21 Ene 2022

HELLO! 1

La primera definición que da la Real Academia Española al verbo “leer” es: pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Si estás aquí conmigo es porque sabes leer y, en efecto, comprendes el significado de las palabras al pasar tu mirada por estas líneas. Sin embargo, pensemos un poco: ¿de verdad todas las cosas que leemos las comprendemos de igual forma?, ¿es el mismo grado de atención el que concedemos a una nota del periódico que a una cadena de oración de WhatsApp o a una lectura de la misa dominical? Ciertamente que no.

Cada uno de nosotros descubrimos mayor o menor interés en los diferentes y muy variados tipos de lectura que nos van acompañando en el transcurso de nuestra vida, y es en aquellos que nos encienden una llama de pasión interior en los que optamos por buscar y profundizar más. ¿Y qué pasa cuando elevamos este noble acto de la lectura a un grado de servicio? Es decir, que el acto de leer ya no sea meramente un pasar la vista por las letras de un escrito para adquirir un beneficio personal, sino que ese acto de leer sea convertido en un servicio prestado a una determinada comunidad para que toda ella se beneficie del contenido que se lee. Pues bien, justamente esto sucede con el ministerio del lectorado en nuestra Iglesia.

El fiel que es llamado a recibir este don ya no lee para sí mismo; ahora lo hace como un bello servicio del que muchos se valen para nutrir su espíritu. Quien es instituido lector no lee cualquier texto ordinario, lee la mismísima Palabra de Dios por la cual somos capaces de comunicarnos y establecer un diálogo con nuestro Señor. Por lo tanto, este leer no puede ser superficial y monótono. Cada vez que el lector instituido se acerca al texto sagrado, debe hacerlo con un espíritu dispuesto al encuentro vivo y real con Dios, con plena conciencia de su ser “servidor de la Palabra” y con un profundo amor y reverencia – ¡se trata de un diálogo con Dios!

La institución del lectorado es un paso fundamental en la formación del Seminario. Todo seminarista debe ser instituido como lector antes de ser ordenado sacerdote: es como un primer paso oficial que damos luego de ser admitidos por la Iglesia como candidatos al sacerdocio. Ser instituidos lectores implica una altísima responsabilidad y nos recuerda el fin primero para el que anhelemos llegar al sacerdocio: ¡servir al pueblo de Dios y santificarnos junto a él!

Este próximo domingo 23 de enero, Domingo de la Palabra, mis compañeros de generación y yo seremos instituidos lectores para la Iglesia. Que el Señor nos conceda la gracia de descubrir su voz a través de este servicio, leyendo, meditando y haciendo vida su Palabra. Nos encomendamos a sus oraciones. Dios nos bendice.

Patricio Rico Villarreal

Seminarista | 2do. de Teología

14 Ene 2022

HELLO! 1

La oración siempre será el arma más fuerte para nuestra vocación, ya que es la fuente de donde todo nace, pero, ¿qué tanta importancia le damos a la oración en nuestra vida y en nuestra vocación?

En esta época contemporánea podemos observar que hay tantas cosas que evitan que nosotros como hijos de Dios no hagamos oración, ya sea por el trabajo, la escuela, los problemas de la vida etc. Esto ocasiona que olvidemos todos los frutos que nos brinda la oración. Los santos de la Iglesia son un ejemplo de cómo la oración ayudó a sus vidas. San Agustín, que en un principio estaba perdido en el pecado, decide cambiar su vida buscando a Dios, lo buscaba de todas las maneras posibles, y cuando realmente lo encontró se da cuenta que siempre estuvo con él, y esto lo logró a través de la oración. Cuántas veces no hemos desperdiciado tiempo tratando de buscar qué es lo que nos hace felices, y acostumbramos a buscar la felicidad en las cosas materiales, en cosas que sabemos que no son eternas.

