20 Oct 2015

HELLO! 1

“Hagan esto en memoria mía” (1Co. 11,24b.25b) son las palabras que resonaron en el corazón de los primeros apóstoles y discípulos del Señor, y que movieron a todas las comunidades de creyentes después de la Pascua de Jesús, a seguir reuniéndose a celebrar la Eucaristía, o lo que, más precisamente, ellos llamaban la fracción del pan.

La celebración de la Misa tiene no sólo un peso tradicional, sino que conjuga una gran cantidad de elementos que son significativos para los cristianos y que efectivamente transmiten la gracia de Dios a los creyentes.

Al recibir la Eucaristía nuestra persona se nutre con el cuerpo y la sangre del mismo Jesucristo, presente en las especies del pan y del vino que han sido “eucaristizadas”, o dicho de otro modo, sobre las cuales se ha hecho la oración de acción de gracias con las palabras que usó el mismo Cristo aquél día en la última cena con sus discípulos. Y no sólo repetimos las acciones o palabras que Jesús hizo hace dos mil años, sino que al vivir la Santa Misa, hacemos presente en nuestro tiempo aquel momento y aquella gracia que Jesús ha derramado por medio de las especies eucarísticas.

Y si aun así te queda duda sobre la radical importancia de reunirse en comunidad para vivir la Misa, estas palabras de San Ignacio de Antioquía, que dirigió en una carta a los efesios, te podrán ayudar:

Pongan empeño en reunirse más frecuentemente para celebrar la eucaristía de Dios y glorificarle. Porque cuando frecuentemente se reúnen en común, queda destruido el poder de Satanás, y por la concordia de vuestra fe queda aniquilado su poder destructor. Nada hay más precioso que la paz, por la cual se desbarata la guerra de las potestades celestes y terrestres. (S. Ignacio de Antioquía, Carta a los efesios, 13)

Es así que estas puntuales pero enriquecedoras enseñanzas bíblicas y de los santos padres nos lleva a plantearnos varias cuestiones sobre nuestra vivencia de la Eucaristía:

  • ¿Cuándo asisto a Misa tengo conciencia de todos los elementos significativos que se han ido pasando de generación en generación a lo largo de la historia y que nos llegan hasta nuestros días con un gran valor espiritual?
  • ¿Participo en la Misa creyendo que yo también estoy celebrando el misterio pascual de Jesús, o pienso que sólo el sacerdote tiene un papel protagónico?
  • En las primeras comunidades la fracción del pan tenía una fuerte dimensión social. Es decir, el recibir el cuerpo y sangre del Señor se traducía en una vivencia fraternal alegre y generosa para con el prójimo. ¿Soy verdaderamente cristóforo (es decir, portador de Cristo) fuera del templo, después de comulgar, para con los demás, o me quedo en un “engolosinamiento” espiritual sin repercusión en las relaciones con mi entorno?
  •  ¿Me siento en familia con los hermanos que me rodean cuando estoy en el templo en la celebración eucarística?
  • ¿Experimento en la comunidad cristiana a la que pertenezco, al celebrar la Eucaristía, la fortaleza y apoyo para sacar adelante las situaciones difíciles de la vida o las tentaciones que buscan alejarme de Cristo? ¿Fomento yo esta “red” de apoyo espiritual y/o material, a imitación de las primeras comunidades creyentes?

 

Sin duda, la Eucaristía, como decía San Ireneo de Lyón, es la que “da solidez a lo que creemos” (Contra los herejes, IV,18,5). Conocer su origen e importancia nos permite recuperar la memoria histórica de este valiosísimo sacramento que custodia la Iglesia como tesoro más grande.

 

 

Por: Seminarista Darsving O. Ehrenzweig

13 Oct 2015

HELLO! 1

Saludos a todos, soy el seminarista Omar Alejandro Flores Soto, actualmente estoy en mi año de Experiencia Eclesial, en el cual, vivimos durante un año escolar en una parroquia para madurar y fortalecer nuestra vocación hacia el sacerdocio. Estoy sirviendo en la parroquia de Santa Emma en Juárez, NL. con el Párroco el Padre Jaime Dávila Hernández, que también es vicario Episcopal de la Zona 7, el padre Ernesto Ríos Treviño, vicario parroquial y el Diácono Gerardo Saldaña.

