03 Abr 2020

HELLO! 1

Nos encontramos viviendo uno de los desafíos más fuertes de los últimos tiempos en la historia de la humanidad, han sido días de incertidumbre, de desesperanza donde a veces nuestra fe ha entrado en crisis.

Que interesante es la historia, que nos ayuda a reflexionar; es curioso que cuando el ser humano se ha sentido más capaz, más autosuficiente, es cuando se han visto las grandes pestes, las grandes epidemias. Esto debe ayudarnos hacer una profunda reflexión sobre nuestra vida, sobre nuestra existencia. Somos seres frágiles, seres de polvo, no somos tan autosuficientes ni tan capaces, no tenemos en nuestras manos el destino del mundo ni el ritmo del tiempo. Sin embargo; nada está perdido, es un tiempo de crisis que nos debe ayudar a ser más fuertes, nos debe ayudar a confiar más y a ser mejores cristianos, mejores ciudadanos y mejores católicos.

¿Por qué sentimos miedo? El miedo es un sentimiento muy natural de los seres humanos, que sale a flote cuando estamos en una situación de inseguridad o incertidumbre, pero el miedo no de predominar en aquel que cree en algo que es superior a nosotros. El que confía no teme y el que no teme camina, avanza, construye y da testimonio en tiempos de dificultad.

Estamos a unos días de iniciar la Semana Santa, el tiempo litúrgico que recuerda y actualiza los acontecimientos más importantes de nuestra redención; la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Este año todo será diferente, pero debe ser un buen momento de renovación personal y comunitario, debe despertar en nosotros el sentido de la fe y la adición a nuestra Iglesia. Este año no saldremos en procesión con ramos en nuestras manos, pero desde el interior de nuestras casas si podemos proclamar a Jesús como el rey de nuestra vida y de nuestra familia; quizá no contemplaremos el signo del lavatorio de los pies durante la misa del jueves santo, pero si podremos servir a los que viven en casa; no besaremos la cruz durante el viernes santo, pero si podremos contemplar aquella cruz que cuelga en la cabecera de nuestra cama, y ver en ella la profundidad del misterio que sigue floreciendo en nosotros los cristianos. Este año no encendernos el cirio pascual, pero si encendernos la flama de la fe, la esperanza y la caridad.

Durante estos días donde somos sacudidos por una fuerte tormenta, acudamos a los pies del maestro y pidamos su ayuda y su protección, para que a pesar de la tormenta que sacude la barca de nuestra existencia, encontremos la paz y la calma, y así como contemplaremos al Señor glorioso y resucitado, seamos testigos; que la muerte, la desolación o la enfermedad no tienen las última palabra. Pues la última palabra ya fue dada por Jesús con su muerte y resurrección.

Que la Virgen Santísima sea nuestro ejemplo de fortaleza y que ella nos ayude en estos momentos de adversidad. Recuerda nada está perdido, pronto vendrá la calma.

Héctor Elías Morales Montes.
2do. de Teología

20 Mar 2020

HELLO! 1

¿Estás luchando con algún pecado?
Existen pecados de los cuales parece que no podemos liberarnos, que con el paso del tiempo van generando en nosotros sentimientos de culpa y una gran desesperación; hemos orado, nos hemos acercado a los sacramentos, y sin embargo siguen ahí, no podemos librarnos de esas cadenas. Todos nosotros en algún momento de nuestra vida hemos pasado por algo así, pero no te preocupes, es algo normal, pues forma parte integral de nuestra vida espiritual. Hoy quiero presentarte un arma que es muy poderosa: El Ayuno.

Si quieres derrotar un pecado que te ha esclavizado y llenar de energía tu vida espiritual, toma la santa arma del ayuno, porque lo dijo Jesús: “hay demonios que no pueden ser expulsados sino con ayuno y oración” (Mateo 17, 21).

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia nos ha enseñado la necesidad de llevar una vida ascética. Esta práctica no es solo para los sacerdotes y los monjes, sino para todo cristiano. El ascetismo es el negarse a sí mismo con el fin de tener el propio control. Es muy necesario para todos debido a nuestras pasiones, los deseos de la carne, los cuales llamamos concupiscencia, ya que muchas veces somos llevados por estos deseos en formas en las que apenas logramos controlar.

