19 Jul 2016

HELLO! 1

Por: Carlos Alberto de Jesús Reyes García, Tercero de Filosofía.

Las Misiones Vocacionales 2016 son un tiempo de gracia para la Iglesia de Monterrey. Ha sido una gran tarea, una gran labor  por parte de todos. Es impresionante la respuesta de los fieles laicos a lo largo de estos días que llevamos de misiones, pero es más impresionante la presencia de Dios.

La vitalidad y entusiasmo de los jóvenes, la pureza e inocencia de los niños, el amor y la entrega admirables de los fieles laicos, y la sabiduría y ganas de vivir de los adultos mayores, son las cualidades principales que he podido percibir en estas misiones. He visto a Dios en todos ellos, no tengo duda alguna de esto. Dios está con nosotros por eso estamos alegres, entusiastas, con ganas de decirle al mundo que Dios tiene un proyecto para todos, que nos hace los seres humanos más felices del mundo. ¡Dios llama y eso no hay duda!

Todos los que han sido parte de este proyecto “Misiones Vocacionales 2016” me han demostrado a un Dios vivo, que en medio de todo lo que pudiera pasar en nuestro actual mundo, ÉL vive, un Dios que vive para siempre. Creo que estas palabras no me alcanzan para expresar la presencia de Dios en medio de nosotros. HAY TANTO EN MI CORAZÓN y estoy totalmente agradecido con este Dios que vive, el amor es la prueba más palpable que Dios ha tenido para con este humilde servidor, a través de toda la bella gente de las comunidades.

Una de las actividades que realizamos en la misión es la visita a enfermos y quiero terminar este breve mensaje con unas palabras de un adulto mayor que fuimos a visitar a su casa. Esta buena mujer nos decía que sólo estaba esperando el momento en que El Señor la recogiera: “Me estoy preparando para que Dios me encuentre bonita, muy bonita… pero muy bonita del alma… son las palabras de esta bella mujer que prepara su alma para el encuentro con Dios. Así es nuestra vida, que nos prepara para ser felices eternamente.

Ahora estamos por terminar la misión, pidamos a Dios que llame a muchos de estos jóvenes entusiastas a que respondan a este proyecto de Dios que nos hará felices. En comunión de oraciones.

18 Jul 2016

HELLO! 1

Misión San José de la Noria
Por: Alejandro Cantú Sáenz, Primero de Teología

Cada año los seminaristas nos vamos de misiones de verano, en las cuales hacemos diferentes actividades, este año es diferente a los demás, ya que la Arquidiócesis de Monterrey junto con el Seminario de Monterrey se ha propuesto un proyecto, el cual, la intención de misionar, es hacer que cada persona se una a la misión de vocacionalizar Monterrey y que aquellos que no conozcan que es la vocación descubran lo que realmente significa, ya que en ocasiones hablar de esto es sinónimo de sacerdote o religiosa. Por lo tanto el proyecto propuesto es hacer que todos conozcamos las diferentes vocaciones a las que el Señor nos llama, sembrando la semilla de la vocación, mediante la oración, promoción e invitación a que más personas, sobre todo los niños, adolescentes y jóvenes se pregunten qué es lo que Dios quiere de ellos y a que los invita. De este modo perder el miedo y saber que llevar un proceso vocacional, no es mandarlos al seminario o querer que sean religiosos, sino que hacer un proceso vocacional es hacer un discernimiento para responder al llamado que Dios les hace.

Dentro de las diferentes actividades, es invitar a los enfermos a que se unan a la misión desde su realidad o situación, dándole un sentido de vida a su padecimiento o enfermedad, ofreciéndola por las vocaciones, y que nos sea un sufrimiento en vano, sino que al unirse a la misión desde esta realidad, aquella misma, sea una oblación para el Señor y camino a su santificación, por ellos todos los días durante estas tres semanas en las que salimos a visitar a los enfermos es llevarles el kerigma vocacional, y compartir con ellos un momento de alegría en medio de su enfermedad. En lo personal esta experiencia ha sido de lo más gratificante, pues al llevar este mensaje vocacional, se reflejan las ganas de las personas con alguna enfermedad de hacerles ver que su vida tiene un sentido y cuando los invitamos se alegran y ven con otros ojos su enfermedad. Ciertamente que somos nosotros los que a través de ellos nos vamos llenando del gran amor que Jesús tiene para con nosotros y que nos mira con su gran misericordia e invita a no soltarnos de su mano, por último me gustaría hacer una invitación a todos aquellos que tienen a su alrededor a uno o varios enfermos, se den la oportunidad de ir a visitarlos y experimentar el amor del Jesús que se presenta con su más hermosa forma, en el enfermo, así te enamorarás más de Él y llevarás alegría al prójimo, ¿qué no estamos en este mundo para ser felices y hacerle la vida más amena la otro? Pues en esta experiencia de visitar al enfermo y pedirle que se una en oración ante su enfermedad por las vocaciones será una manera en la que Dios te alegrará la vida y tú la de alguien más.

Por otro lado también se está visitando a los grupos de las parroquias para todos unirnos en oración, promoción e invitación y que al cabo de tres años todos seamos promotores de la vocación. Y no sea algo exclusivo de sacerdotes o religiosos, sino un compromiso de todos para responder al llamado que el Señor tiene para cada quien.

Y tú, ¿ya oraste? ¿Ya promoviste? ¿Ya invitaste? Únete a la misión vocacional, y sé parte de la Iglesia que celebra el llamado y responde con un generoso SÍ al igual que Nuestra Madre Santísima María.

15 Jul 2016

HELLO! 1

  • LA EVANGELIZACIÓN COMO COMPROMISO CRISTIANO.

Por: Hiram Benjamin Alonso Monciváis. (F1)

INTRODUCCIÓN

La evangelización es la principal tarea de la Iglesia de Cristo en el mundo. Dar a conocer que Jesús murió y resucitó es labor de todos los que han sido bautizados y algo así no debe ser tomado a la ligera, por eso deseo profundizar un poco en lo que respecta a este tema.

He de mencionar que este texto fue motivado por el capítulo 4 de la Evangelii Gaudium. En esa exhortación  apostólica se menciona la importancia de la evangelización Kerygmática, en especial preferencia por los pobres. Yo deseé abarcar el aspecto de la evangelización y el mandato misionero de una manera más amplia, como un compromiso de todos los cristianos.

Capítulo 1: El mandato misionero

Jesús es quien envía a los discípulos a predicar: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mt 28, 19). Ellos, movidos por el Espíritu Santo, se dieron a la tarea de cumplirlo a costa de su propia vida. Este mensaje ha sido anunciado a todas las naciones. La finalidad por la que Jesús envía a predicar es la siguiente: “El fin último de la misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo  en su Espíritu de amor”(CEC. 850) Este mensaje debe ser predicado a todos sin importar la diversidad de culturas, conociendo que Jesús es el único Dios y Señor.

Capítulo 2: Compromiso y actitud evangelizadora

La acción evangelizadora debe estar profundamente encarnada en la vida del cristiano, cómo una actitud natural que surge de una manifestación de amor la cual es experimentada al participar de la relación hombre-Dios, pero que a su vez se proyecta en la interacción hombre-hombre.

Jesús presenta el modelo de seguimiento de la misión que Dios tiene para nosotros quienes decimos  creer y seguir al Cristo, de donde proviene la palabra cristianos. Es pues esa misión que debe ser aceptada con entrega, amor, fidelidad, entusiasmo y pasión, hasta dar la vida por cumplirla como lo hicieron los mártires.

Capítulo 3: Testimonio cristiano

No es posible una formación para la actitud misionera y evangelizadora si el cristiano no tiene la convicción firme de vivir su fe. Por ello el bautizado debe comprender que ha adquirido por medio del Espíritu una nueva identidad fuera de este mundo, cuya responsabilidad es la de fomentar en sí mismo un espíritu cristiano

CONCLUSIÓN

La misión del cristiano de la evangelización tiene repercusiones en la sociedad que la van transformando desde lo más profundo. Dirá el Papa Francisco “La evangelización también implica un camino de diálogo”, diálogo que se dará con los diferentes ámbitos de la vida social. Es necesario que los cristianos estemos dispuestos a enfrentar las dificultades que amenazan al mundo actual y dar nuestro testimonio de amor.

Descubrir el hermoso tesoro que tenemos por la fe es algo que no podemos callar, sino que tiene que resonar en la voz de todos los cristianos, logrando hacer conciencia no solamente sobre lo malo que hay en el mundo, sino también de la bondad que hay en él y así, hacer crecer el Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia.

 

  • EL BIEN COMÚN.

Por: Luis Donaldo González Pacheco, Luis Humberto Saldívar Díaz y Marcos Daniel Belmares. (F2)

El Bien Común es necesario -y siempre lo ha sido-. Aunque es una de las tareas más complicadas de la actualidad, por el tipo de vida que vivimos, por ejemplo la cultura del dinero o la conocida y demandada en la Evangelii Gaudium “cultura del descarte, una problemática altamente tangible, y que como ironía se vive en la era de las comunicaciones, donde basta un botón para unir palabras, y unos centavos para destruir familias.

