23 Jul 2021

HELLO! 1

Después de casi 11 años en el Seminario, lo sé, es mucho tiempo; puedo dar testimonio del proceso que la iglesia lleva con los que están por terminar su formación como alumnos en el Seminario de Monterrey.

Es un proceso interesante y lleno de emoción, en mi caso resuena el sueño y anhelo que tenía cuando ingresé a esta institución. En aquel tiempo solo me tocaba conocer a los futuros ordenados por la publicación que se hacía de ellos en los anuarios o en los murales de corcho en los salones y en cada casa. No los conocía personalmente, a algunos solo de vista. Conforme fue pasando el tiempo y yo avanzaba en este camino, las caras de quienes solicitaban ser admitidos al orden sagrado eran más conocidas, coincidía con ellos en misiones, visitas a colegios, colectas en parroquias incluso en apostolados. Aprendía de ellos y llegábamos a ser amigos.

La alegría que sentía iba creciendo cuanto más los conocía, aquél con quien me sentaba en el descanso de la escuela, los que se sentaban conmigo en el comedor, con quienes compartía una taza de café en la tarde estaban llegando a ese tiempo tan especial y que cada vez comprendía mejor.

Y,  ¿cómo es este proceso tan especial? El alumno del Seminario de Monterrey, una vez ingresado al instituto de Teología, se prepara para estos momentos. El primer paso es cuando cursamos el segundo año de Teología, se abre un tiempo para que el joven haga su solicitud para ser aceptado como candidato a las órdenes sagradas y a la administración de los ministerios laicales: lector y acólito. Termina este año escolar e inicia el siguiente.

A mitad del próximo año (tercero de Teología) se abre el tiempo de solicitud de órdenes sagradas (diaconado y presbiterado), así los que están en tercero y cuarto pueden hacer la solicitud del orden correspondiente. Ojo. No siempre es así. Es decir, no todos hacen la solicitud a su debido tiempo y no la hacen por algún motivo personal, por alguna decisión del equipo formador al mandarlos a algún servicio en especial, o simplemente por esperar algún tiempo más. Y esto no tiene nada de malo, los jóvenes nos hacemos muchas preguntas ante la gran responsabilidad y compromiso del sacerdocio de Cristo.

Luego de la solicitud viene un «tiempo de discernimiento», los formadores investigan y evalúan al alumno, sin embargo, esto no lo hacen solos, lo hacen con la comunidad. A algunos compañeros de quien solicitó se le dan unas evaluaciones para que las llene a la luz de la verdad con lo que sabe y conoce de quien solicitó; asimismo, se mandan estas evaluaciones al apostolado donde sirve el seminarista para que algunas personas que lo conozcan hagan también su evaluación, de igual manera se envían éstas a la comunidad parroquial de la que el joven seminarista pertenece. Una vez reunida toda esta información los padres del Seminario se reúnen a realizar los «escrutinios» para determinar si el joven que solicitó algún ministerio es idóneo o no para recibirlo. Posteriormente le corresponde al Arzobispo dar a los jóvenes la respuesta de las evaluaciones y admitir a los jóvenes al orden sagrado.

Ahora me toca estar de ese lado, y vaya que se siente muy distinto, aunque ya haya sido admitido como candidato a las órdenes y ya haya pasado por una etapa de escrutinios, esto es distinto, ya que uno se encuentra de cara a unos ministerios que dan una gracia que desborda la misma naturaleza humana y que conllevan una gran responsabilidad y compromiso. Sin embargo por otro lado se siente la emoción de decir “por fin, estoy llegando”. Entre todas las emociones que pueda sentir en estos momentos de una cosa estoy completamente seguro: Jesús, una vez que nos ha llamado nos invita a seguir caminando con él y nos pone a la Iglesia misma como receptora y al mismo tiempo intercesora para ser en un futuro los ministros que ella misma necesita y merece.

 

Erick Alfonso Rivera Ortíz | 1ero de Teología

Revista San Teófimo No.154

16 Jul 2021

HELLO! 1

Llegó a donde estaba el hombre herido y, al verlo, se conmovió profundamente  (Lc 10, 33).

