07 Jun 2016

HELLO! 1

Por: Adrián Alejandro Garza Morales, seminarista (F3)

Al terminar cualquier ciclo en nuestra vida es necesario dar una mirada hacia atrás para descubrir todo lo que hemos avanzado, reflexionar sobre nuestras caídas y así proyectar un futuro en base a la experiencia que hemos obtenido. Por estas razones el seminario ve la necesidad de convocar una asamblea donde se puedan reunir todos los que intervienen en la formación de los futuros pastores y así proyectar un futuro más esperanzador.

Este año, del domingo 5 al martes 6 de junio se lleva a cabo la segunda asamblea del Seminario de Monterrey. Éste año con motivo del anterior Sínodo de las familias el seminario ha visto la importancia de ella en la formación de los seminaristas por lo que el tema del domingo fue en torno a ésta unión, familia-seminarista donde se pudo reflexionar el papel importante que tiene en torno a la formación sacerdotal. Los padres y los hermanos son quienes mejor pueden conocer al joven seminarista y ellos son quienes con palabras de amor y de fidelidad pueden ayudar a retomar el camino que Cristo no pide.

El tema del lunes y el martes fue torno al apostolado que los seminaristas realizan cada sábado en alguna parroquia o pastoral, además de tener un momento para planear algunas actividades de la misión de verano.

Un dato importante para esta asamblea es el proyecto de vocacionalización que se comenzó este año, la vocacionalizacion básicamente consiste en hacer descubrir a cada seminarista como un promotor vocacional para que de esta manera puedan  introducir la Pastoral Vocacional en los grupos de la parroquia para promover desde los grupos las vocaciones, por lo que en la asamblea se reflexionará sobre los aciertos y áreas de oportunidad del proyecto.

Después de un año de mucho trabajo, esfuerzo y constancia podemos sentirnos orgullosos de nuestro trabajo sin olvidar que todo nuestro esfuerzo sólo puede ser fructífero si nuestra mirada está puesta en Dios, ya que es Él quien nos da su gracia para poder realizarlo y al final podemos decir, somos siervos que hicimos lo que teníamos que hacer.

25 May 2016

HELLO! 1

Por: José Alberto Estrada García, seminarista

Hola, mi nombre es Alberto Estrada tengo 29 años de edad y estoy cursando el octavo año de formación en el Seminario de Monterrey. Durante este año estoy viviendo una año muy especial en la formación sacerdotal. Este año tiene el nombre de Experiencia Eclesial y el sentido es que como seminarista tenga un año de ejercicio pastoral a tiempo completo, en una parroquia, pastoral o comisión.

Alegremente les comparto que tengo ya unos meses viviendo esta gran experiencia en la Parroquia de San Rafael Arcángel en Monterrey, a orillas del cerro del Topo Chico en la CROC, en la cuál estoy encargado de la pastoral juvenil parroquial y organizando actividades vocacionales a nivel decanato en las 8 parroquias.  Estos meses han sido una bendición para mi vida y mi vocación.

En el correr de este año hemos organizado actividades vocacionales en la zona Poniente de la Ciudad, mis hermanos seminaristas Ángel Moreno, Rafael Saucedo y Jonathan Galaviz que han sido enviado a parroquias próximas a donde estoy yo. Horas Santas, Visitas a los grupos juveniles y de monaguillos, y varios eventos como el  “Encuentra tu Camino” donde con temas, adoración eucarística y Rally´s presentamos la llamada que Dios hace siempre a seguirlo y los caminos que propone para hacerlo.

El presentar a los jóvenes la llamada de Dios, sin duda renueva la llamada que Dios me hace personalmente – en un momento muy concreto de mi vida y a una misión muy particular – y aún más exige de mí una respuesta diaria que hace siempre emocionante esta aventura de la Vocación y el compromiso de saberme #LlamadoParaLlamar

Esta experiencia ha servido de proyección hacia el futuro de lo que será el ministerio, una prueba magnífica que me permite evaluar mi persona, mi configuración con Jesús Buen Pastor y mi entrega al servicio del Pueblo de Dios. Además, vivir de una manera más cercana y real como pronto será en la vida ministerial, y el compartir la vida, el trabajo, los pendientes con los sacerdotes y seminaristas de apostolado, es una gran lección de vida para la Fraternidad Sacerdotal, tan necesaria en este caminar.

