29 Abr 2016

HELLO! 1

Por: Leonardo Rafael Castro Solís, seminarista.

Para hablar de San José, el carpintero de Nazaret, es necesario adentrarse en su silencio de amor y obediencia a la voluntad de Dios, al llamarlo a ser custodio de los tesoros más grandes de nuestra fe: Jesús, la Virgen María y la Iglesia. Esto lo podemos reflexionar dentro de las Sagradas Escrituras, a pesar de la poca información que se brinda de él, se alcanza a presenciar su obediencia y disposición por servir a Aquél que lo ha llamado a ser parte del proyecto de salvación prometido por Dios a la humanidad.

Los evangelistas nos presentan a San José como un hombre justo y trabajador, un padre y esposo atento a responder a su misión ante Dios, la familia y la sociedad. Dentro de los evangelios se habla de un hombre justo y obediente a la voluntad de Dios, que manifiesta su misericordia ante aquella mujer en quien había puesto su amor y la cuál sería su esposa, ya que al enterarse de que María estaba esperando un hijo, que naturalmente no era suyo, decide no denunciarla públicamente, pues esto le traería como consecuencia la muerte. En este gesto se puede percibir que San José ya vivía la misericordia.

Al igual que la virgen María, José cree en las palabras del ángel y rectifica la misión que se le ha sido encomendada como esposo, padre y custodio.

San José, hoy en nuestros días, debe ser un modelo de santidad que nos inspire valentía, humildad, amor por la familia y a la voluntad de Dios. Al igual que José, la paternidad debe verse como un don y una bendición que exige cada una de las virtudes y actitudes de un buen cristiano, en donde la misericordia sea fruto de la justicia y no de “la lastima”, y que nos lleve a ponernos en los zapatos del otro para buscar y emprender juntos una misión, tal como lo hicieron San José y la Virgen María como esposos y padres.

25 Abr 2016

HELLO! 1

Por: Ángel Josué Loredo García, seminarista.

Corría el mes de Agosto del año 2015. Comenzaba, en aquellos días, a cursar mi noveno año de formación, propiamente iniciaban para mí, los estudios del tercer año escolar en el Instituto de Teología y me encontraba con una gran expectativa al retomar mi formación académica en el Seminario. Indudablemente, una de las noticias que los seminaristas esperamos con más ansias a inicio de año, es la de poder conocer cuál será nuestra nueva experiencia de apostolado.

Recuerdo claramente, que en primer momento, vi en la lista de apostolados, los nombres de dos hermanos seminaristas y el mío, el destino eran dos capillas: Espíritu Santo y San Judas Tadeo, ambas ubicadas en Juárez, Nuevo León. Junto a las capillas, también decía en la lista como lugar de apostolado el Centro Multimedia Aletheia del Seminario, esta noticia, tengo que decirlo, me impacto demasiado, ya que Aletheia es un estudio donde se trabaja mucho con computadoras, cámaras de video, entre otras tareas, y la verdad, en las cuestiones tecnológicas no soy nada bueno.

Así mismo, aparecía como encargado del proyecto el padre Martín Galicia, director espiritual del Seminario en el Instituto de Filosofía. Lo más pronto posible, me acerque al padre Martín para aclarar qué es lo que me esperaba, me aclaró, gracias a Dios, que la encomienda era solamente en las capillas, junto a esto, me encuentro ahora con la sorpresa de que el proyecto es comenzar a forjar una comunidad parroquial con los fieles de estas  capillas. ¿Por qué una sorpresa? Lo ordinario, al menos en la experiencia apostólica que he vivido, había sido, estar en parroquias ya establecidas pastoralmente o propiamente en la pastoral Vocacional. Entonces, el reto presentado fue muy interesante desde aquél momento.

Hoy en día, puedo afirmar, que el tiempo que Dios me ha permitido vivir en estas dos bellas comunidades, verdaderamente ha sido enriquecedor. Y es que, contemplar la fe sencilla y fervorosa de las personas que forman estas comunidades, ha sido para mí proceso vocacional un fortalecimiento del mismo. De igual modo, el encuentro con la parte del pueblo de Dios que vive en estos lugares donde hemos compartido juntos la fe, ha sido una realidad que me ayuda a renovar la respuesta vocacional que busco dar a la invitación que Dios me hace a seguirle.

