20 Jun 2020

HELLO! 1

Nos remontamos al principio de la historia, en donde Cristo hace palpitar los corazones cansados y afligidos, en busca de ese amor faltante en sus vidas. Jesucristo es quien viene a derramar toda su gracia a este mundo para nuestra salvación, y es hasta el punto de la Cruz donde lo hace culmen, donde su costado es traspasado, y su sangre es derramada como bendición. ¿Qué más podemos pedir? Su amor es mejor que todo lo que tenemos en nuestra vida.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús existe desde el principio de la cristiandad, pero es hasta el siglo XVII cuando Jesús pide a Santa Margarita María Alacoque que se establezca una fecha específica para su celebración, y a raíz de sus revelaciones en junio del año 1675, se estableció precisamente en este mes, celebrándose específicamente el viernes posterior a la Solemnidad de Corpus Christi. Es decidido así debido a la gran cantidad de personas que desagradaban y mostraban ingratitud ante el gran milagro del Cuerpo y la Sangre de Cristo entregada por amor para nuestra salvación. Por lo tanto, esta devoción es principalmente de reparación ante las injurias a la Santa Eucaristía.

Junto a Jesús se encuentra María, por esto mismo, podemos encontrar en el calendario litúrgico la celebración del Inmaculado Corazón de María el día siguiente a la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Esta devoción mariana surge como resultado de la gran influencia espiritual de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús que fue promovida por San Juan Eudes y esta festividad de la Virgen María está íntimamente unida a Jesús, porque nos dirige a Él.

Así pues, ante estas celebraciones que hemos vivido, digámosle desde nuestro interior al Señor ¡te amo con todo mi corazón! Te entrego toda mi vida y mi ser, ayúdame a valorar cada momento que paso ante tu presencia, permite Señor que mi vida se una a la tuya. Cuestiónate también, ¿qué tanto he recurrido a la Eucaristía?, ¿he tenido un encuentro vivo con el Señor?, ¿lo he buscado en estos tiempos de contingencia e incertidumbre? Son muchas las cosas que nos pueden distraer, pero somos nosotros los que decidimos traer a Jesús a nuestro hogar, por eso es importante recordar que somos parte también de una iglesia doméstica, y que Él está con nosotros en nuestra casa.

Por lo tanto, es conveniente que nos informemos más sobre esta devoción que nos ofrece grandes riquezas espirituales que nos ayudan a alcanzar el cielo. Por eso te invito a realizar el siguiente quiz para que te des cuenta cuanto sabes de ella.

19 Jun 2020

HELLO! 1

Sin duda alguna, el pasaje del peregrino de Emaús es uno de los más bellos y significativos del evangelio de San Lucas, pues es muy semejante a lo que la Iglesia experimenta diariamente, el dolor, la soledad, la angustia; pero después de encontrarse con Cristo todo cambia a alegría, confianza y seguridad.

Desde hace ya varios días, hemos emprendido un caminar con algunas comunidades de nuestra Iglesia local, especialmente con los jóvenes. Ha sido una experiencia muy enriquecedora de misión de verano, pues es un compartir mutuo sobre lo vivido en estos días y cómo hemos descubierto a Dios en la adversidad.

Podría parecer difícil, y a la vez algo extraño el pensar: ¿Cómo podremos misionar en tiempos de contingencia? Como Iglesia no podemos quedarnos con los brazos cruzados, tenemos que trabajar por el Reino de Dios. Por eso saldremos al encuentro de sus hijos, partiremos con ellos hacía Emaús, hacia ese lugar al que todos anhelamos llegar, hacia esa tierra prometida, donde descubriremos al Señor en los acontecimientos del ordinario.

El primer paso de esta misión, es el unirse a la peregrinación; la Iglesia está en marcha; aún en tiempos de pandemia, sigue caminando, no podemos entorpecer ese camino ni mucho menos hacerlos ir por otro. Tenemos que unirnos a ese camino y entender poco a poco el por qué ir hacia allá.

En un segundo momento, después de haber entendido un poco el rumbo de los peregrinos, compartiremos lo que hay en el corazón, aquellas palabras de esperanza: “ánimo”. “¡Dios está con nosotros!”. Pues en el rostro de las personas pareciera haber miedo, incertidumbre.

