12 Sep 2015

HELLO! 1

“Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque de los que son como estos es el Reino de Dios” (Mc. 10,14) son las palabras que Jesús pronuncia en el evangelio y que dan una enseñanza de inocencia y sencillez a todos los que creemos en Él, para formar su Reino en este mundo.

Para hacer vida estas palabras de la Escritura, nuestro VI Congreso Eucarístico Nacional quiso también hacer partícipes a los niños de la alegría de estar celebrando a Jesús Eucaristía. Es así que una representación de niños de diversos colegios católicos de la ciudad de Monterrey fueron invitados a participar de 9 de la mañana a 1 de la tarde los días miércoles 9, jueves 10 y viernes 11 de septiembre, en las actividades litúrgicas y espirituales del CEN, así como de juegos y dinámicas propias de su edad para reflexionar y experimentar el amor de Jesús presente en la Eucaristía.

En el Congreso Eucarístico para niños o CEN Kids, como lo llamaron los seminaristas, participaron un total de 177 niños y niñas en tres días, quedando distribuidos de la siguiente manera: el día miércoles asistieron 53 niñas de tercero y cuarto grado de primaria de los colegios Mano Amiga “La Cima” y Ciudad de los Niños; el jueves fue el día con mayor asistencia, contabilizando 81 niños y niñas de primero y segundo grado primaria, estudiantes de los colegios Regio Contry y Mexicano.

Finalmente, el día viernes atendieron a la invitación 43 niños y niñas de quinto grado del Colegio Labastida. Algunos niños compartieron su experiencia con Jesús Eucaristía durante el CEN kids (video de entrevista).

Natali de 9 años nos platicó que le gusta platicarle a Jesús sobre su familia e invitaba a los niños y niñas a que recordaran que Él siempre está con nosotros. También Kyriat, de 10 años de edad, invitaba a que siempre siguiéramos a Jesús, sobre todo cuando tengamos dificultades. Asimismo Miguel Ángel, también de 10 años, nos compartió que hace 2 años realizó su primera Comunión y que lo que más le gustó de esa experiencia fue recibir a Jesús por primera vez en su vida con mucha ilusión, ya que él veía a sus primos, cuando iban a Misa, cómo pasaban a recibir a Jesús.

Entre las actividades que se realizaron se encuentran el rezo de Laudes y la Eucaristía, una visita guiada a la capilla del Santísimo Sacramento, momentos de animación, una representación con mimos, así como un rally llevado a cabo en los jardines del parque Fundidora.

La actividad fue llevada a cabo por un equipo de 16 seminaristas del Seminario Mayor, los cuales muy gustosos prepararon con esmero y generosidad este momento de catequesis y encuentro con Jesús en el Santísimo Sacramento para los niños.

Por: Darsving Ehrenzweig

12 Sep 2015

HELLO! 1

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y Presidente de la CEM, en el cuarto día del VI Congreso Eucarístico Nacional, en Monterrey.

Venerables hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, distinguidas autoridades, hermanos y hermanas todos, en el Señor.

Querido Pueblo de Dios, con motivo del VI Congreso Eucarístico Nacional, hemos sido congregados alrededor de la mesa de la Eucaristía como verdadera familia de Dios, conscientes de que es precisamente, del banquete Eucarístico, del Pan y la Palabra, de donde mana, como agua siempre viva y saludable, la fuente perenne de la gracia de Cristo, cuya “ofrenda de amor” se yergue como auténtica “alegría y vida de la familia y del mundo”.

Convocados, pues, por la voz del Padre celestial e impulsados por la fuerza del Espíritu Santo estamos a los pies del altar de Cristo para invocar su Santo Nombre y elevar, agradecidos, el cáliz de la salvación. ()Cf. Sal 115).

Como ambientación previa, durante varias semanas, y en comunión y participación de la Iglesias locales de nuestra Patria, se ha llevado a cabo un detallado programa de preparación pastoral para cada diócesis, con implicación de las tareas pastorales fundamentales y de las pastorales especiales, así como de los diversos grupos, movimientos y comunidades eclesiales.

