11 Jul 2017

HELLO! 1

Cada año nuestra Iglesia obedeciendo el mandato de Cristo, sale cada semana santa, a llevar la buena noticia a toda persona (cfr. Mc 16, 15- 18), por lo que son muchos los  jóvenes y familias misioneras que salen de su vida ordinaria a evangelizar a pueblos y ciudades, llevando con alegría el mensaje de la Resurrección. Así mismo, el Seminario de Monterrey, se une a esta tarea de todo cristiano, designando a sacerdotes y a seminaristas, un centro de misión, en el cual durante esa semana, salen a vivir y celebrar, con el Pueblo de Dios, el Misterio Pascual de Cristo.

Hoy quiero compartirles mi experiencia que en este año me tocó vivir, y que sin duda alguna, fue muy diferente a las misiones que durante mi vida apostólica parroquial había realizado. Digo esto, porque pensamos siempre que las misiones de semana santa se llevan a cabo en algún pueblo, ciudad pequeña con capillas y parroquia, sin embargo, este año Dios quiso que un servidor experimentara su pasión, su muerte y su resurrección en la Casa Simón de Betania.

Acepto que al principio me sorprendió saber que mi destino sería ese, ya que pensé que sería designado a una parroquia o una capilla.

La Casa Simón de Betania es un hogar, que desde 1987, alberga y atiende gratuitamente a niños, adolescentes y adultos enfermos de VIH, SIDA, Cáncer y Tuberculosis sin importar credo religioso, sexo o edad; brindándoles un techo en un ambiente de respeto, aceptación y espiritualidad.

Las personas que se atienden son canalizadas, o bien, llegan a la institución porque no cuentan con los recursos económicos para solventar su enfermedad, son rechazados por sus propias familias o  porque ellas están imposibilitadas de atenderlos de forma adecuada.

Al principio desconocía que iba a hacer en este tiempo de misión, pues el panorama era muy diferente a las experiencias de misiones que había vivido en el pasado, pero, eso  sí, me queda claro que fue Dios quien me fue llevando y guiando para saber de que modo los pacientes podrían celebrar el Misterio Pascual.

Él me regaló la oportunidad de crecer humanamente y espiritualmente cada día de la misión. El lunes santo aprendí que el verdadero mártir es aquel que entrega su vida en el sufrimiento por amor a Dios; el martes, un residente conocido como Don Oscar me trasmitió con su “¡gracias hijo!” el cariño sincero de Dios de Padre; el miércoles, con Miguel aprendí que Dios escucha la oración de los corazones sinceros; llegado el jueves santo experimenté la sencillez y alegría de los niños; y el viernes, el poder curar las llagas de Cristo en una de las pacientes. Estas son algunas de las cosas que Dios me regaló durante esta semana santa, además de tener la oportunidad de darles de comer, bañarlos, limpiarlos, escucharlos y vivir con ellos una misión totalmente diferente, pero con un gran significado para la vida.

Puedo resumir esta misión en tres palabras que, sin duda, me ayudaron a reafirmar mi llamado hacia el sacerdocio de Cristo: el amor, que me invita a la entrega absoluta en el prójimo; la obediencia, al aceptar la voluntad de Dios; y la alegría, al experimentar el gozo de haber servido al Señor en el hermano enfermo y celebrar con ellos Su Pascua.

Hoy te pido que si conoces a alguien que necesite ser atendido, lo lleves a este hogar en donde la misericordia de Dios se hace presente, en donde la Pasión de Cristo se vive en carne propio, pero, sobre todo, en donde la resurrección se vive cada día al salir el sol.

Oremos por los misioneros, por las hermanas y laicos que atienden a los pacientes de este hogar. Y pidamos por los enfermos, para que Dios salga a su encuentro en aquel que puede servirlos con amor y alegría.

Ignacio Ávila Rangel

Primero de Teología

11 Jul 2017

HELLO! 1

¡Tú vas a ser sacerdote!

