02 Ago 2017

HELLO! 1

Mi proceso vocacional lo inicié a los 16 años estando en los grupos parroquiales, era el encargado de la espiritualidad y fue como tuve más contacto con seminaristas y sacerdotes, al mismo tiempo estaba viendo opciones de carrera, en febrero de 2006 fue cuando surge mi inquietud por la vida sacerdotal. Asistí a retiros vocacionales para poder madurar la decisión y conocer un poco más y poder tomar una decisión más madura. Al seminario entré a los 18 años.

Al principio estuve confundido, ciertamente optar por Dios en este mundo actual es de locos, mucha gente al platicarles mi inquietud le sorprendía mucho ya que mi perfil en la preparatoria no era el de un sacerdote, muchos esperaban diferentes opciones de vida para mí, pero al final Dios pudo más y fue como decidí ingresar.

Hubo miedo a lo que no conocemos, al como me iba a ir, pero también junto con ello había mucha esperanza, alegría de conocer un poco más como iba a ser la vida de sacerdote, de ir haciendo vida de fraternidad en el seminario, hubo sentimientos muy intensos y al final es una gran paz saber que la decisión que tomé hace diez años Dios la va confirmando con su voluntad y se va haciendo presente en mi vida.

Mis papás fueron los últimos en enterarse ya que quería estar seguro de mi decisión, el primer año viví mis retiros vocacionales sin que ellos supieran que me estaba preparando para el seminario, cuando mi inquietud y mi decisión fueron madurando y me animo a ingresar al seminario fue cuando les conté que tenía ya trece meses discerniendo lo que Dios tenía para mí. Desde el primer momento me apoyaron, ciertamente fue inesperado, ya que mi perfil indicaba otras líneas, hasta hoy están muy contentos con los pasos que voy dando, han hecho mucha amistad con mi compañeros y sus familias, nuestras familias se han hecho muy cercanas, este ambiente eclesial en el nos vamos desenvolviendo como familias, les ha causado mucha alegría.

Desde el proceso vocacional cuando hablaban del sacerdocio, hablaban de este don inmerecido, creo yo que estos diez años si algo he madurado es en la conciencia de que este don que recibo por parte de Dios no es por méritos míos sino que por su gracia ha decidido llamarme, es un don enorme que aunque no lo merezco, Dios ha puesto su mirada sobre mí y ha querido llamarme a servirlo de esta manera, soy consiente de mis fallas, de mis límites, pero también lo soy de la gracia de Dios que actúa y le pido que pueda ser siempre dócil para que su gracia y su amor pueda pasar a través de mí a su pueblo.

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Llámanos al 1158-2838 o visita nuestra página: centrovocacional.org

02 Ago 2017

HELLO! 1

Antes de entrar al seminario era estudiante de la facultad de Ingeniería Civil, tenía 23 años de edad. Servía en la parroquia en los cursos y formación de papás y padrinos de los niños de catecismo, era acompañante en los grupos y coordinador de los coros. Descubro mi vocación en el proceso vocacional, es cuando empiezo a cuestionar acerca de mi vida y de mi futuro. Al aceptar el llamado experimente una paz y alegría interior, cada etapa de la formación he ido experimentando sentimientos maravillosos, el ir descubriendo y reafirmando que lo que estoy haciendo es lo correcto a través de su voluntad al ver como los frutos se van manifestando.

Expresarle a mi familia mi decisión al principio fue difícil, aunque mi mamá me dijo que ya se lo esperaban al verme sirviendo siempre en la parroquia, ella ya sabía que Dios me estaba pidiendo. Mi papá fue fiel a su personalidad me dijo: tu eres mayor de edad, es tu decisión, poco a poco lo fue asimilando y le fue agradando la idea. Ser sacerdote significa encontrar la gracia de Dios, gracias a este llamado puedo transmitir y llevar la paz a las personas así mismo entregarle a Dios en sus manos a hombres y mujeres que va llamando a su presencia. Aquello que indignamente he recibido como llamado de Dios, poco a poco lo va perfeccionando y haciéndolo digno, simplemente por su gracia, la gracia de Dios es la que nos hace mover y transmitir según el designo amoroso de Dios.

