29 Ene 2021

HELLO! 1

La Iglesia ha sido constituida por Cristo; para apacentar y santificar a su Pueblo, ella tiene la misión de ir y anunciar a todos los pueblos y naciones; que Jesús es el Señor, para que así todos los hombres y mujeres de buena voluntad; crean, se salven y tengan vida en abundancia. En palabras de San Pablo VI, en su encíclica Evangelii Nuntiandi (el anuncio del Evangelio), nos recuerda que la esencia de la Iglesia es la evangelización, esto es; predicar a toda criatura el Evangelio que es el mismo Cristo.

La tarea de la evangelización, compete a todos los bautizados; a todos los que formamos parte de la Iglesia, esta es una tarea fundamental para la plena vivencia de nuestra dignidad bautismal. Así mismo, la Iglesia tiene la misión de santificar a sus hijos, para que sea sacramento de salvación y signo de la presencia de Cristo en medio del mundo, por esta razón: la Iglesia tiene el poder de salvar a los hombres, no en virtud propia, sino en virtud de Aquel que nos ha salvado a todos.

Por eso, la Iglesia tiene su mirada en el cielo, pero su acción está en la tierra y fue instaurada por el Señor, para que todos nos salvemos y lleguemos a conocer la Verdad. Por este motivo, la Iglesia que es Madre y Maestra, conduce a sus hijos hacia el cielo, ilumina nuestro camino, no con luz propia, sino con la luz de su Esposo y Maestro.

Jesucristo ha instituido los sacramentos, los cuales ha encargado que la Iglesia sea quien los dispense para que todos participemos de esa gracia santificante. Con los sacramentos; se nos da en adelanto la vida eterna, ósea la vida del cielo, por esta razón la Iglesia es una casa para todos los hombres y mujeres, dentro de esta casa existe una gran ventana; que nos hace mirar y participar de la vida celestial.

Nunca dejemos de mirar hacia arriba, hacia lo alto, todos tenemos esta capacidad de escuchar a Dios y relacionarnos con Él y con nuestros hermanos; la Iglesia nos ayuda y nos muestra el camino que nos lleva al encuentro con nuestro Padre y Dios. ¡Dejémonos guiar por nuestra Madre la Iglesia!

Héctor Elías Morales Montes
3ero de Teología

22 Ene 2021

HELLO! 1

Cuando en el apostolado tengo la oportunidad de compartir con los niños algún tema del catecismo suelo preguntarles si dentro de sus deseos se encuentra el de ir al cielo, y me llena de gusto que con mucha alegría levanten su mano y digan: ¡sí, profe, yo quiero ir al cielo! Qué digno de admiración es su deseo por alcanzar un día aquello que tanto se les ha dado a conocer como el lugar en el que se está con Dios y se es feliz. ¡Qué grande es su esperanza!

En mi formación como seminarista he aprendido (aunque poco) y tomado gusto por la música y, para explicar de una forma un poco más sencilla nuestro “ser esperanza” para los demás, me atreveré a hacer una analogía entre una pieza musical y nuestra labor como agentes que animan y llevan a los demás un mensaje de esperanza en Dios en tiempos difíciles.

Para que la pieza musical logre hacer sentir en el corazón de las personas lo que el autor en su creación quiso expresar, es necesario que todos y cada uno de los elementos que con detalle la conforman, así como su ejecución, se lleven a cabo en tiempo y forma. Si durante su ejecución, el número de instrumentos no se encuentra balanceado o alguno de ellos está desafinado, quien lo toca no lo hace de acuerdo con la partitura o se escucha ruido entre el público, no será posible apreciar en su totalidad lo que busca trasmitir.

Pensémonos como aquellos músicos que están por ejecutar esa bella pieza. Para hacerlo requieren de una previa e intensa preparación, de un deseo por dar a conocer a través de su trabajo lo que la obra quiere decir, de demostrar que; aunque en los ensayos se equivocaron una y otra vez y que en su vida ordinaria hubo situaciones que los desanimaban para seguir adelante, se encuentran ahí de pie, listos y firmes para su ejecución. Pensemos en la necesidad que tiene el mundo, que hoy se encuentra en una situación muy difícil, de que llevemos esperanza, de que sepa que a pesar de las muertes que hay, de las situaciones de pobreza, las enfermedades, el sufrimiento, la perdición, Dios permanece siempre a su lado.