En mi persona, sin duda alguna, el sentimiento que más ha aflorado, es el de la gratuidad, ante tantas muestras de aprecio y cariño por parte de la comunidad. Es una alegría inmensa, el poder ver la confianza de tantas personas, cuando comparten desde lo más profundo de su corazón, las vivencias de su vida con un servidor. Esto es, un tesoro incalculable que va forjando en mi persona un corazón de futuro pastor del rebaño de Dios. Agradezco a nuestro buen Dios por la oportunidad que me da de poder servirlo a Él en su pueblo.

18 Abr 2016

HELLO! 1

La reciente exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, «Sobre el amor en la familia», no es ajena a la cuestión social. La familia es aquella institución doméstica formada a partir la unión de un hombre con una mujer, acorde a la ley natural. El Papa Francisco destaca que los padres de familia deben educar en la libertad (n.265), pues el exceso de la misma es el epicentro de la podredumbre social.

La juventud prefiere postergar la decisión definitiva: se percibe una especie de desinterés institucional por la familia. Aunado a esto, no pocos piensan que la Iglesia ha priorizado la catequización sistemática, encima de la educación de conciencia. Bastante se habla de la actividad en parroquias, escuelas, apostolados, etc., pero muchos aprendimos a obedecer preceptos, no a discernir, a responder libremente ante la vida.

Constantemente predominan los intereses personales sobre los de una posible pareja e hijos.  Como alternativa a tal crisis, el Santo Padre exhorta al Estado a crear las condiciones para garantizar el futuro de la juventud y ayudarles a concretizar su proyecto de formar una familia. Asimismo, menciona que en el Evangelio, cuando la multitud  se pregunta « ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros» (Mc 6, 2-3), vemos una familia encarnada en la cotidianeidad, reconocida por sus coterráneos y no encerrada en una «burbuja» (n.181).

Sobre la cuestión de la comunión sacramental en los divorciados vueltos a casar, el Papa es claro y no realiza grandes cambios: «su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales […] Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir como miembros vivos de la Iglesia» (n.299); o como dijo en Chiapas, «comulgamos con el hermano débil, el enfermo, el necesitado, el preso». En otras palabras, nos sumergimos en la presencia de Dios cuando ayudamos al más desprotegido.

El Papa propone un ambiente familiar donde abunden signos como la ternura y la escucha, un lugar en el que cada quien descubra que el otro no es suyo, porque tiene un dueño mucho más importante, su único Señor, sólo así reconoceremos a Cristo en el otro (nn.314-324). Exhorta a todos los cristianos a acatar su conciencia, evitando las ideologías en contra de la Iglesia y del hombre, para que la familia siga siendo sal de la Tierra, porque «nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio es algo que favorece a la sociedad» (n.52). Esa es la invitación de Francisco: el regreso a lo fundamental.

 

José Noé Cárdenas Zamarripa
Seminarista del segundo año de Teología

 

Artículo publicado con autorización del IMDOSOC           

http://www.imdosoc.org/web/amoris-laetitia-del-papa-francisco-una-lectura-desde-la-dsi/

16 Abr 2016

HELLO! 1

Por: Adrián Alejandro Garza Morales, seminarista.

El camino de formación en el seminario requiere cierto orden y disciplina ya que el seminarista debe de ser encaminado a formar los sentimientos de Cristo Buen Pastor, por lo cual, los sacerdotes del equipo formador del seminario son los responsables de velar por cada seminarista para que vaya por buen camino.

Además de ayudar a encaminar a los seminaristas, los sacerdotes formadores tienen la encomienda de revisar el caminar del seminarista. El escrutinio, entonces, es “el acto de discernimiento sobre la idoneidad de un candidato” (can. 1051), y esta tarea se realiza en cuatro momentos precisos de la formación sacerdotal: admisión, ministerios (de lector y acólito), diaconado y presbiterado (Pastores dabo vobis, n. 23). Tienen como fin verificar la presencia real de cualidades y condiciones personales de un candidato que se configura con cristo Buen Pastor. Para llevar a cabo esta tarea además de las observaciones realizadas por los sacerdotes del seminario, se pide a algunos sacerdotes, laicos y seminaristas que hayan tenido la oportunidad de trabajar y convivir por un tiempo prolongado con el examinado que den su opinión respecto a la disposición del seminarista en torno al camino hacia el sacerdocio.

