13 Nov 2015

HELLO! 1

Muchas veces creemos que la llamada de Dios es EXTRAORDINARIA, que Él se nos aparecerá de forma física y nos dirá hacia dónde es nuestro camino. Sin embargo el llamado de Dios suele ser muy ordinario se da en el común de nuestras vidas, lo vemos en miles de personas que han sido llamadas por Dios de una forma muy clara. Sin embargo ante este llamado de Dios, la vocación nos hace ver lo particular, lo sencillo con ojos de fe.

Así, lo que para algunos por el camino es común, para otros puede ser parte del llamado de el llamado de Dios se da en medio de lo cotidiano, se da ante la realidad que muchas veces puede llamarnos a servir a los demás. Es Dios quien llama, cuando quiere, a quien quiere y en el momento que quiere; por ello es una llamada divina y no humana. Cada uno va descubriendo si Dios lo llama a formar parte de los seguidores del Maestro Divino. La pregunta inmediata que nos haríamos sería: ¿tengo vocación?

La vocación es un acontecimiento en tu vida. Cuando tomas conciencia del llamado de Dios, tu vida adquiere un sentido nuevo. Cuando comienzas a vivir en la clave de la escucha y la respuesta, tu vida adquiere un sentido nuevo y así, pese a vivir circunstancias difíciles, te sientes feliz. Una persona que vive vocacionalmente está ya marcada con el sello de la alegría, porque su don para los demás le ayuda a unificar su existencia en armonía con el mundo, con los hombres y con Dios. La llamada de Dios te configura con el modelo humano perfecto, que es Jesucristo, que ha venido a servir y a dar la vida. Eres feliz porque eres plenamente hombre en un proyecto que te identifica con Cristo en el camino de tu vocación específica.

Sin embargo, la vocación no se vive sólo con gozo. Percibir un llamado ocasiona con frecuencia una gran turbación. Ante el proyecto grande de Dios pueden surgir en ti muchos temores. No será raro que te invadan las dudas, y éstas te hagan sufrir.

Podrás experimentar sensaciones contradictorias: alegría e inquietud; valentía y temor; deseo de entregarte y apego a una situación más cómoda.

Pese a todo, experimentas una seducción irresistible hacia el llamado de Dios. Deseas en lo más hondo hallar el camino adecuado. Necesitas vivir vocacionalmente. Porque la vida es una aventura, y por la llamada de Dios te asomas a la aventura de tu vida. Por eso vale la pena tu esfuerzo por reflexionar, comunicar y orar lo que estás viviendo hasta responder a la apremiante llamada que toda la realidad te hace en nombre de Dios. Dios no suele llamar por apariciones o visiones.

El camino ordinario de su llamada son los acontecimientos que ocurren en tu vida diaria: situaciones personales, comunitarias y sociales. La llamada surge unida a un momento específico de la sociedad y de la historia.

Para descubrir el llamado de Dios es necesario que percibas toda esa realidad como misterio. Un misterio no es algo incomprensible, sino una realidad en la que está presente Dios dándole sentido.

27 May 2015

HELLO! 1

Opinión de los padres que tienen un hijo con la inquietud de ser sacerdote

¡¿Entonces, sí lo volveré a ver?!

Acompañar al candidato en el proceso de discernimiento vocacional no sólo implica el diálogo con él, ni que éste participe en las actividades que se organizan propiciando ambientes de reflexión para él y otros que viven el mismo momento existencial, ciertamente es mirarle en ese proceso de búsqueda-respuesta, pero también a su entorno.

En este tiempo en el que me está tocando acompañar a los muchachos en el Centro Vocacional he constatado que la vocación no sólo toca el corazón del candidato, el llamado impregna todas las áreas de su convivencia y la familia es  uno de los espacios – y creo – más importante. Y aunque los amigos y amigas, los compañeros de trabajo o escuela o el grupo parroquial (prefiguración de las Betanias) enfrentan muy a su modo la nueva realidad de tener a uno de los suyos en proceso de discernimiento, es la familia la primera que debe asumir que algo, dentro de ella, está cambiando.

