13 May 2022

HELLO! 1

A lo largo de este último año de mi formación en la casa de Allende (segundo de propedéutico), he entendido más el amor que Dios me tiene y a la vez he aprendido a amarlo a Él aceptando ese amor.

En mi caminar de este año tuve la oportunidad y la invitación de Dios a dejarme amar, y creo que en eso se puede resumir mi espiritualidad, en un hijo que debe dejarse abrazar por su Padre.

Algo muy especial de esta etapa de formación son los tiempos de espiritualidad, que sin negarlo al principio se me hacían muchos, me fuí haciendo necesitado de estos momentos de contacto con Dios. Tenemos diversas actividades: misa diaria, Liturgia de las Horas, Hora Santa diaria, lectio divinas, temas, adoraciones nocturnas que son el primer viernes de cada mes, los domingos tenemos misa con los fieles que viven cerca de la casa, las misas de barrio los sábados en la mañana

De todas estas actividades que hacen crecer el amor por Dios en cada uno de nosotros, me gustan mucho las Horas Santas: momentos cara a cara con el Maestro, Aquel que dió la vida por ti y por mí.

En la espiritualidad de este año viví un encuentro cercano con un Dios misericordioso, y poco a poco lo he visto así, conforme el contacto con Él en los momentos de espiritualidad. No considero aún tener un estilo de oración específico, pues me falta progresar más en el diálogo con el Señor. Sin embargo, puedo decir que la oración de agradecimiento, especialmente la que hago en las mañanas, es una buena y bonita forma de empezar el día; consiste en reconocer y agradecer en una oración oral todo aquello que Dios me concedió tener o experimentar.

La espiritualidad es una relación con Dios, una relación de amor y de búsqueda tanto tuya como Suya, creo que la espiritualidad tiene un papel muy importante para nuestra vida, ya que nos ayuda a tener un equilibrio y no caer en desórdenes que nos lleven a problemas o vicios. Algo que está muy cool de la espiritualidad es que cada vez que la practiques, aunque sea un encuentro muy pero muy pequeño, te cambia algo de tu vida, porque el encuentro con Papá Dios transforma el corazón  y te va configurando poco a poco a su amor y a su voluntad.

Muchas veces podemos ver la espiritualidad como algo muy complicado o tedioso pero créanme que es todo lo contrario, es encontrarte con Aquel que te conoce plenamente, ni siquiera es necesario que hables, solo contempla su presencia en tu corazón. Es como estar con una buena amiga o amigo con el que te sientes tan cómodo, tan en confianza que no necesitas el uso de las palabras para disfrutar de estar juntos y pasar un buen tiempo. A Dios no le importa de qué manera te acercas a Él, sólo le importa que estés con Él porque Él te ama y Él te quiere llenar de su amor y misericordia, ¡no temas!, el que tanto te ama te está esperando, ora con Él, ábrete a su amor. Te prometo que verás cambios en tu vida.

Víctor Hugo Lozano Castro | Segundo de Propedéutico

30 Abr 2022

HELLO! 1

Una de las principales devociones y fiestas que celebramos en el Seminario de Monterrey, en especial los alumnos de Filosofía, por ser nuestro santo patrono, es la fiesta a san José obrero, celebrada este próximo primero de mayo.

El Instituto de Filosofía se prepara con mucha alegría invitando al octavario de la fiesta de san José a las diferentes casas del Seminario para poder crecer en devoción y fraternidad, organizando diferentes actividades: espirituales, deportivas y culturales en el Seminario Mayor. El cual, en estos días se viste de los colores verde y amarillo en representación al santo.

A manera espiritual, se realizan actividades como invitar a sacerdotes que nos compartan su devoción a san José, ya sea en la Eucaristía o con sus reflexiones en torno al santo; otra de las actividades es la deportiva, con el objetivo de poder jugar en comunidad y ver el esfuerzo de los equipos al dar lo mejor de cada uno de ellos; de manera cultural, al realizar una exposición artística, algunos músicos para amenizar alguna actividad, con el fin de valorar las obras que realiza la comunidad de Monterrey y conocer un poco más de la riqueza cultural que se encuentra en nuestro Estado.