La palabra escrutar significa tanto como observar o examinar algo o alguien con mucha atención y minuciosidad, además de reconocer y computar los votos dados en una elección. Por lo tanto, los escrutinios en el seminario tienen este doble carácter. En primer lugar se realiza la examinación anteriormente explicada y posteriormente se realiza una votación  del equipo formador para dar resolución al escrutinio.

Ciertamente los escrutinios son un proceso complicado y difícil por todo lo que se tienen que reflexionar para tomar una decisión tan importante como el dar un ministerio a un joven seminarista o negárselo, pero, este proceso no es solamente una decisión humana, la presencia del Espíritu Santo da la seguridad en las decisiones que se puedan llegar a tomar ya que Él, desde sus inicios, ha conducido a la Iglesia, y su presencia da la certeza de sabernos conducidos hacia nuestra salvación.

Pidamos al Señor que envié su luz a los sacerdotes que en distintos lugares realizan esta complicada tarea para que les de sabiduría en sus decisiones y puedan conducir santamente a los futuros sacerdotes del pueblo de Dios.

01 Abr 2016

HELLO! 1

El Papa Francisco publicará el viernes 8 de abril su exhortación postsinodal “Amoris laetitia” (“La alegría del amor”), en la que reunirá las conclusiones del Sínodo de Obispos sobre la familia de octubre de 2015.

La presentación se hará a las 6:30 de Buenos Aires (a las 11:30 de Roma) y participarán el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos; el cardenal Christoph Schonborn, arzobispo de Viena, y el matrimonio Francesco Miano y Giuseppina De Simne in Miano, quienes participaron como consultores en el Sínodo.

Así lo informó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi SJ, quien detalló que la exhortación postsinodal hará énfasis en “la alegría, el amor y la familia” a lo largo de 324 puntos contenidos en unas cien páginas.

El documento, que Francisco firmó el 19 de marzo, estará dedicado a los miembros de la Curia, a los matrimonios y a todos los fieles.

El Sínodo de los Obispos realizado en octubre de 2015 en el Vaticano con la participación de más de 250 prelados de todo el mundo tuvo como tema “La vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo moderno”. Los obispos debatieron sobre diversos temas relacionados a la familia entre los que estuvieron la preparación para el sacramento del matrimonio, la atención pastoral a las familias en dificultad, la violencia familiar, entre muchos otros. El 24 de octubre de 2015, el Sínodo dio a conocer un documento final con las conclusiones de su debate.

 

Con información de Pastoral Siglo XXI
www.pastoralsiglo21.org

29 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Luis Humberto Saldívar Díaz, seminarista.

Durante la formación sacerdotal existen unas actividades muy preciadas para cualquier seminarista, entre ellas están las vacaciones de pascua, las cuales se dan en un momento muy necesario para la formación, ya que es la mitad del segundo semestre y de un semestre lleno de trabajo en todos los aspectos. Por tanto, este periodo resulta ser muy preciado para descansar, convivir con la familia y amigos.

Este periodo de descanso, viene seguido de una semana intensa de misiones, de esta manera el seminarista emplea estos siete días para recuperar los ánimos y fuerzas necesarias para regresar al seminario a concluir el año de formación.

Pero, ¿qué hace en particular un seminarista en sus vacaciones?, esa es la pregunta que cualquier persona se puede estar cuestionando, principalmente es estar con la familia compartiendo con ellos cada una de las experiencias vividas en lo que va del semestre y dialogando lo que no se había dicho antes. Además, el seminarista aprovecha para realizar actividades que ordinariamente no realiza, por el dinamismo propio de la formación, como por ejemplo, salir con los cuates, a comer, al cine, al teatro, a sus casas; visitar a familiares lejanos; salir a pasear fuera de la ciudad en familia; descansar en casa; visitar a sus comunidades parroquiales, grupos juveniles, así como convivir con otros seminaristas; entre otras cosas.