El estar de tiempo completo en la parroquia y encargado de una pastoral especifica te permite realizar planes y proyectos a mediano y largo plazo, y sobretodo tener una mayor cercanía y presencia en la comunidad que me permiten vivir, sentir y expresar a Dios lo que la comunidad quiere saber de él y a ellos lo que Dios les quiere dar a conocer en este momento de su vida.

Agradezco a Dios, a mi párroco Javier Lozano y al equipo formador el permitirme esta experiencia formativa que hace crecer en mí el deseo de prepararme aún más para entregarme más y mejor al servicio del Pueblo de Dios.

29 Abr 2016

HELLO! 1

Por: Leonardo Rafael Castro Solís, seminarista.

Para hablar de San José, el carpintero de Nazaret, es necesario adentrarse en su silencio de amor y obediencia a la voluntad de Dios, al llamarlo a ser custodio de los tesoros más grandes de nuestra fe: Jesús, la Virgen María y la Iglesia. Esto lo podemos reflexionar dentro de las Sagradas Escrituras, a pesar de la poca información que se brinda de él, se alcanza a presenciar su obediencia y disposición por servir a Aquél que lo ha llamado a ser parte del proyecto de salvación prometido por Dios a la humanidad.

Los evangelistas nos presentan a San José como un hombre justo y trabajador, un padre y esposo atento a responder a su misión ante Dios, la familia y la sociedad. Dentro de los evangelios se habla de un hombre justo y obediente a la voluntad de Dios, que manifiesta su misericordia ante aquella mujer en quien había puesto su amor y la cuál sería su esposa, ya que al enterarse de que María estaba esperando un hijo, que naturalmente no era suyo, decide no denunciarla públicamente, pues esto le traería como consecuencia la muerte. En este gesto se puede percibir que San José ya vivía la misericordia.

Al igual que la virgen María, José cree en las palabras del ángel y rectifica la misión que se le ha sido encomendada como esposo, padre y custodio.

San José, hoy en nuestros días, debe ser un modelo de santidad que nos inspire valentía, humildad, amor por la familia y a la voluntad de Dios. Al igual que José, la paternidad debe verse como un don y una bendición que exige cada una de las virtudes y actitudes de un buen cristiano, en donde la misericordia sea fruto de la justicia y no de “la lastima”, y que nos lleve a ponernos en los zapatos del otro para buscar y emprender juntos una misión, tal como lo hicieron San José y la Virgen María como esposos y padres.

20 Mar 2016

HELLO! 1

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
    ¿Amo a Dios sobre todas las cosas?
    ¿Dios es la primera prioridad en mi vida o yo estoy antes que Él?
    ¿El placer y el dinero se han vuelto más importantes para mí que Dios que me hizo para Sí mismo? ¿Rezo con frecuencia?
    ¿Descuidé mi amistad con Dios por no rezar?
    ¿Participé en prácticas ocultas o supersticiosas, por ejemplo, la adivinación del futuro?¿Recibí la Sagrada Comunión en pecado mortal?
    ¿Mentí en la confesión u omití deliberadamente confesar un pecado mortal?

 

  1. No tomarás el nombre de Dios en vano.
    ¿Juré en falso, es decir, mentí bajo juramento ante un tribunal de justicia?
    ¿Alguna vez mentí después de “jurar por Dios” que estaba diciendo la verdad? ¿Alguna vez pronuncié el nombre de Dios cuando estaba enojado/a, en una palabrota?

 

  1. Santificarás las fiestas.
    ¿No asistí a la Santa Misa deliberadamente el sábado por la tarde o el domingo? ¿No asistí a Misa en una fiesta de precepto o en una fiesta importante del calendario litúrgico (es decir, Jueves Santo, Viernes Santo, Domingo de Pascua, Navidad, Santa María Madre de Dios, etc.)?

