23 Oct 2023

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Es importante recordar en primera instancia el aspecto general de los sínodos, para enseguida tomar partida en el que está reflexionando nuestra Iglesia Católica. Los sínodos fueron creados por el Papá Pablo VI en el marco del Concilio Vaticano II con el motu proprio Apostólica Sollicitudo de 1965 para pedir la participación de los obispos de todo el mundo en asuntos de interés para la Iglesia universal y con la intención de mantener vivo el espíritu de colegialidad que nació tras el concilio. Estos sínodos son presididos por el Papa personalmente o por otros medios, en donde se toman decisiones sobre un determinado tema que haya seleccionado el mismo Papa de aquellos que fueron propuestos por la colegialidad de los obispos. En el caso concreto de este Sínodo que se está llevando actualmente el tema elegido es: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Que corresponde a las características propias de universal, actual, de urgencia, con relevancia pastoral y sólida base doctrinal que lleve a la ejecutividad.

El Intrumentum Laboris o documento de trabajo de este sínodo, que no es un borrador de las conclusiones finales, sino un texto provisional para focalizar la discusión durante la asamblea, nos comparte en su número cuatro que hay ciertas particularidades que vive la Iglesia en diferentes regiones, tales como: las guerras, que exigen una construcción de una paz justa; el cambio climático, que tiene prioridad en el cuidado de la casa común; los sistemas económicos que producen desigualdad y explotación; la experiencia de sufrir persecución hasta el martirio; el creciente pluralismo cultural que lleva a un secularización mas intensa. Situaciones que no dejan de tener sed de la Buena Nueva del Evangelio, y que hace evidente la urgencia misionera. Siendo conscientes que lo que se encuentra en juego en nuestra época es la capacidad de anunciar el Evangelio caminando junto a los hombres y mujeres en el lugar en donde se encuentren.   

El Papa Francisco en su discurso de inicio del proceso sinodal, publicado en octubre del año pasado, nos recordó que un sínodo es un sondeo de las opiniones, un momento eclesial, en donde el protagonista es el Espíritu Santo, que ha llevado a reflexionar en aquello mencionado por el Evangelista san Juan, “que todos seamos uno” (Cfr. Jn 17, 21). Estamos llamados a la unidad, a la comunión, a la fraternidad que nace del sentirse abrazados por el amor de Dios; lo que no hace caminar juntos en un único Pueblo de Dios, haciendo experiencia de una Iglesia que recibe y vive la unidad, abriéndose a la voz del Espíritu Santo.

El Papa Francisco ha querido que en este sínodo se reflexione de modo especial en la comunión, la participación y la misión, siendo conscientes que el primer y tercer término nos recuerdan las expresiones teológicas que designan el misterio de la Iglesia. La comunión expresa la naturaleza de la Iglesia, que ya había precisado el Concilio Vaticano II, pero también nos recuerda que ha recibido la misión de anunciar el reino de Dios. De igual manera, ambos términos unidos buscan que se contemple y se busque imitar la vida de la Santísima Trinidad.

Con respecto a la participación, el Papa recuerda que en la Iglesia se debe expresar la sinodalidad de una manera concreta en el caminar y en el obrar, en donde se implique realmente a todos, pues la comunión y misión corren peligro de quedarse como términos abstractos sino es de tal forma. La participación es una exigencia de la fe recibida en el bautismo que hace a todos partícipes de la vida y misión de la Iglesia. Que, aunque se ha avanzado en este aspecto aun cuesta trabajo y obliga a voltear a ver a quienes aún continúan quedando al margen.

Este sínodo es una gran oportunidad para una conversión pastoral en clave misionera y ecuménica, pues se busca una Iglesia sinodal, es decir, un lugar abierto, donde todos se sientan en casa y puedan participar, además de ir acercándose al ideal de una Iglesia de la escucha hacia los hermanos y hermanas acerca de las esperanzas que poseen, las crisis de fe, las urgencias de renovación pastoral; pero también de escuchar el Espíritu en la adoración y la oración. Es la oportunidad de ser una Iglesia cercana con actitudes de compasión y ternura, que es propio de la Iglesia del Señor, aquella que se hace cargo de las fragilidades y las pobrezas del tiempo, curando heridas y sanando corazones.