Los problemas que hoy vivimos, creemos, se deben a una auténtica falta de interés por los que conformamos las sociedades -ya que no nos atrevemos a nombrarlas como comunidades, porque ahora sabemos que éstas abarcan más allá de algo laboral o estructurado, llega a comprender hasta los sentimientos-, ya que el egoísmo está a la orden del día, y por diversos motivos estamos expuestos a caer en él. El hombre de hoy, enfrenta con mayor facilidad los 3 problemas, que nunca han dejado de existir, que destruyen las sociedades: el poder, el placer y el tener. Donde la raíz más profunda es el egoísmo.

A la comunidad “perfecta” se llega combatiendo el egoísmo con un alto sentido de responsabilidad, que hace que la familia, la escuela y los grupos sociales pequeños o grandes, se preocupen por el “otro” como lo harían de sí mismos. La responsabilidad de la que hablamos se podría  se debe desenvolver como responsabilidad comunitaria, de la cual todos aceptamos y participamos. Ésta misma es una de las mejores oportunidades para para que los valores se encarnen en las personas, y se vuelvan hábitos.

Aprendiendo responsablemente a darle el lugar que merece a cada individuo, grupo social o comunidad, daremos un paso “agigantado” para convertir una sociedad egoísta en una que busque el Bien común, para el desarrollo de una comunidad.

Después de este recorrido de definiciones, pensamientos y reflexiones, y retomando los tres momentos de trabajo previo al bien común que citamos en la introducción, concluimos que el bien común es el ejercicio de la preocupación porque todos los que comprenden una comunidad estén bien. Esto no es –aunque parece- una visión idealista. Para que se logre el bien común se necesita convertir la sociedad para que todos pongan de su parte, desde el gobierno hasta los jefes de familia. Ya que el bien común empieza en casa -la comunidad por excelencia-, para que de allí salga, inunde y renueve la sociedad con un ambiente de bienestar para todos,  fundamentado en el respeto y la responsabilidad por los que me rodean. La consecuencia de vivir así será que seamos una agrupación perfecta y feliz, en paz. Puesta de acuerdo para vivir juntos y bien, los unos con los otros.

 

  • LA ENFERMEDAD COMO UNA CIRCUNSTANCIA QUE INFLUYE EN EL HOMBRE PARA ENTENDER EL SENTIDO DE LA VIDA HUMANA, DESDE EL PENSAMIENTO DE ORTEGA Y GASSET.

Por: José Luis Morán Becerra. (F3)

Desde la antigüedad hasta nuestros días, el hombre ha buscado constantemente dar razón, tanto en los campos de la medicina, la ciencia y la filosofía, a uno de los hechos considerado como universal en la historia de la humanidad: la enfermedad.

Sin duda alguna, el tema de la enfermedad es uno de los temas que constantemente se ha mencionado en la materia de Ética, sobre todo, por la crisis que se produce no sólo en el sujeto que vive tal experiencia, sino también en aquellos que se encuentran en torno a él.

Aunque el hecho de dar razón, o mejor dicho, dar una explicación de este fenómeno que acontece en el ser humano, es una de las tareas más nobles, hoy en día nos encontramos ante una sociedad que, muchas veces movida por la cultura hedonista y utilitarista, se muestra cegada e indiferente ante el hecho de que, en este mundo, existen personas con problemas de salud y deficiencias, que van de menor a mayor gravedad, abandonándolos y a la vez delegando a otras personas esa gran ayuda y apoyo que ella misma puede brindar.

Pero ante tal actitud de la sociedad, se vislumbra una problemática más alarmante: la propia autoexclusión de las personas enfermas, quienes se sienten inservibles para realizar alguna actividad, ajenos a la realidad de aquellos que gozan de un supuesto bienestar de salud. Como consecuencia de tal autoexclusión resulta la pérdida de sentido de la propia vida.

Esta situación actual, es motivo de mi presente investigación, que tiene como objetivo el recobro del sentido, primeramente de la vida humana y por consecuente de la enfermedad, desde un enfoque del pensamiento filosófico de José Ortega y Gasset.

Ahora bien, la tesina filosófica de un servidor, titulada: “LA ENFERMEDAD, COMO UNA CIRCUNSTANCIA QUE INFLUYE EN EL HOMBRE PARA ENTENDER EL SENTIDO DE LA VIDA HUMANA, DESDE EL PENSAMIENTO DE ORTEGA Y GASSET”, consta de tres capítulos que engloba la reflexión filosófica. A continuación les presento un recorrido breve del contenido más destacado de esta investigación.

José Ortega y Gasset es uno de los filósofos españoles “más importantes e influyentes de España”, Alemania y algunos países hispanoamericanos. Famoso por su tesis titulada yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella no me salvo a mí.

Nació el 9 de mayo de 1883 en la ciudad de Madrid, España. Creció en el seno de una familia burguesa, la cual tenía un gran vínculo con el periodismo y la política. Entre las figuras filosóficas que influyeron con mayor auge en su pensamiento filosóficose encuentra el neokantismo de Cohen y Natorp, el historicismo de Dilthey, la fenomenología de Husserl, la axiología y el carácter cultural de Scheler, el vitalismo de Nietzsche y la temporalidad de Heidegger.

Más de cincuenta años abarca su obra filosófica. Se caracteriza por dos etapas: el perspectivismo y el racio-vitalismo. Con el enfoque filosófico de Ortega, como luz que ilumine la reflexión filosófica, desarrolle el trabajo de investigación en torno al tema de enfermedad, partiendo de tres nociones en concreto (la circunstancia, el hombre y la vida humana).

Cuerpo de la tesina.

Ahora bien, según Ortega el hombre se encuentra con tres elementos en particular: consigo mismo (yo), con la circunstancia que lo rodea y con la actividad que está realizado.

El yo constituye el primer elemento que se suscita en el reconocimiento de la vida humana, puesto que cada persona es capaz de darse cuenta de su propia individualidad. Es algo único, inconfundible y heterogéneo a todo. Ortega lo considera a la vez como algo íntimo: una vivencia particular del individuo; una vivencia interior incapaz de ser vivida por otro. Lo argumenta diciendo que: “el yo que vive su vida y esa vida que él vive no la vive otro, aunque fuesen iguales todos los contenidos de ambas vidas”. Por tanto, es intransferible.

Después de que el yo se ha encontrado consigo mismo, con su unicidad, se encuentra con su circunstancia, término que lo compara análogamente con el término de mundo, es decir, “otra cosa que no soy yo (…) me encuentro (…) dentro de ella, por tanto, no aparte de ella, sino todo lo contrario”. Además la considera como un componente de la vida: “Yo no soy más que un ingrediente de mi vida; el otro es la circunstancia (…) Yo y la circunstancia formamos parte de mi vida”, pero completamente distinto al yo. La designa como lo otro que yo.

Por lo tanto, la circunstancia resulta ser el lugar de la vivencia del yo, y esto Ortega lo argumenta diciendo que: “vivir es ejecutar mi esencia o lo que soy, fuera de mí, se entiende, fuera de mi esencia, en lo que no es mi esencia, en un elemento extraño a mi ser”. Por esta razón, el yo ejecuta sus acciones en el aquí y en el ahora, en su circunstancia, a la cual es incapaz de separarse porque es una “condición inexorable a su vida”. No puede escapar de ella, ya que la requiere para obrar.

Además de percatarse como algo único e íntimo, quien se encuentra inmerso en una circunstancia, percibe la presencia de otras realidades, esto es, la aparición de las cosas; que existen y que están ahí, llámense seres inertes, animales u otros hombres.

Para Ortega el yo, se diferencia completamente de cualquier otra realidad, principalmente del animal, ya que el hombre tiene la capacidad de volver a su intimidad, es decir, a su interior para reflexionar sobre su actuar y proceder en su circunstancia. Esta capacidad la llama como ensimismamiento (entiéndase ensimismamiento no como un ocio, sino como el desatenderse por unos momentos de su entorno para planear las medidas o acciones que tomara al respecto en su vida). Por el contrario, los animales se alteran, es decir, rigen su conducta a partir de la afección recibida de la circunstancia (cabe mencionar que al hombre no se le descarta esa oportunidad de “alterarse” según Ortega).

Este trabajo que le compete al ser humano de no dejarse alterar por lo otro, es una creación humana que Ortega le designa con el nombre de técnica, en donde el hombre hace una pausa que se amerita para recobrar sentido en las cosas que está realizando. Esto lo argumenta diciendo que el hombre es técnico, ya que

“Es capaz de modificar su contorno en el sentido de su conveniencia, porque aprovechó (…) para entrar dentro de sí y forjarse ideas sobre ese mundo (…) (pero no solo entra en) este mundo interior, (sino que) emerge y vuelve al de fuera. Pero vuelve con un sí mismo que antes no tenía”.

Esta tecnicidad le permite al hombre conferirle sentido a las cosas que realiza a través de sus acciones, ya que no solo obra por mero impulso ante la afección, sino que medita las cosas, las ideas concebidas del mundo, para regresar a este con un plan de actuación.

