23 Oct 2023

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Es importante recordar en primera instancia el aspecto general de los sínodos, para enseguida tomar partida en el que está reflexionando nuestra Iglesia Católica. Los sínodos fueron creados por el Papá Pablo VI en el marco del Concilio Vaticano II con el motu proprio Apostólica Sollicitudo de 1965 para pedir la participación de los obispos de todo el mundo en asuntos de interés para la Iglesia universal y con la intención de mantener vivo el espíritu de colegialidad que nació tras el concilio. Estos sínodos son presididos por el Papa personalmente o por otros medios, en donde se toman decisiones sobre un determinado tema que haya seleccionado el mismo Papa de aquellos que fueron propuestos por la colegialidad de los obispos. En el caso concreto de este Sínodo que se está llevando actualmente el tema elegido es: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Que corresponde a las características propias de universal, actual, de urgencia, con relevancia pastoral y sólida base doctrinal que lleve a la ejecutividad.

El Intrumentum Laboris o documento de trabajo de este sínodo, que no es un borrador de las conclusiones finales, sino un texto provisional para focalizar la discusión durante la asamblea, nos comparte en su número cuatro que hay ciertas particularidades que vive la Iglesia en diferentes regiones, tales como: las guerras, que exigen una construcción de una paz justa; el cambio climático, que tiene prioridad en el cuidado de la casa común; los sistemas económicos que producen desigualdad y explotación; la experiencia de sufrir persecución hasta el martirio; el creciente pluralismo cultural que lleva a un secularización mas intensa. Situaciones que no dejan de tener sed de la Buena Nueva del Evangelio, y que hace evidente la urgencia misionera. Siendo conscientes que lo que se encuentra en juego en nuestra época es la capacidad de anunciar el Evangelio caminando junto a los hombres y mujeres en el lugar en donde se encuentren.   

El Papa Francisco en su discurso de inicio del proceso sinodal, publicado en octubre del año pasado, nos recordó que un sínodo es un sondeo de las opiniones, un momento eclesial, en donde el protagonista es el Espíritu Santo, que ha llevado a reflexionar en aquello mencionado por el Evangelista san Juan, “que todos seamos uno” (Cfr. Jn 17, 21). Estamos llamados a la unidad, a la comunión, a la fraternidad que nace del sentirse abrazados por el amor de Dios; lo que no hace caminar juntos en un único Pueblo de Dios, haciendo experiencia de una Iglesia que recibe y vive la unidad, abriéndose a la voz del Espíritu Santo.

El Papa Francisco ha querido que en este sínodo se reflexione de modo especial en la comunión, la participación y la misión, siendo conscientes que el primer y tercer término nos recuerdan las expresiones teológicas que designan el misterio de la Iglesia. La comunión expresa la naturaleza de la Iglesia, que ya había precisado el Concilio Vaticano II, pero también nos recuerda que ha recibido la misión de anunciar el reino de Dios. De igual manera, ambos términos unidos buscan que se contemple y se busque imitar la vida de la Santísima Trinidad.

Con respecto a la participación, el Papa recuerda que en la Iglesia se debe expresar la sinodalidad de una manera concreta en el caminar y en el obrar, en donde se implique realmente a todos, pues la comunión y misión corren peligro de quedarse como términos abstractos sino es de tal forma. La participación es una exigencia de la fe recibida en el bautismo que hace a todos partícipes de la vida y misión de la Iglesia. Que, aunque se ha avanzado en este aspecto aun cuesta trabajo y obliga a voltear a ver a quienes aún continúan quedando al margen.

Este sínodo es una gran oportunidad para una conversión pastoral en clave misionera y ecuménica, pues se busca una Iglesia sinodal, es decir, un lugar abierto, donde todos se sientan en casa y puedan participar, además de ir acercándose al ideal de una Iglesia de la escucha hacia los hermanos y hermanas acerca de las esperanzas que poseen, las crisis de fe, las urgencias de renovación pastoral; pero también de escuchar el Espíritu en la adoración y la oración. Es la oportunidad de ser una Iglesia cercana con actitudes de compasión y ternura, que es propio de la Iglesia del Señor, aquella que se hace cargo de las fragilidades y las pobrezas del tiempo, curando heridas y sanando corazones.

