17 May 2016

HELLO! 1

Por: Sergio Arturo Almanza Arredondo, seminarista.

La kermesse de este año se llevó a cabo los días 14 y 15 de mayo en el Seminario Menor que se encuentra ubicado en San Pedro Garza García. El objetivo de la kermesse fue agradecer al pueblo de Dios por todo su apoyo y entrega que ha tenido con el Seminario de Monterrey.

En dicha kermesse se llevaron a cabo varias actividades: obra de teatro, juegos mecánicos, juegos de azar, puestos de comidas, eventos culturales, etc. La obra de teatro de este año le correspondió realizarla al Instituto de Teología con el nombre de “Memorias de un buen samaritano” y dicha obra invitó a todas las personas a no tener miedo de preguntarle a Dios sobre su voluntad para cada una de ellas y, para los jóvenes especialmente, que no tengan miedo de tener un proceso vocacional llevando a cabo las obras de misericordia. Esta obra consistió en cuatro presentaciones: sábado 14, una presentación a las 5:00p.m., y otra a las 8:00p.m., de igual manera el domingo 15.

Los juegos mecánicos y de azar fueron parte de la atracción de la gente de esta kermesse junto con las diferentes comidas que se ofrecieron, por ejemplo: hamburguesas, tacos, enchiladas, como un puesto de snack. También algunos eventos culturales como danza, ministerios de música, fueron de ayuda para que las personas que asistieron este año a la kermesse pudieran disfrutar de lo mejor esos momentos.

La kermesse siempre es un grato evento donde se puede convivir en familia y agradecer a Dios por todos los beneficios que Él ha concedido a su pueblo.

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29 Abr 2016

HELLO! 1

Por: Leonardo Rafael Castro Solís, seminarista.

Para hablar de San José, el carpintero de Nazaret, es necesario adentrarse en su silencio de amor y obediencia a la voluntad de Dios, al llamarlo a ser custodio de los tesoros más grandes de nuestra fe: Jesús, la Virgen María y la Iglesia. Esto lo podemos reflexionar dentro de las Sagradas Escrituras, a pesar de la poca información que se brinda de él, se alcanza a presenciar su obediencia y disposición por servir a Aquél que lo ha llamado a ser parte del proyecto de salvación prometido por Dios a la humanidad.

Los evangelistas nos presentan a San José como un hombre justo y trabajador, un padre y esposo atento a responder a su misión ante Dios, la familia y la sociedad. Dentro de los evangelios se habla de un hombre justo y obediente a la voluntad de Dios, que manifiesta su misericordia ante aquella mujer en quien había puesto su amor y la cuál sería su esposa, ya que al enterarse de que María estaba esperando un hijo, que naturalmente no era suyo, decide no denunciarla públicamente, pues esto le traería como consecuencia la muerte. En este gesto se puede percibir que San José ya vivía la misericordia.

Al igual que la virgen María, José cree en las palabras del ángel y rectifica la misión que se le ha sido encomendada como esposo, padre y custodio.

San José, hoy en nuestros días, debe ser un modelo de santidad que nos inspire valentía, humildad, amor por la familia y a la voluntad de Dios. Al igual que José, la paternidad debe verse como un don y una bendición que exige cada una de las virtudes y actitudes de un buen cristiano, en donde la misericordia sea fruto de la justicia y no de “la lastima”, y que nos lleve a ponernos en los zapatos del otro para buscar y emprender juntos una misión, tal como lo hicieron San José y la Virgen María como esposos y padres.

20 Mar 2016

HELLO! 1

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
    ¿Amo a Dios sobre todas las cosas?
    ¿Dios es la primera prioridad en mi vida o yo estoy antes que Él?
    ¿El placer y el dinero se han vuelto más importantes para mí que Dios que me hizo para Sí mismo? ¿Rezo con frecuencia?
    ¿Descuidé mi amistad con Dios por no rezar?
    ¿Participé en prácticas ocultas o supersticiosas, por ejemplo, la adivinación del futuro?¿Recibí la Sagrada Comunión en pecado mortal?
    ¿Mentí en la confesión u omití deliberadamente confesar un pecado mortal?

