06 Oct 2015

HELLO! 1

La Iglesia celebra en septiembre el mes de la Biblia con motivo de la fiesta litúrgica de San Jerónimo (a quien celebramos el 30 de septiembre), este santo fue quien tradujo la Biblia al latín (llamada Vulgata), convirtiéndose este texto bíblico en el oficial de la Iglesia Católica por mucho tiempo. Durante este periodo, la Iglesia propone que se realicen actividades para acercarnos con más fervor a la Palabra de Dios, y que luego nosotros podamos divulgarla.

En el Seminario de Monterrey dedicamos una Semana Bíblica (7 días previos a la fiesta de San Jerónimo) para profundizar y valorar la Palabra de Dios, esta semana comenzó con la entronización de la Biblia en cada uno de los cuatro institutos, y durante la semana tuvimos actividades como lectio Divina, Hora Santa, meditación de textos bíblicos, entre otras, y que el día de hoy culmina en los cuatro institutos del Seminario con la misa en honor a San Jerónimo, a quien los seminaristas debemos tomar como modelo, pues como él, nosotros debemos llevar la Palabra de Dios a quienes la desconocen o no la viven, para que en ella encuentren el mensaje de salvación.

Durante esta semana tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia de profundizar mejor en las escrituras, que nos lleva a un encuentro cercano e íntimo con Dios al meditar su Palabra, en ella escuchamos a aquel que nos ama tanto que nos ha llamado para estar junto a Él.

En la misa de clausura, el Pbro. Juan Carlos Arcq, rector del Seminario de Monterrey, nos invitó a que en la preparación de nuestro apostolado utilicemos la Biblia, teniendo cuidado de no solo usarla como un medio de consulta para un tema, sino que debemos profundizar en ella, pues no podemos ir a hablar de lo que no conocemos o antes no hemos vivido.

En nuestra jornada diaria tenemos la oportunidad de tener contacto con la Palabra de Dios a través de la misa, la liturgia de las horas, oraciones personales y comunitarias, las actividades espirituales, etcétera, y esta Semana Bíblica que se realiza cada año nos recuerda que debemos vivir extraordinariamente lo que hacemos ordinariamente.

 

Por: Equipo Editorial del Seminario de Monterrey

18 Sep 2015

HELLO! 1

El pasado fin de semana se celebró en Monterrey el Congreso Eucarístico Nacional (CEN), al cual asistieron gran cantidad de personas de todo México. Durante el mismo se reflexionó sobre este gran misterio central de nuestra fe: la Eucaristía. La Eucaristía toca todos los aspectos de la vida de las personas; familia, alegría, celebración, gozos, misterio entre otros.

Ya desde hace un tiempo me ha llamado la atención cuando se denomina a la misma «pan de fraternidad». Si bien la celebración eucarística es el encuentro profundo del cristiano con Cristo, también lo es para los cristianos entre sí. He tenido la oportunidad de participar, en diferentes ocasiones, en muchas celebraciones eucarísticas multitudinarias a las que asisten personas de muchas partes del mundo. En ellas todos somos extraños unos con otros pero también todos somos cercanos en el sacramento y la fe.

La eucaristía a diferencia de cultos de iglesias cristianas no-católicas es una acción netamente comunitaria. En ella se actualiza la nueva alianza sellada con la sangre y el cuerpo de Cristo; de esta participamos cada uno con sus propias alegrías, tristezas y esperanzas pero siempre en comunión con el otro. En ella Cristo muere por todos y nos llama a ser pueblo suyo. Nos llama a estar y ser con Él en el otro. El que asiste a la eucaristía dominical, por ejemplo, sabe que se encontrará con Cristo, su Señor, pero también tiene por seguro que se encontrará con los hermanos, con la comunidad. Todos comerán del mismo pan como quien se sienta a la mesa de familia, por eso podemos decir que la eucaristía no es solo el alimento personal para el cuerpo y el alma del cristiano, sino que esta se convierte en el alimento comunitario y familiar.

