12 Dic 2015

HELLO! 1

Por: Roberto Sergio García Garza, seminarista.

Una madre nunca se cansa de cuidar a sus hijos.

En el Seminario de Monterrey celebramos, a lo largo del año, una rica variedad de fiestas dedicadas a la reverente veneración de Nuestra Madre del Cielo: la Virgen María.

Entre ellas, una de las más importantes es la que celebramos en este mes de Diciembre: la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Todos nosotros sentimos un aprecio especial por la Guadalupana y esto quizá se debe al cariño profundo arraigado en el corazón de cada mexicano por aquella mujer que los trajo al mundo: su madre.

Cuando nuestra madre cumple años, organizamos una gran fiesta en el hogar. No faltan los mariachis, la música alegre y comida en abundancia (comida que en muchas ocasiones es preparada por la misma festejada), así mismo con Nuestra Madre del Cielo. En el Seminario, año con año, organizamos una gran fiesta para la Virgen de Guadalupe agradeciendo sus cuidados e intercesión.

Las mañanitas a la Virgen, la danza de los ‘matlachines’ y el chocolate caliente después de la Celebración de la Misa son elementos característicos de nuestra fiesta. Lo que hacemos es lo que cualquier hijo considerado desea hacer por su madre: agradecer sus desvelos y cuidados, corresponder a su amor siempre atento. Es una fiesta espiritual que a todos nos llena de alegría.

Aunque los hijos seamos rebeldes, las madres nunca se cansan de cuidarnos y de escucharnos en tiempos de dificultad. En el Seminario, festejamos a nuestra Madre del Cielo y hacemos propias las palabras que María le dirigió a Juan Diego en el Tepeyac: “Porque yo soy vuestra Madre misericordiosa, de ti, y de todos los hombres que viven unidos en esta tierra, y de todas las personas que me amen, los que me hablen, los que me busquen y en los que en mí tienen confianza. Allí les escucharé sus lloros, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores”.

Mi experiencia en estas fiestas guadalupanas es semejante a lo que experimento cuando visito mi casa en vacaciones. Comer la comida de mamá, escuchar sus consejos y saberme siempre cuidado por ella. María de Guadalupe es la madre amorosa que, en estas fechas y todos los días, cuida de nuestros pasos. Como San Juan Diego, nosotros también sintámonos abrazados por esta Madre amorosa que siempre está al pendiente de nuestras necesidades porque una madre nunca se cansa de cuidar a sus hijos.

11 Dic 2015

HELLO! 1

La fiesta de la Inmaculada concepción de María que se celebra el 8 de Diciembre, es sin duda, una fecha importante para la Iglesia y para el Curso Introductorio del Seminario de Monterrey (CI), que celebra esta fecha con gran ánimo, por ser nuestra Madre Inmaculada patrona de nuestra casa. Durante esta festividad, se llevan a cabo diversas actividades tanto espirituales, como culturales.

En el aspecto espiritual en el CI iniciamos el novenario desde el pasado 29 de Noviembre, durante el cual, cada día contamos con un sacerdote u obispo invitado a presidir la Eucaristía, coros de la región que comparten con nosotros horas santas. Entre otras actividades, durante los Rosarios y momentos de adoración a Jesús Sacramentado reflexionamos las virtudes de la Inmaculada Virgen María.

En el aspecto cultural, el CI, dio inicio a la celebración el pasado sábado 5 de Diciembre a las 3:30 p.m. con la Kermes, en la que hubo juegos, casa de los espantos, antojitos y la obra de teatro “El poder de la fe” preparada por los seminaristas de CI, el día finalizó con la Hora Santa en la cual se presentó el ministerio de música Jésed. El domingo 6, iniciamos las actividades a las 11:30 con una peregrinación desde la capilla del Espíritu Santo en Paso Hondo, Allende, NL. hacia el CI para vivir la Eucaristía a las 12:00 del día. Una vez terminada, tuvimos nuevamente la Kermes y la obra de teatro.

El novenario dio fin el 8 de Diciembre, con la celebración de la Eucaristía presidida por nuestro Arzobispo Mons. Rogelio Cabrera López en punto de las 12:00 del día.

Para los seminaristas del Curso Introductorio, celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, es motivo de alegría y motivación en nuestro caminar vocacional.

María representa para nosotros un modelo, de obediencia, fidelidad y pureza, a ella encomendamos nuestra vocación, para que podamos formarnos a imagen de su hijo Jesús.