Y por último, al llegar a Emaús, a lo más íntimo para nosotros, dejaremos que ese peregrino entre con nosotros, pues su rostro nos es familiar, sus palabras nos han devuelto la vida, nos han sanado, han cambiado nuestro luto en alegría; y es ahí, en lo más íntimo del corazón, en lo más profundo de nuestro ser, donde lo encontraremos y descubriremos. No solo al fraccionar el pan, no solo en los momentos de felicidad y gozo, sino en todo, pues Dios ha visitado, ha entrado y se ha querido quedar en mi casa, en mi vida.

Ahora más que nunca, como los discípulos de Emaús, queremos como Iglesia, anunciar a todos que verdaderamente el Señor está con nosotros, nos ha visitado, lo hemos descubierto y no hay por qué temer.

La Iglesia está y seguirá en marcha pues Cristo camina con nosotros. Gracias Señor por quedarte en nuestras vidas.

Jesús Emmanuel Garza Torres
1ero. de Filosofía

16 Jun 2020

HELLO! 1

No cabe duda que el Señor nos ama infinitamente, Él es conocedor de toda la historia humana, Él es el Creador y fundador de ella, pero al darnos libertad, no obliga de manera directa a que estemos destinados a un solo camino. Es por esto que en la historia de la salvación Dios envía a ciertas personas para que volvamos a Él. Jesús fue este gran culmen que nos dejó Dios, para que supiéramos que Él nos ama sin ninguna condición, entregando su cuerpo y derramando su sangre en la cruz, que hoy se hace presentes en las especies de Pan y Vino, en la Eucaristía.

Ya hace algunos días estuvimos celebrando la solemnidad de Corpus Christi (Fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesús) en donde recordamos que Cristo se entregó por nuestra salvación. Jesús reunido con sus apóstoles en la última cena instituyó el sacramento de la Eucaristía: “Tomen y coman; esto es mi cuerpo…” (Mt, 26, 26-28). De esta manera hizo partícipes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que hicieran lo mismo en memoria suya.

Grandes regalos son los que nos deja, la Eucaristía es una de ellas, pero para que esta celebración pueda hacerse posible dejó la institución sacerdotal. En donde contemplamos el más grande milagro, ya no es solamente pan, ahora es Cristo mismo que se hace presente entre nosotros, y como cristianos estamos en espera de su segunda venida gloriosa.

En la Santa Misa, los sacerdotes convierten realmente el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo durante la consagración; esto es llamado transubstanciación (CEC 1375-1376). Cambia la substancia del pan, que no es ya más pan; sino el Cuerpo Resucitado de Jesús, y lo mismo sucede con el vino. Y gracias a la sucesión Apostólica, Cristo se hace presente, ya no es el sacerdote quien hace esta conversión, es Jesús mismo quien actúa en ellos. Y gracias a esto podemos contemplar, adorar y recibir a Jesús hecho pan.

Damos gracias a Dios por todo su amor e infinita misericordia hacia toda la humanidad. Nosotros como hijos de un mismo Padre, ¿qué es lo que hacemos para tener un mejor encuentro con Él?, ¿nos esforzamos por vivir el mandato del amor? Reconozcamos que Él está con nosotros en todo momento, pero ¿nosotros estamos siempre con Él? Por eso, te invito a contestar este pequeño Quiz para que averigües qué tanto conoces de este tema del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Manuel de Jesús García Ramos
1ero. de Filosofía

12 Jun 2020

HELLO! 1

De las pandemias que ha sufrido la humanidad, la Iglesia ha sido testigo en la historia, no sólo como esa vieja espectadora de los hechos; sino como madre que sufre con sus hijos. Muchos de sus santos se han desgastado en las pestes que han azotado al mundo, como san Luis Gonzaga o san Juan de Dios.

Hoy, el mundo entero enfrenta esta herida y la Iglesia está allí, cargando la cruz con sus hijos y siendo signo de esperanza y de consuelo.

Con el comienzo de esta pandemia las cosas cambiaron, los templos se vaciaron, los grupos parroquiales dejaron de juntarse, la forma de ir a catecismo cambió, incluso la forma de participar en la misa. Todo con tal de cuidar, especialmente, a los más vulnerables: los niños, los ancianos.

Esta nueva realidad nos ha recordado algo. Que la Iglesia está más viva que nunca, y este tiempo ha servido para que broten los sentimientos más genuinos de piedad y solidaridad. Motiva saber que las familias se congregan para mirar por la TV la Eucaristía o por alguna red social. Anima el que los grupos apostólicos hayan hecho de la tecnología su aliada, para no detener su crecimiento en la fe. Miles de sacerdotes trasmiten la Eucaristía, otros participan en Horas Santas o dando temas de formación, y nuestro Señor Sacramentado ha salido a las calles para bendecir.