Dios me está haciendo vivir experiencias que sólo se pueden ver una vez en la vida de la comunidad, como la construcción del templo parroquial y la creación de nuevas capillas, forjando comunidades para el encuentro de Jesucristo, en especial en la Eucaristía. También estoy ejerciendo mi ministerio de acolitado ayudando en las Misas, celebrando la Palabra, repartiendo la Comunión y apoyando en las actividades parroquiales como: acompañando a los jóvenes, organizando la primera noche mexicana parroquial, novenario Bíblico, promoviendo la devoción del Rosario, preparando la semana de animación misionera y planeando todas las actividades propias de los tiempos litúrgicos que vienen.

Igualmente se me encomendó acompañar a los jóvenes del decanato de Nuestra Señora del Rosario, también conocido como el decanato de Juárez, el cual, está compuesto por nueve parroquias: Santa Emma, Nuestra Señora del Rosario, Cristo Rey, Santísima Trinidad, Santa Clara, San Judas Tadeo, San Juan de los Lagos, San Miguel Arcángel y Nuestra Señora de los Ángeles; todas éstas en el municipio de Juárez NL.

He acompañado a las chavas y a los chavos al encuentro con el Arzobispo, a la jugada del año, a la marcha juvenil vocacional que organiza el centro vocacional, al retiro y peregrinación de monaguillos, al Congreso Eucarístico Nacional que se realizó en Monterrey. Además, los jueves visito una de las parroquias para dar un mensaje en la Misa y dirijo la Hora Santa. Así mismo hago presencia en las fiestas patronales y cuando me lo piden los acompañó con algún tema, retiro o convivio.

Se organizó la primera marcha juvenil vocacional del decanato de Juárez y hubo una respuesta de un poco más de 100 jóvenes que gritaron por las calles del municipio la alegría de ser de Cristo con cantos, alabanzas, tambores y trompetas. Y ya se está organizando otra marcha, pero ahora con procesión del Santísimo el domingo de Cristo Rey.

Sigamos en oración por todos los jóvenes de la Arquidiócesis de Monterrey, para que Dios ilumine su mente y corazón y puedan escuchar la voz de del Señor y que sean valientes para seguir el camino que Dios propone para que sean felices.

06 Oct 2015

HELLO! 1

El papa Francisco visitará México en el 2016, indicó este martes a la AFP el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, quien precisó que aún no se han definido las fechas ni la agenda.

La noticia fue adelantada este mismo martes a la corresponsal de la televisión mexicana Televisa, a quien Lombardi confirmó que Francisco viajará “el próximo año” a su país, sin precisar si en los primeros meses.

El portavoz del Vaticano confirmó a la AFP que la agenda probablemente incluirá una visita al santuario de la Virgen de Guadalupe en Ciudad de México, como es su tradición en los países que visita.

Tanto el Presidente Enrique Peña Nieto, como la Conferencia del Episcopado Mexicano han invitado al papa a visitar México en varias ocasiones.

El papa Juan Pablo II visitó en cinco ocasiones México durante sus más de 26 años de pontificado y el papa emérito Benedicto XVI una sola vez en 2012.

Si bien el programa de la visita del papa latinoamericano no ha sido elaborado aún y está en fase de preparación, es probable que incluya también un gesto de solidaridad con los emigrantes mexicanos que intentan cruzar ilegalmente la frontera con Estados Unidos, un  fenómeno que sigue con particular atención.

El papa aseguró en marzo pasado en una entrevista exclusiva concedida a la corresponsal de Televisa, Valentina Alazraky, que México “merece” una visita de “al menos una semana”.

Contactada por AFP, Alazraky confirmó que Lombardi le precisó que si bien no estaba definida la agenda ni establecido el mes de la visita, se celebraría en el 2016.

“Yo pensaba al principio entrar a Estados Unidos por México, era la primera idea, por Ciudad Juárez, la frontera, no?”, contó Francisco a los periodistas que lo acompañaban en septiembre pasado en el vuelo papal que lo conducía de Cuba a Estados Unidos.

“Pero ir a México sin ir a la Guadalupana… hubiera sido una bofetada”, comentó.

En varias ocasiones Francisco se ha referido a  un posible viaje a México, el segundo país con más católicos después de Brasil, meta de su primer viaje internacional en 2013.

Francisco, el primer Papa latinoamericano de la historia, visitó en septiembre pasado Cuba y Estados Unidos, en donde hizo una defensa de los migrantes, habló del drama de los latinoamericanos indocumentados y pidió una respuesta justa y fraterna a los gobernantes.

Mientras Estados Unidos debate justamente sobre la suerte de millones de indocumentados provenientes de México y América Central, Francisco instó a sus gobernantes a no caer en “una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste”.