 

  1. Honrarás a tu padre y a tu madre.
    ¿Desobedezco a mis padres? ¿Les falto el respeto?
    ¿Les insulto? ¿Tengo vergüenza de ellos?
    ¿Les digo que los amo? ¿Les miento?
    ¿Les robo? ¿Obedezco y respeto a quienes ocupan el lugar de mis padres, como por ejemplo los maestros y directores?
    ¿Me ausento a clases? ¿Miento a mis maestros?
    ¿Les insulto?

 

  1. No matarás.
    ¿Me estoy matando a mí mismo consumiendo drogas?
    ¿Me alcoholizo? ¿Me sometí a un aborto?
    ¿Aconsejé a alguien para que se practique un aborto?
    ¿Defiendo el derecho a la vida de los niños por nacer o me he limitado a aceptar la mentalidad de la sociedad anti-vida?
    ¿Utilicé anticonceptivos abortivos o alenté a alguien para que los utilizara?
    ¿Me esterilicé de algún modo o alenté a alguien para que lo hiciera?
    ¿Participé en una eutanasia o estuve de acuerdo con ella?
    ¿He arruinado la reputación de una persona por hacer circular rumores en forma deliberada o por mantenerlos vivos transmitiéndoselos a otros?
    ¿Siento ira contra una persona? ¿Guardo rencor?
    ¿Me niego a perdonar? ¿Maldije a alguien?

 

  1. No cometerás adulterio.
    ¿He mantenido relaciones sexuales con alguien?
    ¿He tenido sexo conmigo mismo?
    ¿Alguna vez miré pornografía por internet o por cualquier otro medio?
    ¿Alguna vez tuve pensamientos impuros de manera libre y deliberada?
    ¿He practicado algún método anticonceptivo?
    ¿Soy recatado/a con la vestimenta?

 

  1. No robarás.
    ¿Les robo a mis padres? ¿Les robo a mis amigos?
    ¿Alguna vez robé algo a un extraño? ¿Alguna vez robé algo en un negocio?
    En otras palabras, ¿alguna vez tomé algo que pertenece a otra persona por legítimo derecho? ¿Hago demasiadas apuestas?
    ¿Busco compartir lo que tengo con los pobres y necesitados?

 

  1. No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.
    ¿Soy mentiroso/a?
    ¿Soy culpable de detracción, es decir, de dar a conocer las faltas de otros?
    ¿Soy culpable de calumnia, es decir, de divulgar mentiras sobre otras personas?     ¿Ando con chismes sobre otras personas?
    ¿Doy a conocer información que debería ser confidencial?
    ¿Soy falso/a, es decir, he sido un cierto tipo de persona para unos y otro tipo de persona completamente diferente para otros?

 

  1. y 10. No codiciarás a la mujer de tu prójimo ni a los bienes ajenos. ¿Soy envidioso/a de otras personas?
    ¿Deseo que se prive a otras personas de sus bienes o talentos?
    ¿Soy celoso de otras personas?
    ¿No perdono a otras personas o les guardo rencor?
    ¿Soy resentido/a?
    ¿Menosprecio a los demás?

 

Oración antes de la confesión:

Padre, Tú te compadeces de toda la humanidad, nos acoges y nos concedes tu auxilio cuando lo necesitamos. Abre ahora mis ojos, para que sepa ver el mal que he cometido y el bien que he dejado de hacer, y toca mi corazón, para que me convierta sinceramente a ti. Cura y fortalece mi debilidad, renueva en mí tu amor: así resplandecerá en mis obras la imagen de tu Hijo, seré testigo de tu bondad entre la humanidad y viviré en comunión con mis hermanos en la Iglesia. Concédeme, Padre, tu luz, por Jesucristo, hermano y guía de toda la humanidad.

Padre todopoderoso, lleno de bondad y misericordia, aquí estoy de rodillas ante ti. Quiero confesarte los pecados con que te he ofendido, Padre mío.

Padre, posa sobre mí tu mirada misericordiosa. Mírame, como lo hiciste a través de los ojos de tu Hijo Jesucristo, que vio a aquella mujer pecadora que comparecía ante Él y no la condenó. Concédeme la gracia de la contrición y propósitos firmes de enmienda, para que sea capaz de comparecer ante tu presencia, dispuesto a comenzar una nueva vida a la luz de tu Palabra.