La Iglesia se adapta a estos nuevos tiempos y no sólo se ha quedado en la parte del discurso o la formativa, tampoco en lo litúrgico, ¡no! Ella misma asume aquello mismo que el Señor les dijo a sus apóstoles en el monte: “denles ustedes de comer”.

Cáritas, por ejemplo, ha sido para miles de hogares la mano providente que ha atendido sus necesidades. El Seminario de Monterrey hace de su misión de verano, una “misión de esperanza”, enviando a sus seminaristas a animar, acompañar y compartir la fe, en todas sus redes sociales; junto con Cáritas de Monterrey, la Pastoral Juvenil, La Pastoral Vocacional, y la Vicaría de Pastoral con la Misión COVID.

La Iglesia sabe que el anuncio del Reino es integral, y la esperanza que se comparte es una esperanza fundada en la fe y en la caridad. No sólo predica; sino que actúa en silencio, discretamente, llegando a donde tiene que llegar, sin luces ni reflectores.

Mario Alberto de Luna Guevara
2do. de Filosofía

09 Jun 2020

HELLO! 1

No cabe duda que la vida da muchas vueltas y siempre nos sorprende repentinamente; en ocasiones podemos tener muchos planes, actividades, proyectos, etc.; pero siempre es Dios quien tiene la última palabra.

Hace ya más de tres meses que nuestros días ordinarios se volvieron extraordinarios, dejamos tal vez muchas cosas que para nosotros eran importantes y valiosas, como por ejemplo, la Santa Misa, las horas santas, la espiritualidad comunitaria, el apostolado, las clases entre muchas otras cosas; pero hemos encontrado y reconocido algo que teníamos olvidado: la Iglesia doméstica.

Desde el día que salimos de nuestra casa común para iniciar el confinamiento en casa de nuestras familias, nos parecía difícil lo que se venía, nos sentíamos solos, desamparados, angustiados, al igual que muchas otras personas; iniciábamos un nuevo caminar e íbamos preguntándonos por el camino: ¿Qué seguirá?, ¿Cuándo volveremos a la normalidad?, y fue precisamente en ese momento en el que alguien especial se unió a nosotros. Ya era muy conocido por todos, en ocasiones habíamos platicado con Él, inclusive, nos ha acompañado algunas otras veces, pero en esta ocasión, se hizo el encontradizo.

Entre muchas actividades en casa, como el pintar las paredes, ayudar en las labores de la cocina y los mandados, los momentos de convivencia en la hora de la comida, sentíamos como esa presencia nos era familiar, nos daba una esperanza grande, y sobretodo, veíamos en el a alguien que nos amaba de corazón y nos unía como familia en su amor.

Sí, era Él, que venía a visitarnos y a quedarse con nosotros, no solo un rato, sino para siempre, porque así como nos dijo una vez: “Con amor eterno te he amado” (Jer 31,3), así es su fidelidad, eterna. Este gran regalo de su presencia en este tiempo es algo que no podremos olvidar jamás, pues ha salido a nuestro encuentro, ha venido a darnos su amor y sobretodo ha venido a unirnos más en su amor.

Nosotros somos testigos de las cosas maravillosas que ha hecho y sigue haciendo.Gracias Jesús por tu cercanía ayer, hoy y siempre; te pedimos que nos ayudes a saber reconocerte en todos los acontecimientos de la vida, y que a ejemplo tuyo sepamos también acompañar a muchos otros hermanos que aún siguen caminando y no te han encontrado.

Jesús Emmanuel Garza Torres
1º. de Filosofía

05 Jun 2020

Como cada año, el mes de Junio es mes de misiones. Por ello, los seminaristas salimos al encuentro con la comunidad para evangelizar, como parte nuestra formación pastoral.

Este año, en comunión con la Pastoral Juvenil, la Pastoral Vocacional, Cáritas de Monterrey y la Vicaría de Pastoral con la Misión COVID, uniremos esfuerzos para acompañar a la comunidad, de manera especial a los jóvenes de nuestra Arquidiócesis, ante la contigencia que estamos viviendo, del 7 al 27 de Junio.