Hermanos “que este Sínodo sea un tiempo habitado por el Espíritu”, Papa Francisco.

Marco Antonio Torres Zavala | 3ero de Teología

15 Ago 2015

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El pasado viernes 14 de agosto, la iglesia de Monterrey recibió con agrado a 13 nuevos diáconos transitorios, que servirán de manera especial en pastorales específicas como cárceles, centros de rehabilitación y hospitales, todas éstas, tareas de amor y servicio a la comunidad.

En palabras de nuestro pastor, Don Rogelio Cabrera López “el amor no es solo un sentimiento… se concreta en las acciones de todos los días. Ser servidor, ser diácono, es ir allá, donde nadie quiere ir”, y estos nuevos diáconos están invitados precisamente a vivir este ministerio de servicio con particular esmero, fungiendo como canales del amor de la iglesia y Cristo, propagando el ternura de quien los ha llamado a seguirlo, precisamente sirviendo con afecto y misericordia.

En la homilía, nuestro arzobispo, recalcó de manera especial que ser diácono es ser servidor, cercano a la gente que sufre; y es que precisamente ese es su ministerio, mostrarse próximo a quienes Cristo quiere ser prójimo, por lo que la encomienda principal de los nuevos diáconos será hacerse presente, dice el Arzobispo, como Cristo samaritano, que busca a aquel que sufre. Su misión, en sintonía a la de Jesucristo será “el anuncio de la buena nueva a los pobres, proclamar la libertad a los cautivos, rotos u oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Cfr. Lc 4,18-19); todo esto bajo 3 peticiones: guardar el celibato por toda la vida, como una entrega generosa por amor al servicio del pueblo de Dios, la oración frecuente, recitando las horas principales de la liturgia, y el dedicar gran parte de su tiempo a los pobres y el acompañamiento de enfermos, así como celebrar los sacramentos del bautismo y el matrimonio.

La invitación del Arzobispo a los fieles en esta ordenación fue a orar por todos aquellos que ejercen el ministerio de diaconía, y a ser agradecidos con el Señor que se ha mostrado espléndido con la comunidad, al suscitarnos 20 nuevos diáconos, 13 transitorios y 7 permanentes, éstos últimos que serán ordenados también a finales de agosto.

Encomendados a nuestra Señora del Roble, los 13 nuevos diáconos, fueron convidados a propagar su devoción, y a ser muy acercados a ella, así como a vivir su ministerio con alegría y disponibilidad en el servicio, como siervos fieles y confiables.

 

Por: Jesús Pablo Saldívar Castillón

14 Ago 2015

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1. ¿Cuándo descubriste tu vocación? Cómo fue?

A lo largo de este tiempo en el seminario he descubierto que Dios llama a lo largo de toda nuestra historia de vida, sin embargo hay momentos concretos donde podemos reconocer de manera más fuerte este llamado.

Después de un tiempo de reflexión y luego de vivir un año de proceso vocacional, Tomé la decisión de responder al llamado que experimenté por parte de Dios, y decidí ingresar al Seminario, yo me encontraba en ese tiempo estudiando en FIME.

Esta inquietud por la vida sacerdotal nació del ejemplo y testimonio que los sacerdotes de la comunidad a la que pertenezco nos daban, al tener un trato sencillo y cercano con nosotros, y además del apostolado que realizaba en la parroquia de la Santa Cruz, comunidad de la cual soy originario, pues a través de este servicio fui descubriendo que el mundo necesitaba mucho de Dios, y así surgió en mi interior, la pregunta, de ¿yo que puedo hacer ante esto?, ante lo cual el testimonio sacerdotal se presentaba como una fuerte respuesta.

2. ¿Qué sentimientos vinieron a ti al momento de aceptar el llamado de Dios a servir como Seminarista?

Pues por un lado estaba el sentimiento de incertidumbre ante este camino que estaba iniciando y que no tenía la seguridad de dónde iba a terminar, pero por otro lado también experimenté la alegría de responder ante este llamado que experimentaba por parte de Dios, además de la esperanza de visualizar el servicio que dentro de algunos años podría entregar al Pueblo de Dios.

3. ¿Cómo recibieron tus padres o tu familia, la decisión de Servir a Dios? ¿Recuerdas sus palabras?

