26 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Brandon Ricardo Velázquez Álvarez, seminarista

“¡Hossana al Hijo de David!”, con esta aclamación iniciamos la Semana Santa, el Domingo de Ramos, en el que celebramos la triunfal entrada mesiánica de Jesús a Jerusalén. La celebración se llevó a cabo dentro de un ambiente de alegría y fraternidad. Las comunidades aledañas al Curso Introductorio asistieron a la Eucaristía y participaron devotamente cada uno con su respectivo “ramo”. La homilía giro en torno a la Pasión del Señor, especialmente en la valentía que debemos asumir para aceptar la cruz con generosidad y alegría, buscando vivir coherentemente nuestra vida cristiana.

Los días previos al Triduo Pascual fueron muy enriquecedores, especialmente porque el lunes y martes contamos con la presencia de Monseñor Juan Armando Pérez Talamantes, quien, de una manera apasionada y rotunda, nos compartió temas que abarcan el Jueves y Viernes Santo, entre los temas que compartió están: El sacerdocio y la Eucaristía, El mandamiento del Amor, El Combate Espiritual, La Cruz y la Muerte del Señor. Realmente sus palabras, a la mayoría de nosotros nos confrontaron, nos sacaron de la cómoda postura que a veces adoptamos en nuestra formación en el Seminario y al mismo tiempo nos ayudaron a disponer el corazón para iniciar con alegría el Triduo Pascual.

Todas las celebraciones del Triduo las vivimos con los fieles que muy dispuestos participaron en cada actividad con devoción y entrega, desde el Jueves Santo, con la Cena del Señor, pasando por la Pasión y Muerte del Señor, el viernes con la representación del Viacrucis, y culminando con inmensa alegría la Resurrección del Señor en la Vigilia Pascual, donde todos pudimos vivir y experimentar las palabras de los ángeles en el sepulcro, “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”.

20 Mar 2016

HELLO! 1

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
    ¿Amo a Dios sobre todas las cosas?
    ¿Dios es la primera prioridad en mi vida o yo estoy antes que Él?
    ¿El placer y el dinero se han vuelto más importantes para mí que Dios que me hizo para Sí mismo? ¿Rezo con frecuencia?
    ¿Descuidé mi amistad con Dios por no rezar?
    ¿Participé en prácticas ocultas o supersticiosas, por ejemplo, la adivinación del futuro?¿Recibí la Sagrada Comunión en pecado mortal?
    ¿Mentí en la confesión u omití deliberadamente confesar un pecado mortal?

 

  1. No tomarás el nombre de Dios en vano.
    ¿Juré en falso, es decir, mentí bajo juramento ante un tribunal de justicia?
    ¿Alguna vez mentí después de “jurar por Dios” que estaba diciendo la verdad? ¿Alguna vez pronuncié el nombre de Dios cuando estaba enojado/a, en una palabrota?

 

  1. Santificarás las fiestas.
    ¿No asistí a la Santa Misa deliberadamente el sábado por la tarde o el domingo? ¿No asistí a Misa en una fiesta de precepto o en una fiesta importante del calendario litúrgico (es decir, Jueves Santo, Viernes Santo, Domingo de Pascua, Navidad, Santa María Madre de Dios, etc.)?

 

  1. Honrarás a tu padre y a tu madre.
    ¿Desobedezco a mis padres? ¿Les falto el respeto?
    ¿Les insulto? ¿Tengo vergüenza de ellos?
    ¿Les digo que los amo? ¿Les miento?
    ¿Les robo? ¿Obedezco y respeto a quienes ocupan el lugar de mis padres, como por ejemplo los maestros y directores?
    ¿Me ausento a clases? ¿Miento a mis maestros?
    ¿Les insulto?

 

  1. No matarás.
    ¿Me estoy matando a mí mismo consumiendo drogas?
    ¿Me alcoholizo? ¿Me sometí a un aborto?
    ¿Aconsejé a alguien para que se practique un aborto?
    ¿Defiendo el derecho a la vida de los niños por nacer o me he limitado a aceptar la mentalidad de la sociedad anti-vida?
    ¿Utilicé anticonceptivos abortivos o alenté a alguien para que los utilizara?
    ¿Me esterilicé de algún modo o alenté a alguien para que lo hiciera?
    ¿Participé en una eutanasia o estuve de acuerdo con ella?
    ¿He arruinado la reputación de una persona por hacer circular rumores en forma deliberada o por mantenerlos vivos transmitiéndoselos a otros?
    ¿Siento ira contra una persona? ¿Guardo rencor?
    ¿Me niego a perdonar? ¿Maldije a alguien?

 

  1. No cometerás adulterio.
    ¿He mantenido relaciones sexuales con alguien?
    ¿He tenido sexo conmigo mismo?
    ¿Alguna vez miré pornografía por internet o por cualquier otro medio?
    ¿Alguna vez tuve pensamientos impuros de manera libre y deliberada?
    ¿He practicado algún método anticonceptivo?
    ¿Soy recatado/a con la vestimenta?

 

  1. No robarás.
    ¿Les robo a mis padres? ¿Les robo a mis amigos?
    ¿Alguna vez robé algo a un extraño? ¿Alguna vez robé algo en un negocio?
    En otras palabras, ¿alguna vez tomé algo que pertenece a otra persona por legítimo derecho? ¿Hago demasiadas apuestas?
    ¿Busco compartir lo que tengo con los pobres y necesitados?

 

  1. No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.
    ¿Soy mentiroso/a?
    ¿Soy culpable de detracción, es decir, de dar a conocer las faltas de otros?
    ¿Soy culpable de calumnia, es decir, de divulgar mentiras sobre otras personas?     ¿Ando con chismes sobre otras personas?
    ¿Doy a conocer información que debería ser confidencial?
    ¿Soy falso/a, es decir, he sido un cierto tipo de persona para unos y otro tipo de persona completamente diferente para otros?