Para Ortega, la vida humana resulta tener un atributo en especial: se nos ha dado y en ella nos encontramos viviendo sin haberlo deseado. Es en la circunstancia, en el que se ve arrojado el hombre, y en el cual es viviendo, en donde toma decisiones, por ejemplo, elegir ahora entre estar de pie o estar sentado leyendo un libro. Por esto, según el pensamiento orteguiano la vida se convierte un drama sobre que hacer o no, en un problema, en un quehacer, ya que “esa vida que nos es dada, no nos es dada hecha, sino que cada uno de nosotros tiene que hacérsela, cada cual la suya”.

Concluye Ortega diciendo que la vida humana es la realidad radical que, en cuanto realidad se entiende por aquello que aun sin quererlo, está ahí; y en cuanto radical en donde todas las demás realidades cobra sentido desde ésta.

Cabe aclarar que, además de la existencia de mi vida, única como tal, existen en la realidad radical otras “realidades”, como la existencia de la vida de los otros (la madre, el hermano, el amigo). La vida de los otros se nos presenta en un modo concreto y especifico, esto es, su cuerpo, además de su intimidad, ya que el otro “nos envía constantemente las más variadas señales o indicios o barruntos de lo que pasa en el dentro que es el otro hombre”.

A diferencia de cualquier otro ser inerte o animal, el otro hombre es reciproco con la actuación del yo, es decir, existen una interacción entre ambos que se traduce en una relación social. Y entre mayor proximidad exista entre el yo y el otro hombre, éste se convierte en , produciendo como resultado un nosotros.  Esta relación social es considerada por Ortega como el hacer mutuo del yo y el otro. Comenta al respecto que:

“Tú y yo, yo y tú, actuamos uno sobre el otro en frecuente interacción del individuo a individuo, únicos ambos recíprocamente. Una de las cosas que hacemos y que es la más típica reciprocidad y nostricidad, es hablar”.

Esta relación produce una “con-vivencia” tanto de un hombre con otro hombre que se da en medio de las circunstancias que les circunscriben en su vida. Ahora bien, por esta característica de la relación de nosotros, es posible hablar de una relación en donde cada integrante puede enriquecer la vida del otro gracias a la proximidad que se puede ofrecen mutuamente, en especial, cuando en alguno de ellos pasa por vivencias como es la enfermedad, en donde es difícil de entender el sentido de tal acontecer en la vida humana.

Sin lugar a dudas, la realidad del hombre se presenta vulnerable y limitada, y da razón de ello el momento que da término a la vida humana: la muerte. Pero anterior a la muerte, otra realidad que deambula en cualquier etapa de la vida del hombre es la enfermedad, pues “aunque casi siempre transitoria, es una experiencia de la que nadie se libra”.

En el fenómeno de la enfermedad, se presentan ciertas vivencias particulares, algunas en forma negativa como el malestar interior y corporal, la invalidez de hacer algo parcialmente, el aislamiento de los demás, la sensación de una muerte próxima, el sentimiento de anomalía, y otras positivamente como la razón de ser de la enfermedad y sentido de la misma.

Muy diferentes son las causas que provocan la enfermedad, pero ante tal acontecimiento nos planteamos algunas interrogantes al respecto: ¿qué acción debería toma el ser humano (cuando se encuentra enfermo) ante tal experiencia que perjudica su estado físico y emocional?; ¿dejará que otros decidan por él?; ¿cuál será su respuesta ante el conocimiento de tal acontecimiento?

Ahora bien, según Ortega el hombre (llamase aquí el enfermo) actúa libre y responsablemente sobre los límites de la circunstancia; lo que hay delante de él. Esto lo argumenta diciendo que:

“Aunque nace en mi intimidad, en mi profundo deseo de vivir lo mejor posible (…) Yo quiero y debo saber lo que hay exactamente frente a mí, lo que va a ser lugar de mi acción”.

Ese hay de Ortega lo traduzco en el campo de la bioética con la noción de “enfermedad”. El hombre requiere saber a qué atenerse, como dice Ortega, no por una “simple curiosidad, sino (para buscar) un conocimiento (…) que haga posible una conducta y reflexiva de la (propia) vida”. Esta actitud es necesaria para que toda persona que se encuentra frente al fenómeno de la enfermedad tome las medidas necesarias, la conozca y actué sobre ella. Cabe aclarar de nuevo que las reacciones son totalmente distintas entre uno y otro hombre.

Ante este acontecimiento, es crucial el papel que toma la razón del enfermo, pues como menciona Ortega participa en su vida ordinaria, siendo la que “nos capacita para comprender la vida y las circunstancias, dando sentido a la acción humana, a la particular forma de obrar del hombre en el mundo”. La nombra como la razón vital, facultad elemental para la vida. El uso de la razón vital se da gracias al ser técnico del hombre, esa capacidad que el tiene de ensimismarse, es decir, de apartarse de la realidad que le rodea, buscando tomar la decisión adecuada ante tal circunstancia.

Será pues trabajo personal del enfermo que reconozca que en sus manos está la posibilidad de mejorar, al menos psíquicamente, en caso que su diagnostico arroje resultados que vaya en un rápido deterioro de su salud. Esto es lo que muchos llaman “el sentido de la enfermedad”.

Conclusión.

Ahora más que nunca, es necesario hacer una concientización de la importancia que tiene la tarea de encontrarle sentido a la enfermedad, como parte de la vida humana, ante la indiferencia de la sociedad hedonista y utilitarista a este hecho histórico del hombre.

Desde el enfoque filosófico de Ortega y Gasset, la enfermedad es una circunstancia en la que el hombre puede ejecutar su acción, es decir, darle sentido a la vivencia  por la cual enfrenta (dolores, sufrimientos, etc.), como algo único y totalmente suyo, que nadie más vive por él.

Ciertamente, aunque es considerado una crisis en la salud física, esto no impide a que el enfermo se ensimisme, por algunos momentos, de tal situación, con el fin de meditar sobre cómo será su modo de actuar y proceder respecto a lo que le está sucediendo.

Resulta necesario que haga una pausa en su vida, de tal manera que le permita realizar un plan para seguir viviendo su vida, valga la redundancia, son sentido, evitando así lo contrario, es decir, dejándose alterar por tal circunstancia, como lo haría cualquier animal.

Esta necesidad aparece ante tal situación en el hombre, y que además se hace manifiesta a la vida de los otros hombres, por medio de los gestos o palabras que el enfermo hace. A pesar de esta circunstancia, el enfermo no deja de relacionarse con ellos, ya sea sus familiares, amigos, compañeros de trabajo, y en el remoto de los casos, al menos con los profesionales de la salud que lo están auxiliando.

Y aunque el papel protagonista vivir en medio de la enfermedad le compete al paciente, quien toma las decisiones sobre qué hacer ante esta situación; aunque es su tarea personal, la proximidad del tú puede ayudar a que el yo siempre tome la mejor decisión al respecto, que va desde los cuidados necesarios, hasta el solo estar ahí, acompañándolo. Esto conlleva al enfermo a valorar que la enfermedad es algo único, que en esos momentos solamente él está viviendo, y que a nadie más se le ha otorgado el permiso de hacerlo. Es un privilegio que a ninguna persona se le concede, solo a aquel quien lo experimenta en su propia vida.

Por tanto, vivir desde la enfermedad es reconocer que a pesar de tal circunstancia, el hombre no se deja alterar por ella, sino al contrario, es capaz de conferirle sentido, sobre todo, a aquello que experimenta en su propia vida, en su realidad radical.

Como he mencionado, dar sentido a la enfermedad es una incumbencia de todos, empezando por aquel que vive “en carne propia” el deterioro de su salud, y siguiendo por aquellos que no solo son testigos de tal vivencia, sino que además colaboran en el bienestar de la persona enferma. Es un trabajo en conjunto, donde cada una de las partes (paciente-acompañante) participe en esa construcción tan sublime. Aunque no suceda en todos los casos, pero sí en una mayoría, es muy significativo para un enfermo que haya alguien que lo acompañe en tal vivencia, que se encuentre a su lado, sobre todo, que permanezca en los momentos donde la enfermedad puede desestabilizar su intimidad.

 

  • PASTORAL, ALEGRÍA Y APARECIDA; UN PREÁMBULO PARA UNA IGLESIA EN SALIDA.

Por: Daniel Morales Rodríguez. (T1)

Agradezco a Dios la oportunidad que me dio en ésta Academia de Santo Tomás el reflexionar sobre Evagelli Gaudium, puesto que investigue desde una dimensión Pastoral la importancia de una Iglesia en Salida. En mi trabajo se logra percibir un esquema básico de tres partes. Comenzando con una definición de Pastoral y la importancia que ésta tiene dentro de la comunidad eclesial. También agregue los desafíos a los que se encuentran constantemente por el anuncio del Evangelio. En un segundo momento quise conciliar la importancia que tienen los agentes pastorales como discípulos y misioneros, desde la propuesta del documento Aparecida. Enfrentándose a los retos del mundo actual y las diferentes realidades. Finalizando con un tercer momento, el cual, busco hacer ver el compromiso que tienen los discípulos misioneros con los demás, especialmente, los alejados y marginados. Así, la Pastoral confortada por discípulos y misioneros, se convierte en una Pastoral Misionera. A imagen de Jesucristo que hizo siempre el bien a los más necesitados.   

