17 Feb 2016

HELLO! 1

Por: José Luis Morán Becerra, seminarista (3º Filosofía)

En el mes de febrero, como ya es tradición, en el Seminario de Monterrey celebramos, junto con las distintas comunidades parroquiales de nuestra Arquidiócesis, el día del Seminario y la Colecta Anual. Pero previamente dedicamos una semana (“Semana de oración por las vocaciones sacerdotales”), en común oración con el Pueblo de Dios, para pedirle al Dueño de la mies que nos conceda la perseverancia a aquellos jóvenes seminaristas que estamos viviendo en las distintas casas de formación (Menor, Curso Introductorio, Filosofía y Teología), y la fortaleza y fidelidad a los sacerdotes, que por Su amor y misericordia, nos ha concedido.

Por ello, para llevar a cabo esta comunión de oración a todas las comunidades parroquiales se les envía un subsidio para que cada día de la semana, durante la oración universal, oren, juntos con nosotros, por las siguientes intenciones:

  • Lunes: En este día, oramos por los jóvenes con inquietud a la vida sacerdotal.
  • Martes: por todos nosotros, los seminaristas del Seminario de Monterrey.
  • Miércoles: por los sacerdotes jóvenes de nuestra Arquidiócesis.
  • Jueves: por los sacerdotes que ejercen su ministerio sacerdotal en parroquia y/o sirven en pastorales específicas.
  • Viernes: por los sacerdotes ancianos y enfermos.
  • Sábado: por los Obispos.

Entonces, tú que formas parte de alguna comunidad parroquial, ¿de qué modo puedes participar durante esta semana?

Orando, y mucho, por cada uno de los seminaristas que actualmente nos estamos formando dentro del Seminario, y por los sacerdotes que sirven en nuestra Arquidiócesis. Tal vez conozcas a alguno de ellos, algún sacerdote o seminarista, ya sea por ser familiar o amigo tuyo, o por haberlo conocido en alguna actividad, o porque es tu parroquiano. Ponlo en tus oraciones. Y, también, te hago la invitación para que participemos juntos en las Misas, especialmente de esa semana, ofreciendo tus intenciones por cada uno de nosotros. Tu oración, en nuestra formación y ministerio, es valiosísima.

A nombre de mis hermanos seminaristas, agradecemos infinitamente tu oración, porque estamos seguros que, de manera sencilla, sigues pidiendo y hablándole a Dios por nosotros. Ah, y recuerda esto: la oración es mutua, tú oras por nosotros y nosotros oramos por ti. ¡Muchas gracias!

12 Feb 2016

HELLO! 1

Por: Edgar Alvarado, seminarista.

-Padre, padre. ¿Por qué usa vestido?
-No soy padre, soy seminarista.
-Si padre, pero ¿por qué usa ese vestido negro?
-No se llama vestido, se llama sotana, y es mi uniforme de seminarista.
-¡Qué chido padre! Cuando sea grande yo también quiero ser sacerdote para usar sutana.
-Sotana, se llama sotana.

Esta conversación, palabras más palabras menos, sucedió hace cuatro años en un salón de segundo de primaria, en un colegio cuyo nombre prefiero no mencionar. Diálogos como éste, o al menos muy parecidos, suceden año tras año en la visita a colegios que el Seminario de Monterrey realiza en diferentes instituciones educativas de nuestra Arquidiócesis. Esta actividad consiste en que los seminaristas, tanto del Seminario Mayor como del Menor, visiten los colegios católicos, salón por salón, y compartan su testimonio vocacional.

Esto se realiza en el contexto del día del Seminario, celebración en la que, durante el mes de febrero, los seminaristas tienen contacto con diferentes personas y realidades, con las que comparten el llamado que Dios les ha hecho para seguirlo, en la vocación sacerdotal. Precisamente la visita a los colegios es una oportunidad para compartir este llamado con niños, adolescentes y jóvenes que estudian en escuelas de inspiración cristiana, desde el grado de kínder, pasando por primaria, secundaria e incluso preparatoria y facultad.

En esta experiencia, cada seminarista visita los salones de clase, y da a conocer la forma en la que Dios lo llamó a la vocación sacerdotal, llamado al que está respondiendo por medio de la formación en el Seminario. Así, los seminaristas dan a conocer su proceso vocacional, y algunos detalles de lo que es la vida en el Seminario; esto con el objetivo de que los alumnos conozcan cómo se forma un futuro sacerdote, y con la intención de que si alguno siente inquietud por esta vocación pueda acercarse y pedir información para iniciar un proceso de acompañamiento. Igualmente, esta actividad tiene como propósito motivar a los alumnos de colegios a orar por las vocaciones sacerdotales, especialmente en este mes del Seminario.