 

¿Puedes imaginar un modo mejor de ser cristiano? Afortunadamente en torno a nosotros hay algunos que sí, son esos hombres y mujeres que están transformando las cosas alrededor, aquellos que mantienen la llama de la esperanza en los corazones. Si quieres descubrirlos no los encontrarás “dándose la gran vida” sino dando su vida grandemente al servicio de los demás, ¿por qué lo hacen? Ellos experimentan la tranquilidad de ser poseedores de una alegría que no se acaba, pues su fuente es el inagotable amor de Dios y su panorama el horizonte fascinante del Evangelio.

Al leer estas líneas, te invito a que recuerdes los relatos que te han contado sobre el día de tu bautismo, las fotos en donde apareces tú junto con familiares, padrinos y amigos, date cuenta que tu vida ha sido tocada por Dios, que Él ha pronunciado tu nombre, te ha hecho su hijo o hija muy amada, ha salido a tu encuentro.

Y no hace falta que pienses ni en el bien que has hecho, ni en el mal cometido, basta que te abras a la presencia de Dios que lo abarca todo y percibas como hay una luz interior que resplandece en ti cuando reconoces su presencia.

Responder a Dios en la vida es una gracia maravillosa, pues nos permite ser salvados, esto es importante, ya que solo por medio de la amistad con el Señor, como lo dice el Papa Francisco: “somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad; llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero” (Evangelii Gaudium, 8). 

Aceptar la llamada de Cristo es emprender un camino hacia una humanidad plena, pues el ser humano solo con la gracia es que puede realizar actos de amor extraordinarios, al igual que transformar las obras sencillas en portentosas.

No podemos ser ingenuos en pensar que delante de este proyecto de Dios para nosotros no habrá obstáculos. Todos los relatos iniciales de los cuatro Evangelios nos narran, de un modo u otro, como la presencia de Cristo en este mundo es incómoda tanto para personajes poderosos como Herodes, que le persiguieron sin importar sacrificar vidas inocentes, como para la gente común que no le brinda alojo donde nacer “Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron” (Jn, 11). Sin duda, todos ellos instigados en lo más profundo por el Enemigo, pues sabe que el Señor, así como sus discípulos, harán que los demonios se sujeten en su nombre y a él lo verán caer del cielo como un rayo (Cfr. Lc 10, 8).

De esto modo podemos palpar lo crucial del compromiso que tenemos como cristianos y la relevancia de la obra evangelizadora; nuestra misión no es el anuncio de palabras dulces o ideas bellas, sino la participación en un proyecto de instauración del Reino de Dios en cada una de las personas, es una lucha contra el poder de las tinieblas que si bien ya vencido por Cristo, continúa astutamente arremetiendo contra nosotros.

Las problemáticas de salud, económicas, sociales, ecológicas y espirituales en las que nos encontramos, son una oportunidad para despertar del sueño, de una vida que se nos ha vendido como dedicada al propio contento, entendiendo este como el pasarlo bien o disfrutar del momento. Este tiempo es momento para hombres y mujeres valientes que, con la cruz de Cristo en cuello, apuesten por una vida significativa y virtuosa, esa que por el bien de sus hermanos es capaz de sacrificar lo propio y darse a sí mismo por una causa más alta, la causa del Reino.

Es tiempo de cristianos: laicos, religiosos y sacerdotes, que con responsabilidad y prudencia reformen y no simplemente destruyan o exploten las estructuras que dan identidad y cohesión a las diversas instituciones y la sociedad. Es ocasión de revalorar y defender las raíces que han forjado nuestro semblante como creyentes y como nación, de hacer memoria histórica, de recuperar el concepto de verdad, de cuidar los pequeños, de favorecer un diálogo cara a cara entre amigos y contrarios, del cultivo de la sabiduría, de rescatar el sentido del bello, de lo sublime, es tiempo de orar y de hacer realidad todo esto amando como el Señor nos ha amado.

Al final, el cristiano en lo cotidiano está llamado a ser como el buen samaritano, que después de hacer el bien “se fue” sin esperar reconocimientos ni gratitudes. La entrega al servicio era la gran satisfacción frente a su Dios y a su vida, y por eso, un deber. Todos tenemos responsabilidad sobre el herido que es el pueblo mismo y todos los pueblos de la tierra. Cuidemos la fragilidad de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada anciano, con esa actitud solidaria y atenta, la actitud de proximidad del buen samaritano”( Fratelli Tutti, 70).

Todos tenemos un momento en que la puerta a esa vida radical se nos abre y depende de nosotros entrar, todos recibimos esa invitación, pero no siempre se tiene la valentía.  Pero la puerta sigue ahí, esperando y la voz de Dios firmemente llamando, ¿y si te atreves a entrar?