La relación que tiene la vocación con la oración es sumamente importante, independientemente qué vocación sea la que has elegido; el matrimonio, sacerdote, religioso/a, misionero. Sin la oración no vamos a poder encontrar el verdadero sentido de la vida, porque cuando nosotros oramos y vivimos nuestra vocación encontramos paz. Santa Teresa de Calcuta a pesar de que ya era una consagrada, a través de la oración pudo entender que Dios tenía una misión especial para ella, una misión que fue ayudar a los más pobres de entre los pobres. ¿Le has preguntado a Dios cual es esa misión especial para ti?

Ahora nuestra tarea es orar por todas las vocaciones del mundo, ya que como he mencionado antes, es el arma más fuerte para que nazcan vocaciones en nuestra Iglesia, recordemos las palabras del Papa Francisco en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: “que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida”.

Luis Enrique Pérez Hernández

Seminarista | 1ero. de Filosofía

04 Ene 2022

HELLO! 1

Estas dos palabras unidas entre sí, son la síntesis de un camino vocacional, pues cuando un joven se siente inquieto por Dios, la respuesta para que la vocación fluya es: “Sí, quiero”.

Ese “si” comienza en la infancia, adolescencia o juventud de muchos, en algunos comienza ya más tarde. Al final, el tiempo no es tan importante, lo importante es decir “Sí, quiero”.

Allí se fragua la razón, la voluntad, la libertad, el corazón; porque decir “Sí, quiero” implica conocer a quien nos llama, saber que nos llama y responder desde nuestra libertad y voluntad.

Así comienza todo, pero no solo es un “sí” inicial, el sí se va madurando, se va confirmando; va creciendo, va haciendo de la vida del joven una respuesta alegre.

Día con día lo decimos, y aunque a veces cuesta, nos negamos o nuestra fragilidad nos entristece. Sabemos que el primero en decir “Sí, quiero” ha sido Jesús cuando vino al mundo, cuando asumió nuestra carne, cuando dio la vida por nosotros.

Este “Sí, quiero” es también el sí de muchos de ustedes, de nuestros papás al darnos la vida, el tuyo al salir a trabajar, el de tu familia al luchar por la unidad, es el “Sí, quiero”  de la madre que cuida a su hijo enfermo, el “Sí, quiero” de la novia a su novio al recibir la promesa de una vida juntos.

Este inicio de año digamos también nosotros: Sí quiero a Jesús, a su Iglesia, a su amor. Digamos Sí quiero ayudar a los más necesitados, compartir el pan con quien menos tiene y hacer de nuestra vida, una vida mas cristiana, más humana, más llena del “sí” de Jesús.

Hoy vuelven los seminaristas a nuestro Seminario, tal vez para algunos costará regresar, otros regresarán con mucha alegría, otros dirán “Sí, quiero”  de una manera más sólida, la familia ayuda a fortalecer el sí; otros en 15 días la Iglesia les dirá “Sí, quiero”, al recibir nombrarlos candidatos a las órdenes sagradas, otros cambiarán de etapa de formación, allí abra otro “sí”, otros están muy emocionados porque con la gracia de Dios se acerca los días en que dirán “Sí, quiero” ser ordenado diácono o sacerdote delante del Obispo.

“Sí, quiero”, palabras tan sencillas pero tan profundas en la vida del Cristiano; “Sí, quiero”, como María al Ángel, como Cristo al Padre, como tú vida a Jesús.

¡Feliz inicio de año! Vamos adelante diciendo: ¡Sí!

Pbro. Darío Fco. Torres Rodriguez

Coordinador de Espiritualidad del Seminario Menor

Coordinador del Dpto. de Comunicación del Seminario de Monterrey

20 Dic 2021

HELLO! 1

Dominus pars hereditatis meae et calicis mei tu es qui restitues hereditatem meam mihi, estas palabras son tomadas del salmo 16, 5-6, que dice: “El Señor es mi parte de la herencia y mi copa, mi suerte está en tus manos. Me ha tocado un lote delicioso; sí, mi heredad es la más bella”. Esta frase era pronunciada por el Obispo y repetida por el aspirante al sacerdocio en el rito de Tonsura.

