10 Jun 2015

HELLO! 1

Pbro. Juan Carlos Arcq comparte los acontecimientos que Dios ha suscitado en su Iglesia y en el Seminario en estos tiempos

Reciban un sincero y agradecido saludo en Cristo Jesús.

En este espacio deseo presentarme a cada uno de ustedes, para compartir desde la fe, los acontecimientos que la Providencia de Dios ha suscitado en su Iglesia  y en el Seminario en estos tiempos.

Mi nombre es Juan Carlos Arcq Guzmán, tengo 48 años de edad y 17 de ordenado sacerdote. Cursé mis estudios en el Seminario de Monterrey, a donde entré al concluir mi sexto semestre de Arquitectura. A mis 22 años de edad me llamó el Señor a dejar la construcción de casas para dedicarme a construir su Reino. Ya ordenado estuve cuatro años en la Curia trabajando de cerca con mi Arzobispo, Don Adolfo Antonio Suárez Rivera, en el secretariado de Catequesis y en el Tempo de San Maximiliano María Kolbe. A los cuatro años de ordenado fui invitado a irme de misión a Chiapas donde atendí una parroquia rural que abarcaba dos municipios y 53 comunidades. Estuve 4 años por allá y al regresar el entonces nuevo Arzobispo, Don Francisco Robles Ortega, me pidió iniciar, en el Departamento de Misiones un nuevo proyecto misionero para todas las parroquias: Pueblo de Dios en Misión.

Estando aún en ese proyecto, se me pidió asumir Raza Nueva en Cristo, un proyecto de misión con pandillas. Eran tiempos de mucha violencia (2009 – 2010) cuando fui enviado a las calles a predicar, junto con jóvenes pandilleros la Buena Nueva de Jesús. En aquel entonces no pensé que yo podría sacar adelante dicho proyecto tanto por mis limitaciones personales como por mi estado de salud por el que pasaba en aquel momento. Sin embargo, Dios me dio la fortaleza y sabiduría de su Espíritu para cumplir la misión encomendada formando a pandilleros para ser misioneros.

En mayo del 2013, nuestro nuevo Arzobispo, Mons. Rogelio Cabrera López, me invitó al Seminario para implementar, como encargado del área pastoral y como párroco de San Miguel Arcángel (en Juárez), un proyecto de renovación misionera del Seminario. El objetivo, me dijo el Arzobispo, era lograr que los nuevos sacerdotes salieran con una actitud más misionera y con disponibilidad a ser enviados con alegría a las parroquias más pobres y necesitadas.

Estaba apenas planeando dicho proyecto cuando una nueva sorpresa, totalmente inesperada por mi y por el equipo formador: El Padre Hilario González, fue nombrado Obispo de Linares y un servidor fue nombrado como su sucesor asumiendo el cargo de Rector del Seminario de Monterrey.

Desde el día que fui nombrado en diciembre, mucha gente me ha hablado para saludarme y felicitarme. La verdad me cuesta entender porqué me hablan, ya que algunos lo hacen pensando en que me dieron un “ascenso” en la Iglesia, un “puestazo”; otros comparten su alegría expresando con fe que es la voluntad de Dios. Yo la verdad, lo único que sé, es que, desde que en 1986, a mis 20 años encontré a Jesús vivo y decidí seguirlo sin condiciones, toda encomienda que me han hecho, ya sea como coordinador laico de un grupo de jóvenes o como Rector del Seminario, no es otra cosa sino un paso más en el camino, en el único camino.

En mis convicciones, no existen en la Iglesia “puestos” más importantes a los que debemos aspirar; creo que un servicio es un compromiso de continuar sirviendo a Jesús y seguirle a donde quiera que Él nos lleve, así sea lo que para algunos sería un “descenso”. Lo que mi madre me enseñó y eso es lo que aspiro, es amar y servir a los más pobres, a los excluidos, a los más marginados social y religiosamente.