Consejo vocacional:
Lo más importante cuando hay un sentimiento o inquietud de vocación es responder. Es importante que uno se atreva a responder, las preguntas que nos hacemos interiormente en el momento que queremos descubrir la vocación, en ocasiones se pueden salir de nuestro alcance, creo que es importante que poco a poco vayamos respondiendo según nuestras posibilidades.

Al momento que Dios te llama a ser sacerdote , al darte esta propuesta de fe, de amor, hay que responder inmediatamente, es en el camino en el que uno también va dando esta respuesta generosa la cual siempre va acompañada del mensaje de Dios: “Siempre estaré contigo, todos los días hasta el fin de los tiempos”. El sentir como Jesús nos rescata de los peligros y de los miedos. Aún Teniendo confianza en nosotros mismo, teniendo la seguridad de lo que somos, nos puede pasar que el miedo nos pudiera atormentar, pero siempre está Jesús para tendernos la mano y salvarnos de cualquier momento de miedo, incertidumbre o confusión.

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01 Ago 2017

HELLO! 1

Antes de entrar al Seminario de Monterrey, era Cirujano General, tenía 35 años cuando entré. Mi proceso vocacional duró cuatro años hasta que escuche a Jesús que me llama a ser sacerdote. Fueron dos acontecimientos entre enero y mayo del 2006 los que me hicieron preguntarme si Dios me llamaba, por una parte leo en la basílica de Guadalupe en México un folleto que se llama la vocación, y me dije: “esto lo estoy sintiendo yo”. Tuve una revolución interna por el sentido profesional: prefería platicar con los enfermos que operarlos. Un psiquiatra en consulta me dice: “Roberto, el llamado de Jesús es personal”. Y a partir de ahí empecé a preguntarme ¿no será esto un llamado?. Y aquí estoy.

Estos dos momentos fueron claves para entender el mensaje de Jesús: “Deja todo, desde hoy serás pescador de hombres”. Cuando decido seguir el llamado de Jesús, experimento un gozo enorme de tener la certeza que Dios me llamaba para ser sacerdote… Lo difícil hubiera sido seguir en el hospital. Cuando externo a mis papás mi decisión, yo creí que me iban a decir que estaba loco y no, fue la misma reacción que cuando de niño les dije que quería estudiar medicina, recuerdo sus palabras claro: “Hijito, aquí estamos, nosotros queremos que seas feliz, cuenta siempre con nosotros”.

Ser sacerdote significa responderle a Jesús, es lo máximo, es mi máxima alegría el saber, el sentir que Jesús me llamo a dejar mi trabajo para estar con Él, hablarle de Él a los demás y ayudarles a poner en práctica sus enseñanzas no tiene precio, estoy muy agradecido con Dios, con Jesús, con el Espíritu Santo de haberme llamado a consagrarles mi vida en el sacerdocio.

Consejo vocacional:
Si tu tienes en tu corazón, una inquietud, no la pases de largo, sincérate contigo mismo, contigo misma, pregúntate: ¿qué quiere Dios de mí?, Dios nos habla a través de nuestros pensamientos,
nuestros sentimientos y de lo que los demás nos dicen. No lo olvides, en tu corazón está la voluntad de Dios. Sé congruente con eso, llega al fondo del corazón y si de verdad sientes que Jesús te está llamando para que seas de Él, dile que sí y te darás cuenta de la grandeza que experimentarás en tu corazón de paz, de alegría y de gozo. No tengas miedo, has un proceso, sé sincero y honesto contigo mismo, contigo misma y encontrarás la voluntad de Dios.

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26 Jul 2017

HELLO! 1

Ha partido al cielo el buen padre Elias y hoy lo hemos acompañado en su último adiós. Desde hace dos años nuestro Sr. Arzobispo lo había designado como Director Espiritual del Instituto de Teología, cargo que desempeñó con sencillez, humildad y generosidad. Hoy añoramos su partida pero sabemos que Dios nuestro Señor lo ha recibido en su Reino.

En la Misa Exequial presidida por Mons. Juan Armando Perez Talamantes Obispo Auxiliar de nuestra Arquidiócesis, concelebrada por los demás obispos auxiliares y un gran número de sacerdotes entre ello su hermano de sangre y sus hermanos de generación, fuimos testigos del amor que el Pueblo de Dios representado en los diversos destinos que tuvo el padre Elias.