Al finalizar este momento de compartir, suele darse un espacio para preguntas y respuestas, en el que los alumnos pueden preguntarle a los seminaristas cualquier duda o inquietud. Es aquí donde los momentos chuscos suceden, ya que la creatividad de los niños y jóvenes es muy grande. Las preguntas van desde un ¿qué comen los seminaristas? hasta un ¿por qué no se pueden casar? otras dudas muy comunes son: ¿qué hacen en un día normal?, ¿cuántos años están encerrados?, ¿así se visten todo el día?, ¿ven a sus familias? etc, etc, etc.

Sin lugar a dudas esta experiencia es muy rica ya que, además de los momentos chuscos, se da la posibilidad de orar, convivir y reflexionar con jóvenes estudiantes. Y es que, compartir la vida y la vocación con otras personas nos permite renovar este llamado, y contagiarlo a otros hermanos nuestros.

Sigamos orando por las vocaciones sacerdotales en este mes del Seminario, en el que celebramos que Dios sigue llamando a jóvenes valientes a ser santos por medio del sacerdocio.

05 Feb 2016

HELLO! 1

Por: Adrián Alejandro Garza Morales, seminarista.

El día de hoy, 6 de febrero, será un día muy especial para los jóvenes que cursan en el seminario menor de Monterrey ya que, en la Basílica de la Purísima recibirán, de las manos de sus padrinos, familiares y amigos, la sotana negra y la banda azul propias del seminarista. La sotana es un signo muy propio del seminarista peor no sólo es un signo que lo identifica, sino que en cierto grado expresa su ser, su afán de querer consagrar su vida al servicio de Dios a través de los demás.

¿Alguna vez te has preguntado qué significa la sotana? La sotana que portan los seminaristas también es llamado “hábito talar” es decir, vestidura a manera de traje que llega a los talones y desde el siglo XVI es de color negra. Sotana, viene de la palabra latina “subtana” de “subtu” que quiere decir lo que se pone por debajo, ya que encima de ella van las vestiduras litúrgicas como el roquete, la cota y el alba.

Portar la sotana es un signo público de nuestra entrega y servicio a Dios, es un signo de humildad y de moderación en nuestro vestir, es un recordatorio permanente de llevar una vida de santidad. La banda que la ciñe es signo de nuestro carácter y de nuestra entereza por cumplir con la voluntad de Dios por encima de nuestras preferencias. El color azul recoge nuestras esperanzas (las de todos los seminaristas) de, algún día, llegar a abrazar el estado clerical, además de significar el inconfundible amor hacia la Virgen María, inmaculada desde su concepción. Por su parte el alzacuello les recordará mantener erguida su cabeza, de jamás deprimirse, ni avergonzarse o entristecerse de esta distinción que Dios hace de cada uno de nosotros.

La sotana puede llegar a verse como un trozo de tela negra que portan los seminaristas, pero es más que eso, más allá de las apariencias la sotana es nuestro recuerdo vivo de saber que tenemos que dejar todo por el reino de los cielos, que debemos de abandonarnos a nosotros mismos y ser capaces de ir por los más necesitados, de ir hacia los que necesitan descubrir el rostro misericordioso de Dios

Aún recuerdo el día que use la sotana por primera vez, fue un momento muy importante en mi vocación. Recuerdo a mis papás, a mi párroco y a mis amigos en esa celebración y ese recuerdo me ayuda a entender que mi vocación está al servicio de los demás, no sólo es mía, es un don que Dios me regala tanto a mi como a su pueblo.

28 Ene 2016

HELLO! 1

Por: André Alejandro Múzquiz Salazar

Santo Tomás de Aquino patrono de los estudiantes, ha sido quizá el pensador cristiano más influyente. Este gran santo redescubrió los tesoros de la filosofía antigua en especial la aristotélica utilizando esta para explicar mediante la razón realidades de fe, creando así una relación entre fe y razón, teología y ciencia.