 

Pbro. José Francisco Gallardo Viera.

04 Jul 2021

BONO POR LAS VOCACIONES

COMPRADORES

1° Premio $200,000

Número de Boleto: 10644

Nombre del Ganador: Dora María

 

2° Premio $100,000

Número de Boleto:  12797

Nombre del Ganador:  Juana María

 

3° Premio $50,000

Número de Boleto: 01810

Nombre del Ganador: Ana María

 

4° Premio $30,000

Número de Boleto: 12032

Nombre del Ganador: Rubí

 

5° Premio $15,000

Número de Boleto: 08073

Nombre del Ganador: Juan Carlos

 

6° Premio $10,000

Número de Boleto: 14851

Nombre del Ganador: Eva Rosalinda

 

7° Premio $10,000

Número de Boleto: 07753

Nombre del Ganador: Elsa

 

8° Premio $10,000

Número de Boleto: 10630

Nombre del Ganador: Raúl

 

9° Premio $10,000

Número de Boleto: 08492

Nombre del Ganador: José

 

COLABORADORES

1° Premio $50,000

Número de Boleto: 10644

Nombre del Ganador: Oscar

 

2° Premio $40,000

Número de Boleto:  12797

Nombre del Ganador: Juana María

 

3° Premio $30,000

Número de Boleto: 01810

Nombre del Ganador: Isabel

 

4° Premio $15,000

Número de Boleto: 12032

Nombre del Ganador: Rubí

 

5° Premio $10,000

Número de Boleto: 08073

Nombre del Ganador: María Trinidad

 

6° Premio $5,000

Número de Boleto: 14851

Nombre del Ganador: Eva

 

7° Premio $5,000

Número de Boleto: 07753

Nombre del Ganador: Elsa

 

8° Premio $5,000

Número de Boleto: 10630

Nombre del Ganador: Gloria

 

9° Premio $5,000

Número de Boleto: 08492

Nombre del Ganador: Ma. Del Roble

 

 

 

02 Jul 2021

HELLO! 1

El cristiano llena a Dios de preguntas y busca muchas respuestas; por su parte, Dios llena al cristiano de invitaciones y solo espera una respuesta: Sí.

Recuerdo que en el Episodio 4 de la Temporada 1 de la serie “The Chosen” hay una escena que representa el llamado que Jesús le hace a Pedro cuando afrontaba una dificultad para pescar. Pedro, después de darse cuenta que los rumores eran ciertos acerca de Jesús, y ver que realmente Él es el Mesías, cae de rodillas a sus pies y le pide que se aleje porque es un pecador, se presenta como tal; le dice: no sabes quién soy y las cosas que he hecho. Pide perdón por su falta de fe y le pregunta: ¿Qué quieres de mí? Lo que quieras, lo que me pidas, lo haré. Pedro anteriormente había pedido tanto de Dios, se había decepcionado y desconfiado de Él, le exigía tantas cosas; pero Jesús, sin juzgarlo por todo aquello que Pedro dice, únicamente le hace una invitación (una petición): «sígueme». Pedro dice: Lo haré (No pone ningún “pero”).

Esa sencillez de Jesús es tanta que rompe nuestros esquemas, nuestras dudas, nuestros planes tan elaborados y meticulosos, nuestras expectativas, nuestros anhelos, nuestro estilo de vida; Una invitación tan simple y tan llena de sorpresas, emprender un camino con Él, atreverse a vivir una nueva vida. Así es como cada día al despertar nos invita a levantarnos y nos vuelve a decir: ¡sígueme! Y las respuestas solo pueden ser: sí o no.

Es el llamado de alguien por quien generaciones esperaban, por quien oraban y pedían que llegara a salvarlos, que generaciones han proclamado, que generaciones se han atrevido a seguir, por quien muchos han cuestionado, por quien muchos esperamos. Mañana, al despertar, y al siguiente día, y al siguiente… ¿cuál será tu respuesta a la única petición (tan llena de sentido) que Jesús te hace? Sígueme: Sí/No.

 

Oscar Valdez Huerta | 2do. de Filosofía

Revista San Teófimo No. 154

25 Jun 2021

HELLO! 1

Vivir sin compartir es como vivir sin vivir, porque cuando algo realmente bueno se encuentra, se comparte. No se necesitan fórmulas muy elaboradas para dar lo que se recibe; lo valioso, brilla sin necesidad de adornos, pues el que ama quiere el bien de los demás. El cristiano que tiene a Dios por amigo siente en su corazón la necesidad de llevar esa dicha a los que se encuentra por el camino, tal como los discípulos cuando salieron de dos en dos y proclamaron la alegría de ser llamados, compartieron ese querer estar con el Maestro.

