30 Oct 2015

HELLO! 1

Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia (Heb 4, 16)

En medio de sus apasionados debates y regaños, el llamado “doctor melifluo” me sorprende por la claridad de visión sobre la gracia, escribe:

Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba también oculta, aunque ésta ya existía, pues la misericordia del Señor es eterna. 

Pero de lo que se trata ahora no es de la promesa de la paz, sino de su envío; no de la dilatación de su entrega, sino de su realidad; no es anuncio profético, sino presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia.

La misericordia de nuestro Dios es Jesús mismo. En Él, entendemos el amor de un padre que, como lo describe Lucas, está siempre por nosotros. Dispuestos a vernos crecer, siendo consciente de que tomaremos distancia para madurar y encontrar senderos que parezcan más apetitosos…, las parábolas de la misericordia en ese evangelio no nos dicen cómo o qué, nos recuerdan la alegría _siempre símbolo del Espíritu en Lucas_, de tener a alguien como Jesucristo de nuestra parte.

Por lo mismo, María, la hermana de Marta, es capaz de retar las expectativas de la gente de su época y como mujer bravía, retadora, se sienta a escuchar a Jesús. El amor de misericordia no es, ni para ella ni para nosotros, un sentimiento endulzado que se compadece de una humanidad empequeñecida o pecadora. La misericordia de Dios fue mostrarse rebelde, apasionado por la causa de la humanidad. Inserto en la historia, en Jesús se descubre una visión novedosa y peligrosa, la de la lógica del servicio. Si en la Eucaristía de Marcos nos topamos con la urgente llamada a “ser cuerpo”, en la escena de la Última Cena de Lucas, nos enamora encontrarnos con el pionero de la auténtica lucha por la humanidad. “Haga esto en recuerdo mío” es una invitación a vivir como Jesús, con la conciencia de ser del Padre. Hagan esto, no puede reducirse a devociones que quieran robarle a Dios favores; ni siquiera con corazones ardientes y agradecidos.

En Jesús, la misericordia obtuvo nombre y apellido; se vuelve concreta y opta no por el orden ‘justo’ y exitoso desde el ángulo humano. La misericordia encarnada suda y sangra para ser congruente con el plan de salud que llamamos Reino. Cuando, en tantas ocasiones, nos sentimos seducidos a pedir al Señor su misericordia, no seamos “como los gentiles”…, su amor está dado, con la concreción y con el doloroso sendero que conduce al servicio _casi esclavo_, hacia los demás…

REFLEXIONA:

1. ¿Me entiendo _no “me siento”, recordemos que los sentimientos están todavía en un nivel un tanto inmaduro_, receptor de ese amor de Dios en Jesús?

2. ¿Mis acciones son las de quien se sabe incondicionalmente amado?, ¿mi pecado me duele a mí antes que a nadie?, ¿el amor de Dios lo veo reflejado en la lógica del Reino?

3. ¿Trato a los demás como el padre amoroso o como el hermano envidioso?, ¿me molesta que los demás “no entiendan”, “no vivan” bajo mis ideales de santidad?

29 Oct 2015

HELLO! 1

… la misericordia está en el Cielo y a ella se llega ejerciendo

misericordia en la tierra (Sermón sobre la misericordia, Cesáreo de Arlés)

Decía este santo nacido en suelo de la actual Francia allá alrededor del año 500: Bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia (Mt 5, 7). Dulce es el nombre de la misericordia, hermanos; y si lo es el nombre, ¡cuánto más lo será la realidad! Aunque todos los hombres quieren tenerla, por desgracia no todos obran de manera que merezcan recibirla: todos quieren recibir misericordia, pero pocos son los que quieren darla.

(…) Dios tiene frío y hambre en todos los pobres de este mundo, como Él mismo afirma: cuantas veces lo hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hicisteis (/Mt/25/40). Dios, que se digna dar desde el Cielo, quiere recibir en la tierra. 

A lo largo de la historia, hombres y mujeres han visto en Jesucristo no solamente a un intercesor divino, una especie de mago sacando ‘milagros’ de su sombrero, sino a un ejemplo a seguir, un hermano mayor. Las primeras iglesias veían en el amor fraterno, en la caridad en su sentido más profundo, el reflejo de haber aceptado al Dios de Jesús como nuestro Señor: en su sentido del único jefe político (social) que vale la pena.

Hoy, como una nueva Marta, muchos viven la misericordia trasformada en acción. Desde Cipriano o Jerónimo hasta las órdenes religiosas nacidas en los 1600s en Francia, la convicción es que la misericordia nos ha sido dada, pero debe ser entregada, compartida. Algo así como la fe volviéndose obras.

La diferencia esencial con la primera vía está en que nos sabemos amados antes de cualquier merecimiento nuestro, por el Dios revelado en Jesús de Nazaret y, por ello, comprometidos a ser misericordiosos. En la Pascua _así con mayúscula_, vivida en Egipto, no fue la justicia, sino la iniciativa de un Dios que está por su pueblo el que se hace presente. No tuvieron que ‘ganarse’ el favor de un dios, Él ya está con nosotros.

La misericordia ha sido iniciativa de un Dios que, desde el día de la creación, no deja de ser ofrecida a la humanidad. El Santo de Israel no tuvo miedo a acercarse, aún en los momentos de mi más grave pecado. Es lo que cantamos en el Miserere. Junto a aquel leproso que temiendo por su triste vida se humilla (Mc 1, 40ss), rogamos al Señor ser curados. En justicia, nos esperaba una lapidación; en Jesús, el enfermo encontró un toque de humanidad, lo dignificó, no le tuvo miedo a su enfermedad. Desde esta óptica, la misericordia parece no negar, pero ciertamente supera los acuerdos sociales

REFLEXIONA:

1. Al pensar en misericordia, ¿evalúo mis acciones con mis compañeros, amigos, familia…, o sigo limitando el término a lo que yo espero de parte de Dios?

2. ¿Mis compromisos caritativos son una extensión del amor que siento, son una respuesta a la invitación de ser “cuerpo de Cristo” o andamos pretendiendo abonar méritos para la vida eterna?

3. ¿La misericordia que vivo es inteligente, inserta en la Vida, o soy paternalista?, ¿derramo miel y azúcar frente a los pecadores, pero no me doy cuenta si ellos están haciendo su parte para crecer y superarse? (¿no he entendido que la misericordia atraviesa la justicia que ayuda a madurar a la persona y no se trata de sacarle la vuelta?)