Todos formamos parte de esta obra maestra que ha hecho Dios con nosotros, pero porque lo conocemos tenemos la responsabilidad de llevar la promesa que nos ha hecho de permanecer junto a nosotros a todos aquellos que hoy lo necesitan más que nunca, así como de prepararnos humana y espiritualmente para ello. La obra musical no se escuchará igual si falta el más pequeño de sus elementos, la obra de Dios necesita de ti. Hagamos un gran esfuerzo para que este concierto que llamamos vida suene como una melodía creada y dirigida por Dios.

 

Luis Carlos Solís Garza

3ero de Filosofía

20 Ene 2021

HELLO! 1

Nací en el núcleo de una familia católica que siempre ha buscado tener a Dios en su centro para resolver las dificultades con espíritu de fe y para disfrutar las alegrías con amor. Allí, mis padres me enseñaron desde pequeño la importancia de acercarme a Dios no sólo para pedirle por mis necesidades, sino también para agradecerle por todos los dones y beneficios que llegan a mi vida día tras día.

Cuando llegué a los quince años, descubrí que en mi corazón tenía una necesidad muy grande de compartir mi vida con los demás y de ayudar a quienes más lo necesitaban. La experiencia de misiones de evangelización en comunidades rurales fue la que me llevó precisamente a comprobar que en la vida vale la pena seguir a Jesús y entregar la vida por Él.

Descubrí que Dios me invitaba a ser plenamente feliz a través de esta labor que tanto me iba llenando año tras año: la evangelización. Sumado a esto, vivir en una sociedad tan golpeada y lastimada por desafortunadas situaciones que denigran a las personas y atentan contra el gran amor de Dios, fue algo que poco a poco me ayudó a confirmar que el mundo necesita de Dios, y Él a su vez necesita de personas que estén dispuestas a entregar su vida por el Evangelio, que estén dispuestas a ayudarle en esta labor que busca la conversión de las almas. Y entonces me pregunté: si yo puedo gozar del conocer a Dios y amarlo de la manera en que lo hago, ¿por qué tantas personas no pueden gozar de esto también?

Más tarde comencé a estudiar la carrera de arquitectura y al mismo tiempo seguí con mi labor apostólica en mi parroquia, pues era indispensable para mi vida. Llegó de repente un día en el que la duda por ser sacerdote entró a mi corazón y poco a poco, a través de mi diálogo con Dios y de mi cercanía a los sacramentos, en especial a la Eucaristía, esta idea fue abarcando todo mi ser. Dios me llamaba a seguirlo en el seminario, para formarme y un día ser su sacerdote.

Eso es lo que hago desde que terminé mi carrera y decidí entrar al seminario: despierto cada día diciéndole “Sí” al Señor y a la invitación que me hace de seguirlo y ser su instrumento, para de esta manera, ser completamente feliz.

 

Escrito por: Patricio Rico Villarreal

29 años / Seminarista de 1ero de Teología del Seminario de Monterrey / Arquitecto.

Previo al Seminario: Coordinador del grupo MSJ: Misiones San Jerónimo en Monterrey / Ministro Extraordinario de la Comunión / Miembro del Coro Emaús/ Misión en Kenia, África.

¡Apoya a los jóvenes que han recibido el llamado de Dios, para anunciar su Palabra y entregar su vida al servicio de los demás!

20 Ene 2021

HELLO! 1

Como en el hogar de una gran familia, el Seminario de Monterrey utiliza las aportaciones de sus bienhechores en el mantenimientos de las casas de formación, en el pago de servicios y sueldos de empleados, alimentación, formación académica y humana de los seminaristas, así como en la atención médica de los mismos.

 

Con tu apoyo, podemos seguir con nuestra misión.

¡Con tu ayuda seremos más y mejores sacerdotes!

20 Ene 2021

HELLO! 1

Somos una comunidad educativa de discípulos misioneros, que abiertos a la acción del Espíritu Santo, cultiva, discierne y acompaña eclesialmente el don de la vocación presbiteral.