Recorrer el camino de los migrantes sería un gesto de solidaridad con los más olvidados que hasta ahora ningún pontífice ha realizado.

 

Visitas papales a México

Papa Juan Pablo II

– Enero 1979. Viaje de seis días a Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Guadalajara y Monterrey

– Mayo 1990. Vista la Ciudad de México, Veracruz, Aguascalientes, San Juan de los Lagos, Jalisco, Durango, Chihuahua, Monterrey, Tuxtla Gutiérrez, Villahermosa,

– Tabasco y Zacatecas. Durante esta visita anuncia en la Basílica de Guadalupe la beatificación de Juan Diego.

– Agosto 1993. Hace su tercer visita después de un año de haberse establecido vínculos diplomáticos entre el gobierno mexicano y el Vaticano.

– Enero 1999. Visita la ciudad de México y en el el Estadio Azteca donde se declara “el Papa mexicano”. Este año declara el 12 de diciembre como el día de la Virgen de Guadalupe.

– Agosto 2002. Última visita de San Juan Pablo II tres años antes de su muerte, oficia la ceremonia de canonización de Juan Diego en la Basílica de Guadalupe y beatifica a los indígenas San Francisco Cajonos, Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles

Papa emérito Benedicto XVI

– Marzo 2012. Realiza su primer visita a México y segunda a Latinoamérica.

 

 

Con información de AFP y CEPCOM

06 Oct 2015

HELLO! 1

La Iglesia celebra en septiembre el mes de la Biblia con motivo de la fiesta litúrgica de San Jerónimo (a quien celebramos el 30 de septiembre), este santo fue quien tradujo la Biblia al latín (llamada Vulgata), convirtiéndose este texto bíblico en el oficial de la Iglesia Católica por mucho tiempo. Durante este periodo, la Iglesia propone que se realicen actividades para acercarnos con más fervor a la Palabra de Dios, y que luego nosotros podamos divulgarla.

En el Seminario de Monterrey dedicamos una Semana Bíblica (7 días previos a la fiesta de San Jerónimo) para profundizar y valorar la Palabra de Dios, esta semana comenzó con la entronización de la Biblia en cada uno de los cuatro institutos, y durante la semana tuvimos actividades como lectio Divina, Hora Santa, meditación de textos bíblicos, entre otras, y que el día de hoy culmina en los cuatro institutos del Seminario con la misa en honor a San Jerónimo, a quien los seminaristas debemos tomar como modelo, pues como él, nosotros debemos llevar la Palabra de Dios a quienes la desconocen o no la viven, para que en ella encuentren el mensaje de salvación.

Durante esta semana tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia de profundizar mejor en las escrituras, que nos lleva a un encuentro cercano e íntimo con Dios al meditar su Palabra, en ella escuchamos a aquel que nos ama tanto que nos ha llamado para estar junto a Él.

En la misa de clausura, el Pbro. Juan Carlos Arcq, rector del Seminario de Monterrey, nos invitó a que en la preparación de nuestro apostolado utilicemos la Biblia, teniendo cuidado de no solo usarla como un medio de consulta para un tema, sino que debemos profundizar en ella, pues no podemos ir a hablar de lo que no conocemos o antes no hemos vivido.

En nuestra jornada diaria tenemos la oportunidad de tener contacto con la Palabra de Dios a través de la misa, la liturgia de las horas, oraciones personales y comunitarias, las actividades espirituales, etcétera, y esta Semana Bíblica que se realiza cada año nos recuerda que debemos vivir extraordinariamente lo que hacemos ordinariamente.

 

Por: Equipo Editorial del Seminario de Monterrey

18 Sep 2015

HELLO! 1

El pasado fin de semana se celebró en Monterrey el Congreso Eucarístico Nacional (CEN), al cual asistieron gran cantidad de personas de todo México. Durante el mismo se reflexionó sobre este gran misterio central de nuestra fe: la Eucaristía. La Eucaristía toca todos los aspectos de la vida de las personas; familia, alegría, celebración, gozos, misterio entre otros.

Ya desde hace un tiempo me ha llamado la atención cuando se denomina a la misma «pan de fraternidad». Si bien la celebración eucarística es el encuentro profundo del cristiano con Cristo, también lo es para los cristianos entre sí. He tenido la oportunidad de participar, en diferentes ocasiones, en muchas celebraciones eucarísticas multitudinarias a las que asisten personas de muchas partes del mundo. En ellas todos somos extraños unos con otros pero también todos somos cercanos en el sacramento y la fe.