En el Seminario estudiamos en los primeros años la filosofía, que nos ayuda a entender diversas realidades desde la razón (que es limitada) además de servirnos para adquirir una estructura y términos que adopta la teología. Los últimos 4 años de nuestra formación estudiamos teología fundamentada en la revelación para adentrarnos en el misterio de Dios.

Santo Tomás de Aquino nos enseña, que debemos tener ese deseo de buscar la verdad, esforzándonos en nuestro estudio utilizando los dones que Dios nos da para desarrollar nuestro intelecto y así poder responder a las necesidades del Pueblo de Dios.

Cada año, celebramos una jornada académica en torno a la fiesta de Santo Tomás de Aquino para reflexionar sobre algún aspecto en concreto de nuestra realidad, a través de esto aprendemos formación nos ayuda a entender situaciones concretas de nuestra vida y de la sociedad las cuales debemos afrontar e iluminar con la Palabra de Dios para aportar caminos que nos guíen a enfrentarlos.

Este año el tema de nuestra jornada será la reflexión sobre la Evangelii Gaudium, documento realizado por el Papa Francisco que nos invita a vivir de forma alegre y radical, siendo capaces de salir de nuestras comodidades y anunciar el evangelio con la alegría que este lleva por sí mismo.

27 Ene 2016

HELLO! 1

Por: Luis Alfonso Irene Brion, seminarista. (1º de Filosofía)

Después de un tiempo de descanso y de convivencia con la familia, celebrando el misterio de la Navidad, terminamos las vacaciones de diciembre y regresamos al Seminario. Nos incorporamos de nuevo a nuestras actividades, para seguir en el camino de formación para el sacerdocio.

Necesitamos volver constantemente nuestra mirada a Aquel que nos amó primero, por eso como primera actividad tenemos una herramienta que nos ayuda a entrar en nosotros mismos para encontrar a Dios en el sagrario de nuestro corazón: los ejercicios espirituales.

En el Instituto de Filosofía se llevaron a cabo del 4 al 8 de enero y fueron impartidos por el Padre Enrique Arias, de la Orden Franciscana de los Hermanos Menores, apoyado por todo un equipo de laicos del movimiento de Alvernia. El tema de los ejercicios fue la misericordia de Dios.

Nos hablaron de Dios que es Padre de misericordia y de todo consuelo. Nos dijeron que, a veces, hay cosas que evitan que experimentemos el amor de Dios al máximo: una imagen deformada de Dios, una imagen familiar dañada y la vida de pecado. También vimos que la encarnación de Jesucristo es la manifestación del amor de Dios Padre, y nos invitaron a meditar en el misterio de la cruz, identificar cuál era la nuestra y ofrecérsela a Dios.

Por otra parte, tuvimos la gracia de hacer una confesión general con varios sacerdotes franciscanos invitados, mientras adorábamos a Jesús en la Eucaristía. Hicimos, además, una actividad en la cual nos teníamos que lavar los pies unos a otros, yendo con aquellos con los que tuviéramos alguna rencilla, para perdonar, o para demostrarle afecto a alguno de los hermanos.

Tuvimos, entre las actividades menos formales y espirituales, la oportunidad de ver dos películas: Los miserables y Hotel Rwanda. Esto con el fin de analizar la vivencia de los personajes y ver cómo vivían la misericordia.

En general, puedo decir que fue una experiencia muy buena, una gran oportunidad para avivar nuestra relación con Dios y así poder empezar, llenos de alegría por sabernos amados por el Señor, nuestras demás actividades en el Seminario, teniendo bien presente que, como dice san Pablo: “Dios es rico en misericordia” (Cf. Ef 2,4).

12 Dic 2015

HELLO! 1

Por: Roberto Sergio García Garza, seminarista.

Una madre nunca se cansa de cuidar a sus hijos.

En el Seminario de Monterrey celebramos, a lo largo del año, una rica variedad de fiestas dedicadas a la reverente veneración de Nuestra Madre del Cielo: la Virgen María.

Entre ellas, una de las más importantes es la que celebramos en este mes de Diciembre: la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Todos nosotros sentimos un aprecio especial por la Guadalupana y esto quizá se debe al cariño profundo arraigado en el corazón de cada mexicano por aquella mujer que los trajo al mundo: su madre.

Cuando nuestra madre cumple años, organizamos una gran fiesta en el hogar. No faltan los mariachis, la música alegre y comida en abundancia (comida que en muchas ocasiones es preparada por la misma festejada), así mismo con Nuestra Madre del Cielo. En el Seminario, año con año, organizamos una gran fiesta para la Virgen de Guadalupe agradeciendo sus cuidados e intercesión.

