05 Oct 2018

HELLO! 1

En todo tiempo es importante rezar, pero durante este mes de octubre, la Iglesia nos invita al rezo del Santo Rosario. Un método de oración muy sencillo con el que podemos dirigirnos a Dios y a nuestra Madre del cielo, pidiendo su auxilio y su intercesión.

En que cada misterio contemplamos un pasaje bíblico que nos ayuda a recordar, la manera en que Dios se ha manifestado y ha llevado a cabo su obra redentora.

Muchos de nosotros rezamos el Rosario porque en cada Ave María podemos sentirnos cercanos y escuchados por nuestra Madre; mujer de confianza y entrega a Dios, que desde los inicios de la Iglesia ha estado presente con sus oraciones (No 965 CEC) y sigue haciéndolo por el gran amor que nos tiene.

María no puede ignorar nuestras palabras, nuestras miradas y mucho menos nuestro corazón cargado de preocupaciones, ella siempre está presta a quien se acerca; para escucharnos, consolarnos y animarnos. En ella podemos depositar nuestras peticiones para que ella a su vez, sea quien las presenta ante su Hijo.

Mediante su intercesión, María no tiene la intención de ser más o mayor que Dios, ella quiere ser “Mediadora, nuestra Abogada, nuestro Auxilio, nuestro Socorro y es así como Iglesia la invocamos” (Lumen Gentium 62).

Cuando rezamos el Rosario ya sea de manera personal o comunitario, no lo hacemos solos, Jesús y la Virgen María nos acompañan, entonces, ¡que mejor compañía podemos buscar! Ojalá que cuando lo recemos podamos disfrutar ese tiempo que le dedicamos y no sea solamente un repetir y repetir lo mismo,

Con el rezo del Rosario, podemos obtener una “síntesis de todo el Evangelio” (No. 971 CEC). Dediquemos pues, un tiempo para estar con Jesús y con María, con la intensión de unirnos a toda la Iglesia en la práctica de este ejercicio espiritual y tengamos presente esa frase del Papa San Juan Pablo II: “Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias”.

Aldo Gabriel Charles Martínez.
Seminarista de 1o. de Teología

11 Sep 2018

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El pasado sábado 8 de septiembre en la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, el Pueblo de Dios de la Arquidiócesis de Monterrey bajo la guía de su padre y pastor Mons. Rogelio Cabrera López, se reunieron en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, para orar y ser testigos de la consagración diaconal de 6 hermanos nuestros.

El ministerio diaconal es el primer grado del sacramento del orden, su misión está explícita en su misma palabra de origen griego “διάκονος” que significa servidor o sirviente; es pues el ministerio diaconal una expresión del aquel que debe servir a los demás, especialmente a los más pobres y desamparados, así mismo, su ministerio está íntimamente unido a la colaboración con el orden episcopal, el cual ejercen los obispos de la Iglesia, los diáconos ayudan a sus obispos, no solo en el ámbito litúrgico-celebrativo, sino también en las tareas pastorales para la extensión del Reino de Dios.

En la emotiva celebración Mons. Cabrera López, en su homilía recalco el cuidado de los pobres, los invito a no limitar su servicio en el templo, sino salir fuera de él. “Así como sirven a la mesa del altar, tendrán que servir a la mesa de los pobres. Así como darán el alimento de la Palabra y de la Eucaristía, tendrán que preocuparse para que nadie pase hambre. Es deber de toda la Iglesia, es deber de todos nosotros, pero de modo especial la Iglesia quiere qué tomen conciencia de ello. Son sacramentos de Cristo pobre, para amar a los más pobres”. Estas fueron algunas de las palabras del Sr. Arzobispo dirigías a los nuevos diáconos.
En la misma celebración eucarística; algunos hermanos nuestros del Seminario Arquidiocesano de Monterrey, recibieron los ministerios laicales del lectorado y el acolitado, una gran alegría y esperanza, puesto que son hermanos que siguen perseverando en el camino vocacional, poniendo su deseo en configurar su corazón con el Corazón de Jesús Buen Pastor.