Ahora no estoy en una parroquia pobre o con pandilleros, pero estoy con muchos jóvenes alegres que desean seguir a Jesús y a ellos soy enviado a servir buscando que no tengan otros intereses, que no aspiren a otra cosa, si no a seguir y amar a Jesús y al pueblo de Dios. Cuando miro sus rostros y sus esperanzas, cuando escucho sus anhelos  y contemplo sus sueños, entonces se que, aunque nunca lo anhelé o esperé, estoy en el lugar que debo estar.

Me encomiendo a sus oraciones y los espero cada primer domingo de Mes en la Misa de bienhechores.

Dios les bendiga.

Atte: Pbro. Juan Carlos Arcq Guzmán

Rector del Seminario de Monterrey.

 

10 Jun 2015

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El 19 de noviembre del 2014, el Papa Francisco nombró Obispo de Linares al sacerdote Hilario González García

La Diócesis de Linares se localiza en la ciudad del mismo nombre en el Estado de Nuevo León en México. Su parroquia sede es la Catedral de San Felipe Apóstol. Al igual que la Diócesis. Al igual que las Diócesis de Saltillo, Tampico, Matamoros, Piedras Negras, Ciudad Victoria y Nuevo Laredo, es diócesis sufragánea de la Arquidiócesis de Monterrey.

La diócesis original de Linares fue erigida en 1766 con territorio de las diócesis de Guadalajara, México y principalmente de Michoacán, mas, desde estos primeros tiempos los obispos preferían residir en Monterrey por razones prácticas, pasando con el tiempo la sede a esa ciudad. La actual diócesis data del 30 de abril de 1963, por bula papal  de Juan XXIII.

El municipio de Linares cuenta con una extensión territorial de 2.445,2 km2 y de acuerdo a los resultados del Censo de Población y Vivienda 2010 cuenta con una población total de 78,669 habitantes.

El día 19 de noviembre de 2014 se hizo público en la Ciudad del Vaticano, en L’Osservatore Romano, periódico oficial de la Santa Sede, que SS. El Papa Francisco, nombró como nuevo Obispo de Linares al sacerdote Hilario González García, presbítero de la Arquidiócesis vecina de Monterrey, quien se desempeñaba como rector del Seminario de Monterrey.

10 Jun 2015

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Biografía de Mons. Hilario González García, Obispo de Linares, Nuevo León.

Hilario González García, nació en Monterrey, N.L. el 19 de junio de 1965. Primero de 7 hijos procreados por el matrimonio cristianamente formado por Hilario González Marroquín (+) y María Guadalupe Aurelia García Peña.

De 1982 a 1986 llevó a cabo sus estudios en la Universidad de Monterrey, obteniendo el título de Ingeniero en Computación Administrativa. En el período de práctica ofreció, en la misma Universidad, sus servicios como analista de sistemas y maestro de matemáticas a nivel preparatorio.

Ingresó al Seminario de la Arquidiócesis de Monterrey en agosto de 1986, realizando ahí los cursos de Humanidades (1986 -1987), de Filosofía (1987 – 1990), y el primer año de Teología (1990 – 1991). Cursó el Bachillerato en Teología (1991 – 1994) y la Licenciatura en Filosofía (1994 – 1996) en la Universidad Pontifica de México. Recibió la ordenación sacerdotal el 15 de agosto de 1995 en Monterrey, N.L., quedando incardinado en la homónima Arquidiócesis.

A lo largo de sus años de ministerio, todos vividos en el Seminario de Monterrey, ha sido:

  • Prefecto de Estudios de Filosofía (1996 -1998).
  • Auxiliar de la Dirección Espiritual en Filosofía (1996 – 2000).
  • Secretario General (1999 – 2001).
  • Auxiliar de Dirección Espiritual en Teología. (2000 – 2001).
  • Ecónomo General (2001 – 2002).
  • Coordinador del Seminario Menor (2001 – 2012).
  • Vicerrector del Seminario (2001 – 2005).
  • Director de la Biblioteca del Seminario (2003 – 2008).
  • Coordinador de Filosofía (2012 – 2013).
  • Rector del Seminario de Monterrey (2013 – 2015).