Las mañanitas a la Virgen, la danza de los ‘matlachines’ y el chocolate caliente después de la Celebración de la Misa son elementos característicos de nuestra fiesta. Lo que hacemos es lo que cualquier hijo considerado desea hacer por su madre: agradecer sus desvelos y cuidados, corresponder a su amor siempre atento. Es una fiesta espiritual que a todos nos llena de alegría.

Aunque los hijos seamos rebeldes, las madres nunca se cansan de cuidarnos y de escucharnos en tiempos de dificultad. En el Seminario, festejamos a nuestra Madre del Cielo y hacemos propias las palabras que María le dirigió a Juan Diego en el Tepeyac: “Porque yo soy vuestra Madre misericordiosa, de ti, y de todos los hombres que viven unidos en esta tierra, y de todas las personas que me amen, los que me hablen, los que me busquen y en los que en mí tienen confianza. Allí les escucharé sus lloros, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores”.

Mi experiencia en estas fiestas guadalupanas es semejante a lo que experimento cuando visito mi casa en vacaciones. Comer la comida de mamá, escuchar sus consejos y saberme siempre cuidado por ella. María de Guadalupe es la madre amorosa que, en estas fechas y todos los días, cuida de nuestros pasos. Como San Juan Diego, nosotros también sintámonos abrazados por esta Madre amorosa que siempre está al pendiente de nuestras necesidades porque una madre nunca se cansa de cuidar a sus hijos.

11 Dic 2015

HELLO! 1

La fiesta de la Inmaculada concepción de María que se celebra el 8 de Diciembre, es sin duda, una fecha importante para la Iglesia y para el Curso Introductorio del Seminario de Monterrey (CI), que celebra esta fecha con gran ánimo, por ser nuestra Madre Inmaculada patrona de nuestra casa. Durante esta festividad, se llevan a cabo diversas actividades tanto espirituales, como culturales.

En el aspecto espiritual en el CI iniciamos el novenario desde el pasado 29 de Noviembre, durante el cual, cada día contamos con un sacerdote u obispo invitado a presidir la Eucaristía, coros de la región que comparten con nosotros horas santas. Entre otras actividades, durante los Rosarios y momentos de adoración a Jesús Sacramentado reflexionamos las virtudes de la Inmaculada Virgen María.

En el aspecto cultural, el CI, dio inicio a la celebración el pasado sábado 5 de Diciembre a las 3:30 p.m. con la Kermes, en la que hubo juegos, casa de los espantos, antojitos y la obra de teatro “El poder de la fe” preparada por los seminaristas de CI, el día finalizó con la Hora Santa en la cual se presentó el ministerio de música Jésed. El domingo 6, iniciamos las actividades a las 11:30 con una peregrinación desde la capilla del Espíritu Santo en Paso Hondo, Allende, NL. hacia el CI para vivir la Eucaristía a las 12:00 del día. Una vez terminada, tuvimos nuevamente la Kermes y la obra de teatro.

El novenario dio fin el 8 de Diciembre, con la celebración de la Eucaristía presidida por nuestro Arzobispo Mons. Rogelio Cabrera López en punto de las 12:00 del día.

Para los seminaristas del Curso Introductorio, celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, es motivo de alegría y motivación en nuestro caminar vocacional.

María representa para nosotros un modelo, de obediencia, fidelidad y pureza, a ella encomendamos nuestra vocación, para que podamos formarnos a imagen de su hijo Jesús.

07 Dic 2015

HELLO! 1

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He aquí la primera gran cuestión que nos podemos plantear, y no sin razón: si Dios ha creado todo de la nada, sin ninguna colaboración externa; si Dios ha llevado a cabo la gran obra de la Redención enviando al mundo a su propio Hijo; si Dios, en definitiva, como Omnipotente que es, no necesita de nadie ni de nada para actuar; ¿por qué llama a su servicio a determinados hombres y mujeres?

Evidentemente, la argumentación tiene todo su peso. Y la respuesta no puede ser otra que el Amor.

Por amor hacia sus hijos, Dios permite que cada uno, en uso de su libertad, pueda elegir entre el camino de la correspondencia y el de la separación de su Padre. Por amor quiere contar con la ayuda de algunos hombres y mujeres que, entregados a su servicio, estén dispuestos a dar su vida por la salvación de los demás.