Esta aventura comenzó hace poco más de 10 años, para ser preciso el 28 de febrero del 2007,  estando en el grupo de adolescentes, el sacerdote de la parroquia me dijo unas palabras que impactaron toda mi persona: “tú vas a ser sacerdote”. En aquél entonces, no pasaba por mi cabeza esa posibilidad, no era una opción que me hubiera planteado antes en mi vida, pero sin duda alguna, aquellas palabras resonaron en lo más profundo de mi corazón.

Un sábado 4 de agosto del año 2007, fue el día que se concretizó esta aventura, entré al Seminario, aún recuerdo que ese día tenía demasiado miedo, no sabía lo que me esperaba, no tenía ni idea de lo que iba a encontrar en la vida cotidiana dentro del Seminario. Ahora, después de haber vivido y terminado estos 10 años de formación sacerdotal, sigo descubriendo que es Dios quien verdaderamente guía nuestra vida, sigo impresionándome de las maneras en que nuestro Buen Pastor actúa, siempre presente, la ternura del Dios de la Misericordia, cercano, fiel, que te acompaña en cada momento, y que va haciendo de la aventura de la vida tu propia historia de salvación, que se descubre en la propia vocación.

Hoy, a unos cuantos días de ser ordenado sacerdote, puedo afirmar con toda certeza que el haber sido invitado a ser sacerdote de Dios es algo que sobrepasa todo pensamiento humano.  Indudablemente es una invitación que viene de Dios. Escuchar este llamado y responder a este proyecto de Amor, no se alcanza a expresar con palabras, tal vez ni miradas, sino solo en la hermosura de la fe, en el corazón de aquél que cree que Dios se sigue haciendo presente en su Iglesia para seguir amando por medio de sus ministros. Dios sigue llamando, Jesús sigue invitando como lo hizo con sus apóstoles, sus amigos. Dios sigue confiando en sus hijos para que respondan con alegría a este proyecto de Fe y Salvación.

Vale la pena vivir esta aventura de alegría indescriptible, arriésgate a responder sí a su llamado.

Ángel Josué Loredo

Diácono

05 Jul 2017

HELLO! 1

Año tras año, los seminaristas que finalizan su primer año de Teología (cuarta etapa formativa del Seminario), en lugar de hacer misiones de verano, viajan al pueblo de San Francisco de Llanos en Pablillo, municipio de Galeana, N.L. a vivir una experiencia de Vida, conocida como: “Pastor Orante”. En esta ocasión, el pasado mes de Junio mis hermanos seminaristas de generación nos toco vivirla.

Sin lugar a dudas, fue una experiencia totalmente de gracia y bendición, en donde cada uno de los seminaristas renovamos nuestra respuesta vocacional al llamado de amor y santidad que Dios nos hace a la vocación sacerdotal.

Esta experiencia de vida consiste en un curso de oración y discernimiento vocacional, cuyos objetivos generales son:

  1. Orar con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.
  2. Discernir la opción de estado de vida en el seguimiento y entrega a Jesucristo Siervo, Sacerdote, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia.

Durante tres semanas vivimos este curso, en donde, con la ayuda del equipo formador del Instituto de Teología y un hermano seminarista de tercero de teología, logramos encontrarnos con el Señor, a través del rezo de la liturgia de las horas comunitariamente, las meditaciones por la mañana, las charlas de cada día, las puestas en común de la reflexión personal que cada uno hacíamos durante el día. También por medio de las Celebraciones Eucarísticas, (Solemnidades y Fiestas), de las Horas Santas, la experiencia de Desierto con el Señor cada jueves, las convivencias de cada viernes, las películas sacerdotales por las noches, los paseos sabatinos al “puente de Dios” (en Galeana, N.L.) y a las Cascadas de El Salto (en Zaragoza, N.L.)