Yo ingresé al Seminario un sábado 06 de Agosto de 2005. La verdad es que las actitudes de mi familia ante tal decisión fueron muy diversas. Mi Papá falleció en Diciembre del 200, por lo tanto cuando ingresé al Seminario sólo estaban mi Mamá y mis hermanos.

En relación a los segundos una parte de ellos se molestó, y me dijeron que como iba a dejar la universidad, algo por lo que me había esforzado, para entrar a un lugar en el que eran muchos años de estudio, y que ni siquiera sabía si iba a lograr terminar.

Una de mis hermanas, con que también iba al mismo grupo de jóvenes de la Parroquia, se puso muy contenta por la noticia, y me comenzó a apoyar desde el primer momento. Por otra parte mi Mamá solamente respondió: “tú sabes”, lo cual en realidad era una negativa, debida a la separación de la práctica religiosa que ella había tenido a la muerte de dos de mis hermanos mayores.

Con el tiempo y conforme se iban familiarizando más con la vida del Seminario, a través de lo que yo les platicaba, y lo que ellos mismos vivían en las convivencias familiares y diversas actividades del Seminario, poco a poco su actitud fue cambiando, hasta tal grado que el apoyo es tanto que en verdad están muy contentos con el don del sacerdocio, que Dios ha tenido a bien hacernos participe. Mi mamá tuvo la oportunidad de acompañarme en la ordenación sacerdotal, y tengo la seguridad de que me acompañara en el amor en la ordenación presbiteral, pues Dios la ha llamado a su presencia el martes Santo de éste año, lo cual fue una experiencia de fe para toda mi familia, en la que nos hemos experimentado fortalecidos por Dios.

4. ¿Qué significa para ti ser Sacerdote?

Para mí ser sacerdote significa principalmente un regalo de Dios para su Pueblo, significa ser un puente de encuentro entre Dios y su Pueblo, significa servir y amar a Dios a través del servicio a mis hermanos, además de manifestar la misericordia de Dios a la humanidad.

5. ¿Hubo algún momento en tu caminar que dudaste de tu vocación ? ¿Cómo enfrentaste esto?

Pues más que dudar, yo diría que es un proceso de la vocación, el hecho de ir discerniendo éste llamado que experimentamos por parte de Dios, pues en realidad la seguridad plena de dicho llamado no se tiene desde que uno entra al Seminario, sino que la vocación va madurando a lo largo de este proceso, siempre y cuando nosotros estemos dispuestos a dejarnos moldear por Dios, ya que el Seminario, como dijo alguna vez el Papa Benedicto XVI, es un tiempo de discernimiento.

6. ¿Qué retos has enfrentado en la comunidad al transmitir a Dios?

Pues el primer reto con el que me he enfrentado son las propias limitaciones. Por otra parte quizá a veces puede estar presente la falta de disposición por parte de algunas personas a escuchar el mensaje de Dios. También podría hablar de la actitud individualista y egoísta a la que el mundo de hoy en muchas ocasiones nos invita a tener.

13 Ago 2015

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En un día como hoy, hace 20 años (13 de agosto de 1995), el Cardenal D. Adolfo Antonio Suárez Rivera inauguró y bendijo las primeras instalaciones de un modernismo conjunto de edificios del Seminario, en Juárez, N. L., y celebró la primera Misa del curso respectivo.

He aquí una breve crónica de cómo se fue gestando todo este proyecto puesto en las manos de Dios:

  • El 21 de enero de 1993 decía en una circular el Arzobispo Adolfo Antonio Suárez Rivera: “El Seminario Arquidiocesano de Monterrey ha llegado a tener 504 alumnos, y las instalaciones de sus actuales edificios fueron planeados para 314 seminaristas, por lo que se ha propuesto la realización de unos nuevos edificios”
  • El 4 de abril de 1994 fue bendecida y colocada la primera piedra. Se empezaron los primeros trabajos en la construcción del edificio para el nuevo Seminario en Cd. Juárez, Nuevo León.
  • El 12 de Febrero de 1993, en ocasión de las Fiestas del Bicentenario del Seminario de Monterrey, el Arzobispo Adolfo Antonio Suárez Rivera precisó el deseo y la necesidad de contar con un nuevo edificio para nuestro Seminario, lo mismo que la necesidad de contar con una biblioteca mejor organizada.
    Y así comenzó la búsqueda de un terreno apropiado para ello. Y habiéndose recibido en donativo un terreno para tal efecto en Cd. Benito Juárez, N.L., se dio inicio a los estudios y proyectos para la construcción de dicho edificio.
  • Ya desde el lunes 7 de agosto de 1995 se iniciaron las primeras clases, dando inicio al primer curso escolar en las nuevas instalaciones.
  • Dios, Padre y Pastor de todos los hombres, Tú quieres que no falten hoy día, hombres de fe, que consagren sus vidas al servicio del evangelio y al cuidado de la Iglesia, haz que tu Espíritu Santo ilumine los corazones, y fortalezca las voluntades de tus fieles, para que, acogiendo tu llamado, lleguen a ser los Sacerdotes que tu Pueblo necesita.
    La cosecha es abundante, y los operarios pocos. Envía, Señor, operarios a tu mies.
    Santísima Virgen del Roble, Madre de las vocaciones, ruega por nosotros. Amén.

 

Con información de:
Centro de Investigación Histórica de la Arquidiócesis de Monterrey (CIHAM)

13 Ago 2015

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1. ¿Cuándo descubriste tu vocación? Cómo fue?
Fue cuando tenía 25 años y vivía en California Estados Unidos con mi familia, durante varios años forme parte de un grupo parroquial, fue durante este tiempo cuando conocí al Padre Blas Alberto Hernández sacerdote de esta diócesis de Monterrey, él se encontraba ayudando en la Parroquia San Francisco de Asís en Fillmore California, parroquia a la que yo asistía con mi familia, durante este tiempo también conocí a Tony Robles, quien se convertiría en mi mejor amigo, Tony y yo hicimos una buena amistad con el Padre Blas. En el año de 1999 Tony fue diagnosticado con cáncer, enfermedad que acabaría con su vida en 2001. Fue la enfermedad y la muerte de mi mejor amigo la que me hizo reflexionar a cerca de lo que yo estaba haciendo con mi vida, así que le pedí a Dios que me ayudara a descubrir el sentido de mi vida, recurrí al Padre Blas y el me fue orientando para discernir lo que Dios quería de mi, le dije que sentía la inquietud sacerdotal y el me ofreció ayudarme para entrar al Seminario aquí en Monterrey y así fue como me decidí a venir, y Dios me ha confirmado su voluntad durante todo este tiempo.

2. ¿Qué sentimientos vinieron a ti al momento de aceptar el llamado de Dios a servir como Seminarista?

Primero fue un sentimiento de temor e indignidad ante el llamado a una empresa tan grande, pero poco a poco se fue convirtiendo en confianza y agradecimiento.

3. ¿Cómo recibieron tus padres o tu familia, la decisión de Servir a Dios? ¿Recuerdas sus palabras?

La reacción de mi padre primero fue de incredulidad, después de una gran alegría; la de mi madre primero fue de tristeza por que me iba, y después también de una inmensa alegría pues los dos siempre nos inculcaron un gran amor a Dios y a la Iglesia.

4. ¿Qué significa para ti ser Sacerdote?

Significa que Cristo sigue estando cerca de sus hermanos los hombres.

5. Hubo algún momento en tu caminar que dudaste de tu vocación ¿Cómo enfrentaste esto?

Hubo muchos momentos que me hicieron dudar, pero la oración, el consejo espiritual de mi confesor y la cercanía con la Santísima Virgen María y la comunicación constante con mi familia, fueron mi apoyo.

6. ¿Qué retos has enfrentado en la comunidad al transmitir a Dios?

El utilitarismo que mucha gente hace de Dios, es decir, Dios sólo cabe en sus vidas si lo necesitan para satisfacer alguna necesidad.

12 Ago 2015

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Crónica – Crónica

El día 11 de agosto, arribamos a Silao hacia las 8:00 de la mañana para tener una misa en el Cerro del Cubilete como parte de la peregrinación anual que la Arquidiócesis de Monterrey hace hacia la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México. El Cerro del Cubilete está dedicado a Cristo Rey, a quien fuimos a visitar en este inicio de curso.

La misa dio inicio a las 11:00 a.m., presidida por nuestro Arzobispo, Don Rogelio Cabrera López, quien nos recordó como ese lugar evoca la valentía de los mártires, además nos invitó a tener esa misma fortaleza para acompañar al pueblo de Dios, “no tengan miedo”. Pero nos invitaba, también, a un segundo llamado, al de ser como niños; su fortaleza está en su familia, en el amor de quienes los rodean, en su necesidad de los demás.