 

En el Seminario de Monterrey…

FORMAMOS A LOS FUTUROS SACERDOTES

Por medio de una preparación integral, humana, espiritual, intelectual y pastoral, preparamos a los futuros pastores del Pueblo de Dios, fomentando la caridad, el servicio y el amor a los más necesitados.

 

SERVIMOS EN PARROQUIAS Y EN MISIONES 

Para acompañar en la fe y llevar una palabra de consuelo y esperanza a aquellos que atraviesan situaciones de vida difíciles en los centros penitenciarios, hospitales, asilos, orfanatos, además de ayudar en la formación catequética y pastoral, en las parroquias de nuestra Arquidiócesis.

 

INVITAMOS A MÁS JÓVENES A SEGUIR A JESÚS

Por medio del Centro Vocacional, motivamos y acompañamos a los jóvenes,  a discernir su vocación, para ayudarlos a descubrir y responder al llamado que Dios les hace, en particular a una de las tres vocaciones específicas: laical, consagrada o sacerdotal.

Gracias a tu oración y ayuda económica, podemos cultivar  y acompañar eclesialmente el don de la vocación presbiteral para formar sacerdotes configurados con Cristo Buen Pastor dispuestos a servir a su Pueblo.

20 Dic 2020

HELLO! 1

COMPRADORES

1° Premio $200,000
Número de Boleto: 5692
Nombre del Ganador: Rebeca

2° Premio $100,000
Número de Boleto: 9292
Nombre del Ganador: Enrique

3° Premio $50,000
Número de Boleto: 12130
Nombre del Ganador: Jesús Angel

4° Premio $30,000
Número de Boleto: 6566
Nombre del Ganador: Yazmín

5° Premio $15,000
Número de Boleto: 8627
Nombre del Ganador: Karla

6° Premio $10,000
Número de Boleto: 10253
Nombre del Ganador: Hortencia

7° Premio $10,000
Número de Boleto: 6661
Nombre del Ganador: Rolando

8° Premio $10,000
Número de Boleto: 5792
Nombre del Ganador: Rubí

9° Premio $10,000
Número de Boleto: 8124
Nombre del Ganador: Karime

COLABORADORES

1° Premio $50,000
Número de Boleto: 5692
Nombre del Ganador: María Concepción

2° Premio $40,000
Número de Boleto: 9292
Nombre del Ganador: María Imelda

3° Premio $30,000
Número de Boleto: 12130
Nombre del Ganador: Alicia

4° Premio $15,000
Número de Boleto: 6566
Nombre del Ganador: Ricardo

5° Premio $10,000
Número de Boleto: 8627
Nombre del Ganador: María

6° Premio $5,000
Número de Boleto: 10253
Nombre del Ganador: Humberto

7° Premio $5,000
Número de Boleto: 6661
Nombre del Ganador: María Catalina

8° Premio $5,000
Número de Boleto: 5792
Nombre del Ganador: Hortencia

9° Premio $5,000
Número de Boleto: 8124
Nombre del Ganador: Juan Carlos

15 Nov 2020

HELLO! 1

Las Sagradas Escrituras es una fuente enriquecida con el testimonio de hombres y mujeres a los que Dios llamó y eligió para formar parte de su proyecto de salvación. No eran personas extraordinarias, ni gente diferente a las personas de su tiempo, eran personas que trabajaban, formaban parte de una familia, cuidaban el ganado, eran parte de una cultura; sin embargo, en un momento determinado de su vida, Dios los llamó desde lo que estaban viviendo, a una misión concreta, y es a partir de este momento que empiezan a vivir y a participar de ésta gran experiencia que se llama vocación.

Un ejemplo de éstos hombres que las Sagradas Escrituras nos relata lo encontramos en Abraham, una historia muy elocuente de la revelación de Dios hacia el hombre, pero sobretodo de alguien que al haber sido llamado por Dios, no solamente responde; sino que lo hace depositando toda su confianza en Él y no vacila al comprender, que el llamado que Dios le hizo, exigía romper esquemas. En tiempos de Abraham, la pertenencia al grupo social, sus tradiciones y sus costumbres era algo muy significativo, de manera que, al separarse o abandonar el seno familiar, el estatus social al que pertencía, sobretodo Abraham, que era una figura en sus tiempos de prestigio y posición social importante, no era bien visto y que podía tener consecuencias negativas, sobretodo para su familia.

