07 Jun 2019

HELLO! 1

Si te preguntaran qué es lo primero que te viene a la mente cuando escuchas la palabra familia ¿qué contestarías?

En lo personal cuando yo escucho la palabra familia pienso en mis padres, hermanos, cuñadas, sobrinos, como un todo. Como ese regalo que Dios me ha dado, pues es ahí en donde he crecido en lo humano y en lo espiritual. Y ahora desde hace siete años que comencé la formación sacerdotal, tengo una nueva familia espiritual: mis hermanos seminaristas y padres formadores con los cuales comparto el día a día de nuestra vocación.
Nosotros como cristianos tenemos un modelo de familia de la cual podemos aprender de sus valores e imitar en sus virtudes, me refiero a la Sagrada Familia integrada por Jesús, José y María.

De las primeras imágenes que tengo en mi memoria de la Sagrada Familia, es cuando de niño, mis papás me llevaban junto con mis hermanos a rezarle al niño Dios en la Navidad, y me llamaba la atención las figuras de cerámica de José y María por su tamaño, considerablemente grande y que contrastaba con la pequeñez del niño Dios (Jesús). A mi parecer esos padres de cerámica, por su tamaño grande e imponente, eran capaces de cuidar y proteger a ese recién nacido. Esos pensamientos infantiles no estaban muy distantes de la realidad, pues en los evangelios se narra cómo José protege a Jesús, huyendo a Egipto junto con María para librar al niño de la muerte a manos de Herodes (cfr. Mt 2, 3-15).

En la actualidad es preocupante la baja el número de cristianos que optan por unir sus vidas a través del sacramento del matrimonio. Tal vez exista un temor al compromiso a largo tiempo o es probable que hayamos sido testigos del fracaso de algunos matrimonios. Como Iglesia, necesitamos alentar a los jóvenes a que unan sus vidas mediante el sacramento del matrimonio, que su unión forme familias santas y sagradas como la familia de Nazaret.

Todos necesitamos de una familia, de su cobijo, de su amor, pidamos a Dios por intercesión de la Sagrada Familia, que libre a las nuestras del descalabro moral y humano. Y que como Iglesia, podamos ofrecer espacios de acompañamiento y asesoramiento sobre cuestiones relacionadas con el crecimiento del amor y la superación de los conflictos. (cfr. Amoris Laetitia cap. 2)

Miguel Ángel Colchado
2do. de Teología
Revista San Teófimo No. 142

05 Jun 2019

HELLO! 1

El 31 de mayo “fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María” el pueblo de Dios, junto a su pastor Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey, se congregaron en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, para celebrar el 55 aniversario de la Coronación Pontificia de Nuestra Señora del Roble Patrona de la Arquidiócesis de Monterrey.

El Sr. Arzobispo en su homilía recordó a los fieles la actitud de la Virgen María al visitar a su prima Isabel: “Esta visita debe ser modelo de las buenas relaciones humanas; pero más aún, debe ser modelo de la evangelización que todos estamos llamados a llevar acabo”; así mismo, exhortó a dar prioridad a nuestros hogares, pues es allí donde se vive la experiencia de la primera comunidad.

Antes de concluir su homilía, felicito a los seminaristas por la ya casi conclusión del ciclo escolar 2018-2019, recordándonos que la misión no sólo se ha de desempeñar en las comunidades parroquiales, sino en cada uno de los hogares de nuestras familias.

Un aspecto que hay que resaltar; es la profunda devoción de muchos fieles a la protección de la Virgen del Roble. Éstas expresiones populares, son realmente un lugar de encuentro y abandono de los fieles, que buscan el favor y la intercesión de la Santísima Virgen María en su advocación del Roble. En palabras del Papa Francisco en su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” (la alegría del evangelio) habla de la Piedad Popular afirmando que “es «una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros»; que conlleva la gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar.

«El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador». ¡No coartemos ni pretendamos controlar esa fuerza misionera! (E.G. #124).

Así pues damos gracias a Dios, que nos ha permitido confiar nuestra vocación a la poderosa intercesión de la Santísima Virgen del Roble.

Héctor Elías Morales Montes
Primero de Teología

17 May 2019

HELLO! 1

Los días 18 y 19 de mayo, los alumnos del Seminario de Monterrey presentaremos la obra de teatro “Dos arcas, una salvación” durante nuestra kermés anual, en dos funciones, 5:00 y 8:00 pm.

