ahora aún con sus limitaciones siguen de pie conmigo; es muy padre ver que ella se sienta fuerte también en este acompañamiento vocacional, por que para ella también es un proceso el discernir como Cristo se ha manifestado en el seno familiar.

Los momentos más agradables de mi vida en el seminario son muchos, antes me sentía muy pleno con mi trabajo, ganar bien… con los premios, con todos mis logros y de repente dejarlo todo… fue algo muy hermoso: Dios renovó mi vida. Me doy cuenta que Dios todo el día esta buscando trabajadores, el amor de Dios es enorme, el llamado es para todos.

Ser sacerdote es desgastar la vida por el pueblo de Dios, por los pobres, por los desamparados, por los que más lo necesitan, es ser Cristo, un Cristo que se acerca con el pueblo y entrega amor. Vivimos en una burbuja, allá afuera es una gran burbuja con problemas y muchas necesidades: Tenemos que salir al mundo. Me impacta mucho el sufrimiento de la gente, al servir en las pastorales he vivido de cerca el dolor de los padres cuando ven a sus hijos en el tutelar, de la esposa que tiene a su esposo en el penal, el de la madre sordomuda al tratar sacar adelante a su pequeños, ahí me doy cuenta de la necesidad que hay en este mundo de todos… quiero entregar mi vida para ayudar a todos, acompañarlos, escucharlos.

Consejo vocacional:
Guardo muy presente las palabras de San Juan Pablo II para los jóvenes, hombre y mujeres: No se queden en la orilla, si sientes el llamado, métanse al fondo. Anímense, es una experiencia bien bonita estar con tus hermanos que te necesitan. No se queden afuera como si nada pasara. La gente tiene mucha necesidad de sacerdotes, de religiosos, de laicos, de consagrados, de gente que quiera servir y ayudar. No se vale quedarnos sin hacer nada cuando vemos todas las cosas que están sucediendo. Cristo está llamando, hay que hacer un espacio en nuestras vidas, darle un tiempo para platicar con Él y poder discernir que es lo que quiere de nosotros. Dejen a un lado todo lo que les abruma, y pregunten bien: ¿Qué es lo que quieres de mí? Por que Él llama muy fuerte, sólo hay que saber escucharlo.

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02 Ago 2017

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Adrián Marcelo Halún

Mi proceso vocacional lo inicié a los 16 años estando en los grupos parroquiales, era el encargado de la espiritualidad y fue como tuve más contacto con seminaristas y sacerdotes, al mismo tiempo estaba viendo opciones de carrera, en febrero de 2006 fue cuando surge mi inquietud por la vida sacerdotal. Asistí a retiros vocacionales para poder madurar la decisión y conocer un poco más y poder tomar una decisión más madura. Al seminario entré a los 18 años.

Al principio estuve confundido, ciertamente optar por Dios en este mundo actual es de locos, mucha gente al platicarles mi inquietud le sorprendía mucho ya que mi perfil en la preparatoria no era el de un sacerdote, muchos esperaban diferentes opciones de vida para mí, pero al final Dios pudo más y fue como decidí ingresar.

Hubo miedo a lo que no conocemos, al como me iba a ir, pero también junto con ello había mucha esperanza, alegría de conocer un poco más como iba a ser la vida de sacerdote, de ir haciendo vida de fraternidad en el seminario, hubo sentimientos muy intensos y al final es una gran paz saber que la decisión que tomé hace diez años Dios la va confirmando con su voluntad y se va haciendo presente en mi vida.

Mis papás fueron los últimos en enterarse ya que quería estar seguro de mi decisión, el primer año viví mis retiros vocacionales sin que ellos supieran que me estaba preparando para el seminario, cuando mi inquietud y mi decisión fueron madurando y me animo a ingresar al seminario fue cuando les conté que tenía ya trece meses discerniendo lo que Dios tenía para mí. Desde el primer momento me apoyaron, ciertamente fue inesperado, ya que mi perfil indicaba otras líneas, hasta hoy están muy contentos con los pasos que voy dando, han hecho mucha amistad con mi compañeros y sus familias, nuestras familias se han hecho muy cercanas, este ambiente eclesial en el nos vamos desenvolviendo como familias, les ha causado mucha alegría.