 

  1. y 10. No codiciarás a la mujer de tu prójimo ni a los bienes ajenos. ¿Soy envidioso/a de otras personas?
    ¿Deseo que se prive a otras personas de sus bienes o talentos?
    ¿Soy celoso de otras personas?
    ¿No perdono a otras personas o les guardo rencor?
    ¿Soy resentido/a?
    ¿Menosprecio a los demás?

 

Oración antes de la confesión:

Padre, Tú te compadeces de toda la humanidad, nos acoges y nos concedes tu auxilio cuando lo necesitamos. Abre ahora mis ojos, para que sepa ver el mal que he cometido y el bien que he dejado de hacer, y toca mi corazón, para que me convierta sinceramente a ti. Cura y fortalece mi debilidad, renueva en mí tu amor: así resplandecerá en mis obras la imagen de tu Hijo, seré testigo de tu bondad entre la humanidad y viviré en comunión con mis hermanos en la Iglesia. Concédeme, Padre, tu luz, por Jesucristo, hermano y guía de toda la humanidad.

Padre todopoderoso, lleno de bondad y misericordia, aquí estoy de rodillas ante ti. Quiero confesarte los pecados con que te he ofendido, Padre mío.

Padre, posa sobre mí tu mirada misericordiosa. Mírame, como lo hiciste a través de los ojos de tu Hijo Jesucristo, que vio a aquella mujer pecadora que comparecía ante Él y no la condenó. Concédeme la gracia de la contrición y propósitos firmes de enmienda, para que sea capaz de comparecer ante tu presencia, dispuesto a comenzar una nueva vida a la luz de tu Palabra.

Padre bueno, concédeme tu gracia para que pueda desde ahora llenarme de gozo, mientras me preparo a encontrarme contigo, en el Sacramento de la reconciliación. Haz que desaparezcan en mi todo miedo y vacilación, de tal suerte que sepa, como debo confesar mis pecados. Envía tu Espíritu sobre mi, para que los recuerde todos y sienta dolor por ellos. Dame el valor para no mantener en secreto ningún pecado, abriendo mi alma ante ti con toda sencillez y sinceridad.

Amén.

Acto de contrición:

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho mas me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber muerto que haberle ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia, no pecar mas y evitar las ocasiones próximas de pecado.

Amén.

seminario-monterrey-examen-conciencia

La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento.

  1. Examen de Conciencia.

Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una guía para hacerlo bien.

  1. Arrepentimiento.

Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos lastimado al que más nos quiere: Dios.

  1. Propósito de no volver a pecar.

Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.

  1. Decir los pecados al confesor.

El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha.

  1. Recibir la absolución y cumplir la penitencia.

Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos.

18 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Juan Alejandro Alejos Zamarripa, seminarista (2º Filosofía)

Estamos por iniciar la Semana Mayor, la Semana Santa, y con ello el trabajo de misiones, en donde los seminaristas participamos con nuestro apostolado en las diferentes parroquias y comunidades con los oficios litúrgicos, actos de piedad, temas o charlas, para que junto con la comunidad nos preparemos a vivir de manera nueva y consciente el misterio y centro de nuestra fe, la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

El tiempo de misiones inician con el Domingo de Ramos, en la celebración de la entrada triunfal del Señor a Jerusalén y se concluyen en el Domingo de la Resurrección; no se trata  de cumplir con un requisito formativo, pues es una semana muy anhelada por el seminarista, una semana de encuentro, de reflexión, de fuerte oración y de enseñanza siempre nueva, en donde lo importante no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de la Resurrección que es primicia de la nuestra.

seminario-monterrey-domingoramos

Siempre es una gran alegría compartir con el Pueblo de Dios la experiencia del Resucitado, que renueva nuestra fe nos impulsa a la caridad y nos llena de esperanza. En las misiones caminamos como hermanos, no tratándose solo de transmitir conocimientos, sino sobre todo vivir como Iglesia la experiencia de Jesús en donde aprendemos todos, la comunidad, los grupos, los seminaristas y sacerdotes.

Ya previamente nos hemos preparado en nuestro camino cuaresmal, con todo lo que la Iglesia nos propone, ahora es tiempo de meditar el misterio de amor que Dios ha tenido para con todos nosotros: su Iglesia; es también un encuentro con el otro, donde tenemos la oportunidad de llevar a los tristes, a los más alejados la alegría del Evangelio, el anuncio del Cristo vivo, que nos amó hasta el extremo (Cfr. Jn 15, 13). Éste tiempo, es para todo cristiano el momento culmen de nuestra fe, pues en ella se hace palpable el gran amor que Dios nos tuvo al entregar a su único Hijo para la salvación del hombre (Cfr. Jn 3, 16), pero también un momento privilegiado de amar al prójimo en donde Cristo se nos hace presente (Cfr. Mt 25, 45), por ello es de vital importancia para el seminarista la vivencia de la Semana Santa junto al Pueblo de Dios, pues la enseñanza es mayor que en aula de clase porque Cristo no es un concepto sino una persona, un modelo que nunca deja de sorprender, hasta en los acontecimientos aparentemente más ordinarios y sencillos Dios le habla a su pueblo, le enseña y lo acompaña.

seminario-monterrey-caminocuaresmal

Unámonos en oración unos por otros, pidiendo al Señor que nos permita tener un encuentro con Él y vivir intensamente esta semana, acompañándolo y dándole el primer lugar para participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo.

Nos encomendamos a su oración, cuenten con la nuestra.

Que el Señor nos bendiga.