Antes del Concilio Vaticano II, el rito de Tonsura era la puerta de entrada al estado de vida clerical, este era el primer paso a la recepción de las órdenes sagradas. Pablo VI con el motu proprio Ministeria Quaedam, hizo las reformas convenientes para que dentro de la liturgia se conservaran y adaptaran los oficios peculiares a las necesidades actuales, quedando abolido el rito de Tonsura.

Actualmente, el Código de Derecho Canónico dice que: “Ningún aspirante al diaconado o al presbiterado debe recibir la ordenación de diácono o de presbítero sin haber sido admitido antes como candidato, por la autoridad indicada en los cc. 1016 y 1019, con el rito litúrgico establecido, previa solicitud escrita y firmada de su puño y letra, que ha de ser aceptada también por escrito por la misma autoridad” (CCE 1034  § 1).

Aunque la admisión a ser candidato al sacerdocio no significa la inclusión a la vida clerical, sí guarda en cierto modo relación con el rito de Tonsura. Las palabras del Salmo 16, recuerdan que la promesa de Dios se veía cumplida en la repartición de la tierra a las tribus de Israel. Sin embargo, la tribu de Leví fue la única en no poseer una porción de tierra. La heredad de los levitas, la tribu sacerdotal, fue el vivir únicamente para Dios.

Quien recibe la admisión a ser candidato a las órdenes sagradas ha de reconocer con toda convicción que la vida sacerdotal es vivir para Dios. La vida del candidato al sacerdocio debe estar marcada por la Palabra de Dios y por la Eucaristía. Esta es la heredad a la que aspira, esta es la parte de la herencia que ha de conformar toda su existencia. El candidato al sacerdocio ya no debe vivir según sus criterios, ideales y pensamientos, sino que todo su quehacer ha de estar orientado a cumplir la voluntad de Dios. De tal modo que toda su vida exprese su continuo habitar delante de la presencia de Dios.

“Ellos lo dejaron todo y lo siguieron” (Lc 5, 1-11), el candidato vive la libertad al solicitar la admisión a las órdenes sagradas, y a la vez experimenta la renuncia para pertenecer totalmente a Dios. La vocación sacerdotal solo puede darse en este gesto de libertad y de renuncia, de tal modo que quien ha sido admitido a ser candidato a las órdenes sagradas pueda expresar junto con el salmista: “me ha tocado un lote delicioso; sí, mi heredad es la  más bella” (Salmo 16, 5-6).

Erick Alfonso Rivera Ortiz

Seminarista | Primero de Teología

13 Dic 2021

HELLO! 1

El Adviento es un tiempo lleno de riquezas espirituales con las cuales nos podemos preparar para la Natividad del Señor. Esto lo digo porque la liturgia de la Palabra nos presenta varios personajes que nos motivan a permanecer en la esperanza viva en la venida del Señor en el portal de Belén en esta Navidad.

Podemos contemplar al profeta Isaías, que con sus palabras de consuelo nos indica la llegada del Emmanuel, del Dios-con-nosotros. Nos alienta a estar preparados con la esperanza de que todo va a mejorar, de que nuestras tristezas se convertirán en alegría. Y todo eso porque la misericordia de Dios es infinita.

También se nos presenta al precursor del Mesías, al último profeta del Antiguo Testamento, como algunos lo prefieren llamar así. Hablamos de Juan el Bautista, quien, en el desierto, con su vida austera y con sus palabras recias predicaba e invitaba a la conversión, y quien quisiese se bautizaba. Predicó la justicia del Señor, pero también la misericordia. Y como quien conoce realmente su puesto, su ser, se hizo a un lado para que Cristo fuera el que irradiara.

Sin embargo, por el momento, de ellos no se habla este tema, pero si es muy necesario observar todo aquello a lo que nos invitan. Nuestro tema, por tanto, será de la Virgen María.