En este año, el objetivo de la fiesta será crear un ambiente de fraternidad y oración, tener un encuentro en comunidad con Cristo, inspirados en san José obrero, quien nos enseña al Seminario de Monterrey a trabajar en conjunto, tanto en dedicación como en testimonio.

Con el objetivo claro, se crea el lema de la fiesta “San José, ejemplo de santidad y guía de comunidad” se resaltan dos palabras dentro del lema, la primera santidad, para que todo seminarista se inspire en la dedicación y testimonio que conocemos por parte de san José, así como la palabra comunidad, la cual este año remarca el celebrar la fiesta todos juntos, ya que en años pasados por motivos de la pandemia no se pudieron juntar todas las casas del seminario para festejarlo, por lo que este año será de mucha alegría para el seminarista poder festejarlo con sus demás hermanos.

Para el seminarista, san José debe representar uno de los mejores ejemplos para poder llegar a configurarnos con Cristo, así como imitar sus virtudes que para el sacerdote son fundamentales en su ministerio, con ello, este primero de mayo, será una inspiración poder ser como san José.

Sergio Uriel García  Medrano | 3º de Filosofía

11 Abr 2022

HELLO! 1

Iniciamos el momento que Jesús nos pone para acompañarlo, para estar y caminar juntos. ¿Cuántas veces hemos caminado a su paso?, ¿cuántas veces hemos actuado como Cireneo?, el mismo que le ayuda con la cruz, con miedo y sintiéndose indigno. El Señor nos invita a estar junto a Él, especialmente en estos días en que conmemoramos su pasión y muerte. Recordamos el camino doloroso que Cristo recorrió para llegar a la victoria santa a la que estamos llamados todos los cristianos.

En estos tiempos en que todo queremos vivir de inmediato, en que buscamos que el tiempo vaya más deprisa, no sabemos disfrutar de los momentos. Debemos aprender a detenernos, a descubrir este tiempo que Cristo nos brinda para vivirlo con Él, nos invita a vivir con intensidad y conciencia el momento cumbre de la Cruz, a permanecer de pie en el monte calvario y contemplar cómo Él está con los brazos abiertos para acogernos, para recibirnos y llenarnos de su amor.

Cuántas veces hemos sentido que nos caemos y no hay quién nos levante, sentimos que estamos por los suelos y no vemos el final de nuestros problemas, pero debemos tener la certeza de que es Jesús mismo quien nos ayuda a levantarnos, es Él quien se muestra como Cireneo para estar ahí a nuestro lado, para caminar junto a nosotros y así podamos seguir adelante.

La Cuaresma ha sido el tiempo propicio para poder enmendar nuestras faltas, procurar ser mejores personas y ayudar al prójimo, ahora iniciamos la Semana Santa, en estos días en que se nos invita a reconocernos necesitados de la misericordia de Dios, necesitados de la vida que solo Él nos puede dar. Solo participando de su salvación, dejando que el misterio de la Pasión del Señor transforme nuestras vidas, podremos manifestar esa ayuda y amor que provienen de Dios.

Dios nunca nos pedirá algo que no podamos cumplir, Él siempre nos dará las herramientas para poder ayudar como Él lo desea, en nosotros queda estar abiertos a todos y amar cada vez más al modo de Jesús. Nuestra fortaleza la encontramos en la cruz de Jesús, dejemos que Él transforme nuestro corazón para que sepamos ser más humanos unos con otros y mostremos al mundo el amor con el que Dios nos ha amado.

Ángel Alberto Bernal Hernández | 2º de teología

01 Abr 2022

El hombre fue creado para habitar en el paraíso, un lugar de brisa fresca al atardecer, para disfrutar de la presencia de Dios y de los hermanos. Sin embargo, todos conocemos esta historia; el hombre corrompió su corazón con el pecado, alejándose de este lugar. Ahora vivimos en un lugar de desierto, poca agua, condiciones de clima extremas, bestias y alimañas peligrosas para nosotros.

