18 Jun 2021

HELLO! 1

Los profetas, a semejanza de los líderes que buscan un bien común, son los hombres de la Palabra, aquellos que escuchan con atención el mensaje del Señor y lo transmiten con claridad; están seguros de lo que comunican, pues lo recibe de inspiración de Dios y busca el bien del pueblo, y no los intereses propios.

Vemos la misma acción de parte de Dios, que impulsa en la realidad actual a su pueblo. Durante este tiempo, hemos podido ver a tantos hermanos nuestros, científicos, políticos, o líderes económicos que han buscado soluciones a la situación de contingencia que actualmente vivimos y ya todos conocemos. Han sacrificado tiempo, esfuerzo, trabajo, salud e inclusive lo más sagrado y preciado, la propia familia, para atender a millones de enfermos, algunos desde casa, otros en los hospitales y centros de asistencia social, etc.  También se ha trabajado en conjunto para buscar una cura o tratamiento contra este virus que amenaza la salud y el bienestar del ser humano. Por otra parte, hemos podido darnos cuenta de la creatividad de muchas personas, algunas muy optimistas con la capacidad de alentar y animar a la ciudadanía en los momentos difíciles, de crisis, soledad; podemos decir que se ha despertado el espíritu de solidaridad, esperanza y corresponsabilidad. Hemos sentido la sabiduría del Espíritu Santo, que ha conducido a muchos líderes en busca del bien común.

Es una pena que también durante este tiempo hemos descubierto, cómo las fuerzas del mal actúan en personas abusivas, en líderes que no toman conciencia y se aprovechan de la situación actual para manipular, para obtener logros personales y dañar a los más necesitados. Ante esto, es importante que tengamos los ojos bien abiertos y orar, para que el Señor suscite la conversión de estos hermanos y el mundo cambie de dirección. Es importante que de este tiempo de pandemia obtengamos una enseñanza desde una mirada de fe y escuchemos la voz de Dios que nos habla e invita a contemplar a Jesús como el profeta que sana, salva y todo lo hace bien. Recordemos que Jesús, nuestro gran Maestro se acerca al enfermo, y sin miedo le restituye a la sociedad, le devuelve la dignidad perdida y le pide que construya un mundo mejor.

El Papa Francisco nos ha recalcado que ya nos acostumbramos a vivir en una sociedad enferma y es tiempo de construir una realidad más limpia, no tan contaminada, es tiempo de contagiar el amor. Ojalá que este tiempo en el que seguimos en casa y estamos retomando poco a poco nuestra vida ordinaria nos ayude a volvernos más humanos. Dejemos de pensar en nosotros mismos y comencemos a colaborar unos con otros en los diferentes ambientes, para lograr un cambio positivo en nuestra sociedad.

Pidámosle al Señor que, por intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de los Profetas, aquella que sigue ejerciendo esa misión para con los hijos que le fueron confiados al pie de la Cruz, podamos crear un mundo mejor y más humano.

 

Jesús Emmanuel Garza Torres | 2do. de Filosofía

Revista San Teófimo No. 154

23 Abr 2021

Hola, mi nombre es Carlos Felipe y estoy cursando actualmente tercero de Filosofía. En este año escolar los padres formadores me han encargado la coordinación de la fiesta del Instituto de Filosofía en honor a nuestro patrono san José, hombre justo a quien Dios confió la educación de su hijo Jesús nuestro Señor.

La fiesta se volvió un reto por las implicaciones que esta conlleva y a causa de la pandemia surge un nuevo modo de vivir la fiesta. También para mí es un reto tener una buena y clara comunicación con mis compañeros de trabajo, sobre todo para trasmitir el mensaje y las virtudes que tiene nuestro santo patrono.

Tenemos ya varios meses planeando la fiesta, proponiendo ideas y modificando otras con la ayuda de los formadores del Instituto de Filosofía. El día de hoy iniciamos el novenario y en lo personal, estoy nervioso; ya que este cargo de coordinar, sin duda alguna, es un parte aguas en mi formación y una gran oportunidad para crecer como persona, saber controlar mis emociones y ser más organizado.