La eucaristía a diferencia de cultos de iglesias cristianas no-católicas es una acción netamente comunitaria. En ella se actualiza la nueva alianza sellada con la sangre y el cuerpo de Cristo; de esta participamos cada uno con sus propias alegrías, tristezas y esperanzas pero siempre en comunión con el otro. En ella Cristo muere por todos y nos llama a ser pueblo suyo. Nos llama a estar y ser con Él en el otro. El que asiste a la eucaristía dominical, por ejemplo, sabe que se encontrará con Cristo, su Señor, pero también tiene por seguro que se encontrará con los hermanos, con la comunidad. Todos comerán del mismo pan como quien se sienta a la mesa de familia, por eso podemos decir que la eucaristía no es solo el alimento personal para el cuerpo y el alma del cristiano, sino que esta se convierte en el alimento comunitario y familiar.

En la eucaristía todos somos familia, todos somos hermanos, todos comemos un mismo pan. Sin embargo la eucaristía no se reduce solo a un punto o momento concreto de nuestra participación en la celebración, sino que ella se extiende a la misma asamblea reunida, a la Iglesia terrestre y celeste. Cabe resaltar que desde antiguo, pensar la Iglesia era pensarla unida al ámbito sacramental, pues tanto Eucaristía e Iglesia recibían el título de «cuerpo de Cristo».

La eucaristía, por tanto, nos hace vivir en la «communio sanctorum» (comunión de los santos), nos lleva a invocar a los que ya gozan de la fiesta sin fin, a pedir por los difuntos, a fraternizar con los que asistieron e incluso con los que se quedaron en casa. La eucaristía nos impulsa a salir de nosotros mismos, a ir en busca de nuestros hermanos y llevarles el pan que comulgamos a través de la fraternidad. La sacramentalidad de la comunión con Cristo nos lleva a la fraternidad con el prójimo.

Una verdadera participación eucarística conlleva, para nosotros, comulgar del pan sacramental y del pan de fraternidad. El que ha participado de la eucaristía busca comulgar a su hermano, entrar en comunión con él, pues al entrar en comunión con los hermanos inmediatamente entra en comunión con Cristo y con su Iglesia.

El que ha comulgado no puede olvidarse de la fraternidad, pues en la fraternidad encuentra realizado lo que en el altar ha comulgado. Cristo pone siempre en nuestras manos el pan de fraternidad. Comulgar al hermano es hacer Iglesia, es ser Iglesia. El que participa de la celebración eucarística y comulga ya sea sacramentalmente o espiritualmente hace posible la fraternidad sacramental, pues para Dios todos somos hijos, todos hermanos. Por tanto ricos o pobres, pequeños o grandes, solteros, casados o divorciados, todos estamos llamados, al comulgar ya sea sacramental o espiritualmente, a llevar la fuerza sacramental de la comunión fraternal.

Nuestra fraternidad es signo de Cristo que se hace cercano a los alejados, nuestra fraternidad es sacramento de unidad, pues en la Iglesia todos comemos de un mismo pan, todos comemos de un mismo Cristo, así como todos nos nutrimos del pan que da la vida, también todos nos nutrimos del pan de fraternidad. Comulgar a Cristo es comulgar al hermano.

 

Escrito por: Pbro. Jesús Gerardo Delgado Martínez

14 Sep 2015

HELLO! 1

Este domingo el Congreso Eucarístico Nacional llegó a su conclusión, fueron cinco días llenos de bendiciones que Jesús Eucaristía dejó en nuestra ciudad y para nuestro país, además de estas bendiciones derramadas, deja un gran compromiso para renovar la vivencia de la fe y el amor con todos los que nos rodean.

El cierre se realizó con la Santa Misa presidida por el Cardenal Francisco Javier Errazúriz Ossa, Delegado del Papa Francisco para este Congreso, quien invitó a todos los presentes atender el llamado que Jesús nos hace a todos.

“Que nadie diga mirando su debilidad y recordando sus pecados: ‘la vocación a la santidad no es para mí’. La vocación de ser otros Jesucristo es para todos”.

Por su parte el Arzobispo de Monterrey Mons. Rogelio Cabreara López en su mensaje de despedida recalcó el compromiso que nos deja este trascendente encuentro: “Nos deja muchas tareas sobre todo en tres órdenes. En continuar nuestra tarea de seguir predicando a todos y a todas las personas, de seguir poniendo más cuidado de nuestras celebraciones eucarísticas y que no se nos olvide que el cristianismo es caridad.