Ella es una parte muy importante dentro de este tiempo, pues encontramos que la festejamos en diversos momentos, como la Solemnidad de la Inmaculada Concepción el día 8 de diciembre, donde celebramos que fue concebida sin mancha del pecado original. También, y obviamente como mexicanos, con un gran júbilo tenemos la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Y para nosotros como regiomontanos también está la fiesta solemne de Nuestra Señora del Roble el día 18, en el cual nos congregamos en la Basílica del Roble para felicitarla y pedirle que cuide de nuestra ciudad.

Destaca mucho la Virgen María, porque a ella le fue anunciado que concebirá un hijo en su vientre por voz del Ángel Gabriel y que este será la salvación para todos. Esto se llevó a cabo en un diálogo de fe y de mutuo amor. De fe, porque ella como el pueblo de Israel, esperaban que Dios se acordara de su misericordia y mandara al Mesías, y de amor porque, ella es fiel a la Palabra, porque ama a Dios y está dispuesta a todo.  Entonces, ella dijo que sí a la voluntad de Dios, ella aceptó ser la madre del Salvador. Es un sí que benefició a todos, un sí que, aunque no sabía como iba a suceder tal acontecimiento, confió plenamente en Dios.

Así pues, como hijos de Dios, vivamos este Adviento de la mano de mamita María para poder esperar y disponer nuestro corazón para que Jesús venga a él, e imitarla dando un sí lleno de fe cada día en el servicio a nuestros hermanos, en el amor mutuo en una constante oración. Y, así, fervientes y llenos de esperanza digamos: ¡Ven, Señor Jesús!

Jesús Alfredo López Díaz

Seminarista | Primero de Teología

11 Jul 2016

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación.

Otro día en misiones, los seminaristas alistan sus actividades, preparan la ruta, se dividen en equipos. Don Alfonso prepara la van negra en la que llevará a todos los seminaristas a sus actividades. Antes de llegar al asilo Huitzil en la calle Dr. Coss, hacemos dos paradas para que los equipos de seminaristas hagan base en otra parroquia y salir junto con los párrocos, ministros o voluntarios a las actividades de misiones que les corresponden.

Tocamos la puerta de la casa geriátrica Huitzil, nos abre la dueña, feliz por la visita, ya tenía listos a los abuelitos en la sala. “Faltan algunos, están despertando, en un momento se los llevo”, comentó Elda Hernández.

En cuestión de minutos la sala estaba lista. “Buenos días, yo me llamo Roberto y tengo 44 años, tengo 9 años en el Seminario de Monterrey,  en dos meses seré Diácono… ¿Saben qué es un Diácono?, inició el seminarista Roberto Vantroi.

 -Es como un sacerdote- contestaron los abuelitos.

“Así es, casi-casi seré sacerdote, les pido un favor, recen mucho por mí, para que llegue ese día.”Después de Roberto se fueron presentando los seminaristas del grupo, Alejandro Cantú Saénz de 30 años, Luis Montes de 17años y Francisco de la Cruz Hernández de 16 años, “-ah el bebé”- dijo un abuelito.

 “Hoy venimos aquí para acompañarlos, compartir y aprender juntos. Estamos en misiones, y queremos transmitir en estos día la importancia de las vocaciones, no solamente de las monjitas y los sacerdotes, hablar de vocaciones es hablar también de laicos consagrados y por supuesto del matrimonio.

Hablar de vocación es decir: Dios te llama, escúchalo. Queremos pedirles un gran favor, queremos que nos ayuden en esa misión otra parroquia y salir, queremos que nos ayuden en esta misión, ayúdenos con su oración, ofrezcan su dolor, su soledad, sus alegrías, su día… pedir por los jóvenes para que puedan escuchar a Dios y encuentren su vocación.

La oración es tan poderosa, que aunque tu reces por alguien que no conozcas, que no veas, Dios si escucha y manda tus bendiciones a quien lo necesita. ¿Qué dicen?, se suman al grupo de personas que rezamos unos por otros”.

Roberto siguió hablando a los abuelitos, los demás seminaristas preparaban las bocinas, platicaban con ellos, les ofrecían agua o los ayudaban a ponerse más cómodos. Todos estaban atentos al momento, al mensaje que Dios les había llevado a voz de los seminaristas.