Hermanos “que este Sínodo sea un tiempo habitado por el Espíritu”, Papa Francisco.

Marco Antonio Torres Zavala | 3ero de Teología

13 Oct 2023

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Pablo VI inició un modelo de atención a la Iglesia conocido como el Sínodo de los Obispos. En el presente, el Papa Francisco tuvo la iniciativa de convocar un Sínodo de la Sinodalidad que, de hecho, se está desarrollando en este tiempo. Se pueden decir muchas cosas del Sínodo, como su origen, su sentido, las esperanzas que albergan las preguntas que ha suscitado y las respuestas que se pretenden dar. En esta sección solamente abordaremos la estructura en la que este Sínodo se está realizando y, aunque sea un tema más técnico que reflexivo, comprender el modo cómo se está desarrollando el Sínodo permite a su vez descubrir su valor para nuestra Iglesia.

En primer lugar, el Sínodo de la Sinodalidad se inauguró en el Vaticano el 9 de octubre de 2021, con un fin de semana de trabajo. El itinerario básico consiste en una serie de fases de consulta y diálogo, a saber, la fase diocesana (octubre 2021-agosto 2022), la fase continental (octubre 2022- marzo 2023) y la fase universal, en la que estamos actualmente del 4 al 29 de octubre del presente año, así como una segunda etapa en octubre del 2024.

La primera fase, la diocesana, consiste en el trabajo de las iglesias locales con un documento preparatorio desarrollado por Roma para atender y escuchar a todos los fieles. Para lograr el objetivo de escuchar a todos, cada obispo designó a un responsable para desarrollar la consulta sinodal y posteriormente, al concluir, mandar los resultados en el tiempo indicado a la Conferencia Episcopal correspondiente (la nuestra es la Conferencia Episcopal Mexicana). Ellos, a su vez, hacen una síntesis de las aportaciones diocesanas que mandan posteriormente a Roma.

Las contribuciones de las Conferencias confluyeron en un nuevo documento, pero esta vez para la preparación de la etapa continental. Con esto se inicia la segunda fase del Sínodo. El objetivo era muy simple: dialogar sobre las aportaciones de la fase anterior. Lo hicieron agrupándose en las siete Reuniones Internacionales, cada una con un responsable; al mismo tiempo se desarrollaron asambleas internaciones de especialistas que sacaron conclusiones propias. La síntesis de este trabajo llega a Roma, en donde la Secretaría General Permanente del Sínodo elaboraría el Instrumentum Laboris, con el que se trabajaría la última de las fases del Sínodo.

Por último, la fase universal del Sínodo se tiene lugar en la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que se realiza en dos partes a saber, en octubre de 2023 y el próximo año en octubre 2024. Nos situamos en el clímax de esta propuesta sinodal para la Iglesia y es conveniente tener presente los signos de los tiempos que nos mueven a vivir la comunión entre todos. Recemos para que el resultado de este ejercicio sinodal produzca los frutos del Espíritu que nuestra Iglesia necesita.

Sergio Mendoza González | Coadjutor | Seminario Menor

06 Dic 2021

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En este año como Iglesia, iniciamos un camino de reflexión con destino al próximo Sínodo de los Obispos en el año 2023; en el cual, el Papa Francisco nos invita a que pongamos atención en una característica propia de la Iglesia: “la sinodalidad”. Para este Adviento 2021, también nuestro Arzobispo Mons. Rogelio Cabrera nos ha pedido que incluyamos esta visión y reflexión dentro del tiempo que estamos iniciando.

