27 May 2015

HELLO! 1

Experiencia de un seminarista al estudiar fuera de casa

Creer “en sabiduría y en gracia
ante Dios y ante los hombres”
(Lc 2, 52)

La familia ocupa un lugar importantísimo en nuestro proceso de formación sacerdotal ya que el mismo Jesucristo para creer “en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 52) quiso formarse en el seno de una familia humana. Es por esto que en el camino vocacional debemos contar incondicionalmente con nuestras familias. Les hablaré un poco sobre mi familia: Soy el primer hijo del matrimonio de Rogelio Ramírez Hernández y Silvia Gaytán Valdez, tengo un hermano menor que se llama César Eduardo. Somos originarios de Cd. Victoria, Tamaulipas, y ahora ellos se encuentran radicando en esta ciudad. En lo personal, al inicio de mi formación sacerdotal, fue un poco difícil el desprenderme de mi familia ya que nunca habíamos tenido una separación similar. El pensar que ya no viviría con ellos y que compartiría una casa con otros jóvenes que serían muy distintos a mí me daba miedo. En el caso de mis papás esa decisión que había tomado de irme al Seminario la manejaron con mucha responsabilidad y atención. Hubo gran sorpresa y algo de tristeza en mi madre, ya que ella me veía muy entusiasmado en iniciarme en la carrera de la docencia, incluso llegué a inscribirme y presenté examen en la institución a la que iba a entrar. Mi padre, al contrario, fue el que hizo comprender a mi mamá que lo que yo había decidido era porque me sentía seguro y era lo que quería para mi vida. Su apoyo en ese momento me dio mucho ánimo de seguir adelante. En la actualidad hablo con ellos por teléfono, trato de comunicarme cada semana para decirles que me encuentro bien. Siempre a los papás les va tener preocupados el saber que un hijo se encuentra lejos, en ellos abunda el pensamiento de: “¿cómo estará?, ¿la estará pasando bien?, ¿cuándo vendrá a visitarnos?”. Les comparto que cuando yo recién entre al seminario, cuando hablaba con mi madre por teléfono, la notaba muy preocupada, con miedo, dudas, etc. al igual que yo… ahora cuando hablo con mis papás noto en ellos una gran alegría y siento, desde donde están, su apoyo incondicional. Es importante ver que, al igual que Nuestro Señor Jesucristo en su caminar hacia su ministerio, la autoridad de los padres no era un obstáculo para la autonomía. San José y la Virgen María la ejercieron de manera que Jesús pudo llegar hasta ese momento con total conciencia de sí mismo y de su relación con Dios Padre, que por eso, como vemos en el evangelio de Lucas, se queda con ellos y continúa creciendo en el conocimiento de Dios y de su voluntad. Termino con una frase que hace varios años mi promotor vocacional, antes de entrar al seminario me dijo: “Recuerda que en tu camino para ser sacerdote, tu familia es parte de tu proceso, mas no es tu proceso”, y siempre he tratado de renovarlo y yo creo que la distancia nos ha servido para acrecentar ese amor y para fortalecer nuestros lazos en la fe y en la esperanza.

 

Juan Rogelio Ramírez Gaytán.

27 May 2015

HELLO! 1

Experiencia vocacional como familia

En mi familia la vocación se entiende como el camino que Dios te
marca para que encuentres tu felicidad

La familia es una escuela de fe (Aparecida, p. 155) y el llamado de Dios al hombre se vive desde la fe, por lo tanto, el llamado de Dios al hombre, la vocación, se vive desde la familia y es en ella donde los padres acompañan a los hijos en este camino para descubrir lo que Dios les tiene preparado. Aunque la palabra vocación no resuene en la gran mayoría de las familias, esto no quiere decir que nose hable de ella.

En mi infancia, la palabra vocación era algo que no se escuchaba, o me atrevería a decir, que nunca escuché, pero, a pesar de eso, mi familia fue, y sigue siendo, un lugar donde conocí la vocación ya fuera viendo a mis padres, visitando a una tía abuela que era religiosa ya un poco más grande en el momento en que mi hermano decide entrar al seminario. Así que sin hablar expresamente de la vocación, ésta se compartía.