Nuestros desiertos pueden ser literales o metafóricos, pero hemos descubierto que Dios nos llama a cruzar, y en ese caminar Dios nos encuentra y nos llama de regreso a Él, a su jardín.

Al imaginarnos en el desierto podemos impactarnos por todos los peligros que pudiese haber,  y es cierto, caminar por el desierto no es fácil, significa sacrificio, esfuerzo y cansancio. Esta es la batalla espiritual, el desierto es la oportunidad de reflexionar sobre nuestra relación con Dios, es un tiempo para detener nuestra vida y preocuparnos por lo que realmente es importante, nuestro corazón.

El desierto nos llama a adentrarnos a nuestro ser y poner los ojos en lo alto, en las realidades espirituales. Cuando la desnudez de un desierto desviste ante nuestros sentidos la frondosidad del mundo material, es entonces que quizá volvamos nuestro corazón a Dios.

¡No temas en caminar por el desierto! Recuerda que cuando Dios encontró a su pueblo “Los encontró en un lugar salvaje, en el terreno baldío de un desierto de aullidos. Los cubrió con su manto, cuidó de ellos, los guardó como a la niña de sus ojos” (Dt 32, 10). Dios te encontrará, cuidará de ti y nunca se separará. Caminar por el desierto es ponerse en marcha a estar junto a Dios, es dejarse encontrar por Él, es saberte pequeño para que Dios te inunde de su gracia.

El desierto es ahora un lugar de renovación, es cierto, son lugares de dudas e incertidumbre, pero también puede ser ocasión de un nuevo renacer como cristiano.

Camina con Cristo, Él nos ha llamado al desierto.

Alfredo Cantú Leal | 2º de Filosofía

25 Mar 2022

HELLO! 1

Es en el desierto donde renacemos, es en el desierto donde podemos ver lo necesitados que somos, es en el desierto donde nuestra debilidad se hace presente, donde nos damos cuenta que somos pequeños y que necesitamos una fuerza para poder avanzar, para poder salir adelante, a flote de la autoreferencialidad.

En esta Cuaresma aún con pandemia y queriendo regresar a la vida ordinaria, nos damos cuenta que estamos caminando bajo nuestras propias fuerzas, que no avanzamos, que nuestros pasos son débiles y que quizá caminamos sin sentido, sin ninguna meta.

Nuestros ojos están cegados, caminando bajo las sombras del mundo, no nos ha bastado una pandemia sino que ahora estamos en medio de una guerra y bajo la avaricia del poder. Sin embargo, lo grandioso de todo esto es que aún estamos a tiempo de salir victoriosos, de triunfar de la mano de Dios.

En esta Cuaresma, diferente a muchas otras, Dios nos está hablando y queriendo quitarnos la ceguera y la dureza de piedra que tenemos en el corazón (Ezequiel 11, 19), solo basta aclamarlo, solo basta  llamarle para pedir su gracia, misericordia y paz para todo el mundo (cf. Jeremías 33, 3). Dios nunca nos abandona, es el hombre quien se aleja de Él, pero nunca es tarde para regresar y tomar del agua viva donde nuestra sed es saciada (cf. Juan 4, 14).

En este tiempo que aún no termina podemos tomar una dirección diferente y ver la promesa de Dios presente en nuestras vidas. Aún estamos a tiempo (cf. Joel 2, 12) de caminar bajo la protección de Dios, como aquel Pueblo que sacó de Egipto (cf. Éxodo 15).


Caminemos de la mano de José y María para poder llegar a la Pascua de Cristo y ser hombres nuevos llenos de su gracia.

Dios nos ha hablado al corazón, sigamos caminando, sigamos confiando en Él.

José Albero Pérez Estrada | Experiencia Eclesial

11 Mar 2022

“Dios se cansó conmigo en el trabajo, es hora de buscar a Dios adentro, enamorado”.

Hemos iniciado con mucha esperanza este tiempo de la Cuaresma, y como menciona el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma de este año, es un “tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”. Un tiempo especialmente importante para nosotros, discípulos de Cristo, que nos orienta y motiva a encontrarnos con Él, en el misterio pascual.