07 Dic 2015

HELLO! 1

Por: Ángel Josué Loredo García, seminarista.

“En la fiesta de la Inmaculada Concepción tendré la alegría de abrir la Puerta Santa. En esta ocasión será una Puerta de la Misericordia, a través de la cual cualquiera que entrará podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza.”

(Misericordiae Vultus. N. 3) Desde hace algunos meses, en nuestra Iglesia sabemos que nos encontramos en la antesala del año de la Misericordia, donde su Santidad, el Papa Francisco ha invitado a todos a vivir este tiempo de gracia. Pero, muchos nos podremos preguntar: ¿Qué significa la apertura de la Puerta Santa? ¿En qué consistirá vivir el año de la Misericordia? O ¿Por qué un año especial dedicado a la vivencia de esta virtud?

La Apertura de la Puerta Santa será en la Catedral de Roma el Domingo III de Adviento, a la vez, el Papa establece que en cada Iglesia particular se abra por todo el Año santo una idéntica Puerta de la Misericordia. El hecho de que se hable de una apertura de la Puerta Santa en cada diócesis implicará que se lleve a cabo un acto litúrgico donde se lea la Bula de convocación “Misericordiae Vultus” y en cada Catedral se realice este gesto como signo visible de la comunión de toda la Iglesia. Estamos llamados a vivir este Año santo descubriéndonos sujetos primeros de la infinita bondad de Dios que brinda por excelencia el perdón hacia nosotros.

El Vicario de Cristo piensa que “siempre tenemos la necesidad de contemplar el misterio de la misericordia, que es fuente de alegría, serenidad y paz para quien la vive, condición para nuestra salvación, acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro.” (Cfr. Misericordiae Vultus N. 2) Indudablemente, la opción que se nos plantea como familia de Dios es una alentadora posibilidad de acercarnos aún más al tierno encuentro con el Padre que nos ha creado, el diálogo y la cercanía con Jesucristo que nos ha salvado y estar en comunión con el Espíritu Santo que nos da la gracia de unirnos más a su presencia santa.

La Iglesia tiene esencialmente la misión de anunciar con fuerza la misericordia de Dios, abrir el corazón a los más alejados. El Sumo Pontífice invita a todo el pueblo de Dios para que se reconozca como aquél que “está llamado a curar las heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad.” (Misericordiae Vultus N.15)

En nuestra Arquidiócesis de Monterrey, la puerta de la Misericordia, se abrirá el domingo 13 de diciembre (siendo el III domingo de adviento) en la Catedral de nuestra ciudad. Se llevará a cabo la celebración de la eucaristía y este acto litúrgico, presidido por Mons. Rogelio Cabrera, Obispo de nuestra Arquidiócesis.

07 Dic 2015

HELLO! 1

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He aquí la primera gran cuestión que nos podemos plantear, y no sin razón: si Dios ha creado todo de la nada, sin ninguna colaboración externa; si Dios ha llevado a cabo la gran obra de la Redención enviando al mundo a su propio Hijo; si Dios, en definitiva, como Omnipotente que es, no necesita de nadie ni de nada para actuar; ¿por qué llama a su servicio a determinados hombres y mujeres?

Evidentemente, la argumentación tiene todo su peso. Y la respuesta no puede ser otra que el Amor.

Por amor hacia sus hijos, Dios permite que cada uno, en uso de su libertad, pueda elegir entre el camino de la correspondencia y el de la separación de su Padre. Por amor quiere contar con la ayuda de algunos hombres y mujeres que, entregados a su servicio, estén dispuestos a dar su vida por la salvación de los demás.

Ese Amor se pone de manifiesto, en primer lugar, hacia los propios elegidos, haciéndoles participar de la felicidad que conlleva la intimidad con Dios. Y en segundo lugar, hacia el resto de la humanidad, poniendo a su alcance a otros hombres y mujeres como ellos, con sus mismas dificultades, con sus mismas debilidades, que les entienden, y que consecuentemente están en una disposición inmejorable para prestarles ayuda y consejo.

Puedes estar seguro, de que esta sociedad que hoy se encuentra emborrachada de autocomplacencia y satisfacción por los logros que se van alcanzando año tras año, se lamentará a no mucho tardar al ver las consecuencias que se siguen de su comportamiento egoísta.