 

  1. No tomarás el nombre de Dios en vano.
    ¿Juré en falso, es decir, mentí bajo juramento ante un tribunal de justicia?
    ¿Alguna vez mentí después de “jurar por Dios” que estaba diciendo la verdad? ¿Alguna vez pronuncié el nombre de Dios cuando estaba enojado/a, en una palabrota?

 

  1. Santificarás las fiestas.
    ¿No asistí a la Santa Misa deliberadamente el sábado por la tarde o el domingo? ¿No asistí a Misa en una fiesta de precepto o en una fiesta importante del calendario litúrgico (es decir, Jueves Santo, Viernes Santo, Domingo de Pascua, Navidad, Santa María Madre de Dios, etc.)?

 

  1. Honrarás a tu padre y a tu madre.
    ¿Desobedezco a mis padres? ¿Les falto el respeto?
    ¿Les insulto? ¿Tengo vergüenza de ellos?
    ¿Les digo que los amo? ¿Les miento?
    ¿Les robo? ¿Obedezco y respeto a quienes ocupan el lugar de mis padres, como por ejemplo los maestros y directores?
    ¿Me ausento a clases? ¿Miento a mis maestros?
    ¿Les insulto?

 

  1. No matarás.
    ¿Me estoy matando a mí mismo consumiendo drogas?
    ¿Me alcoholizo? ¿Me sometí a un aborto?
    ¿Aconsejé a alguien para que se practique un aborto?
    ¿Defiendo el derecho a la vida de los niños por nacer o me he limitado a aceptar la mentalidad de la sociedad anti-vida?
    ¿Utilicé anticonceptivos abortivos o alenté a alguien para que los utilizara?
    ¿Me esterilicé de algún modo o alenté a alguien para que lo hiciera?
    ¿Participé en una eutanasia o estuve de acuerdo con ella?
    ¿He arruinado la reputación de una persona por hacer circular rumores en forma deliberada o por mantenerlos vivos transmitiéndoselos a otros?
    ¿Siento ira contra una persona? ¿Guardo rencor?
    ¿Me niego a perdonar? ¿Maldije a alguien?

 

  1. No cometerás adulterio.
    ¿He mantenido relaciones sexuales con alguien?
    ¿He tenido sexo conmigo mismo?
    ¿Alguna vez miré pornografía por internet o por cualquier otro medio?
    ¿Alguna vez tuve pensamientos impuros de manera libre y deliberada?
    ¿He practicado algún método anticonceptivo?
    ¿Soy recatado/a con la vestimenta?

 

  1. No robarás.
    ¿Les robo a mis padres? ¿Les robo a mis amigos?
    ¿Alguna vez robé algo a un extraño? ¿Alguna vez robé algo en un negocio?
    En otras palabras, ¿alguna vez tomé algo que pertenece a otra persona por legítimo derecho? ¿Hago demasiadas apuestas?
    ¿Busco compartir lo que tengo con los pobres y necesitados?

 

  1. No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.
    ¿Soy mentiroso/a?
    ¿Soy culpable de detracción, es decir, de dar a conocer las faltas de otros?
    ¿Soy culpable de calumnia, es decir, de divulgar mentiras sobre otras personas?     ¿Ando con chismes sobre otras personas?
    ¿Doy a conocer información que debería ser confidencial?
    ¿Soy falso/a, es decir, he sido un cierto tipo de persona para unos y otro tipo de persona completamente diferente para otros?

 

  1. y 10. No codiciarás a la mujer de tu prójimo ni a los bienes ajenos. ¿Soy envidioso/a de otras personas?
    ¿Deseo que se prive a otras personas de sus bienes o talentos?
    ¿Soy celoso de otras personas?
    ¿No perdono a otras personas o les guardo rencor?
    ¿Soy resentido/a?
    ¿Menosprecio a los demás?