En la homilía, Monseñor Talamantes compartió el testimonio que el padre Elías le daba de manera personal: “El padre Elías fue un pastor sencillo, con un gozo especial que compartía en la comunidad y tenía el maravilloso don de estar, el padre Elías sabía estar y eso es un testimonio para aprender”.

Seguimos encomendando al Señor el eterno descanso de nuestro buen padre Elías, que su testimonio nos siga formando como futuros pastores del pueblo de Dios; sencillos, alegres y capaces de estar con la comunidad.

Seminario de Monterrey.

19 Jul 2017

HELLO! 1

Jesús nos llama a ser parte de su misión, y siguiendo su ejemplo una de las actividades que realizamos en la Misión vocacional es la visita a nuestros hermanos enfermos, lo cual es un gran regalo de parte de Dios, porque nos permite ver en ellos a Jesús.

Estos días hemos podido acompañar a los enfermos, y platicar acerca de sus sufrimientos, tristezas y esperanzas, hemos hecho oración por ellos pidiendo por su salud, y hemos podido recordarles que son parte vital de la Iglesia, que la enfermedad no es un impedimento para la misión.

Les platicamos que este año las misiones tienen la finalidad de vocacionalizar las parroquias lo cual  quiere decir que buscamos crear conciencia de que Dios tiene un plan para todos y que debemos orar por las vocaciones. Les hablamos de como desde su enfermedad pueden ser parte de esta misión ofreciendo a Dios sus padecimientos por el aumento de las vocaciones ya que en el dolor y la enfermedad se puede amar con un amor profundo como el de Jesús desde la cruz.

Pidamos siempre por todos nuestros hermanos enfermos, y vayamos lo más seguido posible a visitarlos, ellos son una grande riqueza de la Iglesia.

André Alejandro Múzquiz Salazar

Tercero de Filosofía

11 Jul 2017

HELLO! 1

Cada año nuestra Iglesia obedeciendo el mandato de Cristo, sale cada semana santa, a llevar la buena noticia a toda persona (cfr. Mc 16, 15- 18), por lo que son muchos los  jóvenes y familias misioneras que salen de su vida ordinaria a evangelizar a pueblos y ciudades, llevando con alegría el mensaje de la Resurrección. Así mismo, el Seminario de Monterrey, se une a esta tarea de todo cristiano, designando a sacerdotes y a seminaristas, un centro de misión, en el cual durante esa semana, salen a vivir y celebrar, con el Pueblo de Dios, el Misterio Pascual de Cristo.

Hoy quiero compartirles mi experiencia que en este año me tocó vivir, y que sin duda alguna, fue muy diferente a las misiones que durante mi vida apostólica parroquial había realizado. Digo esto, porque pensamos siempre que las misiones de semana santa se llevan a cabo en algún pueblo, ciudad pequeña con capillas y parroquia, sin embargo, este año Dios quiso que un servidor experimentara su pasión, su muerte y su resurrección en la Casa Simón de Betania.

Acepto que al principio me sorprendió saber que mi destino sería ese, ya que pensé que sería designado a una parroquia o una capilla.

La Casa Simón de Betania es un hogar, que desde 1987, alberga y atiende gratuitamente a niños, adolescentes y adultos enfermos de VIH, SIDA, Cáncer y Tuberculosis sin importar credo religioso, sexo o edad; brindándoles un techo en un ambiente de respeto, aceptación y espiritualidad.

Las personas que se atienden son canalizadas, o bien, llegan a la institución porque no cuentan con los recursos económicos para solventar su enfermedad, son rechazados por sus propias familias o  porque ellas están imposibilitadas de atenderlos de forma adecuada.

Al principio desconocía que iba a hacer en este tiempo de misión, pues el panorama era muy diferente a las experiencias de misiones que había vivido en el pasado, pero, eso  sí, me queda claro que fue Dios quien me fue llevando y guiando para saber de que modo los pacientes podrían celebrar el Misterio Pascual.