Ese Amor se pone de manifiesto, en primer lugar, hacia los propios elegidos, haciéndoles participar de la felicidad que conlleva la intimidad con Dios. Y en segundo lugar, hacia el resto de la humanidad, poniendo a su alcance a otros hombres y mujeres como ellos, con sus mismas dificultades, con sus mismas debilidades, que les entienden, y que consecuentemente están en una disposición inmejorable para prestarles ayuda y consejo.

Puedes estar seguro, de que esta sociedad que hoy se encuentra emborrachada de autocomplacencia y satisfacción por los logros que se van alcanzando año tras año, se lamentará a no mucho tardar al ver las consecuencias que se siguen de su comportamiento egoísta.

Por eso, hoy más que nunca, Dios necesita de un puñado de hombres y mujeres, rebeldes con causa, que no tengan reparo en dedicar todo su tiempo y todas sus energías en gritar a sus semejantes que abandonen esos caminos de egocentrismo que sólo llevan a la desgracia y busquen la verdadera felicidad: la correspondencia al amor.

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29 Nov 2015

HELLO! 1

Por: Carlos Alberto de Jesús Reyes García, seminarista.

Nuestra vida es un peregrinar, un peregrinar a la casa del Padre quien nos espera con los brazos abiertos. Un Padre que nos ama inmensamente.

Las fiestas de nuestra Señora de Guadalupe, son las fiestas del corazón de México. Nos regocijamos ante los brazos de una madre que nos mira con profundo amor, un amor puro y desinteresado. Al peregrinar a la casa dedicada a la Madre de Dios, es caminar con la esperanza que ella intercederá por nosotros ante su hijo y que ella nos recibirá con una maternal bienvenida en la casa paterna.

El Seminario de Monterrey se honra en venerar a la Madre del Amor. Es por eso que con mucha devoción y alegría, caminamos en peregrinación año con año para dar gracias por su intercesión con este signo tan bello. Es una alabanza dirigida a Dios a través de la Madre del cielo, un gritar que ¡Dios está vivo! y que ha visitado a su pueblo con la presencia de Santa María de Guadalupe a tierras mexicanas. ¡Qué alegría puede experimentar nuestro corazón al venerarla como reina de nuestro país! ¡Qué privilegiados hijos somos al sabernos amados por una madre que nos cuida y protege como sus verdaderos hijos.

La música, los cantos, las danzas, los globos, las banderas, las flores son algunos de los presentes que le ofrecemos a Dios a través de nuestra Madre en esta fiesta del amor. En esta fiesta de la alegría que ensancha los corazones de sus hijos. Pero hay un presente que nunca falta, y es precisamente éste el que se engrandece de alegría al saberse amado por la Virgen de Guadalupe: el corazón. Es el presente principal que no tiene ningún costo ofrecer porque aunque en un principio nos costase entregar el corazón por lo que hubiera en él, ella, así como tengamos el corazón, lo toma en sus santas manos, lo entrega a su hijo, y la bella sorpresa que recibimos es justamente un bello corazón. Un corazón tocado por el que ha creado todos los corazones. Nuestra madre es la que también los cuida y protege. Ella nos lo ha dicho, y las palabras se han quedado muy grabadas especialmente en los corazones de los mexicanos: ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?

En una experiencia personal el miedo se ha hecho difuso al recordar esas tiernas palabras de nuestra Madre. ¡Qué bella es la mirada de la madre de la misericordia! que nos acompaña todos los días.

28 Nov 2015

HELLO! 1

“Al mundo le falta vida, al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo, 
al mundo le faltas Tu.”
Fragmento del Canto de Adviento: “Ven, Señor, no tardes” de Cesáreo Gabaráin

Por: Seminarista David Jasso Ramírez

Vivimos a prisa. Corremos de un lado para otro sin saber a dónde vamos ni a qué hemos ido, sin llegar a valorar si necesitábamos ir de prisa o si podríamos haber hecho lo mismo a otro ritmo. Quien diariamente convive con la prisa, lo hace también con el estrés y la ansiedad, pues no disfruta del momento por estar anticipando el futuro. La prisa ha llegado a convertirse en un estilo de vida, de ahí que el médico español Gregorio Marañon haya dicho: “En este siglo acabaremos con las enfermedades, pero nos matarán las prisas”.