La obra de teatro es una tradición en el Seminario de Monterrey. la música es compuesta por los seminaristas; así como las letras de las canciones. Antes se presentaban dos obras por año, una en noviembre y la otra en mayo, ahora se ha unificado en una sola fiesta (mayo) para hacerla más grande.

La organización de la kermés, varía dependiendo de la creatividad de los seminaristas encargados, buscando siempre que nuestros invitados disfruten de un ambiente sano. Éste año en la kermés hemos incluido espacio para el baile, con música de sonora (sábado) y grupera (domingo).

No nos hemos olvidado de lo importante que es dar gracias a Dios por estos momentos de convivencia, y el domingo 19 de Mayo a las 4:00 p.m. tendremos la Celebración Eucarística presidida por Mons. Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey.

Si me preguntaran por qué hacemos este evento, les contestaría una sola cosa: para agradecer a tantos fieles que apoyan con su generosidad y cariño en la formación de los futuros pastores del pueblo de Dios.

Por último quisiera mencionar, que esta gran celebración se hace en torno a la fiesta de san José Obrero, que conmemoramos el pasado primero de mayo. De esta manera le ofrecemos nuestro trabajo a Dios por manos de san José, quien es uno de nuestros patronos, y le pedimos por el aumento de vocaciones a la vida sacerdotal.

Ojalá que quien asista a esta kermés pueda disfrutar de un buen rato en compañía de su familia y pueda integrarse a la gran familia del Seminario de Monterrey, ofreciendo a Dios junto con los seminaristas su oración por el aumento de vocaciones.

Ya lo saben ¡Están todos invitados!
¡Los esperamos!

Alexis de Jesús Hernández
Segundo de Teología

09 May 2019

HELLO! 1

Los obispos mexicanos han elaborado un “Proyecto Global de Pastoral” (PGP) en el cual se nos propone, presentar a Jesucristo vivo y resucitado, llevando el mensaje de nuestra redención a todos los hermanos y hermanas que se han olvidado de este acontecimiento, mirando la situación de nuestro pueblo.

Nos hace bien, hacer un estudio serio sobre la situación actual de nuestro país, de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia. Hoy en día, es común que escuchemos a muchos hermanos nuestros que dicen: no creo, no sé o simplemente les es indiferente contemplar, vivir y celebrar los misterios de nuestra redención. Los motivos de este alejamiento de lo sagrado, pueden ser muchos. En el PGP, se nos habla de una crisis antropológico-cultural, en donde la humanidad está siendo bombardeada por muchas situaciones, ideas o “modas” que van llevando a los hombres y mujeres a una crisis del sentido, provocando la indiferencia hacia el prójimo, la migración, la violencia, etc.

Durante el tiempo de Cuaresma, tiempo de gracia favorable para reconciliarnos con Dios y acercarnos a Él, nos preparamos para contemplar, vivir y celebrar el acontecimiento fundante de nuestra fe: la resurrección gloriosa de nuestro Señor Jesucristo. Es una oportunidad para volver nuestra mirada hacia Jesús, pero no podemos verle como un personaje simplemente histórico, su pasión, muerte y resurrección no pueden ser vistos como un hecho del pasado, porque Jesús está vivo. Con la resurrección de Cristo se nos confirma la palabra dada por Dios, para Él nada es imposible. Esto también es redención, lo interesante es que está redención es para todos.

La Pascua es la fiesta de la luz, es fiesta de victoria, fiesta del amor. Celebrarla nos ayuda a llevar esa luz, esa victoria y ese amor, a aquellos lugares donde todo parece estar obscuro, donde todo parece estar perdido, transmitiendo el amor aquellos que sienten o son rechazados por los sistemas y las ideologías de este mundo. Pues «En la humanidad glorificada por Jesucristo Resucitado está también la nuestra. Esta es la raíz de nuestra esperanza; celebrar su Pascua es vibrar con el misterio de su resurrección» (PGP 126).

Todos nosotros formamos parte de una comunidad de bautizados, es la Iglesia la fiel testigo de este acontecimiento glorioso, por lo tanto, nosotros como miembros de esta comunidad debemos testimoniar con la propia vida este acontecimiento. La Iglesia es consciente de que ha sido redimida, pero también es consciente que es peregrina y que debe anunciar este acto redentor, es por lo tanto tarea de todos llevar a la humanidad al encuentro pleno con Dios donde radica la causa y el fin de los hombres.