La fiesta patronal de San José es un momento en el cual se propicia espacios de convivencia fraterna entre el futuro presbiterio, creando lazos de amistad y hermandad que no solo se viven por medio de charlar, sino también a través del deporte, de la espiritualidad y las conferencias que escuchamos. Por eso trato de dar todo de mí, para vivir plenamente junto con mis hermanos este momento tan especial como corazón de la diócesis, como jóvenes y adultos que anhelan configurar su corazón con el Buen Pastor.

 

Carlos Felipe Rodríguez Palacios

Seminarista | 3ero de Filosofía

16 Abr 2021

HELLO! 1

Este año no efectuamos las tradicionales misiones de Semana Santa, el motivo, no muy grato, fueron las restricciones de movilidad que se han impuesto. No puedo decir por ello que la consecuencia fue lamentable, todo lo contrario: se nos permitió estar en casa de nuestros padres y a medida de lo posible, colaborar con nuestra comunidad de origen. En mi caso; Cristo Rey de la Paz, en Guadalupe.

Hace seis años que no vivía una Pascua en la parroquia que pertenezco; me vienen a la memoria las caminatas en la mañana rumbo a la “Mirasol”, ahí casi llegando a Eloy Cavazos (con frecuencia nos prestaban un lugar en esa colonia para el evento con los niños de catecismo), recuerdo cierta ocasión que tuvimos que trasladar un cuadro del resucitado, desde la capilla Sta. María Niña -ubicada en Av. Las Torres; ahora famosa porque conecta fluidamente con el estadio de Rayados (yo todavía la visualizo como un monte cortado por el río la Silla)- no conseguimos transporte así que la cargamos cual pípila abriéndose paso en plena batalla, y aunque no había balas que amenazaran nuestras vidas o algo que las pusiera en riesgo, el cielo se nubló como exigiendo un carácter épico. Y cantamos. “Jesús mismo cargó hasta la cruz nuestros pecados”. Todo el camino el mismo canto, éramos dos catequistas que por talento musical nunca nos habrían aceptado en algún coro, por muy necesitado de integrantes que estuvieran. En fin, podía recordar todo el sentimiento de estar con los míos, por un asunto -que sin balas o amenazas- resultaba vital… “y fue herido para que nosotros fuéramos salvados”.

Ahora ese sentimiento se plasmaba atrás de una pantalla, reuniones virtuales con temas a distancia (la pastoral juvenil se animó a ofrecer unas misiones de este tipo) y celebraciones litúrgicas en un templo con cupo restringido (un aforo del 40%, aprox.), el servicio al altar también se encontraba limitado (es una realidad que una porción de la gente no asiste porque ya se mal acostumbró a ello y no tanto por cuestión de prevenir aglomeraciones); dobletear lecturas, improvisar acciones o recursos, y una cámara intentando captar todo para la transmisión por Facebook (otra realidad es que un sector espera con ansias poder incorporarse presencialmente al ritmo eclesial). “Y volvimos por su gran amor al redil del buen Pastor”.

No pretendo dar una tonalidad melancólica a este escrito, el sentimiento de estar con los míos por un asunto vital perdura. Pero es sorprendente cómo se van desarrollando las cosas… el año pasado viví la Pascua en casa, frente al Canal Digital de la Arquidiócesis, este año pude pasar tiempo con la comunidad parroquial y las transmisiones eran desde su propia página. El ritmo comienza a retomarse después de una sacudida que nos mostró nuestra fragilidad, pero también se hace patente que Dios no nos abandona. “Salvos somos por su misericordia y su pasión”.

Comprender la fragilidad y experimentarla, provoca un cambio radical en la existencia de la persona. Eso fue lo que aconteció, Cristo y la transformación que ofrece a nuestra vida es una esperanza maravillosa. Tal vez debí hablar de la manera en que experimenté lo frágil, estoy casi seguro de que todo el que esté leyendo esto sufrió en estas dos pascuas alguna pérdida (un ser querido, un trabajo, una condición), pero quería enfocarme en cómo se van desarrollando las cosas a la luz de la esperanza brindada con la resurrección; el cielo está nublado y nos exige un carácter épico. Estamos con los nuestros, somos Iglesia -la familia de Cristo- ¿qué vendrá para el próximo año? ¿qué se irá? ¿bajo cuáles condiciones tendremos que celebrar la pascua 2022? No lo sé, el panorama es incierto pero lleno de esperanza. Cantemos. “Cristo yo te suplico, escúchame”.