Para mí, las palabras en el himno de las vísperas del lunes II de la liturgia de las horas, en el tiempo ordinario, me ayudan a contemplar la dinámica espiritual con la que iniciamos la Cuaresma: “Hemos topado a Dios en el bullicio, Dios se cansó conmigo en el trabajo; es hora de buscar a Dios adentro enamorado”.

Me gustaría compartir mi reflexión sobre el inicio de la Cuaresma inspirándome en este fragmento del himno litúrgico y en las palabras del Papa Francisco en su mensaje para la cuaresma 2022.

“Hemos topado a Dios en el bullicio”. Dios se presenta en nuestro día a día, no indiferente ni lejos de nosotros, sino cercano y visible porque nos llama. Este llamado es a ser fructífera nuestra vida, sobre todo en este tiempo de Cuaresma, en  que se “nos invita a que nuestra vida esté marcada por el amor, el servicio y la unidad” (Garza, 2016). Pero requiere de nuestra respuesta ante los constantes ruidos del mundo, las distracciones o lo que deliberadamente nos impide acercarnos a Dios.

Dios nos llama entre las diversas circunstancias de nuestra vida, y este tiempo es propicio para dejarnos encontrar por Él.

 “Dios se cansó conmigo en el trabajo”. La presencia de Dios se hace más cercana cuando más débil nos sentimos: en nuestra fragilidad Dios nos fortalece, como bien lo dice el Apóstol San Pablo: “pues, cuando soy débil entonces es cuando más fuerte soy”. (2 Cor 12,10b). 

En la Cuaresma contemplamos que Jesús asumió nuestra humanidad y la redimió, viviendo en sí mismo el “cansancio” de nuestra fragilidad; por eso es importante no dejar de esforzarnos por alcanzar la santidad. En nuestro proceso de conversión vivimos experiencias que nos pueden agotar y debilitar, pero el centro de nuestra fe y esperanza está en Cristo, que murió y resucitó (cfr. 1 Cor 15, 17-20), así nuestro trabajo para vivir en la santidad no es en vano, ni solitario. Por eso el Papa Francisco, reflexionando en la cita bíblica de la carta a los Gálatas nos exhorta a  que “no nos cansemos de hacer el bien”(6,10), porque Dios no se cansa de perdonar y amar.

“Es hora de buscar a Dios adentro, enamorado”. He aquí lo que considero la recompensa de nuestra entrega de vida. Hoy, con nuestro esfuerzo diario, a pesar de nuestro egoísmo, frustraciones, miedos e indiferencia, en la entrega, trabajo y esfuerzo que implica la conversión, en nuestro camino cuaresmal (y en la vida diaria), se recompensa con el amor de Dios que es sublime, que nos transforma y nos alcanza la vida eterna. Dios está ahí, en tu corazón y en el hermano. Por ello, “pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar”. (Francisco, 2022).

La Cuaresma es un momento verdaderamente importante para mí, porque es un tiempo propicio para contemplar a Dios (toparnos con Dios); cansarnos por medio de nuestro esfuerzo que alcanza su plenitud máxima con la gracia misericordiosa de Dios, viviendo nuestra conversión. Es ahí donde contemplamos la recompensa de nuestra vida; el amor que Dios no se cansa de dar.

Osmar Gregorio Rivera Hernández

Seminarista | 2do. de Teología

Bibliografía

Papa Francisco (24 de febrero de 2022). Vatican van. Recuperado el 02 de febrero de 2022, de Vatican.van: https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20211111-messaggio-quaresima2022.pdf

Garza, C. J. (2016). Para vivir la Pascua (Primera ed.). D.F: PPC Editorial.

25 Feb 2022

HELLO! 1

“La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha” (Mt 9, 37-38).

