22 Ene 2021

HELLO! 1

Cuando en el apostolado tengo la oportunidad de compartir con los niños algún tema del catecismo suelo preguntarles si dentro de sus deseos se encuentra el de ir al cielo, y me llena de gusto que con mucha alegría levanten su mano y digan: ¡sí, profe, yo quiero ir al cielo! Qué digno de admiración es su deseo por alcanzar un día aquello que tanto se les ha dado a conocer como el lugar en el que se está con Dios y se es feliz. ¡Qué grande es su esperanza!

En mi formación como seminarista he aprendido (aunque poco) y tomado gusto por la música y, para explicar de una forma un poco más sencilla nuestro “ser esperanza” para los demás, me atreveré a hacer una analogía entre una pieza musical y nuestra labor como agentes que animan y llevan a los demás un mensaje de esperanza en Dios en tiempos difíciles.

Para que la pieza musical logre hacer sentir en el corazón de las personas lo que el autor en su creación quiso expresar, es necesario que todos y cada uno de los elementos que con detalle la conforman, así como su ejecución, se lleven a cabo en tiempo y forma. Si durante su ejecución, el número de instrumentos no se encuentra balanceado o alguno de ellos está desafinado, quien lo toca no lo hace de acuerdo con la partitura o se escucha ruido entre el público, no será posible apreciar en su totalidad lo que busca trasmitir.

Pensémonos como aquellos músicos que están por ejecutar esa bella pieza. Para hacerlo requieren de una previa e intensa preparación, de un deseo por dar a conocer a través de su trabajo lo que la obra quiere decir, de demostrar que; aunque en los ensayos se equivocaron una y otra vez y que en su vida ordinaria hubo situaciones que los desanimaban para seguir adelante, se encuentran ahí de pie, listos y firmes para su ejecución. Pensemos en la necesidad que tiene el mundo, que hoy se encuentra en una situación muy difícil, de que llevemos esperanza, de que sepa que a pesar de las muertes que hay, de las situaciones de pobreza, las enfermedades, el sufrimiento, la perdición, Dios permanece siempre a su lado.

Todos formamos parte de esta obra maestra que ha hecho Dios con nosotros, pero porque lo conocemos tenemos la responsabilidad de llevar la promesa que nos ha hecho de permanecer junto a nosotros a todos aquellos que hoy lo necesitan más que nunca, así como de prepararnos humana y espiritualmente para ello. La obra musical no se escuchará igual si falta el más pequeño de sus elementos, la obra de Dios necesita de ti. Hagamos un gran esfuerzo para que este concierto que llamamos vida suene como una melodía creada y dirigida por Dios.

 

Luis Carlos Solís Garza

3ero de Filosofía

20 Ene 2021

HELLO! 1

Somos una comunidad educativa de discípulos misioneros, que abiertos a la acción del Espíritu Santo, cultiva, discierne y acompaña eclesialmente el don de la vocación presbiteral.

 

En el Seminario de Monterrey…

FORMAMOS A LOS FUTUROS SACERDOTES

Por medio de una preparación integral, humana, espiritual, intelectual y pastoral, preparamos a los futuros pastores del Pueblo de Dios, fomentando la caridad, el servicio y el amor a los más necesitados.

 

SERVIMOS EN PARROQUIAS Y EN MISIONES 

Para acompañar en la fe y llevar una palabra de consuelo y esperanza a aquellos que atraviesan situaciones de vida difíciles en los centros penitenciarios, hospitales, asilos, orfanatos, además de ayudar en la formación catequética y pastoral, en las parroquias de nuestra Arquidiócesis.

 

INVITAMOS A MÁS JÓVENES A SEGUIR A JESÚS

Por medio del Centro Vocacional, motivamos y acompañamos a los jóvenes,  a discernir su vocación, para ayudarlos a descubrir y responder al llamado que Dios les hace, en particular a una de las tres vocaciones específicas: laical, consagrada o sacerdotal.

Gracias a tu oración y ayuda económica, podemos cultivar  y acompañar eclesialmente el don de la vocación presbiteral para formar sacerdotes configurados con Cristo Buen Pastor dispuestos a servir a su Pueblo.