Por otra parte, se ha acompañado esta preparación mediante reflexiones teológicas y pastorales, con el fin de “considerar, unánimemente, con mayor profundidad un determinado aspecto del Misterio Eucarístico” (RCFM n 109) que sin duda tienen su culmen en la propia Celebración litúrgica de la Pascua del Señor y en la Adoración del Santísimo Sacramento cuya pública veneración hace presente y fortalece los vínculos de caridad y de unidad (cf. Ib., 109) no solo al interno de la Iglesia sino también, como verdadero fermento de caridad y de unidad del mundo entero.

Queridos hermanos, el presente Congreso Eucarístico Nacional se viene desarrollando bajo el tema: “Eucaristía, ofrenda de amor: alegría y vida de la familia y del mundo”.

Un tema fuertemente evocado y provocante. Se pondera, con este tema, uno de los aspectos fundamentales de la Eucaristía. Sin duda, hemos de considerar la Eucaristía esencialmente como “ofrenda de amor”. A este respecto, en la exhortación postsinodal Sacramentum caritatis, el Santo Padre Benedicto nos recuerda que el Misterio eucarístico “es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre” (n.1). De hecho, hemos escuchado, en la primera lectura, de San Pablo que con toda parresia declara: “Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1Tm 1,15). Y esta salvación ha sido posible gracias a la ofrenda que el Señor Jesús ha hecho de sí mismo, a la oblación de su propia vida, de su Cuerpo y de su Sangre.

La ofrenda, por lo tanto, que se presenta en el altar del Señor y ante si trono glorioso, ya no es, como lo exigía la primera Alianza, la de un “cordero macho, sin defecto, de un año” (cf. Ex 12,5). Ahora se trata de la ofrenda de la Sagrada Humanidad del Hijo de Dios. Hermanos, confesión de fe innegable es que la Persona divina de Nuestro Señor Jesucristo es la que se ofrenda, en sacrificio de amor, todos los días en la Santa Misa.

Esta verdad la tiene presente el autor de la carta a los Hebreos: “En cambio, Cristo…. penetró en el santuario una vez para siempre, no presentando sangre de machos cabríos ni de novillos, sino su propia sangre” (Hb 9, 11-12). Y San Pedro así lo expresa en su primera Carta: “Y sabed que no habéis sido rescatados… con algo caduco, con oro o plata, sino con la Sangre preciosa de Cristo, cordero sin tacha y sin mancilla” (1Pe 1, 18-19).

La Eucaristía es la ofrenda en Persona del mismísimo Hijo de Dios, Cristo, Señor nuestro. Y su ofrenda es perfecta ofrenda de amor. “En el Sacramento eucarístico –dice el Papa Benedicto-, Jesús amándonos “hasta el extremo”, hasta el don de su cuerpo y de su sangre” (SC, 1).

No es posible que fuera de otra manera, el amor, si es digno de llevar ese nombre, ha de ser amor hasta el extremo. Y el amor del Señor Jesús que es amor divino, con mayor razón es un amor indefectiblemente “hasta el extremo”. El Señor Jesús nos ama sin medida, sin condición, sin reproche, sin mérito nuestro. Se ha entregado en sacrificio solo por amor: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida… Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla” (Jn 10, 17- 18).

Así, el Señor Jesús, en la ofrenda concreta de su vida, nos precede y nos indica el camino: el amor auténtico exige el sacrificio y es capaz de la ofrenda total a favor de la persona amada, el amor auténtico no le teme a la prueba ni a la tribulación. “El amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo supera” (1Co 13,7). Mientras no se llega a la prueba de fuego del “dolor” por el ser querido, el amor aún es incierto. Pero si ese amor es capaz de soportar –y triunfar sobre- penas y sinsabores, de compartir la enfermedad, la tristeza, la angustia o el miedo, de encarar incluso la traición y la infidelidad, entonces sí que puede ser considerado un “amor hasta el extremo”. Hasta el punto de dar la vida por quien se ama (cf. Jn 15,13).

De este modo, en el seguimiento del ejemplo oferente de Cristo se nos indica –con radicalidad evangélica-, a cada uno como persona y a todos como familia, un camino de vida nueva. El amor del Señor Jesús es amor de gratuidad, amor de perdón, de reconciliación y de paz, amor de misericordia y de oblación plena.

