Documentos eclesiales que nos llevan por una buena relación familiar.

¡Familia, sé lo que eres!
¡No tengan miedo de abrir de par en par las puertas a Cristo!

“¡No tengan miedo de abrir de par en par las puertas a Cristo!” fueron las primeras palabras que el Papa Juan Pablo II lanzó al mundo entero desde la Plaza de San Pedro, cuando inauguró su pontificado, el 22 de octubre de 1978. Esta expresión es, posiblemente, uno de los gritos más esperanzadores y revolucionarios para mundo contemporáneo.

Cuando reflexiono sobre qué palabras, documentos o mensajes del magisterio de la Iglesia han influido en mi familia y en nuestra relación, concluyo que ha sido San Juan Pablo II quien, de manera constante ha estado presente en distintos momentos de nuestra vida familiar.

Recuerdo con mucho cariño y nostalgia que cuando entré al Seminario, papá (en paz descanse) nos comentó en casa que quería crecer como cristiano y poder tener más temas de qué platicar conmigo, además de lo mucho que ya platicábamos y compartíamos. En la Escuela de Agentes de Pastoral (hoy Instituto de la Arquidiócesis de Monterrey), fue el Catecismo de la Iglesia Católica la base de las clases que tomó, cuyo promotor fue el mismo Juan Pablo II y que generó en nosotros como familia inquietudes, reflexiones y cuestionamientos que nos hicieron crecer, comprometernos y caminar juntos como familia llevándonos a otros documentos del magisterio como la Familiaris Consortio (Exhortación Apostólica sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual) del mismo santo, escrita en 1981.

“¡Familia, sé lo que eres!” (Familiaris Consortio No. 17) es la frase que nos ayudó en el camino para descubrir no solo nuestra identidad como familia sino también nuestra misión. Cada vez que nos enfrentamos a situaciones difíciles, esa frase resuena en el corazón y sigue siendo como una amorosa llamada de atención para detenernos y darnos cuenta de que vivir juntos implica vencernos a nosotros mismos, abriendo nuestro corazón de par en par como familia, entre nosotros, en Cristo. A unos meses de la muerte de papá, todavía viviendo un proceso de duelo cada quién desde su propia realidad y circunstancia: mamá en casa, mi hermana con su familia y un servidor en el Seminario, estamos en camino de reencontrarnos como familia, teniendo una nueva forma de relacionarnos ahora entre nosotros y con papá en la presencia de Dios, que nos anima y que quiso encarnarse para ser Dios con nosotros en una familia, la de Nazareth, modelo para todos, aspirando a ser lo que verdaderamente hemos de ser, “íntima comunidad de vida y amor” (Conc. Ecum. Vat. II, Const. pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, No. 48).

 

David Jasso Martínez