En medio de éstos factores sociales y culturales en la que estaba envulto Abraham, probablemente hubo quienes trataron de impedir que hiciera caso a la invitación que Dios le había hecho, a que desistiera de esa “locura” de dejar todo lo que poseía, su familia y sus pertencias, solo para ir a las tierras donde Dios lo necesitaba (Gn 12,1). No obstante, Abraham no se ve ni se siente intimidado por eso, hay algo que lo movió y lo impulsó a tomar esa gran decisión de seguir al Señor, y todo lo que eso implicaba, y eso que lo motivó se llama confianza. Abraham es grande por haber confiado en Dios, y esto lo llevó a obedecerlo, dándonos una gran lección de que, quien se fía del Señor, da pasos seguros en su vida, en sus decisiones, y que de quien se empeña por cumplir la voluntad de Dios, no queda defraudado (Gn 12, 2). El Señor es generoso y nunca deja sin recompensa al que se abandona en Él.

Todos hemos sido llamados a participar de un proyecto que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros. Y así como Abraham y otros hombres y mujeres de la Biblia, también hemos sido elegidos desde un ambiente social, cultural, familiar, bajo un gobierno, etc. y desde ahí, desde esas circunstancias, el Señor nos habla y hay que responderle con prontitud, abandonándonos plenamente en sus designios. Probablemente encontremos también obstáculos que nos dificulten el camino que Dios nos está mostrando, pero debemos de estar conscientes de que Dios no abandona al hombre que no duda de los planes que el Señor tiene para él y que lo va a proveer de lo necesario para responder al llamado.

Dejemos que la voz de Dios siga resonando en nuestro interior, poniendo nuestro futuro y proyectos en sus manos. El hombre que confía y obedece al Señor se convierte en bendición para los demás.

Aldo de Jesús Hernández Hernández
3ero. de Filosofía

06 Nov 2020

HELLO! 1

El martirio es la respuesta a la llamada de Dios que invita a seguirlo en medio de tantas contrariedades de la vida. El mártir es aquel que experimenta en su corazón el ardor del amor de Dios, a tal punto que le hace capaz de dar la propia vida por causa de Cristo y de su Iglesia.

A lo largo de la historia de la Iglesia, numerosos hombres y mujeres han abrazado el don del martirio entregando su vida por amor a Dios.
Ellos son ahora para nosotros ejemplo del seguimiento de Cristo, y nos recuerdan que todos somos llamados a dar testimonio de lo que hemos visto, oído y experimentado. Quienes aspiramos al sacerdocio y nos formamos en el Seminario de Monterrey, hemos descubierto en san Teófimo mártir, este modelo de entrega al Señor.

Celebrar la fiesta en honor a san Teófimo es un motivo de gran alegría para todos nosotros, pues nos recuerda un aspecto fundamental de la vocación a la que nos sentimos llamados: el ser testigos del amor de Dios en medio del mundo. Así, nuestro santo patrono nos motiva a seguir esforzándonos en cada momento de la formación, para que seamos verdaderos testigos del Señor para los demás.

Aunque este año, debido a la pandemia, no pudimos vivir una celebración como todos los años junto a nuestros hermanos menores, nuestras familias, bienhechores, trabajadores del Seminario, sacerdotes de Monterrey y tantas otras personas que aman a nuestro Seminario, sabemos con certeza que nos une a todos ellos la comunión de la oración, pues a pesar de no estar reunidos físicamente, compartimos, cada quien desde su hogar, una misma alegría.