En mi familia la vocación se entiende como el camino que Dios te marca para que encuentres tu felicidad, sin embargo es tarea de cada quien descubrir ese camino que Dios te tiene preparado. Pero, ¿cómo vive mi familia la vocación? La vive desde la alegría, una alegría auténtica y duradera que se manifiesta a pesar de las dificultades y conflictos y que se contagia en toda la familia; la vive desde la sorpresa, ya que mi papá nunca se esperó que decidiera entrar al seminario, pensando que empezaría a trabajar y así ayudar con los gastos en la casa; la vive desde la esperanza, en llegar a la meta que Dios nos tiene preparada y que estamos seguros que es el mejor camino; y la vive en unión, en la convivencia que se va dando a pesar de las distancias y de las decisiones que toma cada miembro de la familia, en el compartir las experiencias ya sean buenas o malas.

Para mis padres la experiencia más grata es el poder compartir este maravilloso don de Dios (la vocación) con sus hijos, ya sea que hayan optado por el sacerdocio o por formar una familia. Ver a sus hijos felices y realizados es una dicha inexpresable que solo se puede entender cuando ves a tus padres a los ojos y descubres la dicha y el amor que inunda su ser y que comparten junto a ti. El amor de tus padres fecunda tu misma vida, tu vocación.

 

Adrián Alejandro Garza Morales.

27 May 2015

HELLO! 1

La gran familia de un sacerdote

Dios Bendijo a mis padres con la gracia de tener 8 hijos
(6 Hombres y 2 Mujeres)

Allá por el año 1960, el Señor Gabriel Salinas Rojas (+Finado) originario de Bellas fuentes, Michoacán, y la señorita Ninfa Silva Silva originaria de Allende, Nuevo León. decidieron unir sus vidas, recibiendo la bendición de Dios en la Parroquia de San Pedro Apóstol, ubicada en ese bonito municipio de Nuevo León, para formar la familia SALINAS SILVA. La cual se vinieron a radicar a Monterrey Nuevo león, en la Colonia Emiliano Zapata, precisamente a una cuadra de la Parroquia de San Isidro Labrador. Dios Bendijo a mis padres con la gracia de tener 8 hijos (6 Hombres y 2 Mujeres).

Esta es mi Familia:

El primero es mi hermano: Francisco Javier, estudió y se recibió de Contador Público y Auditor en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente está casado con la C.P. (Contadora Pública) María Hilda García Lozano y Dios los ha bendecido con dos Hijas: Marisol y Melisa Lizbeth.

La segunda es mi hermana Juana Josefina, estudió y se recibió de Médico en especialidad en Patología en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente está casada con el Dr. (Odontólogo) Jesús Ramos Arreola y Dios los ha Bendecido con tres hijos: Diego, Jesús Enrique y María Fernanda.

La tercera es mi hermana Maribel, ella estudió y se recibió de secretaria bilingüe. Actualmente está casada con el C.P. Jorge Lozano González y Dios los ha bendecido con una hija: Mariana.

El Cuarto es mi hermano Hugo, él estudio en el Seminario de Monterrey y en la Universidad Pontificia de México, se Ordenó Sacerdote y obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática. Estuvo ejerciendo su ministerio Sacerdotal en el Seminario de Monterrey y actualmente está de párroco en la Parroquia de San Pedro Apóstol en Allende Nuevo León.

El Quinto soy Yo, Alejandro: Estudié en el Seminario de Monterrey y me ordené Sacerdote (junto con mi hermano el Padre Hugo hace ya 20 años). Actualmente realizo mi ministerio sacerdotal en el Seminario de Monterrey.

El Sexto es mi hermano Miguel: Estudió y se recibió de Contador Público y Auditor, en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente está casado con la C.P. Carmen Zambrano Díaz y Dios los ha bendecido con dos hijos: Mauricio y Marcelo.

El séptimo es mi hermano Gabriel: Estudió y se recibió de Contador Público y Auditor, en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente está casado con la C.P. Hilda Gloria Limón Arreaga y Dios los ha bendecido con dos hijos: Gabriela y Edgard.

El octavo es mi hermano Rafael: Estudió y se recibió de Contador Público y Auditor, en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente está soltero. Mi Padre Gabriel (+) y mi Madre Ninfa, nos han enseñado no sólo a amar a Dios, sino también a permanecer unidos como familia. Tratamos de reunirnos cada vez que se puede, en los cumpleaños, en las actividades de fechas especiales, en navidad y año nuevo, etc. y así fortalecer, de esta manera, los lazos de Unidad, Cercanía y Fraternidad.

Esta es mi Familia.

 

Pbro. Alejandro Salinas Silva 

Prefecto Disciplinar de segundo de teología.