Héctor Elías Morales Montes.
Primero de Teología.
Revista San Teófimo No. 141

02 May 2019

HELLO! 1

Martha ya era una mujer entrada en años, aquella tarde que su amiga tocó a la puerta de su casa en Betania.
– ¿Quién es?
Preguntó, mientras ladraba el perro.
– Soy yo, Susana

Martha abrió la puerta. Recibió a su amiga con una sonrisa y un beso. El perro olfateó y, en seguida, comenzó a agitar la cola.
– La paz del Señor te acompañe. Hace tanto tiempo… Qué gusto volver a verte Susana.
– Sí, ha pasado mucho tiempo desde la última vez… ¿Cómo has estado?
– Bien, el Señor es bueno conmigo. Mis hijos ven por mi, en la familia nos cuidamos y mi marido me dejó esta pequeña casa. No me falta nada. Y tú, ¿cómo estás?
– Bien, también. El Señor cuida de mi. Aunque la muerte de Santiago, no deja de hacerme pensar tantas cosas. En parte, por eso he querido venir a verte.
– Pasa, siéntate.

Martha, trajo un poco de agua fresca, pan y algo de comida que colocó sobre la mesa. No sabía exactamente qué era lo que Susana quería platicar, aun y cuando mencionó la muerte de su hijo mayor, Santiago. Esa fue la última ocasión que se vieron; poco más de un año atrás. Las amigas fueron entrando en confianza y en un ambiente de intimidad. Recordaron los tiempos de juventud, a los hijos, la familia. Pasó cerca de una hora, hasta llegar al tema que Susana quería tratar. Se animó, entonces, a decir:

– Tú sabes, Martha, que yo también sigo el Camino y he aprendido mucho sobre Jesús de Nazaret; cosas que ustedes mismos me contaron y otras que los apóstoles y los hermanos anunciaron con claridad. Pero quisiera preguntarte algo sobre la resurrección, a ti, que estuviste tan cerca de esta experiencia de manera anticipada, a causa de lo que Jesús hizo con Lázaro.
– Sí, fue algo impresionante no sólo para nosotras, sino para todos los cercanos a la familia. Pero, anda, dime, ¿qué quieres preguntar en concreto?
– ¿Qué pensaste? ¿Qué sentiste cuando el Señor resucitó a Lázaro? ¿Creyeron que ya no iba a morir? ¿Qué la vida de tu hermano sería distinta? Porque Lázaro, a fin de cuentas, volvió a morir. Igualmente, ¿qué experiencia viviste cuando María, tu hermana, también murió?
– Para empezar, es verdad que, entre la gente del pueblo, no faltó quien pensara que Lázaro no moriría jamás, pero no, si la resurrección fuese una llana inmortalidad, sería terrible.
– Es verdad, Martha. Los seres humanos somos mortales y debemos morir.
– Imagínate, Susana, si alguien fuera inmortal en el tiempo, en un momento dado no tendría ningún contemporáneo, ningún amigo de la infancia, no vería a ninguno de los que formaron parte de su historia. Habría soledad sin afectos. ¡Qué tristeza! No es lo mismo revivir, como mi hermano, que resucitar.
– Martha, después de la crucifixión de Jesús, ¿qué pasó por tu mente cuando escuchaste por primera que el Señor estaba vivo y se dejó ver para sus discípulos?
– Mira, Susana. Varias veces, María, Lázaro y yo nos sentamos a platicar acerca de la muerte y la resurrección. Recordamos que Jesús dijo, el día que nos visitó tras la muerte de Lázaro: “yo soy la resurrección y la vida…”. E inmediatamente después, le ordenó que saliera del sepulcro. Ambas cosas, su palabra y su acción, cobraron otro sentido con la resurrección del Señor. Ni siquiera yo había entendido del todo mis propias palabras, aquel día, cuando le respondí: “ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Él cambió todo… ¿Si me doy a entender?
– Si, Martha. Caigo en la cuenta que él también había dicho que convenía que se fuera, para que el Espíritu abriera nuestro entendimiento y pudiéramos recordar.
– Sí, Susana, Él es la Resurrección y la Vida, el primogénito de entre los muertos.
– Y, ¿cómo viviste la muerte de tu hermana?
– Tú conociste bien a María, ella se sentó muchas veces a los pies del Maestro para escucharlo, lo amaba. Después de la muerte y resurrección del Señor, su vida transcurrió con una paz y una alegría que se traslucía en sus ojos. No era sólo un recuerdo sin presencia, pues al poco tiempo se hubiera convertido en vacío. Era su presencia real, vislumbrada ahora por la fe, pero también animada por el recuerdo y la historia de su amistad. Ella entendió perfectamente el nuevo modo de presencia de su Señor, siguió experimentando su cariño, su ternura, su amistad, su misericordia y su comprensión. También nosotros lo vivimos en medio de la comunidad, en medio de nuestras familias y en nuestra relación íntima con él.