 

Oración antes de la confesión:

Padre, Tú te compadeces de toda la humanidad, nos acoges y nos concedes tu auxilio cuando lo necesitamos. Abre ahora mis ojos, para que sepa ver el mal que he cometido y el bien que he dejado de hacer, y toca mi corazón, para que me convierta sinceramente a ti. Cura y fortalece mi debilidad, renueva en mí tu amor: así resplandecerá en mis obras la imagen de tu Hijo, seré testigo de tu bondad entre la humanidad y viviré en comunión con mis hermanos en la Iglesia. Concédeme, Padre, tu luz, por Jesucristo, hermano y guía de toda la humanidad.

Padre todopoderoso, lleno de bondad y misericordia, aquí estoy de rodillas ante ti. Quiero confesarte los pecados con que te he ofendido, Padre mío.

Padre, posa sobre mí tu mirada misericordiosa. Mírame, como lo hiciste a través de los ojos de tu Hijo Jesucristo, que vio a aquella mujer pecadora que comparecía ante Él y no la condenó. Concédeme la gracia de la contrición y propósitos firmes de enmienda, para que sea capaz de comparecer ante tu presencia, dispuesto a comenzar una nueva vida a la luz de tu Palabra.

Padre bueno, concédeme tu gracia para que pueda desde ahora llenarme de gozo, mientras me preparo a encontrarme contigo, en el Sacramento de la reconciliación. Haz que desaparezcan en mi todo miedo y vacilación, de tal suerte que sepa, como debo confesar mis pecados. Envía tu Espíritu sobre mi, para que los recuerde todos y sienta dolor por ellos. Dame el valor para no mantener en secreto ningún pecado, abriendo mi alma ante ti con toda sencillez y sinceridad.

Amén.

Acto de contrición:

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho mas me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber muerto que haberle ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia, no pecar mas y evitar las ocasiones próximas de pecado.

Amén.

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La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento.

  1. Examen de Conciencia.

Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una guía para hacerlo bien.

  1. Arrepentimiento.

Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos lastimado al que más nos quiere: Dios.

  1. Propósito de no volver a pecar.

Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.

  1. Decir los pecados al confesor.

El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha.

  1. Recibir la absolución y cumplir la penitencia.

Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos.

18 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Juan Alejandro Alejos Zamarripa, seminarista (2º Filosofía)

Estamos por iniciar la Semana Mayor, la Semana Santa, y con ello el trabajo de misiones, en donde los seminaristas participamos con nuestro apostolado en las diferentes parroquias y comunidades con los oficios litúrgicos, actos de piedad, temas o charlas, para que junto con la comunidad nos preparemos a vivir de manera nueva y consciente el misterio y centro de nuestra fe, la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

El tiempo de misiones inician con el Domingo de Ramos, en la celebración de la entrada triunfal del Señor a Jerusalén y se concluyen en el Domingo de la Resurrección; no se trata  de cumplir con un requisito formativo, pues es una semana muy anhelada por el seminarista, una semana de encuentro, de reflexión, de fuerte oración y de enseñanza siempre nueva, en donde lo importante no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de la Resurrección que es primicia de la nuestra.

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Siempre es una gran alegría compartir con el Pueblo de Dios la experiencia del Resucitado, que renueva nuestra fe nos impulsa a la caridad y nos llena de esperanza. En las misiones caminamos como hermanos, no tratándose solo de transmitir conocimientos, sino sobre todo vivir como Iglesia la experiencia de Jesús en donde aprendemos todos, la comunidad, los grupos, los seminaristas y sacerdotes.