Padre bueno, concédeme tu gracia para que pueda desde ahora llenarme de gozo, mientras me preparo a encontrarme contigo, en el Sacramento de la reconciliación. Haz que desaparezcan en mi todo miedo y vacilación, de tal suerte que sepa, como debo confesar mis pecados. Envía tu Espíritu sobre mi, para que los recuerde todos y sienta dolor por ellos. Dame el valor para no mantener en secreto ningún pecado, abriendo mi alma ante ti con toda sencillez y sinceridad.

Amén.

Acto de contrición:

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho mas me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber muerto que haberle ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia, no pecar mas y evitar las ocasiones próximas de pecado.

Amén.

seminario-monterrey-examen-conciencia

La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento.

  1. Examen de Conciencia.

Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una guía para hacerlo bien.

  1. Arrepentimiento.

Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos lastimado al que más nos quiere: Dios.

  1. Propósito de no volver a pecar.

Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.

  1. Decir los pecados al confesor.

El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha.

  1. Recibir la absolución y cumplir la penitencia.

Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos.

12 Feb 2016

HELLO! 1

Por: Edgar Alvarado, seminarista.

-Padre, padre. ¿Por qué usa vestido?
-No soy padre, soy seminarista.
-Si padre, pero ¿por qué usa ese vestido negro?
-No se llama vestido, se llama sotana, y es mi uniforme de seminarista.
-¡Qué chido padre! Cuando sea grande yo también quiero ser sacerdote para usar sutana.
-Sotana, se llama sotana.

Esta conversación, palabras más palabras menos, sucedió hace cuatro años en un salón de segundo de primaria, en un colegio cuyo nombre prefiero no mencionar. Diálogos como éste, o al menos muy parecidos, suceden año tras año en la visita a colegios que el Seminario de Monterrey realiza en diferentes instituciones educativas de nuestra Arquidiócesis. Esta actividad consiste en que los seminaristas, tanto del Seminario Mayor como del Menor, visiten los colegios católicos, salón por salón, y compartan su testimonio vocacional.

Esto se realiza en el contexto del día del Seminario, celebración en la que, durante el mes de febrero, los seminaristas tienen contacto con diferentes personas y realidades, con las que comparten el llamado que Dios les ha hecho para seguirlo, en la vocación sacerdotal. Precisamente la visita a los colegios es una oportunidad para compartir este llamado con niños, adolescentes y jóvenes que estudian en escuelas de inspiración cristiana, desde el grado de kínder, pasando por primaria, secundaria e incluso preparatoria y facultad.

En esta experiencia, cada seminarista visita los salones de clase, y da a conocer la forma en la que Dios lo llamó a la vocación sacerdotal, llamado al que está respondiendo por medio de la formación en el Seminario. Así, los seminaristas dan a conocer su proceso vocacional, y algunos detalles de lo que es la vida en el Seminario; esto con el objetivo de que los alumnos conozcan cómo se forma un futuro sacerdote, y con la intención de que si alguno siente inquietud por esta vocación pueda acercarse y pedir información para iniciar un proceso de acompañamiento. Igualmente, esta actividad tiene como propósito motivar a los alumnos de colegios a orar por las vocaciones sacerdotales, especialmente en este mes del Seminario.

Al finalizar este momento de compartir, suele darse un espacio para preguntas y respuestas, en el que los alumnos pueden preguntarle a los seminaristas cualquier duda o inquietud. Es aquí donde los momentos chuscos suceden, ya que la creatividad de los niños y jóvenes es muy grande. Las preguntas van desde un ¿qué comen los seminaristas? hasta un ¿por qué no se pueden casar? otras dudas muy comunes son: ¿qué hacen en un día normal?, ¿cuántos años están encerrados?, ¿así se visten todo el día?, ¿ven a sus familias? etc, etc, etc.