Mi objetivo lo base en dar a conocer la importancia que tiene la Pastoral dentro de la Evangelización misionera. Que tengan claro el lugar en donde se halan, y busquen el encuentro del otro. Inspirado por Evagenlii Gaudium en su número 88, el cual, es el siguiente; «el Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo».

Así, llegue a la conclusión que, los discípulos misioneros que conforman la Pastoral tienen el deber de convertir nuestra Iglesia en una Iglesia en salida. Que constantemente se encuentre con el rostro de aquellos que más necesitan de nosotros y llevarlos al encuentro con Dios que es misericordioso.

 

  • LA PALABRA DE DIOS QUE SE TRANSMITE. LA HOMILÍA EN LA EVANGELII GAUDIUM.

Por: Juan Rogelio Ramírez Gaytán. (T2)

A partir de la misión que todos los bautizados tenemos de transmitir la Palabra de Dios, y entendiendo la relevancia de este mandato en los ministros ordenados, en el presente trabajo me he planteado como objetivo exponer desde la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium algunos puntos que permitan comprender con más claridad las observaciones realizadas por el Papa Francisco en torno a la homilía, en cuanto elemento fundamental en el anuncio del Evangelio.

Para lograr dicho objetivo, he tomado como punto de partida un análisis de la tarea de comunicar el mensaje de Dios, entendido como parte central de la misión profética, que brota del encuentro con el Resucitado y que trasciende hasta nuestros días. Estos elementos de reflexión son tratados en los primeros dos puntos del trabajo (titulados: la misión de anunciar la palabra de Dios, y La Palabra como medio de transmisión del mensaje de Dios, respectivamente). Una vez sentadas las bases para comprender que el predicador, en la homilía, cumple verdaderamente una misión profética de transmisión de un mensaje específico en nombre de Dios, y de la conciencia absoluta, que al respecto deben tener los portadores de dicho mensaje; contextualizada ya la homilía en el ámbito litúrgico, es posible captar correctamente la justificación de las advertencias que el Papa realiza de manera muy concreta en su Exhortación. Buscando además, en este punto y como parte del análisis, hacer una confrontación con algunas realidades muy concretas captadas en nuestro entorno eclesial en la actualidad.

Posteriormente, el trabajo analiza el ámbito dialógico que entre Dios y su pueblo debe suscitar la homilía, el cual es tratado por el Papa de una bella forma, a través de la analogía de una buena madre que se comunica con sus hijos en términos de amor. Esta analogía permite adentrarnos en lo esencial de un mensaje que no sólo contiene información útil o datos intelectuales, sino que toca los corazones para transformarlos con el poder de la Palabra de Dios. Esta fuerza de la Palabra, para que pueda ser efectiva en las vidas de los fieles que conforman el pueblo de Dios, requiere que el predicador homileta guarde una fidelidad a la verdad contenida en los textos bíblicos, que constituyen el fundamento de la predicación.

Ahora bien, no sólo se ha de guardar fidelidad a la verdad, sino que debe cuidarse en la homilía la función del predicador como instrumento facilitador de un diálogo amoroso que vincula corazones. Dios habla al corazón de su pueblo, y el corazón del predicador debe antes ser tocado por el amor de Dios él mismo, para poder cumplir con su misión.

Esta es la línea orientadora de todo el trabajo: la del diálogo amoroso entre Dios y su pueblo; y la homilía como parte fundamental de este diálogo, en el que una misión es cumplida en términos de respuesta a una vocación de amor: la del predicador.

Son muchos los puntos que el Papa Francisco trata en su Exhortación Apostólica en relación con la homilía, sin embargo, he optado por dejar de lado algunos de ellos, para centrarnos en lo que, a juicio de quien escribe, resulta esencial. El punto de partida de la reflexión ha sido la misión que todos los bautizados tenemos de anunciar la Palabra de Dios. Se trata, pues, de una misión profética que los pastores de almas asumen con un mayor compromiso, por ser ellos instrumentos del mencionado diálogo.

Por otra parte, es necesario tomar en cuenta el hecho de que, para comprender algunas de las observaciones del Papa en torno a la homilía, debe ubicársele en el contexto de la celebración litúrgica y como parte fundamental de la misma, guardando inclusive un cierto aspecto de sacramentalidad, y conservando una cualidad de acto cultual en sí misma. Sólo así será posible comprender, por ejemplo, lo que el Papa pide en relación a la brevedad de la homilía, para guardar la armonía y el ritmo con el resto de la celebración. De otra forma caemos en las – tristemente comunes – interpretaciones subjetivistas que orientan a conveniencia la observación hecha por el Papa, desvirtuando completamente su sentido original.

En fin, una vez ubicado este contexto de la homilía, he considerado prudente tomar como punto de referencia para comprender la forma ideal de la homilía, la analogía del encuentro personal durante la conversación con una madre, utilizada por el Papa en Evangelii Gaudium. Es así como se descubre un ámbito materno-eclesial de la predicación, al captar la realidad de la Iglesia como madre. La analogía es iluminadora, tanto para la misión del predicador, así como para los fieles que conforman el pueblo, y han de mostrarse y comportarse como verdaderos hijos que reciben las enseñanzas de su madre con amor y cariño. Se ha visto también cómo esta realidad pide del predicador una cercanía con el pueblo que, vive ya un diálogo con Dios y le manifiesta por sí mismo sus inquietudes.

Ahora bien, es importante remarcar que, el fundamento de la predicación ha de ser siempre el texto bíblico, para evitar confusiones o desviaciones en un mensaje que no pertenece al predicador, sino a Dios. Aquí es donde se exige una fidelidad al texto, pero también a la verdad contenida en él. Ya que a partir de esa verdad, se ha de comunicar también la belleza y el bien que le acompañan, dentro de una homilía que no sólo comunica un mensaje intelectual sino de amor, como se ha dicho ya. Se trata de un verdadero diálogo de amor que debe conectar los corazones, siempre que el mensaje divino haya tocado y encendido primero el corazón del predicador. Así es, corazón encendido; dicho en otras palabras, el corazón que arde por amor, de quien debe vivir su propio proceso de santificación para poder ser, entonces, un buen instrumento de Dios.

Es así como, desde la Evangelii Gaudium en su capítulo tercero, la reflexión ha quedado enmarcada en términos del diálogo amoroso que, de hecho, existe entre Dios y su pueblo, y que la homilía viene a avivar y alimentar. Si la homilía es comprendida de esta forma, como parte fundamental de un diálogo amoroso, no será difícil lograr el equilibrio necesario en todos los ámbitos para cumplir la función de predicar. Se puede estudiar la Palabra, volverse experto en el arte de la comunicación, pero si falta este elemento del amoroso diálogo, no sólo será difícil, sino imposible cumplir verdaderamente con la misión profética de transmitir la Palabra de Dios.

 

  • IGLESIA DOMÉSTICA.

Por: Alfredo Roldán Reyna. (T3)

El presente trabajo tiene como finalidad desarrollar el sentido eclesial de la familia. El magisterio de la Iglesia, a partir del Concilio Vaticano II, ha expresado esta relación refiriéndose a la familia como una “especie de Iglesia Doméstica”; donde los padres son los primeros anunciadores de la fe con su testimonio y su palabra. Esta afirmación no es solo una forma “poética” de hablar de la familia, sino que implica una forma concreta de “ser Iglesia”.

En las Sagradas Escrituras se utilizan muchas analogías para hablar de los misterios de Dios, pero el matrimonio y la familia son unas de las analogías más utilizadas a lo largo de los textos sagrados. De forma especial se utilizan al matrimonio y la familia, como una forma de explicar la relación de Dios con los hombres. Por ejemplo, hablar de matrimonio es hablar de la relación de Dios y su pueblo Israel, o de Cristo y su Iglesia. En el AT se habla del matrimonio como signo de la alianza de Dios con su pueblo, también habla sobre el ideal del matrimonio, donde Dios es el esposo fiel, en contraposición al pueblo de Israel que es infiel. En el NT hay muchas referencias, donde Cristo se presenta como el novio, hay parábolas que hacen referencia a los banquetes de bodas como signos del reino de los cielos; el mismo San Pablo expresa literalmente que los maridos deben amar a sus esposas como Cristo ama a su Iglesia.

En cuanto a la familia, también es muy amplia su presencia en los textos sagrados. La alianza de Dios con los hombres surge de la alianza con una familia, por tanto, la relación familiar, daba a los Israelitas un sentido de pertenencia y unidad. Incluso Dios mismo se inserta en la humanidad por medio de la Encarnación en el seno de una familia. A través de la encarnación toda la humanidad entra en relación con Dios mismo. Hasta el grado de que el misterio profundo de la relación de Dios con los hombres, es explicado por Cristo como una relación de un Padre con sus hijos, Dios es “Padre Nuestro”.