Esta plenitud de amor constituye hoy, en el contexto celebrativo del VI Congreso Eucarístico Nacional, una verdadera fuente de “alegría y vida para la familia y el mundo”. Cada persona, cada familia, el mundo entero, está llamado a comprender la altura y profundidad de semejante amor (cf. Ef 3, 18) y, a vivir conforme el modelo de este amor divino, oblativo, cuyo referente único es Cristo, el Señor (cf. Jn 13,34).

En este momento crucial de la historia del mundo y de México, nuestra Patria, quiero proclamar en nombre de Dios que sólo en la vivencia, concreta y cotidiana del amor a ejemplo de Cristo, podrá la familia y el mundo experimentar una profunda y verdadera reconstrucción. Ofrenda de amor de Cristo será alegría y vida para la familia cuando en la familia, todos; los padres, los hijos, los hermanos, los esposos imiten y configuren su vida con tamaño amor. Sólo en el amparo de este amor eucarístico, los esposos, hombre y mujer, podrán vivir su amor en fidelidad y respecto; los hijos vivirán su filiación en obediencia, honra y ayuda a sus padres; los hermanos serán capaces de convivir en auténtica fraternidad, fuera de envidias, egoísmo u orgullos; los esposos guiarán en disciplina y ternura a sus hijos.

Este es el único camino, -el del amor eucarístico-, mediante el cual, la familia, podrá ofrecer los frutos que le corresponden a su identidad y misión en el mundo, conforme el proyecto designado por el Padre desde la creación del mundo. Jesús nos ha dicho hoy en el Evangelio: “No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Casa árbol se conoce por sus frutos” (Lc 6 43-44). Y la sagrada Escritura atestigua que los frutos, buenos o malos, brotan del corazón del hombre: “Porque de dentro del corazón de los hombres, salen las intensiones malas, fornicaciones, robos, asesinatos, adulterio, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidias, injurias, insolencia, insensatez. Todas estas maldades salen de dentro y contaminan al hombre” (Mc 7, 21-23).

Pues bien, par que en todo tiempo y momento, y máxime en los momentos de mayor adversidad, los frutos, sean de bondad, y no de maldad, la familia y el mundo hemos de realizar nuestra vida en el camino del amor oblativo, del amor eucarístico de Jesús.

Al vivir el amor eucarístico en familia, los frutos serán sorprendentemente distintos. La familia vivirá en “alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí” (Gal 5, 22-23). “Pues los que uno siembre, eso cosechará… el que siembre para el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna” (6,7-8). Hermanos, con la fuerza de la Eucaristía, con la fuerza de esta “ofrenda de amor”, no nos cansemos de hacer el bien. Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, así la familia vivirá en plenitud de alegría y vida.

Plenitud que sólo se encuentra en el amor oferente de Cristo Jesús. María Santísima de Guadalupe, la Madre del verdadero Dios por quien se vive, la Madre del Amor oferente, sostenga, defienda y guíe las familias de nuestra amada Patria para que cada una de ellas viva en fidelidad y coherencia el proyecto de amor que el Padre de toda bondad ha designado que ellas realicen. Y así, la Eucaristía sea fuente de alegría y vida plena para cada familia y cada persona de esta bendita tierra, amparada por la presencia privilegiada de la Madre de Dios.

11 Sep 2015

HELLO! 1

El Seminario de Monterrey está participando de muchas y variadas maneras en el VI Encuentro Eucarístico Nacional (CEN). La Schola cantorum (escuela de los cantores) nos ha acompañado durante todo el CEN, el cual, es el coro de música formado por seminaristas y dirigidos por el Pbro. Alejandro Hernández, coordinador de la misma.

Actualmente está formado por 17 seminaristas de diferentes años de formación y su principal tarea es acompañar al Pueblo de Dios para tener una mejor experiencia espiritual, por medio de la música sacra en la liturgia.

Durante el CEN participarán en todos los oficios litúrgicos, en todas las misas y la oración de la Iglesia (la liturgia de la horas) tanto en laudes (la oración de la mañana) y las vísperas (la oración de la tarde).

