02 Ago 2017

Antes de entrar al seminario era estudiante de la facultad de Ingeniería Civil, tenía 23 años de edad. Servía en la parroquia en los cursos y formación de papás y padrinos de los niños de catecismo, era acompañante en los grupos y coordinador de los coros. Descubro mi vocación en el proceso vocacional, es cuando empiezo a cuestionar acerca de mi vida y de mi futuro. Al aceptar el llamado experimente una paz y alegría interior, cada etapa de la formación he ido experimentando sentimientos maravillosos, el ir descubriendo y reafirmando que lo que estoy haciendo es lo correcto a través de su voluntad al ver como los frutos se van manifestando.

Expresarle a mi familia mi decisión al principio fue difícil, aunque mi mamá me dijo que ya se lo esperaban al verme sirviendo siempre en la parroquia, ella ya sabía que Dios me estaba pidiendo. Mi papá fue fiel a su personalidad me dijo: tu eres mayor de edad, es tu decisión, poco a poco lo fue asimilando y le fue agradando la idea. Ser sacerdote significa encontrar la gracia de Dios, gracias a este llamado puedo transmitir y llevar la paz a las personas así mismo entregarle a Dios en sus manos a hombres y mujeres que va llamando a su presencia. Aquello que indignamente he recibido como llamado de Dios, poco a poco lo va perfeccionando y haciéndolo digno, simplemente por su gracia, la gracia de Dios es la que nos hace mover y transmitir según el designo amoroso de Dios.

Consejo vocacional:
Lo más importante cuando hay un sentimiento o inquietud de vocación es responder. Es importante que uno se atreva a responder, las preguntas que nos hacemos interiormente en el momento que queremos descubrir la vocación, en ocasiones se pueden salir de nuestro alcance, creo que es importante que poco a poco vayamos respondiendo según nuestras posibilidades.

Al momento que Dios te llama a ser sacerdote , al darte esta propuesta de fe, de amor, hay que responder inmediatamente, es en el camino en el que uno también va dando esta respuesta generosa la cual siempre va acompañada del mensaje de Dios: “Siempre estaré contigo, todos los días hasta el fin de los tiempos”. El sentir como Jesús nos rescata de los peligros y de los miedos. Aún Teniendo confianza en nosotros mismo, teniendo la seguridad de lo que somos, nos puede pasar que el miedo nos pudiera atormentar, pero siempre está Jesús para tendernos la mano y salvarnos de cualquier momento de miedo, incertidumbre o confusión.

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