En la eucaristía todos somos familia, todos somos hermanos, todos comemos un mismo pan. Sin embargo la eucaristía no se reduce solo a un punto o momento concreto de nuestra participación en la celebración, sino que ella se extiende a la misma asamblea reunida, a la Iglesia terrestre y celeste. Cabe resaltar que desde antiguo, pensar la Iglesia era pensarla unida al ámbito sacramental, pues tanto Eucaristía e Iglesia recibían el título de «cuerpo de Cristo».

La eucaristía, por tanto, nos hace vivir en la «communio sanctorum» (comunión de los santos), nos lleva a invocar a los que ya gozan de la fiesta sin fin, a pedir por los difuntos, a fraternizar con los que asistieron e incluso con los que se quedaron en casa. La eucaristía nos impulsa a salir de nosotros mismos, a ir en busca de nuestros hermanos y llevarles el pan que comulgamos a través de la fraternidad. La sacramentalidad de la comunión con Cristo nos lleva a la fraternidad con el prójimo.

Una verdadera participación eucarística conlleva, para nosotros, comulgar del pan sacramental y del pan de fraternidad. El que ha participado de la eucaristía busca comulgar a su hermano, entrar en comunión con él, pues al entrar en comunión con los hermanos inmediatamente entra en comunión con Cristo y con su Iglesia.

El que ha comulgado no puede olvidarse de la fraternidad, pues en la fraternidad encuentra realizado lo que en el altar ha comulgado. Cristo pone siempre en nuestras manos el pan de fraternidad. Comulgar al hermano es hacer Iglesia, es ser Iglesia. El que participa de la celebración eucarística y comulga ya sea sacramentalmente o espiritualmente hace posible la fraternidad sacramental, pues para Dios todos somos hijos, todos hermanos. Por tanto ricos o pobres, pequeños o grandes, solteros, casados o divorciados, todos estamos llamados, al comulgar ya sea sacramental o espiritualmente, a llevar la fuerza sacramental de la comunión fraternal.

Nuestra fraternidad es signo de Cristo que se hace cercano a los alejados, nuestra fraternidad es sacramento de unidad, pues en la Iglesia todos comemos de un mismo pan, todos comemos de un mismo Cristo, así como todos nos nutrimos del pan que da la vida, también todos nos nutrimos del pan de fraternidad. Comulgar a Cristo es comulgar al hermano.

 

Escrito por: Pbro. Jesús Gerardo Delgado Martínez

14 Sep 2015

HELLO! 1

Este domingo el Congreso Eucarístico Nacional llegó a su conclusión, fueron cinco días llenos de bendiciones que Jesús Eucaristía dejó en nuestra ciudad y para nuestro país, además de estas bendiciones derramadas, deja un gran compromiso para renovar la vivencia de la fe y el amor con todos los que nos rodean.

El cierre se realizó con la Santa Misa presidida por el Cardenal Francisco Javier Errazúriz Ossa, Delegado del Papa Francisco para este Congreso, quien invitó a todos los presentes atender el llamado que Jesús nos hace a todos.

“Que nadie diga mirando su debilidad y recordando sus pecados: ‘la vocación a la santidad no es para mí’. La vocación de ser otros Jesucristo es para todos”.

Por su parte el Arzobispo de Monterrey Mons. Rogelio Cabreara López en su mensaje de despedida recalcó el compromiso que nos deja este trascendente encuentro: “Nos deja muchas tareas sobre todo en tres órdenes. En continuar nuestra tarea de seguir predicando a todos y a todas las personas, de seguir poniendo más cuidado de nuestras celebraciones eucarísticas y que no se nos olvide que el cristianismo es caridad.

“Es compromiso de todos los que somos alimentados por Cristo, que no pasemos por este mundo siendo indiferentes ante las necesidades de nuestro prójimo, debemos de vivir la amistad con Dios a través de la amistad y cercanía con el hermano. Debemos ser una ciudad en donde hagamos que desaparezcan las batallas que solo dividen y complican nuestro caminar y permitamos que la luz de Cristo sea la que ilumine nuestra vida”, apuntó.