Concluyendo la homilía hizo una exhortación: “seamos fuertes y valientes como todos aquellos que dieron su vida, pero también hay que ser pequeños, puestos a la deriva de sabernos necesitados”.

“Queremos pedirle al Señor por todos los que están cansados y fastidiados y sabemos que debemos ser fieles discípulos y ciudadanos que viven las responsabilidades ciudadanas”.

Terminada la misa, todos los sacerdotes presentes y los seminaristas se tomaron la foto con Mons. Cabrera, quien además pudo tomarse algunas fotografías con los peregrinos.

 

Escrito por: 
Sem. Adrián Garza Morales
Tercero de Filosofía

12 Ago 2015

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1. ¿Cuándo descubriste tu vocación? Cómo fue?

Mi vocación surge sirviendo en mi comunidad parroquial, en el servicio y la oración descubrí la voz de Dios que me invitaba a seguirle, estando en la facultad decidí pedir mi ingreso al seminario, mi llamado no fue impetuoso como podría esperarse que sea la voz de Dios, sino sosegado, fue despacio permeando en mi alma y en mi corazón, y decidí y decido responder con un sí, como hace diez años sigo respondiendo sí a este plan de amor, un plan que me es propuesto no porque sea el mejor, o el más santo, sino por puro amor y gracia de Dios.

 

2. ¿Qué sentimientos vinieron a ti al momento de aceptar el llamado de Dios a servir como Seminarista?

De miedo e indignidad, de no ser capaz de responder la misión a la cual Dios me llamaba, pero a lo largo de mi formación esos miedos se fueron disipando

 

3. ¿Cómo recibieron tus padres o tu familia, la decisión de Servir a Dios? ¿Recuerdas sus palabras?

Se extrañaron mucho al principio, pero inmediatamente lo aceptaron y me apoyaron.

 

4. ¿Qué significa para ti ser Sacerdote?

Significa una consagración total a Dios, responder su llamado y caminar hacia Él, es consagrarme en el servicio a Dios en su pueblo.

 

5. ¿Hubo algún momento en tu caminar que dudaste de tu vocación? ¿Cómo enfrentaste esto?

No, aunque al principio fue difícil salir de mi casa y entrar en un mundo nuevo, pero gracias a Dios las amistades que fui formando en el seminario me ayudaron a seguir adelante

 

6. ¿Qué retos has enfrentado en la comunidad al transmitir a Dios?

El reto es conmigo mismo, es estar siempre dispuesto a la voluntad de Dios, estar abierto a su voz que guía constantemente a su Iglesia

11 Ago 2015

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1. ¿Cuándo descubriste tu vocación? Cómo fue?

Descubrí mi vocación estando en los grupos apostólicos de la parroquia de donde soy originario, cuando tenía 16 años, participando en las actividades de la parroquia y en la convivencia con mi párroco.

2. ¿Qué sentimientos vinieron a ti al momento de aceptar el llamado de Dios a servir como Seminarista?

Alegría y gratitud, por el llamado recibido.

3. ¿Cómo recibieron tus padres o tu familia, la decisión de Servir a Dios? ¿Recuerdas sus palabras?

La recibieron con mucha alegría, aunque mi mamá se opuso al principio, pero después aceptó que yo eligiera ese camino, mi papá me apoyo desde el principio con la decisión que yo tomara.

4. ¿Qué significa para ti ser Sacerdote?

Significa servir al pueblo de Dios, a ejemplo de Cristo buen pastor.

5. ¿Hubo algún momento en tu caminar que dudaste de tu vocación? ¿Cómo enfrentaste esto?

Si, y lo enfrente poniendo en oración y platicando con mi director espiritual.

6. ¿Qué retos has enfrentado en la comunidad al transmitir Dios?

La indiferencia de las personas y la frialdad de las personas al llevarles el mensaje de Dios.

10 Ago 2015

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Diác. Francisco Javier Alanís Páez

1. ¿Cuándo descubriste tu vocación? Cómo fue?