De igual manera, en el tiempo actual se manifiestan esos signos del amor que fluye hacia cada comunidad o parroquia en donde se celebra la fe. Porque Dios escucha la voz de su pueblo y atiende a sus oraciones, Él envía a sus colaboradores para que compartan la vida, la fe y la esperanza de una vida plena a través del amor hacia el prójimo.

El apóstol, aquel que es enviado a proclamar el Evangelio, se vuelve mensajero de todos los tiempos y no por ello cambia el mensaje. Aunque sea diferente el pensamiento de los hombres a través de las épocas, sólo se modifica la forma en que se presenta, los medios que se usan son diversos, pero el contenido permanece: ¡Cristo murió y resucitó para dar vida verdadera a todos los hombres! ¡Él vino para que el mundo tenga vida en abundancia!

Cuando Jesús anduvo caminando por Galilea y Jerusalén la gente se reunía en las sinagogas, las plazas o en el campo para escuchar la enseñanza de Cristo. En los tiempos actuales (siglo XXI), es diferente la forma en la que se distribuye el mismo mensaje de amor, más aún cuando la comunicación ordinaria se limita y las personas se ven en la necesidad de utilizar medios tales como: televisión, internet (video llamadas, transmisiones en vivo, etc.). Una envoltura diferente, un contenido permanente.

El alma tendrá siempre hambre y sed de Aquél que le creó, los problemas o la enfermedad que se lleguen a presentar al cristiano no podrán detener su necesidad de Dios. El hombre necesita del agua viva que es Cristo, la vida de fe no se detiene, sólo encuentra otros caminos, se abre paso entre las vicisitudes y, como un riachuelo, crea nuevos caminos para empapar la tierra y hacerla florecer.

He visto dentro del apostolado presencial y ahora virtual, la misma sed de Dios, ese anhelo de vivir de verdad, de ser pleno y avanzar en santidad. Lo iniciado por nuestro creador es verdadero y perfecto; pues, quién hay que le diga a Dios: “tu pensamiento no es correcto” (cfr. Ez 18, 25), mejor como San Martín Caballero dice: “Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo, hágase tu voluntad”.

Al principio de este camino “virtual” experimenté –como algunos— una resistencia interna a los medios de transmisión masiva, resultado de mi desconocimiento. Pero ahora, me son de buena ayuda para estos tiempos excepcionales. Porque, de cualquier manera se ha de manifestar el amor verdadero que fluye por doquier, que los obstáculos son sólo escalones para ir hacia la única meta por la cual el cristiano lleno de fe quiere gastar la vida, con Jesucristo, el verdadero Dios por quien se vive.

 

Mauro Villegas Barboza | 3° de Filosofía

Revista San Teófimo No. 154

18 Jun 2021

HELLO! 1

Los profetas, a semejanza de los líderes que buscan un bien común, son los hombres de la Palabra, aquellos que escuchan con atención el mensaje del Señor y lo transmiten con claridad; están seguros de lo que comunican, pues lo recibe de inspiración de Dios y busca el bien del pueblo, y no los intereses propios.

Vemos la misma acción de parte de Dios, que impulsa en la realidad actual a su pueblo. Durante este tiempo, hemos podido ver a tantos hermanos nuestros, científicos, políticos, o líderes económicos que han buscado soluciones a la situación de contingencia que actualmente vivimos y ya todos conocemos. Han sacrificado tiempo, esfuerzo, trabajo, salud e inclusive lo más sagrado y preciado, la propia familia, para atender a millones de enfermos, algunos desde casa, otros en los hospitales y centros de asistencia social, etc.  También se ha trabajado en conjunto para buscar una cura o tratamiento contra este virus que amenaza la salud y el bienestar del ser humano. Por otra parte, hemos podido darnos cuenta de la creatividad de muchas personas, algunas muy optimistas con la capacidad de alentar y animar a la ciudadanía en los momentos difíciles, de crisis, soledad; podemos decir que se ha despertado el espíritu de solidaridad, esperanza y corresponsabilidad. Hemos sentido la sabiduría del Espíritu Santo, que ha conducido a muchos líderes en busca del bien común.