Hoy la información corre a toda velocidad, el mundo es inmediato y la información se transmite por muchos medios, prácticamente a la velocidad de la luz. Nos enteramos al instante y no podemos creer que haya lentitud en nuestra computadora, en internet o en nuestro teléfono móvil. Vivimos el síndrome de “la prisa para esperar y de la inmediatez” pues lo instantáneo de las cosas hace que el mundo deba ir más rápido, lo cual nos hace intolerantes ante la espera y superficiales en nuestro modo de ser, pensar y obrar. Está desapareciendo la espera; la gente cada vez está menos dispuesta a esperar. Se quiere todo “aquí y ahora” y no se entiende que la impaciencia no logra acelerar el ritmo de la vida: “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Hemos olvidado que la espera genera ilusión, que es un ingrediente esencial de la felicidad. La espera es un componente fundamental de la vida humana. Necesitamos tiempo suficiente para salir de la niñez y de la adolescencia, para aprender una profesión para descubrir y asimilar verdades. El agricultor cuenta con el tiempo de espera de la cosecha; la madre cuenta con el tiempo de espera del hijo que va a nacer.

Todo es mejor en su tiempo, pero para experimentarlo es necesario esperar, entendiendo que la espera no es pasividad, sino disponibilidad activa hacia lo que se aproxima. Y eso es precisamente Adviento, espera, pero espera gozosa de la venida de Jesús, un llamado a salir a su encuentro en el pesebre de Belén en medio de nuestros acelerados días, atentos en lo que verdaderamente importa porque “la atención espera sin prisa, evitando el deseo impaciente y más aún el horror del vacío que nos sugiere llenarnos prematuramente” (Maurice Blanchot, “El diálogo inconcluso”).

¿Cómo vamos a entrar de lleno en la alegría, asombro y amor que trae consigo el Adviento? ¿Cómo vamos a tomar un descanso en medio de la prisa de este tiempo agitado y recordarnos a nosotros mismos que Jesús es la razón de este tiempo, de esta época, de nuestras celebraciones decembrinas?

Queremos en Adviento celebrar una nueva venida de Jesucristo a nuestras vidas; él viene a nosotros y llama a la puerta de nuestro corazón: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos”. (Ap 3,20). En este tiempo lo experimentamos como Dios que en Jesús viene a cada instante. De ahí que el tema central de Adviento sea el gran amor de Dios, quien envió a su único Hijo para vivir con nosotros, amplia expresión de su Misericordia y que constituye el secreto a descubrir particularmente en este Adviento que viviremos en el inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

Es el Adviento que aumenta, en primera instancia, el anhelo de la Misericordia de Dios que llena la tierra, se extiende a todos sus hijos, nos rodea, nos antecede, se multiplica para ayudarnos y que continuamente ha sido confirmada por Él mismo al ocuparse de nosotros como Padre amoroso.

Esta Misericordia que experimentamos genera compasión hacia el que sufre, al que está en desgracia, al hermano alejado, marginado, necesitado, solo y olvidado. La Misericordia se humaniza y es el núcleo del Evangelio y el núcleo de nuestra identidad como cristianos. Jesús vino a manifestar la misericordia de Dios, y nos llama a seguirlo, practicando la misericordia para con los demás: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso” (Lc. 6,36). Así debemos vivir los cristianos: como lo hizo Jesús, dando de comer al hambriento, dando de beber al sediento, vistiendo al desnudo, proporcionando un techo a los que no tienen hogar, visitando a los enfermos, a los presos y enterrando a los muertos.

Es en Adviento que nuestra Misericordia debe ser generosa y personal pues sólo así podremos crear una cultura de encuentro y comunión, resistiendo y rechazando todas las tendencias de nuestra sociedad de marginar, dividir y excluir.

¡Vivamos el Adviento!, que la prisa y la impaciencia de estas semanas no nos distraiga de recibir a Jesús. ¡Vivamos el Adviento!, que la Palabra de Dios nos descubra a Jesús “Dios-con-nosotros” Pero también ¡Vivamos la Misericordia!, que sea un tiempo especial para compartir con nuestros hermanos más necesitados, con los últimos, un gesto compasivo que abra el corazón a Jesús en ellos.

Que en Adviento, la Misericordia no sea un sentimentalismo, salgamos y encontrémonos con el sufrir del otro pues estamos llamados como Iglesia a “ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (EG 114) teniendo “los mismos sentimientos de Jesucristo” (Flp. 2,5).