 

Isaac Arguello Cepeda

Seminarista | 1ero. De Teología

26 Mar 2021

HELLO! 1

Los santos son personas como tú y como yo, que durante su estancia aquí en la tierra tuvieron un encuentro que marcó sus vidas, vivieron un acontecimiento que los inclinó a dar una respuesta a Dios y que, al morir, llegaron a conseguir la felicidad eterna; en otras palabras, llegaron al cielo.

Muchos de nosotros hemos pensado en más de una ocasión que los santos son los que están representados en imágenes en los altares de nuestras parroquias y conmemoramos sus fiestas durante el año, pero no es así. Los santos son aquellos que en su vida lucharon por alcanzar el máximo regalo, el mejor de los destinos. Como nos decía el Papa San Juan Pablo II, son todos aquellos que dieron un “sí” a Dios.

Hubo algunos santos que desde muy pequeños fueron forjando una amistad con Jesús, era para ellos el centro de su vida; tal es el caso de Santa Teresa de Lisieux, Santo Domingo Savio, los pastorcitos de Fátima, entre otros; pero también otros que ya tenían un largo camino recorrido cuando el Señor salió a su encuentro, pero la invitación es la misma, el Señor sabe el momento perfecto de nuestra vida para tocar nuestro corazón y sembrar la semilla de la vocación a la santidad.

Al leer algunas vidas de santos, podremos percatarnos que muchos de ellos pasaron algunas carencias, dificultades, dudas, tribulaciones durante su caminar. Podríamos llegar a pensar que la santidad tiene que doler… ¡Pero no es necesario! Lo que realmente importa es que ellos llevaron su dificultad con alegría, entendiendo que ese era parte del plan de Dios y confiaron plenamente en Él, y por eso son para nosotros ejemplos de vida y modelos de seguimiento del Señor.

Dios sigue llamando a la aventura de la santidad, a contemplarlo eternamente en el cielo y gozar de su compañía, no le importa nuestra condición, nuestros defectos, nuestras limitaciones; sólo una cosa nos pide, un corazón sencillo y dispuesto a amar y una pasión por Él.

Señor, tú que nos llamas a seguirte en medio de pruebas, dificultades y miedos, guíanos por tus sendas, y condúcenos hasta ti, que eres fuente de toda santidad. Con tu gracia lo podemos lograr.

 

Jesús Emmanuel Garza Torres.

Seminarista | 2do de Filosofía

19 Mar 2021

HELLO! 1

El inicio de la primavera trae consigo la sensación de la renovación de toda la vida. Al observar cómo la naturaleza vuelve a conseguir sus verdes colores, llenan el alma del hombre de alegría, en contraposición al color gris del invierno. Hay una dinámica interna en el hombre que le hace apreciar de forma distinta los hechos con los que convive diariamente en la rutina, le hace ver las cosas de una forma nueva y con sentido completo. ¿Cuántas veces no hemos padecido, aunque sea mínimamente, la falta de sentido en nuestra vida? ¿Y cuántas más, con mayor fuerza, la alegría invade nuestro corazón?

Se ha iniciado el proyecto «Noches de Sol», un proyecto del Seminario para los jóvenes, que tiene por objetivo encender el corazón por medio de la música católica. Será un tiempo especial, en el que seminaristas, artistas y jóvenes cantores, espectadores y muchos más, puedan encontrarse para expresar de viva voz la alegría del Evangelio y de la salvación de Cristo.

Concretamente «Noches de Sol» es un concurso de cantos católicos acompañados por el Seminario de Monterrey, con tres finalidades: el encuentro, la manifestación de carismas que hay en nuestra Iglesia y el discernimiento vocacional.