Él me regaló la oportunidad de crecer humanamente y espiritualmente cada día de la misión. El lunes santo aprendí que el verdadero mártir es aquel que entrega su vida en el sufrimiento por amor a Dios; el martes, un residente conocido como Don Oscar me trasmitió con su “¡gracias hijo!” el cariño sincero de Dios de Padre; el miércoles, con Miguel aprendí que Dios escucha la oración de los corazones sinceros; llegado el jueves santo experimenté la sencillez y alegría de los niños; y el viernes, el poder curar las llagas de Cristo en una de las pacientes. Estas son algunas de las cosas que Dios me regaló durante esta semana santa, además de tener la oportunidad de darles de comer, bañarlos, limpiarlos, escucharlos y vivir con ellos una misión totalmente diferente, pero con un gran significado para la vida.

Puedo resumir esta misión en tres palabras que, sin duda, me ayudaron a reafirmar mi llamado hacia el sacerdocio de Cristo: el amor, que me invita a la entrega absoluta en el prójimo; la obediencia, al aceptar la voluntad de Dios; y la alegría, al experimentar el gozo de haber servido al Señor en el hermano enfermo y celebrar con ellos Su Pascua.

Hoy te pido que si conoces a alguien que necesite ser atendido, lo lleves a este hogar en donde la misericordia de Dios se hace presente, en donde la Pasión de Cristo se vive en carne propio, pero, sobre todo, en donde la resurrección se vive cada día al salir el sol.

Oremos por los misioneros, por las hermanas y laicos que atienden a los pacientes de este hogar. Y pidamos por los enfermos, para que Dios salga a su encuentro en aquel que puede servirlos con amor y alegría.

Ignacio Ávila Rangel

Primero de Teología

11 Jul 2017

HELLO! 1

¡Tú vas a ser sacerdote!

Esta aventura comenzó hace poco más de 10 años, para ser preciso el 28 de febrero del 2007,  estando en el grupo de adolescentes, el sacerdote de la parroquia me dijo unas palabras que impactaron toda mi persona: “tú vas a ser sacerdote”. En aquél entonces, no pasaba por mi cabeza esa posibilidad, no era una opción que me hubiera planteado antes en mi vida, pero sin duda alguna, aquellas palabras resonaron en lo más profundo de mi corazón.

Un sábado 4 de agosto del año 2007, fue el día que se concretizó esta aventura, entré al Seminario, aún recuerdo que ese día tenía demasiado miedo, no sabía lo que me esperaba, no tenía ni idea de lo que iba a encontrar en la vida cotidiana dentro del Seminario. Ahora, después de haber vivido y terminado estos 10 años de formación sacerdotal, sigo descubriendo que es Dios quien verdaderamente guía nuestra vida, sigo impresionándome de las maneras en que nuestro Buen Pastor actúa, siempre presente, la ternura del Dios de la Misericordia, cercano, fiel, que te acompaña en cada momento, y que va haciendo de la aventura de la vida tu propia historia de salvación, que se descubre en la propia vocación.

Hoy, a unos cuantos días de ser ordenado sacerdote, puedo afirmar con toda certeza que el haber sido invitado a ser sacerdote de Dios es algo que sobrepasa todo pensamiento humano.  Indudablemente es una invitación que viene de Dios. Escuchar este llamado y responder a este proyecto de Amor, no se alcanza a expresar con palabras, tal vez ni miradas, sino solo en la hermosura de la fe, en el corazón de aquél que cree que Dios se sigue haciendo presente en su Iglesia para seguir amando por medio de sus ministros. Dios sigue llamando, Jesús sigue invitando como lo hizo con sus apóstoles, sus amigos. Dios sigue confiando en sus hijos para que respondan con alegría a este proyecto de Fe y Salvación.

Vale la pena vivir esta aventura de alegría indescriptible, arriésgate a responder sí a su llamado.

Ángel Josué Loredo

Diácono

05 Jul 2017

HELLO! 1

Año tras año, los seminaristas que finalizan su primer año de Teología (cuarta etapa formativa del Seminario), en lugar de hacer misiones de verano, viajan al pueblo de San Francisco de Llanos en Pablillo, municipio de Galeana, N.L. a vivir una experiencia de Vida, conocida como: “Pastor Orante”. En esta ocasión, el pasado mes de Junio mis hermanos seminaristas de generación nos toco vivirla.