Mons. Cabrera agradeció la participación de todos de manera especial a los organizadores: “De todo corazón agradezco a todos los laicos y sacerdotes que trabajaron desde hace tiempo para que este Congreso se realizara con éxito, pido a Dios sea quien les recompense”.

Antes de concluir se mostró un video a manera de resumen con algunas de las actividades y ponencias desarrolladas durante el VI Congreso Eucarístico.

Posteriormente, Mons. Rogelio Cabrera López regaló al Arzobispo de Yucatán Mons.  Gustavo Rodríguez Vega una imagen de San Pascual Bailón, santo patrono de los Congresos Eucarísticos, como signo de fraternidad ya que esta Iglesia Arquidiócesana será la encargada de organizar el próximo Congreso Eucarístico Nacional.

Que este tiempo de reflexión deje abundantes frutos de santidad para nuestra ciudad.

Por. Juan Pablo Vázquez Rodríguez

 

Con información de Pastoral Siglo XXI

12 Sep 2015

HELLO! 1

Las procesiones tienen su origen en la antigüedad como signo público de veneración a Dios. Es así que, por ejemplo, los judíos tenían sus procesiones rumbo a Jerusalén para visitar al Señor en su Templo, cada año en la festividad de la Pascua.

De igual manera, el imperio romano acostumbraba realizar este tipo de eventos para congraciar al emperador que era visto como un dios. Posteriormente esta práctica pasa al mundo cristiano para reverenciar a Jesús, a María y a todos los santos en ocasiones especiales.

Por lo general una procesión inicia con el incensario y la cruz alta con los ciriales a los lados de la misma. Posteriormente los fieles que conforman propiamente la procesión, y al final la imagen del santo o de Jesús, en honor de quien se realiza dicha actividad de manifestación pública de la fe. Sin embargo, el orden puede variar y se pueden incorporar algunos otros elementos con fuerza simbólica, tales como un coro que amenice con cantos, estandartes, velas, etc.

La riqueza simbólica que aporta esta actividad espiritual y devocional quiso ser aprovechada también en el desarrollo del VI Congreso Eucarístico nacional, por lo que se planeó una procesión con el Santísimo Sacramento a la cual están invitados todos los fieles creyentes que desean acompañar a Jesús en la Eucaristía y de esa manera adorarle y manifestar el amor del pueblo al Señor como un signo de esperanza para la familia y el mundo.

El día sábado 12 de septiembre, en punto de las 6 de la tarde dará inicio la procesión con el Santísimo Sacramento, organizada por el CEN, partiendo de las instalaciones de Cintermex rumbo a la explanada del Museo de Historia Mexicana, ubicado frente a la Macroplaza.

Al arribar al lugar alrededor de las 8 de la noche, se llevará a cabo un momento de adoración a Jesús Eucaristía, animando el momento el ministerio de música Jésed. El acceso no tendrá costo alguno y podrá permanecer en oración todo aquel que desee acercarse un momento a contemplar el misterio eucarístico con un corazón sincero y dispuesto a experimentar el amor del Señor.

En cuanto a la posibilidad de tormenta, el equipo organizador no ha pronunciado aún ningún comunicado oficial de su cancelación, por lo que el horario y logística planeados siguen en pie.

12 Sep 2015

HELLO! 1

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y Presidente de la CEM, en el cuarto día del VI Congreso Eucarístico Nacional, en Monterrey.

Venerables hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, distinguidas autoridades, hermanos y hermanas todos, en el Señor.

Querido Pueblo de Dios, con motivo del VI Congreso Eucarístico Nacional, hemos sido congregados alrededor de la mesa de la Eucaristía como verdadera familia de Dios, conscientes de que es precisamente, del banquete Eucarístico, del Pan y la Palabra, de donde mana, como agua siempre viva y saludable, la fuente perenne de la gracia de Cristo, cuya “ofrenda de amor” se yergue como auténtica “alegría y vida de la familia y del mundo”.