Por eso, hoy más que nunca, Dios necesita de un puñado de hombres y mujeres, rebeldes con causa, que no tengan reparo en dedicar todo su tiempo y todas sus energías en gritar a sus semejantes que abandonen esos caminos de egocentrismo que sólo llevan a la desgracia y busquen la verdadera felicidad: la correspondencia al amor.

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02 Dic 2015

HELLO! 1

Por: Seminarista J. Yosimar Moreno Saucedo de Experiencia Eclesial

Hace un año cumplíamos con el reto de plantearnos una Iglesia en salida y de puertas abiertas, preparándonos así a un cambio de actitudes, según las cuales fuéramos retomando una mirada misionera y sobretodo dirigida al gran Pueblo de Dios.

Ciertamente a un año de experimentar en nuestra Arquidiócesis, esta “salida” y ver las “puertas abiertas”, nos encontramos ahora con la gran multitud de la comunidad, una multitud que hay que ver, como nuestro lema lo dice, con una mirada misericordiosa. Al salir y lograr ver la realidad humana cambiante y muchas veces inmersa en la mundanidad nos exige ver con los ojos del corazón la miseria humana, no sólo con nuestros ojos sino ante todo con los ojos de Jesús; es decir, con una mirada que no condena sino que llena de amor, invita a una conversión.

El ejercicio de la Asamblea Eclesial Diocesana 2015 es una oportunidad de evaluar, primeramente, nuestra capacidad de salir y estar disponibles, para luego, bajo la mirada de Dios, seguir planteando una línea de acción que sea capaz de incluir y sanar los miembros del Cuerpo de Cristo que más lo necesitan, sirviendo con alegría, quedando plasmada en nuestro nuevo Plan de Pastoral.

En nuestra Asamblea participan más de 800 asistentes, entre los cuales ubicamos laicos, seminaristas, miembros de la vida consagrada, sacerdotes y nuestros obispos. El arzobispo nos recordaba la realidad de nuestra Arquidiócesis, para luego proponer los nuevos retos de la pastoral y los rumbos que puede y debe ir tomando nuestra acción; entre los retos, nos invitaba a trabajar en comunidad, con la familia y la afectividad y con una verdadera solidaridad, misma solidaridad que hace que nos sensibilicemos y nos comprometamos a transformar nuestra Arquidiócesis.

En nuestro segundo día de trabajo, el Doc. Alberto Pascual nos motivaba a no sólo hacer cosas nuevas, sino a tener una verdadera conversión, desde la cual podamos trabajar arduamente transformando nuestra pastoral. Estando luego en el trabajo por equipos se invitó a tomar conciencia de aquellas cosas que debemos transformar y cómo realizarlo, a la luz de la palabra y los testigos de la misericordia dada por Jesús, tales como la mujer adultera, Zaqueo, la samaritana, entre otros personajes del Evangelio.

Dejarnos ver por Jesús para, a su vez, ver a los demás como Jesús, es la importancia con la que enmarcamos nuestro trabajo; la misericordia sólo es alcanzada por quien logra ver con los mismos sentimientos de Jesús y así transformar el rumbo de la humanidad.

Ahora sólo sabemos que no basta estar en “salida” y con “las puertas abiertas”, sino ver nuestra realidad y a nuestros prójimos como Jesús lo hizo, alcanzando y repartiendo la misericordia del Padre.

30 Nov 2015

HELLO! 1

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Hay gente que imagina la llamada de Dios como un fenómeno paranormal en el que aparece una luz cegadora o un ser lleno de rayos y de ángeles. Y se pasan la vida esperando ese acontecimiento que nunca llegará. Otros están convencidos de que Dios va a llamarles a través de intensas experiencias místicas, haciendo resonar su voz en su cabeza, en una oración o en una convivencia. Está claro que si llega ese momento, tendrán vocación, y si no, pues a otra cosa. Pero esta no suele ser la manera de actuar de Dios (¡aunque podría serlo!).

La llamada de Dios consiste en escuchar su Palabra. Y la Palabra de Dios es más que la Biblia. En la Biblia encontramos palabras directas a nuestro corazón. Pero, además, también a nuestro alrededor el mundo está dispuesto a hablarnos de Dios. Todo lo que se presenta ante nosotros nos interpela, nos interroga: desde nuestra propia forma de ser hasta los grandes problemas que conocemos a nuestro alrededor.

Dios está en tu historia personal: 
Dios se manifiesta en la historia, en los acontecimientos que suceden en el tiempo. Y seguro que en tu propia vida hay mensajes de parte de Dios, en tu situación personal y en el camino que has recorrido hasta hoy. Dios también habla en lo que eres y en lo que deseas ser. Y así, con su invitación, te llama a escoger tu vida.