La Familia es el primer núcleo comunitario a través del cual surge la Iglesia; ya que la casa familiar era el punto de encuentro donde se reunían para partir el pan. La Iglesia nace como familia, incluso la misma raíz de la palabra hace referencia a la familia, la palabra “Oikos” hace referencia la casa familiar y el latín “domus” nos recuerda el sentido del contexto familiar de la expresión “doméstica”. Así pues, la expresión “Iglesia Doméstica” se hace frecuente a partir del Concilio Vaticano II, pero en su esencia está presente desde las primeras comunidades cristianas. Aunque Pablo VI fue el primer Papa en utilizar esta expresión, Juan Pablo II fue quien la hizo “popular”, especialmente dedica una sección de la “Familiaris Consortio” a explicar las tareas de esta “Iglesia doméstica”. San Juan Pablo II resalta que la Familia es “imagen viva y representación histórica del misterio mismo de la Iglesia”. Ahora el Papa Francisco en su nueva Exhortación apostólica, da un paso más en esta expresión y hace referencia a que la Iglesia es una “Familia de Familias”

Esta conciencia de la importancia del matrimonio y la familia en el desarrollo de la Iglesia, debe estar presente en nuestro trabajo pastoral, pues como dice el Papa Francisco “la Iglesia (institución) no puede quedarse solo en expresar una serie de reglas morales para que la familia obedezca, sino que tiene que escucharla y atenderla pastoralmente, para que así la familia pueda a su vez cumplir su misión en la Iglesia”. Si la familia no se identifica como Iglesia, no podrá cumplir con su misión evangelizadora de hacer presente el Reino de Dios en las realidades cotidianas. Y si la Iglesia (Jerarquía) no involucra a la familia en la vida ordinaria de la realidad eclesial, corre el riesgo de perder el fundamento de cohesión de la misma comunidad.  En palabas del Papa Francisco, “Hoy la pastoral familiar debe ser fundamentalmente misionera, en salida, en cercanía, en lugar de reducirse a ser una fábrica de cursos a los que pocos asisten”. Un ejemplo de esto son las primeras comuniones, donde muchos se alejan de la Iglesia después de recibir los sacramentos, en gran medida porque ellos no se identificaron como Iglesia y por otra parte porque los pastores no aprovechamos esta oportunidad para hacerlos sentir como miembros importantes de la vida de la Iglesia.

La familia necesita de la Iglesia y la Iglesia necesita de la familia. Por esto nuestro papel como futuros pastores no debe ser solo el llenar la parroquia con grupos parroquiales, sino que debemos aprender a enseñar a los matrimonios a vivir en familia; a ser iglesia doméstica para que la Familia sea Familia.

 

  • EL SACERDOCIO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.

Por: Luis Edgar Montejano Pecina.  (T4)

Los sacerdotes cristianos son presencia de Cristo como único y eterno Sacerdote que, a través de ellos, puede anunciar la Buena Nueva, consolar, sanar y llevar a todos a que alcancen la vida eterna. El sacerdocio de Cristo, propiamente el ministerial, es el que representa al mismo Maestro de todos, realmente presente en el aquí y el ahora de los discípulos y misioneros: en su liturgia, enseñanza del amor y la vida.

Para entender el paso de Dios en la vida del cristiano, y propiamente en el sacerdote, surge en mí una inquietud por investigar lo que antecede, es decir, la figura del sacerdocio en el Antiguo Testamento. Es por eso que el presente trabajo no aporta propiamente una reflexión teológica, más bien, un enriquecimiento en conocimientos y entender un poco mejor el sacerdocio hebraico.

La historia de la figura del sacerdote en el Antiguo Testamento, va más allá de las simples funciones que podía realizar, más que estar de pie ofreciendo un sacrificio; conllevaba una vida de fe, en donde por medio de un hombre -apartado por Dios y elegida su familia- contactaba a Dios con el pueblo para vivir en armonía con su Creador.

Entender una Teocracia en el pueblo de Israel con nuestra realidad, nos llevaría a la confusión total, ciertamente los tiempos cambian, la historia siempre tiene un propósito, poder darte pistas para interpretar lo de antes con lo de hoy.

Y conocer la historia ayuda a comprender. Una Teocracia como la que tenían los sacerdotes en el Antiguo Testamento nos lleva a una respuesta Dios está entre el pueblo.

El poder que ellos tenían, de poder suscitar en el pueblo la necesidad de buscar a Dios, de acercarlos a Dios, de dirigir todos los rituales del sacrificio, de cantar, de oracular; funciones que realizaban con el pueblo porque eran los que se encargaban de unirlo con Dios. El mismo pueblo cuidaba a la familia sacerdotal y velaban que fueran buenas personas buenas.

La estirpe sacerdotal siempre será importante para el pueblo porque con el mandato que Dios ha dejado en ellos de ir ejerciendo su sacerdocio, pero siempre buscando que sean originales, auténticos para que Dios esté con ellos, era como cumplir la promesa de Dios y ellos la salvaguardaban.

La figura sacerdotal, y más durante el exilio y la restauración, recae en ellos toda figura de respeto y autoridad para salvaguardar lo que Dios les ha confiado. Es cierto que no son seres celestiales y que son de naturaleza de pecado, sin embargo, Él se vale de ellos para encomendar a su pueblo pero, sobre todo, para darles esperanza de que Él siempre estará con ellos.

El sacerdote sabe estar en la ruina y en la abundancia, porque siempre dependerá de lo que Dios quiera transmitirle, es el hombre de esperanza que aguarda el tiempo en el que Dios vendrá con su pueblo.

El poder siempre será la gran dificultad para el sacerdote, veo que con la historia del sacerdocio en el Antiguo Testamento, el factor de defender una autenticidad, en ocasiones llevará al hombre a corromper su corazón y olvidar que lo importante es buscar estar en relación con el Creador. Ciertamente, la autoridad pasó a ser juez de todos y ocasionar que todos se alejaran del Creador. Dios con su paso aquí en la tierra sabe a quién elegir para poder manifestar su poder y consuelo.

El pueblo de Israel es el pueblo que Dios eligió para hacer sus maravillas, es el pueblo privilegiado que sabe amar y que buscó ser siempre fiel a Dios. El sacerdote quien tenía funciones con el pueblo, es el que ha llevado la historia de este pueblo y ha escrito y custodiado lo que Dios le ha dado. La historia de este sacerdocio, me lleva  a la conclusión que el Señor, Creador de todo el Universo, va forjando en sus creaturas -por medio de sus obras- lo grande que puede ser el hombre cuando busca querer estar con Él.

Y es por medio de la figura sacerdotal, y más en el Antiguo Testamento, donde Dios en su infinito amor y fidelidad por su pueblo dio por medio de ellos lo que en ese momento vio lo mejor para ellos.

11 Jul 2016

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación.

Otro día en misiones, los seminaristas alistan sus actividades, preparan la ruta, se dividen en equipos. Don Alfonso prepara la van negra en la que llevará a todos los seminaristas a sus actividades. Antes de llegar al asilo Huitzil en la calle Dr. Coss, hacemos dos paradas para que los equipos de seminaristas hagan base en otra parroquia y salir junto con los párrocos, ministros o voluntarios a las actividades de misiones que les corresponden.

Tocamos la puerta de la casa geriátrica Huitzil, nos abre la dueña, feliz por la visita, ya tenía listos a los abuelitos en la sala. “Faltan algunos, están despertando, en un momento se los llevo”, comentó Elda Hernández.

En cuestión de minutos la sala estaba lista. “Buenos días, yo me llamo Roberto y tengo 44 años, tengo 9 años en el Seminario de Monterrey,  en dos meses seré Diácono… ¿Saben qué es un Diácono?, inició el seminarista Roberto Vantroi.

 -Es como un sacerdote- contestaron los abuelitos.

“Así es, casi-casi seré sacerdote, les pido un favor, recen mucho por mí, para que llegue ese día.”Después de Roberto se fueron presentando los seminaristas del grupo, Alejandro Cantú Saénz de 30 años, Luis Montes de 17años y Francisco de la Cruz Hernández de 16 años, “-ah el bebé”- dijo un abuelito.

 “Hoy venimos aquí para acompañarlos, compartir y aprender juntos. Estamos en misiones, y queremos transmitir en estos día la importancia de las vocaciones, no solamente de las monjitas y los sacerdotes, hablar de vocaciones es hablar también de laicos consagrados y por supuesto del matrimonio.

Hablar de vocación es decir: Dios te llama, escúchalo. Queremos pedirles un gran favor, queremos que nos ayuden en esa misión otra parroquia y salir, queremos que nos ayuden en esta misión, ayúdenos con su oración, ofrezcan su dolor, su soledad, sus alegrías, su día… pedir por los jóvenes para que puedan escuchar a Dios y encuentren su vocación.

La oración es tan poderosa, que aunque tu reces por alguien que no conozcas, que no veas, Dios si escucha y manda tus bendiciones a quien lo necesita. ¿Qué dicen?, se suman al grupo de personas que rezamos unos por otros”.

Roberto siguió hablando a los abuelitos, los demás seminaristas preparaban las bocinas, platicaban con ellos, les ofrecían agua o los ayudaban a ponerse más cómodos. Todos estaban atentos al momento, al mensaje que Dios les había llevado a voz de los seminaristas.

“Nunca te sientas solo, nunca te sientas inútil, nunca… nunca estamos de más. Nuestra vida tiene sentido, eres un don para los demás, Dios te necesita, eres un regalo para cada uno de los que te rodean. Nuestra presencia es un regalo, para los demás. Cada uno decide si regala una sonrisa o una cara triste. Su vida aquí tiene un sentido… Ofrece esta etapa, la vejez, puede ser una etapa pesada, pero ¿saben?, es también la más hermosa por que estamos cerca de llegar con Dios.