Convocados, pues, por la voz del Padre celestial e impulsados por la fuerza del Espíritu Santo estamos a los pies del altar de Cristo para invocar su Santo Nombre y elevar, agradecidos, el cáliz de la salvación. ()Cf. Sal 115).

Como ambientación previa, durante varias semanas, y en comunión y participación de la Iglesias locales de nuestra Patria, se ha llevado a cabo un detallado programa de preparación pastoral para cada diócesis, con implicación de las tareas pastorales fundamentales y de las pastorales especiales, así como de los diversos grupos, movimientos y comunidades eclesiales.

Por otra parte, se ha acompañado esta preparación mediante reflexiones teológicas y pastorales, con el fin de “considerar, unánimemente, con mayor profundidad un determinado aspecto del Misterio Eucarístico” (RCFM n 109) que sin duda tienen su culmen en la propia Celebración litúrgica de la Pascua del Señor y en la Adoración del Santísimo Sacramento cuya pública veneración hace presente y fortalece los vínculos de caridad y de unidad (cf. Ib., 109) no solo al interno de la Iglesia sino también, como verdadero fermento de caridad y de unidad del mundo entero.

Queridos hermanos, el presente Congreso Eucarístico Nacional se viene desarrollando bajo el tema: “Eucaristía, ofrenda de amor: alegría y vida de la familia y del mundo”.

Un tema fuertemente evocado y provocante. Se pondera, con este tema, uno de los aspectos fundamentales de la Eucaristía. Sin duda, hemos de considerar la Eucaristía esencialmente como “ofrenda de amor”. A este respecto, en la exhortación postsinodal Sacramentum caritatis, el Santo Padre Benedicto nos recuerda que el Misterio eucarístico “es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre” (n.1). De hecho, hemos escuchado, en la primera lectura, de San Pablo que con toda parresia declara: “Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1Tm 1,15). Y esta salvación ha sido posible gracias a la ofrenda que el Señor Jesús ha hecho de sí mismo, a la oblación de su propia vida, de su Cuerpo y de su Sangre.

La ofrenda, por lo tanto, que se presenta en el altar del Señor y ante si trono glorioso, ya no es, como lo exigía la primera Alianza, la de un “cordero macho, sin defecto, de un año” (cf. Ex 12,5). Ahora se trata de la ofrenda de la Sagrada Humanidad del Hijo de Dios. Hermanos, confesión de fe innegable es que la Persona divina de Nuestro Señor Jesucristo es la que se ofrenda, en sacrificio de amor, todos los días en la Santa Misa.

Esta verdad la tiene presente el autor de la carta a los Hebreos: “En cambio, Cristo…. penetró en el santuario una vez para siempre, no presentando sangre de machos cabríos ni de novillos, sino su propia sangre” (Hb 9, 11-12). Y San Pedro así lo expresa en su primera Carta: “Y sabed que no habéis sido rescatados… con algo caduco, con oro o plata, sino con la Sangre preciosa de Cristo, cordero sin tacha y sin mancilla” (1Pe 1, 18-19).

La Eucaristía es la ofrenda en Persona del mismísimo Hijo de Dios, Cristo, Señor nuestro. Y su ofrenda es perfecta ofrenda de amor. “En el Sacramento eucarístico –dice el Papa Benedicto-, Jesús amándonos “hasta el extremo”, hasta el don de su cuerpo y de su sangre” (SC, 1).

No es posible que fuera de otra manera, el amor, si es digno de llevar ese nombre, ha de ser amor hasta el extremo. Y el amor del Señor Jesús que es amor divino, con mayor razón es un amor indefectiblemente “hasta el extremo”. El Señor Jesús nos ama sin medida, sin condición, sin reproche, sin mérito nuestro. Se ha entregado en sacrificio solo por amor: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida… Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla” (Jn 10, 17- 18).