Sin lugar a dudas esta experiencia es muy rica ya que, además de los momentos chuscos, se da la posibilidad de orar, convivir y reflexionar con jóvenes estudiantes. Y es que, compartir la vida y la vocación con otras personas nos permite renovar este llamado, y contagiarlo a otros hermanos nuestros.

Sigamos orando por las vocaciones sacerdotales en este mes del Seminario, en el que celebramos que Dios sigue llamando a jóvenes valientes a ser santos por medio del sacerdocio.

05 Feb 2016

HELLO! 1

Por: Adrián Alejandro Garza Morales, seminarista.

El día de hoy, 6 de febrero, será un día muy especial para los jóvenes que cursan en el seminario menor de Monterrey ya que, en la Basílica de la Purísima recibirán, de las manos de sus padrinos, familiares y amigos, la sotana negra y la banda azul propias del seminarista. La sotana es un signo muy propio del seminarista peor no sólo es un signo que lo identifica, sino que en cierto grado expresa su ser, su afán de querer consagrar su vida al servicio de Dios a través de los demás.

¿Alguna vez te has preguntado qué significa la sotana? La sotana que portan los seminaristas también es llamado “hábito talar” es decir, vestidura a manera de traje que llega a los talones y desde el siglo XVI es de color negra. Sotana, viene de la palabra latina “subtana” de “subtu” que quiere decir lo que se pone por debajo, ya que encima de ella van las vestiduras litúrgicas como el roquete, la cota y el alba.

Portar la sotana es un signo público de nuestra entrega y servicio a Dios, es un signo de humildad y de moderación en nuestro vestir, es un recordatorio permanente de llevar una vida de santidad. La banda que la ciñe es signo de nuestro carácter y de nuestra entereza por cumplir con la voluntad de Dios por encima de nuestras preferencias. El color azul recoge nuestras esperanzas (las de todos los seminaristas) de, algún día, llegar a abrazar el estado clerical, además de significar el inconfundible amor hacia la Virgen María, inmaculada desde su concepción. Por su parte el alzacuello les recordará mantener erguida su cabeza, de jamás deprimirse, ni avergonzarse o entristecerse de esta distinción que Dios hace de cada uno de nosotros.

La sotana puede llegar a verse como un trozo de tela negra que portan los seminaristas, pero es más que eso, más allá de las apariencias la sotana es nuestro recuerdo vivo de saber que tenemos que dejar todo por el reino de los cielos, que debemos de abandonarnos a nosotros mismos y ser capaces de ir por los más necesitados, de ir hacia los que necesitan descubrir el rostro misericordioso de Dios

Aún recuerdo el día que use la sotana por primera vez, fue un momento muy importante en mi vocación. Recuerdo a mis papás, a mi párroco y a mis amigos en esa celebración y ese recuerdo me ayuda a entender que mi vocación está al servicio de los demás, no sólo es mía, es un don que Dios me regala tanto a mi como a su pueblo.

27 Ene 2016

HELLO! 1

Por: Luis Alfonso Irene Brion, seminarista. (1º de Filosofía)

Después de un tiempo de descanso y de convivencia con la familia, celebrando el misterio de la Navidad, terminamos las vacaciones de diciembre y regresamos al Seminario. Nos incorporamos de nuevo a nuestras actividades, para seguir en el camino de formación para el sacerdocio.

Necesitamos volver constantemente nuestra mirada a Aquel que nos amó primero, por eso como primera actividad tenemos una herramienta que nos ayuda a entrar en nosotros mismos para encontrar a Dios en el sagrario de nuestro corazón: los ejercicios espirituales.

En el Instituto de Filosofía se llevaron a cabo del 4 al 8 de enero y fueron impartidos por el Padre Enrique Arias, de la Orden Franciscana de los Hermanos Menores, apoyado por todo un equipo de laicos del movimiento de Alvernia. El tema de los ejercicios fue la misericordia de Dios.

Nos hablaron de Dios que es Padre de misericordia y de todo consuelo. Nos dijeron que, a veces, hay cosas que evitan que experimentemos el amor de Dios al máximo: una imagen deformada de Dios, una imagen familiar dañada y la vida de pecado. También vimos que la encarnación de Jesucristo es la manifestación del amor de Dios Padre, y nos invitaron a meditar en el misterio de la cruz, identificar cuál era la nuestra y ofrecérsela a Dios.

