25 Jun 2020

HELLO! 1

Desde la creación del mundo, Dios va comunicando su voluntad de que todo lo que existe sea bueno y sirva de motivo, para que los hombres alcancen la plenitud de su existencia en su presencia. Cuando el hombre se aleja de este plan, Dios permanece en activa espera a la plenitud de los tiempos para revelar sus designios a un pueblo, que él mismo se irá preparando para dicha manifestación.

El recorrer la historia de la salvación nos permite reconocer la grandeza del misterio que envuelve el amor que Dios tiene, por todo aquello que ha hecho y de manera preponderante, por la humanidad. A pesar de las opacidades que se vislumbran en los escritos del Antiguo Testamento, interpretados desde la óptica de nuestra actualidad, podemos reconocer en ellos la pedagogía con la que Dios va actuando para edificarse una comunidad lista para asimilar las verdades de fe que, aunque no carecen de lógica, podrían confundir la limitada razón humana.

Los Patriarcas son aquellos hombres que dan respuesta de fe al plan de Dios, de preparar ese pueblo que en el futuro será tan grande como las estrellas de los cielos o las arenas del mar, y en ellos serán bendecidas todas las naciones (cf. Génesis 22,17). La identidad familiar y la lealtad a la Alianza pactada con Dios en el cumplimiento de la Ley hacen de este pueblo su predilecto.

Dios habló a su pueblo por medio de profetas aunque no siempre fueron escuchados, los jueces invocaban su nombre e impartían justicia entre una sociedad cada vez más hostil al parecer divino, la monarquía fue la expresión humana de pretender igualar la grandeza de Dios manifestando la suntuosidad del poder del hombre como una mísera sombra de la realeza divina. Esta consecución de sucesos preparan el camino a la revelación completa. Llegada la plenitud de los tiempos envió Dios a su hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley para rescatar a los que vivían bajo el yugo de la Ley. (Gálatas 4,4s).

El nacimiento del unigénito de Dios es la culminación de la enseñanza para la humanidad. A fin de que el mensaje salvífico sea comunicado de manera auténtica, se prepara el terreno de la predicación con los apóstoles como garantes de la fe, misma que experimentan y viven junto al Gran Maestro.

La Sagrada Escritura recaba esta historia salvífica como tesoro incalculable al acceso de todo aquel que se siente movido a descubrir el verdadero sentido de la vida y ayuda a recorrer la sabiduría milenaria que ha llevado a la humanidad al encuentro de lo que lo supera y, venciendo las limitaciones, a alcanzar la plenitud de su ser. Por esto, te invito a que averigües que tanto conoces de la Biblia con el siguiente quiz.

César Arturo Sánchez Lara
3° Filosofía

22 Jun 2020

HELLO! 1

La santidad es un llamado que todos recibimos y podemos responder. Es muy común que tengamos alguna experiencia con algún santo, ya sea por ser devotos, por la comunidad en la que participamos o porque nuestros papás o nuestros abuelos tienen alguna imagen o ícono que lo representen en algún lugar de la casa.

Los santos son testigos palpables del gran amor que Dios tiene para con nosotros. Él nos muestra por medio de ellos que todos podemos alcanzar el Reino de los cielos. Ellos siendo personas con muchas virtudes y grandes carismas, ayudaron a acercar a Cristo a las personas que les era desconocido, y claro está que ellos también tuvieron defectos y muchos problemas que evitaban que tuvieran una conexión más fuerte y profunda con Jesús.

No dudemos del gran amor que Cristo nos tiene, está claro que tú puedes ser santo, no metas excusas e ideas de que no cumples las cualidades necesarias para poder serlo. Lo primero que tenemos que hacer, para encaminarnos en ella, es querer serlo; porque desde el momento en que pensamos que es imposible, descartamos de manera inmediata la santidad y podemos quedarnos en la tranquilidad, por creer la dificultad que implica la entrega total al Señor.

Bueno ¿qué esperas? es tu momento de decir ¡quiero ser santo!, pero dilo, repite en tu corazón y en tu mente: “¡quiero ser santo!, ¡quiero ser santo!, ¡quiero ser santo!”. La santidad no se trata de estar las 24 horas de los siete días de la semana hincado rezando. No, claro que no, y mucho menos te estoy diciendo que entres a alguna congregación, seminario, convento, etc. En cualquier camino la puedes encontrar, solo es cuestión de que la busques y dejes que te encuentre.

Pero ¿cómo comienzo este camino de santidad?, no te preocupes hay muchos modelos de los que podemos tomar nota, empezando por la misma vida de Jesucristo narrada en los Evangelios. Tal vez nos podamos encontrar como los discípulos de Emaús (Lucas 24, 13-35) donde ellos se encontraban desconcertados y tristes por la muerte de Jesús y Él se les aparece en el camino y les explica las escrituras, pero no es hasta el momento de partir el pan, cuando lo reconocen, y se preguntan ¿no ardía nuestro corazón?… y desde ese momento se fueron a proclamar que Cristo verdaderamente resucitó, así nosotros proclamemos que Él vive, que Él está presente.

Así pues, sabemos que no es fácil caminar solo por esta vida, por eso, te invito a que averigues a que santo te puedes encomendar con el siguiente test para que él o ella te acompañe en tu propio camino de configuración con Cristo.

Manuel de Jesús García Ramos
1ero. de Filosofía