“Nunca te sientas solo, nunca te sientas inútil, nunca… nunca estamos de más. Nuestra vida tiene sentido, eres un don para los demás, Dios te necesita, eres un regalo para cada uno de los que te rodean. Nuestra presencia es un regalo, para los demás. Cada uno decide si regala una sonrisa o una cara triste. Su vida aquí tiene un sentido… Ofrece esta etapa, la vejez, puede ser una etapa pesada, pero ¿saben?, es también la más hermosa por que estamos cerca de llegar con Dios.

Ayúdenme a transmitir a los jóvenes la alegría de la vejez. ¿Quieren cantar?”.

Y el canto se convirtió en alabanza, en entrega, en una hora llena de alegría y recuerdos. Los abuelitos cantaban y tarareaban, seguían el ritmo, algunos con manos temblorosas y ojos húmedos. Después de cantos cristianos, llegaron de invitados Pedro Infante, José Luis Perales, Napoleón, Marco Antonio Solís y hasta la de ‘la mochila azul´.

Los pasos de baile no faltaron, hasta las sillas de ruedas se mecían al ritmo , incluso doña Paulita de 95 años, desde su sillón tuvo su turno para bailar con el seminarista Alejandro.

La visita terminó en concierto de alegrías, sonrisas y abrazos, ‘abracémonos a nuestra vida, reconciliémonos y amemos a Dios.’

Este es una breve reseña de tan solo una actividad en los días de Misiones de Verano 2016, como esta, durante tres semanas desde que amanece hasta que anochece los seminaristas del Seminario de Monterrey estarán tocando los corazones de niños, jóvenes, matrimonios, enfermos y abuelitos en 10 Decanatos de la Arquidiócesis de Monterrey.

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05 Jul 2016

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación

El pasado 02 de Junio, los seminaristas terminaron un semestre más en su formación. Para lo que la mayoría de los estudiantes significa descanso, vacaciones y diversión, para los jóvenes con vocación sacerdotal el verano es un tiempo formativo en donde pueden compartir su vocación en Misión de Verano que se organiza en las Parroquias de la Arquidiócesis de Monterrey.

Este año, dichas misiones tienen un objetivo muy específico, llevar el mensaje de la vocación a todas las comunidades, un proyecto que durará tres años y que buscará abarcar todos los decanatos de nuestra Arquidiócesis.

Los más de 120 seminaristas del Seminario de Monterrey estarán del 4 al 23 de julio atendiendo en los 10 Decanatos de la Arquidiócesis a más de 63 Parroquias, con actividades que van desde horas santas, rosarios, retiros con jóvenes, visitas a enfermos, hasta apoyo social con limpieza de parques o pinta de bardas y colegios, todo ello buscando compartir la alegría de la vocación.

DECANATO SAN ANTONIO DE PADUA. COLONIA PROGRESO.
UN ROSARIO POR LOS ENFERMOS.

Eran las 10:15 am, los seminaristas esperaban ansiosos llegaran los invitados al rosario por las calles de la Colonia Progreso. “Vamos a esperar diez minutos más” comentaba Charlie, seminarista de Primero de Teología.

Los 10 minutos se hicieron 20 y los centígrados subían sin clemencia.

El equipo de seminaristas empeñados en cumplir su actividad cambiaron el destino: “Vamos a la clínica 17, hagamos el rosario con los familiares de los pacientes”.

En una mini procesión de la parroquia a la clínica, avanzaron con rosarios en mano hasta llegar a la sala de espera de consulta en la recepción, se sentaron frente a no más de 5 personas, “Venimos hoy a acompañarlos espiritualmente con un rosario por sus enfermos, quienes quieran acompañarnos son bienvenidos”.

Con fe las personas cercanas comenzaron a nombrar a sus familiares, todos pedían desde el corazón por la salud de quienes se encontraban hospitalizados o quienes esperaban un diagnóstico, a la lista se sumaron los nombres de quienes se encontraban por ingresar a urgencias.

