26 Mar 2021

HELLO! 1

Los santos son personas como tú y como yo, que durante su estancia aquí en la tierra tuvieron un encuentro que marcó sus vidas, vivieron un acontecimiento que los inclinó a dar una respuesta a Dios y que, al morir, llegaron a conseguir la felicidad eterna; en otras palabras, llegaron al cielo.

Muchos de nosotros hemos pensado en más de una ocasión que los santos son los que están representados en imágenes en los altares de nuestras parroquias y conmemoramos sus fiestas durante el año, pero no es así. Los santos son aquellos que en su vida lucharon por alcanzar el máximo regalo, el mejor de los destinos. Como nos decía el Papa San Juan Pablo II, son todos aquellos que dieron un “sí” a Dios.

Hubo algunos santos que desde muy pequeños fueron forjando una amistad con Jesús, era para ellos el centro de su vida; tal es el caso de Santa Teresa de Lisieux, Santo Domingo Savio, los pastorcitos de Fátima, entre otros; pero también otros que ya tenían un largo camino recorrido cuando el Señor salió a su encuentro, pero la invitación es la misma, el Señor sabe el momento perfecto de nuestra vida para tocar nuestro corazón y sembrar la semilla de la vocación a la santidad.

Al leer algunas vidas de santos, podremos percatarnos que muchos de ellos pasaron algunas carencias, dificultades, dudas, tribulaciones durante su caminar. Podríamos llegar a pensar que la santidad tiene que doler… ¡Pero no es necesario! Lo que realmente importa es que ellos llevaron su dificultad con alegría, entendiendo que ese era parte del plan de Dios y confiaron plenamente en Él, y por eso son para nosotros ejemplos de vida y modelos de seguimiento del Señor.

Dios sigue llamando a la aventura de la santidad, a contemplarlo eternamente en el cielo y gozar de su compañía, no le importa nuestra condición, nuestros defectos, nuestras limitaciones; sólo una cosa nos pide, un corazón sencillo y dispuesto a amar y una pasión por Él.

Señor, tú que nos llamas a seguirte en medio de pruebas, dificultades y miedos, guíanos por tus sendas, y condúcenos hasta ti, que eres fuente de toda santidad. Con tu gracia lo podemos lograr.

 

Jesús Emmanuel Garza Torres.

Seminarista | 2do de Filosofía

01 Nov 2019

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“La solemnidad de todos los santos, representa visualmente a toda la multitud de los redimidos, para descubrirnos el destino que nos espera también a nosotros, peregrinos. Es además, un motivo para hacernos conscientes de nuestra solidaridad con todos aquellos que nos han precedido en el mundo del espíritu. Todos ellos, que viven frente a Dios, son nuestros intercesores que dan impulso a nuestra vida”. (Misal Romano)

En mi caso, habitualmente le pido a la Virgen María que me ayude a ser tan dócil como ella, para interpretar las señales de su Hijo ante esta vocación que estoy viviendo, en la cual he podido ser más feliz.

La solemnidad de todos los santos, comenzó a celebrarse debido al excesivo número de mártires en el tiempo de la persecución de Diocleciano (302-313d.C.), que provocó la necesidad de celebrarlos un día en común.

Entre la multitud de santos que celebramos, hay algunos que se han destacado como símbolos de nuestra fe. No podemos olvidar el desprendimiento de san Francisco, la entrega de santa Teresa de Calcuta, la conversión de san Agustín, la valentía ante la muerte de san José Sánchez del Río, la gran paciencia en las largas filas de confesiones del santo Cura de Ars, la tenacidad de san Cupertino quien a pesar de sus dificultades para realizar sus estudios logró convertirse en sacerdote en tiempos muy estrictos y sobre todo el gran testimonio de humildad de la Santísima Virgen María. Sin embargo; a pesar de la diversidad de carismas y virtudes, todos ellos tienen algo común, el escuchar la voz de Dios para servir a quien lo necesite.

Aún así, no debemos creer que la santidad es una realidad alejada de nosotros, que no podemos alcanzar. La santidad es para todos, de manera que podemos imitar las virtudes de los santos para llegar a contemplar a Dios. Recordemos las palabras de Jesús a modo de exhortación “sean santos como su Padre celestial es santo” (Mt. 5, 48).

José Eliseo Soriano Aguillón
2do. de Filosofía

01 Nov 2018

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El día de hoy la Iglesia Universal celebra la Solemnidad de Todos los Santos, una fiesta muy importante en su vida y su caminar, pues es la santidad, la corona más bella de la Iglesia.

Los santos son personas comunes, que no son ajenas a nuestra condición humana. Personas cargadas de defectos, que en su vida terrena tuvieron una y muchas veces, contacto con el pecado; pero lo que los hace especiales, es que han tenido un encuentro vivo con Jesús, y han llevado a la práctica este encuentro, en sus actos, obras y palabras. Es esto lo que hace santos a hombres y mujeres virtuosos, que en su vida cotidiana han logrado testimoniar la presencia de Dios en sus vidas.