Dios te escoge para algo:
La llamada de Dios sucede en un encuentro personal fundante, es una manifestación de Dios. Dios describe, en primer lugar, una situación de necesidad a la que quiere responder, y aparece ante la persona llamada. Se revela y encomienda una misión a la persona, a la que capacita y ofrece un signo como garantía de su presencia. Finalmente, Dios envía a esa misión.

Dios tiene la iniciativa:
La llamada, la vocación, siempre es iniciativa de Dios. Esto se ve perfectamente en la Biblia. Dios elige, y habitualmente escoge a personas “normales”, con sus debilidades, para una gran misión. Dios elige a la persona para encomendarle una misión que supone un liderazgo, un compromiso a favor de otros. Por supuesto, Dios supera las expectativas de la persona, que no se cree capaz, y comienza a experimentar los temores de responder a esa llamada, al mismo tiempo que la atracción de una vida nueva y mejor. El mismo Dios que llama da la fuerza necesaria para seguirle.

 

Fuente: http://vocacionredentorista.redentoristas.org/

 

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29 Nov 2015

HELLO! 1

Por: Carlos Alberto de Jesús Reyes García, seminarista.

Nuestra vida es un peregrinar, un peregrinar a la casa del Padre quien nos espera con los brazos abiertos. Un Padre que nos ama inmensamente.

Las fiestas de nuestra Señora de Guadalupe, son las fiestas del corazón de México. Nos regocijamos ante los brazos de una madre que nos mira con profundo amor, un amor puro y desinteresado. Al peregrinar a la casa dedicada a la Madre de Dios, es caminar con la esperanza que ella intercederá por nosotros ante su hijo y que ella nos recibirá con una maternal bienvenida en la casa paterna.

El Seminario de Monterrey se honra en venerar a la Madre del Amor. Es por eso que con mucha devoción y alegría, caminamos en peregrinación año con año para dar gracias por su intercesión con este signo tan bello. Es una alabanza dirigida a Dios a través de la Madre del cielo, un gritar que ¡Dios está vivo! y que ha visitado a su pueblo con la presencia de Santa María de Guadalupe a tierras mexicanas. ¡Qué alegría puede experimentar nuestro corazón al venerarla como reina de nuestro país! ¡Qué privilegiados hijos somos al sabernos amados por una madre que nos cuida y protege como sus verdaderos hijos.

La música, los cantos, las danzas, los globos, las banderas, las flores son algunos de los presentes que le ofrecemos a Dios a través de nuestra Madre en esta fiesta del amor. En esta fiesta de la alegría que ensancha los corazones de sus hijos. Pero hay un presente que nunca falta, y es precisamente éste el que se engrandece de alegría al saberse amado por la Virgen de Guadalupe: el corazón. Es el presente principal que no tiene ningún costo ofrecer porque aunque en un principio nos costase entregar el corazón por lo que hubiera en él, ella, así como tengamos el corazón, lo toma en sus santas manos, lo entrega a su hijo, y la bella sorpresa que recibimos es justamente un bello corazón. Un corazón tocado por el que ha creado todos los corazones. Nuestra madre es la que también los cuida y protege. Ella nos lo ha dicho, y las palabras se han quedado muy grabadas especialmente en los corazones de los mexicanos: ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?

En una experiencia personal el miedo se ha hecho difuso al recordar esas tiernas palabras de nuestra Madre. ¡Qué bella es la mirada de la madre de la misericordia! que nos acompaña todos los días.

28 Nov 2015

HELLO! 1

“Al mundo le falta vida, al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo, 
al mundo le faltas Tu.”
Fragmento del Canto de Adviento: “Ven, Señor, no tardes” de Cesáreo Gabaráin

Por: Seminarista David Jasso Ramírez

Vivimos a prisa. Corremos de un lado para otro sin saber a dónde vamos ni a qué hemos ido, sin llegar a valorar si necesitábamos ir de prisa o si podríamos haber hecho lo mismo a otro ritmo. Quien diariamente convive con la prisa, lo hace también con el estrés y la ansiedad, pues no disfruta del momento por estar anticipando el futuro. La prisa ha llegado a convertirse en un estilo de vida, de ahí que el médico español Gregorio Marañon haya dicho: “En este siglo acabaremos con las enfermedades, pero nos matarán las prisas”.