También ha colaborado como:

  • Miembro del Secretariado Arquidiocesano para la Doctrina de la Fe (1997 – 2000).
  • Promotor en el Departamento de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso (1997 – 2014).
  • Miembro de la Comisión Arquidiocesana para la Formación Permanente del Clero  (2000-2001).
  • Asesor y Capellán del Instituto Secular “Discípulas del Señor” (1997 – 2001).
  • Capellán de las Hermanas Misioneras Catequistas de los Pobres en Villa de la Paz (2000 – 2012).
  • Coordinador Regional de Seminarios Menores (2004 – 2007).
  • Presidente de la Organización de Seminarios Menores de México (OSMEX-Menores) (2005 – 2008).
  • Secretario Ejecutivo de la Comisión Epsicopal para el Diálogo Interreligioso y Comunión (desde 2007).
  • Nombrado Obispo de Linares el 19 de noviembre de 2014 por el Santo Padre Francisco.
27 May 2015

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La Alegría en la Familia

Los lazos que se pueden formar en la familia son inigualables.

San Juan Pablo II una vez dijo: “El amor es verdadero cuando crea el bien de las personas y de las comunidades, lo crea y lo da a los demás. Sólo quien, en nombre del amor, sabe ser exigente consigo mismo, puede exigir amor de los demás; porque el amor es exigente”. (Carta a las familias, #14) Consideramos que la manera en que desarrollamos la amistad en nuestra familia siempre tiene como base el amor y el servicio a los demás, aunque en ocasiones sea muy exigente o desgastante, nosotros buscamos expresarlo de múltiples maneras.

La primera forma de expresar nuestro amor y de fortalecer la amistad es por medio de la convivencia, una familia que no se comunica ni convive, es una familia dividida, porque nadie sabe lo que el otro está viviendo. Nosotros procuramos compartir lo que va pasando en nuestras vidas, las experiencias que tenemos, los momentos alegres del día y las dificultades también. Primero escuchamos atentamente, para después poder aconsejar y acompañar.

De igual manera, nos esforzamos para poder estar atentos a las necesidades de los demás y así poder ofrecer un apoyo incondicional. Es reconfortante saber que aunque en ocasiones los amigos puedan fallar y no estar siempre presentes, la familia siempre estará ahí y nunca nos abandonará.

Una verdadera amistad no es la que siempre nos solapa, sino que es la que nos impulsa a ser mejores y a salir de nuestra zona de comfort. Los verdaderos amigos son los que tienen el valor de corregirnos cuando erramos, por eso, en la familia procuramos corregir fraternalmente, por un lado, el que corrige intenta hacerlo de la manera más asertiva y caritativa posible y el que es corregido acepta el consejo sin rencores ni corajes.

Los lazos que se pueden formar en la familia son inigualables, en ningún lado hemos podido encontrar una amistad tan estrecha e íntima como la que se da en la familia. Por eso, creo que la frase del Papa Francisco resume perfectamente lo que hemos querido expresar: “Tener un lugar a donde ir, se llama Hogar. Tener personas a quien amar, se llama Familia, y tener ambas se llama 10 Bendición”. (Homilía del 27 de diciembre 2014).

27 May 2015

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La Espiritualidad Familiar con un hijo seminarista

Por ellos me consagro…

Hace tiempo que ingresé al Seminario de Monterrey, para mi familia esto ha sido una bendición inmerecida para todos. Nos consideramos creyentes y fieles seguidores del Señor Jesús. Somos una familia muy ordinaria que lucha todos los días por salir adelante y cubrir las necesidades básicas del hogar.