Dentro de las charlas, tres frases en concreto fueron luz en el dialogo que hice con el Señor durante mi estancia en Pablillo:

  1. “Somos distintos y complementarios. En una comunidad (de discípulos), todos somos excéntricos, y Cristo es céntrico. Nos congregamos gracias a Él, pues los amigos del Jesús hablan entre ellos de la persona de Jesús. Nuestra alegría esta en esto: Su Presencia en medio de nosotros (Pbro. Rodolfo Escobedo).”
  2. “Toma, bendice, parte y comparte: son los cuatro verbos que manifiestan la vida sacerdotal. Al decirle Sí al Señor, Él te toma (toda tu persona e historia personal, con cualidades y defectos), te bendice (te hace digno y capaz para recibir el don del sacerdocio, agradeciendo a Dios), te parte (en pequeños pedazos, sin perder toda su riqueza cada trozo) y te comparte (con su Pueblo, en especial con los pobres y necesitados).”
  3. “El célibe que no pone los medios, control de estímulos y vida interior, tendrá problemas para ser fiel.”

Además de las charlas, evidentemente su Palabra nos interpelo a cada uno de nosotros. Si bien sabemos que se necesita una apertura y docilidad de nuestra parte hacia Ella, pues, en algunas ocasiones, presentamos una resistencia a su escucha, aunque lo más fuerte es nuestro miedo a oír realmente Su Voz. Por ello, les comparto dos pasajes bíblicos que iluminaron esta gran experiencia, las cuales resonaron, y estoy seguro que seguirán resonando en mi corazón: la curación de un enfermo en la piscina de Betesda en (Jn 5, 1-18) y la Parábola de los Talentos (Mt 25, 14-30).

En lo personal, les comparto que resumo esta experiencia en tres palabras (cfr. Mc 3, 13-15): Rencuentro (con el Señor quien me llamo a subir al monte), Identificación (para estar con Él) y Proyección (y después enviarme a predicar).

Sé que seguimos estando en su lista de oraciones. Les pido de modo especial que no dejen de orar al dueño de la Mies para que más jóvenes decidan entregarle su vida al Señor en esta vocación sacerdotal, como camino a la santidad.

No me cansaré de agradecerle a Dios por su gran amor manifestado a través de las personas y acontecimientos únicos que viví en el ciclo escolar que acaba de concluir, sino, al contrario, seguiré proclamando sin cesar su misericordia (cfr. Salmo 88).

Jose Luis Moran Becerra

Primero de Teología

27 Jun 2017

HELLO! 1

Uno de los grandes retos que deberás enfrentar en tu vida es el de encon­trar tu lugar en la sociedad y en la Iglesia.

Para ti, que buscas tu vocación, describiré siete pasos que te pueden ayu­dar a discernir el proyecto de Dios sobre ti.

Aunque me referiré directamente a las vocaciones consagradas (en la vi­da religiosa, en el sacerdocio, etc.), los pasos que enumeraré se pueden apli­car para el discernimiento de cualquier vocación, estado de vida o profesión.

 

1. Oración

“Señor ¿Qué quieres que haga?” Hch 22, 10

La vocación no es algo que tú inventas; es algo que encuentras. No es el plan que tú tienes para tu vida, sino el proyecto de amistad que Jesús te propone y te invita a realizar. No es principalmente una decisión que tú tomas sino una llamada a la que respondes.

Si quieres descubrir tu vocación, dialo­ga con Jesús. Sólo mediante la oración po­drás encontrar lo que Dios quiere de ti. En la oración, el Espíritu Santo afinará tu oído para que puedas escuchar.

En el diálogo de amistad con Jesús podrás oír su voz que te llama: “ven y sígueme” (Lc 18, 22); o bien, escucharás que te dice: “vuelve a tu casa y cuen­ta todo lo que Dios ha hecho por ti” (Lc 8, 39).

 

2. Percepción

 “Había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos y aun­que yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía”. Jr 20, 9

 Para descubrir lo que Dios quiere de ti tienes que escuchar, mirar y experimentar. Para esto necesitas hacer si­lencio interior y exterior; el ruido te impide percibir.