Hoy la información corre a toda velocidad, el mundo es inmediato y la información se transmite por muchos medios, prácticamente a la velocidad de la luz. Nos enteramos al instante y no podemos creer que haya lentitud en nuestra computadora, en internet o en nuestro teléfono móvil. Vivimos el síndrome de “la prisa para esperar y de la inmediatez” pues lo instantáneo de las cosas hace que el mundo deba ir más rápido, lo cual nos hace intolerantes ante la espera y superficiales en nuestro modo de ser, pensar y obrar. Está desapareciendo la espera; la gente cada vez está menos dispuesta a esperar. Se quiere todo “aquí y ahora” y no se entiende que la impaciencia no logra acelerar el ritmo de la vida: “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Hemos olvidado que la espera genera ilusión, que es un ingrediente esencial de la felicidad. La espera es un componente fundamental de la vida humana. Necesitamos tiempo suficiente para salir de la niñez y de la adolescencia, para aprender una profesión para descubrir y asimilar verdades. El agricultor cuenta con el tiempo de espera de la cosecha; la madre cuenta con el tiempo de espera del hijo que va a nacer.

Todo es mejor en su tiempo, pero para experimentarlo es necesario esperar, entendiendo que la espera no es pasividad, sino disponibilidad activa hacia lo que se aproxima. Y eso es precisamente Adviento, espera, pero espera gozosa de la venida de Jesús, un llamado a salir a su encuentro en el pesebre de Belén en medio de nuestros acelerados días, atentos en lo que verdaderamente importa porque “la atención espera sin prisa, evitando el deseo impaciente y más aún el horror del vacío que nos sugiere llenarnos prematuramente” (Maurice Blanchot, “El diálogo inconcluso”).

¿Cómo vamos a entrar de lleno en la alegría, asombro y amor que trae consigo el Adviento? ¿Cómo vamos a tomar un descanso en medio de la prisa de este tiempo agitado y recordarnos a nosotros mismos que Jesús es la razón de este tiempo, de esta época, de nuestras celebraciones decembrinas?

Queremos en Adviento celebrar una nueva venida de Jesucristo a nuestras vidas; él viene a nosotros y llama a la puerta de nuestro corazón: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos”. (Ap 3,20). En este tiempo lo experimentamos como Dios que en Jesús viene a cada instante. De ahí que el tema central de Adviento sea el gran amor de Dios, quien envió a su único Hijo para vivir con nosotros, amplia expresión de su Misericordia y que constituye el secreto a descubrir particularmente en este Adviento que viviremos en el inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

Es el Adviento que aumenta, en primera instancia, el anhelo de la Misericordia de Dios que llena la tierra, se extiende a todos sus hijos, nos rodea, nos antecede, se multiplica para ayudarnos y que continuamente ha sido confirmada por Él mismo al ocuparse de nosotros como Padre amoroso.

Esta Misericordia que experimentamos genera compasión hacia el que sufre, al que está en desgracia, al hermano alejado, marginado, necesitado, solo y olvidado. La Misericordia se humaniza y es el núcleo del Evangelio y el núcleo de nuestra identidad como cristianos. Jesús vino a manifestar la misericordia de Dios, y nos llama a seguirlo, practicando la misericordia para con los demás: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso” (Lc. 6,36). Así debemos vivir los cristianos: como lo hizo Jesús, dando de comer al hambriento, dando de beber al sediento, vistiendo al desnudo, proporcionando un techo a los que no tienen hogar, visitando a los enfermos, a los presos y enterrando a los muertos.

Es en Adviento que nuestra Misericordia debe ser generosa y personal pues sólo así podremos crear una cultura de encuentro y comunión, resistiendo y rechazando todas las tendencias de nuestra sociedad de marginar, dividir y excluir.

¡Vivamos el Adviento!, que la prisa y la impaciencia de estas semanas no nos distraiga de recibir a Jesús. ¡Vivamos el Adviento!, que la Palabra de Dios nos descubra a Jesús “Dios-con-nosotros” Pero también ¡Vivamos la Misericordia!, que sea un tiempo especial para compartir con nuestros hermanos más necesitados, con los últimos, un gesto compasivo que abra el corazón a Jesús en ellos.

Que en Adviento, la Misericordia no sea un sentimentalismo, salgamos y encontrémonos con el sufrir del otro pues estamos llamados como Iglesia a “ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (EG 114) teniendo “los mismos sentimientos de Jesucristo” (Flp. 2,5).