Sin lugar a dudas, fue una experiencia totalmente de gracia y bendición, en donde cada uno de los seminaristas renovamos nuestra respuesta vocacional al llamado de amor y santidad que Dios nos hace a la vocación sacerdotal.

Esta experiencia de vida consiste en un curso de oración y discernimiento vocacional, cuyos objetivos generales son:

  1. Orar con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.
  2. Discernir la opción de estado de vida en el seguimiento y entrega a Jesucristo Siervo, Sacerdote, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia.

Durante tres semanas vivimos este curso, en donde, con la ayuda del equipo formador del Instituto de Teología y un hermano seminarista de tercero de teología, logramos encontrarnos con el Señor, a través del rezo de la liturgia de las horas comunitariamente, las meditaciones por la mañana, las charlas de cada día, las puestas en común de la reflexión personal que cada uno hacíamos durante el día. También por medio de las Celebraciones Eucarísticas, (Solemnidades y Fiestas), de las Horas Santas, la experiencia de Desierto con el Señor cada jueves, las convivencias de cada viernes, las películas sacerdotales por las noches, los paseos sabatinos al “puente de Dios” (en Galeana, N.L.) y a las Cascadas de El Salto (en Zaragoza, N.L.)

Dentro de las charlas, tres frases en concreto fueron luz en el dialogo que hice con el Señor durante mi estancia en Pablillo:

  1. “Somos distintos y complementarios. En una comunidad (de discípulos), todos somos excéntricos, y Cristo es céntrico. Nos congregamos gracias a Él, pues los amigos del Jesús hablan entre ellos de la persona de Jesús. Nuestra alegría esta en esto: Su Presencia en medio de nosotros (Pbro. Rodolfo Escobedo).”
  2. “Toma, bendice, parte y comparte: son los cuatro verbos que manifiestan la vida sacerdotal. Al decirle Sí al Señor, Él te toma (toda tu persona e historia personal, con cualidades y defectos), te bendice (te hace digno y capaz para recibir el don del sacerdocio, agradeciendo a Dios), te parte (en pequeños pedazos, sin perder toda su riqueza cada trozo) y te comparte (con su Pueblo, en especial con los pobres y necesitados).”
  3. “El célibe que no pone los medios, control de estímulos y vida interior, tendrá problemas para ser fiel.”

Además de las charlas, evidentemente su Palabra nos interpelo a cada uno de nosotros. Si bien sabemos que se necesita una apertura y docilidad de nuestra parte hacia Ella, pues, en algunas ocasiones, presentamos una resistencia a su escucha, aunque lo más fuerte es nuestro miedo a oír realmente Su Voz. Por ello, les comparto dos pasajes bíblicos que iluminaron esta gran experiencia, las cuales resonaron, y estoy seguro que seguirán resonando en mi corazón: la curación de un enfermo en la piscina de Betesda en (Jn 5, 1-18) y la Parábola de los Talentos (Mt 25, 14-30).

En lo personal, les comparto que resumo esta experiencia en tres palabras (cfr. Mc 3, 13-15): Rencuentro (con el Señor quien me llamo a subir al monte), Identificación (para estar con Él) y Proyección (y después enviarme a predicar).

Sé que seguimos estando en su lista de oraciones. Les pido de modo especial que no dejen de orar al dueño de la Mies para que más jóvenes decidan entregarle su vida al Señor en esta vocación sacerdotal, como camino a la santidad.

No me cansaré de agradecerle a Dios por su gran amor manifestado a través de las personas y acontecimientos únicos que viví en el ciclo escolar que acaba de concluir, sino, al contrario, seguiré proclamando sin cesar su misericordia (cfr. Salmo 88).

Jose Luis Moran Becerra

Primero de Teología

27 Jun 2017

HELLO! 1

Uno de los grandes retos que deberás enfrentar en tu vida es el de encon­trar tu lugar en la sociedad y en la Iglesia.

Para ti, que buscas tu vocación, describiré siete pasos que te pueden ayu­dar a discernir el proyecto de Dios sobre ti.

Aunque me referiré directamente a las vocaciones consagradas (en la vi­da religiosa, en el sacerdocio, etc.), los pasos que enumeraré se pueden apli­car para el discernimiento de cualquier vocación, estado de vida o profesión.