Por medio de la gracia, podemos vencer nuestros ímpetus y vivir como hijos de Dios, exentos del pecado, ya que este nos conduce a la muerte eterna. Nos encontraremos en la libres de nuestras pasiones haciendo que mueran a través de la práctica del ascetismo, específicamente, el ayuno. El ayunar nos ayuda a someter ese potro salvaje y someterlo con una brida de auto control.
¿Y cómo puedo incluir el ayuno en mi vida?
El primer paso para ayunar es obedecer el cuarto mandamiento de la Iglesia, ayunar los Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, abstenerse de carne los viernes y observar el ayuno eucarístico (no comer o beber una hora antes de la comunión).

Ayuna del pecado
Ayunar de alimento no sirve de nada sino está acompañado de ayuno de pecado. San Basilio nos da el siguiente consejo en lo que se refiere al ayuno:
“Debemos ayunar de manera aceptable y agradable al Señor. El verdadero ayuno es alejarnos de la maldad, la templanza de la lengua, abstinencia del enojo, separación de los deseos, las calumnias, las falsedades y las injurias. Privarnos de todo esto es el verdadero ayuno.”

Incrementa tu oración
Ora para controlar tus pasiones, suplica continuamente para que la gracia de Dios fluya en tu alma, ruega por las virtudes en las que necesites madurar, y pide por la fuerza para librar la batalle espiritual.

¡Cuidado con el orgullo!
Recuerda que el ayuno es solo una herramienta, que se basa en una donación de amor para Dios y a nuestro prójimo. No lleguemos a creer que somos superiores a otros solo porque ayunamos, o pensar que el ayuno es la meta como tal. Porque el ayuno nunca es el fin, no nos hace perfectos o más espirituales que otras personas.

No olvidemos que, si desatendemos el ayuno, nuestra vida espiritual continuará siendo mediocre. Estaremos débiles en el combate de nuestras pasiones, caeremos fácilmente a la tentación. Pidámosle al Señor su gracia para ser fuertes en la batalla espiritual para que podamos resistir las tentaciones del maligno. No hay mejor forma de comenzar este entrenamiento espiritual que a través de la práctica del ayuno.

¡Que Dios los bendiga!
Jesús Emmanuel Garza Torres
1ero de Filosofía

13 Mar 2020

HELLO! 1

En toda vocación, la comunicación o el diálogo es un elemento indispensable para que ésta pueda madurar y crecer. Cuando éste componente es débil o simplemente no existe, se corre el riesgo de dar pasos frágiles. En su vida cristiana, el hombre debe comprender la importancia, pero sobretodo, la necesidad que tiene el diálogo con Dios, porque a parte de haber sido creado para vivir unido a Él, también fue hecho para vivir comunicándose con Él y esto se puede propiciar mediante la oración.

La oración es esa correspondencia o relación que tiene el ser humano con Dios a través del diálogo. El hombre, todos los días vive diversas experiencias que lo marcan ya sean de tristeza, de alegría, de miedo, de sufimiento, de éxito, de prosperidad, etc, y que lo deben de impulsar a adherirse más a Él y no alejarse o separarse.

En las Sagradas Escrituras podemos encontrar auténticos diálogos entre Dios y los hombres, dirigiéndose a ellos e indicándoles el camino de la vida. En el Antiguo Testamento podemos encontrar el caso de Ana (1S 1, 9-18) una mujer que experimentaba la aflicción de ser estéril y que le ha provocado una crisis, pero no se queda con los brazos cruzados, ni se deja hundir por el pesimismo y la desesperación, sino que lo resuelve de cara a Dios, hasta lograr su atención. Dios no ignora esta actitud de fe, y a la vez, de abandono en Él, y responde concediéndole un niño. Dios no se limita a darle sólo lo que ella le pidió, le da aún más, porque más tarde ese niño se convertiría en el caudillo del pueblo de Israel. Ana no olvida agradecerle a Dios por el don recibido (1 Sam 2, 1-10), producto de un corazón que se siente atendido y que ha experimentado la misericordia y el auxilio de Dios.

Otro ejemplo lo podemos encontrar en el libro de Ester cuando el pueblo de Israel corría el riesgo de ser exterminado. La reina no se siente capaz de defender a su pueblo, pero encuentra la fuerza en la intervención que ella hace por el pueblo de Israel, al pedirle al Señor que Él fuera su auxilio y ayuda, y de ésta manera manifiesta a la vez, su pobreza espiritual: “¡Señor mío, Rey de todos nosotros, tú eres único! Ayúdame, pues estoy sola; fuera de ti, no tengo a nadie que me ayude; estoy en gran peligro” (Est 4, 17). Por medio de la oración, Dios nos comunica su gracia y su valentía.