Ya previamente nos hemos preparado en nuestro camino cuaresmal, con todo lo que la Iglesia nos propone, ahora es tiempo de meditar el misterio de amor que Dios ha tenido para con todos nosotros: su Iglesia; es también un encuentro con el otro, donde tenemos la oportunidad de llevar a los tristes, a los más alejados la alegría del Evangelio, el anuncio del Cristo vivo, que nos amó hasta el extremo (Cfr. Jn 15, 13). Éste tiempo, es para todo cristiano el momento culmen de nuestra fe, pues en ella se hace palpable el gran amor que Dios nos tuvo al entregar a su único Hijo para la salvación del hombre (Cfr. Jn 3, 16), pero también un momento privilegiado de amar al prójimo en donde Cristo se nos hace presente (Cfr. Mt 25, 45), por ello es de vital importancia para el seminarista la vivencia de la Semana Santa junto al Pueblo de Dios, pues la enseñanza es mayor que en aula de clase porque Cristo no es un concepto sino una persona, un modelo que nunca deja de sorprender, hasta en los acontecimientos aparentemente más ordinarios y sencillos Dios le habla a su pueblo, le enseña y lo acompaña.

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Unámonos en oración unos por otros, pidiendo al Señor que nos permita tener un encuentro con Él y vivir intensamente esta semana, acompañándolo y dándole el primer lugar para participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo.

Nos encomendamos a su oración, cuenten con la nuestra.

Que el Señor nos bendiga.

15 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Antonio Peña, seminarista (2º de Filosofía)

“Para este año de la misericordia estaría bien que hiciéramos algo diferente” así comenzó este sueño que el equipo de La Alegría del Evangelio logró hacer realidad gracias a la solidaridad de la Iglesia.

En la emisión dedicada a la Epifanía del Señor se invitó a los grupos juveniles de la Iglesia de Monterrey al concurso “Compartir la Misericordia con Alegría”, consistió en inscribirse para que, después de sorteado el grupo ganador, fuera ayudado y acompañado por LAE a realizar una obra de misericordia: dar de comer al que tiene hambre. La motivación: compartir los tradicionales tamales del día de la candelaria con quien necesite.

Grata fue la sorpresa de la participación de los grupos juveniles, cabe destacar que participaron grupos de Cadereyta y Linares, y entre todos el ganador fue Brotes de Olivo, de la Parroquia San Jorge Mártir del municipio de San Nicolás de los Garza.

El reto fue organizarnos para llevar a cabo esta obra, que en el marco del año jubilar de la misericordia y en medio del tiempo cuaresmal, implicó estar dispuestos, grupo juvenil ganador y equipo de LAE para sacarlo adelante, el cual se logró gracias a la participación de la Iglesia ¡pudimos compartir con alegría la misericordia de Dios gracias a la Iglesia de Jesús!

Los tamales se convirtieron en lonches ya que se consideró oportuno compartirlos con los familiares de los pacientes del Hospital Metropolitano “Dr. Bernardo Sepúlveda” en San Nicolás de los Garza, fuimos acompañados por un grupo de amigos y bienhechores, quienes sumándose a esta labor lograron donar más de 150 lonches y fruta. El grupo Brotes de Olivo fue responsable de las bebidas para completar la ayuda.

Al llegar al hospital nos sorprendió la participación del grupo de Renovación Carismática del Templo del Señor de la Misericordia, quienes ya estaban entregando desayunos a la puerta del hospital. “Estamos dando lo que Dios nos comparte, para sus hijos, para los enfermos” expresó María Teresa de Jesús motivada, junto con sus hermanas de grupo, por el Año de la Misericordia promulgado por el Papa Francisco.

“Hay que ser grupos de puertas abiertas, no de puertas cerradas, ser alegres y compartir lo que sabemos, aunque sea poquito” expresó Janelly Cardiel motivando a los demás jóvenes a salir de sus salones parroquiales conforme a la enseñanza del Papa Francisco; “Evangelizar sin miedo, salir a la calle” reiteró Carlos Alejandro Cantú, también del grupo Brotes de Olivo.