27 May 2015

HELLO! 1

La experiencia vocacional en la familia de un seminarista

La Familia, elemento importante de la vocación.

San Juan Pablo II decía que, La familia está llamada a ser, por su estructura fundamental, “figura educadora vocacional”, ya que en ella surgen los primeros brotes de toda vocación, y en ella puede encontrar las condiciones adecuadas para su desarrollo. En lo personal a mí me parece que está frase del ahora santo, tiene mucho de verdadero, pues a lo largo de estos años en mi formación en el seminario, he descubierto que el nacimiento de mi inquietud vocacional, aún sin ellos percatarse mucho, surgió en la familia, pues por ejemplo mi mamá fue quien nos enseño que era importante ir a Misa, se preocupaba porque tuviéramos los sacramentos, tal vez después perdió un tanto su cercanía a la iglesia, pero nunca ha  dejado de ser esa mujer bondadosa, que nos ha dado a mis hermanos y a mí un gran testimonio de vida.

Es por eso que durante esta etapa de la formación en el Seminario, he tratado de compartir con ellos mucho de los acontecimientos que he vivido en la formación. También reconocer, que al igual que una parte de mis hermanos seminaristas y Diáconos, para algunos integrantes de mi familia no fue fácil aceptar la decisión que yo había tomado de seguir a Cristo en este camino, sin embargo de todos modos me apoyaron. Han sido muchos momentos importantes los que hemos podido compartir como familia, por ejemplo las convivencias mensuales, el DEPS (Dinámicas de Encuentros para Papás y Seminaristas) al cual tuve la oportunidad de acudir con mi mamá, debido a que mi Papá ya había fallecido antes de que yo entrara en el Seminario.

La verdad que este encuentro fue una gran oportunidad para compartir con mi Mamá el hecho de cómo me sentía llamado por Dios, y como el apoyo de mi familia para mí era muy importante, y a la vez yo pude escuchar cómo se sentía ella, y esto favoreció mucho la forma en que ella fue tomando estos años del Seminario.

Con el tiempo, cuando llegó el momento de la ordenación diaconal, ya la actitud de mi familia era muy distinta a la del principio, y a mí me dio mucho gusto el ver la alegría con la que también ellos recibían la noticia de la ordenación, y la alegría con la que juntos preparamos todos los detalles de tan importante momento. Ahora ya con el apostolado de fin de semana, no siempre hay oportunidad de ir los domingos a la casa, es por eso que ha sido para mí muy importante aprender a valorar los momentos que paso con ellos, tratar de que sean de calidad, y poder seguir compartiendo con ellos todo lo que voy viviendo en el seminario, y a la vez estar al pendiente y escuchar que ellos me compartan lo que van ellos van viviendo en sus trabajos y en la casa. Por último, me gustaría terminar diciendo que un elemento que para nosotros como familia ha sido muy importante, es mantenernos en oración unos por otros, yo oro por ellos, y ellos oran por mí, esto verdaderamente nos ha fortalecido como Familia.

 

Diác. Héctor Manuel Robledo Roque.

27 May 2015

HELLO! 1

Opinión de los padres que tienen un hijo con la inquietud de ser sacerdote

¡¿Entonces, sí lo volveré a ver?!

Acompañar al candidato en el proceso de discernimiento vocacional no sólo implica el diálogo con él, ni que éste participe en las actividades que se organizan propiciando ambientes de reflexión para él y otros que viven el mismo momento existencial, ciertamente es mirarle en ese proceso de búsqueda-respuesta, pero también a su entorno.

En este tiempo en el que me está tocando acompañar a los muchachos en el Centro Vocacional he constatado que la vocación no sólo toca el corazón del candidato, el llamado impregna todas las áreas de su convivencia y la familia es  uno de los espacios – y creo – más importante. Y aunque los amigos y amigas, los compañeros de trabajo o escuela o el grupo parroquial (prefiguración de las Betanias) enfrentan muy a su modo la nueva realidad de tener a uno de los suyos en proceso de discernimiento, es la familia la primera que debe asumir que algo, dentro de ella, está cambiando.

Para el que se siente llamado, la responsabilidad de responder al Señor exige nuevas actitudes y desprendimientos, sin embargo, lo es también para quien rodea al candidato. ¿Cómo enfrentar lo nuevo?, ¿cómo dejarlo ir, pero no del todo?