Está atento a lo que se mueve en tu interior: tus de­seos, tus miedos, tus pensamientos, tus fantasías, tus in­quietudes, tus proyectos. Escucha tanto a los que aprueban tu inquietud como a los que la critican. Escu­cha tu corazón: ¿qué es lo que anhelas? Aprende a mi­rar a los hombres que te rodean: ¿qué te está diciendo Jesús a través de su pobreza, de su ignorancia, de su do­lor, de sus desesperanzas, de su necesidad de Dios…?

Ve tu historia: ¿Por cuál camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles han sido los acontecimientos más importantes de tu vida?, ¿de qué manera Dios estuvo presente o ausente en ellos? ¿Qué personas concretas han sido significativas para ti?, ¿por qué? Contempla el futuro: ¿qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a Dios? Tienes sólo una vida, ¿a qué quieres dedicarla?

Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes son sig­nos de una verdadera vocación consagrada o son manifestaciones de que Dios quiere que intensifiques tu vida cristiana como seglar.

Al dar este paso podrás decir: “Tal vez Dios me esté llamando…” “Siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios”.

 

3. Información

 “Observen cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o nume­rosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra fértil o estéril; con vegetación o sin ella”. Nm 13, 18-20

 Los caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples. No basta con querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus herma­nos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas.

Para descubrir tu lugar en la Iglesia es conveniente que conozcas las diver­sas vocaciones. Investiga cuál es la espiritualidad que viven los sacerdotes dio­cesanos o las diferentes congregaciones religiosas; y siente cuál de ellas te atrae. Ve cómo viven: no es lo mismo una congregación contemplativa que una de vida apostólica. Infórmate sobre cuál es su misión y por qué medios preten­den realizarla: enseñanza, hospitales, dirección espiritual, promoción vocacio­nal, misiones, predicación de ejercicios, medios de comunicación, etc. Conoce quiénes son los principales destinatarios de su apostolado: jóvenes, pobres, sa­cerdotes, enfermos, niños, seminarios, ancianos, etc.

Aunque ordinariamente cuando se experimenta la inquietud vocacional se siente también el atractivo por una ‘vocación específica, vale la pena que dedi­ques algunas horas a informarte más a fondo sobre esa vocación y sobre otras. Y si al final te decidieras por la que en el principio te inclinabas, el tiempo em­pleado en informarte no habrá sido desperdiciado.

Al dar este paso podrás decir: “Me atrae la espiritualidad, el estilo de vida y el apostolado de esta congregación”. “Posiblemente Dios me está llamando a ingresar al noviciado o al seminario”.

 

4. Reflexión

 “Si uno de ustedes quiere construir una torre ¿no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pu­diendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”. Lc 14, 28-30

 La vocación es una empresa demasiado grande, ¡y es para toda la vida! Por eso no te puedes lanzar sin antes haber reflexionado seriamente sobre ti y so­bre la vida que pretendes abrazar.

Descubre cuáles son tus capacidades y limitaciones. Piensa si podrás vivir las exigencias que implica la vocación -contando desde luego con la gracia de Dios-. ¿En qué signos concretos te basas para pensar que Dios te llama? ¿Qué razones en favor y en contra tienes para emprender ese camino? ¿Qué es lo que te atrae y qué lo que no te gusta de ese estado de vida?

Dios te pide que te comprometas responsablemente en el discernimiento de su voluntad. Quiere que utilices tu inteligencia para buscar tu vocación. Con la luz del Espíritu Santo podrás descubrir lo que Dios quiere de ti.

No pienses que llegarás a tener certeza absoluta de lo que Dios quiere de ti: algo así como tener un contrato firmado por El, en el que te revelara su volun­tad. Lo que encontrarás serán signos que indican cuál podría ser el proyecto de amistad que tiene para ti.

Al descifrar esos signos podrás tener certeza moral de su llamado. Yo tengo certeza absoluta de que no puede haber un círculo cuadrado, y tengo certeza moral de que la silla en la que estoy sentado no se va a romper. La certeza moral es la que necesitas para actuar

Al dar este paso podrás decir: “Creo que Jesús me llama”. “Creo que, con la ayuda del Espíritu Santo, podré responder”.