Es una pena que también durante este tiempo hemos descubierto, cómo las fuerzas del mal actúan en personas abusivas, en líderes que no toman conciencia y se aprovechan de la situación actual para manipular, para obtener logros personales y dañar a los más necesitados. Ante esto, es importante que tengamos los ojos bien abiertos y orar, para que el Señor suscite la conversión de estos hermanos y el mundo cambie de dirección. Es importante que de este tiempo de pandemia obtengamos una enseñanza desde una mirada de fe y escuchemos la voz de Dios que nos habla e invita a contemplar a Jesús como el profeta que sana, salva y todo lo hace bien. Recordemos que Jesús, nuestro gran Maestro se acerca al enfermo, y sin miedo le restituye a la sociedad, le devuelve la dignidad perdida y le pide que construya un mundo mejor.

El Papa Francisco nos ha recalcado que ya nos acostumbramos a vivir en una sociedad enferma y es tiempo de construir una realidad más limpia, no tan contaminada, es tiempo de contagiar el amor. Ojalá que este tiempo en el que seguimos en casa y estamos retomando poco a poco nuestra vida ordinaria nos ayude a volvernos más humanos. Dejemos de pensar en nosotros mismos y comencemos a colaborar unos con otros en los diferentes ambientes, para lograr un cambio positivo en nuestra sociedad.

Pidámosle al Señor que, por intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de los Profetas, aquella que sigue ejerciendo esa misión para con los hijos que le fueron confiados al pie de la Cruz, podamos crear un mundo mejor y más humano.

 

Jesús Emmanuel Garza Torres | 2do. de Filosofía

Revista San Teófimo No. 154

23 Abr 2021

Hola, mi nombre es Carlos Felipe y estoy cursando actualmente tercero de Filosofía. En este año escolar los padres formadores me han encargado la coordinación de la fiesta del Instituto de Filosofía en honor a nuestro patrono san José, hombre justo a quien Dios confió la educación de su hijo Jesús nuestro Señor.

La fiesta se volvió un reto por las implicaciones que esta conlleva y a causa de la pandemia surge un nuevo modo de vivir la fiesta. También para mí es un reto tener una buena y clara comunicación con mis compañeros de trabajo, sobre todo para trasmitir el mensaje y las virtudes que tiene nuestro santo patrono.

Tenemos ya varios meses planeando la fiesta, proponiendo ideas y modificando otras con la ayuda de los formadores del Instituto de Filosofía. El día de hoy iniciamos el novenario y en lo personal, estoy nervioso; ya que este cargo de coordinar, sin duda alguna, es un parte aguas en mi formación y una gran oportunidad para crecer como persona, saber controlar mis emociones y ser más organizado.

La fiesta patronal de San José es un momento en el cual se propicia espacios de convivencia fraterna entre el futuro presbiterio, creando lazos de amistad y hermandad que no solo se viven por medio de charlar, sino también a través del deporte, de la espiritualidad y las conferencias que escuchamos. Por eso trato de dar todo de mí, para vivir plenamente junto con mis hermanos este momento tan especial como corazón de la diócesis, como jóvenes y adultos que anhelan configurar su corazón con el Buen Pastor.

 

Carlos Felipe Rodríguez Palacios

Seminarista | 3ero de Filosofía

16 Abr 2021

HELLO! 1

Este año no efectuamos las tradicionales misiones de Semana Santa, el motivo, no muy grato, fueron las restricciones de movilidad que se han impuesto. No puedo decir por ello que la consecuencia fue lamentable, todo lo contrario: se nos permitió estar en casa de nuestros padres y a medida de lo posible, colaborar con nuestra comunidad de origen. En mi caso; Cristo Rey de la Paz, en Guadalupe.

Hace seis años que no vivía una Pascua en la parroquia que pertenezco; me vienen a la memoria las caminatas en la mañana rumbo a la “Mirasol”, ahí casi llegando a Eloy Cavazos (con frecuencia nos prestaban un lugar en esa colonia para el evento con los niños de catecismo), recuerdo cierta ocasión que tuvimos que trasladar un cuadro del resucitado, desde la capilla Sta. María Niña -ubicada en Av. Las Torres; ahora famosa porque conecta fluidamente con el estadio de Rayados (yo todavía la visualizo como un monte cortado por el río la Silla)- no conseguimos transporte así que la cargamos cual pípila abriéndose paso en plena batalla, y aunque no había balas que amenazaran nuestras vidas o algo que las pusiera en riesgo, el cielo se nubló como exigiendo un carácter épico. Y cantamos. “Jesús mismo cargó hasta la cruz nuestros pecados”. Todo el camino el mismo canto, éramos dos catequistas que por talento musical nunca nos habrían aceptado en algún coro, por muy necesitado de integrantes que estuvieran. En fin, podía recordar todo el sentimiento de estar con los míos, por un asunto -que sin balas o amenazas- resultaba vital… “y fue herido para que nosotros fuéramos salvados”.