Los papás del candidato, por más adulto o independiente que éste sea, no son testigos mudos en esta transición, veo cómo se preocupan por saber cuándo son las actividades, cuándo toca tal o cual cosa, cuándo deben dormir fuera y cuándo deben acudir a los exámenes de Trabajo Social o los Psicométricos. Muchos de ellos tienen la confianza de llamar, de presentarse acompañando al muchacho, de saber quién es el sacerdote que acompaña a sus hijos, y también de nuestra parte está el conocerles, saber dónde viven, compartir su espacio que, entre más, es mejor; aclararles sus dudas, llegar a ese momento en que se hay que decir adiós a los mitos y prejuicios: “¡¿entonces sí lo volveré a ver?!”, no ha faltado quien concluya después de platicar.

Y aunque corresponde al Departamento de Trabajo Social la visita técnica, para el acompañante vocacional y los papás, encontrarse, no sólo es conveniente, sino necesario.

 

Pbro. Juventino Leal Sosa.

27 May 2015

HELLO! 1

La función en las parroquias para avivar las vocaciones sacerdotales

Trabajemos juntos en esta ardua y tan
importante labor vocacional; confiando en
que el Dueño de la mies seguirá enviando
obreros a sus campos (Cf. Lc10,2)

Ya hace algún tiempo que la iglesia de Monterrey asumió el compromiso de trabajar a favor de establecer una cultura vocacional. Sin embargo, por diversos motivos, esta tarea no siempre ha sido fácil. Las numerosas opciones de vida, que resultan muchas veces contrarias al Evangelio, han llegado a establecerse, incluso en algunas estructuras eclesiales, como una especie de contracultura vocacional. Esto, sin duda alguna, ha venido a mermar un fluido y rápido crecimiento en conciencia de esta imperante y necesaria cultura vocacional.

Pese a esto, el compromiso de hacer presente el Evangelio y formar una cultura vocacional en toda comunidad cristiana se asume con alegría y empeño, con valentía y fortaleza de espíritu, pues sabemos que el Señor camina con nosotros. Este es precisamente el trabajo que desempeñamos como Pastoral Vocacional en las parroquias para avivar la vocación.

De una manera concreta, podemos decir que los destinatarios de esta acción pastoral son los jóvenes. Es en ellos en quienes se busca, por medio de un proceso gradual, sembrar la semilla de la vocación. Y, aunque ciertamente sembramos con confianza la semilla de la vocación sacerdotal, esta tarea es un tanto más amplia. Es además, por decirlo de alguna forma, una tarea compartida, pues en ella nos involucramos laicos, seminaristas, matrimonios, religiosas(os) y sacerdotes.

Las actividades están destinadas a niños, adolescentes o jóvenes. Estas pueden serdesarrolladas durante algunas horas en un día o durante un fin de semana en una parroquia. Pero, ya sea un panel vocacional, una hora santa vocacional, una pinta de barda o una misa vocacional, la intención sigue siendo la vocacionalización de la parroquia.

Avivar la vocación en la parroquia, cualquiera que esta sea, es una preocupación de nuestro tiempo que no puede recaer sobre algunos cuantos. Es más bien una tarea, que como comunidad eclesial que sabe leer los signos de los tiempos, debe ser asumida por todos los que conformamos el Cuerpo de Cristo, con cada uno, ejerciendo la función desde su propio modo (Cf. 1Co 27-30). Trabajemos juntos en esta ardua y tan importante labor vocacional; confiando en que el Dueño de la mies seguirá enviando obreros a sus campos (Cf. Lc10,2).

 

Eduardo Alberto Mata Ortíz. 

27 May 2015

HELLO! 1

Motivaciones para llevar un apostolado ahora con un hijo en la formación sacerdotal.

Definitivamente la mejor bendición es ser parte
de esta gran familia que es el seminario.

Siempre hemos caminado al lado de nuestro hijo, aun antes de que él entrara al seminario. Lo hemos seguido en una continua experiencia de Dios en distintos apostolados, pero ahora que está en el seminario, una de las motivaciones es que hemos sentido un compromiso más fuerte con Dios, como correspondencia a esta gran bendición de tener un hijo llamado al sacerdocio.

Otra de las motivaciones es la responsabilidad de dar testimonio cristiano en los distintos ambientes (familiares, laborales y comunitarios), comenzando en nosotros mismos que sentimos el llamado de Dios, reflejado en nuestro hijo, que nos lleva a un espíritu de oración constante. Dicha espiritualidad nos une como padre, madre e hijo, y nos mueve a buscar una relación íntima con Dios, a ejemplo de San José y la Virgen María que no solo acompañaron a su hijo Jesús, sino que también dieron ejemplo a los demás.