Cuando Daniel Alejandro decidió entrar al Seminario comenzó para nosotros un proceso distinto de vivir la fe. Al principio nuestro padre no aceptó muy gustoso la noticia, quizá y fue el primero en iniciar una nueva forma de relacionarse con Dios, puesto que Él era el único que podía tocar su corazón. Le preguntamos a nuestro hermano si en verdad era lo que él deseaba hacer con la vida que le había sido regalada por Dios. Nos convenció su entusiasmo y alegría con la que llegaba a casa los domingos y nos compartía lo que había hecho en la semana.

Nuestro hermano mayor había vivido un proceso de divorcio civil de su matrimonio y en ese tiempo le brindamos nuestro apoyo y constantemente lo invitábamos a misa para fortalecer su corazón. Tiempo después contrajo matrimonio por la Iglesia católica. Nuestra hermana menor era un adolescente que participaba regularmente en grupos, aunque después de vivir un encuentro con Jesús a sus 18 años notamos en ella una forma distinta de ver la vida.

Cada uno de los miembros de nuestra familia nos ha aportado algo al camino de la fe, sin embargo, nuestra madre que conoció por medio de nuestro hermano seminarista a la Venerable Sierva de Dios, Concepción Cabrera de Armida y la espiritualidad de la Cruz nos ha enseñado a abrazar las cruces de cada día con amor y esperanza. Desde antes que Daniel decidiera seguir a Jesús, ella siempre nos inculcó el amor a la Iglesia y a sus ministros. A respetar y amar a los sacerdotes, rezar por ellos, algo que tanto repetía Conchita Cabrera: “Por ellos me consagro”. Hemos tenido muy de cerca como grandes amigos algunos sacerdotes con los que compartimos los alimentos, algunos nos han dado algún sacramento. Esto ha servido mucho en el crecimiento espiritual de la familia. Nuestros abuelos paternos y maternos nos han inculcado mucho la devoción y cariño a la Santísima Virgen de Guadalupe y al Sagrado Corazón de Jesús, por eso rezamos continuamente el santo rosario y cada mes de diciembre mi abuelo organiza una peregrinación a la Basílica de Guadalupe en Monterrey. Valoramos mucho la peregrinación del Seminario a la cual asistimos cada año y seguimos creciendo esta especial devoción a la Madre de Dios.

Damos gracias a Dios por habernos mirado con amor y misericordia para llamar a un miembro de nuestra familia a la vocación sacerdotal. Oramos por él y por todos sus hermanos seminaristas para que sigan fieles al llamado del Señor, no olvidemos lo importante que es promover las vocaciones en las familias.

Familia Frías Calderón

27 May 2015

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¿Cómo ha sobrellevado la donación de su hijo seminarista a la formación Sacerdotal?

 

¿Cómo ha sobrellevado la donación de su hijo seminarista a la formación Sacerdotal?

La familia es la base de toda vocación incluyendo la vocación a la vida sacerdotal. Doy gracias a Dios por que nos ha concedido la dicha de caminar junto a nuestro hijo, en esta noble y hermosa etapa de su vida en el camino de formación en las diferentes etapas dentro del seminario (Menor, Curso Introductorio, Instituto de Filosofía y ahora Instituto de Teología). Comenta la Sra. Elizabeth Páez de Alanís mamá del Diac. Francisco Javier Alanís Páez.

Recuerdo que en un principio, vivimos momentos especiales y difíciles cuando nuestro hijo nos comentó su deseo de consagrar la vida a Dios a través del sacerdocio. Esta etapa de desprendimiento hacia ese camino de vida, no era lo que nosotros como padres de familia habíamos deseado; sin embargo, ante todo, había que ir descubriendo cual era la voluntad de Dios hacia nuestro hijo. Con el paso de los años dentro de la formación sacerdotal de Francisco Javier, hemos encontrado áreas de oportunidad que trabajamos juntos como familia para ir aceptando el llamado que Dios le concede y a nosotros nos ha dado paz y tranquilidad el ver su crecimiento en las distintas áreas integrales de su vida: física, mental y espiritualmente. Cada una de las metas o retos que se ha ido fijando a través de su formación lo ha hecho con amor, entusiasmo, entrega y paciencia para llegar hasta el cumplimiento de cada una de ellas.