Dios siempre escucha el corazón del hombre y siempre está dispuesto a tenderle la mano. Nunca debemos olvidar que fuimos hechos para vivir en comunicación con Dios y la oración siempre nos va a dar la garantía de una vida fortalecida por la ayuda de Dios.

Aldo de Jesús Hernández Hernández
2do de Filosofía

26 Feb 2020

HELLO! 1

“En el tiempo de la gracia te escucho, en el día de la salvación te ayudo. Pues mirad: ahora es el tiempo de la gracia ahora es el día de la salvación” (2 Cor 6,2).

Pocos tiempos litúrgicos, en su retorno anual, habrían dejado tan profunda huella como la Cuaresma en el pueblo cristiano. Este ha sido de verdad uno de los «tiempos fuertes», resultado de una larga historia multisecular por haber convocado a la “milicia cristiana” para la puesta a punto de las armas de la luz, para luchas contra nuestro enemigo el diablo.

En efecto, la Cuaresma que nosotros celebramos es una síntesis de un triple itinerario ascético y sacramental: la preparación de los catecúmenos al bautismo, la penitencia pública y la preparación de toda la comunidad cristiana para la Pascua. La Cuaresma es, entonces, un verdadero acto sacramental puesto a disposición de toda la comunidad cristiana para que reviva y renueve cada año el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios, que un día se realizó en el bautismo de cada uno.

El tiempo de Cuaresma dura desde el Miércoles de Ceniza hasta las primeras horas de la tarde del Jueves Santo. La misa de la cena del Señor pertenece ya al Triduo Pascual. La Cuaresma descansa sobre los domingos, denominados I, II, III, IV y V de Cuaresma, y el Domingo de Ramos, el último en la pasión del Señor.

El sentido de la Cuaresma cristiana se puede resumir así: la Cuaresma nos introduce en la celebración, cada año más intensa, del Misterio Pascual de Cristo.

Para Cristo, el Misterio Pascual es su paso triunfal de la muerte a la Vida. El misterio total de la Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión. Es el paso (Pascua), el gran suceso de la historia, el acontecimiento salvador por excelencia. Acto vital y dinámico del Dios poderoso, que nos salva de la muerte por la muerte de su Hijo, y nos introduce en la vida por la Vida nueva en Cristo.

Para nosotros, el Misterio Pascual es la participación en la muerte, resurrección y ascensión de Cristo. Se trata de que también nosotros pasemos, que nos incorporemos al tránsito pascual de Cristo, cada año más profundamente. Este es el eje de toda la historia de la salvación: que lo que se ha cumplido en Cristo-Cabeza se cumpla en todos sus miembros.

La Cuaresma no es, pues, fin es si misma; sino que culmina y se perfecciona en la Pascua. El proceso pascual decisivo para cada cristiano se realiza en tres tiempos morir al pecado y al mundo; morir al egoísmo, que ya es estrenar nueva existencia; celebrar con Cristo el nacimiento a la nueva vida; y vivir con nueva energía y entusiasmo como niños recién nacidos. No se trata de “instruirnos” sobre la Pascua sino de “iniciarnos” en su Misterio.

Por lo tanto, podemos concluir que la Cuaresma es un tiempo de gracia, para hacer una introspección de nuestra vida cristiana, con el propósito de afianzar nuestra condición y dignidad de hijos de Dios. La penitencia, el ayuno y la caridad nos ayuden a forjar nuestro espíritu para amar con mayor libertad a Dios y a nuestros hermanos.

Héctor Elías Morales Montes
2do. de Teología

15 Feb 2020

HELLO! 1

La vocación a la vida consagrada, es fruto del amor, de la oración, de la fe transmita en la comunidad de familia, amigos, grupos de apostolado, parroquia. Cada espacio en el que se vive y fomentan los valores cristianos del Evangelio, es tierra fértil en la que nacen vocaciones al sacerdocio.

Los seminaristas necesitan de nuestro apoyo económico y nuestra oración, para continuar con su formación al sacerdocio. Por eso, durante el mes de Febrero, visitan las parroquias de la Arquidiócesis de Monterrey para solicitar su colaboración en nuestra «Colecta Anual».

Éste año, la Colecta Anual se realizará los días 15 y 16 de Febrero, en las zonas de la 1 a la 6, y los días 22 y 23 de Febrero, en las zonas de la 7 a la 13. Todo lo recaudado, es destinado a la manutención y formación académica de los seminaristas.

