02 Ago 2017

Antes de entrar al seminario, estuve sirviendo en misiones rurales de Nuevo León, estaba por terminar mi carrera en Derecho, sabía que Dios me llamaba a algo, pero no sabía a donde, así que decido abandonarme al llamado de Dios, fui a un retiro para aclarar mis inquietudes, un retiro muy especial llamado Emaús de cinco días caminando en el pueblo de Mina y las comunidades.

Un 20 de mayo de 2007 hago mi carta de la opción para entrar al seminario y fue el 4 de agosto del mismo año cuando ingreso al Seminario de Monterrey, tenía 24 años. Ya son 10 años de estar respondiendo a Dios y feliz de que Él siga manifestando su llamado a la vida sacerdotal, aunque al inicio yo me negaba a este llamado. Siempre me abandone a la voluntad de Dios y hoy estoy feliz en este camino.

Llegar a ser sacerdote significan muchas cosas: Con humildad digo que me siento indigno, soy igual que todos, hay personas más buenas que yo, pero Dios se ha fijado en mí, es una gran responsabilidad, un gran reto, una gran misión, y un compromiso con Dios, con el pueblo de Dios y conmigo mismo. Encuentro en la iglesia retos personales, quiero dar todo de mí, dar una entrega total. En el pueblo de Dios hay mucha fe, pero en ocasiones la gente no quiere acercarse. Uno de mis retos cuando sea sacerdote es compartir a Dios con alegría, con gozo, con esperanza y con mucha fe.

A lo largo de los años tuve una crisis vocacional de la cual aprendí algo muy hermoso, fue cuando estuve en el Curso Introductorio, lo hablé con mi familia, con los padres formadores, y ya con maletas hechas un sacerdote, antes de llevarme a mi casa como le había pedido, me aconsejo ir al Santísimo a lo que le pregunté a Dios: “Aquí estoy para hacer tu voluntad, ¿qué es lo que quieres de mi vida?”. La respuesta fue clara.

Siempre me ha gustado darle sorpresas a mi familia, cuando les doy la noticia mi papá se sorprendió mucho, ya que él estaba muy esperanzado por mi estudio, me hacia graduado y trabajando con algo de mi carrera, no sabían que estaba haciendo el proceso vocacional, le cuento a mis hermanos y a mi papá… mi mamá en aquel entonces ya había fallecido.

“No estoy de acuerdo, pero no me opongo, si esa es tu felicidad te apoyo” fueron las palabras de mi papá quien a lo largo de los años, sobretodo después de un retiro que hacen aquí para papás y seminaristas, ha cambiado la idea que tenía y hasta la fecha es el más contento y quien más me apoya, siempre esta conmigo y siempre al pendiente de lo que necesite.

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