“Es compromiso de todos los que somos alimentados por Cristo, que no pasemos por este mundo siendo indiferentes ante las necesidades de nuestro prójimo, debemos de vivir la amistad con Dios a través de la amistad y cercanía con el hermano. Debemos ser una ciudad en donde hagamos que desaparezcan las batallas que solo dividen y complican nuestro caminar y permitamos que la luz de Cristo sea la que ilumine nuestra vida”, apuntó.

Mons. Cabrera agradeció la participación de todos de manera especial a los organizadores: “De todo corazón agradezco a todos los laicos y sacerdotes que trabajaron desde hace tiempo para que este Congreso se realizara con éxito, pido a Dios sea quien les recompense”.

Antes de concluir se mostró un video a manera de resumen con algunas de las actividades y ponencias desarrolladas durante el VI Congreso Eucarístico.

Posteriormente, Mons. Rogelio Cabrera López regaló al Arzobispo de Yucatán Mons.  Gustavo Rodríguez Vega una imagen de San Pascual Bailón, santo patrono de los Congresos Eucarísticos, como signo de fraternidad ya que esta Iglesia Arquidiócesana será la encargada de organizar el próximo Congreso Eucarístico Nacional.

Que este tiempo de reflexión deje abundantes frutos de santidad para nuestra ciudad.

Por. Juan Pablo Vázquez Rodríguez

 

Con información de Pastoral Siglo XXI

13 Sep 2015

HELLO! 1

13 de septiembre de 2015

 

“TIEMPO DE GRACIA, FORTALEZA Y PAZ”

 

La vivencia del VI Congreso Eucarístico Nacional ha sido para todos los que hemos asistido, y para quienes lo han seguido a través de las redes sociales, un tiempo de gracia y fortaleza, ya que lo que se ha compartido tiene un fundamento sólido y enriquecedor: La Eucaristía.

Durante estos días, hemos tenido la oportunidad de profundizar en el gran misterio en el que Cristo se hace alimento para revelarnos su amor siempre entusiasmante, que nos hace seguirlo y nos lleva a esforzarnos para dar frutos de vida nueva.

Este Congreso es una gran bendición que agradecemos infinitamente a Dios, ya que ha sido un tiempo especial para dar testimonio de unidad entre todos los habitantes de nuestra Nación Mexicana, ya que fue vivido, gracias a los medios de comunicación, en los Centros de Readaptación Social de nuestro Estado, en algunos Hospitales públicos y privados, así como en cientos de hogares cristianos y casas religiosas en el país.

Asimismo, la sencilla manifestación de fe que vivimos el día de ayer, sábado, por las calles del centro de Monterrey, ha sido una muestra tangible de la necesidad que tenemos de darle un sentido a nuestra vida y hacer que nuestra ciudad viva el sano equilibrio que solo puede darnos Cristo, el Señor.

 Es compromiso de todos los que somos alimentados por Cristo, que no pasemos por este mundo siendo indiferentes ante las necesidades de nuestro prójimo. Debemos vivir la amistad con Dios a través de la amistad y cercanía con el hermano. Debemos ser una ciudad en donde hagamos que desaparezcan las batallas, que solo dividen y complican nuestro caminar, y permitamos que la luz de Cristo sea la que ilumine nuestra vida.

De todo corazón agradezco a todos los laicos y sacerdotes que trabajaron desde hace tiempo para que este Congreso se realizara con éxito, pido a Dios sea quien les recompense.

De la misma forma, agradezco al Sr. Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, Delegado del Papa Francisco, su presencia; al Sr. Arzobispo Piero Marini, Presidente del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales; a los Señores Cardenales, Arzobispos, Obispos, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y Laicos de todo el país que participaron en esta motivante experiencia de fe en el único Dios y Señor.

Que Dios nos llene siempre de su gracia, fortaleza y paz.

 

Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey

12 Sep 2015

HELLO! 1

Las procesiones tienen su origen en la antigüedad como signo público de veneración a Dios. Es así que, por ejemplo, los judíos tenían sus procesiones rumbo a Jerusalén para visitar al Señor en su Templo, cada año en la festividad de la Pascua.

De igual manera, el imperio romano acostumbraba realizar este tipo de eventos para congraciar al emperador que era visto como un dios. Posteriormente esta práctica pasa al mundo cristiano para reverenciar a Jesús, a María y a todos los santos en ocasiones especiales.