Recibimos donativos en efectivo o vía electrónica. En algunas parroquias del área metropolitana, habrá personal del Seminario de Monterrey debidamente identificados, recibiendo su donativo vía electrónica.

Si te encuentra con algún seminarista, salúdalo, pídele que te cuente cómo se dio cuenta qué quería ser sacerdote. Su camino de elección no es fácil, pero los lleva a encontrar la plenitud entregando su vida a Dios.

Febrero, mes del Seminario, y tiempo de agradecer a cada uno de ustedes, su oración y su amor.

17 Ene 2020

HELLO! 1

El misterio de Cristo en cada uno de los tiempos del año litúrgico nos mueve a manifestar con nuestra propia vida la obra de Cristo a través de sus palabras, gestos y acciones, al proclamar como Asamblea Litúrgica, su Pasión, Muerte y Resurrección, es decir, el evento salvífico que ha marcado la vida de aquellos hombres y mujeres que se han acogido al anuncio de la Buena Nueva.

Después de habernos preparado al acontecimiento de la Navidad, como cristianos debemos seguir caminando para fortalecer nuestra vida espiritual a través de la Palabra, la Eucaristía y las obras de misericordia, siendo una comunidad orante que se reúne para la espera de la nueva venida del Señor (Mons. Guido Marini).

La liturgia del Tiempo Ordinario se vive con la actitud de la esperanza, que anticipa la gloria futura, y que renueva la experiencia con “Jesucristo, ayer, hoy y siempre” (Hb. 13, 8). Dentro del año litúrgico tenemos dos momentos en los cuales nos dejamos conducir por la gracia de este «tiempo ordinario» y que acrecienta nuestra relación con la Trinidad y la experiencia en la esperanza de la vida eterna; el primero, entre el tiempo de la Navidad y la Cuaresma; y el segundo, después de la Pascua hasta antes del Domingo I de Adviento, constituyendo 34 semanas de las 52 que conforman el año civil, y en la cuales, vamos caminado juntos como Iglesia, anunciando y proclamando la obra salvífica de Cristo, bajo sus enseñanzas y palabras que se manifiestan en la misma vida litúrgica de este tiempo. Es decir, “la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza” (Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 10).

Hemos de recordar que este tiempo, por el hecho mismo de ser “ordinario” no significa que sea menos importante o que no tenga la misma fuerza que los otros tiempos litúrgicos (Navidad, Pascua, etc.…),sino al contrario, la vida litúrgica de cada uno de los tiempos se complementa para armonizar el misterio de Cristo en orden a la Santidad y la Salvación.

Leonardo Rafael Castro Solís
Primero de Teología

12 Dic 2019

HELLO! 1

“Non fecit taliter omni nationi” (No ha hecho cosa igual con las demás naciones) fueron las palabras con las que Su Santidad Benedicto XIV tituló la bula que emitiera el 15 de marzo de 1754, donde aprobó el título de la “Santísima Virgen María de Guadalupe” patrona principal de la nación mexicana y estableció su fiesta el 12 de diciembre de manera solemne y oficial. Así como aquella madrugada del 12 de diciembre de 1531, cuando la Señora del cielo visitó de manera especial nuestra nación. A partir de ese día el pueblo de México; comprendió que contaba con la protección maternal de la mismísima Madre del Hijo de Dios por quien se vive.

Han pasado casi 500 años de aquel prodigioso acontecimiento, aquella imagen que aún contempla y es contemplada por miles de fieles, ha cautivado a los últimos Pontífices de la Iglesia, ha inspirado a grandes poetas, músicos y escritores. Pues su misteriosa pero tierna mirada, tiene un imán que cautiva y nos inspira el amor de una madre. La aparición de Virgen de Guadalupe es uno de los más profundos misterios de nuestra fe popular, su imagen es fácil encontrarla en todas partes, porque el pueblo de México y de algunos otros países tiene un afecto especial por ella.

Es evidente que hoy en día, nuestra nación atraviesa por un momento de crisis, las estructuras sociales cada vez están más complicadas, de igual modo la Iglesia también vive esta crisis, y y esto me pone a pensar en el esfuerzo de los primeros misioneros, que comenzaron a evangelizar estas tierras. Por ejemplo: el primer obispo de México Fray Juan de Zumárraga, a quien le toca ser de los primeros testigos en contemplar la prodigiosa imagen. Con la aparición de Guadalupe, la fe dio un giro de 360°, el número de bautizados creció de forma extraordinaria y la fe se extendió rápidamente. En aquellos años, también la Iglesia y el pueblo atravesaba por una crisis, pero Ella vino a nuestro encuentro, para llevarnos a su Hijo.