Ayúdenme a transmitir a los jóvenes la alegría de la vejez. ¿Quieren cantar?”.

Y el canto se convirtió en alabanza, en entrega, en una hora llena de alegría y recuerdos. Los abuelitos cantaban y tarareaban, seguían el ritmo, algunos con manos temblorosas y ojos húmedos. Después de cantos cristianos, llegaron de invitados Pedro Infante, José Luis Perales, Napoleón, Marco Antonio Solís y hasta la de ‘la mochila azul´.

Los pasos de baile no faltaron, hasta las sillas de ruedas se mecían al ritmo , incluso doña Paulita de 95 años, desde su sillón tuvo su turno para bailar con el seminarista Alejandro.

La visita terminó en concierto de alegrías, sonrisas y abrazos, ‘abracémonos a nuestra vida, reconciliémonos y amemos a Dios.’

Este es una breve reseña de tan solo una actividad en los días de Misiones de Verano 2016, como esta, durante tres semanas desde que amanece hasta que anochece los seminaristas del Seminario de Monterrey estarán tocando los corazones de niños, jóvenes, matrimonios, enfermos y abuelitos en 10 Decanatos de la Arquidiócesis de Monterrey.

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05 Jul 2016

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación

El pasado 02 de Junio, los seminaristas terminaron un semestre más en su formación. Para lo que la mayoría de los estudiantes significa descanso, vacaciones y diversión, para los jóvenes con vocación sacerdotal el verano es un tiempo formativo en donde pueden compartir su vocación en Misión de Verano que se organiza en las Parroquias de la Arquidiócesis de Monterrey.

Este año, dichas misiones tienen un objetivo muy específico, llevar el mensaje de la vocación a todas las comunidades, un proyecto que durará tres años y que buscará abarcar todos los decanatos de nuestra Arquidiócesis.

Los más de 120 seminaristas del Seminario de Monterrey estarán del 4 al 23 de julio atendiendo en los 10 Decanatos de la Arquidiócesis a más de 63 Parroquias, con actividades que van desde horas santas, rosarios, retiros con jóvenes, visitas a enfermos, hasta apoyo social con limpieza de parques o pinta de bardas y colegios, todo ello buscando compartir la alegría de la vocación.

DECANATO SAN ANTONIO DE PADUA. COLONIA PROGRESO.
UN ROSARIO POR LOS ENFERMOS.

Eran las 10:15 am, los seminaristas esperaban ansiosos llegaran los invitados al rosario por las calles de la Colonia Progreso. “Vamos a esperar diez minutos más” comentaba Charlie, seminarista de Primero de Teología.

Los 10 minutos se hicieron 20 y los centígrados subían sin clemencia.

El equipo de seminaristas empeñados en cumplir su actividad cambiaron el destino: “Vamos a la clínica 17, hagamos el rosario con los familiares de los pacientes”.

En una mini procesión de la parroquia a la clínica, avanzaron con rosarios en mano hasta llegar a la sala de espera de consulta en la recepción, se sentaron frente a no más de 5 personas, “Venimos hoy a acompañarlos espiritualmente con un rosario por sus enfermos, quienes quieran acompañarnos son bienvenidos”.

Con fe las personas cercanas comenzaron a nombrar a sus familiares, todos pedían desde el corazón por la salud de quienes se encontraban hospitalizados o quienes esperaban un diagnóstico, a la lista se sumaron los nombres de quienes se encontraban por ingresar a urgencias.

El rosario comenzó sutil en medio del ruido habitual, el abrir y cerrar del elevador y la mirada extrañada de quienes pasaban con prisa. Los Ave María y los Padre Nuestro comenzaron como un susurro y conforme avanzaba cada rezo incrementaba la fe y la cantidad de personas, poco a poco se fueron incorporando intensiones y voces, a tal grado que el coro del rosario era ahora más fuerte. Ojos cerrados y almas abiertas fueron dejándose llevar por la fe y la esperanza en Dios.

Antes de finalizar con una bendición a los presentes, el Diácono Israel Gómez quien será ordenado sacerdote el próximo 16 de Agosto les dijo: “Aprovechen este tiempo de dolor para acercarse a Dios, ofrezcan este tiempo con sus familiares, el tiempo que ofrezcan aquí el Señor se los recompensará”.

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21 Jun 2016

HELLO! 1

Mirarán al que traspasaron.

La Ordenación sacerdotal es un suceso alegre para toda la Iglesia y nuestra Iglesia de Monterrey se llena de gozo porque el domingo 19 de junio recibimos a un nuevo sacerdote quien fue ordenado en la Catedral de Monterrey por nuestro Arzobispo Mons. Rogelio Cabrera.

Partiendo de las lecturas del día Monseñor Rogelio indica cuál es el camino del sacerdote: mirar al que traspasaron, seguir el camino del crucificado. Este camino pudiera parecer en contra de cualquier deseo humano, quien a simple vista prefiere el camino doloroso al camino de la fama. Pues precisamente el Cristiano y el Sacerdote están llamados a seguir la misma suerte del maestro. Al final de la homilía se dirigió a Rodrigo y le dio un consejo para su futuro Ministerio: “Rodrigo, toda tu vida mira a Jesús, míralo en profundidad”.

Concluyendo la homilía prosiguió al rito de la Ordenación Sacerdotal, momento que vivió profundamente tanto la familia, los sacerdotes y todos los que lo acompañaban, ya que es una alegría y bendición contar con un nuevo sacerdote para nuestra Iglesia.

¡Felicidades Padre Rodrigo!

16 Jun 2016

HELLO! 1

Por. Antonio Peña, seminarista. (F3)

Mons. Rogelio Cabrera López fue nombrado por San Juan Pablo II Obispo de Tacámbaro el 29 de abril de 1996 siendo consagrado Obispo el día 30 de mayo de 1996. Hace un mes festejo el vigésimo aniversario de su Ministerio Episcopal ¡20 años de ser Obispo! … en este servicio a la Iglesia su mayor encargo es regir, enseñar y sobre todo santificar al Pueblo de Dios… él le concedió al equipo de La Alegría del Evangelio una entrevista de la que publicamos una síntesis, pero aquí el contenido completo de la misma, te la compartimos para que conozcas más a nuestro Pastor…

César Cárdenas: ¿Con qué sueña un Obispo?

Mons. Rogelio: A lo largo de mi ministerio episcopal, estoy cumpliendo 20 años de Obispo, siempre he soñado que la diócesis donde estoy sea la más bella del mundo no para comparar con ninguna otra Iglesia, sino por que quisiera siempre que la Iglesia respondiera a lo que Cristo quiere para la Iglesia Universal: que en toda Iglesia Local se anuncie con alegría a Cristo, que en toda la Iglesia se celebren dignamente todos los sacramentos, de modo especial la Eucaristía y también que en la Iglesia se viva la caridad. Ese es mi sueño y siempre he pensado que la diócesis en la que estoy sea la mejor Iglesia del mundo.

César Cárdenas: ¿Cuáles fueron sus preocupaciones cuando fue párroco y cuáles son ahora que es Obispo?

Mons. Rogelio: Yo tuve oportunidad de ser párroco dos veces, en dos iglesias en la ciudad de Querétaro, en la primera en medio de los obreros y la segunda en una zona de clase media alta, mi preocupación siempre fue que los fieles vivieran en comunión con Cristo y con la Iglesia, mi preocupación era llegar a todos, que se pudiera evangelizar a toda la gente, que los católicos realmente sean católicos. Me tocaron situaciones muy distintas en una parte y en otra, pero siempre el elemento común: que la gente ame a Cristo, que la gente se deje enseñar la doctrina de Jesucristo; y como obispo cambia sin duda la perspectiva porque como párroco tu comunidad siempre es una comunidad más pequeña, en cambio como Obispo siempre tienes que pensar en la iglesia local (Diócesis) y también en la Iglesia Universal, porque eres miembro del Colegio Apostólico, que estás con el Papa y bajo la autoridad del Papa, pero también tienes el deber de vivir la comunión con las demás iglesias, en ese tenor, también mi deseo es que la diócesis camine con lo que la Iglesia nos está pidiendo, en este momento con el Papa Francisco, la Iglesia nos está indicando una ruta nueva, el Papa nos ha regalado, de entre los muchos documentos que ha escrito, tres que sobresalen: Evangelii Gaugium, Laudato Sí y Amoris Laetitia. Con eso el Papa nos pone frente a las tres preocupaciones que hoy hay en la Iglesia y en el mundo: la primera, sobre cómo ser verdadero cristiano, la segunda, como cuidar la casa que Dios nos ha regalado y la tercera, sentirnos miembros de la familia humana y también de nuestra familia más pequeña; creo yo que ahí están las preocupaciones de un obispo, quiero caminar con la Iglesia, quiero caminar con el Papa Francisco.

César Cárdenas: ¿Cómo es el día normal de un Obispo?… ¿Cómo se la pasa usted en su día?