La Schola Cantorum ha tenido alrededor de 3 ensayos de 2 horas por semana durante cerca de un mes, para estar preparados en la participación del CEN, dónde se han tocado piezas muy queridas por nuestro pueblo como “Tu reinarás”, “Que viva mi Cristo” y “Cantemos al amor de los amores” entre otros.

Para este congreso se ha compuesto un himno titulado: “Eucaristía, alegría y vida” creado por el director de la Schola, el Pbro. Alejandro Hernández, el cual, nos ha acompañado a lo largo de este magno evento.

11 Sep 2015

HELLO! 1

La Eucaristía es el tesoro más grande que custodia la Iglesia, pues ella misma es presencia real de Jesucristo entre nosotros, que se hace presente en nuestra vida diaria. Por su misma voluntad de quedarse con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Cf. Mt. 28,20) y queriéndolo hacer de una manera muy especial en las especies del pan y del vino (Cf. Mc. 14, 22-24; Mt. 26, 26-28; Lc. 22, 19-20) podemos sentirnos dichosos, acompañados, consolados… amados, al saber que su presencia verdadera está ahí, de una manera tan sencilla y accesible. Es por esta dulce compañía del Señor, que en el Congreso Eucarístico Nacional también se ha preparado una Capilla del Santísimo provisional, con confesionarios, en la sala F, a la cual puede acceder toda persona que quiera disfrutar de la presencia sacramental del Señor y hacer un momento de oración.

Al respecto Guadalupe de los Ángeles Rivera, de la parroquia San Juan María Vianney en Guadalupe, Nuevo León, nos compartió su testimonio: “la adoración eucarística es encontrarse con Jesús vivo, él está ahí realmente presente en el sacramento. Es encontrarme con un amigo, con alguien que me ama profundamente y alguien a quien puedo expresarle mi amor y confiar sin medida en Él, porque me escucha y obra. No permanece indiferente”. Sara Díaz de Tuxpan, Veracruz, nos compartió con palabras muy emotivas: “En la Adoración eucarística me encuentro con Jesús. Es el lugar donde puedo hablar con él, puedo pensar, decirle todo lo que siento, todo lo que tengo en el corazón. También pedirle por todo lo que necesito”. Juan Monroy Tovar, de Ecatepec, Edo. de México nos dirigió las siguientes palabras al salir de la capilla del Santísimo del CEN: “Para mí fue una emoción muy bonita estar ahorita con el Santísimo.

Una tarde maravillosa que me regaló. Vengo muy contento porque ahí platiqué con Él. Pasé a confesión y luego el padre me mandó al Santísimo a platicar con Él. Sentí un gran alivio, sentí que me desprendí de muchos de mis pecados. Me voy muy tranquilo. Sentí una alegría, una cosa bonita estar ahí con Él, dialogando, platicando”. Además Juan nos compartió que es el encargado de una capilla llamada san Judas Tadeo, donde cada martes hacen una Hora Santa por la noche.

Podemos decir que la presencia sacramental de Jesucristo en la vida del fiel católico tiene un gran valor espiritual, que repercute en sus vidas diarias, transformando su corazón al ponerlo ante el corazón misericordioso y amoroso de Jesús.

Que este VI Congreso Eucarístico Nacional nos ayude a todos los creyentes a revalorar la importancia de Jesús Eucaristía, que se encuentra presente en cada sagrario de cada parroquia del mundo, esperando a que nos acerquemos a Él a compartir, dialogar, expresar, pedir, agradecer, y sobretodo experimentar su infinito amor uniendo nuestro corazón al suyo en adoración.

Por: Darsving Ehrenzweig

10 Sep 2015

HELLO! 1

La Eucaristía se debe vivir con el espíritu limpio, con el corazón y el pensamiento sano y abierto al amor de Dios, esto sólo podemos lograrlo mediante la confesión, el regalo de Dios para purificar nuestra alma.

Muchos se preguntan el porqué debemos confesarnos, y por qué ante un sacerdote. La realidad es que nosotros como cristianos, como católicos hacemos lo que Dios nos dice en su Palabra.

El sacramento de la reconciliación nace directamente del misterio pascual, Jesús Resucitado se aparece a sus apóstoles y les dice: “Reciban el Espíritu Santo, a quienes les perdonen los pecados les quedaran perdonados”.