Hoy es un buen día para recurrir a sus manos amorosas y dejarnos contemplar por su mirada. La veneración a la Virgen de Guadalupe ha despertado en el pueblo, una grande y fuerte confianza que nos une a ella, ya que siempre se presenta diligente y solicita para darnos auxilio y defensa en nuestras dificultades. En ella podemos encontrar un impulso para practicar la caridad cristiana, pues en María existe una predilección por los más pobres y los más humildes. Nunca olvidemos que es nuestra madre, la madre de todos y cuando estemos en necesidad recurramos a ella, pues siempre está dispuesta a remediar nuestras angustias.

¡Santa María de Guadalupe, salva nuestra patria y conserva nuestra fe!

Héctor Elías Morales Montes
2do. de Teología

08 Dic 2019

HELLO! 1

En ocasiones podemos llegar a sentirnos desanimados por las dificultades que se nos presentan en el día a día y pensar que la santidad es algo imposible. Claro que no es un camino sencillo, pero sí lo podemos alcanzar. La Virgen María nos puede ayudar, siendo nuestra guía e intercesora, y para esto vale la pena que partamos observando el dogma de la Inmaculada Concepción.

Creer que María fue concebida sin pecado original es estar seguros de que Dios quiere salvarnos, pues Él la dotó de los dones necesarios para cumplir la misión que le sería encomendada, la de ser madre del Mesías. Ciertamente, la mujer que recibiría esta encomienda, tendría que ser digna y estar preparada para llevar en su vientre y en sus brazos a Aquel que nos permitiría vivir la redención. Por eso, María, por gracia de Dios, nació sin mancha alguna y decididamente vivió cada uno de sus días sin cometer pecado alguno, cumpliendo la voluntad de Dios. Es así cómo en ella podemos ver que es posible llegar a la santidad, a ser inmaculados purificados por la gracia del Altísimo. Pues, ¿por qué Dios querría que su Hijo viniera a la Tierra si no es por la causa más noble, la redención del hombre? y, ¿por qué le concedería el ser concebida y vivir sin mancha alguna a una mujer, sino es para que tomándola como instrumento dócil, el resto de la humanidad pudiera algún día gozar de dicha gracia, de la pureza del alma?

Es, entonces, así que tenemos que estar seguros que podemos llegar al cielo y ¡que estamos llamados a vivir allí eternamente! Nuestra vocación más grande es ser santos, y ¡claro que podemos serlo! ¡Inclusive desde hoy! Obviamente es algo difícil, cuesta esfuerzo y el poner en práctica nuestros dones, vivir en oración y en completa disposición a la voluntad divina, pero ¡María nos enseña que sí es posible! Y lo logramos con ese “Sí” diario, que demostramos disponiendo nuestra alma a escuchar a Dios y actuando con amor. Digamos cada día “Hágase en mí según tu palabra.” y vivamos alegres de vivir de la mano de la gracia del Señor.

Diego Andrés Treviño Almaguer
1ero. de Filosofía

06 Dic 2019

HELLO! 1

Tener a alguien como modelo es esforzarse por imitar y reproducir en sí mismo aquello que contemplamos en otro. María es modelo de la Iglesia tal cual lo expresa la constitución dogmática “Lumen Gentium”: “como ya enseñaba san Ambrosio, la Madre de Dios es figura de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo”.

Partamos de estos aspectos para descubrir en qué sentido María es modelo de la Iglesia. La fe responde a la revelación de Dios, que consiste en fiarse plenamente de él (CEC 142). Para contemplar a María como modelo de fe, hay que recordar el pasaje de la Anunciación; María responde afirmativamente al mensajero de Dios: “hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1 38) y se fía completamente en el Señor.

Veamos ahora a María como modelo de caridad. Por la caridad amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (CEC 1822). Después de la Anunciación, María se pone en camino a la casa de Isabel (Lc. 1, 39). Al quedar llena del Espíritu Santo, ensanchó su corazón hasta la dimensión del de Dios y la impulsó por la senda de la caridad. Así, su corazón queda insertado en el dinamismo de la Santísima Trinidad. Esta caridad, que en María es perfecta se convierte en modelo de la caridad de la Iglesia, como manifestación del amor trinitario (Deus Caritas est, 19).

