El Seminario de Monterrey nació el 19 de diciembre de 1792 por decreto de don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés, tercer obispo de Monterrey. Su nacimiento se sustentó en tres bases jurídicas: la romana, según lo mandado por el Concilio de Trento; la real, debido al Derecho de Patronato; y la diocesana, ratificada por el 111 Concilio Mexicano.

A partir de 1917 el seminario estableció su residencia en la actual basílica de Nuestra Señora Del Roble, bajo la guía de los padres Juan José Hinojosa (Siervo de Dios), Pablo Cervantes Perusquía (Siervo dé Dios) y Fortino Gómez (arzobispo de Oaxaca). Posteriormente los alumnos residieron por la calle de Hidalgo.

En 1935 pasaron al anexo del templo de San Luis Gonzaga. Posteriormente, se trasladaron por un breve lapso de tiempo a casas (catorce domicilios), para regresar a San Luis Gonzaga antes de reubicarse al municipio de San Pedro en 1959, donde residió todo el seminario hasta 1995.

En 1983 se trasladó la experiencia del Curso Introductorio a una casa propia en Allende, Nuevo León. Doce años después, en 1995, el Seminario Mayor se trasladó a ciudad Benito Juárez, N.L.

Actualmente el Seminario Menor permanece en San Pedro al igual que el Curso Introductorio permanece en el municipio de Allende, N.L.

SAN TEÓFIMO: PATRONO DEL SEMINARIO

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En el transcurso de su historia, el seminario de Monterrey ha tenido varios patronos. En sus inicios fueron San Antonio de Padua y la Virgen María, bajo la advocación de la Asunción. Actualmente, el patrono del seminario es San Teófimo Mártir.

Los restos de San Teófimo llegaron al seminario en 1924. Fue en tiempos del Excmo. Sr. José Juan de Jesús Herrera y Piña, cuando el padre Rafael Plancarte Ygartúa, párroco de la Purísima, los consiguió para el seminario. Dichos restos los conservaban las religiosas Turquinas en Roma.

Los seminaristas vieron en San Teófimo un ejemplo a seguir, pues su figura los animó en los tiempos difíciles de la persecución religiosa en México.  Despertó en ellos la devoción a una vida entregada y sellada en Cristo con su sangre. Desde entonces San Teófimo es el patrono principal del seminario, compartiendo ese patrocinio con San José.

Actualmente los restos de San Teófimo se veneran en la capilla del edificio de rectoría, en el Seminario Mayor. La celebración de su fiesta es el 5 de noviembre y se conmemora con diversos eventos que involucran a la comunidad formativa, presbiterio, familiares y bienhechores.

EL SEMINARIO HOY

En el verano del 2005 el Exmo. Sr. Dn. Francisco Robles Ortega, arzobispo de nuestra Diócesis, vio a bien ejercer el cargo de rector de nuestro seminario, nombrando como nuevo vicerrector al Pbro. Gerardo J. Cárdenas Rodríguez.

Durante los siguientes seis años hasta febrero del 2012, el Excmo. Sr. Cardenal Dn. Francisco Robles Ortega, acompañó de cerca la renovación de las estructuras formativas del seminario. Dentro de las renovaciones más significativas se encuentran:

  • Elaboración de los itinerarios formativos, con objetivos, metas y actividades claras y bien orientadas para dar solidez a la formación de los futuros sacerdotes de manera gradual e integral.

  • Fomentar los planes de vida donde el alumno manifieste su compromiso y protagonismo en su propia formación debidamente acompañado.
  • La distribución de las divisiones (edificios habitacionales) por grupos académicos para favorecer el conocimiento, integración y fraternidad entre los compañeros de la misma generación.
  • Crear un ambiente de confianza, apertura y responsabilidad entre los formadores y alumnos y entre ellos mismos.
  • Reconocimiento de los estudios filosóficos y teológicos como licenciatura por parte de la Secretaría de Educación.

En el 2012, el Papa Benedicto XVI nombró como nuevo Arzobispo de Monterrey al Excmo. Sr. Dn. Rogelio Cabrera López y desde entonces preside nuestro Seminario.

En junio de 2013, el ahora Obispo de Linares, Monseñor Hilario González García es nombrado Rector de nuestro Seminario, hasta el 2015.

En diciembre de 2015, el Señor Arzobispo nombra al Pbro. Juan Carlos Arcq Guzmán Rector de nuestro seminario hasta el presente.

Inspirados por el Papa Francisco: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras” (EG 27).

Así como las palabras y el consejo de nuestro Señor Arzobispo: “Tenemos que caminar en esta concurrencia de ánimo. Sínodo: los que hacen un camino juntos, todos concurrimos para dialogar y descubrir acuerdos. La sinodalidad no es simplemente la horizontalidad porque tenemos un rector principal que es descubrir la voluntad de Dios a través de los signos que tenemos: la Palabra de Dios, el Magisterio y la Tradición. Además tenemos autoridades que son responsables de la conducción. El pastor puede ir adelante, en medio y atrás…eso le permite objetividad. Queremos ir con ustedes hacia adelante con ideales muy grandes, no solo de mantenimiento. Mirando lejos.Y hoy todos entramos en esta mirada de retroalimentación, ustedes le permiten ver a los formadores sus limitaciones porque ellos también se forman. El que ahora compartan formadores y seminaristas, no va en detrimento del respeto ni del valor de la conducción” (Mons. Rogelio Cabrera López, 1ª Asamblea del Seminario).

Estas palabras nos impulsas a entrar en un proceso de estudio y  renovación de nuestro Seminario, aunado a la espera gozosa de la Nueva Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, lo cual, nos dará las luces necesarias para asumir una formación sacerdotal que responda a los grandes desafíos de este nuevo milenio.