Ambos acontecimientos llenan de alegría a la comunidad del Seminario, puesto que son motivo de esperanza para aquellos que seguimos en el arduo proceso de formación sacerdotal, y que en ellos vemos de forma latente la Misericordia y la Gracia de Dios. Compartimos con ellos el mismo deseo de ser sacerdotes de Cristo para el servicio de su Iglesia. Así mismo como hermanos mayores, reconocemos su perseverancia y su esfuerzo en llegar a este momento tan deseado por los hermanos menores, su ejemplo nos llena de motivación, esperanza y alegría.
La comunidad del Seminario de Monterrey, expresa fraternalmente su felicitación y nos alegramos todos, por este acontecimiento que es sin duda, un regalo para esta Iglesia local y para toda la Iglesia Universal. Los seguimos encomendado en nuestras oraciones y pedimos a Dios que siga realizando su obra en todos y cada uno de ellos, que Nuestra Madre la Santísima Virgen siga siendo modelo e imagen en su peregrinar.

Héctor Elías Morales Montes
Seminarista de Primero de Teología.

21 Ago 2018

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Con gran gozo hemos recibido en el Curso Introductorio las reliquias de Santa Margarita María Alacoque, misma que el sábado 18 de agosto llegaron a Monterrey para compartir esta experiencia espiritual y de amor con los regiomontanos. Nuestra casa en Paso Hondo, Allende, NL, tuvo la dicha de compartir una hora de oración ante los restos de la santa.

Esta santa del siglo XVII, perteneció a la Orden a de la Visitación de María, y tuvo una experiencia mística con Jesús mismo, quien le invitó a compartir la devoción al Sagrado Corazón los primeros viernes de mes. Esta devoción ha sido de las más rezadas por los cristianos, ya que lleva consigo lo que el mundo sigue necesitando: el amor.

Con un mes de anticipación invitamos a los fieles y amigos de nuestro Seminario y la respuesta no se dejo esperar, ya que desde temprano algunos invitados, junto con los seminaristas, con alegría en el corazón, esperaban la llegada de las reliquias.

Tuvimos tres momentos especiales: primero, cuando rezamos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús; segundo, la catequesis que nos compartió el Padre Claudio (de la guardia de honor de Santa Margarita); y el tercero, y no menos importante, la veneración a las reliquias de la Santa.

El coro del Seminario cantaba con gran devoción y los fieles pasaban a rezar de rodillas y tocando la urna para pedir algún favor a Dios a través de Santa Margarita. Este momento se fue extendiendo en la medida que pasaban los fieles, y no se diga de los seminaristas, que con gran devoción hacían sus peticiones.

Cabe destacar que la comitiva que acompaña a las reliquias, formada por 15 personas, entre ellas, laicos, sacerdotes y religiosas, hizo un gran esfuerzo para realizar los recorridos con las reliquias de la Santa en nuestra ciudad y llevarlos hasta nuestro Seminario en Allende, NL.

Recordemos que con los santos y la Virgen María realizamos actos de veneración, ya que sólo la adoración es a Dios (CEC 2095ss). Recordamos también los que nos dice el Concilio de Nicea II: Veneración a los santos; híper veneración a la Virgen María y sólo a Dios la adoración.

Los santos son personas que han vivido en grado máximo las virtudes de Cristo, y que han sido reconocidos por el sensus fidei y el Magisterio de la Iglesia para ser ejemplos de vida e intercesores; así entonces, pidamos a Dios a través de Santa Margarita, un corazón que sea semejante al de Jesús.

Pbro. Ernesto Fabián Tello Medina
Coordinador de Espiritualidad del CI

15 Ago 2018

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La ordenación sacerdotal es uno de los sacramentos con más elementos significativos que nos adentran al misterio de la misma liturgia. Es un momento en el cual, la Iglesia diocesana se manifiesta en la oración incesante hacia Dios, para que mande más obreros al campo de la mies (Cfr. Mt 9, 38); por ello, el primer signo eclesial que encontramos dentro de la celebración, es reunirnos como asamblea de Dios.