Por lo general una procesión inicia con el incensario y la cruz alta con los ciriales a los lados de la misma. Posteriormente los fieles que conforman propiamente la procesión, y al final la imagen del santo o de Jesús, en honor de quien se realiza dicha actividad de manifestación pública de la fe. Sin embargo, el orden puede variar y se pueden incorporar algunos otros elementos con fuerza simbólica, tales como un coro que amenice con cantos, estandartes, velas, etc.

La riqueza simbólica que aporta esta actividad espiritual y devocional quiso ser aprovechada también en el desarrollo del VI Congreso Eucarístico nacional, por lo que se planeó una procesión con el Santísimo Sacramento a la cual están invitados todos los fieles creyentes que desean acompañar a Jesús en la Eucaristía y de esa manera adorarle y manifestar el amor del pueblo al Señor como un signo de esperanza para la familia y el mundo.

El día sábado 12 de septiembre, en punto de las 6 de la tarde dará inicio la procesión con el Santísimo Sacramento, organizada por el CEN, partiendo de las instalaciones de Cintermex rumbo a la explanada del Museo de Historia Mexicana, ubicado frente a la Macroplaza.

Al arribar al lugar alrededor de las 8 de la noche, se llevará a cabo un momento de adoración a Jesús Eucaristía, animando el momento el ministerio de música Jésed. El acceso no tendrá costo alguno y podrá permanecer en oración todo aquel que desee acercarse un momento a contemplar el misterio eucarístico con un corazón sincero y dispuesto a experimentar el amor del Señor.

En cuanto a la posibilidad de tormenta, el equipo organizador no ha pronunciado aún ningún comunicado oficial de su cancelación, por lo que el horario y logística planeados siguen en pie.

12 Sep 2015

HELLO! 1

“Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque de los que son como estos es el Reino de Dios” (Mc. 10,14) son las palabras que Jesús pronuncia en el evangelio y que dan una enseñanza de inocencia y sencillez a todos los que creemos en Él, para formar su Reino en este mundo.

Para hacer vida estas palabras de la Escritura, nuestro VI Congreso Eucarístico Nacional quiso también hacer partícipes a los niños de la alegría de estar celebrando a Jesús Eucaristía. Es así que una representación de niños de diversos colegios católicos de la ciudad de Monterrey fueron invitados a participar de 9 de la mañana a 1 de la tarde los días miércoles 9, jueves 10 y viernes 11 de septiembre, en las actividades litúrgicas y espirituales del CEN, así como de juegos y dinámicas propias de su edad para reflexionar y experimentar el amor de Jesús presente en la Eucaristía.

En el Congreso Eucarístico para niños o CEN Kids, como lo llamaron los seminaristas, participaron un total de 177 niños y niñas en tres días, quedando distribuidos de la siguiente manera: el día miércoles asistieron 53 niñas de tercero y cuarto grado de primaria de los colegios Mano Amiga “La Cima” y Ciudad de los Niños; el jueves fue el día con mayor asistencia, contabilizando 81 niños y niñas de primero y segundo grado primaria, estudiantes de los colegios Regio Contry y Mexicano.

Finalmente, el día viernes atendieron a la invitación 43 niños y niñas de quinto grado del Colegio Labastida. Algunos niños compartieron su experiencia con Jesús Eucaristía durante el CEN kids (video de entrevista).

Natali de 9 años nos platicó que le gusta platicarle a Jesús sobre su familia e invitaba a los niños y niñas a que recordaran que Él siempre está con nosotros. También Kyriat, de 10 años de edad, invitaba a que siempre siguiéramos a Jesús, sobre todo cuando tengamos dificultades. Asimismo Miguel Ángel, también de 10 años, nos compartió que hace 2 años realizó su primera Comunión y que lo que más le gustó de esa experiencia fue recibir a Jesús por primera vez en su vida con mucha ilusión, ya que él veía a sus primos, cuando iban a Misa, cómo pasaban a recibir a Jesús.

Entre las actividades que se realizaron se encuentran el rezo de Laudes y la Eucaristía, una visita guiada a la capilla del Santísimo Sacramento, momentos de animación, una representación con mimos, así como un rally llevado a cabo en los jardines del parque Fundidora.

La actividad fue llevada a cabo por un equipo de 16 seminaristas del Seminario Mayor, los cuales muy gustosos prepararon con esmero y generosidad este momento de catequesis y encuentro con Jesús en el Santísimo Sacramento para los niños.