Cada seminarista buscará su manera singular de reponer sus fuerzas desgastadas por lo que va del semestre, siempre procurando no perder de vista que sigue siendo un futuro sacerdote en plena formación.

26 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Brandon Ricardo Velázquez Álvarez, seminarista

“¡Hossana al Hijo de David!”, con esta aclamación iniciamos la Semana Santa, el Domingo de Ramos, en el que celebramos la triunfal entrada mesiánica de Jesús a Jerusalén. La celebración se llevó a cabo dentro de un ambiente de alegría y fraternidad. Las comunidades aledañas al Curso Introductorio asistieron a la Eucaristía y participaron devotamente cada uno con su respectivo “ramo”. La homilía giro en torno a la Pasión del Señor, especialmente en la valentía que debemos asumir para aceptar la cruz con generosidad y alegría, buscando vivir coherentemente nuestra vida cristiana.

Los días previos al Triduo Pascual fueron muy enriquecedores, especialmente porque el lunes y martes contamos con la presencia de Monseñor Juan Armando Pérez Talamantes, quien, de una manera apasionada y rotunda, nos compartió temas que abarcan el Jueves y Viernes Santo, entre los temas que compartió están: El sacerdocio y la Eucaristía, El mandamiento del Amor, El Combate Espiritual, La Cruz y la Muerte del Señor. Realmente sus palabras, a la mayoría de nosotros nos confrontaron, nos sacaron de la cómoda postura que a veces adoptamos en nuestra formación en el Seminario y al mismo tiempo nos ayudaron a disponer el corazón para iniciar con alegría el Triduo Pascual.

Todas las celebraciones del Triduo las vivimos con los fieles que muy dispuestos participaron en cada actividad con devoción y entrega, desde el Jueves Santo, con la Cena del Señor, pasando por la Pasión y Muerte del Señor, el viernes con la representación del Viacrucis, y culminando con inmensa alegría la Resurrección del Señor en la Vigilia Pascual, donde todos pudimos vivir y experimentar las palabras de los ángeles en el sepulcro, “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”.

20 Mar 2016

HELLO! 1

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
    ¿Amo a Dios sobre todas las cosas?
    ¿Dios es la primera prioridad en mi vida o yo estoy antes que Él?
    ¿El placer y el dinero se han vuelto más importantes para mí que Dios que me hizo para Sí mismo? ¿Rezo con frecuencia?
    ¿Descuidé mi amistad con Dios por no rezar?
    ¿Participé en prácticas ocultas o supersticiosas, por ejemplo, la adivinación del futuro?¿Recibí la Sagrada Comunión en pecado mortal?
    ¿Mentí en la confesión u omití deliberadamente confesar un pecado mortal?

 

  1. No tomarás el nombre de Dios en vano.
    ¿Juré en falso, es decir, mentí bajo juramento ante un tribunal de justicia?
    ¿Alguna vez mentí después de “jurar por Dios” que estaba diciendo la verdad? ¿Alguna vez pronuncié el nombre de Dios cuando estaba enojado/a, en una palabrota?

 

  1. Santificarás las fiestas.
    ¿No asistí a la Santa Misa deliberadamente el sábado por la tarde o el domingo? ¿No asistí a Misa en una fiesta de precepto o en una fiesta importante del calendario litúrgico (es decir, Jueves Santo, Viernes Santo, Domingo de Pascua, Navidad, Santa María Madre de Dios, etc.)?

 

  1. Honrarás a tu padre y a tu madre.
    ¿Desobedezco a mis padres? ¿Les falto el respeto?
    ¿Les insulto? ¿Tengo vergüenza de ellos?
    ¿Les digo que los amo? ¿Les miento?
    ¿Les robo? ¿Obedezco y respeto a quienes ocupan el lugar de mis padres, como por ejemplo los maestros y directores?
    ¿Me ausento a clases? ¿Miento a mis maestros?
    ¿Les insulto?