Por último, María es modelo de unión con Cristo. “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre…” (Jn. 19, 25). El “fiat” de María dado en la Anunciación, crea los lazos de madre e hijo, entre Jesús y ella. Pero, este “sí” se prolonga hasta el sufrimiento en el calvario, es ahí donde queda unida íntimamente a Cristo, no solo como madre, “sino antes aún como sierva humilde y obediente” (Benedicto XVI).

Preguntémonos ahora qué tanto imitamos el ejemplo de María en nuestras vidas, ¿tenemos puesta nuestra confianza en Dios? ¿Amamos a Dios y a nuestro prójimo a semejanza de María? ¿Unimos nuestro corazón al de Cristo tal cual lo hizo María hasta en el sufrimiento de la cruz? Pidamos al Señor nos de su gracia, para imitar en nuestras vidas las virtudes de María, que constituye para la Iglesia su propia imagen más auténtica (Benedicto XVI).

Erick Alfonso Rivera Ortiz
2do. de Filosofía

01 Dic 2019

HELLO! 1

El Adviento, es un tiempo litúrgico de preparación espiritual para la Fiesta de la Navidad del Señor (25 de diciembre) que dura cuatro semanas. La palabra Adviento es una palabra que vive del latín “Adventus” que significa “la llegada”. Se usaba entre los romanos para anunciar la llegada victoriosa del emperador.

Nosotros los cristianos, nos preparamos precisamente para la llegada de Jesucristo a nosotros, a nuestras vidas, a nuestra historia. De tal manera que la misa de cada domingo va disponiendo nuestro espíritu, para una celebración cristiana de la navidad, el nacimiento del Sol que nace de lo alto.

Cuando vamos a recibir alguna visita importante en nuestra casa, ponemos especial cuidado en limpiarla y arreglarla, con mayor razón cuando sabemos que vendrá mucha gente por tener alguna fiesta. El Adviento es precisamente un tiempo y una oportunidad para arreglar y disponer nuestro espíritu que será la casa espiritual en la que recibiremos a Cristo Jesús. Las celebraciones litúrgicas del Adviento nos irán orientando en nuestra preparación espiritual y cristiana.

Recomendaciones para vivir este tiempo:
• Hay que velar para que no dormirnos en nuestros propios vicios.
• Hacer oración.
• Participar con suma diligencia y devoción en las celebraciones litúrgicas.
• Hagamos una o algunas obras de caridad. Recuerda que la caridad no solo se trata de regalar cosas, sino también compartir una palabra de aliento, una sonrisa. ¡Asegurémonos de demostrar que Dios vive en nosotros!
• Ante todo esto, levantemos la cabeza y fijemos la mirada, veamos los esfuerzos y las luchas continuas de tanta gente buena que se organiza, trabaja, y lucha por un mundo mejor, sostenida por la fe. ¡Incorporémonos y formemos parte de esa gente buena!

Tres actitudes para vivir el Adviento:
1. Esperanza: este tiempo nos invita a esperar. Nosotros esperamos la aparición gloriosa y definitiva de nuestro Señor Jesucristo. La esperanza es una virtud cristiana que debe marcar este tiempo de Adviento.
2. Atención o vigilancia: “Velen, manténganse firmes en la fe, sean hombres, sean fuertes” (1 Co 16, 13). Debemos estar pendientes, dispuestos y atentos, esperando al Señor.
3. Alegría: para muchos, estos tiempos son tiempos tristes y difíciles, pero los cristianos debemos luchar por estar alegres, sin olvidar que nuestra alegría está en el Señor. La llegada de Jesús nos debe animar y alegrar, como a Juan el Bautista que salta de gozo en el seno de su madre (Lc 1, 42-55).

Que este tiempo nos ayude a ser mejores cristianos, a seguir siendo luz que ilumina a los que viven en oscuridad. Que la solemnidad de la Navidad nos recuerde el gran misterio de nuestra redención, preparemos nuestra mente, nuestro corazón y nuestro espíritu para vivir con intensidad este tiempo de Adviento. Cuidemos el no mundanizar este tiempo, y nunca olvidemos su verdadero sentido.

Que la Virgen María primicia del Adviento, nos ayude a caminar atentos y listos para la segunda y definitiva venida de Jesús, nuestro Señor.

Héctor Elías Morales Montes.
Segundo de Teología