Por otra parte, tuvimos la gracia de hacer una confesión general con varios sacerdotes franciscanos invitados, mientras adorábamos a Jesús en la Eucaristía. Hicimos, además, una actividad en la cual nos teníamos que lavar los pies unos a otros, yendo con aquellos con los que tuviéramos alguna rencilla, para perdonar, o para demostrarle afecto a alguno de los hermanos.

Tuvimos, entre las actividades menos formales y espirituales, la oportunidad de ver dos películas: Los miserables y Hotel Rwanda. Esto con el fin de analizar la vivencia de los personajes y ver cómo vivían la misericordia.

En general, puedo decir que fue una experiencia muy buena, una gran oportunidad para avivar nuestra relación con Dios y así poder empezar, llenos de alegría por sabernos amados por el Señor, nuestras demás actividades en el Seminario, teniendo bien presente que, como dice san Pablo: “Dios es rico en misericordia” (Cf. Ef 2,4).

28 Nov 2015

HELLO! 1

“Al mundo le falta vida, al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo, 
al mundo le faltas Tu.”
Fragmento del Canto de Adviento: “Ven, Señor, no tardes” de Cesáreo Gabaráin

Por: Seminarista David Jasso Ramírez

Vivimos a prisa. Corremos de un lado para otro sin saber a dónde vamos ni a qué hemos ido, sin llegar a valorar si necesitábamos ir de prisa o si podríamos haber hecho lo mismo a otro ritmo. Quien diariamente convive con la prisa, lo hace también con el estrés y la ansiedad, pues no disfruta del momento por estar anticipando el futuro. La prisa ha llegado a convertirse en un estilo de vida, de ahí que el médico español Gregorio Marañon haya dicho: “En este siglo acabaremos con las enfermedades, pero nos matarán las prisas”.

Hoy la información corre a toda velocidad, el mundo es inmediato y la información se transmite por muchos medios, prácticamente a la velocidad de la luz. Nos enteramos al instante y no podemos creer que haya lentitud en nuestra computadora, en internet o en nuestro teléfono móvil. Vivimos el síndrome de “la prisa para esperar y de la inmediatez” pues lo instantáneo de las cosas hace que el mundo deba ir más rápido, lo cual nos hace intolerantes ante la espera y superficiales en nuestro modo de ser, pensar y obrar. Está desapareciendo la espera; la gente cada vez está menos dispuesta a esperar. Se quiere todo “aquí y ahora” y no se entiende que la impaciencia no logra acelerar el ritmo de la vida: “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Hemos olvidado que la espera genera ilusión, que es un ingrediente esencial de la felicidad. La espera es un componente fundamental de la vida humana. Necesitamos tiempo suficiente para salir de la niñez y de la adolescencia, para aprender una profesión para descubrir y asimilar verdades. El agricultor cuenta con el tiempo de espera de la cosecha; la madre cuenta con el tiempo de espera del hijo que va a nacer.

Todo es mejor en su tiempo, pero para experimentarlo es necesario esperar, entendiendo que la espera no es pasividad, sino disponibilidad activa hacia lo que se aproxima. Y eso es precisamente Adviento, espera, pero espera gozosa de la venida de Jesús, un llamado a salir a su encuentro en el pesebre de Belén en medio de nuestros acelerados días, atentos en lo que verdaderamente importa porque “la atención espera sin prisa, evitando el deseo impaciente y más aún el horror del vacío que nos sugiere llenarnos prematuramente” (Maurice Blanchot, “El diálogo inconcluso”).

¿Cómo vamos a entrar de lleno en la alegría, asombro y amor que trae consigo el Adviento? ¿Cómo vamos a tomar un descanso en medio de la prisa de este tiempo agitado y recordarnos a nosotros mismos que Jesús es la razón de este tiempo, de esta época, de nuestras celebraciones decembrinas?

