22 Jun 2020

HELLO! 1

La santidad es un llamado que todos recibimos y podemos responder. Es muy común que tengamos alguna experiencia con algún santo, ya sea por ser devotos, por la comunidad en la que participamos o porque nuestros papás o nuestros abuelos tienen alguna imagen o ícono que lo representen en algún lugar de la casa.

Los santos son testigos palpables del gran amor que Dios tiene para con nosotros. Él nos muestra por medio de ellos que todos podemos alcanzar el Reino de los cielos. Ellos siendo personas con muchas virtudes y grandes carismas, ayudaron a acercar a Cristo a las personas que les era desconocido, y claro está que ellos también tuvieron defectos y muchos problemas que evitaban que tuvieran una conexión más fuerte y profunda con Jesús.

No dudemos del gran amor que Cristo nos tiene, está claro que tú puedes ser santo, no metas excusas e ideas de que no cumples las cualidades necesarias para poder serlo. Lo primero que tenemos que hacer, para encaminarnos en ella, es querer serlo; porque desde el momento en que pensamos que es imposible, descartamos de manera inmediata la santidad y podemos quedarnos en la tranquilidad, por creer la dificultad que implica la entrega total al Señor.

Bueno ¿qué esperas? es tu momento de decir ¡quiero ser santo!, pero dilo, repite en tu corazón y en tu mente: “¡quiero ser santo!, ¡quiero ser santo!, ¡quiero ser santo!”. La santidad no se trata de estar las 24 horas de los siete días de la semana hincado rezando. No, claro que no, y mucho menos te estoy diciendo que entres a alguna congregación, seminario, convento, etc. En cualquier camino la puedes encontrar, solo es cuestión de que la busques y dejes que te encuentre.

Pero ¿cómo comienzo este camino de santidad?, no te preocupes hay muchos modelos de los que podemos tomar nota, empezando por la misma vida de Jesucristo narrada en los Evangelios. Tal vez nos podamos encontrar como los discípulos de Emaús (Lucas 24, 13-35) donde ellos se encontraban desconcertados y tristes por la muerte de Jesús y Él se les aparece en el camino y les explica las escrituras, pero no es hasta el momento de partir el pan, cuando lo reconocen, y se preguntan ¿no ardía nuestro corazón?… y desde ese momento se fueron a proclamar que Cristo verdaderamente resucitó, así nosotros proclamemos que Él vive, que Él está presente.

Así pues, sabemos que no es fácil caminar solo por esta vida, por eso, te invito a que averigues a que santo te puedes encomendar con el siguiente test para que él o ella te acompañe en tu propio camino de configuración con Cristo.

Manuel de Jesús García Ramos
1ero. de Filosofía

03 Abr 2020

HELLO! 1

Nos encontramos viviendo uno de los desafíos más fuertes de los últimos tiempos en la historia de la humanidad, han sido días de incertidumbre, de desesperanza donde a veces nuestra fe ha entrado en crisis.

Que interesante es la historia, que nos ayuda a reflexionar; es curioso que cuando el ser humano se ha sentido más capaz, más autosuficiente, es cuando se han visto las grandes pestes, las grandes epidemias. Esto debe ayudarnos hacer una profunda reflexión sobre nuestra vida, sobre nuestra existencia. Somos seres frágiles, seres de polvo, no somos tan autosuficientes ni tan capaces, no tenemos en nuestras manos el destino del mundo ni el ritmo del tiempo. Sin embargo; nada está perdido, es un tiempo de crisis que nos debe ayudar a ser más fuertes, nos debe ayudar a confiar más y a ser mejores cristianos, mejores ciudadanos y mejores católicos.

¿Por qué sentimos miedo? El miedo es un sentimiento muy natural de los seres humanos, que sale a flote cuando estamos en una situación de inseguridad o incertidumbre, pero el miedo no de predominar en aquel que cree en algo que es superior a nosotros. El que confía no teme y el que no teme camina, avanza, construye y da testimonio en tiempos de dificultad.

Estamos a unos días de iniciar la Semana Santa, el tiempo litúrgico que recuerda y actualiza los acontecimientos más importantes de nuestra redención; la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Este año todo será diferente, pero debe ser un buen momento de renovación personal y comunitario, debe despertar en nosotros el sentido de la fe y la adición a nuestra Iglesia. Este año no saldremos en procesión con ramos en nuestras manos, pero desde el interior de nuestras casas si podemos proclamar a Jesús como el rey de nuestra vida y de nuestra familia; quizá no contemplaremos el signo del lavatorio de los pies durante la misa del jueves santo, pero si podremos servir a los que viven en casa; no besaremos la cruz durante el viernes santo, pero si podremos contemplar aquella cruz que cuelga en la cabecera de nuestra cama, y ver en ella la profundidad del misterio que sigue floreciendo en nosotros los cristianos. Este año no encendernos el cirio pascual, pero si encendernos la flama de la fe, la esperanza y la caridad.

Durante estos días donde somos sacudidos por una fuerte tormenta, acudamos a los pies del maestro y pidamos su ayuda y su protección, para que a pesar de la tormenta que sacude la barca de nuestra existencia, encontremos la paz y la calma, y así como contemplaremos al Señor glorioso y resucitado, seamos testigos; que la muerte, la desolación o la enfermedad no tienen las última palabra. Pues la última palabra ya fue dada por Jesús con su muerte y resurrección.

Que la Virgen Santísima sea nuestro ejemplo de fortaleza y que ella nos ayude en estos momentos de adversidad. Recuerda nada está perdido, pronto vendrá la calma.

Héctor Elías Morales Montes.
2do. de Teología