Cuando entró nuestro hijo al seminario, nos invitaron a vivir el DEPS (Dinámicas de encuentros de papás y seminaristas) donde otros papás de seminaristas nos ayudaron a entender esta nueva etapa, que no solo viviría nuestro hijo, sino que también nosotros como papás también viviríamos. Y al ver lo valioso que fue para nosotros, terminamos enamorados de ese apostolado, y con el paso del tiempo, nos dieron la oportunidad de apoyar en DEPS, en el cual llevamos ya 4 años sirviendo.

Al compartir nuestra vida y nuestro apostolado en este camino, nos ha llenado de muchas bendiciones, como: la amistad cercana con muchos sacerdotes y seminaristas; un compartir emociones y sentimientos con otros papás de seminaristas que ya llegaron a ver a sus hijos como sacerdotes, y que nos ilusionan con experimentar el momento de la ordenación de nuestro hijo; y definitivamente, la mejor bendición es ser parte de esta gran familia que es el Seminario de Monterrey.

 

José María Montalvo Rodríguez y Angelica Valdés Garza 

Papás del Seminarista José Juan Montalvo Valdés

27 May 2015

HELLO! 1

Apostolado de un seminarista en su familia

Para mí vivir un apostolado en la
vida familiar, es vivir mi ser hijo; ser
discípulo de Cristo por medio de
mis padres.

Cuando me pidieron que colaborara en la revista para la redacción de un artículo sobre ¿Qué es el apostolado en la vida familiar? Y ¿Cómo apoyo a mi familia? Rápidamente me surgieron muchas dudas en mi cabeza. La primera de estas dudas es si realmente Yo realizo algún tipo de ayuda para con mi familia; esto debido a que, siendo sinceros, realmente ellos son quienes me apoyan a mí, el apoyo más grande que tengo dentro del seminario son ellos. Mis padres desde el momento en que les dije que entraría al seminario han realizado un apostolado de tiempo completo para conmigo, son mi principal fortaleza, y decir que yo les ayudo en algo es mentir.

Dentro de mi familia he encontrado un cimiento que fortalece día con día mi encuentro con Cristo, ellos son quienes me enseñaron a amar a Dios y quienes me inculcaron los valores Cristianos, hablar de un apostolado para con ellos, es más bien, desde mi perspectiva, hablar de un discipulado.

A qué me refiero con este juego de palabras, muy sencillo el apóstol es aquel que está al servicio de los demás, en la familia mi apostolado es visitar a mis abuelos, jugar con mis sobrinos, estar en la casa, dialogar con mis papás, ayudarles de vez en cuando en quehaceres o mandados; realmente el apostolado en la casa se convierte en ser un hijo que cumple con las “obligaciones” que todo hijo debe seguir.

Frente a mi familia me siento más como un discípulo, alguien que escucha las enseñanzas de sus padres, que busca imitarlos en su testimonio de vida cristiana. Es cierto en algunas ocasiones surgen preguntas sobre cosas en concreto, especialmente relacionadas a la Sagrada

Escritura, y uno trata de ayudarles a ellos a crecer, pero en mi caso particular frente a mis padres soy un discípulo, alguien que los escucha, los admira. Ellos para mí son un verdadero testimonio de santidad, son gente que lucha día con día en la búsqueda de su conversión y la de nuestra familia. El apostolado en la vida familiar, en mi caso particular es más bien un discipulado, sentarme con ellos, platicarles mi vida, buscar un refugio en sus brazos y sobre todo imitarlos en su testimonio de vida cristiana.

El apostolado en la casa de mis padres es muy similar al de la parroquia, por un lado tienes a los Presbíteros y gente mayor de la cual aprendes mucho más de lo que tú puedes aportar, y por otra tienes a los adolescentes y monaguillos; o sobrinos, hermana, cuñado; de los cuales aprendes de igual forma, pero es más el compartir el tiempo con ellos, es un caminar juntos. Para mí vivir un apostolado en la vida familiar, es vivir mi ser hijo; ser discípulo de Cristo por medio de mis padres.

 

Francisco Guajardo Garza.

27 May 2015

HELLO! 1

El Apostolado en la vida familiar

Eres, entre los tuyos –alma de apóstol-, la piedra caída en el lago.- con tu ejemplo
y tu palabra un primer círculo… y otro…y otro, y otro…
Cada vez más ancho, ¿comprendes ahora la grandeza de tu misión?
(San Josemaría Escrivá. Camino, #831).