Durante el mes de febrero la Iglesia de Monterrey se dedica a orar por las vocaciones sacerdotales, siendo así conocido como “el mes del Seminario”. Durante este tiempo los seminaristas de Monterrey tenemos la oportunidad de visitar las distintas parroquias de nuestra Arquidiócesis, invitando a los fieles a orar constantemente por los sacerdotes y seminaristas y agradeciendo el donativo que durante el mes de febrero (y durante todo el año) hacen para el sostenimiento de nuestro Seminario.

Al ser la primera experiencia de Colecta Anual que he tenido de manera presencial debido a la pandemia, ha dejado momentos guardados en mi interior, pues las muestras de aprecio y cariño de los fieles hacia el Semanario, y sus mensajes de ánimo, son de gran motivación para mi caminar vocacional. Llamó especialmente mi atención el comentario que realizó una señora con la cual conversaba en uno de los domingos de colecta, pues ella mostraba una gran preocupación por la falta de vocaciones, preguntándose qué pasaría si en un futuro ya no hubiese vocaciones sacerdotales, preguntándose cómo podrían los fieles ir a Misa, acercarse a la Eucaristía, reconciliarse con Dios, o incluso ser constituidos hijos de Dios por medio del Bautismo, esto me hizo reflexionar acerca de lo alarmante que es la actual falta de vocaciones.

La Iglesia necesita sacerdotes, y cada vez más presenciamos una disminución en el número de vocaciones al sacerdocio, por ello, es importante la oración constante de los fieles. No nos cansemos de orar por el bien de la Iglesia, por los sacerdotes que guían al rebaño y por los jóvenes que se preparan para algún día serlo; pero sobretodo, oremos mucho por los jóvenes que buscan el sentido de su vida, por los jóvenes a quien Dios llama a su viña, para que sepan atender con generosidad y amor a la voz del Señor que los invita a seguirlo.

Agradezco grandemente la ayuda económica que cada fiel hace al Seminario, pero sobretodo agradezco mucho la ayuda espiritual que nos dan por medio de la oración, esta oración nos hace mucho bien, pues es la que nos sostiene y nos alienta a seguir adelante, para llegar un día a configurarnos con Cristo Buen Pastor.

Armando Sánchez Rodríguez | 2º de Propedéutico

11 Feb 2022

HELLO! 1

«¿Cómo fue tu llamado?» Esta es una de las preguntas que más me han hecho a lo largo de mi formación, y me atrevo a decir que quienes caminan junto conmigo, así como los que ya son sacerdotes, coincidimos en afirmar que disfrutamos dar a conocer cómo Dios tocó nuestro corazón en un momento determinado de nuestra historia y nos llamó para que estuviéramos con Él (cfr. Mc 3, 13-14).

Solía pensar que la forma en la que Jesús me había llamado a seguirlo no tenía nada de especial, que se había tratado de algo simple y de poca importancia. Aunque sí quedé con mucha inquietud, lo dejé pasar. Necesitaba tomarme un tiempo para terminar la carrera y meditar profundamente el llamado que se me había hecho, pues no se trataba de cualquier cosa.

No podía dejar todo por cuanto había trabajado tanto por algo que en un principio parecía tratarse de una simple cosquillita. ¡Qué ingenuo fui! Pero Él, que me conoce perfectamente me ayudó a entender que no había sido sino un acontecimiento bello y único que vino a mover (muchísimo) mis planes, a cuestionarme si lo que estaba haciendo (y pensaba hacer) me hacía realmente feliz y, sobre todo, a confrontarme pidiéndome hacer y dar más de lo que ya estaba haciendo y dando. Fue el mismísimo Amor quien se detuvo frente a mí, se acercó a mi corazón y susurró: «Te necesito como trabajador en mis campos. Sígueme». Tiempo después, con mucho miedo, pero también con la seguridad de que quien llama no abandona, por fin respondí: «Va, le entro».

Cuando Jesús te llama a seguirlo, debes saber que es necesario poner atención en todo cuanto acontece en tu vida para así descubrir qué quiere decirte y por dónde te pide que camines. En una Eucaristía escuché a quien presidía decir que la Iglesia necesitaba de sacerdotes que estuvieran dispuestos a dirigirse a todos los rincones del mundo para dar a conocer el Evangelio de Cristo. Fue en ese instante en el que mi deseo de que los demás conocieran lo que Dios había hecho en mi vida tomó muchísima fuerza y me confirmó que el camino que había decidido tomar era el correcto.