Mons. Rogelio: Cada día, para un Obispo, para mí, es siempre distinto. Nunca hago lo mismo ni me encuentro con las mismas personas. Como Obispo tengo que recorrer las parroquias, los pueblos y tengo que encontrarme diariamente con personas muy distintas; pero en todo este caminar de cada día, hay elementos que le dan unidad a la vida de una persona, que son los momentos de rezar, los momentos de comer, los momentos de dormir. En torno a eso gira la vida, pero, todo eso tiene sentido, gracias a la agenda que haces del encuentro con las personas, sobre todo cuando celebras la Eucaristía. Nuestra Arquidiócesis tiene muchas parroquias, casi 250 sacerdotes diocesanos, 225 sacerdotes religiosos, tengo que darme en mi agenda la oportunidad de encontrarme con ellos, prácticamente las citas que doy cada día de entrevistas, el 80% es para sacerdotes, porque creo yo que ahí está mi principal tarea. Eso es lo que hago cada día, a veces hay reuniones, a veces hay encuentros, congresos, pero, visitas pastorales, pero creo yo que lo importante es primero el alimento espiritual y luego el alimento corporal, me gusta siempre rezar con otros y comer con otros, nunca lo hago de modo solitario ni la oración ni la comida, porque creo que son dos momentos que se tienen que vivir en comunidad.

César Cárdenas:  Nos nace la siguiente pregunta, el Obispo, Don Rogelio… ¿Tiene algún hobbie? ¿Algún pasatiempo?

Mons. Rogelio: Bueno, siempre me ha gustado mucho la lectura, en cuanto puedo lo hago, ahora con las nuevas tecnologías pues es mucho más fácil, porque aprovechas los tiempos libres para poder leer o informarte de aquello que tienes por obligación que saber. Un obispo está muy ocupado, porque tenemos que informarnos de lo que pasa cerca y de lo que pasa lejos, hay que dedicar mucho tiempo a la lectura, pero me gusta leer libros completos, oír música y de vez en cuando, ver un poco de televisión.

César Cárdenas: Cambiando un poquito de tema… Si pudiera lograr una sola cosa en la Iglesia de Monterrey, respecto al pueblo de Dios ¿Cuál sería?

Mons. Rogelio: Lo digo, una sola cosa, y talvez la que nos ocupa toda nuestra tarea: ¡que todos fueran santos! eso sería para mí lo más grande y que yo incluido en ese grupo. Yo les he pedido a todos los sacerdotes que nuestra pastoral esté encaminada a la santidad, que nos preocupemos menos de nuestra autoridad que ejercemos con los fieles y que nos preocupemos por santificarnos junto con el pueblo de Dios todos los obispos, los sacerdotes, las religiosas y el pueblo de los fieles laicos, todos caminemos a la santidad. Una sola cosa es importante: alcanzar la santidad.

César Cárdenas:  Monseñor usted ¿cómo vive la alegría del Evangelio?

Mons. Rogelio: Mira, no sé cómo me perciben los demás, en mi rostro, en mi actitud, yo me considero una persona serena, tranquila, pocas veces me enojo. Me gusta no molestar a los demás. No quiero arrebatarles la alegría. Jamás me verás regañar a una persona y mucho menos a un sacerdote. Creo yo que la alegría es parte de nuestra vida pero debe estar sobre todo interiormente, el gozo tiene que ser gozo espiritual, pero como nadie se alegra, ni nadie tiene gozo espiritual solitariamente se requiere compartir y a mí me gusta mucho compartir con las personas aunque no soy un obispo de carcajada pero si me considero una persona tranquila, contenta, alegre. Podría decir “soy un obispo contento”.

César Cárdenas: Monseñor, ahora que vino el Papa Francisco, en Morelia, nos dijo “dime como rezas y te diré como vives, dime como vives y te diré como rezas” … ¿cuál es la oración que Monseñor Rogelio reza y se esfuerza por vivir?

Mons. Rogelio: El Papa Francisco dijo estas palabras, a propósito de la lectura del Evangelio de esa Eucaristía, que fue el Padrenuestro, porque para todo cristiano, el Padrenuestro es la escuela de la vida y la escuela de la oración, por ello el Papa hablaba de la vida y hablaba de la oración, como las dos cosas siempre deben caminar juntas. A mí me gusta orar de dos modos: primero comunitariamente, lo hago en la liturgia de las horas siempre al menos una hora del día la hago en común, junto con el seminarista y el sacerdote que me acompañan. Desde luego la Eucaristía siempre la celebro en la comunidad, pero también me gusta rezar solo, sobre todo cuando voy de viaje, aprovecho los momentos de soledad para rezar, para leer, lecturas espirituales, sobre todo hacer la lectio divina. Siempre estoy leyendo las Sagradas Escrituras, me propongo leerlas de modo continuo y completo; ahorita estoy en otro momento de la lectura, ya estoy en el libro del Levítico, comencé nuevamente a leer toda la Sagrada Escritura y así transcurre mi vida. Me gusta mucho leer las Sagradas Escrituras.

César Cárdenas: Muchas gracias… también el Papa Francisco nos invitó a los consagrados y seminaristas orar como aprendimos en casa… ¿qué oración acostumbra usted hacer al día de hoy que haya aprendido en su hogar?

Mons. Rogelio: En mi casa aprendimos los rezos más comunes: el Padrenuestro, el Avemaría, al Ángel de la Guarda, especialmente esos recitábamos diariamente en la casa y lo sigo haciendo aun antes de dormir, porque mi Mamá siempre estaba al pendiente de que rezáramos antes de acostarnos.

César Cárdenas: Cambiando un poquito el tema… son cosas que nos interesan (risas) ¿cuál es su platillo favorito aquí en Monterrey?

Mons. Rogelio: (Sonríe) La carne asada, verdad, y también el cabrito, cualquiera de los dos, el que me puedan ofrecer o el que yo pueda escoger.

 

En este momento todos reímos y coincidimos en apuntar el dato por si se nos llega a ofrecer.

 

César Cárdenas: Monseñor, considerando que algunos de nosotros llegaremos a ser sacerdotes en 10, 6 o 3 años ¿Cómo le gustaría que nos preparáramos para servir al Pueblo de Dios nosotros como seminaristas?

Mons. Rogelio: Yo quiero que se preparen como lo indican las normas de la Iglesia, en sus 4 dimensiones: que sean humanamente maduros, espiritualmente fuertes, académicamente competentes, pastoralmente animosos. Hoy se requieren, muchas cualidades, como siempre, pero hoy el pueblo de Dios nos está pidiendo muchas cosas, que yo las he resumido en las que el Papa Benedicto y el Papa Juan Pablo II nos decía: que sean santos, que sean alegres y que sean intrépidos. Creo yo que ahí están las cosas que a mí me gustarían, en un futuro, que se den a querer y que quieran a la gente, que tengan mucho entusiasmo pastoral, que la gente se sienta motivada espiritualmente para acompañarlos. El Papa Francisco ha pedido que tengan buen carácter, que no regañen a las personas, que se integren con el pueblo católico, que tomen en cuenta a los laicos, que sean gente de fiar; todo esto, creo yo que son las cosas que me gustaría para ustedes los próximos sacerdotes, algunos Dios me concederá verlos, a otros, a lo mejor no.

César Cárdenas: Muchas gracias, creo que nos llevamos esto como compromiso, para vivirlo, lo tendremos muy en cuenta y nos esforzaremos al respecto…

Monseñor, en el primer encuentro que tuvo con los seminaristas aquí en el Seminario Mayor de Monterrey meditamos el salmo 45, y con él nos recordó que Jesús es el hombre del rostro bello, el sacerdote de gestos bellos… para usted ¿cómo un sacerdote puede reflejar la belleza de Cristo?

Mons. Rogelio: Ustedes aprendieron, en filosofía, que la belleza es la armonía de los constitutivos del ser. El ser que es uno, el ser que es siempre bueno, (el ser que es verdadero), todos esos elementos que constituyen a la persona tiene que estar en armonía. Una persona es bella no por el físico, sino es bella en su interior. La belleza está en las virtudes, tanto teológicas o teologales como en las virtudes humanas, ahí está la belleza de una persona. Tú puedes ser de rostro no muy agraciado, puedes tener incluso limitaciones físicas, pero la gente sabe leer el rostro amable, el corazón bello. La belleza sale de dentro del corazón y se expresa en las palabras, en los gestos, en las acciones.

César Cárdenas: Muchas gracias… por último, que mensaje le daría a nuestras familias, a nuestras Mamás que nos acompañan en nuestra formación sacerdotal…

Mons. Rogelio: Primero, que quieran mucho a sus hijos, las mamás, que quieran al seminario, que lo amen, que recen por sus hijos, por cada seminarista, que recen por sus sacerdotes y también que confíen mucho en la Iglesia. Este seminario trata de hacer lo mejor posible, pero no lo podemos hacer sin la oración y sin el afecto del pueblo, nosotros requerimos siempre del apoyo humano y del apoyo espiritual de todos, y quiero dirigirme especialmente a las mamás, desde luego junto con los papás, con los esposos, que quieran mucho a sus hijos. El mejor sacerdote será aquel que se ha sentido amado, que se ha sentido valorado, que se ha sentido parte de una familia. Por eso, aunque faltara alguno de los miembros de una familia, aunque alguno haya tenido ya que sufrir, o la muerte, o la separación de sus papás, lo que importa es que cada seminarista se sienta amado, se sienta apoyado…  pero también, ojalá ustedes las mamás, reciban también el cariño de sus hijos seminaristas. Que aunque no estén en casa, creo yo que desde los momentos en el que están con ustedes, pero sobre todo espiritualmente, tienen que quererlas mucho, porque ustedes merecen el amor de sus hijos.