El perdón de los pecados no es fruto de nuestro esfuerzo personal, sino un regalo, el don del Espíritu Santo que nos perdona con la gracia y misericordia del Padre. La confesión que se realiza de forma personal y privada no debe hacernos olvidar su carácter eclesial. En la comunidad cristiana es donde se hace presente el Espíritu Santo que renueva los corazones en el amor de Dios y une a todos los hermanos en un solo corazón en Cristo, por eso no basta pedir perdón al Señor interiormente, es necesario confesar con humildad los propios pecados ante el ministro, el sacerdote quien es nuestro hermano representa a Dios y a la Iglesia.

La confesión es un don que cura el corazón y el pensamiento, a veces la pereza, la vergüenza o la pérdida del sentido del pecado hacen que se olvide su importancia, pero sobre todo el sentido del pecado que en el fondo es la pérdida del sentido de Dios. En cambio cuando nos dejamos reconciliar por Jesús encontramos la paz verdadera.

Recomendaciones para una buena confesión:

1º Realiza un examen de conciencia: Recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.
2º Dolor de los pecados y propósito de enmienda: Es un sentimiento o pena interior de haber ofendido a Dios. El propósito de la enmienda es una firme decisión de no volver a pecar y de evitar todo lo que pueda ser ocasión de cometer pecados.
3º Decir los pecados al confesor, el sacerdote: Debemos confesar todos los pecados mortales no confesados anteriormente. Con su número y circunstancias, conviene decir también los pecados veniales. El que calla por vergüenza la confesión de algún pecado mortal comete un grave pecado llamado “sacrilegio” y no se le perdonan los otros pecados cometidos. Si se olvida la confesión de un pecado mortal, la confesión vale, pero el pecado olvidado debe manifestarse en la próxima confesión.
4º Cumplir la penitencia: Cumplir la penitencia es rezar las oraciones y hacer las buenas obras que manda el confesor.

 

Por: Pbro. Oscar Lomelín y Dpto. de Comunicación Seminario de Monterrey.

09 Sep 2015

HELLO! 1

Se ha llegado el día, y siendo las nueve con quince minutos el Congreso Eucarístico Nacional da inicio con la celebración eucarística ofrecida por S.E. Monseñor Piero Marini, Presidente del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos.

En el cobijo de la palabra de Dios, S.E. Mons. Marini nos invita a renovar nuestra fe, a mantenernos sanos en espiritualidad alejando de nuestra vida y espíritu toda aquella enfermedad que nos pueda alejar del amor de Dios. “Renueva Señor en todos los hogares las maravillas de tu Espíritu” es así como en una sola voz Mons. Marini, Mons. Rogelio Cabrera López, Obispos de todo México, sacerdotes, religiosas, seminaristas, laicos y niños presentes pidieron con fervor al Señor, renovara nuestras familias, renovara nuestra fe y aumentara nuestro amor a Él.

Mons. Piero Marini nos comparte que el Congreso Eucarístico es una ocasión que “nos brinda a los fieles y sobre todo a los sacerdotes la oportunidad de profundizar en la comprensión de la oración y de las acciones que realizamos para aprender bien el arte del celebrar. Debemos reconocer todavía que todo esto no es suficiente, la Iglesia, nuestra madre nos enseña que la eucaristía espera ser vivida en el camino de la vida cotidiana.”

 

Por: Comunicación Seminario de Monterrey

09 Sep 2015

HELLO! 1

(Monterrey, México 2015) – Celebración Eucarística para la Apertura del Simposium Teológico

Lecturas Bíblicas: Col 3, 1-11; Sal 144; Jn 5,1-3.5-16

Hubo una fiesta.

El evangelista Juan, en el Evangelio que acabamos de proclamar, nos describe un escena que se desarrolla en Jerusalén. Él nos lleva a la parte norte de la ciudad, a la puerta de las ovejas donde había una piscina. El evangelista nos dice que Jesús subió a Jerusalén con motivo de una fiesta. Estamos, por tanto, en un contexto popular de alegría y de salvación. La fiesta para los hebreos y para nosotros los cristianos es siempre recordar las grandes obras que Dios ha hecho en favor de su pueblo. La fiesta es siempre una memoria, un recordatorio de lo que Dios ha realizado en el pasado, pero también a cuanto Él continúa haciendo en el presente por nosotros, es una invitación a renovar la fe en el Dios que nos salva.