Desde el proceso vocacional cuando hablaban del sacerdocio, hablaban de este don inmerecido, creo yo que estos diez años si algo he madurado es en la conciencia de que este don que recibo por parte de Dios no es por méritos míos sino que por su gracia ha decidido llamarme, es un don enorme que aunque no lo merezco, Dios ha puesto su mirada sobre mí y ha querido llamarme a servirlo de esta manera, soy consiente de mis fallas, de mis límites, pero también lo soy de la gracia de Dios que actúa y le pido que pueda ser siempre dócil para que su gracia y su amor pueda pasar a través de mí a su pueblo.

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02 Ago 2017

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Carlos Nicolás Gómez

Antes de entrar al seminario era estudiante de la facultad de Ingeniería Civil, tenía 23 años de edad. Servía en la parroquia en los cursos y formación de papás y padrinos de los niños de catecismo, era acompañante en los grupos y coordinador de los coros. Descubro mi vocación en el proceso vocacional, es cuando empiezo a cuestionar acerca de mi vida y de mi futuro. Al aceptar el llamado experimente una paz y alegría interior, cada etapa de la formación he ido experimentando sentimientos maravillosos, el ir descubriendo y reafirmando que lo que estoy haciendo es lo correcto a través de su voluntad al ver como los frutos se van manifestando.

Expresarle a mi familia mi decisión al principio fue difícil, aunque mi mamá me dijo que ya se lo esperaban al verme sirviendo siempre en la parroquia, ella ya sabía que Dios me estaba pidiendo. Mi papá fue fiel a su personalidad me dijo: tu eres mayor de edad, es tu decisión, poco a poco lo fue asimilando y le fue agradando la idea. Ser sacerdote significa encontrar la gracia de Dios, gracias a este llamado puedo transmitir y llevar la paz a las personas así mismo entregarle a Dios en sus manos a hombres y mujeres que va llamando a su presencia. Aquello que indignamente he recibido como llamado de Dios, poco a poco lo va perfeccionando y haciéndolo digno, simplemente por su gracia, la gracia de Dios es la que nos hace mover y transmitir según el designo amoroso de Dios.

Consejo vocacional:
Lo más importante cuando hay un sentimiento o inquietud de vocación es responder. Es importante que uno se atreva a responder, las preguntas que nos hacemos interiormente en el momento que queremos descubrir la vocación, en ocasiones se pueden salir de nuestro alcance, creo que es importante que poco a poco vayamos respondiendo según nuestras posibilidades.

Al momento que Dios te llama a ser sacerdote , al darte esta propuesta de fe, de amor, hay que responder inmediatamente, es en el camino en el que uno también va dando esta respuesta generosa la cual siempre va acompañada del mensaje de Dios: “Siempre estaré contigo, todos los días hasta el fin de los tiempos”. El sentir como Jesús nos rescata de los peligros y de los miedos. Aún Teniendo confianza en nosotros mismo, teniendo la seguridad de lo que somos, nos puede pasar que el miedo nos pudiera atormentar, pero siempre está Jesús para tendernos la mano y salvarnos de cualquier momento de miedo, incertidumbre o confusión.

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01 Ago 2017

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Roberto Van Troi

Antes de entrar al Seminario de Monterrey, era Cirujano General, tenía 35 años cuando entré. Mi proceso vocacional duró cuatro años hasta que escuche a Jesús que me llama a ser sacerdote. Fueron dos acontecimientos entre enero y mayo del 2006 los que me hicieron preguntarme si Dios me llamaba, por una parte leo en la basílica de Guadalupe en México un folleto que se llama la vocación, y me dije: “esto lo estoy sintiendo yo”. Tuve una revolución interna por el sentido profesional: prefería platicar con los enfermos que operarlos. Un psiquiatra en consulta me dice: “Roberto, el llamado de Jesús es personal”. Y a partir de ahí empecé a preguntarme ¿no será esto un llamado?. Y aquí estoy.