Entre las bienhechoras de esta obra Myrna Pérez de Sánchez comentó: “El amor a Cristo es el que nos mueve, gracias a su Espíritu Santo, es el amor a Cristo el que nos mueve a servir al hermano” y Alma Ramírez Perea agregó “a cada uno Jesús nos dice: denles ustedes de comer” quien atendió el llamado para preparar los lonches de esta obra. “Que el pastor salga del templo es lo que hizo Jesús, estar con los más necesitados es el mejor ejemplo que pueden dar… cuando el Pastor sale uno se siente más acogido” nos aconsejó Lizeth Lara a los futuros pastores, quienes agradecemos estas palabras que animan nuestra formación como pastores a imagen de Cristo, Buen Pastor.

La dos horas que estuvimos en las afueras del hospital, nos permitieron conocer un poco el padecimiento de los internados y el esfuerzo de sus familiares, permitiéndonos así, al menos por un instante sostener junto con ellos, por medio del alimento y la oración, la cruz de la enfermedad. “La gente a nuestro alrededor nos miraba y se acercaba. Su rostro les cambiaba al sentirse reconfortados por el agua y el pan que les entregábamos, eso nos llena a nosotros de Dios” expresó Hugo Lara, compañero de Teología que nos acompañó, a sus hermanos menores del Instituto de Filosofía a vivir esta experiencia.

Nos pareció un milagro el darnos cuenta que alcanzó la fruta, los lonches y el agua, uno solo quedó, como queriéndonos decir por medio de ello el Señor “sigan dándoles de comer” y ese fue el compromiso que hicimos en nuestra oración final, no hacer de esto un gesto único, sino un habito de vida, encarnar la virtud de la solidaridad, de la compasión. Dice el Papa Francisco la palabra solidaridad está un poco desgastada y a veces se interpreta mal, es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad (EG 189) por tanto, esto que comenzó como un sueño y que ahora es una realidad que podemos contar exige nuestra respuesta generosa ante el llamado que Jesús, a toda su Iglesia, nos sigue haciendo: Denles ustedes de comer. (Mc 6,37)

 

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04 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Héctor Daniel Rosales Vázquez

Devuélveme la alegría de tu salvación. Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva.  Sal. 50,10.19

En el Seminario de Monterrey nos hemos preparado para vivir este tiempo de cuaresma con alegría y el anhelo de renovar el corazón y el espíritu en la misericordia de Dios.

Puede resultar  común pensar que  la cuaresma en el seminario se dé envuelta en cierto rigor externo de obras de mortificación y caras de luto,  la verdad es que no es así, pues se insiste año con año en la necesidad de vivir de manera auténtica y gozosa el camino cuaresmal, es decir: renovar el corazón en la experiencia personal y comunitaria de la  misericordia de Dios. La experiencia de misericordia con Dios no deja lugar para sacrificios externos ni caras de luto; sino la alegría de sabernos amados.

Iniciamos este camino de preparación cuaresmal, hace algunas semanas, una tarde previa al miércoles de ceniza con un retiro espiritual, no sólo como requisito de la formación, sino consientes de la necesidad de encuentro personal con Cristo que nos llama a la conversión del corazón y a caminar en el amor. Este tiempo de diálogo personal y comunitario con Dios, lo guía un sacerdote invitado por el equipo formador del seminario, el sacerdote comparte su experiencia de amor y encuentro con Cristo, acompaña a los seminaristas brindándoles métodos de oración y lecturas que pueden servir como  introducción  a un camino de reflexión sobre la propia vida cristiana y la exigencia que conlleva ser discípulos de Cristo.

El miércoles (llamado de ceniza) tuvimos la celebración de la Eucaristía por la mañana donde se hizo la bendición e imposición de la ceniza. Al terminar el momento de retiro, hacia el medio día, los seminaristas nos preparamos para salir a acompañar a las comunidades parroquiales y a los hermanos enfermos en los hospitales,  para impartir la ceniza dentro de una celebración de la Palabra.