– Ay, Martha, tenía que oírlo de ti. ¡Qué alegría!
– Tengo la certeza de que mis hermanos, mi marido y tu hijo Santiago están vivos. Siguen siendo los mismos, pero ahora con una existencia a plenitud, superando las fronteras materiales, en comunión con Dios y con los demás hermanos. No están en un lugar neutro y anodino, como pudiera entenderse el Sheol, sino que habitan donde los vínculos del amor y el conocimiento son plenos.
– Y desde aquí podemos pensar en ellos y su felicidad…
– ¡Sí! Y no sólo eso, nuestros hermanos nos siguen amando, vivimos en su corazón. No resultan accesibles a nuestros sentidos, pero por nuestra fe en Jesús resucitado, tenemos la certeza de establecer una auténtica relación con ellos, sintiéndonos acompañados, en muchas ocasiones dialogando con ellos, siendo acogidos por su afecto.
– ¿Algunas veces platicas con tus hermanos Martha?
– No los invoco, como quien invoca un espíritu, pidiendo que vengan a esta temporalidad material; sino que, desde el misterio de la fe orante, bajo a la eternidad silenciosa de mi corazón, haciendo que llegue a ser en este tiempo, la eternidad que ellos testimonian para siempre, mientras llegue la hora en que me encuentre nuevamente con ellos junto al Señor.

Pbro. Dr. Hugo Chávez
Director Espiritual del Instituto de Teología.
Revista San Teófimo No. 141

26 Abr 2019

HELLO! 1

El anuncio de la resurrección es el núcleo de nuestra fe, es por ella que miles de hombre y mujeres han fijado su mirada a Cristo.

Jesús con su muerte se vuelve el mejor ejemplo de entrega por los demás, y el mensaje de Cristo no concluye en la cruz; sino, que se desborda con un acontecimiento divino que llena de alegría y esperanza a toda la tierra, ¡CRISTO HA RESUCITADO! y no podemos esconder este hecho.

Jesús una vez resucitado se aparece a sus apóstoles y les dice: “Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad” (Mc 16,15). Es Él la Buena Noticia, Él es nuestra alegría porque con su sacrificio nos ha demostrado, cuánto Dios ama al hombre y cuánto desea y anhela que estemos con Él. En la actualidad se sigue escuchando el grito de todos los discípulos de Cristo que anuncia con entusiasmo la Buena Nueva, que entregan su vida a diario por Jesucristo, nuestra esperanza.

Los seminaristas, estamos convencidos que este anuncio es de suma importancia para todos, que existen personas que ignoran o desconocen cómo Dios nos ha amado, y esa es nuestra misión. Proclamar que, Él es el camino que anunciamos, y que queremos ser imagen de Cristo en esta sociedad que cada vez trata de separarse más de Dios.
Salgamos a predicar con nuestras palabras y acciones que Cristo ha resucitado y que Él es nuestra alegría.

¡Contamos contigo!

Alfredo Cantú Leal
Curso Propedéutico
Revista San Teófimo No. 141

22 Abr 2019

HELLO! 1

Cada año celebramos en nuestra Iglesia la fiesta de la Pascua de la Resurrección del Señor, una celebración de profundo gozo que nos recuerda el gran amor que Jesús nos tiene y que motiva nuestro peregrinar en la vida fortaleciendo nuestra vida de fe. Pero pensemos, ¿qué nos dice este acontecimiento a cada uno de nosotros en lo más profundo de nuestros corazones?; ¿qué significa que el Señor haya resucitado después de su sacrificio para darnos vida? Cada uno de nosotros podremos responder a estos cuestionamientos partiendo de las experiencias muy particulares en la vida.

Para mí, como seminarista, celebrar la Pascua me emociona el corazón, siento cómo una vez más Jesús me abraza con fuerza y me anima a seguir con alegría el camino que me propone; me recuerda que cada día tengo la oportunidad de amar sin medida, de entregarme a los demás en el servicio, de abrazar el dolor de quienes lo padecen, de ser santo. Ese sacrificio dado una vez y para la salvación de los hombres de todos los tiempos no ha sido en vano, sino que me llena de vida para yo poder dar vida a los demás.

