01 Sep 2016

HELLO! 1

Entre al seminario a los 23 años de edad. Era estudiante de la facultad de Ingeniería Civil en la UANL y miembro de grupos parroquiales principalmente coros.

Descubrí mi vocación, cuando en mi interior había como un fuego ardiente que no podía apagar (Jer 20,9) fue cuando le pregunté a Dios respecto a mi vocación. Y todo fue providencial. El llamado de Dios en mi vida lo descubro en el proceso vocacional. Y en medio de mis ocupaciones diarias traté de dejarme llevar por su voz, entiéndase que la voz de Dios la descubrimos en los acontecimientos y signos que muestra a través de las personas de Dios y claro; en su Palabra y en la Eucaristía.

Paz interior y alegría. Creo este binomio de sentimientos me ha acompañado desde que acepté el llamado y en toda la formación, siempre busqué estar abierto a la voluntad del Señor y solamente a través de los frutos es como he podido conocerla.

Al darles la noticia a mis padres, creo que las palabras internas fueron: “Ya nos esperábamos esto, como te la pasas todo el día en la Iglesia”; pero lo que me dijeron en realidad fue, por parte de mi papá: “pues tú ya sabes, ya eres mayor de edad”. Por parte de mi mamá: “Yo sentía que algo tenía Dios para ti”.

Llegar a ser sacerdote significa para mí una manifestación de su gracia en mi persona en donde lo indigno, por su presencia Él lo hace digno. Significa que Dios puede dar para su Pueblo la expresión más grande de Amor, de Misericordia, de perdón, de paz a través de mí.

“Hubo algún momento en tu caminar que dudaste de tu vocación. ¿Cómo enfrentaste esto?”
Si. Primero, reconociéndome necesitado. Segundo, pidiendo ayuda y tercero, dejándome acompañar. La clave está en estas tres cosas: Humildad, limosna y docilidad.

La indiferencia, la dispersión, el egoísmo sobre todo la rutina. Estos son los retos que he descubierto en la comunidad al transmitir a Dios, sobre todo la rutina.

04 Ago 2016

HELLO! 1

Por: Adrián Alejandro Garza Morales, seminarista.

¿Tienen mucho tiempo libre? ¿No se aburren? ¿Para qué se forman tantos años? ¿Se la pasan rezando?

Estas son algunas de las preguntas que cualquier seminarista ha tenido que enfrentar debido a que se generan distintos estereotipos en torno a la formación sacerdotal y que en muchas ocasiones se suele creer equivocadamente lo que hace un seminarista en formación. Son muchos los años de formación, de estudio y de disciplina que llevan la formación, porque ésta implica vivir diversas experiencias que lleguen a lo profundo del joven para que pueda formar un corazón siempre teniendo como ejemplo y modelo a Jesús buen Pastor.

¿Qué tanto hacen en el seminario?

A veces, el pensar que vivimos en el seminario la mayor parte del tiempo puede parecer que nos aburrimos pero la formación en el seminario es muy variada y rica en forma. De lunes a viernes tenemos nuestras actividades propias en el seminario, nuestra espiritualidad como la Misa, la reflexión o la Liturgia de las horas, el estudio, aseos, deporte, la convivencia con nuestros hermanos, alguna junta, entre otras cosas. La vida en el seminario nos enseña a tener tiempo para todo, a no solo encerrarnos en las cosas que nos gustan.

¿Cuántas misas tienen al día?

Este puede ser el estereotipo más fuerte que puede existir en torno a la formación sacerdotal, el pensar que sólo nos la pasamos en la capilla, y lamento desilusionarlos pero no es así. Tenemos nuestra Eucaristía o misa diaria, es el alimento indispensable en nuestra formación, es un encuentro privilegiado con Cristo, pero no podemos encerrarnos en esto solamente. El sacerdote o diácono al final de la Misa nos exhorta a salir del templo y a compartir con nuestros hermanos lo que hemos celebrado. La espiritualidad no es algo que se dé sólo en el templo, se da en la convivencia con los demás, en el deporte, en el estudio, en el apostolado, pero claro que esto no le quita la importancia a la oración personal o comunitaria, solo es cuestión de aprender a formar una espiritualidad que englobe toda nuestra vida y eso es algo que aprendemos en la formación en el seminario.

¿Es fácil vivir en comunidad?

Cuando me hacen esta pregunta normalmente contesto con otra, les digo: Imagínense entre 50 y 70 hombres viviendo juntos, estudiando juntos, comiendo juntos, haciendo tareas en equipo juntos o haciendo limpieza juntos, todos los días. ¿Cree que sea fácil? Al vivir con varias personas que piensan distinto, que tienen hábitos distintos puede llegar a ser algo complicado. Los roces son algo que se da en cualquier convivencia sana (si no se dieran, algo estaría mal). No es fácil vivir en comunidad pero si es una experiencia muy enriquecedora que te permite aprender a entender al otro antes de juzgarlo, que te ayuda a salir en busca del que está cansado o fatigado. Además las discusiones nos ayudan a madurar, a saber que el mundo no es solo lo que uno puede pensar. Vivir en comunidad es una experiencia que te ayuda a madurar porque te enseña a vivir junto a los demás.

¿Para qué tanto estudio?

Esta es una pregunta un tanto curiosa porque puedo decir que muchos seminaristas (incluyéndome) podemos llegar a ver el estudio como algo demasiado largo y tedioso y llegando a ver algunas materias un poco innecesarias. Pero el estudio en el seminario no se trata solo de acumular información, el principio es aprender a comunicar la buena nueva que Cristo nos trae consigo, se trata de desarrollar nuestra conciencia para ayudar a formar la conciencia de quienes se acerquen a nosotros. Como dice el adagio popular, un ciego no puede guiar a otro ciego. El estudio es una herramienta que nos permite comunicarnos con todo aquel que busque la verdad, de forma que lo podamos ayudar a encontrarse con Aquel que es la verdad.