Nuestros obispos han contemplado una realidad, que necesita ser escuchada, y acompañada, por lo que la misión caminará por tres ejes:
1. Las plataformas digitales que los grupos de jóvenes tienen en nuestra Arquidiócesis, desarrollando contenido de valor para niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
2. Ayudando físicamente en algunas parroquias, donde los sacerdotes son vulnerables a la pandemia.
3. Apoyando a Cáritas de Monterrey, en los proyectos que han desarrollado para la comunidad más vulnerable de nuestra Arquidiócesis.

La crisis por la contingencia puede resultar limitante, pero vemos en ella la oportunidad de predicar el Evangelio; pues el anuncio de la Buena Nueva se da por la Gracia de Dios, no se basa en nuestras limitaciones, nuestro protagonismo, nuestras habilidades o logros.

¡Es tiempo de reavivar la esperanza! Porque llevamos un tesoro en vasijas de barro, que nos mueve a dar testimonio de Cristo Resucitado (cfr. 2Cor 4,7).

22 May 2020

HELLO! 1

La esperanza tiene que ver con el futuro, de tal manera que, cuando alguien no espera nada del futuro, no tiene esperanza. Hay, claro está, diversos tipos de esperanza, habrá quien quiere terminar sus estudios, después trabajar, tal vez formar una familia, quizá espera que vayan mejor las cosas en la familia, en el trabajo, en la salud; pero, hay una esperanza que es mayor que todos estos tipos de esperanza y que el Papa Benedicto XVI en la encíclica Spe Salvi llama: «gran esperanza», pues es una esperanza que tiene que ver con el futuro, que va más allá de está vida. Esta esperanza es un don, es decir que no la obtengo por ser muy inteligente, aunque supone la inteligencia, es la esperanza que he recibido cuando se me dio la fe en el Bautismo.

¿Cuál es esta esperanza? Es la esperanza de la vida eterna, el hombre fue creado para la vida, no para la muerte y, es la muerte justamente la que nos mata la esperanza.

Pienso en los jóvenes que sólo ven a su alrededor violencia y muerte, esto les lleva a la angustia, al sinsentido de la vida, esto les arranca la esperanza. Por eso, vamos a plantearnos una pregunta fundamental ¿Cómo suscitar la esperanza? En primer lugar hay que anunciar el evangelio, pues en él encontramos la esperanza en Cristo, y no sólo la esperanza para esta vida, sino esperanza en la vida eterna. Dice San Pablo: «Si nuestra esperanza en Cristo se limita sólo a esta vida, ¡somos las personas más dignas de compasión!» (1 Cor 15,19). Esta claro, lo específico y propio de la esperanza cristiana es la vida eterna, que Cristo con su resurrección nos ha alcanzado. Pero, ¿cómo anunciar el evangelio de manera que despierte la esperanza de aquellos que les ha sido arrebatada o que no se les ha anunciado?

La esperanza en la vida eterna, es decir, la vida plena en Dios, la que no conoce ya la muerte, no se sustrae del dolor o sufrimiento, lo asume, es más, es condición necesaria. «Los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se ha de manifestar en nosotros» (Rom 8,18). Parte del anuncio que suscita la fe, lleva implícito la cruz.

La cruz es la que da sentido a la resurrección, la muerte a la vida «el que ama su vida, la perderá; pero el que odia su vida en este mundo la guardará para la vida eterna» (Jn 12,25), la vida futura, ilumina el presente, lo hace llevadero, comprensible, le confiere un sentido. La fe cristiana es entonces fuente de esperanza, de manera que podemos decir que la crisis de esperanza es una crisis de fe, de ahí la necesidad y urgencia de anunciar el evangelio. Un texto de la encíclica Spe Salvi dice: «Quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene la vida (cf. Ef 2,12).

La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando “hasta el extremo”, “hasta el total cumplimiento” (Jn 13,1; 19,30). Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que sería propiamente la “vida”. Empieza a intuir qué quiere decir la palabra esperanza que hemos encontrado en el rito del Bautismo: de la fe se espera la “vida eterna”, la vida verdadera que, totalmente y sin amenazas, es sencillamente vida en plenitud» (Spe Salvi 27).

Pbro. Marcos Montealvo Veras
Revista San Teófimo No. 146

03 Abr 2020

HELLO! 1

Nos encontramos viviendo uno de los desafíos más fuertes de los últimos tiempos en la historia de la humanidad, han sido días de incertidumbre, de desesperanza donde a veces nuestra fe ha entrado en crisis.