La Pascua del Señor me recuerda el compromiso que tengo de compartir con mi testimonio el mensaje salvífico de la Cruz, que siendo para todos, me compromete a llevarlo a los corazones en donde aun no ha sido escuchado, siendo yo así un medio a través del que pueda brillar la luz de Cristo que vive y que quiere llegar a todos los rincones del mundo para dar esa Vida que sólo mediante Él podemos experimentar.

Que en esta Pascua podamos descubrir frente a Jesús aquello que quiere decirnos con su resurrección, participando del inmenso gozo que este gran acontecimiento trae a nuestras vidas.

Patricio Rico Villarreal.
2do. de Filosofía.
Revista San Teófimo No. 2019

19 Abr 2019

HELLO! 1

Al llegar la Pascua, vestimos de blanco el altar y los ornamentos del sacerdote, retomamos el ambiente de fiesta y regocijo porque Jesús nos ha salvado, y por eso, celebramos su misericordia, celebramos su ascensión al cielo y el envío de su Espíritu Santo.

No obstante de que la Pascua dura 50 días, podemos decir que todos los domingos del año, sin importar si es tiempo Ordinario, Adviento o Cuaresmal son profundamente pascuales, porque celebramos siempre la muerte y resurrección del Señor. En misa, las palabras del sacerdote nos lleva en tiempo, momento y día en que “Cristo nuestra Pascua, fue inmolado”, convirtiéndose en una invitación constante a vivir todo nuestro año como si fuera Pascua. Es decir, con la alegría de sabernos salvados del pecado, siendo redimidos por Cristo, restaurados en la dignidad de hijos de Dios, recuperando lo que habíamos perdido por causa dDespués de la Cuaresma y la Semana Santa, celebramos la Pascua. Periodo de cincuenta días en que celebramos el momento más grande de nuestra fe: la resurrección del Señor.

La palabra Pascua significa “salto”, o bien “paso”, y hace referencia a la narración que nos cuenta el libro del Éxodo, donde Dios va pasando de casa en casa en la última plaga de Egipto, con la muerte de los primogénitos, y se salta aquellas casas que tienen en el marco de la puerta la marca de sangre de un cordero. En el Nuevo Testamento, la Pascua o el “salto” lo hace Jesús en lugar nuestro, muriendo, saltándonos el castigo merecido por nuestro duro corazón.

En nuestros días, la Pascua comienza con el canto de Gloria en la celebración de la Vigilia Pascual, el Sábado Santo por la noche, y se extiende hasta la fiesta de Pentecostés. Eso nos hace concluir que, no podemos llegar a la Pascua y vivirla en modo y forma adecuados, si no hemos pasado por el camino de la escalada cuaresmal. Los 40 días que anteceden a la Pascua son el preámbulo de preparación para la experiencia de Jesús resucitado. ¿Y qué significa esto?

Que si es mi deseo encontrarme en la Pascua, con sincera alegría y especial devoción, he de haber vivido la cuaresma con el mismo propósito. Una va de la mano de la otra. Durante la Cuaresma, reflexionamos sobre nuestra vida, y cómo la hemos vivo, meditamos sobre el paso de Dios en ella y el efecto que nos produce, buscando ir cambiando aquellas cosas que en la reflexión propia, percibimos que no están del todo bien. De tal manera que, al llegar a la Pascua podamos resucitar junto con Cristo a una vida nueva.

Al llegar la Pascua, vestimos de blanco el altar y los ornamentos del sacerdote, retomamos el ambiente de fiesta y regocijo porque Jesús nos ha salvado, y por eso, celebramos su misericordia, celebramos su ascensión al cielo y el envío de su Espíritu Santo.

No obstante de que la Pascua dura 50 días, podemos decir que todos los domingos del año, sin importar si es tiempo Ordinario, Adviento o Cuaresmal son profundamente pascuales, porque celebramos siempre la muerte y resurrección del Señor. En misa, las palabras del sacerdote nos lleva en tiempo, momento y día en que “Cristo nuestra Pascua, fue inmolado”, convirtiéndose en una invitación constante a vivir todo nuestro año como si fuera Pascua. Es decir, con la alegría de sabernos salvados del pecado, siendo redimidos por Cristo, restaurados en la dignidad de hijos de Dios, recuperando lo que habíamos perdido por causa de Adán; y vencedores de la muerte en Cristo Jesús. ¿No es acaso todo eso, el motivo suficiente para estar alegres todo el año?

¡Celebremos la Pascua de Cristo, todos los días!