Por: Darsving Ehrenzweig

12 Sep 2015

HELLO! 1

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y Presidente de la CEM, en el cuarto día del VI Congreso Eucarístico Nacional, en Monterrey.

Venerables hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, distinguidas autoridades, hermanos y hermanas todos, en el Señor.

Querido Pueblo de Dios, con motivo del VI Congreso Eucarístico Nacional, hemos sido congregados alrededor de la mesa de la Eucaristía como verdadera familia de Dios, conscientes de que es precisamente, del banquete Eucarístico, del Pan y la Palabra, de donde mana, como agua siempre viva y saludable, la fuente perenne de la gracia de Cristo, cuya “ofrenda de amor” se yergue como auténtica “alegría y vida de la familia y del mundo”.

Convocados, pues, por la voz del Padre celestial e impulsados por la fuerza del Espíritu Santo estamos a los pies del altar de Cristo para invocar su Santo Nombre y elevar, agradecidos, el cáliz de la salvación. ()Cf. Sal 115).

Como ambientación previa, durante varias semanas, y en comunión y participación de la Iglesias locales de nuestra Patria, se ha llevado a cabo un detallado programa de preparación pastoral para cada diócesis, con implicación de las tareas pastorales fundamentales y de las pastorales especiales, así como de los diversos grupos, movimientos y comunidades eclesiales.

Por otra parte, se ha acompañado esta preparación mediante reflexiones teológicas y pastorales, con el fin de “considerar, unánimemente, con mayor profundidad un determinado aspecto del Misterio Eucarístico” (RCFM n 109) que sin duda tienen su culmen en la propia Celebración litúrgica de la Pascua del Señor y en la Adoración del Santísimo Sacramento cuya pública veneración hace presente y fortalece los vínculos de caridad y de unidad (cf. Ib., 109) no solo al interno de la Iglesia sino también, como verdadero fermento de caridad y de unidad del mundo entero.

Queridos hermanos, el presente Congreso Eucarístico Nacional se viene desarrollando bajo el tema: “Eucaristía, ofrenda de amor: alegría y vida de la familia y del mundo”.

Un tema fuertemente evocado y provocante. Se pondera, con este tema, uno de los aspectos fundamentales de la Eucaristía. Sin duda, hemos de considerar la Eucaristía esencialmente como “ofrenda de amor”. A este respecto, en la exhortación postsinodal Sacramentum caritatis, el Santo Padre Benedicto nos recuerda que el Misterio eucarístico “es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre” (n.1). De hecho, hemos escuchado, en la primera lectura, de San Pablo que con toda parresia declara: “Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1Tm 1,15). Y esta salvación ha sido posible gracias a la ofrenda que el Señor Jesús ha hecho de sí mismo, a la oblación de su propia vida, de su Cuerpo y de su Sangre.

La ofrenda, por lo tanto, que se presenta en el altar del Señor y ante si trono glorioso, ya no es, como lo exigía la primera Alianza, la de un “cordero macho, sin defecto, de un año” (cf. Ex 12,5). Ahora se trata de la ofrenda de la Sagrada Humanidad del Hijo de Dios. Hermanos, confesión de fe innegable es que la Persona divina de Nuestro Señor Jesucristo es la que se ofrenda, en sacrificio de amor, todos los días en la Santa Misa.

Esta verdad la tiene presente el autor de la carta a los Hebreos: “En cambio, Cristo…. penetró en el santuario una vez para siempre, no presentando sangre de machos cabríos ni de novillos, sino su propia sangre” (Hb 9, 11-12). Y San Pedro así lo expresa en su primera Carta: “Y sabed que no habéis sido rescatados… con algo caduco, con oro o plata, sino con la Sangre preciosa de Cristo, cordero sin tacha y sin mancilla” (1Pe 1, 18-19).

La Eucaristía es la ofrenda en Persona del mismísimo Hijo de Dios, Cristo, Señor nuestro. Y su ofrenda es perfecta ofrenda de amor. “En el Sacramento eucarístico –dice el Papa Benedicto-, Jesús amándonos “hasta el extremo”, hasta el don de su cuerpo y de su sangre” (SC, 1).

No es posible que fuera de otra manera, el amor, si es digno de llevar ese nombre, ha de ser amor hasta el extremo. Y el amor del Señor Jesús que es amor divino, con mayor razón es un amor indefectiblemente “hasta el extremo”. El Señor Jesús nos ama sin medida, sin condición, sin reproche, sin mérito nuestro. Se ha entregado en sacrificio solo por amor: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida… Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla” (Jn 10, 17- 18).