Cada año las fiestas de san Teófimo nos motivan a seguir entregando la vida por Cristo y este año no debe ser la excepción. Hoy más que nunca debemos ser testigos del amor de Dios para el mundo, en medio de tanto sufrimiento y dolor que ha dejado esta pandemia. Por eso, pidámosle al Señor que por intercesión de su santo mártir Teófimo, nos conceda un corazón fuerte y valiente para atravesar esta tempestad y un corazón lleno de esperanza que sepa escuchar la voz de Jesús que dice: ¡Ánimo! Soy yo, no tengan miedo. (cfr. Mt 14, 27).

Erick Alfonso Rivera Ortiz
3ero de Filosofía

05 Nov 2020

HELLO! 1

Muy apreciados seminaristas:

Me dirijo a ustedes con motivo de la elección de un servidor, como obispo auxiliar de esta Arquidiócesis de Monterrey. Con gusto lo hago, hoy que celebramos a San Teófimo Mártir para presentarles mi estandarte episcopal, en el que espero proyectar en los signos que he querido incluir, un testimonio vocacional.

He elegido un estandarte como emblema episcopal en lugar de un escudo, pues me gusta más la idea de “alzar un estandarte”, como la conocida imagen de Pascua en la que vemos a Jesús alzando el estandarte pascual como signo de su victoria sobre la muerte.

Por ello, en el estandarte de tela ligera y no de acero pesado, colgado de una cruz larga y delgada, quiere proyectar mis sueños e ideales por los que deseo luchar en este ministerio episcopal. No pienso en un proyecto personal, pues éste, será el que mi Arzobispo me indique, pienso en algunos aspectos de mi vida de fe y vocación, que creo que son carismas que el Señor me ha regalado para el servicio de la misión y que, en fidelidad a lo que se me encomiende realizar, lo haré, como es natural desde lo que soy, o, mejor dicho, desde lo que Jesús ha hecho en mi vida y vocación. El estandarte en este sentido quiere reflejar y ser un testimonio de mi fe en Cristo y mi vocación sacerdotal.

Lo primero a explicar es que la cruz lleva un manto-estola, que es el manto del resucitado y está colocado como una estola sacerdotal. Creo que el sacerdocio bautismal mediante el cual participo de la vida nueva en Cristo, está estrechamente ligado y da sentido al sacerdocio ministerial, al que fui llamado, por eso uno en un mismo signo el signo de la pascua y el del sacerdocio.

Lo que sella y une la cruz y el manto-estola, es el cáliz y la T de San Teófimo Mártir, patrono de nuestro Seminario. Creo que el sacerdocio bautismal y ministerial, vivido «en espíritu y en verdad», tiene como máxima aspiración e inspiración, la entrega de la vida en ofrenda a Dios y al pueblo de Dios, ofrenda unida al testimonio de una vida con sabor a evangelio, al estilo de Jesús. Pero también, con el testimonio profético de la Palabra que no esconde la verdad, sino que la proclama desde las azoteas (cfr. Mt 10,27), aunque este ser testigo de la verdad (cfr. Jn 18,37) lleve consigo la persecución e incluso la muerte.

En esta misma sintonía del deseo de un ministerio que sea un auténtico testimonio profético, dentro del manto, he querido incluir en la parte inferior, el libro de la Sagrada Escritura y en la parte superior al Espíritu Santo, que la ha inspirado y que ungió el ministerio de Jesús y lo envío a las periferias a comunicar la Buena Nueva.

La Biblia ubicada “abajo” significa la encarnación e inculturación, ya que Aquel que es la Palabra, el Verbo de Dios, como una semilla; se encarna en la realidad del pueblo y se comunica desde la cultura, lenguaje, símbolos y realidad de la gente.

Del lado derecho, también en la parte inferior del estandarte, podemos ver unas casitas de madera y carrizo, y a la izquierda, edificios y casas de material como las que vemos (aunque algunos no las quieran ver) en los barrios de las periferias de nuestra gran ciudad. El campo y la ciudad se unen en la nueva realidad de Monterrey, realidad que me ha tocado conocer en las últimas tres parroquias y misiones parroquiales en las que he servido.

Mucha gente que viene a Monterrey de los estados del sur, de comunidades rurales (como las de la parroquia de Chiapas donde serví cuatro años), está re-configurando la realidad de nuestra Arquidiócesis, tanto por la riqueza de su religiosidad, como por sus sufrimientos que viven al ser explotados en lugares de trabajo con un esclavismo moderno (horarios en turnos sin vida familiar, bajos sueldos, pocas prestaciones, largas horas de traslado, etc.).