Como familia nos hemos visto fortalecidos al observar como cada una de las comunidades de apostolado en las que ha servido lo han acogido y acompañado y las semillas que han sembrado en nuestro hijo, comienzan a dar sus frutos. llegado hasta este momento de su formación donde casi concluye esta primera etapa de la formación inicial. Esto para nuestra familia ha sido algo muy enriquecedor que nos motiva a consagrarnos junto con nuestro hijo al Servicio del pueblo de Dios. Como resultado, llegamos a descubrir que una familia que vive plenamente la fe para experimentar la entrega gratuita del amor a los demás.

Para nosotros el desprendernos, ha sido un acompañamiento diario y en el cual todos mi esposo, mi hija y una servidora hemos aprendido cosas nuevas y distintitas. El camino no ha sido fácil pero, tomados de las manos de Dios y de la Santísima Virgen María hemos avanzado.

 

Sra. Elizabeth Páez de Alanís

Mamá del Diac. Francisco Javier Alanís Páez.

27 May 2015

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Formamos parte del Seminario de Monterrey

 

Muy queridos hermanos y hermanas que formamos la gran familia del Seminario de Monterrey:

Me gustaría reflexionar de qué modo nosotros, seminaristas y sus familias, empleados, maestros y sacerdotes, formamos o estamos llamados a formar una gran familia del Seminario. Decirlo es muy fácil, pero vivirlo es en verdad un gran desafío que como Rector veo y deseo enfrentar con fe y esperanza. Nuestra realidad como Seminario no escapa de la problemática actual que vive la familia de hoy, como lo explica el Papa Francisco en su Exhortación Evangelii Gaudium: “la familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales.

En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros y donde los padres transmiten la fe a sus hijos” (Evangelii Gaudium 66). ¿Qué significa que los vínculos son frágiles? Significa que nuestras relaciones se quiebran, lastiman y destruyen fácilmente.
¿Qué ocasiona esta fragilidad? El mismo Papa explica que es el “individualismo” el que “favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares” (Ibíd 67). El individualismo es la actitud de aislarnos, de no pensar en los demás, de creer que somos auto-suficientes. Es muy probable que esa actitud sea fruto de heridas emocionales que hemos sufrido en nuestra propia familia ya que a veces, aun sin darnos cuenta, hacemos o decimos cosas que lastiman aun a quienes amamos. Imaginemos las heridas interiores cuando hemos sido lastimados por alguien de la familia a quien parece no importarle nuestra vida ya que nos abandonó o simplemente mostró muy poco cariño o interés por lo que nos sucedía. Heridas similares las vivimos cuando, en la Iglesia, no recibimos en momentos difíciles, la atención y buen trato que esperaríamos de un sacerdote.

Eso mismo que sucede en las familias y las parroquias sucede a veces también en el Seminario cuando aun sin pretenderlo, nos lastimamos unos a otros por indiferencia o por actitudes poco fraternas.
¿Somos en verdad una familia? Los discípulos y Jesús en los evangelios, forman en verdad una nueva familia en la fe que no se excluye la familia de sangre: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” Pregunta Jesús a quienes le insisten en que su parientes lo buscan, “y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: <¡Ahí están mi madre y mis hermanos! Cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre>” (Mt 12, 49-50). Los formadores en nuestro legítimo deseo de exigir a los futuros sacerdotes disciplina y honestidad, corremos el riesgo de mirar nuestra relación con ellos como “vigilantes” y olvidar que son en verdad nuestros “hermanos menores” y parte de nuestra familia; lo mismo puede suceder al seminarista cuando olvida que el formador, también ha dejado todo por Cristo y que, como sucede con un padre o una madre, aprendemos nuestro papel educador en la práctica cometiendo errores involuntarios. Este tipo de relación familiar que conviene aprender en el Seminario, será la mejor preparación para nuestra relación con el Pueblo de Dios al que serviremos. Así compara el Papa Francisco la relación de un sacerdote con la gente: “El espíritu de amor que reina en una familia guía tanto a la madre como al hijo en sus diálogos, donde se enseña y aprende, se corrige y se valora lo bueno; así también ocurre en la homilía” (ibíd. 139) y en general en las relaciones pastorales del sacerdote con los fieles. Por ello, explica el Santo Padre Francisco, “la acción pastoral debe mostrar mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y afiance los vínculos interpersonales… insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos «mutuamente a llevar las cargas» (Ga 6,2)” (Ibíd 64).