El encuentro se realiza por medio de las redes sociales, donde seminaristas, personajes importantes de la actualidad, artistas y jóvenes de la Arquidiócesis estaremos en comunicación por medio de transmisiones en vivo, dinámicas de votación, comentarios y, ante todo, en la oración.  En cuanto a la manifestación de carismas, es muy notable que nuestra Iglesia tiene abundancia de talentos para el servicio del pueblo de Dios y del prójimo. El canto no es la excepción.

Un concurso de canto católico hará patente aquellos dones y carismas musicales que tenemos en nuestra Iglesia para que, a la vez, toda la Iglesia de Monterrey pueda contemplarlos y disfrutarlos en un encuentro fraterno. Por último, la finalidad esencial de este proyecto radica en la motivación y apoyo para el discernimiento vocacional en los jóvenes. En este sentido, hay que aclarar que la vocación no se reduce a la decisión de entrar a un Seminario o alguna casa de formación para la vida consagrada; sino que la vocación es un llamado que hace Dios al hombre para darle sentido a nuestra vida y a todo nuestro existir. Ella responde a las inquietantes más importantes de la vida ¿Quién soy? ¿para quién soy ¿a dónde voy? ¿por qué yo?

El modo de realizar el concurso de «Noches de Sol» será por medio de una inscripción en línea. Tanto las bases como el formato de inscripción están publicadas en las redes sociales del Seminario de Monterrey. Una vez inscritos los participantes se les enviaran indicaciones para comenzar con la primera selección a través de un video musical.

Aunque el concurso del canto vocacional es la médula espinal de este proyecto, toda la actividad gira en torno a los contenidos vocacionales que toman una directriz concreta a través del llamado, la libertad, el amor, la responsabilidad, y la misión.

Creo que «Noches de Sol» será una de las más importantes formas para lograr una comunicación real del Seminario de Monterrey con los jóvenes e interesados en este ámbito musical y vocacional de nuestra Iglesia. Existe un fuerte trabajo de fondo que evita realizar un proyecto vacío, sino que pueda incidir efectivamente en el corazón de los jóvenes.

«Noches de Sol» será una luz en medio de la oscuridad que hará sentir el calor interno de la esperanza en una fría y larga noche que se está viviendo en todo el mundo y también en nuestra Arquidiócesis.

 

Sergio Mendoza González

Seminarista

3ero de Filosofía

12 Mar 2021

HELLO! 1

Estamos en la mitad de esta escalada cuaresmal, caminando con Jesús hacia Jerusalén, más específicamente hacia el Golgota; cabe hacer una pequeña pausa en el camino para ver y reflexionar qué es lo que pasa a nuestro alrededor.

Ningún tiempo de Cuaresma es igual, son únicas en su tiempo y en su estilo. Sin embargo, en este año sí que nos ha tocado partir al desierto y permanecer ahí; algunos, con un sentimiento de soledad y abandono en el que pareciera ser que Dios está cada vez más lejos; para otros, todo lo contrario; con un sentimiento de confianza y con la creatividad necesaria para acercarse a Dios desde el distanciamiento social y desde la cuarentena en casa. Ahora sí que nos tocó vivir como el Pueblo de Israel en el desierto cuando salieron de Egipto rumbo a la tierra prometida, qué mejor manera de vivir la Cuaresma, poniéndonos en los zapatos de los israelitas.

Es aquí donde quiero colocar mi reflexión, por experiencia sabemos que, siempre hay una luz después de un camino obscuro, que hay felicidad después de la tristeza, que después de una tormenta siempre viene la calma con ese aroma que a todos nos gusta. El pueblo de Israel supo esto en varias ocasiones, que después del desierto estaba la tierra prometida, después del destierro se encontraba la libertad, después de la destrucción de su ciudad amada, se encontró con una reconstrucción espléndida. Y lo mejor de todo es que leyendo éstas historias, vemos cómo la mano de Dios nunca se alejó de ellos. Aún más, llegada la plenitud de los tiempos entregó a su propio Hijo para la salvación de los hombres.