Queremos en Adviento celebrar una nueva venida de Jesucristo a nuestras vidas; él viene a nosotros y llama a la puerta de nuestro corazón: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos”. (Ap 3,20). En este tiempo lo experimentamos como Dios que en Jesús viene a cada instante. De ahí que el tema central de Adviento sea el gran amor de Dios, quien envió a su único Hijo para vivir con nosotros, amplia expresión de su Misericordia y que constituye el secreto a descubrir particularmente en este Adviento que viviremos en el inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

Es el Adviento que aumenta, en primera instancia, el anhelo de la Misericordia de Dios que llena la tierra, se extiende a todos sus hijos, nos rodea, nos antecede, se multiplica para ayudarnos y que continuamente ha sido confirmada por Él mismo al ocuparse de nosotros como Padre amoroso.

Esta Misericordia que experimentamos genera compasión hacia el que sufre, al que está en desgracia, al hermano alejado, marginado, necesitado, solo y olvidado. La Misericordia se humaniza y es el núcleo del Evangelio y el núcleo de nuestra identidad como cristianos. Jesús vino a manifestar la misericordia de Dios, y nos llama a seguirlo, practicando la misericordia para con los demás: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso” (Lc. 6,36). Así debemos vivir los cristianos: como lo hizo Jesús, dando de comer al hambriento, dando de beber al sediento, vistiendo al desnudo, proporcionando un techo a los que no tienen hogar, visitando a los enfermos, a los presos y enterrando a los muertos.

Es en Adviento que nuestra Misericordia debe ser generosa y personal pues sólo así podremos crear una cultura de encuentro y comunión, resistiendo y rechazando todas las tendencias de nuestra sociedad de marginar, dividir y excluir.

¡Vivamos el Adviento!, que la prisa y la impaciencia de estas semanas no nos distraiga de recibir a Jesús. ¡Vivamos el Adviento!, que la Palabra de Dios nos descubra a Jesús “Dios-con-nosotros” Pero también ¡Vivamos la Misericordia!, que sea un tiempo especial para compartir con nuestros hermanos más necesitados, con los últimos, un gesto compasivo que abra el corazón a Jesús en ellos.

Que en Adviento, la Misericordia no sea un sentimentalismo, salgamos y encontrémonos con el sufrir del otro pues estamos llamados como Iglesia a “ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (EG 114) teniendo “los mismos sentimientos de Jesucristo” (Flp. 2,5).

23 Oct 2015

HELLO! 1

Los restos de San Teófimo llegaron al seminario en 1924. Cabe señalar que eran tiempos de la persecución cristiana en México, donde el gobierno de Calles perseguía a los fieles católicos. Llegó cuando en ese entonces el Excmo. Sr. José Juan de Jesús Herrera y Piña era obispo de nuestra diócesis, el padre Rafael Plancarte Ygartúa, párroco de la Basílica de la Purísima Concepción, los consiguió para el Seminario. Dichos restos los conservaban las religiosas llamadas Turquinas en Roma.

Llegó en un momento importante para la vida de los seminaristas, puesto que las reliquias eran de un mártir de las primeras eras cristianas, quien no renegó de su fe cristiana y murió por causa de ella; este ejemplo llegaba en un momento importante para los seminaristas que vivían tiempos muy difíciles, sobre todo para expresar la fe. Los cristianos eran perseguidos y más el clero y los seminaristas. San Teófimo llegó para dar ánimo a los seminaristas y ver en él un ejemplo de vida entregada y sellada en Cristo con su sangre. Desde entonces San Teófimo es el Patrono principal del Seminario, llegando a tener el nombre del seminario “Seminario de Monterrey de San Teófimo”. Cabe señalar que también se tiene compartiendo ese patrocinio con San José.

Se dice que las reliquias de San Teófimo estuvieron escondidas en algunas casas, después llegaron a las instalaciones del seminario cuando este se encontraba en anexo al Templo San Luis Gonzaga, en el año de 1935 y en el año de 1959 llegaría a las instalaciones del seminario ubicado en el municipio de San Pedro; San Teófimo, junto con todo el Seminario Mayor, en el año de 1995 cambiaron de casa, es decir dejaron las instalaciones de San Pedro para estrenar instalaciones pero en esta ocasión en la ciudad de Juárez, Nuevo León, donde actualmente se encuentran sus restos para su veneración, debajo del altar de la capilla del edificio de rectoría, y como cada año se sigue celebrando a tan impulsor mártir e intercesor de los seminaristas. Es el 5 de noviembre cuando se conmemora la fiesta de San Teófimo en un ambiente que se involucra a la comunidad formativa, presbiterio, bienhechores y trabajadores del seminario.

