05 Jul 2017

Año tras año, los seminaristas que finalizan su primer año de Teología (cuarta etapa formativa del Seminario), en lugar de hacer misiones de verano, viajan al pueblo de San Francisco de Llanos en Pablillo, municipio de Galeana, N.L. a vivir una experiencia de Vida, conocida como: “Pastor Orante”. En esta ocasión, el pasado mes de Junio mis hermanos seminaristas de generación nos toco vivirla.

Sin lugar a dudas, fue una experiencia totalmente de gracia y bendición, en donde cada uno de los seminaristas renovamos nuestra respuesta vocacional al llamado de amor y santidad que Dios nos hace a la vocación sacerdotal.

Esta experiencia de vida consiste en un curso de oración y discernimiento vocacional, cuyos objetivos generales son:

  1. Orar con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.
  2. Discernir la opción de estado de vida en el seguimiento y entrega a Jesucristo Siervo, Sacerdote, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia.

Durante tres semanas vivimos este curso, en donde, con la ayuda del equipo formador del Instituto de Teología y un hermano seminarista de tercero de teología, logramos encontrarnos con el Señor, a través del rezo de la liturgia de las horas comunitariamente, las meditaciones por la mañana, las charlas de cada día, las puestas en común de la reflexión personal que cada uno hacíamos durante el día. También por medio de las Celebraciones Eucarísticas, (Solemnidades y Fiestas), de las Horas Santas, la experiencia de Desierto con el Señor cada jueves, las convivencias de cada viernes, las películas sacerdotales por las noches, los paseos sabatinos al “puente de Dios” (en Galeana, N.L.) y a las Cascadas de El Salto (en Zaragoza, N.L.)

Dentro de las charlas, tres frases en concreto fueron luz en el dialogo que hice con el Señor durante mi estancia en Pablillo:

  1. “Somos distintos y complementarios. En una comunidad (de discípulos), todos somos excéntricos, y Cristo es céntrico. Nos congregamos gracias a Él, pues los amigos del Jesús hablan entre ellos de la persona de Jesús. Nuestra alegría esta en esto: Su Presencia en medio de nosotros (Pbro. Rodolfo Escobedo).”
  2. “Toma, bendice, parte y comparte: son los cuatro verbos que manifiestan la vida sacerdotal. Al decirle Sí al Señor, Él te toma (toda tu persona e historia personal, con cualidades y defectos), te bendice (te hace digno y capaz para recibir el don del sacerdocio, agradeciendo a Dios), te parte (en pequeños pedazos, sin perder toda su riqueza cada trozo) y te comparte (con su Pueblo, en especial con los pobres y necesitados).”
  3. “El célibe que no pone los medios, control de estímulos y vida interior, tendrá problemas para ser fiel.”

Además de las charlas, evidentemente su Palabra nos interpelo a cada uno de nosotros. Si bien sabemos que se necesita una apertura y docilidad de nuestra parte hacia Ella, pues, en algunas ocasiones, presentamos una resistencia a su escucha, aunque lo más fuerte es nuestro miedo a oír realmente Su Voz. Por ello, les comparto dos pasajes bíblicos que iluminaron esta gran experiencia, las cuales resonaron, y estoy seguro que seguirán resonando en mi corazón: la curación de un enfermo en la piscina de Betesda en (Jn 5, 1-18) y la Parábola de los Talentos (Mt 25, 14-30).

En lo personal, les comparto que resumo esta experiencia en tres palabras (cfr. Mc 3, 13-15): Rencuentro (con el Señor quien me llamo a subir al monte), Identificación (para estar con Él) y Proyección (y después enviarme a predicar).

Sé que seguimos estando en su lista de oraciones. Les pido de modo especial que no dejen de orar al dueño de la Mies para que más jóvenes decidan entregarle su vida al Señor en esta vocación sacerdotal, como camino a la santidad.

No me cansaré de agradecerle a Dios por su gran amor manifestado a través de las personas y acontecimientos únicos que viví en el ciclo escolar que acaba de concluir, sino, al contrario, seguiré proclamando sin cesar su misericordia (cfr. Salmo 88).

Jose Luis Moran Becerra

Primero de Teología