El hombre es un enfermo

La mirada del Evangelista se detiene especialmente bajo el pórtico de la piscina donde yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos.

La masa de la humanidad que yace en la tierra está compuesta de “en-fermos”, estos es, la negación de estar sujeto, sostenido, es decir, de aquellos que no tienen pies, y no tienen acceso al templo (cf. 2Sam. 5,8). Perdieron su estar de pie directamente delante de Dios como sus interlocutores, están tendidos en la tierra, de la cual provienen y a la cual deben regresar.

La escena es típicamente evangélica. Si nosotros nos preguntamos: ¿Quién es el hombre según el Evangelio? La respuesta que el mismo Evangelio nos da es fundamentalmente una: el hombre es un ser enfermo. Tengamos presente que el Evangelio no habla del hombre en sentido filosófico, más bien en sentido existencial.

Para el Evangelio, el hombre es aquel que yace a un lado de la calle, es aquel que se encuentra ahí acostado al bajar de Jerusalén a Jericó. Todos los hombres que Jesús se ha encontrado estaban enfermos físicamente o espiritualmente. Y cuando alguno cree estar espiritualmente íntegro, como el joven rico (Mt. 19, 16-22) en su encuentro con Jesús descubre su enfermedad escondida. He ahí porque una de las imágenes características de Jesús es la del médico. “Jesús en realidad –como dice Pedro en casa de Cornelio- pasó haciendo el bien y curando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” (Hch. 10, 38).

De acuerdo al Evangelio, la enfermedad no solo es algo físico, sino algo más profundo. La enfermedad constituye una disminución de la esperanza de vida, de aquella plenitud a la cual el hombre se siente llamado dese siempre. Estar enfermo, para el Evangelio, significa por lo tanto, estar en crisis con nosotros mismo, a tal punto de no poder comprender exactamente quiénes somos, ni poder comprender nuestras relaciones con los demás, ni con el mundo que nos rodea. La enfermedad pone en juego el sentido de la vida de una persona.

Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. El Evangelio no nos habla de un hombre enfermo, más bien de un hombre que llevaba treinta y ocho años viviendo con su enfermedad. A nosotros no nos interesa saber cuál era la enfermedad que tenía aquel hombre. Nos interesa que hacía muchos años que vivía con su enfermedad. Y este hecho nos concierne a todos. ¿Quién de nosotros no tiene una serie de límites o de enfermedades con las cuales ha convivido a lo largo de los años? Es cierto, estamos convencidos que debemos dar un paso adelante, que debemos tener en nuestra vida más disponibilidad y más espíritu de servicio. Sin embargo hace tanto tiempo que vivimos con nuestros defectos que es difícil cambiar. Sabemos que el Evangelio nos muestra el camino de la alegría, de la santidad, del verdadero significado de nuestras vidas, sin embargo, cuando nos encontramos ante una renuncia, cuando hay un precio a pagar, una acción que nos cuesta, no siempre tenemos el valor de decidir, de desapegarnos.

Jesús toma la iniciativa.

Hoy, frente a nuestra enfermedad el Señor Jesús, como una vez en Jerusalén, toma la iniciativa y nos dice: “Levántate y anda”. Donde resuena la palabra de Dios, ahí renace la creación. El mandato de Jesús no es más que la continuación de la acción creadora de Dios. Jesús es el único que hace nuevamente bella la creación, que nos purifica. Es Él que sana a todos aquellos que están bajo el poder del demonio, porque Dios está con él (cf. Hch. 10, 38). De hecho, la curación que Jesús hace es siempre una curación integral. Aquel que es curado, en realidad, no está enfermo solo físicamente, sino también espiritualmente: “no peques más para que no te suceda algo peor”.

El hombre curado va con los judíos a decir que era Jesús el que lo había curado. ¿Fue a hacerle de espía? ¿Fue a justificarse? La culpa no es mía es de aquel que me dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. El Evangelio no nos lo dice.