Primero que nada, recuerda que el Adviento por su etimología hace referencia a una ‘venida’, del griego adventus. La liturgia, nos habla del tiempo por el cual un nuevo año litúrgico inicia, con una duración de cuatro domingos y en la cual predominara el sentido de “prepararnos” que podemos ver reflejado en las lecturas como en el uso del color morado. Nuestro Catecismo de la Iglesia Católica afirma que adviento es “el tiempo en donde la Iglesia actualiza la espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Señor; como también aquella segunda venida de Cristo” (cf. CEC, 524).

Entonces, Adviento es el tiempo propio por el cual nos preparamos para así esperar al Mesías que está pronto a nacer. ¿Cómo nos preparamos? Por una parte, rectificando el camino; es decir, abandonar todo lo malo de nuestras vidas y volver al camino que nos lleva a la santidad; por otro lado, estar vigilantes, que no nos pase de largo el misterio divino de la encarnación, donde Dios se ha hecho hombre, el nacimiento del Mesías, del Emmanuel (‘Dios-con-nosotros’). Recuerdo bien las palabras de mi abuelita al preparar a sus nietos para la Navidad: «Adviento es el tiempo propicio para que nuestros corazones sean aquel pesebre en donde el niño Jesús pueda nacer». Considero estas dos actitudes propias a vivir durante el tiempo de Adviento: «rectificar nuestras vidas y estar vigilantes».

En cuanto a la sinodalidad, es importante entender que ella es propia de nosotros como Iglesia. “La sinodalidad en la vida y en la Misión de la Iglesia” en el número 3 nos dice: “La Iglesia es la asamblea convocada para dar gracias y cantar alabanzas a Dios como un coro, una realidad armónica donde todo se mantiene unido, porque quienes la componen, mediante su relación recíproca y ordenada coinciden en el mismo sentir”. Vivir sinodalmente como Iglesia es saber que caminamos juntos, que todos los que hemos sido llamados y formamos un solo cuerpo en la Iglesia (cf. 1 Co 12, 27), tenemos la misma responsabilidad de compartir el amor de Jesús. El Papa, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos en sus distintas maneras de vivir, estamos llamados a ser y hacer Iglesia. Es saber que el Espíritu Santo nos colma de dones y carismas distintos a cada uno de nosotros (cf 1 Co 12, 1-11), pero también es reconocer que cada quien tiene una riqueza por aportar para hacer presente el Reino de Dios (cf. Mt 13, 44). Considero que esto nos lleva a sabernos con mucho valor, mismo que Dios nos ha dado, y que lo podamos ofrecer a los demás participando como una sola Iglesia.

¿Cómo poder vivir este Adviento 2021 con sinodalidad? La invitación creo que es clara. Podemos rectificar nuestro camino, pero en especial que podemos sanar aquellas instancias en donde tal vez hemos faltado a vivir fraternos con otros o al no ser ejemplo como cristiano, a que podamos prepararnos para la venida del Señor, pero que también ayudemos a otros a prepararse. Seamos consientes de que no todos tenemos la oportunidad de tener una cercanía grande con Dios, extendamos nuestras manos y ayudemos a otros a vivir esta experiencia. En este Adviento propongámonos caminar como una Iglesia fraterna, como una sociedad firme, como una familia unida.

Que la Sagrada Familia, modelo de todas las familias, sean nuestro ejemplo de vivir un Adviento y una sinodalidad: vivir unidos profundamente a Dios, poniendo nuestras capacidades ante Él, y tomar juntos la responsabilidad de una misión en particular.

Abraham Rodrigo Oliva Espinosa
Seminarista | 3ero de Teología

25 Oct 2018

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El Papa Francisco inauguró el pasado 3 de octubre el Sínodo de los Obispos sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. En su mensaje inicial, enfatizó en que el Espíritu Santo es el responsable de mantener viva y actuante la memoria de Jesús en el corazón de sus discípulos, y solicitó el ardor y la pasión por el Maestro, que haga a toda la Iglesia, capaz de soñar y esperar.