29 Jul 2020

HELLO! 1

Recuerdo los primeros días de mi ingreso al Seminario; todo era nuevo, el lugar donde vivía, las personas que estaban a mi alrededor y las actividades que realizaba. En mi mente ha quedado muy marcada la primera noche, en la que ya acostado en mi cama, en una gran habitación, junto a otros que me eran casi desconocidos, me pregunté: ¿Qué hago aquí?, ¿Quiénes son todos ellos? Y cuando parecía que el miedo se iba apoderar de mi corazón, se apoderó la voz de Dios que me decía: ¡Ten fe y confía en mí!

Ahora entiendo que aquella noche estaba allí porque el Señor me invitaba a formar parte de una gran comunidad de discípulos que día con día se esfuerzan en seguir sus pasos. Comprendí que Jesús me invitaba a subir con Él a la barca y que esa barca era el Seminario. No pasó mucho tiempo, cuando ya amaba aquel lugar, pues en él comencé a vivir momentos que para siempre quedarán guardados en mi corazón; orar, estudiar, trabajar, jugar y muchos otros. En pocas palabras consideré el Seminario no solo un espacio de formación, sino el lugar donde me sentía feliz encontrándome con Aquel que me había invitado a seguirle.

Así, el Seminario se convirtió para mí en un lugar de encuentro, principalmente con Jesús de quien día con día me enamoraba más y más. Aprendí a amar y aceptar a mis hermanos seminaristas a quienes Jesús, también había invitado a subir a la barca. De esta manera pude comprender que el camino vocacional no se recorre en la soledad. La vocación me ha regalado compañeros que se han convertido en mis amigos y hermanos. Ellos siempre serán signo de la presencia de Jesús en mi vida.

Debido a la pandemia que el mundo enfrenta, hace unos meses tuvimos que abandonar el Seminario. Aunque al principio fue muy duro tener que dejarlo todo, supe que el camino vocacional no nos pertenece, no nos atribuimos un llamado, es Cristo quien nos llama. Es Él quien toma la iniciativa de invitarnos a este camino, no para seguirnos a nosotros mismos, sino para seguirlo a Él. Por eso, a pesar de no estar en el Seminario, sabía que debía tener fe y confiar como el primer día, pues es Jesús quien conduce esta barca. Y aunque estaría lejos de mis hermanos seminaristas, en mi corazón residía la certeza de que, lo que nos une, no es el vivir en un mismo lugar, sino el haber sido llamados por Jesús.

Hogar es aquel lugar donde descubrimos que somos felices y donde sabemos que nos aman. Por tanto, el Seminario es para nosotros eso: ¡un hogar! Después de casi 5 meses de no estar en el Seminario, mi corazón se llena de inmensa alegría al saber que retorno a casa. Aunque no abandonamos la barca, sino que permanecimos de modo nuevo a bordo de ella, ahora sé que Jesús la vuelve conducir a puerto seguro en medio de esta tempestad que pronto pasará. Regresar al Seminario nos llena de gozo, porque continuamos con nuestro “Sí” a Dios, un “Sí” que se prolonga todos los días y a cada instante. Un “Sí” que transforma la propia vida. Un “Sí” que nos dona totalmente a Aquel que nos ha invitado a morar en su casa.

Erick Alfonso Rivera Ortiz
3ero de Filosofía

19 Jun 2020

HELLO! 1

Sin duda alguna, el pasaje del peregrino de Emaús es uno de los más bellos y significativos del evangelio de San Lucas, pues es muy semejante a lo que la Iglesia experimenta diariamente, el dolor, la soledad, la angustia; pero después de encontrarse con Cristo todo cambia a alegría, confianza y seguridad.

Desde hace ya varios días, hemos emprendido un caminar con algunas comunidades de nuestra Iglesia local, especialmente con los jóvenes. Ha sido una experiencia muy enriquecedora de misión de verano, pues es un compartir mutuo sobre lo vivido en estos días y cómo hemos descubierto a Dios en la adversidad.

Podría parecer difícil, y a la vez algo extraño el pensar: ¿Cómo podremos misionar en tiempos de contingencia? Como Iglesia no podemos quedarnos con los brazos cruzados, tenemos que trabajar por el Reino de Dios. Por eso saldremos al encuentro de sus hijos, partiremos con ellos hacía Emaús, hacia ese lugar al que todos anhelamos llegar, hacia esa tierra prometida, donde descubriremos al Señor en los acontecimientos del ordinario.