Así, el Señor Jesús, en la ofrenda concreta de su vida, nos precede y nos indica el camino: el amor auténtico exige el sacrificio y es capaz de la ofrenda total a favor de la persona amada, el amor auténtico no le teme a la prueba ni a la tribulación. “El amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo supera” (1Co 13,7). Mientras no se llega a la prueba de fuego del “dolor” por el ser querido, el amor aún es incierto. Pero si ese amor es capaz de soportar –y triunfar sobre- penas y sinsabores, de compartir la enfermedad, la tristeza, la angustia o el miedo, de encarar incluso la traición y la infidelidad, entonces sí que puede ser considerado un “amor hasta el extremo”. Hasta el punto de dar la vida por quien se ama (cf. Jn 15,13).

De este modo, en el seguimiento del ejemplo oferente de Cristo se nos indica –con radicalidad evangélica-, a cada uno como persona y a todos como familia, un camino de vida nueva. El amor del Señor Jesús es amor de gratuidad, amor de perdón, de reconciliación y de paz, amor de misericordia y de oblación plena.

Esta plenitud de amor constituye hoy, en el contexto celebrativo del VI Congreso Eucarístico Nacional, una verdadera fuente de “alegría y vida para la familia y el mundo”. Cada persona, cada familia, el mundo entero, está llamado a comprender la altura y profundidad de semejante amor (cf. Ef 3, 18) y, a vivir conforme el modelo de este amor divino, oblativo, cuyo referente único es Cristo, el Señor (cf. Jn 13,34).

En este momento crucial de la historia del mundo y de México, nuestra Patria, quiero proclamar en nombre de Dios que sólo en la vivencia, concreta y cotidiana del amor a ejemplo de Cristo, podrá la familia y el mundo experimentar una profunda y verdadera reconstrucción. Ofrenda de amor de Cristo será alegría y vida para la familia cuando en la familia, todos; los padres, los hijos, los hermanos, los esposos imiten y configuren su vida con tamaño amor. Sólo en el amparo de este amor eucarístico, los esposos, hombre y mujer, podrán vivir su amor en fidelidad y respecto; los hijos vivirán su filiación en obediencia, honra y ayuda a sus padres; los hermanos serán capaces de convivir en auténtica fraternidad, fuera de envidias, egoísmo u orgullos; los esposos guiarán en disciplina y ternura a sus hijos.

Este es el único camino, -el del amor eucarístico-, mediante el cual, la familia, podrá ofrecer los frutos que le corresponden a su identidad y misión en el mundo, conforme el proyecto designado por el Padre desde la creación del mundo. Jesús nos ha dicho hoy en el Evangelio: “No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Casa árbol se conoce por sus frutos” (Lc 6 43-44). Y la sagrada Escritura atestigua que los frutos, buenos o malos, brotan del corazón del hombre: “Porque de dentro del corazón de los hombres, salen las intensiones malas, fornicaciones, robos, asesinatos, adulterio, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidias, injurias, insolencia, insensatez. Todas estas maldades salen de dentro y contaminan al hombre” (Mc 7, 21-23).

Pues bien, par que en todo tiempo y momento, y máxime en los momentos de mayor adversidad, los frutos, sean de bondad, y no de maldad, la familia y el mundo hemos de realizar nuestra vida en el camino del amor oblativo, del amor eucarístico de Jesús.

Al vivir el amor eucarístico en familia, los frutos serán sorprendentemente distintos. La familia vivirá en “alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí” (Gal 5, 22-23). “Pues los que uno siembre, eso cosechará… el que siembre para el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna” (6,7-8). Hermanos, con la fuerza de la Eucaristía, con la fuerza de esta “ofrenda de amor”, no nos cansemos de hacer el bien. Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, así la familia vivirá en plenitud de alegría y vida.

Plenitud que sólo se encuentra en el amor oferente de Cristo Jesús. María Santísima de Guadalupe, la Madre del verdadero Dios por quien se vive, la Madre del Amor oferente, sostenga, defienda y guíe las familias de nuestra amada Patria para que cada una de ellas viva en fidelidad y coherencia el proyecto de amor que el Padre de toda bondad ha designado que ellas realicen. Y así, la Eucaristía sea fuente de alegría y vida plena para cada familia y cada persona de esta bendita tierra, amparada por la presencia privilegiada de la Madre de Dios.