Al poner sus “casitas rurales” y “barrios urbanos” en el estandarte, quiero poner a la vista esa realidad a la que el Señor me envía a evangelizar. Además, mi lucha como sacerdote ha sido y deseo que siga siendo, contra la simonía (lucro con los sacramentos) y la burocracia (exceso de trámites imposibles de cumplir). Creo que mucha gente se aleja por esas trabas que muchas veces se ponen. En el proyecto de Jesús, el Reino, los últimos pasan a ocupar los primeros lugares y pido a Dios sabiduría, prudencia y valentía, para que, en mi ministerio episcopal, ellos también ocupen esos primeros lugares y nuestra Iglesia sea, cada día más, un lugar de inclusión y acogida de los más alejados y marginados.

De las casitas sale un camino que conduce a la “U” del Cerro de la Silla, símbolo de nuestra gran ciudad. El camino, por supuesto significa el seguimiento de Jesús, como clave y criterio de vida, pero también su ascenso al cerro, hacia el cielo. Me recuerda la escala de Jacob y la promesa hecha por Jesús a sus apóstoles: “Verán los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre subir y bajar rodeado de sus ángeles” (Jn 1). Esos textos bíblicos e imágenes, en el Cerro de la Silla, evocan a mi primer llamado y encuentro con Jesús resucitado en mi parroquia de origen, ubicada al pie del Cerro. Allí, en mi colonia, en la esquina donde antes de mi conversión me juntaba, allí, evangelizando en esas calles y desde mi encomienda como coordinador del grupo juvenil, fui testigo de la presencia de Jesús resucitado actuando, rodeado de sus ángeles y ayudado de muchos jóvenes antes alejados, en la evangelización de la parroquia.

Al poner arriba al Espíritu Santo, quiero recordarme a mí mismo, que no hay evangelización posible sin Él y así, al verlo; invocarlo, pues deseo de todo corazón, que mi ministerio al servicio del pueblo de Dios, sea un ministerio ungido, que como los primeros misioneros, me llene de su fuerza y me acompañe con su poder para que la obra de construir una Iglesia bonita y sencilla, semilla del Reino, con la que sueño, no confíe en mis pocas fuerzas y habilidades, sino en su poder y gracia.

Con el lema en latín “Spiritu et veritate evangelizare” (Evangelizar en espíritu y en verdad (Jn 4,23), deseo servir a Dios y al pueblo de Dios, con libertad de espíritu y sinceridad, según he explicado antes, teniendo la evangelización como principal tarea, ya que ésta, es la que distingue a un apóstol en el Nuevo Testamento, como misionero itinerante, ministro de la Palabra, convencido de esta verdad: «Ay de mi si no anuncio el evangelio» (1 Cor 9,16), sobre el que se fundamenta todas las cosas sobre roca.

El color blanco que predomina en el estandarte, al mismo tiempo que es el color de la Pascua, significa el deseo de ser un bienaventurado, con un corazón limpio. El verde significa esperanza y al mismo tiempo el tiempo ordinario de la liturgia, pues deseo que, como Jesús vivió su ministerio en lo ordinario de la vida, así, el trabajo ordinario que un servidor lleve a cabo, pueda estar orientado a las personas concretas que en el día a día, en lo ordinario, trabajan con esperanza por su familia y muchos también, trabajan gratuitamente como servidores en las parroquias y movimientos de nuestra Arquidiócesis. Ellos, el pueblo de Dios, han sido, en lo senillo y ordinario de sus vidas, un ejemplo y un testimonio que me ha sostenido, motivado y que mantiene mi esperanza en que es posible que el Reino de Dios, irrumpa ya en la historia, en nuestra historia personal, eclesial y social.

Agradezco a todos ustedes, hermanos seminaristas y formadores, familiares, trabajadores y maestros, por todo el cariño y fraternidad que me han manifestado en estos más de siete años que he servido como formador de este Seminario. Me encomiendo a sus oraciones y espero seguir sirviéndoles.