Nos gusta más pensar que el hombre fue con los judíos a dar un testimonio verdadero, que él en realidad, ha sido un auténtico testimonio de la salvación del Señor, que él fue con los judíos para decir: que aquello nuevo y positivo que le ha sucedido en su vida es obra del Señor Jesús.

Vivir la liturgia que celebramos.

La descripción del Evangelio de Juan ocurrió en el contexto de una fiesta. Hoy las palabras de Jesús: “Levántate y anda”, resuenan de nuevo en el contexto de una fiesta, estamos en el inicio del Simposium del VI Congreso Eucarístico Nacional de México.

Como el hombre del Evangelio, también nosotros solemos tener el hábito de vivir con nuestras enfermedades espirituales. Hoy el Señor nos invita a asumir nuestras responsabilidades como hijos de Dios. Sí, con su ayuda también nosotros podemos levantarnos y retomar el camino del testimonio.

En esta celebración, mientras se acerca a nosotros el médico divino, nos damos cuenta que la Eucaristía, aunque la debemos recibir purificados de nuestros pecados, no es el sacramento de los justos, sino la ayuda para nosotros pecadores. Al momento de la comunión, después de haber dicho: “Señor yo no digno”, alzamos nuestra mano hacia el pan sagrado y nos dejamos tomar de la mano del Señor Resucitado. Quien nos repite: “Levántate y anda”.

Él viene para ayudarnos a salir delante de las dificultades en que nos encontramos, para continuar con un entusiasmo renovado el camino de nuestra vida de fe. Nosotros, en realidad, estamos seguros que “el gran río de la santidad de la Iglesia siempre encuentra su origen aquí, siempre de nuevo, del corazón de Cristo, de la Eucaristía, de su Espíritu Santo.” (Papara Francisco, OR, 28.V.2014 p.8)

El Congreso Eucarístico es una ocasión que nos brinda a nosotros los fieles y sobre todo a los sacerdotes, la oportunidad de profundizar en la comprensión de las oraciones y de las acciones que realizamos, para aprender bien el arte de celebrar. Debemos reconocer todavía que todo esto no es suficiente. La Iglesia, nuestra madre, nos enseña que la Eucaristía espera ser vivida en el camino de la vida cotidiana. Vivir de la liturgia que se celebra significa vivir de aquello que la liturgia hace vivir: el perdón invocado y donado, la palabra de Dios escuchada, la acción de la gracia puesta en relieve, la Eucaristía recibida como comunión.

De la celebración de la Eucaristía debemos aprender que el futuro de nuestra vida sacerdotal, lo digo por mí, por los sacerdotes ordenados, y también por todos los laicos aquí presentes, el futuro de nuestra vida sacerdotal no depende solo de cómo celebramos la liturgia, sino más bien de la forma en que sabemos vivir de la liturgia que celebramos.

01 Sep 2015

HELLO! 1

El Papa Francisco nombró hoy a su enviado especial para el VI Congreso Eucarístico Nacional de México. Se trata del Arzobispo Emérito de Santiago de Chile, Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa.

El VI Congreso Eucarístico Nacional de México se realizará del 9 al 13 de septiembre en la ciudad de Monterrey, bajo el tema “Eucaristía, ofrenda de amor: Alegría y vida de la familia y del mundo”.

En el evento participarán como ponentes, entre otros, el Arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López; el Nuncio Apostólico en México, Mons. Christophe Pierre; el Arzobispo de México; Cardenal Norberto Rivera Carrera; el Arzobispo de Morelia, Cardenal Alberto Suárez Inda y el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Francisco Robles Ortega.

El Congreso Eucarístico Nacional de México de este año tiene como patronos a Nuestra Señora de Guadalupe, San José, San Pascual Bailón y los Santos Mártires Mexicanos.

Para más información sobre el evento, puede ingresar a su sitio web oficial: http://www.cen2015.com/

 

 

Con información de ACI Prensa

24 Ago 2015

HELLO! 1

Hemos iniciado las clases.

Al igual que cualquier estudiante, gran parte de nuestra formación la dedicamos al estudio de distintas disciplinas, principalmente el estudio de la filosofía, la teología y las humanidades. El lunes 17 de agosto del 2015, iniciamos las clases en el Seminario de Monterrey. En el Seminario Mayor de Monterrey, las clases dan inicio a las 8:45 a.m. y terminan a la 1:40 p.m., teniendo un receso de 30 minutos. Dentro de la jornada académica, el Seminario recibe a distintos sacerdotes, laicos y religiosos para impartir las distintas clases curriculares, donde se busca que los maestros estén capacitados para enseñar y para dejar huella en los futuros sacerdotes.