En la formación sacerdotal es de vital importancia que el seminarista experimente de manera personal la misericordia de Dios, sólo de este modo será capaz de llevar la misericordia a los hermanos. La cuaresma es un tiempo especial, es la ocasión perfecta de recordar a los fieles la invitación constante y permanente de Dios a renovarse en su amor, de aquí la necesidad de comunicar esta invitación con el testimonio propio de la vida.

Este tiempo cuaresmal es un momento de mucha esperanza en el caminar de un seminarista, pues al contemplar el fervor y anhelo de la comunidad de recibir las gracias y bendiciones por parte de Dios, se renueva el compromiso alegre de continuar, generoso y firme, en la respuesta al llamado de Jesucristo para servirle en sus hijos muy amados.

Que el Señor Jesús te conceda su paz.

Recen por nosotros.

01 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Jesús Pablo Saldívar Castillón, seminarista (1°Teología)

La Iglesia ha entendido el mandato de Jesucristo de “velar y orar” (Cfr. Lc 21,36), como aquel importante precepto que nos mantiene atentos y en espera de la venida del Reino de Dios; y la Sagrada Liturgia va guiando este esperar a través de tiempos o estaciones, que nos ayudan, primeramente, a unirnos a Cristo en su ministerio salvífico, y segundo, a vivir  de manera personal y comunitaria la propia historia de salvación, en la que Dios se hace presente, participando en nuestra historia, incidiendo positivamente nuestra vida, si se lo permitimos.

Y es precisamente en esa libertad y deseo de permitirle a Dios ser parte de nuestra vida (que de suyo es necesario), que en el Tiempo Litúrgico de Cuaresma la Iglesia hace una pausa breve para reflexionar en el papel que juega Dios en su vida, es el momento idóneo para la práctica penitencial de la Iglesia (Cfr. CEC 1438).

La Cuaresma es un tiempo de preparación para la Pascua, y ésta última exige la alegría del saberse salvado por Jesús, pero también una nueva vida en Cristo, vida que se nos da por los méritos del Crucificado, muerto y luego resucitado. Para lograr esto, los fieles cristianos nos preparamos durante cuarenta días, en una especie de desierto personal, que a imitación del de Jesús, pretende catapultarnos hacia un firme propósito de conversión, y el aumento y permanencia de la gracia en nosotros.

Para lograr esto, la Santa Madre Iglesia exhorta a los párrocos (según las prescripciones de sus Obispos) a la organización de “Ejercicios Espirituales” (Cfr. CIC 770), que actúen como momentos pedagógicos para intensificar la escucha de la Palabra y la Oración (SC 109); y en esta sintonía, el Seminario de Monterrey, como miembro de la Iglesia local, participa enviando seminaristas y diáconos a comunidades parroquiales, para ayudar en la preparación de los fieles a la vivencia y celebración del Misterio Pascual.

La experiencia, que para nosotros los seminaristas, ofrecen los Ejercicios Cuaresmales en Parroquia, excede el valor cuantificable. No solo porque nos permite estar con el Pueblo de Dios, al que nos estamos preparando para servir, y vamos aprendiendo a amar al modo de Cristo, conociendo en su misma realidad, sino porque la reflexión propia en torno a la cuaresma y la conversión, nos hace caer en la cuenta de que las charlas y catequesis que preparamos para las comunidades son también para nosotros (incluso, tal vez a los primeros a quienes las dirigimos es a nosotros mismos). El hecho de compartir con la comunidad lo que Dios ha hecho por nosotros, y la respuesta que en gratitud le vamos dando, nos permite que, como futuros consagrados, vayamos configurando nuestro corazón, al modo de Cristo Buen Pastor y Esposo de la Iglesia.

