18 Abr 2017

Las vacaciones de Pascua para mi familia y un servidor, son un buen momento para convivir, experimentar el amor y tomar fuerzas para continuar con el camino del Seminario. Cuando voy a mi casa en vacaciones, es un tiempo en el que vamos a comer juntos, vamos de paseo a distintos lugares para pasar un momento agradable.

Mis primeras vacaciones, estando ya en el seminario, fueron muy diferentes, ya que no sabía cómo convivir en mi casa, y te sientes un poco extraño de estar todos los días con un horario fijo, actividad tras actividad. El hecho de llegar a tu casa y manejar tu tiempo es algo difícil. Levantarme temprano es algo que me costó mucho, pero comprendes que el estar de vacaciones no significa descansar de Dios o descansar de la espiritualidad, al contrario, es un momento para poner en práctica lo mucho o poco que aprendes en la casa de formación, sabiendo que hay cosas primordiales que no debes de descuidar al estar en casa de tu padres, como lo es la Eucaristía diaria, el rezo de la liturgia de las horas, el santo rosario, etc.

También es un momento donde compartes con tus amistades, compartes experiencias e historias con ellos que van marcando tu caminar vocacional. Además busco darles el tiempo a mis hermanos para salir a jugar con ellos, subir el cerro de la silla, hacer ejercicio o algo que nos guste hacer juntos, así mismo es un bueno momento para hacer las tareas que tengo pendientes de la escuela.

Procuro estar en contacto con mi comunidad parroquial. Los seminaristas que somos de la misma, hacemos actividades para formar una pastoral juvenil, y de paso aprovechamos para vocacionalizar a los jóvenes que tengan cierta inquietud por alguna vocación. Me gusta mucho compartir tiempo con mi párroco y vicario, juntarnos a platicar, ya que con su testimonio y su experiencia sacerdotal van contagiando y motivando mi vocación.

Pero creo que lo más importante de las vacaciones de Pascua es el concluir la Semana Santa satisfactoriamente, en donde te encuentras con Cristo en las personas que menos esperas. Terminas contagiado de su amor y con mucha alegría por su Resurrección. A su vez, sientes la necesidad de compartir ese amor con las personas, buscando la manera de hacerlo, ya sea ayudando en mi comunidad parroquial a compartir con los que menos tiene, como en lo más pequeño con mi familia, al ayudar a mis papás a asear la casa, entre otras cosas.

Las vacaciones en familia son una oportunidad de mostrar mi amor por Dios, por el servicio, manifestar la alegría del Resucitado y compartirlo con los demás.

Omar Alejandro Alvarado Segovia

Segundo de Preparatoria.