Jesús Pablo Saldívar Castillón / 3ero. de Teología
Revista San Teófimo No. 141

12 Abr 2019

HELLO! 1

Seguramente conoces a algún seminarista, y sabes que va de apostolado, tiene exámenes, tareas, clases de lunes a viernes, momentos de convivencia, retiros, Adoración Eucarística, Misa todos los días y que le gusta el café. Pero, ¿qué hará en su tiempo libre? ¿tiene tiempo libre?

En lo personal, me hacía esa pregunta desde que estaba en el Proceso Vocacional, y de pronto escuchaba rumores, pero nunca pude conocerlo tan cerca como hoy.
En el Seminario tenemos un horario que nos va marcando las actividades de nuestro día: levanto, baño, Laúdes, espiritualidad matutina, Misa, desayuno, aseos, clases, descanso, deporte, estudio, espiritualidad vespertina, Vísperas, cena y Completas; el cual varía dependiendo de la etapa de la formación.

Pero, pareciera muy mecanicista leer esto ¿no?, de hecho, siempre está la tentación de hacerlo una rutina, que tratamos de evitar descubriendo que Dios se manifiesta de diferente manera cada día. De hecho, “el tiempo libre” nos ayuda a no caer en una rutina. Este tiempo es favorable porque podemos dedicarlo a nosotros mismos, a Dios y al prójimo.

Hay muchas actividades que solemos hacer los seminaristas en este tiempo. Por ejemplo, a algunos compañeros les gusta ensayar algún instrumento como piano, guitarra o acordeón; a otros les gusta ir al gimnasio o correr alrededor del Seminario. Hay quienes, prefieren leer o tomar un café con los amigos, estudiar, hacer tareas pendientes, dibujar o diseñar en la computadora. A unos, simplemente les gusta descansar y otros mas hiperactivos buscan su pasatiempo, jugar “la reta” de básquetbol, fútbol y voleibol, o buscar momentos de espiritualidad para leer la Biblia, orar o visitar a Jesús Sacramentado.

Pero lo más importante e interesante de todo esto, no es hacer tal o cual actividad; sino que todo lo que hacemos es formativo, y nos ayuda a crecer como seres humanos y cristianos; claro, y también a despejar nuestra mente para retomar fuerzas para el resto del día.

Por cierto, te comparto un consejo, que solemos hacer nosotros: has de tu jornada una oración. Todo lo que hagas ofrécelo a Jesús por tu santidad y perseverancia en cualquier camino por el cual estés cruzando. Orar no sólo con palabras, también con trabajo.

Edgar Omar Lara Zavala
1o. de Filosofía

04 Abr 2019

HELLO! 1

Estamos en la Cuaresma un tiempo que muchos católicos aprovechamos para hacernos propósitos de ser mejores, de combatir algún pecado, de hacer más oración etc. Quizá si somos sinceros con nosotros mismos, podemos darnos cuenta que no es tan fácil, que en muchos propósitos no hemos perseverado, o que incluso hemos caído en el pecado que en un principio queríamos combatir, y esto a veces nos hace sentirnos tristes y desanimados.

El hacernos propósitos en Cuaresma es sin duda algo bastante bueno; sin embargo no podemos reducir este tiempo litúrgico solamente a eso. La Cuaresma es también, un tiempo de descubrir y experimentar el amor misericordioso de Dios.

A veces cometemos el error de pensar que debemos ser buenos, hacer oración, y no cometer pecados para que Dios nos pueda amar, y nos frustramos porque no lo logramos. Siendo que Dios nos ama incondicionalmente a pesar de nuestras fragilidades y errores, y es precisamente descubriendo y experimentado este amor incondicional el que hace posible nuestra conversión.

El amor es el que nos cambia, así que no tengas miedo de empezar otra vez. Cuando tu conciencia te diga que has dañado tu relación con Dios, acude lo más pronto posible al sacramento de la reconciliación. Confiesa todos tus pecados con humildad, como cuando cuándo vas al médico y le expresas todos tus síntomas, no tengas miedo de mostrarle tus pecados y heridas al sacerdote. Escucha con atención los consejos que te dará y por último, experimenta el abrazo misericordioso de Dios, que borra tus pecados, sana tus heridas y te da la fuerza para seguir luchando.

Estas palabras de San José María Escrivá siempre me dan mucho ánimo: “Son santos los que luchan hasta el final de su vida: los que siempre se saben levantar después de cada tropiezo, de cada caída, para proseguir valientemente el camino con humildad, con amor, con esperanza.” FORJA 186

André Alejando Muzquiz Salazar.
1o. de Teología.