Y aquí estoy, en el sexto año de mi formación sacerdotal. El tiempo ha pasado lo suficientemente rápido, pero no por eso he perdido la oportunidad de descubrir en cada una de las etapas la belleza y grandeza que tiene el sacerdocio ministerial.

Entré al Seminario con la ilusión de algún día ser “el padre” que camina junto con su comunidad parroquial, y claro que ese anhelo sigue latente en mi corazón, pero ser «otro Cristo» implica muchísimo más. Se trata de estar para quien lo necesita; de tener un deseo incansable de llevar almas al cielo, todas cuantas sea posible; de consolar cuando en el corazón de alguien que se ha perdido no hay más que sufrimiento; de hacer presente a Cristo en la Tierra y compartirlo; de darme, de darlo a Él; de amar a todos como el mismo Jesús nos ama, «hasta el extremo» (cfr. Jn 13, 1)

Esta es mi más grande motivación y lo que enciende en mí la esperanza de que estaré dispuesto, no dentro de cuatro o cinco años, sino a partir de ahora, al saberme amado por Aquel que me amó primero, a entregar mi vida entera para poder decir, como mi gran amiga santa Teresita, «no me arrepiento de haberme entregado al amor».

Luis Carlos Solís Garza

Seminarista | Experiencia Eclesial

04 Feb 2022

HELLO! 1

Porque quiero tratar de cambiar la manera de pensar de los jóvenes, que piensen en todos no nada más en ellos, y que se unan las generaciones, niños con adolescentes, adolescentes con adultos, adultos con ancianos, todos de la mano de Dios.  

Quiero que seamos un grupo, una familia grande, que seamos no solo un conjunto de personas amando a Dios, quiero que vivamos como una familia que ama ante todo a Cristo y que amenos a nuestra iglesia.

¡Quiero que la fe de los jóvenes sea algo inmenso y que lo jóvenes amen a Dios que no solo sea un deber! Jóvenes y adolescentes, nosotros somos el futuro de la santa madre iglesia. Que nuestra relación con ella, sea como un noviazgo fuerte, con fidelidad y lo más importante, “amor a Cristo” nuestro maestro. A veces los jóvenes vemos a nuestros maestros como enemigos, y la verdad es que solo nos quieren enseñar, incluso cuando nos tratamos entre alumno y maestro, hay una conexión muy fuerte de amistad, y así es la amistad con Cristo. Cuando nos acercamos mediante la oración se crea una amistad inigualable, no veamos a Cristo como una creencia de ancianos.

Además, la amistad de Jesús con cada uno de nosotros, puede ser un enlace donde se unen las generaciones de adolescentes y ancianos. En los ancianos se ve a Cristo reflejado, amemos y cuidemos a nuestros ancianos a nuestros abuelos, como nietos es lo más bello que tenemos; platiquemos y convivamos con ellos, porque no sabemos cuándo será el último momento que estemos con ellos. Ayudémosles a ser fuertes y más en estos tiempos de crisis, no los abandonemos, seamos la vara que enderece ese árbol que se está enchuecando por tristeza, por soledad.

Jóvenes y adolescentes, no todo es fiesta y diversión. Enfoquémonos en la vida académica, la estructura académica es y será el sostén de nuestra vida pública; es algo pesado, pero todo principio tiene un fin, y en un futuro tendremos “arquitectos”, para que construyan las viviendas; “abogados” que buscan la justicia, “químicos” que descubran y fomenten la ciencia, “maestros” que formen grandes profesionistas, que tengamos más “seminaristas” que lleguen a ser “sacerdotes” buenos, guías de una nueva generación.