11 Sep 2015

HELLO! 1

El Seminario de Monterrey está participando de muchas y variadas maneras en el VI Encuentro Eucarístico Nacional (CEN). La Schola cantorum (escuela de los cantores) nos ha acompañado durante todo el CEN, el cual, es el coro de música formado por seminaristas y dirigidos por el Pbro. Alejandro Hernández, coordinador de la misma.

Actualmente está formado por 17 seminaristas de diferentes años de formación y su principal tarea es acompañar al Pueblo de Dios para tener una mejor experiencia espiritual, por medio de la música sacra en la liturgia.

Durante el CEN participarán en todos los oficios litúrgicos, en todas las misas y la oración de la Iglesia (la liturgia de la horas) tanto en laudes (la oración de la mañana) y las vísperas (la oración de la tarde).

La Schola Cantorum ha tenido alrededor de 3 ensayos de 2 horas por semana durante cerca de un mes, para estar preparados en la participación del CEN, dónde se han tocado piezas muy queridas por nuestro pueblo como “Tu reinarás”, “Que viva mi Cristo” y “Cantemos al amor de los amores” entre otros.

Para este congreso se ha compuesto un himno titulado: “Eucaristía, alegría y vida” creado por el director de la Schola, el Pbro. Alejandro Hernández, el cual, nos ha acompañado a lo largo de este magno evento.

22 Ago 2015

HELLO! 1

En este fin de semana comenzamos en nuestro Seminario de Monterrey la experiencia del apostolado, somos enviados por Jesús a proclamar la buena nueva de Cristo.

El objetivo de nuestro Seminario será el llevar el rostro de un Cristo alegre, disponible, abierto a toda persona que necesita ser acompañada y escuchada; y más en realidades vulnerables donde se experimenta la desigualdad y la injusticia.

El apostolado nos llama a ser profetas en un pueblo que muchas veces se queda callado ante el dolor de la enfermedad, del encierro de las cárceles, de las esquinas de los chavos banda, ante la discriminación por quien tiene una capacidad diferente, o simplemente están excluidos de la dimensión de la fe. Todos compartimos un llamado y este llamado se llama vocación.

Hoy salimos alrededor de doscientos seminaristas con mucha alegría, dispuestos más que a “convencer” a ser partícipes de las grandezas del Reino; a crecer como agentes vocacionales y decirle al mundo que tiene un llamado a la santidad de vida y a la respuesta ante la propuesta de Dios en cada ser humano, salimos los seminaristas con la antorcha prestada por el mismo Jesús a vivir en la caridad y la verdad, a conocer realidades nuevas y renovarnos en la fe.

En esta etapa nos proponemos trabajar en diversas áreas de pastoral de nuestra arquidiócesis; con los enfermos, los encarcelados, con drogadictos, con los chavos banda, con indigentes, los migrantes, etc. Todos estos frentes serán un reto y horizonte para sensibilizarnos en la fe y en la respuesta a un llamado que Dios nos hace, a seguirlo y a estar con Él.

Reto importante también será la vocacionalización de nuestro ejercicio pastoral; todos somos llamados a participar de manera específica en la proclamación del Reino de Dios, y todos compartimos este llamado, un compromiso será que desde nuestra alegría podamos contagiar lo que Dios hace en nosotros, que es formarnos en un corazón sacerdotal.

Hoy salimos los jóvenes que queremos ser sacerdotes, que queremos compartir el llamado al que nos sentimos llamados e incluir a toda persona que Dios nos presente, tal como dice el Papa Francisco “Cristo nos presenta su pueblo para que lo ayudemos en la misión de evangelizar”, este es el reto ayudar a Cristo a evangelizar en el llamado que nos hace.

¡TU PUEDES SER PARTE DE ESTA MISIÓN, ORA POR NOSOTROS Y PARTICIPA DEL PROYECTO DE DIOS!

20 Ago 2015

HELLO! 1

Primera Eucaristía de los nuevos sacerdotes.