Nosotros como cristianos, creemos en esto: en la resurrección. La resurrección es para nosotros, más que la tierra prometida para los israelitas. ¡Nuestro desierto lo estamos viviendo con Jesús! Por lo tanto debemos confiar en Él y creerle a Él.

Aceptar caminar con Jesús, es querer ir con Él al desierto, recibir injurias por Él, poder ser apedreados, incluso ser corridos del templo hasta el punto de tener en cuenta que su camino es también subir con Él a la cruz. El tiempo de Cuaresma es más sobrio, reflexivo y con un ambiente más recogedor; pero sabemos que viene la Pascua, la resurrección y la vida. Y una vez más, Dios nos demuestra que no nos aparta de su mano, que siempre ha estado con el hombre y que no se cansa de llevarnos a pastar a los mejores campos.

Que éste tiempo de Cuaresma nos ayude como cristianos a crecer en nuestra capacidad de reflexión y en nuestra confianza en Dios. La Cuaresma es un tiempo de desierto, pero no se queda ahí, se camina hacia una realidad mucho mejor: la Resurrección.

 

Alexis de Jesús Hernández Fuentes

Seminarista

3ero de Teología

26 Feb 2021

HELLO! 1

A lo largo de mi vida he experimentado mucho la presencia del Dios amoroso, un Dios que se preocupa por mi bienestar y por mi felicidad. Dios nos llama conociendo nuestras cualidades y defectos, nuestros gustos y pecados, y en mi caso, no fui la excepción.

Desde una edad temprana sentí el llamado de una forma peculiar: de la nada. Según me comenta mi mamá, tenía aproximadamente 5 años cuando de la nada me empezó a llamar la atención el sacerdocio. Mi mamá puso mucha atención en ese punto, y se dedicó al igual que con mis hermanas a hablarnos sobre Dios. Con el paso del tiempo me di cuenta del gran amor que le estaba agarrando a Dios, recuerdo que hasta una vez en mi ingenuidad le dejé un mazapán de regalo y obvio, no se lo comió jajajaj. En fin, Dios poco a poco me fue cautivando con su amor, y yo estaba consciente de ello.

Conforme el paso del tiempo fui dejando a un lado a Dios en mi camino, gracias a las distracciones de la vida, algo que es muy común en la edad que tenía. Me distraje tanto, que olvidé esa pequeña y humilde invitación de Dios hacia mi persona en mi niñez.

Constantemente me preguntaba sobre qué iba a estudiar, había olvidado por completo mi primer llamado, aunque aún seguía mi corazón marcado; ya estaba en prepa y no sabía qué hacer con mi vida. Me sentía inútil, no sentía encajar en alguna profesión. Miraba a mis “amigos” y notaba que ellos no veían al futuro; no soñaban, no oraban, no buscaban crecer, eso me desesperaba, y al final del día, terminé cayendo en su estilo de vida totalmente alejado de Dios. Hasta que una noche todo cambió, mis papás hablaron conmigo debido a mis malas amistades y mis malos actos, y en esos días me puse a pensar aún más en mi y en quien soy, hasta que en un punto, estallé.

Le dije a mi mamá que no sabía qué hacer con mi vida. Recuerdo estar llorando, estaba demasiado dramático, mi corazón iba a estallar, era algo muy inusual. Le dije a mi mamá que me sentía inútil, que no me hallaba en ningún lado, en ninguna vocación. Entre mis lágrimas escuché a mi mamá decirme:  -tu ya sabes lo que quieres ser, ya lo sabes solo que te haces el loco-, en ese momento recordé y me vino un choque de emociones, reí y lloré a la vez.

Sentí un alivio y un cansancio tremendo, y ahí mi mamá dijo: -¿y si eres sacerdote?- y yo seguí llore y llore, y la abracé. Podría seguir contando todo lo que Dios hizo por mí, pero no acabaría. Dios siempre buscó y busca lo mejor para mí, y para ti. Él nos ama y sin duda es muy importante conocernos y escuchar lo que nuestra luz interior, que es Dios, nos llama a ser.