Así, el Señor Jesús, en la ofrenda concreta de su vida, nos precede y nos indica el camino: el amor auténtico exige el sacrificio y es capaz de la ofrenda total a favor de la persona amada, el amor auténtico no le teme a la prueba ni a la tribulación. “El amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo supera” (1Co 13,7). Mientras no se llega a la prueba de fuego del “dolor” por el ser querido, el amor aún es incierto. Pero si ese amor es capaz de soportar –y triunfar sobre- penas y sinsabores, de compartir la enfermedad, la tristeza, la angustia o el miedo, de encarar incluso la traición y la infidelidad, entonces sí que puede ser considerado un “amor hasta el extremo”. Hasta el punto de dar la vida por quien se ama (cf. Jn 15,13).

De este modo, en el seguimiento del ejemplo oferente de Cristo se nos indica –con radicalidad evangélica-, a cada uno como persona y a todos como familia, un camino de vida nueva. El amor del Señor Jesús es amor de gratuidad, amor de perdón, de reconciliación y de paz, amor de misericordia y de oblación plena.

Esta plenitud de amor constituye hoy, en el contexto celebrativo del VI Congreso Eucarístico Nacional, una verdadera fuente de “alegría y vida para la familia y el mundo”. Cada persona, cada familia, el mundo entero, está llamado a comprender la altura y profundidad de semejante amor (cf. Ef 3, 18) y, a vivir conforme el modelo de este amor divino, oblativo, cuyo referente único es Cristo, el Señor (cf. Jn 13,34).

En este momento crucial de la historia del mundo y de México, nuestra Patria, quiero proclamar en nombre de Dios que sólo en la vivencia, concreta y cotidiana del amor a ejemplo de Cristo, podrá la familia y el mundo experimentar una profunda y verdadera reconstrucción. Ofrenda de amor de Cristo será alegría y vida para la familia cuando en la familia, todos; los padres, los hijos, los hermanos, los esposos imiten y configuren su vida con tamaño amor. Sólo en el amparo de este amor eucarístico, los esposos, hombre y mujer, podrán vivir su amor en fidelidad y respecto; los hijos vivirán su filiación en obediencia, honra y ayuda a sus padres; los hermanos serán capaces de convivir en auténtica fraternidad, fuera de envidias, egoísmo u orgullos; los esposos guiarán en disciplina y ternura a sus hijos.

Este es el único camino, -el del amor eucarístico-, mediante el cual, la familia, podrá ofrecer los frutos que le corresponden a su identidad y misión en el mundo, conforme el proyecto designado por el Padre desde la creación del mundo. Jesús nos ha dicho hoy en el Evangelio: “No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Casa árbol se conoce por sus frutos” (Lc 6 43-44). Y la sagrada Escritura atestigua que los frutos, buenos o malos, brotan del corazón del hombre: “Porque de dentro del corazón de los hombres, salen las intensiones malas, fornicaciones, robos, asesinatos, adulterio, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidias, injurias, insolencia, insensatez. Todas estas maldades salen de dentro y contaminan al hombre” (Mc 7, 21-23).

Pues bien, par que en todo tiempo y momento, y máxime en los momentos de mayor adversidad, los frutos, sean de bondad, y no de maldad, la familia y el mundo hemos de realizar nuestra vida en el camino del amor oblativo, del amor eucarístico de Jesús.

Al vivir el amor eucarístico en familia, los frutos serán sorprendentemente distintos. La familia vivirá en “alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí” (Gal 5, 22-23). “Pues los que uno siembre, eso cosechará… el que siembre para el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna” (6,7-8). Hermanos, con la fuerza de la Eucaristía, con la fuerza de esta “ofrenda de amor”, no nos cansemos de hacer el bien. Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, así la familia vivirá en plenitud de alegría y vida.

Plenitud que sólo se encuentra en el amor oferente de Cristo Jesús. María Santísima de Guadalupe, la Madre del verdadero Dios por quien se vive, la Madre del Amor oferente, sostenga, defienda y guíe las familias de nuestra amada Patria para que cada una de ellas viva en fidelidad y coherencia el proyecto de amor que el Padre de toda bondad ha designado que ellas realicen. Y así, la Eucaristía sea fuente de alegría y vida plena para cada familia y cada persona de esta bendita tierra, amparada por la presencia privilegiada de la Madre de Dios.