Ahora ese sentimiento se plasmaba atrás de una pantalla, reuniones virtuales con temas a distancia (la pastoral juvenil se animó a ofrecer unas misiones de este tipo) y celebraciones litúrgicas en un templo con cupo restringido (un aforo del 40%, aprox.), el servicio al altar también se encontraba limitado (es una realidad que una porción de la gente no asiste porque ya se mal acostumbró a ello y no tanto por cuestión de prevenir aglomeraciones); dobletear lecturas, improvisar acciones o recursos, y una cámara intentando captar todo para la transmisión por Facebook (otra realidad es que un sector espera con ansias poder incorporarse presencialmente al ritmo eclesial). “Y volvimos por su gran amor al redil del buen Pastor”.

No pretendo dar una tonalidad melancólica a este escrito, el sentimiento de estar con los míos por un asunto vital perdura. Pero es sorprendente cómo se van desarrollando las cosas… el año pasado viví la Pascua en casa, frente al Canal Digital de la Arquidiócesis, este año pude pasar tiempo con la comunidad parroquial y las transmisiones eran desde su propia página. El ritmo comienza a retomarse después de una sacudida que nos mostró nuestra fragilidad, pero también se hace patente que Dios no nos abandona. “Salvos somos por su misericordia y su pasión”.

Comprender la fragilidad y experimentarla, provoca un cambio radical en la existencia de la persona. Eso fue lo que aconteció, Cristo y la transformación que ofrece a nuestra vida es una esperanza maravillosa. Tal vez debí hablar de la manera en que experimenté lo frágil, estoy casi seguro de que todo el que esté leyendo esto sufrió en estas dos pascuas alguna pérdida (un ser querido, un trabajo, una condición), pero quería enfocarme en cómo se van desarrollando las cosas a la luz de la esperanza brindada con la resurrección; el cielo está nublado y nos exige un carácter épico. Estamos con los nuestros, somos Iglesia -la familia de Cristo- ¿qué vendrá para el próximo año? ¿qué se irá? ¿bajo cuáles condiciones tendremos que celebrar la pascua 2022? No lo sé, el panorama es incierto pero lleno de esperanza. Cantemos. “Cristo yo te suplico, escúchame”.

 

Isaac Arguello Cepeda

Seminarista | 1ero. De Teología

26 Mar 2021

HELLO! 1

Los santos son personas como tú y como yo, que durante su estancia aquí en la tierra tuvieron un encuentro que marcó sus vidas, vivieron un acontecimiento que los inclinó a dar una respuesta a Dios y que, al morir, llegaron a conseguir la felicidad eterna; en otras palabras, llegaron al cielo.

Muchos de nosotros hemos pensado en más de una ocasión que los santos son los que están representados en imágenes en los altares de nuestras parroquias y conmemoramos sus fiestas durante el año, pero no es así. Los santos son aquellos que en su vida lucharon por alcanzar el máximo regalo, el mejor de los destinos. Como nos decía el Papa San Juan Pablo II, son todos aquellos que dieron un “sí” a Dios.

Hubo algunos santos que desde muy pequeños fueron forjando una amistad con Jesús, era para ellos el centro de su vida; tal es el caso de Santa Teresa de Lisieux, Santo Domingo Savio, los pastorcitos de Fátima, entre otros; pero también otros que ya tenían un largo camino recorrido cuando el Señor salió a su encuentro, pero la invitación es la misma, el Señor sabe el momento perfecto de nuestra vida para tocar nuestro corazón y sembrar la semilla de la vocación a la santidad.

Al leer algunas vidas de santos, podremos percatarnos que muchos de ellos pasaron algunas carencias, dificultades, dudas, tribulaciones durante su caminar. Podríamos llegar a pensar que la santidad tiene que doler… ¡Pero no es necesario! Lo que realmente importa es que ellos llevaron su dificultad con alegría, entendiendo que ese era parte del plan de Dios y confiaron plenamente en Él, y por eso son para nosotros ejemplos de vida y modelos de seguimiento del Señor.