Mi vocación la descubrí en la semana Santa del 2005 en la Catedral Metropolitana de Monterrey cuando estaba ayudando como integrante del grupo de misa con Niños. Esa Semana Santa hubo un fuego que hizo arder mi corazón y que movía a decirle sí al Señor que nos llamaba a entregarnos a Él a través de la vocación al sacerdocio.

2. ¿Qué sentimientos tuviste al momento de aceptar el llamado de Dios a servir como Seminarista?

Los sentimientos que experimente fueron muchos: alegría, paz, tranquilidad, gozo. Así mismo, considero que tenía dudas, incertidumbre ante una experiencia nueva que pocas veces te muestra un camino arduo y difícil para continuar. Sabiendo que es un camino muy largo y que solo con la ayuda al pueblo de Dios llegarás al final.

3. ¿Cómo recibieron tus padres o tu familia, la decisión de Servir a Dios? ¿Recuerdas sus palabras?

Mis papás no estuvieron muy de acuerdo en un principio en que yo entrara al seminario puesto que soy el único varón de la casa y el apellido se perdería, a demás no podría darles el gozo, la alegría de tener nietos. Sin embargo; a pesar de que para ellos fue muy difícil al inicio, posteriormente, lo aceptaron con gran alegría y gozo.

4. ¿Qué significa para ti ser Sacerdote?

Ser sacerdote, es una gran oportunidad de estar con el pueblo y para el pueblo buscando mostrar a nuestros hermanos el rostro de un Cristo Joven, alegre, sencillo, portador de paz que puede cargar los problemas del pueblo de Dios y transmitir la fortaleza necesaria para cada uno de nuestros pueblos.

5. Hubo algún momento en tu caminar que dudaste de tu vocación

Dudar de mi vocación, puede ser que hayan sido periodos muy cortos que ayudaron a crecer.
¿Cómo enfrentaste esto?

Los enfrente con la ayuda de los padres del Equipo formador, con mis amigos sacerdotes como El P. Jorge y P. Lino quienes han estado muchos años en la comunidad de origen: San Jerónimo.

6. ¿Qué retos has enfrentado en la comunidad al transmitir Dios?

Los retos es poder transmitir un Dios rico en misericordia y amor que busca estar cercano al pueblo de Dios para ayudarlos a salir adelante, Así mismo, tener la capacidad de buscar Amar y Servir sin que nada nadie nos lo recompense.

08 Ago 2015

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Con la participación de los diáconos, el Seminario de Monterrey aumentará este año el trabajo social desde diferentes frentes, explicó el Padre Juan Carlos Arcq, Rector de la Institución.

“En el caso concreto de los diáconos, que tradicionalmente son enviados a parroquias a dar su servicio como diáconos, el servicio del altar y el servicio de catequesis, este año se va a intensificar el área social”, dijo en rueda de prensa.

En la reunión, realizada en uno de los salones de la Basílica de Guadalupe, se presentó a los nuevos diáconos que serán ordenados el próximo viernes, así como al grupo de cinco seminaristas que serán ordenados sacerdotes un día después.

Arcq señaló que se va a iniciar la pastoral de trabajo con indigentes y en los centros de rehabilitación.

“En Semana Santa ya se hizo una primera experiencia, hay un diácono asignado de estar al frente junto al párroco de pastoral social de este proyecto y se van a enviar unos seminaristas para incursionar.”

“Ellos están haciendo un diagnóstico no sólo de los centros que se atienden como Iglesia a las personas indigentes, sino otros centros y lugares en donde están, abajo de los puentes”, agregó.

Por otro lado, dijo, se comenzará un proyecto en los centros de rehabilitación para tener presencia con catequesis y sacramentos.

Los cinco nuevos sacerdotes que serán ordenados son:

  1. Francisco Javier Alanís Páez.
  2. Sebastián Bautista Vázquez.
  3. Ernesto Castillo Torres.
  4. Luis Fernando Mejía Zaragoza.
  5. Héctor Manuel Robledo Roque.

Este año ingresarán al seminario 60 jóvenes, indicó el Pbro. Darío Torres Rodríguez, coordinador general de Comunicación del Seminario de Monterrey.

La ordenación diaconal será el viernes a las 18:00 horas en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, y la ordenación sacerdotal el sábado a las 10:00 horas en la Basílica de Guadalupe.

 

Con información de Periódico El Norte