20 Oct 2015

HELLO! 1

“Hagan esto en memoria mía” (1Co. 11,24b.25b) son las palabras que resonaron en el corazón de los primeros apóstoles y discípulos del Señor, y que movieron a todas las comunidades de creyentes después de la Pascua de Jesús, a seguir reuniéndose a celebrar la Eucaristía, o lo que, más precisamente, ellos llamaban la fracción del pan.

La celebración de la Misa tiene no sólo un peso tradicional, sino que conjuga una gran cantidad de elementos que son significativos para los cristianos y que efectivamente transmiten la gracia de Dios a los creyentes.

Al recibir la Eucaristía nuestra persona se nutre con el cuerpo y la sangre del mismo Jesucristo, presente en las especies del pan y del vino que han sido “eucaristizadas”, o dicho de otro modo, sobre las cuales se ha hecho la oración de acción de gracias con las palabras que usó el mismo Cristo aquél día en la última cena con sus discípulos. Y no sólo repetimos las acciones o palabras que Jesús hizo hace dos mil años, sino que al vivir la Santa Misa, hacemos presente en nuestro tiempo aquel momento y aquella gracia que Jesús ha derramado por medio de las especies eucarísticas.

Y si aun así te queda duda sobre la radical importancia de reunirse en comunidad para vivir la Misa, estas palabras de San Ignacio de Antioquía, que dirigió en una carta a los efesios, te podrán ayudar:

Pongan empeño en reunirse más frecuentemente para celebrar la eucaristía de Dios y glorificarle. Porque cuando frecuentemente se reúnen en común, queda destruido el poder de Satanás, y por la concordia de vuestra fe queda aniquilado su poder destructor. Nada hay más precioso que la paz, por la cual se desbarata la guerra de las potestades celestes y terrestres. (S. Ignacio de Antioquía, Carta a los efesios, 13)

Es así que estas puntuales pero enriquecedoras enseñanzas bíblicas y de los santos padres nos lleva a plantearnos varias cuestiones sobre nuestra vivencia de la Eucaristía:

  • ¿Cuándo asisto a Misa tengo conciencia de todos los elementos significativos que se han ido pasando de generación en generación a lo largo de la historia y que nos llegan hasta nuestros días con un gran valor espiritual?
  • ¿Participo en la Misa creyendo que yo también estoy celebrando el misterio pascual de Jesús, o pienso que sólo el sacerdote tiene un papel protagónico?
  • En las primeras comunidades la fracción del pan tenía una fuerte dimensión social. Es decir, el recibir el cuerpo y sangre del Señor se traducía en una vivencia fraternal alegre y generosa para con el prójimo. ¿Soy verdaderamente cristóforo (es decir, portador de Cristo) fuera del templo, después de comulgar, para con los demás, o me quedo en un “engolosinamiento” espiritual sin repercusión en las relaciones con mi entorno?
  •  ¿Me siento en familia con los hermanos que me rodean cuando estoy en el templo en la celebración eucarística?
  • ¿Experimento en la comunidad cristiana a la que pertenezco, al celebrar la Eucaristía, la fortaleza y apoyo para sacar adelante las situaciones difíciles de la vida o las tentaciones que buscan alejarme de Cristo? ¿Fomento yo esta “red” de apoyo espiritual y/o material, a imitación de las primeras comunidades creyentes?

 

Sin duda, la Eucaristía, como decía San Ireneo de Lyón, es la que “da solidez a lo que creemos” (Contra los herejes, IV,18,5). Conocer su origen e importancia nos permite recuperar la memoria histórica de este valiosísimo sacramento que custodia la Iglesia como tesoro más grande.

 

 

Por: Seminarista Darsving O. Ehrenzweig