 

1. Oración

“Señor ¿Qué quieres que haga?” Hch 22, 10

La vocación no es algo que tú inventas; es algo que encuentras. No es el plan que tú tienes para tu vida, sino el proyecto de amistad que Jesús te propone y te invita a realizar. No es principalmente una decisión que tú tomas sino una llamada a la que respondes.

Si quieres descubrir tu vocación, dialo­ga con Jesús. Sólo mediante la oración po­drás encontrar lo que Dios quiere de ti. En la oración, el Espíritu Santo afinará tu oído para que puedas escuchar.

En el diálogo de amistad con Jesús podrás oír su voz que te llama: “ven y sígueme” (Lc 18, 22); o bien, escucharás que te dice: “vuelve a tu casa y cuen­ta todo lo que Dios ha hecho por ti” (Lc 8, 39).

 

2. Percepción

 “Había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos y aun­que yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía”. Jr 20, 9

 Para descubrir lo que Dios quiere de ti tienes que escuchar, mirar y experimentar. Para esto necesitas hacer si­lencio interior y exterior; el ruido te impide percibir.

Está atento a lo que se mueve en tu interior: tus de­seos, tus miedos, tus pensamientos, tus fantasías, tus in­quietudes, tus proyectos. Escucha tanto a los que aprueban tu inquietud como a los que la critican. Escu­cha tu corazón: ¿qué es lo que anhelas? Aprende a mi­rar a los hombres que te rodean: ¿qué te está diciendo Jesús a través de su pobreza, de su ignorancia, de su do­lor, de sus desesperanzas, de su necesidad de Dios…?

Ve tu historia: ¿Por cuál camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles han sido los acontecimientos más importantes de tu vida?, ¿de qué manera Dios estuvo presente o ausente en ellos? ¿Qué personas concretas han sido significativas para ti?, ¿por qué? Contempla el futuro: ¿qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a Dios? Tienes sólo una vida, ¿a qué quieres dedicarla?

Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes son sig­nos de una verdadera vocación consagrada o son manifestaciones de que Dios quiere que intensifiques tu vida cristiana como seglar.

Al dar este paso podrás decir: “Tal vez Dios me esté llamando…” “Siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios”.

 

3. Información

 “Observen cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o nume­rosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra fértil o estéril; con vegetación o sin ella”. Nm 13, 18-20

 Los caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples. No basta con querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus herma­nos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas.

Para descubrir tu lugar en la Iglesia es conveniente que conozcas las diver­sas vocaciones. Investiga cuál es la espiritualidad que viven los sacerdotes dio­cesanos o las diferentes congregaciones religiosas; y siente cuál de ellas te atrae. Ve cómo viven: no es lo mismo una congregación contemplativa que una de vida apostólica. Infórmate sobre cuál es su misión y por qué medios preten­den realizarla: enseñanza, hospitales, dirección espiritual, promoción vocacio­nal, misiones, predicación de ejercicios, medios de comunicación, etc. Conoce quiénes son los principales destinatarios de su apostolado: jóvenes, pobres, sa­cerdotes, enfermos, niños, seminarios, ancianos, etc.

Aunque ordinariamente cuando se experimenta la inquietud vocacional se siente también el atractivo por una ‘vocación específica, vale la pena que dedi­ques algunas horas a informarte más a fondo sobre esa vocación y sobre otras. Y si al final te decidieras por la que en el principio te inclinabas, el tiempo em­pleado en informarte no habrá sido desperdiciado.

Al dar este paso podrás decir: “Me atrae la espiritualidad, el estilo de vida y el apostolado de esta congregación”. “Posiblemente Dios me está llamando a ingresar al noviciado o al seminario”.

 

4. Reflexión

 “Si uno de ustedes quiere construir una torre ¿no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pu­diendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”. Lc 14, 28-30

 La vocación es una empresa demasiado grande, ¡y es para toda la vida! Por eso no te puedes lanzar sin antes haber reflexionado seriamente sobre ti y so­bre la vida que pretendes abrazar.