25 Nov 2015

HELLO! 1

Por: Eugenio Barroso Barroso, seminarista de 2º de Filosofía

«¿Cuál es nuestra profesión?» –«¡Jesús, Jesús, Jesús!» fue el grito con el que inició nuestra Segunda Marcha Vocacional de los jóvenes de las parroquias de Ciudad Benito Juárez, Nuevo León.

El domingo 22 de noviembre, fiesta de Cristo Rey, nos reunimos poco más de cien jóvenes, seminaristas, religiosas y sacerdotes en punto de las cuatro de la tarde afuera de la parroquia Nuestra Señora Reina de los Ángeles en la Ex hacienda el Rosario, donde varios jóvenes de un ministerio de música y grupos parroquiales nos pusieron a cantar, gritar y bailar hasta que llegó el momento de iniciar la procesión con el Santísimo por las calles de Juárez.

Entre cantos, danzas, olas y gritos de “¡Viva Cristo Rey!”, marchamos en procesión con Jesús Eucaristía durante cerca de dos horas, ante un atardecer con el Cerro de la Silla de fondo, contagiando estos jóvenes su alegría con quienes nos encontrábamos en el camino.

Me llamó la atención que aunque ocupábamos uno de los carriles de la avenida Eloy Cavazos, no escuché quejas de los conductores, al contrario, algunos reducían su velocidad y se santiguaban al pasar junto al Señor, expuesto en una custodia gigante, montada en una camioneta, mientras otros se nos unían hasta gritando el lema cristero desde sus vehículos.

Llegamos a la Parroquia Cristo Rey para concluir nuestra marcha en la celebración eucarística de su fiesta patronal, presidida por nuestro padre rector, Juan Carlos Arcq Guzmán, que nos recordó en su homilía la importancia de la fidelidad a Cristo, por quien murieron tantos mártires en la guerra cristera al no negarlo; invitándonos a serle fieles a Jesús en nuestro día a día, con lo que eso implique en cuanto a sueldo, amigos, compañeros e incluso empleos.

Terminando la Santa Misa, algunos nos quedamos ahí a cenar y disfrutar lo que tenía el padre Rolando Rocha y su parroquia preparado para festejar a su santo patrono, desde un concierto hasta los imperdibles churros.

Aunque convivimos con los chavos los sábados, este momento propició a que platicáramos más de la formación sacerdotal y del seminario, cosa que normalmente no se da por las actividades tanto de nosotros seminaristas, como de los mismos jóvenes..

Muchos de estos muchachos descubrirán su vocación al matrimonio, otros a la vida consagrada y otros al sacerdocio. Es una gran alegría ver a tantos jóvenes dispuestos a dar el «sí» a Dios en sus vidas, aunque no todos tengan claro aún su llamado.

¿Tu has considerado la vocación al matrimonio, a la vida religiosa, a la vida consagrada o al sacerdocio? ¿En cuál o cuáles te sentirías más feliz?

20 Nov 2015

HELLO! 1

  • La vocación es un llamado que Dios hace a todas las personas a aceptar las responsabilidades y a vivir de manera feliz, es decir, nos realizamos como personas y como cristianos.
  • El Papa Juan Pablo II decía: la vocación es un misterio que el hombre acoge y vive en lo más íntimo de su ser. Depende de su soberana libertad y escapa a nuestra comprensión. No tenemos que exigirle explicaciones, decirle: “¿por qué me haces esto?”, puesto que Quien llama es el Dador de todos los bienes.
  • La vocación es un acontecimiento único, indecible que solo se percibe por medio del Espíritu Santo y se hace más audible en la Sagrada Escritura, Persona, Acontecimiento.

 

El llamado comprende 3 niveles:

1. Ser personas: básicamente consiste en llegar a ser persona en plenitud, ser plenamente feliz.

2. Ser cristianos: es la vocación a la Fe, se trata de vivir y reproducir los rasgos de Cristo en nuestra vida.

3. Vocación específica:  el camino de la fe que se concreta en un modo de existir: laico, religioso, sacerdote.

 

  • Para descubrir el llamado o para ver claro el llamado se necesita de la oración, vida sacramental y la dirección espiritual.

Descubrir la vocación es caer en la cuenta de que Cristo tiene fijos los ojos en ti y que te invita con la mirada a la entrega total en el amor.

Si deseas saber más sobre la vocación escríbenos a centrovocacional@vocacion.com, o entra a nuestra página www.vocacion.com

 

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