Reunirnos como asamblea nos hace vivir la comunión eclesial; pues laicos, consagrados, presbíteros y obispos, nos congregamos como un solo pueblo, para hacer patente cómo Dios ha elegido a un hombre de entre los hombres (Cfr. Hb, 5, 1) para el servicio de los hermanos, presidiendo en la caridad; siendo testigo de la misericordia, y alimentando a los hermanos con los sacramentos.

Otro signo esencial de la ordenación sacerdotal es la imposición de manos y la oración consecratoria. Con estos gestos, el sacramento nos evoca «la transmisión de un oficio (misión, ministerio, tarea) y comunicación del Espíritu (fuerza, gracia, poder) necesario para desempeñarlo debidamente». En la tradición judía ya se consideraba la imposición de las manos como una forma de instalación de un cargo u oficio. En el Nuevo Testamento, este signo se entiende precisamente como el envío a la misión. A la vez la imposición de las manos demuestra el simbolismo de contacto ante el cual, se expresa la transmisión del Espíritu Santo. Además la imposición de las manos aunada a la oración, es el significado inmediato de que esa elección proviene de Dios, así lo consideraba San Juan Crisóstomo al decir que, «se extiende la mano del hombre pero es Dios quien lo realiza todo, y es Dios quien toca la cabeza de aquel que es ordenado.»

Otro signo dentro del sacramento es la unción de las manos, la cual los Santos Padres identificaban con la unción de los reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento, pero reconocen además la superioridad del nuevo sacerdocio de Cristo que interpretaban que ya no era el aceite material, sino el Espíritu Santo, quienes los ungía, así como Cristo era el ungido del Padre.

Existen además otros signos complementarios dentro del sacramento, los cuales hacen referencia a las tareas concretas a las cuales el sacerdote se consagrará. Uno de ellos es la entrega del pan y del vino a los nuevos ordenados, simbolizando la presidencia del sacerdote en la asamblea de fieles; y el despojo de los ornamentos diaconales, y el revestimiento de las vestiduras sacerdotales, que se convierten en una manifestación pública de su función cultual sacerdotal.

El sacramento del orden sacerdotal concluye con el saludo de la paz, que es dado por el obispo a sus nuevos colaboradores del ministerio sacerdotal. Este signo es un mensaje de acogida a un colegio, a una fraternidad sacerdotal en la cual obispo y presbítero trabajarán unidos por el pueblo encomendado por Dios.

El último de los signos de la ordenación sacerdotal es la presencia del sacerdote en el mundo, ya que la misma definición de sacramento es un signo sensible de la gracia de Dios; porque el sacerdote se convierte, en el signo sensible para la comunidad eclesial y para el mundo; da testimonio de su ser consagrado y de ser el Pastor que no solo cuida del rebaño que le ha sido encomendado; sino que también va por aquellos que son de otro rebaño para construir la unidad en el mundo como es propio de su misión.

Edgar A. Del Río Reyna
Tercero de Teología

13 Ago 2018

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Así de simple, quien se detiene no avanza, no llega a su meta, se frustra, se pierde, no comprende, entristece…y además lo mucho o poco que ha caminado no le dice nada, porque no ha alcanzado su meta.

Gracias a Dios, este año pude participar de la peregrinación que como arquidiócesis hacemos a la Basílica de Guadalupe de la ciudad de México. Y en éste caminar descubrí 3 cosas importantes:
1. El pueblo de Dios tiene una gran necesidad: encontrar a Dios en sus pasos; saber que es Él quien nos guía y descubrir que no estamos solos en este caminar; sino que Dios mismo camina nuestros pasos y en muchas ocasiones, nos lleva en sus hombros. Cada uno de sus rostros decía demasiado, sea niño, joven o adulto; todos se veían contentos porque sabían que al final de esta peregrinación, nos encontraríamos con nuestro Señor Jesucristo en la santa misa. Yo pensaba: “cada uno viene con un número grande de gracias a entregar al Señor y pedir la protección de nuestra Madre del cielo”, todos de caminos paralelos, de realidades distintas, de caminos que sin duda, han de llevarnos a Dios.