 

  1. No matarás.
    ¿Me estoy matando a mí mismo consumiendo drogas?
    ¿Me alcoholizo? ¿Me sometí a un aborto?
    ¿Aconsejé a alguien para que se practique un aborto?
    ¿Defiendo el derecho a la vida de los niños por nacer o me he limitado a aceptar la mentalidad de la sociedad anti-vida?
    ¿Utilicé anticonceptivos abortivos o alenté a alguien para que los utilizara?
    ¿Me esterilicé de algún modo o alenté a alguien para que lo hiciera?
    ¿Participé en una eutanasia o estuve de acuerdo con ella?
    ¿He arruinado la reputación de una persona por hacer circular rumores en forma deliberada o por mantenerlos vivos transmitiéndoselos a otros?
    ¿Siento ira contra una persona? ¿Guardo rencor?
    ¿Me niego a perdonar? ¿Maldije a alguien?

 

  1. No cometerás adulterio.
    ¿He mantenido relaciones sexuales con alguien?
    ¿He tenido sexo conmigo mismo?
    ¿Alguna vez miré pornografía por internet o por cualquier otro medio?
    ¿Alguna vez tuve pensamientos impuros de manera libre y deliberada?
    ¿He practicado algún método anticonceptivo?
    ¿Soy recatado/a con la vestimenta?

 

  1. No robarás.
    ¿Les robo a mis padres? ¿Les robo a mis amigos?
    ¿Alguna vez robé algo a un extraño? ¿Alguna vez robé algo en un negocio?
    En otras palabras, ¿alguna vez tomé algo que pertenece a otra persona por legítimo derecho? ¿Hago demasiadas apuestas?
    ¿Busco compartir lo que tengo con los pobres y necesitados?

 

  1. No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.
    ¿Soy mentiroso/a?
    ¿Soy culpable de detracción, es decir, de dar a conocer las faltas de otros?
    ¿Soy culpable de calumnia, es decir, de divulgar mentiras sobre otras personas?     ¿Ando con chismes sobre otras personas?
    ¿Doy a conocer información que debería ser confidencial?
    ¿Soy falso/a, es decir, he sido un cierto tipo de persona para unos y otro tipo de persona completamente diferente para otros?

 

  1. y 10. No codiciarás a la mujer de tu prójimo ni a los bienes ajenos. ¿Soy envidioso/a de otras personas?
    ¿Deseo que se prive a otras personas de sus bienes o talentos?
    ¿Soy celoso de otras personas?
    ¿No perdono a otras personas o les guardo rencor?
    ¿Soy resentido/a?
    ¿Menosprecio a los demás?

 

Oración antes de la confesión:

Padre, Tú te compadeces de toda la humanidad, nos acoges y nos concedes tu auxilio cuando lo necesitamos. Abre ahora mis ojos, para que sepa ver el mal que he cometido y el bien que he dejado de hacer, y toca mi corazón, para que me convierta sinceramente a ti. Cura y fortalece mi debilidad, renueva en mí tu amor: así resplandecerá en mis obras la imagen de tu Hijo, seré testigo de tu bondad entre la humanidad y viviré en comunión con mis hermanos en la Iglesia. Concédeme, Padre, tu luz, por Jesucristo, hermano y guía de toda la humanidad.

Padre todopoderoso, lleno de bondad y misericordia, aquí estoy de rodillas ante ti. Quiero confesarte los pecados con que te he ofendido, Padre mío.

Padre, posa sobre mí tu mirada misericordiosa. Mírame, como lo hiciste a través de los ojos de tu Hijo Jesucristo, que vio a aquella mujer pecadora que comparecía ante Él y no la condenó. Concédeme la gracia de la contrición y propósitos firmes de enmienda, para que sea capaz de comparecer ante tu presencia, dispuesto a comenzar una nueva vida a la luz de tu Palabra.

Padre bueno, concédeme tu gracia para que pueda desde ahora llenarme de gozo, mientras me preparo a encontrarme contigo, en el Sacramento de la reconciliación. Haz que desaparezcan en mi todo miedo y vacilación, de tal suerte que sepa, como debo confesar mis pecados. Envía tu Espíritu sobre mi, para que los recuerde todos y sienta dolor por ellos. Dame el valor para no mantener en secreto ningún pecado, abriendo mi alma ante ti con toda sencillez y sinceridad.