Que interesante es la historia, que nos ayuda a reflexionar; es curioso que cuando el ser humano se ha sentido más capaz, más autosuficiente, es cuando se han visto las grandes pestes, las grandes epidemias. Esto debe ayudarnos hacer una profunda reflexión sobre nuestra vida, sobre nuestra existencia. Somos seres frágiles, seres de polvo, no somos tan autosuficientes ni tan capaces, no tenemos en nuestras manos el destino del mundo ni el ritmo del tiempo. Sin embargo; nada está perdido, es un tiempo de crisis que nos debe ayudar a ser más fuertes, nos debe ayudar a confiar más y a ser mejores cristianos, mejores ciudadanos y mejores católicos.

¿Por qué sentimos miedo? El miedo es un sentimiento muy natural de los seres humanos, que sale a flote cuando estamos en una situación de inseguridad o incertidumbre, pero el miedo no de predominar en aquel que cree en algo que es superior a nosotros. El que confía no teme y el que no teme camina, avanza, construye y da testimonio en tiempos de dificultad.

Estamos a unos días de iniciar la Semana Santa, el tiempo litúrgico que recuerda y actualiza los acontecimientos más importantes de nuestra redención; la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Este año todo será diferente, pero debe ser un buen momento de renovación personal y comunitario, debe despertar en nosotros el sentido de la fe y la adición a nuestra Iglesia. Este año no saldremos en procesión con ramos en nuestras manos, pero desde el interior de nuestras casas si podemos proclamar a Jesús como el rey de nuestra vida y de nuestra familia; quizá no contemplaremos el signo del lavatorio de los pies durante la misa del jueves santo, pero si podremos servir a los que viven en casa; no besaremos la cruz durante el viernes santo, pero si podremos contemplar aquella cruz que cuelga en la cabecera de nuestra cama, y ver en ella la profundidad del misterio que sigue floreciendo en nosotros los cristianos. Este año no encendernos el cirio pascual, pero si encendernos la flama de la fe, la esperanza y la caridad.

Durante estos días donde somos sacudidos por una fuerte tormenta, acudamos a los pies del maestro y pidamos su ayuda y su protección, para que a pesar de la tormenta que sacude la barca de nuestra existencia, encontremos la paz y la calma, y así como contemplaremos al Señor glorioso y resucitado, seamos testigos; que la muerte, la desolación o la enfermedad no tienen las última palabra. Pues la última palabra ya fue dada por Jesús con su muerte y resurrección.

Que la Virgen Santísima sea nuestro ejemplo de fortaleza y que ella nos ayude en estos momentos de adversidad. Recuerda nada está perdido, pronto vendrá la calma.

Héctor Elías Morales Montes.
2do. de Teología

20 Mar 2020

HELLO! 1

¿Estás luchando con algún pecado?
Existen pecados de los cuales parece que no podemos liberarnos, que con el paso del tiempo van generando en nosotros sentimientos de culpa y una gran desesperación; hemos orado, nos hemos acercado a los sacramentos, y sin embargo siguen ahí, no podemos librarnos de esas cadenas. Todos nosotros en algún momento de nuestra vida hemos pasado por algo así, pero no te preocupes, es algo normal, pues forma parte integral de nuestra vida espiritual. Hoy quiero presentarte un arma que es muy poderosa: El Ayuno.

Si quieres derrotar un pecado que te ha esclavizado y llenar de energía tu vida espiritual, toma la santa arma del ayuno, porque lo dijo Jesús: “hay demonios que no pueden ser expulsados sino con ayuno y oración” (Mateo 17, 21).

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia nos ha enseñado la necesidad de llevar una vida ascética. Esta práctica no es solo para los sacerdotes y los monjes, sino para todo cristiano. El ascetismo es el negarse a sí mismo con el fin de tener el propio control. Es muy necesario para todos debido a nuestras pasiones, los deseos de la carne, los cuales llamamos concupiscencia, ya que muchas veces somos llevados por estos deseos en formas en las que apenas logramos controlar.

Por medio de la gracia, podemos vencer nuestros ímpetus y vivir como hijos de Dios, exentos del pecado, ya que este nos conduce a la muerte eterna. Nos encontraremos en la libres de nuestras pasiones haciendo que mueran a través de la práctica del ascetismo, específicamente, el ayuno. El ayunar nos ayuda a someter ese potro salvaje y someterlo con una brida de auto control.
¿Y cómo puedo incluir el ayuno en mi vida?
El primer paso para ayunar es obedecer el cuarto mandamiento de la Iglesia, ayunar los Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, abstenerse de carne los viernes y observar el ayuno eucarístico (no comer o beber una hora antes de la comunión).