Los Ejercicios Cuaresmales en Parroquia plantean también un reto importante para los seminaristas que, continuando con sus actividades normales, rompen su rutina vespertina para asistir durante una semana a una parroquia o comunidad, y colaborar en ella, llevando la alegría del Evangelio, y la doctrina de la Iglesia. El reto en sí, es vivir lo que se predica: si hablamos de caridad, no debemos faltarla, si predicamos perdón, debemos prodigarlo, si hablamos de conversión, es porque, como dice el dicho popular, “arrieros somos y en el camino andamos”…en el camino andamos… ¡Definitivamente no es tarea sencilla!, pero creemos con certeza que Dios nos auxilia, y su gracia nos anima a vivir todo aquello que Cristo, en conciencia, nos invita; y precisamente la reflexión y las prácticas penitenciales nos ayudan a crecer en esas virtudes, que necesitamos para ser buenos y santos sacerdotes. Y aunque la conversión no es un reto de escasos cuarenta días, sino de toda la vida, en resumidas cuentas, el reto principal es la semilla del testimonio que sembramos, a donde quiera que vayamos.

29 Feb 2016

HELLO! 1

Por: Edgar Fabián Cruz del Ángel, Experiencia Eclesial en Centro Vocacional

Año con año, durante el mes de febrero se lleva a cabo en nuestra Arquidiócesis de Monterrey la colecta anual del Seminario, la cual solo es una de las actividades que se organizan en favor de la promoción y oración de las vocaciones sacerdotales. En dicho mes se dedicó de manera especial una semana en la que se ha pedido como intención orar por las vocaciones sacerdotales.

Durante los últimos dos fines de semana del mes de febrero, los seminaristas salimos a las diversas comunidades parroquiales a realizar la colecta. En nombre de todos los seminaristas quiero hacer mías las palabras de agradecimiento hacia toda la comunidad de la Arquidiócesis de Monterrey que con su generosidad hacen posible la formación de cada uno de nosotros que hemos sentido el llamado de Dios a consagrar nuestra vida en la vocación sacerdotal, sepan que estar con ustedes hace que en nosotros se vaya formando el corazón de Jesús Buen Pastor. ¡Nuestra vocación es para ustedes! ¡Muchas Gracias!

Por último, con la reciente visita del Papa Francisco a nuestro país sabemos que su testimonio inquietará los corazones de muchos jóvenes que desearán consagrar su vida en una vocación concreta, es por eso, que quisiera invitarles a no dejar de orar por las vocaciones porque tenemos la certeza de que “detrás y antes de cada vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, está siempre la oración fuerte e intensa de alguien: de una abuela, de un abuelo, de una madre, de un padre, de una comunidad. Es por esto que Jesús ha dicho: ‘¡Rueguen al dueño de los sembrados –o sea a Dios Padre- que envíe trabajadores para la cosecha!’. Hagamos nuestra la invitación del Papa Francisco que nos hace en este Jubileo Extraordinario de la Misericordia: “Ojalá puedan redescubrir que la vocación cristiana, así como las vocaciones particulares, nacen en el seno del Pueblo de Dios y son dones de la divina misericordia. La Iglesia es la casa de la misericordia y la «tierra» donde la vocación germina, crece y da fruto”.

24 Feb 2016

HELLO! 1

Por: Alexis de Jesús Hernández Fuentes, seminarista.

El mes de febrero es un tiempo muy especial para nosotros los seminaristas, es el mes del seminario y mes de celebrar  y agradecer por nuestras vidas y nuestro llamado. Cabe recordar que esto no es nuevo, es una fiesta que ha estado en nuestra institución y en la Iglesia que peregrina en Monterrey desde hace años, y éste no es la excepción.

El seminario desde hace ya tiempo ha acudido al Pueblo de Dios a que le ayuden a celebrar este acontecimiento con acciones muy concretas: pidiendo que se unan en oración por el aumento de vocaciones y solicitando ayuda económica para sostener nuestras casas de formación.