No cabe duda que la familia ocupa un lugar muy importante dentro de la formación del seminarista, pues es en ella donde en las mayorías de las veces (no podemos limitar el llamado de Dios a un solo lugar o a una sola comunidad, aun y cuando la familia sea un ambiente fundamental para la trasmisión de la fe y la promoción de una cultura vocacional, Dios hace uso de otros medios para llamar a sus hijos y desarrollar en ellos el llamado a la santidad en un estado de vida específico) va desarrollándose la inquietud vocacional, con el acompañamiento de sus padres el seminarista continúa día con día su discernimiento vocacional, preparándose para en un futuro ministerio actuar también como un padre para con los hijos que la Santa Madre Iglesia le encomiende.

Por otra parte tampoco podemos dudar que el sábado es uno de los días más esperados de la semana dentro del seminario, pues el sábado es el día del apostolado, el día en que el seminarista abandona la casa de formación para encontrarse otros hijos de la Iglesia para acompañarlos, conocerlos, aprender de ellos y compartir la vida y la fe. En mi vida de formación tanto el apostolado como la familia ocupan un lugar importante, mas quisiera contar la visión que tiene la familia del seminarista con respecto al apostolado, la riqueza que éste contribuye a ésta y viceversa.

Por el apostolado los padres del seminarista ven de manera palpable que es de gran valor la transmisión de la fe a sus hijos, ellos se dan cuenta que en su familia de muchas formas se practica la caridad y entre ellas ven en su hijo seminarista a alguien que busca vivir de manera permanente el servicio a los más necesitados, ya sea en veces con palabras de consuelo o alegría, con orientación o escucha, pero refiriendo siempre a las personas hacia Cristo, con la ayuda de San José y de Nuestra Santa Madre la Virgen María, esto los llena de alegría y los alienta a seguir perseverando en la vida de fe y de servicio a los demás, a la vez que refuerza en la familia un ambiente de atención y sensibilidad para con los otros, principalmente con los más necesitados, combatiendo el mal de la indiferencia que sufre nuestra sociedad actual. Con el apostolado la familia valora la gran tarea de la transmisión de la fe y de la familia, a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret.

Cabe recalcar que desde la familia por los pequeños o grandes actos desinteresados, el seminarista aprende a hacer el apostolado.

 

José Esteban Pérez Torres.

27 May 2015

HELLO! 1

Reflexión en la familia sobre los estudios del seminario.

“Maduros en la ciencia” y que su doctrina
sea “medicina espiritual para el pueblo de Dios” (PO 19)

Cuando nos encontramos en diálogo con nuestras familias, amigos o con personas que hemos conocido a lo largo de nuestros apostolados, comúnmente nos preguntan por la cantidad de años que dura la formación en el seminario, y, al nosotros dar una respuesta quedan profundamente sorprendidos de la cantidad de años en los que estamos en formación: entre 10 y 12 años.

La formación sacerdotal durante todo este tiempo gira en torno a cuatro áreas fundamentales: humana, espiritual, vocacional y académica, éstas nunca desaparecen en la formación y ninguna es más importante que otra. El área académica como en todas las universidades está compuesta por maestros, tareas y evaluaciones cuyos principales destinatarios somos los seminaristas. En cada una de las etapas de formación en el seminario, el aspecto académico es gradual y le proporciona a los alumnos las herramientas necesarias para su futuro ministerio sacerdotal.

Un riesgo que corre el seminarista durante su formación en el aspecto académico, corresponde en la creencia que el mismo alumno se hace, sobre la inutilidad de algunas materias o contenidos curriculares que recibimos en la formación: “Es verdad que las materias de estudio parecen muy lejanas de la vida cristiana real y de la atención pastoral. Sería un error plantear de entrada la cuestión en clave pragmática: ¿Me servirá esto en un futuro? ¿Me será de utilidad en la práctica pastoral?” (Benedicto XVI a los Seminaristas, 18 de Octubre del 2010), sin embargo conforme se avanza en la formación la visión va siendo más clara y completa.

Toda la formación académica del seminario se orienta hacia que los futuros pastores “estén maduros en la ciencia” y que su doctrina sea “medicina espiritual para el pueblo de Dios” (PO 19). Creo que se nos invita a descubrir el misterio de Dios y de hombre para dar una respuesta concreta, lógica, razonable pero sobre todo de 18 fe para los hombres de nuestros tiempos.

Edgar Fabián Cruz del Ángel