10 Nov 2016

HELLO! 1

Por: Gerardo Álvarez de León, seminarista (F3)

¡Hola a todos! Deseo que la Paz de Dios siempre los acompañe en donde quiera que se encuentren. Quiero compartir con alegría cómo ha sido mi caminar en el seminario junto con mi familia, y cómo ella me ha fortalecido en mi vocación, y me ha animado a seguir formándome para, si Dios quiere, algún día llegue a ser sacerdote.

Cuando yo ingreso al seminario menor, apenas era un adolescente, y desde luego que mi familia estaba asimilando mi respuesta, pues era la primera vez que salía de mi casa. Y aunque con dificultad, pero con el ánimo y con mucha fe, lograron aceptar el llamado que Jesús me hizo, y así, no sólo yo le respondí, sino que mi familia también le ha respondido, siguiendo junto conmigo el caminar del Maestro.

Conforme iba avanzando en mi formación, mi familia se iba acercando a participar en la Iglesia, cada vez con más alegría, entusiasmo y entrega. Aumentaron en ellos esas ganas de servir al Señor, por lo que ahora les puedo contar que mi papá es Ministro Extraordinario de la Comunión, y la verdad, eso para mí me da mucha motivación, pues cuando tenemos oportunidad de platicar, me dice con palabras llenas de alegría y mucha fe, cómo ayuda a distribuir la comunión a nuestros hermanos limitados por alguna enfermedad. Mi mamá también se ha acercado a servir, ha vivido retiros que la han fortalecido, y en su sencillez sabe manifestar la fe y la esperanza que tiene, y aunque al principio le costó mucho trabajo el que haya dejado mi hogar, ahora me dice que todo su trabajo doméstico lo ofrece por la santificación de todos los sacerdotes del mundo.

Mi familia siempre será mi motivación, me apoyan y me fortalecen con su oración, con sus sacrificios en el trabajo, en las labores del hogar, etc. Y así, para ellos, soy quien les da ese impulso para seguir creyendo con alegría, con entrega y generosidad, siempre siendo fieles al Señor que no deja de bendecirnos.

A partir de mi respuesta al Señor, de decirle “sí”, he visto que ha tenido un gran efecto: ¡Ellos han creído! Lo que me hace recordar el lema de las fiestas de nuestro santo patrono: “Creyó él y toda su familia”. Esto se hace presente con nuestra respuesta, para algunos tardará más, para otros menos, pero cuando nosotros creemos con verdad en el llamado de Jesús, nuestra familia no se queda atrás, y yo doy testimonio de mi familia, ellos no son ajenos en mi formación, sino que a pesar de la distancia de nuestros hogares, a pesar de lo que podemos vivir, ellos nunca estarán distanciados, ellos son los que nos animan a creer en este llamado, y sin ellos, no podríamos estar mejor formados.

Que Dios los siga bendiciendo, y no se olviden de pedir al Señor, para que nos den más familias cristianas, más familias santas. ¡Que así sea!

04 Ago 2016

HELLO! 1

Por: Adrián Alejandro Garza Morales, seminarista.

¿Tienen mucho tiempo libre? ¿No se aburren? ¿Para qué se forman tantos años? ¿Se la pasan rezando?

Estas son algunas de las preguntas que cualquier seminarista ha tenido que enfrentar debido a que se generan distintos estereotipos en torno a la formación sacerdotal y que en muchas ocasiones se suele creer equivocadamente lo que hace un seminarista en formación. Son muchos los años de formación, de estudio y de disciplina que llevan la formación, porque ésta implica vivir diversas experiencias que lleguen a lo profundo del joven para que pueda formar un corazón siempre teniendo como ejemplo y modelo a Jesús buen Pastor.

¿Qué tanto hacen en el seminario?

A veces, el pensar que vivimos en el seminario la mayor parte del tiempo puede parecer que nos aburrimos pero la formación en el seminario es muy variada y rica en forma. De lunes a viernes tenemos nuestras actividades propias en el seminario, nuestra espiritualidad como la Misa, la reflexión o la Liturgia de las horas, el estudio, aseos, deporte, la convivencia con nuestros hermanos, alguna junta, entre otras cosas. La vida en el seminario nos enseña a tener tiempo para todo, a no solo encerrarnos en las cosas que nos gustan.

¿Cuántas misas tienen al día?

Este puede ser el estereotipo más fuerte que puede existir en torno a la formación sacerdotal, el pensar que sólo nos la pasamos en la capilla, y lamento desilusionarlos pero no es así. Tenemos nuestra Eucaristía o misa diaria, es el alimento indispensable en nuestra formación, es un encuentro privilegiado con Cristo, pero no podemos encerrarnos en esto solamente. El sacerdote o diácono al final de la Misa nos exhorta a salir del templo y a compartir con nuestros hermanos lo que hemos celebrado. La espiritualidad no es algo que se dé sólo en el templo, se da en la convivencia con los demás, en el deporte, en el estudio, en el apostolado, pero claro que esto no le quita la importancia a la oración personal o comunitaria, solo es cuestión de aprender a formar una espiritualidad que englobe toda nuestra vida y eso es algo que aprendemos en la formación en el seminario.

¿Es fácil vivir en comunidad?

Cuando me hacen esta pregunta normalmente contesto con otra, les digo: Imagínense entre 50 y 70 hombres viviendo juntos, estudiando juntos, comiendo juntos, haciendo tareas en equipo juntos o haciendo limpieza juntos, todos los días. ¿Cree que sea fácil? Al vivir con varias personas que piensan distinto, que tienen hábitos distintos puede llegar a ser algo complicado. Los roces son algo que se da en cualquier convivencia sana (si no se dieran, algo estaría mal). No es fácil vivir en comunidad pero si es una experiencia muy enriquecedora que te permite aprender a entender al otro antes de juzgarlo, que te ayuda a salir en busca del que está cansado o fatigado. Además las discusiones nos ayudan a madurar, a saber que el mundo no es solo lo que uno puede pensar. Vivir en comunidad es una experiencia que te ayuda a madurar porque te enseña a vivir junto a los demás.

¿Para qué tanto estudio?

Esta es una pregunta un tanto curiosa porque puedo decir que muchos seminaristas (incluyéndome) podemos llegar a ver el estudio como algo demasiado largo y tedioso y llegando a ver algunas materias un poco innecesarias. Pero el estudio en el seminario no se trata solo de acumular información, el principio es aprender a comunicar la buena nueva que Cristo nos trae consigo, se trata de desarrollar nuestra conciencia para ayudar a formar la conciencia de quienes se acerquen a nosotros. Como dice el adagio popular, un ciego no puede guiar a otro ciego. El estudio es una herramienta que nos permite comunicarnos con todo aquel que busque la verdad, de forma que lo podamos ayudar a encontrarse con Aquel que es la verdad.