Estos días de preparación del día del seminario sirven para motivar a la gente a orar durante toda la semana por las vocaciones sacerdotales y estar preparados para celebrar este gran día, que en este año lo festejaremos en dos fines de semana, 20 – 21 y 27 – 28 de febrero. El primer fin de semana para las parroquias en su mayoría de la zona metropolitana y el segundo fin para las parroquias de la periferia y las más alejadas que pertenecen a nuestra Arquidiócesis.

Bien sabemos todos nosotros que nuestro pueblo atraviesa algunas situaciones difíciles que afectan a nuestra población y principalmente a nuestras familias.  También somos conscientes de la pérdida de valores morales y cristianos, consecuencia de una vida llevada por el egocentrismo y materialismo. Por otro lado aunque muy de la mano a la estas razones tenemos en nuestra Iglesia la escasez de sacerdotes, ¡No nos damos abasto! Ciertamente somos muchos los ciudadanos y muy pocos los que velan por nuestra vida de Gracia.

En mi experiencia esto se debe a la falta de escucha de nuestro pueblo, nuestra ciudad, cómo vamos a pedir que los jóvenes escuchen la voz de Dios si a su alrededor hay muchos otras voces que les dicen ¡ven! Y los distraen de lo verdaderamente importante ¡hacer la voluntad de Dios!

Es cierto que no todos son llamados al sacerdocio, pero si los pocos que lo son no escuchan a dónde vamos a parar. Es aquí donde necesitamos su ayuda en la oración, dice Jesús: pidan obreros a su Mies, ya que es mucha y los trabajadores pocos (Lc 10, 2) y en otra parte dice que el Señor va a dar lo que necesitan si no se cansan de pedir (cfr. Lc 11, 5-13), por esto pidamos al Señor arduamente por los jóvenes inquietos para que sepan escuchar, por nosotros los seminaristas para seguir perseverando y por los sacerdotes para que el Señor haga fecundo su apostolado.

Queremos jóvenes valientes, pidamos jóvenes valientes.

¡Feliz día del seminario!

19 Feb 2016

HELLO! 1

Por: Diác. Juan Reynaldo Díaz Castillo

Tengo la bendición de participar en la Pastoral Penitenciaria de Monterrey, específicamente en el penal del Topo Chico, junto con otros hermanos que durante toda la semana brindan su servicio pastoral. Ha sido una experiencia muy especial, pues el Señor me permite verlo a través de la mirada que clama misericordia de los internos.

Desgraciadamente esta semana pasada ocurrió la tragedia que ya la mayoría conoce, donde 49 internos perdieron la vida por una riña en el interior del penal. Lo que quisiera compartirles es una pequeña reflexión.

Hay muchas opiniones acerca de lo ocurrido, unas tantas en preocupación por los familiares dolientes que perdieron un ser querido en el incidente, otras acerca de la situación de seguridad de los penales, también hay opiniones indiferentes que les da lo mismo si murieron 1 o 49.

Yo no tengo familiares dentro del penal, y aún así sentía incertidumbre por todo lo ocurrido, tenia la duda de los que están mas cerca de las actividades de la capilla estaban bien o cómo se encontraban. No imagino el dolor de los familiares que si tienen a un ser querido cumpliendo una condena. El no saber si sus hijos estaban bien o aparecían en la lista de nombres de los fallecidos.

No necesito padecer el dolor directamente para tener compasión y misericordia. Nos deberían de dolor cada perdida humana, cada hijo de Dios que se pierde, nos debería de importar, más cuando perdemos un alma del pueblo de Dios. No me toca a mi juzgar los actos de los demás, me toca ayudar a mi hermano, y sobre todo al hermano necesitado, al rechazado y marginado.

Ahora nos toca orar por sus almas, por sus seres queridos, por quien dejaron hijos e hijas, por esos que la sociedad no supo mostrarles un camino de compasión. Un ejemplo de conversión.