El primer paso de esta misión, es el unirse a la peregrinación; la Iglesia está en marcha; aún en tiempos de pandemia, sigue caminando, no podemos entorpecer ese camino ni mucho menos hacerlos ir por otro. Tenemos que unirnos a ese camino y entender poco a poco el por qué ir hacia allá.

En un segundo momento, después de haber entendido un poco el rumbo de los peregrinos, compartiremos lo que hay en el corazón, aquellas palabras de esperanza: “ánimo”. “¡Dios está con nosotros!”. Pues en el rostro de las personas pareciera haber miedo, incertidumbre.

Y por último, al llegar a Emaús, a lo más íntimo para nosotros, dejaremos que ese peregrino entre con nosotros, pues su rostro nos es familiar, sus palabras nos han devuelto la vida, nos han sanado, han cambiado nuestro luto en alegría; y es ahí, en lo más íntimo del corazón, en lo más profundo de nuestro ser, donde lo encontraremos y descubriremos. No solo al fraccionar el pan, no solo en los momentos de felicidad y gozo, sino en todo, pues Dios ha visitado, ha entrado y se ha querido quedar en mi casa, en mi vida.

Ahora más que nunca, como los discípulos de Emaús, queremos como Iglesia, anunciar a todos que verdaderamente el Señor está con nosotros, nos ha visitado, lo hemos descubierto y no hay por qué temer.

La Iglesia está y seguirá en marcha pues Cristo camina con nosotros. Gracias Señor por quedarte en nuestras vidas.

Jesús Emmanuel Garza Torres
1ero. de Filosofía

15 Feb 2020

La vocación a la vida consagrada, es fruto del amor, de la oración, de la fe transmita en la comunidad de familia, amigos, grupos de apostolado, parroquia. Cada espacio en el que se vive y fomentan los valores cristianos del Evangelio, es tierra fértil en la que nacen vocaciones al sacerdocio.

Los seminaristas necesitan de nuestro apoyo económico y nuestra oración, para continuar con su formación al sacerdocio. Por eso, durante el mes de Febrero, visitan las parroquias de la Arquidiócesis de Monterrey para solicitar su colaboración en nuestra «Colecta Anual».

Éste año, la Colecta Anual se realizará los días 15 y 16 de Febrero, en las zonas de la 1 a la 6, y los días 22 y 23 de Febrero, en las zonas de la 7 a la 13. Todo lo recaudado, es destinado a la manutención y formación académica de los seminaristas.

Recibimos donativos en efectivo o vía electrónica. En algunas parroquias del área metropolitana, habrá personal del Seminario de Monterrey debidamente identificados, recibiendo su donativo vía electrónica.

Si te encuentra con algún seminarista, salúdalo, pídele que te cuente cómo se dio cuenta qué quería ser sacerdote. Su camino de elección no es fácil, pero los lleva a encontrar la plenitud entregando su vida a Dios.

Febrero, mes del Seminario, y tiempo de agradecer a cada uno de ustedes, su oración y su amor.

05 Jun 2019

HELLO! 1

El 31 de mayo “fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María” el pueblo de Dios, junto a su pastor Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey, se congregaron en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, para celebrar el 55 aniversario de la Coronación Pontificia de Nuestra Señora del Roble Patrona de la Arquidiócesis de Monterrey.

El Sr. Arzobispo en su homilía recordó a los fieles la actitud de la Virgen María al visitar a su prima Isabel: “Esta visita debe ser modelo de las buenas relaciones humanas; pero más aún, debe ser modelo de la evangelización que todos estamos llamados a llevar acabo”; así mismo, exhortó a dar prioridad a nuestros hogares, pues es allí donde se vive la experiencia de la primera comunidad.

Antes de concluir su homilía, felicito a los seminaristas por la ya casi conclusión del ciclo escolar 2018-2019, recordándonos que la misión no sólo se ha de desempeñar en las comunidades parroquiales, sino en cada uno de los hogares de nuestras familias.

Un aspecto que hay que resaltar; es la profunda devoción de muchos fieles a la protección de la Virgen del Roble. Éstas expresiones populares, son realmente un lugar de encuentro y abandono de los fieles, que buscan el favor y la intercesión de la Santísima Virgen María en su advocación del Roble. En palabras del Papa Francisco en su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” (la alegría del evangelio) habla de la Piedad Popular afirmando que “es «una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros»; que conlleva la gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar.