 

Víctor Hugo Lozano Castro
Seminarista | 1er.  Año de Curso Propedéutico

 

19 Feb 2021

HELLO! 1

“Vivir intensamente los años de preparación en el Seminario” (Benedicto XVI)

Sin duda alguna, esta frase simboliza lo que ha sido la vida formativa en mi persona y en la de muchos jóvenes que han respondido al llamado de Dios. A lo largo de mi formación he intentado vivir intensamente este tiempo de gracia y de amistad con Jesús; soy consciente de que al igual que a los apóstoles, Cristo nos llama para que estemos con Él (Mc 3,14). A partir de la vivencia diaria del amor de Dios y de nuestra experiencia cercana a Jesús es que podemos comprender la voluntad de Dios.

A lo largo de mi formación, Jesús ha tocado mi corazón con pequeños momentos. El estudio, sin duda, me ha permitido aprender más de Dios, intentar conocer desde mi sencillez sus grandes misterios. En muchas ocasiones no comprendía cómo es que Dios, el Ser perfecto, lograba entrar en el cuerpo imperfecto del ser humano; sin embargo, la profundización y la oración me ayudaron a comprender que dicho acto fue uno de amor pleno, y que era muy necesario, dirían los Padres Capadocios, que Dios se hiciera carne, ya que sólo Él es quien podía librarnos de la culpa del pecado para poder elevarnos al cielo y poder gozar así de nuestra antigua dignidad perdida por el pecado de nuestros primeros padres.

Junto al estudio, la oración, el apostolado y la relación interpersonal, junto a mis compañeros y hermanos de camino, he vivido hermosas experiencias que han marcado mi proceso vocacional; una de las más significativas se dio el 16 de febrero del 2016 en la visita del S.S. Francisco a nuestra querida nación, pues encontré respuestas que había estado buscando con insistencia, por ejemplo, el tema de la oración era algo que me preocupaba, yo anhelaba tener oraciones mentales y que fueran más profundas, y no mentiré, a pesar de que tenía poco tiempo de haber recibido mi sotana, me sentía desolado, me sentía vacío, y aunque pensaba que con el signo de la sotana se volvería a reavivar la llama en mi corazón, no fue así. Por este motivo es que aquel 16 de febrero marcó mi corazón.

Eran las 2:00 a.m. en Morelia, la hora de levantarse y prepararse para aquel gran momento. Salí a las 2:33 a.m. del lugar donde nos hospedábamos; ya era media hora tarde y en mi corazón sentía preocupación de no poder estar en un buen lugar de la gran fila para el ingreso al estadio donde nos encontraríamos con el Papa. Llegué a la fila unos minutos después y me encontré allí al grupo de diáconos y algunos seminaristas de teología de nuestro seminario que amablemente me permitieron ingresar a la fila y cortar camino (ya me confesé por haberme metido jejeje); la distancia hasta el estadio era bastante corta, pero por cuestiones protocolarias el trascurso fue de casi 8 horas. Ingresé al estadio a las 10:02 a.m. y ya había iniciado el evento.

El Papa Francisco llegó un poco después y al hacer el recorrido previo a la misa, me llevé una gran sorpresa: Francisco, el sucesor de san Pedro, pasó a unos cuantos metros de mi persona. Ver al Papa tan cerquita significó una llamarada intensa en mi ser, contemplar su figura y saber que en él recae una Iglesia que surge desde Jesucristo, son de las mejores cosas que he vivido. El momento culmen de esta experiencia sucedió con la Acción de gracias, con la Santa Misa. En ella, al escuchar al Papa con su grato acento argentino, hice consciencia de que estaba escuchando a Francisco fuera de Roma, y eso volvió a emocionar mi corazón.