Este es el desafío que enfrentamos en la sociedad, en la Iglesia y en el Seminario: Lograr no sólo vernos como familia, sino construir relaciones fraternas fundamentadas en el Evangelio que nos enseña que tenemos todos un solo Padre y que entre nosotros somos hermanos (Cfr. Mt 23,9). Este es mi sueño, y estoy seguro que es el sueño de muchos seminaristas y formadores: que lleguemos, como familia del Seminario (empleados, maestros, alumnos y formadores), a amarnos fraternalmente y sanar heridas que como toda familia tenemos.

Salgamos sin miedo del individualismo que nos aísla de los vínculos fraternos y superemos, si fuera el caso, el llegar a sentirnos en el Seminario como simples funcionarios o usuarios de la institución.

 

¡Somos una gran Familia en la fe!

¡No nos dejemos robar la fraternidad!

 

Pbro. Juan Carlos Arcq.

Rector del Seminario de Monterrey

27 May 2015

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La familia del Seminario de Monterrey fue llamada para servir

La vida del seminarista es así, rápida, ajetreada, pero llena de momentos de encuentro con Jesús, formándonos para ser mejores personas y servirte a ti, porque esa es nuestra vocación, porque tú te mereces santos pastores.

En el Seminario Arquidiocesano de Monterrey, es nuestra casa y formamos parte de una gran familia, en la que vivimos, crecemos como cristianos y nos formamos como futuros pastores del pueblo de Dios. Y también celebramos las alegrías de los acontecimientos importantes. En el mes de enero, comenzamos el año con los Ejercicios Espirituales, dedicando una semana especial de silencio y encuentro con Jesús, teniendo como expositor a Fray Samuel Franco. El 22 de enero nos unimos al gozo de nuestra Diócesis hermana de Linares, que recibe a su nuevo padre y pastor, Monseñor Hilario González García, quien fue para nosotros, seminaristas, ejemplo de hombre de fe y que nos acompañó durante 18 años en el Seminario de Monterrey, llevando como último cargo la rectoría hasta diciembre del año pasado. Pero enero aún guardaba alegrías para nosotros y no era para menos, pues el sábado 24, nuestro Arzobispo, don Rogelio Cabrera López, celebraba su cumpleaños.

Le acompañamos en el desayuno y de allí a compartir la Eucaristía, junto con nuestros hermanos del seminario menor que recibían la sotana, como signo de compromiso con Dios para formarse en la santidad, para su pueblo. Allí mismo, algunos de nuestros hermanos teólogos recibieron la candidatura a las órdenes sagradas y el ministerio del lectorado; todo esto bajo el maternal manto de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, en su Basílica. En la parte académica, arrancamos la jornada de estudio en honor a Santo Tomás de Aquino, y nos preparamos para culminarlo con un solemne encuentro académico hacia el mes de mayo.