«El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador». ¡No coartemos ni pretendamos controlar esa fuerza misionera! (E.G. #124).

Así pues damos gracias a Dios, que nos ha permitido confiar nuestra vocación a la poderosa intercesión de la Santísima Virgen del Roble.

Héctor Elías Morales Montes
Primero de Teología

12 Abr 2019

HELLO! 1

Seguramente conoces a algún seminarista, y sabes que va de apostolado, tiene exámenes, tareas, clases de lunes a viernes, momentos de convivencia, retiros, Adoración Eucarística, Misa todos los días y que le gusta el café. Pero, ¿qué hará en su tiempo libre? ¿tiene tiempo libre?

En lo personal, me hacía esa pregunta desde que estaba en el Proceso Vocacional, y de pronto escuchaba rumores, pero nunca pude conocerlo tan cerca como hoy.
En el Seminario tenemos un horario que nos va marcando las actividades de nuestro día: levanto, baño, Laúdes, espiritualidad matutina, Misa, desayuno, aseos, clases, descanso, deporte, estudio, espiritualidad vespertina, Vísperas, cena y Completas; el cual varía dependiendo de la etapa de la formación.

Pero, pareciera muy mecanicista leer esto ¿no?, de hecho, siempre está la tentación de hacerlo una rutina, que tratamos de evitar descubriendo que Dios se manifiesta de diferente manera cada día. De hecho, “el tiempo libre” nos ayuda a no caer en una rutina. Este tiempo es favorable porque podemos dedicarlo a nosotros mismos, a Dios y al prójimo.

Hay muchas actividades que solemos hacer los seminaristas en este tiempo. Por ejemplo, a algunos compañeros les gusta ensayar algún instrumento como piano, guitarra o acordeón; a otros les gusta ir al gimnasio o correr alrededor del Seminario. Hay quienes, prefieren leer o tomar un café con los amigos, estudiar, hacer tareas pendientes, dibujar o diseñar en la computadora. A unos, simplemente les gusta descansar y otros mas hiperactivos buscan su pasatiempo, jugar “la reta” de básquetbol, fútbol y voleibol, o buscar momentos de espiritualidad para leer la Biblia, orar o visitar a Jesús Sacramentado.

Pero lo más importante e interesante de todo esto, no es hacer tal o cual actividad; sino que todo lo que hacemos es formativo, y nos ayuda a crecer como seres humanos y cristianos; claro, y también a despejar nuestra mente para retomar fuerzas para el resto del día.

Por cierto, te comparto un consejo, que solemos hacer nosotros: has de tu jornada una oración. Todo lo que hagas ofrécelo a Jesús por tu santidad y perseverancia en cualquier camino por el cual estés cruzando. Orar no sólo con palabras, también con trabajo.

Edgar Omar Lara Zavala
1o. de Filosofía

24 Ene 2019

HELLO! 1

Es tiempo de ayudar y apoyar a nuestros seminaristas que se están preparando para servir al pueblo de Dios. Ellos necesitan de nuestro apoyo económico y de nuestra oración para continuar con su formación hacia el sacerdocio. 

El Seminario de Monterrey es responsable del proceso formativo de los futuros pastores del pueblo de Dios, brindándoles formación humana, espiritual, intelectual y pastoral. En el ciclo 2018-2019 contamos con 225 alumnos, los cuales están divididos en 4 institutos: Seminario Menor, Curso Introductorio, Instituto de Filosofía e Instituto de Teología.

Los seminaristas visitarán las parroquias de la Arquidiócesis de Monterrey durante el mes de febrero. Los días 16 y 17 visitarán las zonas 1 a la 6 y el 23 y 24 visitarán las zonas 7 a la 13, para invitarlos a apoyar con la Colecta Anual del Seminario de Monterrey. 

El camino de la fe es personal pero no solitario, junto a ellos, más de 5 mil voluntarios miembros de los diferentes organismos y movimientos de la Comisión Arquidiocesana para Laicos y la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Monterrey, apoyando en diferentes cruceros de la zona metropolitana los días 9 y 10 de febrero, su donativo se verá reflejado en su manutención y formación académica.

¡Con tu ayuda llegarán a ser sacerdotes!