Amén.

Acto de contrición:

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho mas me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber muerto que haberle ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia, no pecar mas y evitar las ocasiones próximas de pecado.

Amén.

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La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento.

  1. Examen de Conciencia.

Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una guía para hacerlo bien.

  1. Arrepentimiento.

Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos lastimado al que más nos quiere: Dios.

  1. Propósito de no volver a pecar.

Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.

  1. Decir los pecados al confesor.

El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha.

  1. Recibir la absolución y cumplir la penitencia.

Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos.

18 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Juan Alejandro Alejos Zamarripa, seminarista (2º Filosofía)

Estamos por iniciar la Semana Mayor, la Semana Santa, y con ello el trabajo de misiones, en donde los seminaristas participamos con nuestro apostolado en las diferentes parroquias y comunidades con los oficios litúrgicos, actos de piedad, temas o charlas, para que junto con la comunidad nos preparemos a vivir de manera nueva y consciente el misterio y centro de nuestra fe, la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

El tiempo de misiones inician con el Domingo de Ramos, en la celebración de la entrada triunfal del Señor a Jerusalén y se concluyen en el Domingo de la Resurrección; no se trata  de cumplir con un requisito formativo, pues es una semana muy anhelada por el seminarista, una semana de encuentro, de reflexión, de fuerte oración y de enseñanza siempre nueva, en donde lo importante no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de la Resurrección que es primicia de la nuestra.

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Siempre es una gran alegría compartir con el Pueblo de Dios la experiencia del Resucitado, que renueva nuestra fe nos impulsa a la caridad y nos llena de esperanza. En las misiones caminamos como hermanos, no tratándose solo de transmitir conocimientos, sino sobre todo vivir como Iglesia la experiencia de Jesús en donde aprendemos todos, la comunidad, los grupos, los seminaristas y sacerdotes.

Ya previamente nos hemos preparado en nuestro camino cuaresmal, con todo lo que la Iglesia nos propone, ahora es tiempo de meditar el misterio de amor que Dios ha tenido para con todos nosotros: su Iglesia; es también un encuentro con el otro, donde tenemos la oportunidad de llevar a los tristes, a los más alejados la alegría del Evangelio, el anuncio del Cristo vivo, que nos amó hasta el extremo (Cfr. Jn 15, 13). Éste tiempo, es para todo cristiano el momento culmen de nuestra fe, pues en ella se hace palpable el gran amor que Dios nos tuvo al entregar a su único Hijo para la salvación del hombre (Cfr. Jn 3, 16), pero también un momento privilegiado de amar al prójimo en donde Cristo se nos hace presente (Cfr. Mt 25, 45), por ello es de vital importancia para el seminarista la vivencia de la Semana Santa junto al Pueblo de Dios, pues la enseñanza es mayor que en aula de clase porque Cristo no es un concepto sino una persona, un modelo que nunca deja de sorprender, hasta en los acontecimientos aparentemente más ordinarios y sencillos Dios le habla a su pueblo, le enseña y lo acompaña.

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Unámonos en oración unos por otros, pidiendo al Señor que nos permita tener un encuentro con Él y vivir intensamente esta semana, acompañándolo y dándole el primer lugar para participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo.

Nos encomendamos a su oración, cuenten con la nuestra.

Que el Señor nos bendiga.

15 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Antonio Peña, seminarista (2º de Filosofía)

“Para este año de la misericordia estaría bien que hiciéramos algo diferente” así comenzó este sueño que el equipo de La Alegría del Evangelio logró hacer realidad gracias a la solidaridad de la Iglesia.

En la emisión dedicada a la Epifanía del Señor se invitó a los grupos juveniles de la Iglesia de Monterrey al concurso “Compartir la Misericordia con Alegría”, consistió en inscribirse para que, después de sorteado el grupo ganador, fuera ayudado y acompañado por LAE a realizar una obra de misericordia: dar de comer al que tiene hambre. La motivación: compartir los tradicionales tamales del día de la candelaria con quien necesite.