Estos dos momentos fueron claves para entender el mensaje de Jesús: “Deja todo, desde hoy serás pescador de hombres”. Cuando decido seguir el llamado de Jesús, experimento un gozo enorme de tener la certeza que Dios me llamaba para ser sacerdote… Lo difícil hubiera sido seguir en el hospital. Cuando externo a mis papás mi decisión, yo creí que me iban a decir que estaba loco y no, fue la misma reacción que cuando de niño les dije que quería estudiar medicina, recuerdo sus palabras claro: “Hijito, aquí estamos, nosotros queremos que seas feliz, cuenta siempre con nosotros”.

Ser sacerdote significa responderle a Jesús, es lo máximo, es mi máxima alegría el saber, el sentir que Jesús me llamo a dejar mi trabajo para estar con Él, hablarle de Él a los demás y ayudarles a poner en práctica sus enseñanzas no tiene precio, estoy muy agradecido con Dios, con Jesús, con el Espíritu Santo de haberme llamado a consagrarles mi vida en el sacerdocio.

Consejo vocacional:
Si tu tienes en tu corazón, una inquietud, no la pases de largo, sincérate contigo mismo, contigo misma, pregúntate: ¿qué quiere Dios de mí?, Dios nos habla a través de nuestros pensamientos,
nuestros sentimientos y de lo que los demás nos dicen. No lo olvides, en tu corazón está la voluntad de Dios. Sé congruente con eso, llega al fondo del corazón y si de verdad sientes que Jesús te está llamando para que seas de Él, dile que sí y te darás cuenta de la grandeza que experimentarás en tu corazón de paz, de alegría y de gozo. No tengas miedo, has un proceso, sé sincero y honesto contigo mismo, contigo misma y encontrarás la voluntad de Dios.

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26 Jul 2017

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notapbroelias

Ha partido al cielo el buen padre Elias y hoy lo hemos acompañado en su último adiós. Desde hace dos años nuestro Sr. Arzobispo lo había designado como Director Espiritual del Instituto de Teología, cargo que desempeñó con sencillez, humildad y generosidad. Hoy añoramos su partida pero sabemos que Dios nuestro Señor lo ha recibido en su Reino.

En la Misa Exequial presidida por Mons. Juan Armando Perez Talamantes Obispo Auxiliar de nuestra Arquidiócesis, concelebrada por los demás obispos auxiliares y un gran número de sacerdotes entre ello su hermano de sangre y sus hermanos de generación, fuimos testigos del amor que el Pueblo de Dios representado en los diversos destinos que tuvo el padre Elias.

En la homilía, Monseñor Talamantes compartió el testimonio que el padre Elías le daba de manera personal: “El padre Elías fue un pastor sencillo, con un gozo especial que compartía en la comunidad y tenía el maravilloso don de estar, el padre Elías sabía estar y eso es un testimonio para aprender”.

Seguimos encomendando al Señor el eterno descanso de nuestro buen padre Elías, que su testimonio nos siga formando como futuros pastores del pueblo de Dios; sencillos, alegres y capaces de estar con la comunidad.

Seminario de Monterrey.

19 Jul 2017

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notaenfermos

Jesús nos llama a ser parte de su misión, y siguiendo su ejemplo una de las actividades que realizamos en la Misión vocacional es la visita a nuestros hermanos enfermos, lo cual es un gran regalo de parte de Dios, porque nos permite ver en ellos a Jesús.

Estos días hemos podido acompañar a los enfermos, y platicar acerca de sus sufrimientos, tristezas y esperanzas, hemos hecho oración por ellos pidiendo por su salud, y hemos podido recordarles que son parte vital de la Iglesia, que la enfermedad no es un impedimento para la misión.

Les platicamos que este año las misiones tienen la finalidad de vocacionalizar las parroquias lo cual  quiere decir que buscamos crear conciencia de que Dios tiene un plan para todos y que debemos orar por las vocaciones. Les hablamos de como desde su enfermedad pueden ser parte de esta misión ofreciendo a Dios sus padecimientos por el aumento de las vocaciones ya que en el dolor y la enfermedad se puede amar con un amor profundo como el de Jesús desde la cruz.

Pidamos siempre por todos nuestros hermanos enfermos, y vayamos lo más seguido posible a visitarlos, ellos son una grande riqueza de la Iglesia.

André Alejandro Múzquiz Salazar

Tercero de Filosofía