11 Ene 2019

HELLO! 1

La comunidad del Seminario Arquidiocesano de Monterrey hemos concluido una semana de Ejercicios Espirituales, un tiempo de gracia donde meditamos la obra de Dios en nuestras vidas, su presencia en lo más sencillo y ordinario. Una semana donde tomamos un respiro, para seguir respondiendo con alegría y generosidad.

Los ejercicios espirituales, no tienen como objetivo el ser un curso académico o un taller de espiritualidad. Son en sí mismos, un tiempo donde se vive la confortación de si mismos, donde nos hacemos preguntas y preguntamos a Dios lo que quiere para nosotros. Por esta razón, es un tiempo favorable de gracia, paz y misericordia, intentamos poner silencio a nuestro interior, para dejar que el Espíritu hable y nos conduzca. El mismo Señor Jesús, vivo sus ejercicios cuando se retiraba a orar al desierto o lugares apartados, para entrar en dialogo con el Padre y ser guiado por el Espíritu. Nosotros intentamos hacer lo mismo.

Cada una de las etapas formativas de nuestro Seminario, ha meditado y vivido ésta experiencia de acuerdo a las exigencias de cada una de ellas. En el instituto de Teología, hemos meditado sobre: “La experiencia de Dios en la vida diaria al salir a las periferias”. Fué el padre Miguel Ángel Espinosa Garza (Vicario de pastoral) quien nos dirigiera esta semana de ejercicios, donde hicimos conciencia de la importancia de salir de nosotros mismos, de romper nuestros esquemas, para ir al encuentro de los demás, conscientes que hemos sido llamados a ser hombres de esperanza, fe y caridad al servicio del pueblo de Dios.

Después de ésta grata semana, donde sin duda experimentamos la presencia de Dios que nos anima a seguir caminando, volvemos a retomar las actividades propias que van forjando nuestra formación sacerdotal, volvemos a nuestros apostolados a dar testimonio de lo que somos y de lo que deseamos ser, volvemos a retomas clases para seguir preparándonos. Siempre conscientes de que el Señor se hace valer de hombres débiles para anunciar el Evangelio, pero también confiados en que todo es gracia y su gracia nos asiste.

Nos encomendamos a sus oraciones, para que el Señor nos conceda ser siempre fieles y solícitos al servicio de toda la Iglesia y que Dios el motor de nuestra vocación, lleve a buen terminó la obra que ha iniciado.

Héctor Elías Morales Montes.
Primero de Teología

19 Dic 2018

HELLO! 1

El 18 de diciembre fiesta de Nuestra Señora del Roble, patrona de Monterrey, 22 hermanos nuestros han recibido la sotana, bendecida e impuesta por el Sr. Arzobispo don Rogelio Cabrera López.

La sotana es un signo vocacional en si mismo, con ella, el obispo, sacerdote o seminarista adquieren identidad y un compromiso no solo moral sino también espiritual. Durante siglos la sotana ha sido un signo de respeto y reverencia, pero también un signo de persecución y martirio. Pues los que la portamos, estamos convencidos que hemos sido llamados a consagrar nuestra vida al servicio de Dios y de nuestros hermanos.

Su color negro simboliza la muerte al mundo, pues vivimos en el mundo, pero no actuamos como todo el mundo (2 Cor 10, 3).

La sotana es de una sola pieza que cubre casi todo nuestro cuerpo, esto es porqué pertenecemos enteramente a Dios, somos revestidos con su gracia.

Durante la homilía, el Sr. Arzobispo animó a los seminaristas a tomar con seriedad el signo que iban a recibir y tomar conciencia que la vida sacerdotal no era fácil pero que valía la pena: “el sacerdocio no es para caminar por alfombra roja, ni para ser aplaudidos, sino para servir y desgastarse por todos los fieles”.

Así mismo, Monseñor Rogelio, exhortó a todos los fieles a pedir a Dios por las vocaciones y encomendar a las manos amorosas de la Santísima Virgen María en su advocación del Roble, a todos los seminaristas, sacerdotes y consagrados, para que con su poderosa intercesión, Dios nos conceda ser fieles al llamado que hemos recibido.

La comunidad del Seminario de Monterrey se alegra por éste hecho significativo para todos nosotros, pues nos recuerda el llamado que hemos recibido, así como la responsabilidad, el compromiso y la fidelidad con la que hemos de responder, por amor a Cristo y a la Santa Madre Iglesia.

Héctor Elías Morales Montes
1o. de Teología.