2. No caminamos solos. Para alguien que ha crecido en una educación cristiana, y con devociones Marianas; es imposible evitar emocionarte con escuchar el son de los danzantes, o el corear del canto a la “Guadalupana” o escuchar que alguien va rezando. Esta sensación, como la que experimentan los aficionados del fútbol cuando el equipo de sus amores gana; así lo experimenté yo, y creo que muchos hermanos que hicimos esta peregrinación. No estoy solo, tengo muchos semejantes y todos caminamos a un mismo destino, y mi fervor, pasión y amor alientan a otros. Esto se contagia, se transmite, se comparte en comunidad.

3. Tengo una meta, y ésa es el Señor. Hay un dicho que versa: “es mejor estar perdido que no saber a dónde ir”, por que quien está perdido sabe a dónde tiene que ir, y aunque se desvíe, él tiene una meta. Pero quien no sabe a dónde ir, ¿qué lo motiva a caminar, a avanzar, a esforzarse? “Derechito, derechito”- decía una señora a su hija- “esta la casa de Dios, y Él nos espera”. Y, así es, Dios nos espera.

No se cuanto más me quede por caminar en esta vida, pero les aseguro que yo no me quedo, no me detengo. Aunque estos tiempos sean difíciles de andar para todos, yo no me quiero quedar aquí, porque sé que alguien me espera más adelante.

No sé tú, pero yo no me quedo aquí. Quiero luchar, cansarme, caminar, peregrinar, quiero ser un valiente que camina hacia la casa de Dios.

Luis R. Martínez Cigarroa
Segundo de Teología

09 Jul 2018

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Por cuatro semanas, 6 seminaristas fuimos elegidos por el equipo formador del Seminario de Monterrey para participar durante el mes de Julio, en un curso impartido por el Instituto Superior de Música Sacra de Morelia (ISMUSAM).

Las materias que llevamos no sólo tratan de la historia de la música o los documentos que hablan de este tema; también vamos adquiriendo técnica o tips para los que tocamos algún instrumento o para los que cantan.

Durante el día, tenemos una hora de práctica con el maestro, de manera personal y tenemos oportunidad de intercambiar conocimientos entre el mismo alumnado, porque hay alumnos de diferentes estados de la República.

Durante el curso de música sacra, la institución nos hace diferentes invitaciones a conciertos de coro de cámara, de orquesta, de guitarras, etc. También tenemos momentos de conveniencia entre alumnos y maestros para fomentar el buen ambiente y la amistad.

Por último quiero mencionar que todos los maestros están muy bien preparados y que cada uno demuestra esa pasión por la música, pasión misma que nos transmiten.

Seminarista Julio Ulises Martínez Fresnillo
1º. De Filosofía

22 May 2018

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La academia es una actividad formativa propuesta por el Seminario de Monterrey, cuyo objetivo es que los alumnos desarrollen la capacidad de actualizar el pensamiento Tomista, a través de la elaboración de un ensayo que tenga como punto de partida, alguna de las cuestiones contenidas en la Suma Teológica de Santo Tomás y que de respuesta a alguno de los problemas que aquejan al mundo contemporáneo.

Esta actividad fomenta en los alumnos la inquietud intelectual, la capacidad de análisis de los problemas actuales y la actitud propositiva, ofreciendo alternativas de solución desde el método Tomista.

A cada año formativo se le ha asignado un tema específico para reflexionar:

En el Menor es: La existencia de Dios

En el Curso Introductorio es: La relación entre Fe y Razón

En Filosofía los temas son: para primer año, La oración eucarística; segundo año, Teorías del conocimiento y tercer año, Antropología.

En Teología los temas son: para primer año, La Fe; segundo año, La esencia de Dios y tercer año, Ética y Política.

Cada año, los alumnos inician su reflexión en octubre del año escolar en curso, elaboran su ensayo y lo entregan en abril. Posteriormente se tiene el día de la premiación y exposición de los ganadores. Este año escolar el día de la premiación será el miércoles 23 de mayo.