Después, cuando llego el momento de la homilía, el Papa tocó el tema de la oración, sí, aquel tema que tanto me preocupaba. Habló de los seminaristas recién ingresados, y allí sentí que me estaba hablando a mí directamente (pues yo tenía entonces sólo unos meses de haber iniciado mi camino en el Seminario) y fue en esta bonita homilía que encontré la gran respuesta que hasta hoy me sigue acompañando: el Papa nos dijo: “sigue rezando como te enseñaron en tu casa y después, poco a poco tu oración irá creciendo como tu vida fue creciendo. A rezar se aprende como en la vida”. Estas sencillas palabras del Papa Francisco resonaron en mi corazón y allí comprendí que poco a poco iba a ir mejorando en mi diálogo con Jesús y que lo más importante era rezar como me habían enseñado en mi casa, de un modo sencillo y lleno de agradecimiento a Dios por todo lo que siempre nos da.

Esta y muchas otras experiencias han marcado mi vida formativa. Sin duda alguna me faltarían líneas para poder compartirte tantas diversiones, emociones, momentos complicados y, sobre todo, mi experiencia de fe; pero estas dos son las que han marcado más mi vida formativa y proceso vocacional, y por ello he querido compartírtelas. Te pido que nunca dejes de rezar por los seminaristas, siendo consciente de que un día ellos serán el puente entre Dios y los hombres.

 

Jesús Humberto Vega Reyes
Seminarista | 1ero. De Teología

12 Feb 2021

HELLO! 1

Febrero del 2021, ha pasado un  año desde que la pandemia por Covid-19 comenzó en la historia de nuestro país. Sin duda alguna, este ha sido un evento muy difícil que trajo consigo tristeza; porque miles de personas ya no están para contarlo; miedo, porque uno no se puede sentir tranquilo ni siquiera en su hogar; pobreza y sueños rotos, pues ya no se pudieron mantener con firmeza algunos negocios o instituciones, y también trajo una revolución en la Iglesia y en los seminarios de formación sacerdotal, porque nos vimos obligados a continuar nuestra formación desde casa… ¡un total desastre!

Un intruso invisible vino a sacar lo peor y lo mejor de la gente. Hemos visto en los noticieros una incontable cantidad de injusticias en la sociedad, pero a la vez una igual cantidad de obras de misericordia. Y al decir sociedad me refiero a TODOS: padres de familia, maestros, empresarios, doctores, servidores públicos, personal de limpieza, sacerdotes, ¡todos!

Me he encontrado con el testimonio de sacerdotes que, aterrados por la pandemia, han preferido hacer todo de “lejitos” y tienen a su rebaño más enfermo y descuidado que si hubiera sido atacado por el virus del Covid, y me da mucha tristeza porque el sacerdote es instituido servidor para sus hermanos y para el bien de sus almas y, por egoísmo y falta de esperanza en Dios, los han dejado a la suerte. Obviamente esto no es lo que espero para nuestro futuro, queridos hermanos seminaristas y fieles laicos, pero me parece importante mostrar la realidad que ya todos conocemos.

Por otra parte, también he visto que otros sacerdotes en verdad tomaron en cuenta la necesidad de sus comunidades y se pusieron a trabajar. Comenzaron, con sus proyectos digitales, a evangelizar con la Palabra de Dios, dar formación en diferentes pastorales, ofrecer la oportunidad de ver y vivir la misa a distancia, visitar a los enfermos en los hospitales, prestar el servicio funerario para miles de personas que lo han requerido, impartir los sacramentos de manera creativa y eficaz, brindar mensajes de esperanza por medio de cartas, videos o canciones, y defender la verdad ante ideologías que han confundido al pueblo. Es así como yo identifiqué que debía y quería ser, en una palabra: GENEROSO, porque ¿de qué le sirve al sacerdote guardarse lo que le fue confiado para el pueblo? o ¿de qué le sirve al pueblo un sacerdote que no es capaz de dar la vida?

Simplemente no comprendo que haya sacerdotes que riñan ante una situación como esta o ante cualquier situación que se llegue a presentar en la historia del hombre, pues Jesús tenía para los demás cien toneladas de cariño para calmar los miedos e incertidumbres de los corazones. Comprendo que un sacerdote, si tiene miedo o es vulnerable al contagio, tenga derecho a cuidarse o protegerse, pero no creo que lo mejor sea esconderse cuando sus fieles están frente al batallón de sus vidas.