En verdad, estos años, sin merecerlo, han sido una bendición y una preparación, ustedes me han ayudado a formarme como pastor. Pido perdón por mis fallas, limitaciones y por no haberme entregado como desearía, pero se que el amor fraterno que ha nacido en este tiempo seguirá creciendo y fortaleciéndose.

Dios les bendiga y oren por un servidor para que sea fiel.

Mons. Juan Carlos Arcq Guzmán
Obispo auxiliar
Arquidiócesis de Monterrey

30 Oct 2020

HELLO! 1

Año tras año en nuestro querido Seminario de Monterrey celebramos el novenario de nuestro santo patrono: san Teofimo, mártir. Esta celebración se ha caracterizado entre nosotros por ser un momento especial en donde, seminaristas, padres y nuestras familias, nos reunimos presencialmente para convivir espiritual y fraternalmente.

Sin embargo, este año, por la situación que está aconteciendo mundialmente, nos hemos topado con la necesidad de cambiar la manera en que tradicionalmente celebramos nuestra fiesta. Incluso, desde que comenzamos su preparación nos enfrentamos a nuevos retos como el de transformar esta vivencia (totalmente) presencial, a una lo menos presencial posible disponiendo de las plataformas digitales. No está de más escribir que algunos seminaristas compartíamos entre nosotros la necesidad de seguir con el ánimo y el entusiasmo de siempre al preparar y vivir esta fiesta aún a pesar de las contrariedades que han surgido por el nuevo coronavirus. Entre nosostros, compartíamos que esta situación nos da la oportunidad para reflexionar en las semejanzas de lo que estamos viviendo y de lo que pudo haber experimentado san Teófimo antes y durante el proceso de su martirio (encierro, aislamiento, miedo, etcétera), pero enfocándonos en la valentía, la entrega, la fidelidad y el amor a Cristo que llevó a nuestro patrono a la victoria celestial.

En años anteriores el novenario se iniciaba con una bienvenida por parte del Instituto de Teología a los demás Institutos del Seminario: Menor, Propedéutico y Filosofía. Esta bienvenida incluía batucada, snacks, ceremonia inaugural y convivencia deportiva. Algunas veces, después de la bienvenida, recibíamos dentro del mismo Seminario una conferencia en torno a la fiesta o sobre algún acontecimiento relevante del año en curso. Luego, unidos en procesión, trasladábamos las reliquias de nuestro patrono de donde normalmente se encuentran (en Rectoría) a una de las capillas del Seminario Mayor, y ya entronizado el santo iniciábamos formalmente la novena a san Teófimo. Terminado este acto litúrgico teníamos, lo que algunos llamaban, “noche de gala”, pues mientras cenábamos, disfrutábamos de alguna presentación musical, teatral o de comedia.

Aunque sí es un poco desconcertante la manera en que estamos viviendo actualmente la fiesta, ya que por motivos de seguridad y prevención se consideró conveniente que cada instituto celebrará en sus respectivas casas formativas (por lo que no hubo bienvenida como tal, la conferencia fue a través de las plataformas digitales y la procesión para la entronización del santo se realizó sólo con una pequeña representación del Instituto de Teología), agradecemos que se haya podido realizar el novenario a san Teófimo, pues es gracias a su testimonio que nosotros podemos renovar y fortalecer nuestro sí al llamado que Dios nos hace.

Fuera de la nostalgia que puede provocar esto en algunos de nosotros, nos ha ayudado a mantener abiertas las puertas (hablando virtualmente) del Seminario a nuestras familias, amigos y bienhechores para que puedan experimentar un poco de lo que nosotros vivimos en torno a esta fiesta.

Así mismo, esta reflexión sobre la persecución y/o el martirio que han tenido que pasar algunos miembros de nuestra Iglesia desde los primeros siglos hasta nuestros días, nos debe llevar a la certeza de que lo único eterno es el amor de Dios, a la esperanza de que juntos saldremos adelante de esta situación y a una caridad inquebrantable fundamentada en el amor y la gracia de Cristo.

Miguel Alejandro Ortiz Balandrán
3ero. de Teología