A partir de mañana, compartiremos en Facebook, los ensayos de los seminaristas que obtuvieron los primeros lugares, esperando enriquecer tu caminar cristiano.

Pbro. Jesús Treviño Guajardo
Prefecto General de Estudios

29 Mar 2018

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Recuerdo que cuando era estudiante de preparatoria mi hermana me insistía en que fuera a vivir un encuentro de fin de semana de Dinámicas de Encuentros Juveniles (DEJ) a la parroquia Santo Niño, y digo que me insistía porque reiteradamente me invitaba y eran las mismas veces que yo me negaba a aceptar la invitación. Pero un buen día accedí y me di la oportunidad de asistir a este encuentro que Dios había destinado para mí. Recuerdo que no era un católico practicante, después de que realice mi primera comunión, dejé de estar cercano a la Iglesia y solo en algunas contadas ocasiones asistí a alguna misa.

Ya estando en el retiro me sentía algo nervioso e incómodo al principio, pero en cada tema, en cada dinámica y en cada compartir me iba sintiendo cada vez mejor. El tema en relación a María me gustó mucho, pero hubo una charla que en lo especial me marcó y fue la de “Dios es Amor”. Fue una plática testimonial en donde nos hicieron reflexionar cómo Jesús nos ama, con un inmenso amor, al grado de morir por cada uno de nosotros en la cruz.

La muerte de Jesús no fue solamente un hecho histórico sin trascendencia alguna, me di cuenta que murió por nuestros pecados y que lo hizo por amor y por nuestra salvación. Esto para mi significó la Buena Nueva, la gran noticia que cambiaría mi vida a partir de ese momento.

En el Catecismo de la Iglesia Católica se nos dice que: “El Misterio Pascual de la Cruz y de la Resurrección de Cristo está en el centro de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a continuación de ellos, deben anunciar al mundo”. . Ésta tarea la ha venido realizando la Iglesia desde sus inicios, quienes acogían de buena manera el mensaje o kerigma eran bautizados y de esta manera se fueron formando las primeras comunidades cristianas.

“La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica San Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios” (Hch 2, 23). Ante esto me pongo a reflexionar sobre el inmenso amor de Dios Padre para con el hombre, pues tiene para su creatura un designio divino de Salvación, que tendrá su cumplimiento a través de la muerte del “Siervo, el Justo” (Is 53,11).

Hoy te invito a que reflexionemos en el Misterio Pascual, a que nos preparemos en esta Cuaresma debidamente para celebrar jubilosos la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y que nosotros como bautizados seamos portadores de esa Buena Nueva para los demás; a los que se encuentran lejos de Dios y no han escuchado el llamado de Dios por alguna circunstancia.

En los tiempos actuales es muy común ver tristeza, depresión, soledad, y desesperanza por tantas situaciones diversas que nos agobian; esto no debe ser ajeno a nosotros como cristianos, nosotros como bautizados estamos llamados a ayudarles en lo que humanamente podamos y ante todo llevarles la Buena Nueva, nosotros debemos irradiar felicidad pues el Dios en que tenemos nuestra fe es un Dios de Vida, pues recordemos que si Cristo no resucitó, vacía sería nuestra predicación y también vacía nuestra fe. Tenemos que anunciarles a Jesús como el gran amigo que nos ama y que murió por nosotros en la cruz. «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jon. 15,13).

Ya por último te invito a que te acerques frecuentemente a la Eucaristía, tomando en cuenta las palabras del Papa Francisco: “La Eucaristía nos lleva siempre al ápice de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, derrama sobre nosotros toda su misericordia y su amor, como lo ha hecho en la cruz, para así renovar nuestro corazón, nuestra existencia y el modo de relacionarnos con Él y con los hermanos”.

Seminarista Miguel Ángel Martínez Colchado
Primero de Teología

23 Mar 2018

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La verdad es que no existe un manual que nos explique los pasos de cómo acompañar a un paciente que está desahuciado, cada persona y cada padecimiento es diferente. Ciertamente cada uno tiene una historia, un plan que el Señor va escribiendo y la mayoría de las veces no entendemos el por qué y el para qué del actuar de Dios.