El rosario comenzó sutil en medio del ruido habitual, el abrir y cerrar del elevador y la mirada extrañada de quienes pasaban con prisa. Los Ave María y los Padre Nuestro comenzaron como un susurro y conforme avanzaba cada rezo incrementaba la fe y la cantidad de personas, poco a poco se fueron incorporando intensiones y voces, a tal grado que el coro del rosario era ahora más fuerte. Ojos cerrados y almas abiertas fueron dejándose llevar por la fe y la esperanza en Dios.

Antes de finalizar con una bendición a los presentes, el Diácono Israel Gómez quien será ordenado sacerdote el próximo 16 de Agosto les dijo: “Aprovechen este tiempo de dolor para acercarse a Dios, ofrezcan este tiempo con sus familiares, el tiempo que ofrezcan aquí el Señor se los recompensará”.

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08 Jun 2016

HELLO! 1

Decanatos de las Misiones Vocacionales 2016

  • Decanato San Antonio de Padua (7)
    – Señor del Perdón.
    – Santa María Goreti.
    – San Francisco de Asís.
    – Santa Rosa de Lima.
    – Santo Cristo.
  • Decanato Nuestra Señora de la Asunción (Marín) (33)
    – Santa Elena de la Cruz.
    – Jesús Misericordioso.
    – Ntra. Sra. de Loreto.
    – San Eloy.
  • Decanato Nuestra Señora del Rosario (Juárez) (30)
    – Cristo Rey.
    – Ntra. Sra. de San Juan de los Lagos.
    – Santísima Trinidad.
    – Santa Clara de Asís.
    – San Miguel Arcángel.
    – San Judas Tadeo.
    – Santa Emma.
    – Ntra. Sra. de los Ángeles.
  • Decanato San José de la Noria (Apodaca) (27)
    – Santa Clara de Asís.
    – Santísima Trinidad.
    – Sagrada Familia.
    – Ntra. Sra. del Rosario.
    – San Pío de Pietrelcina.
    – Ntra. Sra del Roble.
    – Santa Cruz.
  • Decanato San Rafael Arcángel (20)
    – Cristo Evangelizador.
    – Santa Teresa de Ávila.
    – San Juan de los Lagos.
    – Santa Filomena.
    – San Juan de la Cruz.
    – Señor de la Misericordia.
    – Lucas Evangelista.
    – Sagrado Corazón.
  • Decanato San Juan Bautista (García)  (17)
    – C.P. Santisima Trinidad.
    – Ntra. Señora De Guadalupe.
    – Juan Pablo II. 
  • Decanato Nuestra Señora de Guadalupe (Guadalupe)  (9)
    – San Juan Ma. Vianey.
    – Santo Tomás Moro.
    – Madre Stma. de la Luz.
    – Santa Ma. Magdalena.
    – Cristo Rey de la Paz.
    – P. N. S. De San Juan de los Lagos.
    – San Francisco Javier.
    – Señor de los Afligidos.
    – Padre Nuestro. 
  • Decanato San Juan Bosco (4)
    – Santa Cecilia.
    – Del Rosario.
    – Jesús Nazareno.
    – Santa Lucía.
    – Santa María Reina de la Paz.
    – Santísimo Redentor. 
  • Decanato Natividad del Señor (14)
    – Santa Teresita del Niño Jesús.
    – Ntra. Señora de la Soledad.
    – María Reina de la Paz.
    – Cristo Resucitado.
    – Santa María de la Montaña.
    – San Jenaro. 
  • Decanato San Nicolás de Bari (21)
    – Ntra. Señora de Guadalupe.
    – San Isidro Labrador.
    – Santa Teresita del Niño Jesús.
    – San Judas Tadeo. (Escobedo)
    – San Judas Tadeo. (Apodaca)
    – San Juan Pablo II.
    – San Lucas Evangelista.

Para inscribirte puedes hacerlo a través de él siguiente link:
http://goo.gl/forms/zRF3iZzgxgT2o1pW2

Después de que te inscribas, un coordinador de misiones te contactará para darte a conocer los distintos eventos en que nos podrás acompañar.