César Cárdenas: Muchas gracias Monseñor por la confianza para conocer un poco más de usted y nos esforzaremos por aprovechar todo lo que nos acaba de compartir.

Mons. Rogelio: Al contrario, a ustedes, muchas gracias.

 

Es evidente que ser Obispo es un don de Dios en la Iglesia para algo muy específico: ¡que lleguemos a ser santos! En cada Obispo el Señor manifiesta el amor que pastorea, que guía, que cuida… nunca olvidemos las palabras de San Ignacio de Antioquia: “Donde está el Obispo, está Cristo” … y si está Cristo, ¡está presente la Iglesia! Te invitamos a que ores por nuestros obispos y a que los conozcas de cerca en las diversas celebraciones y eventos a los que acuden, sin más esta entrevista forma parte de una emisión especial de: ¡La Alegría del Evangelio!

13 Jun 2016

HELLO! 1

Por: Pedro Feliciano Ramírez Carrizales, seminarista (F1)

Una nueva experiencia es una nueva aventura, y es más enriquecedora cuando se vive de la mano del Señor, y por fortuna, Él, cada día nos ofrece una nueva y diferente para darse a conocer y mostrarnos su amor.

Estar en el Seminario sin duda te permite vivir diferentes experiencias desde las que son muy agradables hasta las que no lo son tanto, pero sin duda de una u otra forma el Señor toma de todas ellas algo que te permite crecer y ser mejor. Y este, mi tercer año  de formación en el que me encuentro cursando el 1er año de Filosofía el Seminario nos propone un nuevo encuentro con el Señor en el pueblo de Amanalco en el Estado de México para el cual los seminaristas de primero de Filosofía trabajamos recaudando fondos para dicho retiro, el esfuerzo que cada uno de nosotros hace por hacer posible este retiro le da un sentido más significativo.

Aprendemos a organizarnos y para esto cada uno de nosotros recibe una responsabilidad específica para que este retiro se lleve a cabo. Tenemos asignados cargos como: enfermero, ecónomo, auxiliar, sacristán, ambientación, coordinador del retiro, coordinador de espiritualidad, ceremoniero, coordinador de coro, chofer, etc. Cada uno de nosotros es una pieza importante y es indispensable para tener una buena organización.

Es curioso mirar hacia atrás y darse cuenta de todo lo que hemos logrado juntos, hablo de mi generación en el seminario, hemos vivido juntos ¡ya tres años! Al principio era complicado, pues cada uno de nosotros es totalmente diferente, pero en la viña del Señor se necesitan diferentes talentos que fortalezcan el crecimiento de la Iglesia, y el ser parte de esto, me hace darme cuenta de esto. Lo que yo hago ayuda a mis hermanos seminaristas y lo que ellos hacen me ayuda a mí y así cada uno se esfuerza por que todos seamos uno como quiere Dios.

Este retiro en Amanalco está orientado a fortalecer la vocación sacerdotal, así nos lo cuentan los padres coordinadores, consta de dos semanas en un lugar alejado en el que no hay comunicación, por lo cual, realmente estaremos solos con el Señor y esto lo hace emocionante. Jesús se alejaba para orar a solas con su Padre, así lo haremos también nosotros, es una experiencia de oración, de encuentro, a la cual nos encomendamos a sus oraciones, queremos ser buenos sacerdotes para el Pueblo de Dios que necesita mucha evangelización. Oremos por las vocaciones.

08 Jun 2016

HELLO! 1

Decanatos de las Misiones Vocacionales 2016

  • Decanato San Antonio de Padua (7)
    – Señor del Perdón.
    – Santa María Goreti.
    – San Francisco de Asís.
    – Santa Rosa de Lima.
    – Santo Cristo.
  • Decanato Nuestra Señora de la Asunción (Marín) (33)
    – Santa Elena de la Cruz.
    – Jesús Misericordioso.
    – Ntra. Sra. de Loreto.
    – San Eloy.
  • Decanato Nuestra Señora del Rosario (Juárez) (30)
    – Cristo Rey.
    – Ntra. Sra. de San Juan de los Lagos.
    – Santísima Trinidad.
    – Santa Clara de Asís.
    – San Miguel Arcángel.
    – San Judas Tadeo.
    – Santa Emma.
    – Ntra. Sra. de los Ángeles.
  • Decanato San José de la Noria (Apodaca) (27)
    – Santa Clara de Asís.
    – Santísima Trinidad.
    – Sagrada Familia.
    – Ntra. Sra. del Rosario.
    – San Pío de Pietrelcina.
    – Ntra. Sra del Roble.
    – Santa Cruz.
  • Decanato San Rafael Arcángel (20)
    – Cristo Evangelizador.
    – Santa Teresa de Ávila.
    – San Juan de los Lagos.
    – Santa Filomena.
    – San Juan de la Cruz.
    – Señor de la Misericordia.
    – Lucas Evangelista.
    – Sagrado Corazón.
  • Decanato San Juan Bautista (García)  (17)
    – C.P. Santisima Trinidad.
    – Ntra. Señora De Guadalupe.
    – Juan Pablo II. 
  • Decanato Nuestra Señora de Guadalupe (Guadalupe)  (9)
    – San Juan Ma. Vianey.
    – Santo Tomás Moro.
    – Madre Stma. de la Luz.
    – Santa Ma. Magdalena.
    – Cristo Rey de la Paz.
    – P. N. S. De San Juan de los Lagos.
    – San Francisco Javier.
    – Señor de los Afligidos.
    – Padre Nuestro. 
  • Decanato San Juan Bosco (4)
    – Santa Cecilia.
    – Del Rosario.
    – Jesús Nazareno.
    – Santa Lucía.
    – Santa María Reina de la Paz.
    – Santísimo Redentor. 
  • Decanato Natividad del Señor (14)
    – Santa Teresita del Niño Jesús.
    – Ntra. Señora de la Soledad.
    – María Reina de la Paz.
    – Cristo Resucitado.
    – Santa María de la Montaña.
    – San Jenaro. 
  • Decanato San Nicolás de Bari (21)
    – Ntra. Señora de Guadalupe.
    – San Isidro Labrador.
    – Santa Teresita del Niño Jesús.
    – San Judas Tadeo. (Escobedo)
    – San Judas Tadeo. (Apodaca)
    – San Juan Pablo II.
    – San Lucas Evangelista.

Para inscribirte puedes hacerlo a través de él siguiente link:
http://goo.gl/forms/zRF3iZzgxgT2o1pW2

Después de que te inscribas, un coordinador de misiones te contactará para darte a conocer los distintos eventos en que nos podrás acompañar.

07 Jun 2016

HELLO! 1

Por: Adrián Alejandro Garza Morales, seminarista (F3)

Al terminar cualquier ciclo en nuestra vida es necesario dar una mirada hacia atrás para descubrir todo lo que hemos avanzado, reflexionar sobre nuestras caídas y así proyectar un futuro en base a la experiencia que hemos obtenido. Por estas razones el seminario ve la necesidad de convocar una asamblea donde se puedan reunir todos los que intervienen en la formación de los futuros pastores y así proyectar un futuro más esperanzador.

Este año, del domingo 5 al martes 6 de junio se lleva a cabo la segunda asamblea del Seminario de Monterrey. Éste año con motivo del anterior Sínodo de las familias el seminario ha visto la importancia de ella en la formación de los seminaristas por lo que el tema del domingo fue en torno a ésta unión, familia-seminarista donde se pudo reflexionar el papel importante que tiene en torno a la formación sacerdotal. Los padres y los hermanos son quienes mejor pueden conocer al joven seminarista y ellos son quienes con palabras de amor y de fidelidad pueden ayudar a retomar el camino que Cristo no pide.

El tema del lunes y el martes fue torno al apostolado que los seminaristas realizan cada sábado en alguna parroquia o pastoral, además de tener un momento para planear algunas actividades de la misión de verano.

Un dato importante para esta asamblea es el proyecto de vocacionalización que se comenzó este año, la vocacionalizacion básicamente consiste en hacer descubrir a cada seminarista como un promotor vocacional para que de esta manera puedan  introducir la Pastoral Vocacional en los grupos de la parroquia para promover desde los grupos las vocaciones, por lo que en la asamblea se reflexionará sobre los aciertos y áreas de oportunidad del proyecto.

Después de un año de mucho trabajo, esfuerzo y constancia podemos sentirnos orgullosos de nuestro trabajo sin olvidar que todo nuestro esfuerzo sólo puede ser fructífero si nuestra mirada está puesta en Dios, ya que es Él quien nos da su gracia para poder realizarlo y al final podemos decir, somos siervos que hicimos lo que teníamos que hacer.