Grata fue la sorpresa de la participación de los grupos juveniles, cabe destacar que participaron grupos de Cadereyta y Linares, y entre todos el ganador fue Brotes de Olivo, de la Parroquia San Jorge Mártir del municipio de San Nicolás de los Garza.

El reto fue organizarnos para llevar a cabo esta obra, que en el marco del año jubilar de la misericordia y en medio del tiempo cuaresmal, implicó estar dispuestos, grupo juvenil ganador y equipo de LAE para sacarlo adelante, el cual se logró gracias a la participación de la Iglesia ¡pudimos compartir con alegría la misericordia de Dios gracias a la Iglesia de Jesús!

Los tamales se convirtieron en lonches ya que se consideró oportuno compartirlos con los familiares de los pacientes del Hospital Metropolitano “Dr. Bernardo Sepúlveda” en San Nicolás de los Garza, fuimos acompañados por un grupo de amigos y bienhechores, quienes sumándose a esta labor lograron donar más de 150 lonches y fruta. El grupo Brotes de Olivo fue responsable de las bebidas para completar la ayuda.

Al llegar al hospital nos sorprendió la participación del grupo de Renovación Carismática del Templo del Señor de la Misericordia, quienes ya estaban entregando desayunos a la puerta del hospital. “Estamos dando lo que Dios nos comparte, para sus hijos, para los enfermos” expresó María Teresa de Jesús motivada, junto con sus hermanas de grupo, por el Año de la Misericordia promulgado por el Papa Francisco.

“Hay que ser grupos de puertas abiertas, no de puertas cerradas, ser alegres y compartir lo que sabemos, aunque sea poquito” expresó Janelly Cardiel motivando a los demás jóvenes a salir de sus salones parroquiales conforme a la enseñanza del Papa Francisco; “Evangelizar sin miedo, salir a la calle” reiteró Carlos Alejandro Cantú, también del grupo Brotes de Olivo.

Entre las bienhechoras de esta obra Myrna Pérez de Sánchez comentó: “El amor a Cristo es el que nos mueve, gracias a su Espíritu Santo, es el amor a Cristo el que nos mueve a servir al hermano” y Alma Ramírez Perea agregó “a cada uno Jesús nos dice: denles ustedes de comer” quien atendió el llamado para preparar los lonches de esta obra. “Que el pastor salga del templo es lo que hizo Jesús, estar con los más necesitados es el mejor ejemplo que pueden dar… cuando el Pastor sale uno se siente más acogido” nos aconsejó Lizeth Lara a los futuros pastores, quienes agradecemos estas palabras que animan nuestra formación como pastores a imagen de Cristo, Buen Pastor.

La dos horas que estuvimos en las afueras del hospital, nos permitieron conocer un poco el padecimiento de los internados y el esfuerzo de sus familiares, permitiéndonos así, al menos por un instante sostener junto con ellos, por medio del alimento y la oración, la cruz de la enfermedad. “La gente a nuestro alrededor nos miraba y se acercaba. Su rostro les cambiaba al sentirse reconfortados por el agua y el pan que les entregábamos, eso nos llena a nosotros de Dios” expresó Hugo Lara, compañero de Teología que nos acompañó, a sus hermanos menores del Instituto de Filosofía a vivir esta experiencia.

Nos pareció un milagro el darnos cuenta que alcanzó la fruta, los lonches y el agua, uno solo quedó, como queriéndonos decir por medio de ello el Señor “sigan dándoles de comer” y ese fue el compromiso que hicimos en nuestra oración final, no hacer de esto un gesto único, sino un habito de vida, encarnar la virtud de la solidaridad, de la compasión. Dice el Papa Francisco la palabra solidaridad está un poco desgastada y a veces se interpreta mal, es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad (EG 189) por tanto, esto que comenzó como un sueño y que ahora es una realidad que podemos contar exige nuestra respuesta generosa ante el llamado que Jesús, a toda su Iglesia, nos sigue haciendo: Denles ustedes de comer. (Mc 6,37)

 

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