Estoy seguro que la generosidad nunca pasará de moda y es un valor que, en nuestra formación sacerdotal y el futuro ministerio, siempre tendrá un lugar muy importante porque a través de ella nos entregamos a ejemplo de Cristo en la cruz.

Para el futuro, yo espero sacerdotes con ganas de darse a sí mismos sin medida, espero sacerdotes con los que me pueda identificar, espero sacerdotes que atiendan cualquier necesidad de la gente, que no sean ciegos ante los pobres ni ante la verdad y, sobre todo, espero sacerdotes que conserven su humanidad pero se sientan motivados y confiados en que han sido elegidos por Dios en favor de las almas. Y cuando esta misión se haga muy pesada y difícil, siempre será bueno recordar que Dios es capaz de hacerla posible.

 

Santiago Cárdenas Murillo

Seminarista | 2do. de Filosofía

05 Feb 2021

HELLO! 1

“Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien”.   (Papa Francisco, 2020)

Aún en estos tiempos tan difíciles de pandemia, donde todo se ha vuelto caótico, es increíble que Dios sigue llamando trabajadores a sus mies, y, aún más sorprendente es el hecho de que hombres valientes se deciden a adentrarse en la aventura de la fe, respondiendo de manera positiva al llamado que nos hace El dueño de las mies. En medio de esta crisis que estamos viviendo como sociedad, sigue habiendo jóvenes y hombres valientes que deciden renunciar a las seducciones del mundo para formarse y transfigurarse con Cristo, con Áquel que los ha llamado; hacen a un lado a su familia, sus pertenencias, sus metas y aceptan llevar a buen término el plan que Dios ha designado para ellos. Aceptan ese sacrificio por amor a los hombres y a su Creador.

Pero, en realidad, ¿Vale la pena ser sacerdote? La respuesta es Sí, no vale solamente la pena, vale la vida, vale renunciar a todo por ser partícipe del sacerdocio ministerial de Cristo, vale la vida entregarse en su totalidad a la iglesia, que hoy en día está tan fracturada y herida, que necesita de ese espíritu libre de los que se sienten invitados a esta maravillosa vocación, que necesita de personas que se desvivan por la “edificación del cuerpo de Cristo, que exige funciones diversas y nuevas adaptaciones, principalmente en estos tiempos”. (San Juan Pablo II, 1992).

En estos tiempos en importantísimo que estemos dispuestos a aceptar los cambios y adaptarnos a la nueva realidad que nos toca vivir, hay que buscar nuevas alternativas para seguir con la tarea de la edificación de la iglesia. Hoy mientras se cierran los templos y se limita la convivencia física, se han abiertos miles de templos en cada uno de los hogares católicos, se acrecentó la fe y la confianza en Dios.  También, hemos descubierto nuevas formas de estar relacionados mediante las redes sociales, mediante el internet,  hay que ser cyber-apóstoles y valernos de esta herramienta para continuar con esta labor de compartir la Buena Nueva y construir el Reino de los cielos desde aquí.

El mundo hoy más que nunca necesita pastores que sosieguen el rebaño que El Buen Pastor les ha encomendado, que acarreen a las ovejas por la senda de vida, hoy, en estos días que la humanidad sufre de inestabilidad, soledad, preocupaciones, crisis, y es por eso que día a día nos seguimos entregando a la voluntad del Señor porque el mundo nos necesita. Necesita de ese amor que nosotros queremos ofrecerle, necesita personas que se hagan prójimas a sus necesidades, a sus aflicciones, ofreciendo su vida como lo hizo Jesús en el suplicio de la cruz. Cuando alguien se siente amado por Dios, siente la necesidad de compartir ese amor con los demás y más aún, vivir ese amor. Y es por eso que nosotros entregamos nuestras vidas para servir a la Iglesia que se nos ha sido conferida.

 

Ramsés Gpe.Ortiz Zamarrón

Seminarista | 2do de preparatoria

REFERENCIAS

FRANCISCO. (2020). Fratelli Tutti. Ciudad del Vaticano: Buena Prensa.

JUAN PABLO. II (1992). Pastores Dabo Vobis. Cuidad del Vaticano: Buena Prensa.