Febrero tiene siempre un lugar especial en el corazón del seminarista ¡es el mes del seminario! Y lo iniciamos con el 5K vocacional, en el que participaron alumnos del seminario y nuestros hermanos que llevan su proceso en Pastoral Vocacional. También tuvimos la oportunidad de celebrar nuestra vocación a la alegría con alumnos de varios colegios católicos de nuestra ciudad, allí compartimos un poco de nuestra vivencia de Jesús y cómo nos había llamado. ¡Hasta la cascarita de futbol nos echamos! Y no podía faltar el contacto afectuoso con aquellos por quienes nos consagramos, visitamos las comunidades parroquiales de la arquidiócesis invitando a la jornada de oración por las vocaciones sacerdotales y animando a aquellos que sientan el mismo llamado que nosotros, al servicio y la alegría. Y como el Papa Francisco nos llama al servicio “La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros” (EG 10), es que acompañamos a nuestros hermanos en el inicio de la cuaresma, en Miércoles de Ceniza, comprometiéndonos junto con ellos, a preparar con esperanza el corazón para la gran fiesta de la Pascua. No sin antes cargar pilas espirituales con nuestro retiro cuaresmal.

Y pues marzo llega aún con fríos pero con todo y eso nos lanzamos el domingo 3 a las instalaciones del seminario menor, al tan esperado Encuentro Sacerdotal, un momento muy ameno en que, entre dinámicas, juegos y temas, varios sacerdotes y seminaristas aclaramos las dudas de aquellos que sienten el llamado de Jesús a seguirle. Además, los días 4 y 5 de marzo, recibimos en el seminario mayor a Mons. Rogelio Cabrera en su visita pastoral, mientras nos preparamos para acudir a las parroquias a impartir los Ejercicios Cuaresmales y también el próximo Retiro de la Opción de nuestros hermanos de Curso Especial y Tercero de Filosofía. ¡Oremos por ellos!

La vida del seminarista es así, rápida, ajetreada, pero llena de momentos de encuentro con Jesús, formándonos para ser mejores personas y servirte a ti, porque esa es nuestra vocación, porque tú te mereces santos pastores.

 

Victor Ángel Rocha Banda.

27 May 2015

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Un seminarista fuera de su ciudad de origen

Dejando una parte de mí.

En varias ocasiones salí de mi pueblo para pasar rato con los primos, o tener vacaciones. Pero creo que la verdadera aventura empieza cuando decides dejar tu casa por algo más que diversión con tus primos, cuando te decides a probar un nuevo estilo de vida y en mi caso, responder a llamado de Jesús.

Mi experiencia fuera de mi ciudad de origen empieza con el retiro del preseminario en Julio del 2007, aunque fui solo, no tardé en hacer algunos amigos que me acompañaron. Creo que eso es algo importante para quien sale de casa, tener apoyo, sentirte en confianza con quienes te rodean.

El día que “oficialmente” dejé mi ciudad de origen y que entre al seminario fue el 10 de agosto del 2007, acababa de terminar mi secundaria y tenía 14 años han de pensar hacia ustedes mismos “no manches estaba bien chiquito”. Creo que la experiencia de estar fuera de casa ayuda a madurar y no es muy distinta a la de algún joven que estudia fuera su lugar de origen, tienes que aprender a hacer cosas que antes tus papás hacían por ti: Lavar y doblar la ropa, lavar los trastes, hacer el aseo de la casa, cocinar (que gracias a Dios no tuve que aprender). En resumen la casa ayuda a hacerte responsable de los deberes.

Estar fuera me ayudó a darme cuenta de que las cosas que hago no son solo para hacer sentir orgullosos a mis padres, sino que son para mi propio provecho, para mi vida.

En cuanto a mi familia, debo decir que sí los extrañé, sobre todo los primeros meses, siempre esperaba el famoso “fin de mes” donde teníamos la oportunidad de ir un fin de semana a nuestras casas a pasarla con la familia. Creo que los que me extrañaban aún más eran mis familiares, mi hermano, mamá y papá, al igual que primos y tíos que hemos sido muy cercanos. También extrañé a mis amigos, algunos de ellos se enojaban porque no podía ir a sus fiestas, pero me di cuenta que las distancias no son nada para una amistad sincera, ni para el amor que le tengo a mi familia. Pues el lazo que nos mantiene unidos es el amor de Dios.