Ayuna del pecado
Ayunar de alimento no sirve de nada sino está acompañado de ayuno de pecado. San Basilio nos da el siguiente consejo en lo que se refiere al ayuno:
“Debemos ayunar de manera aceptable y agradable al Señor. El verdadero ayuno es alejarnos de la maldad, la templanza de la lengua, abstinencia del enojo, separación de los deseos, las calumnias, las falsedades y las injurias. Privarnos de todo esto es el verdadero ayuno.”

Incrementa tu oración
Ora para controlar tus pasiones, suplica continuamente para que la gracia de Dios fluya en tu alma, ruega por las virtudes en las que necesites madurar, y pide por la fuerza para librar la batalle espiritual.

¡Cuidado con el orgullo!
Recuerda que el ayuno es solo una herramienta, que se basa en una donación de amor para Dios y a nuestro prójimo. No lleguemos a creer que somos superiores a otros solo porque ayunamos, o pensar que el ayuno es la meta como tal. Porque el ayuno nunca es el fin, no nos hace perfectos o más espirituales que otras personas.

No olvidemos que, si desatendemos el ayuno, nuestra vida espiritual continuará siendo mediocre. Estaremos débiles en el combate de nuestras pasiones, caeremos fácilmente a la tentación. Pidámosle al Señor su gracia para ser fuertes en la batalla espiritual para que podamos resistir las tentaciones del maligno. No hay mejor forma de comenzar este entrenamiento espiritual que a través de la práctica del ayuno.

¡Que Dios los bendiga!
Jesús Emmanuel Garza Torres
1ero de Filosofía

13 Mar 2020

HELLO! 1

En toda vocación, la comunicación o el diálogo es un elemento indispensable para que ésta pueda madurar y crecer. Cuando éste componente es débil o simplemente no existe, se corre el riesgo de dar pasos frágiles. En su vida cristiana, el hombre debe comprender la importancia, pero sobretodo, la necesidad que tiene el diálogo con Dios, porque a parte de haber sido creado para vivir unido a Él, también fue hecho para vivir comunicándose con Él y esto se puede propiciar mediante la oración.

La oración es esa correspondencia o relación que tiene el ser humano con Dios a través del diálogo. El hombre, todos los días vive diversas experiencias que lo marcan ya sean de tristeza, de alegría, de miedo, de sufimiento, de éxito, de prosperidad, etc, y que lo deben de impulsar a adherirse más a Él y no alejarse o separarse.

En las Sagradas Escrituras podemos encontrar auténticos diálogos entre Dios y los hombres, dirigiéndose a ellos e indicándoles el camino de la vida. En el Antiguo Testamento podemos encontrar el caso de Ana (1S 1, 9-18) una mujer que experimentaba la aflicción de ser estéril y que le ha provocado una crisis, pero no se queda con los brazos cruzados, ni se deja hundir por el pesimismo y la desesperación, sino que lo resuelve de cara a Dios, hasta lograr su atención. Dios no ignora esta actitud de fe, y a la vez, de abandono en Él, y responde concediéndole un niño. Dios no se limita a darle sólo lo que ella le pidió, le da aún más, porque más tarde ese niño se convertiría en el caudillo del pueblo de Israel. Ana no olvida agradecerle a Dios por el don recibido (1 Sam 2, 1-10), producto de un corazón que se siente atendido y que ha experimentado la misericordia y el auxilio de Dios.

Otro ejemplo lo podemos encontrar en el libro de Ester cuando el pueblo de Israel corría el riesgo de ser exterminado. La reina no se siente capaz de defender a su pueblo, pero encuentra la fuerza en la intervención que ella hace por el pueblo de Israel, al pedirle al Señor que Él fuera su auxilio y ayuda, y de ésta manera manifiesta a la vez, su pobreza espiritual: “¡Señor mío, Rey de todos nosotros, tú eres único! Ayúdame, pues estoy sola; fuera de ti, no tengo a nadie que me ayude; estoy en gran peligro” (Est 4, 17). Por medio de la oración, Dios nos comunica su gracia y su valentía.

Dios siempre escucha el corazón del hombre y siempre está dispuesto a tenderle la mano. Nunca debemos olvidar que fuimos hechos para vivir en comunicación con Dios y la oración siempre nos va a dar la garantía de una vida fortalecida por la ayuda de Dios.

Aldo de Jesús Hernández Hernández
2do de Filosofía