Somos una generación que tiene como propósito remodelar, ser una nueva iglesia. Con la misma enseñanza de nuestros abuelos, pues Cristo siempre permanecerá con nosotros como lo dijo a sus apóstoles: “En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos. Ustedes ya saben a dónde voy, y saben también el camino que deben tomar.” (Juan 14, 1-4). Dios siempre estará con nosotros y permanecerá con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Tenemos una misión, hermanos y hermanas como dice Jesús, “tomen el camino que deben tomar”, el camino que nos acerca a Dios.

Confíen en Dios y confíen también en mí, que sigo el camino para ser sacerdote.

Omar Alessandro Rodríguez Alvarado

Seminarista | 2do. De Preparatoria

28 Ene 2022

HELLO! 1

Desde siempre Dios se ha ido manifestando en mi vida, a lo largo de mi infancia, mi adolescencia y ahora en mi juventud. ¡Es un don de Él que seamos agradecidos! Y precisamente con esto quiero comenzar, diciendo: ¡Gracias Señor por llamarme!

Toda vocación nace de aquella mirada llena de ternura con la que Jesús sale a nuestro encuentro, tal vez justo cuando la barca de nuestra vida estaba siendo agitada por la tormenta de la desilusión, del desánimo, del sin sentido. Pero Jesús está ahí, mirándonos fijamente (cfr. Mc 10, 21) y es una mirada que nos interpela e invita, que nos confronta y nos vence, que nos seduce y que nos llama, y nos dice: ¡Sígueme! (cfr. Lc 9, 59).       

La vocación debe convertirse, paulatinamente, en convicción y experiencia, porque la vocación la da Cristo, la vocación es nuestra relación con Él que llama a los hombres para que estén a su lado y después enviarlos a compartir que el Amor está vivo (cfr. Mc 3, 13-19). Por eso, toda vocación ha de entrañar profundamente la intimidad de la vida con el Misterio.

La respuesta al seguimiento de Jesús ha de ser asumida con libertad, sin miedo y con ánimo alegre. Sin duda, en la actualidad hay demasiadas cosas que nos inquietan, distraen y que no nos permiten prestar atención a los pequeños detalles, a los acontecimientos sencillos, a lo que se fragua en el misterio y lo secreto. Pero dentro de todo ese bullicio Dios permanece fiel, esperando las necesidades reales de nuestro corazón, y para comprender su designio de amor, es cuestión de que nosotros respondamos: ¡Habla, Señor, que tu siervo te escucha! (cfr 1Sm 3, 10).

Toda vocación implica un compromiso. El Señor sabe de qué estamos hechos, de que somos barro no se olvida (cfr. Sal 103, 14), sin embargo, Él escoge a sus amigos de entre los hombres y los constituye en favor de los hombres. Así es la acción de Dios con sus elegidos porque posa su mirada sobre el humilde y abatido que se estremece ante sus palabras (cfr. Hch 5, 1; Is 66, 1-2). Dios sabe de lo que somos capaces, por eso nos llama para poner nuestra vida totalmente al servicio del Evangelio.

El sacerdote es un Homo Dei: un hombre esencialmente de Dios. “El ministro ordenado tiene como título propio ser, no otro, sino Cristo” (Alter Christus, Fray Nelson Medina, OP). Durante estos casi ocho años de formación, mi experiencia vocacional ha sido una continua kénosis; he ido madurando gradualmente junto al Señor reconociendo mis limitaciones, pero perfeccionando mis virtudes, vaciándome para llenarme más de Él, porque Dios me llamó no para mérito propio, sino para el bien de la Iglesia, consciente desde el principio que respondí a este llamado de que, antes de ser sacerdote, debo ser testigo de su misericordia, su amor, su ternura, pues solo así mi corazón se dilatará, trasformará y configurará para ser Cristo para otros.

Y sí, “unirse a Cristo supone la renuncia. Comporta que no queremos imponer nuestro rumbo y nuestra voluntad, que no deseamos llegar a ser esto o lo otro, sino que nos abandonamos en Él, donde sea y del modo que Él quiera servirse de nosotros” (El Sello p. 56, Mauro Piacenza). Vivir la vocación no es un fastidio, sino una plenitud.

José Isabel Hernández Salazar

Seminarista | Segundo de Teología