El Seminario cuenta con el “Instituto de la Arquidiócesis de Monterrey” (IAM) siendo ésta la institución qua avala los distintos estudios que se realizan, además, el Instituto no solo ofrece formación académica para los seminaristas, sino que cuenta con la preparatoria tanto para hombres como para mujeres, en las instalaciones del Seminario de San Pedro (Seminario Menor); al igual que distintos Diplomados y Licenciaturas para cualquier persona interesada en el estudio de nuestra Iglesia.

El estudio es un área importante en nuestro Seminario, por ese motivo, el Seminario da distintos espacios para que los seminaristas podamos ampliar nuestra cultura y nuestro criterio al momento de realizar algún juicio y desarrollar la capacidad para transmitir la Palabra de Dios y el Magisterio a las distintas comunidades con las que tenemos contacto.

A veces se puede llegar a creer que el Seminario invierte mucho tiempo al área intelectual, es decir al estudio y las clases; pero esto se debe a una necesidad cultural. Hoy en día nuestra sociedad avanza a pasos exorbitantes y los avances tecnológicos son una de las causas de estos cambios, por esta razón, los seminaristas debemos cultivar nuestras mentes para estar a la altura de todos estos acontecimientos y así poder ofrecer una respuesta, desde la fe y la razón, a todos los fieles de nuestra comunidad.

 

Por: Adrián Garza Morales.

22 Ago 2015

HELLO! 1

En este fin de semana comenzamos en nuestro Seminario de Monterrey la experiencia del apostolado, somos enviados por Jesús a proclamar la buena nueva de Cristo.

El objetivo de nuestro Seminario será el llevar el rostro de un Cristo alegre, disponible, abierto a toda persona que necesita ser acompañada y escuchada; y más en realidades vulnerables donde se experimenta la desigualdad y la injusticia.

El apostolado nos llama a ser profetas en un pueblo que muchas veces se queda callado ante el dolor de la enfermedad, del encierro de las cárceles, de las esquinas de los chavos banda, ante la discriminación por quien tiene una capacidad diferente, o simplemente están excluidos de la dimensión de la fe. Todos compartimos un llamado y este llamado se llama vocación.

Hoy salimos alrededor de doscientos seminaristas con mucha alegría, dispuestos más que a “convencer” a ser partícipes de las grandezas del Reino; a crecer como agentes vocacionales y decirle al mundo que tiene un llamado a la santidad de vida y a la respuesta ante la propuesta de Dios en cada ser humano, salimos los seminaristas con la antorcha prestada por el mismo Jesús a vivir en la caridad y la verdad, a conocer realidades nuevas y renovarnos en la fe.

En esta etapa nos proponemos trabajar en diversas áreas de pastoral de nuestra arquidiócesis; con los enfermos, los encarcelados, con drogadictos, con los chavos banda, con indigentes, los migrantes, etc. Todos estos frentes serán un reto y horizonte para sensibilizarnos en la fe y en la respuesta a un llamado que Dios nos hace, a seguirlo y a estar con Él.

Reto importante también será la vocacionalización de nuestro ejercicio pastoral; todos somos llamados a participar de manera específica en la proclamación del Reino de Dios, y todos compartimos este llamado, un compromiso será que desde nuestra alegría podamos contagiar lo que Dios hace en nosotros, que es formarnos en un corazón sacerdotal.

Hoy salimos los jóvenes que queremos ser sacerdotes, que queremos compartir el llamado al que nos sentimos llamados e incluir a toda persona que Dios nos presente, tal como dice el Papa Francisco “Cristo nos presenta su pueblo para que lo ayudemos en la misión de evangelizar”, este es el reto ayudar a Cristo a evangelizar en el llamado que nos hace.

¡TU PUEDES SER PARTE DE ESTA MISIÓN, ORA POR NOSOTROS Y PARTICIPA DEL PROYECTO DE DIOS!