El día martes 18 de agosto, se llevó a cabo la Cantamisa de los 5 neosacerdotes en el Seminario Mayor. Los padres Ernesto Castillo, Francisco Páez, Sebastián Bautista, Luis Fernando Mejía y Héctor Robledo, celebraron gozosos la Eucaristía, en la cual compartieron su experiencia fruto de su consagración. Fueron acompañados por los sacerdotes del equipo formador y los seminaristas de los cuatro institutos.

Posteriormente se tuvo un ameno momento de convivencia en el cual, alumnos de los diferentes institutos prepararon una actividad, cantos, la declamación de un poema, un sketch y hasta un juego, en homenaje a los neosacerdotes.

El momento concluyó con la cena y una alocución por parte del padre Luis Mejía, en el cual agradeció a toda la comunidad en nombre de los 5 nuevos padres.

Enhorabuena por toda la Iglesia de Monterrey que recibe, como una bendición, a estos nuevos sacerdotes.

Que Dios les permita ser dignos puentes entre Dios y los hombres.

“Tú eres sacerdote para siempre” Sal. 110, 4.

15 Ago 2015

HELLO! 1

El día de hoy, en la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, cinco diáconos de nuestra diócesis han recibido el Orden Sagrado del presbiterado, por manos de Monseñor Rogelio Cabrera.

Durante la homilía, nuestro Arzobispo los exhorto a redescubrir la esencia del sacerdocio:
“Nunca olviden lo esencial, la misión, el Señor los llama a servir, los llama a agradecer, pero también los llama a trascender… la iglesia les pide hoy, ser sacerdotes alegres, santos y decididos”

Pidamos a Dios para que conceda el don de la fidelidad heróica a nuestros nuevos sacerdotes

Por: Seminarista Abraham Galicia
Teología 2

15 Ago 2015

HELLO! 1

El pasado viernes 14 de agosto, la iglesia de Monterrey recibió con agrado a 13 nuevos diáconos transitorios, que servirán de manera especial en pastorales específicas como cárceles, centros de rehabilitación y hospitales, todas éstas, tareas de amor y servicio a la comunidad.

En palabras de nuestro pastor, Don Rogelio Cabrera López “el amor no es solo un sentimiento… se concreta en las acciones de todos los días. Ser servidor, ser diácono, es ir allá, donde nadie quiere ir”, y estos nuevos diáconos están invitados precisamente a vivir este ministerio de servicio con particular esmero, fungiendo como canales del amor de la iglesia y Cristo, propagando el ternura de quien los ha llamado a seguirlo, precisamente sirviendo con afecto y misericordia.

En la homilía, nuestro arzobispo, recalcó de manera especial que ser diácono es ser servidor, cercano a la gente que sufre; y es que precisamente ese es su ministerio, mostrarse próximo a quienes Cristo quiere ser prójimo, por lo que la encomienda principal de los nuevos diáconos será hacerse presente, dice el Arzobispo, como Cristo samaritano, que busca a aquel que sufre. Su misión, en sintonía a la de Jesucristo será “el anuncio de la buena nueva a los pobres, proclamar la libertad a los cautivos, rotos u oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Cfr. Lc 4,18-19); todo esto bajo 3 peticiones: guardar el celibato por toda la vida, como una entrega generosa por amor al servicio del pueblo de Dios, la oración frecuente, recitando las horas principales de la liturgia, y el dedicar gran parte de su tiempo a los pobres y el acompañamiento de enfermos, así como celebrar los sacramentos del bautismo y el matrimonio.

La invitación del Arzobispo a los fieles en esta ordenación fue a orar por todos aquellos que ejercen el ministerio de diaconía, y a ser agradecidos con el Señor que se ha mostrado espléndido con la comunidad, al suscitarnos 20 nuevos diáconos, 13 transitorios y 7 permanentes, éstos últimos que serán ordenados también a finales de agosto.

Encomendados a nuestra Señora del Roble, los 13 nuevos diáconos, fueron convidados a propagar su devoción, y a ser muy acercados a ella, así como a vivir su ministerio con alegría y disponibilidad en el servicio, como siervos fieles y confiables.

 

Por: Jesús Pablo Saldívar Castillón