27 May 2015

HELLO! 1

Opinión de los padres que tienen un hijo con la inquietud de ser sacerdote

¡¿Entonces, sí lo volveré a ver?!

Acompañar al candidato en el proceso de discernimiento vocacional no sólo implica el diálogo con él, ni que éste participe en las actividades que se organizan propiciando ambientes de reflexión para él y otros que viven el mismo momento existencial, ciertamente es mirarle en ese proceso de búsqueda-respuesta, pero también a su entorno.

En este tiempo en el que me está tocando acompañar a los muchachos en el Centro Vocacional he constatado que la vocación no sólo toca el corazón del candidato, el llamado impregna todas las áreas de su convivencia y la familia es  uno de los espacios – y creo – más importante. Y aunque los amigos y amigas, los compañeros de trabajo o escuela o el grupo parroquial (prefiguración de las Betanias) enfrentan muy a su modo la nueva realidad de tener a uno de los suyos en proceso de discernimiento, es la familia la primera que debe asumir que algo, dentro de ella, está cambiando.

Para el que se siente llamado, la responsabilidad de responder al Señor exige nuevas actitudes y desprendimientos, sin embargo, lo es también para quien rodea al candidato. ¿Cómo enfrentar lo nuevo?, ¿cómo dejarlo ir, pero no del todo?

Los papás del candidato, por más adulto o independiente que éste sea, no son testigos mudos en esta transición, veo cómo se preocupan por saber cuándo son las actividades, cuándo toca tal o cual cosa, cuándo deben dormir fuera y cuándo deben acudir a los exámenes de Trabajo Social o los Psicométricos. Muchos de ellos tienen la confianza de llamar, de presentarse acompañando al muchacho, de saber quién es el sacerdote que acompaña a sus hijos, y también de nuestra parte está el conocerles, saber dónde viven, compartir su espacio que, entre más, es mejor; aclararles sus dudas, llegar a ese momento en que se hay que decir adiós a los mitos y prejuicios: “¡¿entonces sí lo volveré a ver?!”, no ha faltado quien concluya después de platicar.

Y aunque corresponde al Departamento de Trabajo Social la visita técnica, para el acompañante vocacional y los papás, encontrarse, no sólo es conveniente, sino necesario.

 

Pbro. Juventino Leal Sosa.

27 May 2015

HELLO! 1

La función en las parroquias para avivar las vocaciones sacerdotales

Trabajemos juntos en esta ardua y tan
importante labor vocacional; confiando en
que el Dueño de la mies seguirá enviando
obreros a sus campos (Cf. Lc10,2)

Ya hace algún tiempo que la iglesia de Monterrey asumió el compromiso de trabajar a favor de establecer una cultura vocacional. Sin embargo, por diversos motivos, esta tarea no siempre ha sido fácil. Las numerosas opciones de vida, que resultan muchas veces contrarias al Evangelio, han llegado a establecerse, incluso en algunas estructuras eclesiales, como una especie de contracultura vocacional. Esto, sin duda alguna, ha venido a mermar un fluido y rápido crecimiento en conciencia de esta imperante y necesaria cultura vocacional.

Pese a esto, el compromiso de hacer presente el Evangelio y formar una cultura vocacional en toda comunidad cristiana se asume con alegría y empeño, con valentía y fortaleza de espíritu, pues sabemos que el Señor camina con nosotros. Este es precisamente el trabajo que desempeñamos como Pastoral Vocacional en las parroquias para avivar la vocación.

De una manera concreta, podemos decir que los destinatarios de esta acción pastoral son los jóvenes. Es en ellos en quienes se busca, por medio de un proceso gradual, sembrar la semilla de la vocación. Y, aunque ciertamente sembramos con confianza la semilla de la vocación sacerdotal, esta tarea es un tanto más amplia. Es además, por decirlo de alguna forma, una tarea compartida, pues en ella nos involucramos laicos, seminaristas, matrimonios, religiosas(os) y sacerdotes.

Las actividades están destinadas a niños, adolescentes o jóvenes. Estas pueden serdesarrolladas durante algunas horas en un día o durante un fin de semana en una parroquia. Pero, ya sea un panel vocacional, una hora santa vocacional, una pinta de barda o una misa vocacional, la intención sigue siendo la vocacionalización de la parroquia.

Avivar la vocación en la parroquia, cualquiera que esta sea, es una preocupación de nuestro tiempo que no puede recaer sobre algunos cuantos. Es más bien una tarea, que como comunidad eclesial que sabe leer los signos de los tiempos, debe ser asumida por todos los que conformamos el Cuerpo de Cristo, con cada uno, ejerciendo la función desde su propio modo (Cf. 1Co 27-30). Trabajemos juntos en esta ardua y tan importante labor vocacional; confiando en que el Dueño de la mies seguirá enviando obreros a sus campos (Cf. Lc10,2).

 

Eduardo Alberto Mata Ortíz. 

27 May 2015

HELLO! 1

Motivaciones para llevar un apostolado ahora con un hijo en la formación sacerdotal.

Definitivamente la mejor bendición es ser parte
de esta gran familia que es el seminario.

Siempre hemos caminado al lado de nuestro hijo, aun antes de que él entrara al seminario. Lo hemos seguido en una continua experiencia de Dios en distintos apostolados, pero ahora que está en el seminario, una de las motivaciones es que hemos sentido un compromiso más fuerte con Dios, como correspondencia a esta gran bendición de tener un hijo llamado al sacerdocio.

Otra de las motivaciones es la responsabilidad de dar testimonio cristiano en los distintos ambientes (familiares, laborales y comunitarios), comenzando en nosotros mismos que sentimos el llamado de Dios, reflejado en nuestro hijo, que nos lleva a un espíritu de oración constante. Dicha espiritualidad nos une como padre, madre e hijo, y nos mueve a buscar una relación íntima con Dios, a ejemplo de San José y la Virgen María que no solo acompañaron a su hijo Jesús, sino que también dieron ejemplo a los demás.

Cuando entró nuestro hijo al seminario, nos invitaron a vivir el DEPS (Dinámicas de encuentros de papás y seminaristas) donde otros papás de seminaristas nos ayudaron a entender esta nueva etapa, que no solo viviría nuestro hijo, sino que también nosotros como papás también viviríamos. Y al ver lo valioso que fue para nosotros, terminamos enamorados de ese apostolado, y con el paso del tiempo, nos dieron la oportunidad de apoyar en DEPS, en el cual llevamos ya 4 años sirviendo.

Al compartir nuestra vida y nuestro apostolado en este camino, nos ha llenado de muchas bendiciones, como: la amistad cercana con muchos sacerdotes y seminaristas; un compartir emociones y sentimientos con otros papás de seminaristas que ya llegaron a ver a sus hijos como sacerdotes, y que nos ilusionan con experimentar el momento de la ordenación de nuestro hijo; y definitivamente, la mejor bendición es ser parte de esta gran familia que es el Seminario de Monterrey.

 

José María Montalvo Rodríguez y Angelica Valdés Garza 

Papás del Seminarista José Juan Montalvo Valdés