En esta línea, instó al Espíritu Santo el don de los sueños y la esperanza para los Padre sinodales, para que ellos a su vez unjan a los jóvenes con el don de la profecía y la visión.

El Papa reconoció que es necesario transformar todas aquellas realidades y estructuras eclesiales que apartan o alejan a la juventud. Volvió a denunciar el conformismo pastoral identificado en el “siempre se hizo así”, apelando a la esperanza que pide mirar el rostro de los jóvenes y las situaciones en las que se encuentran actualmente. Son ellos, dice, quienes están reclamando luchar contra todas las formas que obstaculizan sus vidas, si exigen una entrega creativa, dinámica, inteligente, entusiasta y esperanzadora de la Iglesia es porque eso les hace falta. Afirmó que necesitan ser acompañados, y pidió que no se les deje solos, en manos de tantos mercaderes de muerte que oprimen sus vidas y obscurecen su futuro.

Para lograr lo anterior, recordó que es necesaria la humildad suficiente de ver a los otros como superiores, de ser capaces de buscar el interés de los demás antes que los propios (Cfr. Flp 2, 4).

El Papa ha pedido a los obispos escucharse, cuidarse de no caer en la lógica de la autopreservación y la autorreferencialidad, apeló al amor por el Evangelio y por el pueblo para hacerlos capaces de buscar un bien mayor que beneficie a toda la Iglesia. Precisamente la escucha, les defenderá de la tentación de caer en posturas eticistas o elitistas, así como de la fascinación por ideologías abstractas que nunca coinciden con la realidad.

Para el Papa Francisco escuchar a los jóvenes es atender el llamado al despertar de la Iglesia y a acrecentar la esperanza. Ellos contienen las nuevas tendencias de la humanidad y son la apertura al futuro (EG 108). La custodia del Espíritu Santo hará posible que la riqueza y hermosura del Evangelio sean fuente constante de alegría y novedad que atienda la solicitud de los jóvenes.

Antonio de Jesús Peña Díaz
2do. de Teología.

12 Oct 2018

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El Sínodo es un organismo consultivo, integrado por una asamblea de obispos de distintas partes del mundo, convocados por el Papa para realizar consultas, propuestas y sugerencias, sobre un tema específico.

En esta ocasión del 3 al 28 de octubre, se está llevando a cabo la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, con el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. En este sínodo participan 267 padres sinodales, 23 expertos en los temas a abordar, 49 auditores u oyentes y 34 jóvenes de entre 18 y 29 años de edad.

En su discurso de apertura, el Papa Francisco, enfatizó en la gran importancia que tiene el diálogo en el enriquecimiento de nuestra Iglesia y pidió a los participantes, que se mantengan lo más alejado posible de realizar juicios basándose en estereotipos, pues esto causaría que todo intercambio de ideas fuese en vano.

En la homilía de la misa de apertura, el Santo Padre exhortó a los fieles a que verdaderamente tomen en cuenta lo que necesitan los jóvenes para su evangelización: “Ellos nos piden y reclaman una entrega creativa, una dinámica inteligente, entusiasta y esperanzadora, y que no los dejemos solos en manos de tantos mercaderes de muerte que oprimen sus vidas y oscurecen su visión.” También invitó a los sacerdotes y obispos presentes en el sínodo, que repasen bien cual fue primeramente la intención de realizar el Concilio Vaticano II, que debe ser luz que alumbre a estos mismos jóvenes que se encuentran envueltos en un mundo complicado que cambia constantemente.

Pidamos al Señor que ilumine al Santo Padre y a todos los que forman parte de este sínodo, para que se llegue a una conclusión que verdaderamente pueda ser parteaguas en nuestra Iglesia, para que los jóvenes decidan acercarse a Dios y descubran la respuesta al llamado que Él nos hace a todos.

Seminarista Adrián Fernando Gutiérrez Hernández
2do. de Filosofía