La solemnidad de todos los Santos es el día donde no solo se celebra a los santos reconocidos oficialmente por la Iglesia; sino a todos aquellos que han vivido heroicamente de manera anónima. En nuestra sociedad existen muchos santos que siguen entregando la vida por Cristo y por los hermanos, hombres y mujeres, que no conocemos su nombres, pero que han llevado una vida recta en la cual, la «misericordia» ha sido su mejor herramienta para vivir la santidad.

Hoy es un buen día para recordar la llamada universal que Dios nos hace el día de nuestro bautizo. «Todos los cristianos bautizados estamos llamados a ser santos», ser testigos del amor, la misericordia y la gracia que viene de Dios. Toda nuestra vida, tiene que ser como la buena levadura, que al fermentarse produce un buen alimento, que sacia a aquellos hermanos que tienen hambre de Dios.

La santidad es vivida en medio de la comunidad, con los hermanos, sirviendo a los más necesitados, de tal manera que no solo estamos llamados a santificarnos a sí mismos, sino a santificar a otros. La Iglesia es comunidad y la santidad se vive en la Iglesia, por lo tanto ser santo implica la relación con los hermanos.

Quizá podemos ver la santidad como algo muy lejos e inalcanzable, ciertamente no es algo fácil, pero tampoco es imposible. San Ignacio de Loyola decía: “si este llegó a ser santo ¿Por qué yo no?”. Hoy en día podríamos ver todo esto como algo que ya pasó de moda, pero no es así, hoy más que nunca la Iglesia necesita que seamos santos. Santos de nuestros tiempos, jóvenes valientes que desde sus trincheras vayan en contra de la corriente de las ideologías planteadas hoy en día.

Que la solemnidad de todos los santos nos recuerde nuestra misión como hijos de Dios, que reafirme nuestra esperanza para alcanzar la corona en el cielo y nos acreciente en el amor, para amar a los hermanos. Que la Santísima Virgen María, reina de todos los santos y ejemplo de santidad por excelencia, nos ayude a seguir los pasos de su Hijo, imitando y siguiendo el ejemplo de ella.

Por: Hector Elías Morales Montes
1o. de Teología.

02 Nov 2016

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Un saludo fraterno a toda la comunidad del Seminario: familiares, amigos y bienhechores. Mi nombre es Laura, trabajo en el Departamento de Economía, y con ocasión de la celebración de San Teófimo mártir les comparto esta nota sobre mi colaboración en el Seminario.

¿Qué significa para mí la fiesta de San Teófimo? En lo personal, significa la alegría de convivir y compartir todos juntos, sin importar lo que desempeñes en cualquier área del Seminario, dígase, empleado, seminarista, sacerdote o prestador de algún servicio.

¿Cómo ha sido mi vivencia en estas fiestas? Me encanta ser partícipe de todas las actividades que conlleva estas fiestas, desde la preparación, durante y hasta el final, sobre todo, ser partícipe o testigo de la Celebración Eucarística con los Obispos de nuestra Diócesis, después compartir los alimentos y por ultimo ver la premiación y la alegría que se vive en toda la fiesta.

¿Cómo se ha hecho presente San Teófimo en mi trabajo? San Teófimo, me inspira a servir y a colaborar con sencillez y entrega, sobre todo, a ser testigo de la convivencia y fraternidad que se vive en estos días. También se hace presente cuando veo el buen ánimo en cada uno de los seminaristas que les toca colaborar. Por esta razón me siento también colaboradora en la preparación de esta fiesta.

Gracias San Teófimo por ser inspiración de vida para toda la familia del Seminario. San Teófimo mártir. ¡Ruega por nosotros!

Laura Rodríguez Pérez.
Auxiliar de Contabilidad en el Departamento de Economía.

09 Sep 2016

HELLO! 1

Por: Santos Cristóbal Meléndez, seminarista (F3)

La madre Teresa de Calcuta es oficialmente santa, aquella mujer misionera que con gran humildad, demostraba a la humanidad que no era necesario llenarse de lujos para alcanzar la felicidad. Fue una mujer que bastaba con sólo verla, y te contagiaba esa alegría que sentía al seguir a Jesús, siempre con un corazón humilde y desprendido.

Se distinguió por ser una mujer abandonada en los brazos de Dios, llena de amor, entregada a los más pobres, enfermos y moribundos. Además es reconocida, a nivel mundial, por haber sido una gran defensora de la vida humana.

El día de su canonización, el Papa Francisco hizo una descripción del alcance que tuvo, no sólo en nuestra Iglesia, sino también en la sociedad, diciendo que: “la Madre Teresa hizo sentir su voz ante los poderosos de la tierra para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos  mismos”.

Sin duda, Santa Teresa de Calcuta vino a enseñarnos a todo ser humano que cuando hay amor en nuestras vidas, el sacrificio no cuesta, que la vida de las personas no está hecha para dar amor medias, sino “hasta que duela”; esto es, en hacer una entrega generosa y un amor desinteresado a los demás, sobre todo, a los más desahuciados y discriminados por la sociedad.