Para el que se siente llamado, la responsabilidad de responder al Señor exige nuevas actitudes y desprendimientos, sin embargo, lo es también para quien rodea al candidato. ¿Cómo enfrentar lo nuevo?, ¿cómo dejarlo ir, pero no del todo?

Los papás del candidato, por más adulto o independiente que éste sea, no son testigos mudos en esta transición, veo cómo se preocupan por saber cuándo son las actividades, cuándo toca tal o cual cosa, cuándo deben dormir fuera y cuándo deben acudir a los exámenes de Trabajo Social o los Psicométricos. Muchos de ellos tienen la confianza de llamar, de presentarse acompañando al muchacho, de saber quién es el sacerdote que acompaña a sus hijos, y también de nuestra parte está el conocerles, saber dónde viven, compartir su espacio que, entre más, es mejor; aclararles sus dudas, llegar a ese momento en que se hay que decir adiós a los mitos y prejuicios: “¡¿entonces sí lo volveré a ver?!”, no ha faltado quien concluya después de platicar.

Y aunque corresponde al Departamento de Trabajo Social la visita técnica, para el acompañante vocacional y los papás, encontrarse, no sólo es conveniente, sino necesario.

 

Pbro. Juventino Leal Sosa.

27 May 2015

HELLO! 1

La función en las parroquias para avivar las vocaciones sacerdotales

Trabajemos juntos en esta ardua y tan
importante labor vocacional; confiando en
que el Dueño de la mies seguirá enviando
obreros a sus campos (Cf. Lc10,2)

Ya hace algún tiempo que la iglesia de Monterrey asumió el compromiso de trabajar a favor de establecer una cultura vocacional. Sin embargo, por diversos motivos, esta tarea no siempre ha sido fácil. Las numerosas opciones de vida, que resultan muchas veces contrarias al Evangelio, han llegado a establecerse, incluso en algunas estructuras eclesiales, como una especie de contracultura vocacional. Esto, sin duda alguna, ha venido a mermar un fluido y rápido crecimiento en conciencia de esta imperante y necesaria cultura vocacional.

Pese a esto, el compromiso de hacer presente el Evangelio y formar una cultura vocacional en toda comunidad cristiana se asume con alegría y empeño, con valentía y fortaleza de espíritu, pues sabemos que el Señor camina con nosotros. Este es precisamente el trabajo que desempeñamos como Pastoral Vocacional en las parroquias para avivar la vocación.

De una manera concreta, podemos decir que los destinatarios de esta acción pastoral son los jóvenes. Es en ellos en quienes se busca, por medio de un proceso gradual, sembrar la semilla de la vocación. Y, aunque ciertamente sembramos con confianza la semilla de la vocación sacerdotal, esta tarea es un tanto más amplia. Es además, por decirlo de alguna forma, una tarea compartida, pues en ella nos involucramos laicos, seminaristas, matrimonios, religiosas(os) y sacerdotes.

Las actividades están destinadas a niños, adolescentes o jóvenes. Estas pueden serdesarrolladas durante algunas horas en un día o durante un fin de semana en una parroquia. Pero, ya sea un panel vocacional, una hora santa vocacional, una pinta de barda o una misa vocacional, la intención sigue siendo la vocacionalización de la parroquia.

Avivar la vocación en la parroquia, cualquiera que esta sea, es una preocupación de nuestro tiempo que no puede recaer sobre algunos cuantos. Es más bien una tarea, que como comunidad eclesial que sabe leer los signos de los tiempos, debe ser asumida por todos los que conformamos el Cuerpo de Cristo, con cada uno, ejerciendo la función desde su propio modo (Cf. 1Co 27-30). Trabajemos juntos en esta ardua y tan importante labor vocacional; confiando en que el Dueño de la mies seguirá enviando obreros a sus campos (Cf. Lc10,2).

 

Eduardo Alberto Mata Ortíz.