En Casa Simón de Betania me ha tocado vivir y experimentar realidades que jamás me hubiera imaginado que existían, y claro que al principio no fue nada sencillo. Hoy después de tres años en la comunidad, veo estas realidades desde la mirada de Jesús; sólo así son menos complicadas las cosas. Desde su mirada, el acompañarles se asemeja un poco a ese camino de la Cruz donde Jesús se entregó.

Cada día el Señor me permite contemplarle actuando en ese caminar, así como el Cirineo, no le quitó la Cruz a Jesús, ni se puso en su lugar cuando le clavaron sus manos y pies, ni tampoco se interpuso cuando le daban de latigazos. Él simplemente le ayudó a llevar la Cruz en un tramo del camino, que lo llevaría a su verdadera casa.

Como religiosa me he dado cuenta que mi misión es simplemente “estar”. Estar en sus alegrías y en sus recuperaciones, pero también estar cuando los momentos son más difíciles y complicados. Yo te invito a que te preguntes ¿qué crees tú que habría querido hacer María cuando vio a su hijo camino al calvario? ¿qué crees tú que habría querido hacer Juan cuando vio a su amigo clavado en una cruz? Yo me pregunto eso casi a diario, y el Señor cada día me muestra un poquito de su respuesta, ellos quisieron haber hecho muchas cosas, pero la voluntad de Dios era otra.

Cada día, con cada experiencia, el Señor me permite ver que vamos caminando hacia nuestro verdadero hogar, que aquí en este mundo sólo estamos de paso, que el experimentar el sufrimiento o el dolor es parte de llegar a esa gloria de la resurrección, así como lo vivió Jesucristo, al entregarse por amor, por cada uno de nosotros.

Se que cada una de las personas que he despedido en esta casa realmente están vivas, porque, así como Jesús subió a esa Cruz para llegar a la gloria del Padre, así cada uno de ellos me han permitido contemplar ese misterio donde al final se vive la alegría de la resurrección.

Hna. Mariana Cepeda Sida
F. Siervas del Señor de la Misericordia

07 Mar 2018

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Cuaresma es el tiempo litúrgico en el que la Iglesia, revive el significado que tuvo para el pueblo de Israel su peregrinación hacia la tierra que Dios le había prometido. Durante la Cuaresma la Iglesia emprende un camino de esfuerzo que culminará en liberación.

En este contexto las renuncias y privaciones ejercitan la voluntad; pues son instrumento simbólico y operante para este fin, porque abstenerse de los bienes materiales nos permite descubrir el valor preeminente de los bienes espirituales que, “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó” (1 Cor 2,9). Este es el sentido de las prácticas de piedad que se sugiere vivir más intensamente durante la Cuaresma para hacer operativo nuestro deseo de conversión a Dios: oración, limosna y ayuno.

Este tiempo de fuerte práctica penitencial es particularmente apropiado para los ejercicios espirituales. Se entiende por ejercicios espirituales todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar… todo modo de preparar y disponer el alma para quitar de sí todas las afecciones desordenadas, y después de quitadas buscar y hallar la voluntad divina…para salud del alma (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales 1ª anotación).

La finalidad de los ejercicios espirituales es fortalecer el espíritu mediante el dominio de sí mismo para poder entregarse a Dios sin reservas y sin los obstáculos naturales de la condición concupiscente que orilla a caer en la tentación. Los ejercicios espirituales fortalecen la voluntad propia para hacerla una sola con la voluntad de Dios, de manera que lo que deseemos, sea lo que Dios desea para nosotros. Llegar a este punto de comunión plena con el Creador es el fin de toda fe. Ejercitar el espíritu es trabajar para lograrlo.

Basándonos en los ejercicios espirituales propuestos por la Arquidiócesis de Monterrey, nuestro Seminario brindará a los jóvenes material para vivir éstos ejercicios de manera virtual, y puedan contribuir a celebrar con mayor plenitud la Pascua que está por venir.

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