Dios sigue llamando a la aventura de la santidad, a contemplarlo eternamente en el cielo y gozar de su compañía, no le importa nuestra condición, nuestros defectos, nuestras limitaciones; sólo una cosa nos pide, un corazón sencillo y dispuesto a amar y una pasión por Él.

Señor, tú que nos llamas a seguirte en medio de pruebas, dificultades y miedos, guíanos por tus sendas, y condúcenos hasta ti, que eres fuente de toda santidad. Con tu gracia lo podemos lograr.

 

Jesús Emmanuel Garza Torres.

Seminarista | 2do de Filosofía

19 Mar 2021

HELLO! 1

El inicio de la primavera trae consigo la sensación de la renovación de toda la vida. Al observar cómo la naturaleza vuelve a conseguir sus verdes colores, llenan el alma del hombre de alegría, en contraposición al color gris del invierno. Hay una dinámica interna en el hombre que le hace apreciar de forma distinta los hechos con los que convive diariamente en la rutina, le hace ver las cosas de una forma nueva y con sentido completo. ¿Cuántas veces no hemos padecido, aunque sea mínimamente, la falta de sentido en nuestra vida? ¿Y cuántas más, con mayor fuerza, la alegría invade nuestro corazón?

Se ha iniciado el proyecto «Noches de Sol», un proyecto del Seminario para los jóvenes, que tiene por objetivo encender el corazón por medio de la música católica. Será un tiempo especial, en el que seminaristas, artistas y jóvenes cantores, espectadores y muchos más, puedan encontrarse para expresar de viva voz la alegría del Evangelio y de la salvación de Cristo.

Concretamente «Noches de Sol» es un concurso de cantos católicos acompañados por el Seminario de Monterrey, con tres finalidades: el encuentro, la manifestación de carismas que hay en nuestra Iglesia y el discernimiento vocacional.

El encuentro se realiza por medio de las redes sociales, donde seminaristas, personajes importantes de la actualidad, artistas y jóvenes de la Arquidiócesis estaremos en comunicación por medio de transmisiones en vivo, dinámicas de votación, comentarios y, ante todo, en la oración.  En cuanto a la manifestación de carismas, es muy notable que nuestra Iglesia tiene abundancia de talentos para el servicio del pueblo de Dios y del prójimo. El canto no es la excepción.

Un concurso de canto católico hará patente aquellos dones y carismas musicales que tenemos en nuestra Iglesia para que, a la vez, toda la Iglesia de Monterrey pueda contemplarlos y disfrutarlos en un encuentro fraterno. Por último, la finalidad esencial de este proyecto radica en la motivación y apoyo para el discernimiento vocacional en los jóvenes. En este sentido, hay que aclarar que la vocación no se reduce a la decisión de entrar a un Seminario o alguna casa de formación para la vida consagrada; sino que la vocación es un llamado que hace Dios al hombre para darle sentido a nuestra vida y a todo nuestro existir. Ella responde a las inquietantes más importantes de la vida ¿Quién soy? ¿para quién soy ¿a dónde voy? ¿por qué yo?

El modo de realizar el concurso de «Noches de Sol» será por medio de una inscripción en línea. Tanto las bases como el formato de inscripción están publicadas en las redes sociales del Seminario de Monterrey. Una vez inscritos los participantes se les enviaran indicaciones para comenzar con la primera selección a través de un video musical.

Aunque el concurso del canto vocacional es la médula espinal de este proyecto, toda la actividad gira en torno a los contenidos vocacionales que toman una directriz concreta a través del llamado, la libertad, el amor, la responsabilidad, y la misión.

Creo que «Noches de Sol» será una de las más importantes formas para lograr una comunicación real del Seminario de Monterrey con los jóvenes e interesados en este ámbito musical y vocacional de nuestra Iglesia. Existe un fuerte trabajo de fondo que evita realizar un proyecto vacío, sino que pueda incidir efectivamente en el corazón de los jóvenes.

«Noches de Sol» será una luz en medio de la oscuridad que hará sentir el calor interno de la esperanza en una fría y larga noche que se está viviendo en todo el mundo y también en nuestra Arquidiócesis.

 

Sergio Mendoza González

Seminarista

3ero de Filosofía