Sé que la experiencia de salir de casa no es grata para todos. La mayor queja que puedo tener es que no encuentro a nadie que cocine mejor que mamá. Fuera de eso creo que he tenido una linda experiencia fuera de casa, haciendo nuevos amigos, conociendo lugares, crecer. Sin embargo, siempre recuerdo con cariño la tierra que me vio nacer, amigos, familiares, y los lugares en los que estuve con ellos. Todo eso es parte de lo que soy. Mc. 10 28 – 31

 

Juan Alberto Enríquez Valdéz.

27 May 2015

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Experiencia de un seminarista al estudiar fuera de casa

Creer “en sabiduría y en gracia
ante Dios y ante los hombres”
(Lc 2, 52)

La familia ocupa un lugar importantísimo en nuestro proceso de formación sacerdotal ya que el mismo Jesucristo para creer “en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 52) quiso formarse en el seno de una familia humana. Es por esto que en el camino vocacional debemos contar incondicionalmente con nuestras familias. Les hablaré un poco sobre mi familia: Soy el primer hijo del matrimonio de Rogelio Ramírez Hernández y Silvia Gaytán Valdez, tengo un hermano menor que se llama César Eduardo. Somos originarios de Cd. Victoria, Tamaulipas, y ahora ellos se encuentran radicando en esta ciudad. En lo personal, al inicio de mi formación sacerdotal, fue un poco difícil el desprenderme de mi familia ya que nunca habíamos tenido una separación similar. El pensar que ya no viviría con ellos y que compartiría una casa con otros jóvenes que serían muy distintos a mí me daba miedo. En el caso de mis papás esa decisión que había tomado de irme al Seminario la manejaron con mucha responsabilidad y atención. Hubo gran sorpresa y algo de tristeza en mi madre, ya que ella me veía muy entusiasmado en iniciarme en la carrera de la docencia, incluso llegué a inscribirme y presenté examen en la institución a la que iba a entrar. Mi padre, al contrario, fue el que hizo comprender a mi mamá que lo que yo había decidido era porque me sentía seguro y era lo que quería para mi vida. Su apoyo en ese momento me dio mucho ánimo de seguir adelante. En la actualidad hablo con ellos por teléfono, trato de comunicarme cada semana para decirles que me encuentro bien. Siempre a los papás les va tener preocupados el saber que un hijo se encuentra lejos, en ellos abunda el pensamiento de: “¿cómo estará?, ¿la estará pasando bien?, ¿cuándo vendrá a visitarnos?”. Les comparto que cuando yo recién entre al seminario, cuando hablaba con mi madre por teléfono, la notaba muy preocupada, con miedo, dudas, etc. al igual que yo… ahora cuando hablo con mis papás noto en ellos una gran alegría y siento, desde donde están, su apoyo incondicional. Es importante ver que, al igual que Nuestro Señor Jesucristo en su caminar hacia su ministerio, la autoridad de los padres no era un obstáculo para la autonomía. San José y la Virgen María la ejercieron de manera que Jesús pudo llegar hasta ese momento con total conciencia de sí mismo y de su relación con Dios Padre, que por eso, como vemos en el evangelio de Lucas, se queda con ellos y continúa creciendo en el conocimiento de Dios y de su voluntad. Termino con una frase que hace varios años mi promotor vocacional, antes de entrar al seminario me dijo: “Recuerda que en tu camino para ser sacerdote, tu familia es parte de tu proceso, mas no es tu proceso”, y siempre he tratado de renovarlo y yo creo que la distancia nos ha servido para acrecentar ese amor y para fortalecer nuestros lazos en la fe y en la esperanza.

 

Juan Rogelio Ramírez Gaytán.