07 Jun 2016

HELLO! 1

Por: Adrián Alejandro Garza Morales, seminarista (F3)

Al terminar cualquier ciclo en nuestra vida es necesario dar una mirada hacia atrás para descubrir todo lo que hemos avanzado, reflexionar sobre nuestras caídas y así proyectar un futuro en base a la experiencia que hemos obtenido. Por estas razones el seminario ve la necesidad de convocar una asamblea donde se puedan reunir todos los que intervienen en la formación de los futuros pastores y así proyectar un futuro más esperanzador.

Este año, del domingo 5 al martes 6 de junio se lleva a cabo la segunda asamblea del Seminario de Monterrey. Éste año con motivo del anterior Sínodo de las familias el seminario ha visto la importancia de ella en la formación de los seminaristas por lo que el tema del domingo fue en torno a ésta unión, familia-seminarista donde se pudo reflexionar el papel importante que tiene en torno a la formación sacerdotal. Los padres y los hermanos son quienes mejor pueden conocer al joven seminarista y ellos son quienes con palabras de amor y de fidelidad pueden ayudar a retomar el camino que Cristo no pide.

El tema del lunes y el martes fue torno al apostolado que los seminaristas realizan cada sábado en alguna parroquia o pastoral, además de tener un momento para planear algunas actividades de la misión de verano.

Un dato importante para esta asamblea es el proyecto de vocacionalización que se comenzó este año, la vocacionalizacion básicamente consiste en hacer descubrir a cada seminarista como un promotor vocacional para que de esta manera puedan  introducir la Pastoral Vocacional en los grupos de la parroquia para promover desde los grupos las vocaciones, por lo que en la asamblea se reflexionará sobre los aciertos y áreas de oportunidad del proyecto.

Después de un año de mucho trabajo, esfuerzo y constancia podemos sentirnos orgullosos de nuestro trabajo sin olvidar que todo nuestro esfuerzo sólo puede ser fructífero si nuestra mirada está puesta en Dios, ya que es Él quien nos da su gracia para poder realizarlo y al final podemos decir, somos siervos que hicimos lo que teníamos que hacer.

03 Jun 2016

HELLO! 1

Este primer año que he terminado en el Seminario ha sido un verdadero regalo de Dios. Me llevo recuerdos de muchas experiencias que sin duda me han hecho crecer en diferentes aspectos de mi vida, experiencias que están llenas de emociones y sentimientos que realmente me llevaron al encuentro con Dios, conmigo mismo, y con muchas nuevas personas que hoy se han vuelto parte de mi vida.

Es difícil tratar de resumir todo esto en tan solo unas líneas, pero creo que lo más importante es que mis compañeros y yo pudimos sentir el amor de Dios en este proceso formativo y cómo éste nos ha ido transformando poco a poco en la medida en que hemos ido abriendo nuestros corazones.

Recuerdo que muchos me decían que “el Menor” era la mejor etapa del Seminario, y aunque aún no he tenido la experiencia del Seminario Mayor, hoy que voy terminando esta etapa puedo comprender por qué me decían eso. Fue un año que se pasó “volando”. Siento como si hubiera tomado mi decisión de entrar al Seminario hace apenas unas semanas y la realidad es que ya terminó el primero de diez años de formación.

Definitivamente ha sido un año de bendiciones que vinieron del Señor; de haber observado, aprendido, compartido, escuchado, conocido, enseñado, perdonando… pero sobretodo, de haber amado con misericordia.

¡Cómo no agradecer al Seminario tantas experiencias y aprendizajes! Y claro, a Dios por permitirme estar en donde hoy estoy, disfrutando con felicidad el poder abrazar esta vocación a la que hoy me siento llamado por Él mismo.

Escrito por: Homero Patricio Rico Villarreal, seminarista.
Curso Especial de Ciencias y Humanidades (CHE)
para periódico diocesano PASTORAL SIGLO XXI