Descubre cuáles son tus capacidades y limitaciones. Piensa si podrás vivir las exigencias que implica la vocación -contando desde luego con la gracia de Dios-. ¿En qué signos concretos te basas para pensar que Dios te llama? ¿Qué razones en favor y en contra tienes para emprender ese camino? ¿Qué es lo que te atrae y qué lo que no te gusta de ese estado de vida?

Dios te pide que te comprometas responsablemente en el discernimiento de su voluntad. Quiere que utilices tu inteligencia para buscar tu vocación. Con la luz del Espíritu Santo podrás descubrir lo que Dios quiere de ti.

No pienses que llegarás a tener certeza absoluta de lo que Dios quiere de ti: algo así como tener un contrato firmado por El, en el que te revelara su volun­tad. Lo que encontrarás serán signos que indican cuál podría ser el proyecto de amistad que tiene para ti.

Al descifrar esos signos podrás tener certeza moral de su llamado. Yo tengo certeza absoluta de que no puede haber un círculo cuadrado, y tengo certeza moral de que la silla en la que estoy sentado no se va a romper. La certeza moral es la que necesitas para actuar

Al dar este paso podrás decir: “Creo que Jesús me llama”. “Creo que, con la ayuda del Espíritu Santo, podré responder”.

 

5. Decisión

 “Te seguiré vayas a donde vayas” Lc 9, 57

 Habiendo descubierto lo que Dios quiere de ti, decídete a seguirlo.

Tomar tal decisión es difícil. Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán montañas: “¡Ay Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho” (Jr 1, 6). Sin embargo, a pesar de tus limitaciones -o mejor con todas ellas-, responde como Isaías:

“Aquí estoy, Señor, envíame” (Ls 6, 8).

Decir el “sí” con el cual comprometes toda tu vida es una gracia. Pídele al Espíritu Santo que te dé esa capacidad de respuesta. No afrontar la decisión equivale a desperdi­ciar tu vida.

Para iniciar el camino de la vocación no esperes tener certeza absoluta de que Dios te llama (“el contrato firmado”); te basta la certeza moral. La decisión es un paso en la fe; en un acto de confianza en tu amigo Jesús.

Al decidirte a seguir radicalmente a Jesús es normal que tengas dudas de si podrás con las exigencias y si llegarás al final. Pero de lo que no puedes dudar es de lo que tú quieres.

Al dar este paso podrás decir: “Quiero consagrar mi vida a Dios en el servi­cio de mis hermanos”. “Quiero ingresar en esta congregación religiosa”. “Quiero ser sacerdote”.

 

6. Acción

 “Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”. Mt 4, 21-22

 Una vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo; lánzate sin miedo.

Pon todos los medios que estén a tu alcance para realizar lo que has decidido. No cedas a la tentación de diferir tu ingreso a una casa de formación: “Te seguiré, Señor; pero déjame pri­mero…”. (Lc 9, 61). Con tu decisión has comprometido todos los momentos posteriores; en el futuro busca cómo ser fiel. La única manera de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día. Vive todo momento en coherencia con lo que has de­cidido; dirige cada paso hacia la meta.

¿Y cuando venga la dificultad? ¡Perseverar! El camino que emprenderás es difícil; más de lo que ahora crees. Prepárate pa­ra la lucha; deberás enfrentar problemas y superar obstáculos. Jesús te dice: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga” (Lc 9, 23).

El sendero es arduo, pero María te acompaña y el Espíritu Santo te forta­lece para que puedas recorrerlo. Además, no se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida, sino sólo la de hoy; y así cada día. Al dar este paso podrás de­cir, como Pedro: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mc 10, 28).

 

7. Dirección Espiritual

 “Levántate y vete, a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas”. Hch 22,10

 La dirección espiritual no es, en realidad, un paso más en el proceso de dis­cernimiento vocacional; es un recurso que puedes aprovechar en cada uno de los pasos anteriores.

El director espiritual te motivará a orar y a percibir los signos de la volun­tad de Dios; te indicará dónde obtener la información y te ayudará a reflexio­nar En el momento de la decisión se alejará de ti para que tú, frente a Jesús, li­bremente respondas a su llamada. Te ayudará a que te prepares conveniente­mente para ingresar en una casa de formación. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu Santo, la luz para descubrir tu vocación y la fuerza pa­ra seguirla.

Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie puede es­cuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también es cierto que necesitas de alguien que te acompañe en tu discernimiento vocacional.

Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es un llamado de Dios lo que tal vez sea sólo un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuan­do en realidad Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la autenticidad de tu vocación.

Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damas­co, le dijo que fuera con Ananías y que éste le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él, quiso valerse de Ananías para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15).

En el discernimiento del proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.

Descubrir tu vocación no es fácil, pero tampoco es imposible Si con since­ridad te pones a buscar la voluntad de Dios y realizas los pasos que aquí te su­giero, creo que podrás encontrarla.

De muchas maneras Dios te está revelando la manera como quiere que co­labores en la instauración de su reino. El es el más interesado en que tú descu­bras y realices tu vocación. Por eso haz oración, dialoga con tu director espiri­tual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.

Información extraída de: marianistas.org

23 Jun 2017

HELLO! 1

En la homilía de la Misa que celebró este jueves 22 de junio en la Casa Santa Marta, y tomando como ejemplo a San Pablo, el Papa Francisco explicó tres características que deben tener los sacerdotes para poder ser realmente buenos pastores.

1.- Es apasionado

Tras resaltar que “el Buen Pastor da la vida por sus ovejas” y que no las abandona como si fuese “un mercenario”, el Santo Padre dijo que una primera característica es la de ser apasionado “hasta el punto de decirle a su gente, a su pueblo: ‘Yo experimento por ustedes una especie de celo divino’”.

“Y este es el trato al que llamamos celo apostólico. No se puede ser un verdadero pastor sin este fuego dentro”, dijo el Pontífice en su reflexión sobre un pasaje de la Segunda Carta a los Corintios de San Pablo.

2.- Sabe discernir

Un pastor, prosiguió, es “un hombre que sabe discernir”. “Sabe que en la vida hay seducción. El padre de la mentira es un seductor. El pastor no, el pastor ama. En cambio la serpiente, el padre de la mentira, el envidioso, es un seductor. Es un seductor que busca alejar de la fidelidad, porque ese celo divino de Pablo servía para llevar al pueblo a un único esposo, para mantener al pueblo en la fidelidad a su esposo”.

“En la historia de la salvación –continuó– muchas veces encontramos el alejamiento de Dios, la infidelidad al Señor, la idolatría como si fuera una infidelidad matrimonial”.

El pastor, entonces, “saber discernir donde están los peligros, donde están las gracias… donde está el verdadero camino”. “Acompaña a las ovejas siempre: en los momentos bellos y en los momentos feos, también en los momentos de la seducción, con paciencia las lleva al redil”.

El Papa Francisco explicó que “un apóstol no puede ser ingenuo” y debe saber “condenar, debe saber decir ‘esto no’, como los padres le dicen al niño cuando comienza a gatear y va hacia una conexión eléctrica a meter los dedos. ‘¡No, esto no, es peligroso!’ Me vienen a la memoria tantas ocasiones en las que mis padres y mis abuelos me advertían que había algún peligro”.

“El Buen Pastor sabe denunciar, con nombre y apellido”, dijo luego el Papa para luego recordar su reciente visita al norte de Italia en donde rezó ante las tumbas de dos sacerdotes del siglo XX.

Recordando a uno de ellos, el P. Lorenzo Milani, el Santo Padre se refirió a su lema cuando enseñaba a los jóvenes: “I care. ¿Y esto qué significa? Me han explicado que con esto él quería decir ‘me importa’ Enseñaba que las cosas se debían tomar en serio, contra el lema de moda en ese tiempo que era ‘no me importa’, pero dicho en otro idioma (inglés). Y así enseñaba a los jóvenes a seguir adelante”.

Es necesario también, prosiguió, denunciar “lo que va contra tu vida”. Muchas veces, alertó, “perdemos esta capacidad de condena y queremos llevar a las ovejas un poco con aquel buenismo que no solo es ingenuo sino que hace mal. Ese buenismo de los compromisos para ganar la admiración o el amor de los fieles dejando hacer”.

El Papa Francisco concluyó la homilía con una oración “por todos los pastores de la Iglesia, para que San Pablo interceda ante el Señor, para que todos los pastores podamos tener estas tres características para servir a Dios”.

Información extraída de: www.aciprensa.com