 

5. Decisión

 “Te seguiré vayas a donde vayas” Lc 9, 57

 Habiendo descubierto lo que Dios quiere de ti, decídete a seguirlo.

Tomar tal decisión es difícil. Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán montañas: “¡Ay Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho” (Jr 1, 6). Sin embargo, a pesar de tus limitaciones -o mejor con todas ellas-, responde como Isaías:

“Aquí estoy, Señor, envíame” (Ls 6, 8).

Decir el “sí” con el cual comprometes toda tu vida es una gracia. Pídele al Espíritu Santo que te dé esa capacidad de respuesta. No afrontar la decisión equivale a desperdi­ciar tu vida.

Para iniciar el camino de la vocación no esperes tener certeza absoluta de que Dios te llama (“el contrato firmado”); te basta la certeza moral. La decisión es un paso en la fe; en un acto de confianza en tu amigo Jesús.

Al decidirte a seguir radicalmente a Jesús es normal que tengas dudas de si podrás con las exigencias y si llegarás al final. Pero de lo que no puedes dudar es de lo que tú quieres.

Al dar este paso podrás decir: “Quiero consagrar mi vida a Dios en el servi­cio de mis hermanos”. “Quiero ingresar en esta congregación religiosa”. “Quiero ser sacerdote”.

 

6. Acción

 “Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”. Mt 4, 21-22

 Una vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo; lánzate sin miedo.

Pon todos los medios que estén a tu alcance para realizar lo que has decidido. No cedas a la tentación de diferir tu ingreso a una casa de formación: “Te seguiré, Señor; pero déjame pri­mero…”. (Lc 9, 61). Con tu decisión has comprometido todos los momentos posteriores; en el futuro busca cómo ser fiel. La única manera de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día. Vive todo momento en coherencia con lo que has de­cidido; dirige cada paso hacia la meta.

¿Y cuando venga la dificultad? ¡Perseverar! El camino que emprenderás es difícil; más de lo que ahora crees. Prepárate pa­ra la lucha; deberás enfrentar problemas y superar obstáculos. Jesús te dice: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga” (Lc 9, 23).

El sendero es arduo, pero María te acompaña y el Espíritu Santo te forta­lece para que puedas recorrerlo. Además, no se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida, sino sólo la de hoy; y así cada día. Al dar este paso podrás de­cir, como Pedro: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mc 10, 28).

 

7. Dirección Espiritual

 “Levántate y vete, a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas”. Hch 22,10

 La dirección espiritual no es, en realidad, un paso más en el proceso de dis­cernimiento vocacional; es un recurso que puedes aprovechar en cada uno de los pasos anteriores.

El director espiritual te motivará a orar y a percibir los signos de la volun­tad de Dios; te indicará dónde obtener la información y te ayudará a reflexio­nar En el momento de la decisión se alejará de ti para que tú, frente a Jesús, li­bremente respondas a su llamada. Te ayudará a que te prepares conveniente­mente para ingresar en una casa de formación. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu Santo, la luz para descubrir tu vocación y la fuerza pa­ra seguirla.

Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie puede es­cuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también es cierto que necesitas de alguien que te acompañe en tu discernimiento vocacional.

Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es un llamado de Dios lo que tal vez sea sólo un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuan­do en realidad Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la autenticidad de tu vocación.

Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damas­co, le dijo que fuera con Ananías y que éste le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él, quiso valerse de Ananías para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15).

En el discernimiento del proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.

Descubrir tu vocación no es fácil, pero tampoco es imposible Si con since­ridad te pones a buscar la voluntad de Dios y realizas los pasos que aquí te su­giero, creo que podrás encontrarla.

De muchas maneras Dios te está revelando la manera como quiere que co­labores en la instauración de su reino. El es el más interesado en que tú descu­bras y realices tu vocación. Por eso haz oración, dialoga con tu director espiri­tual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.

Información extraída de: marianistas.org

23 Jun 2017

HELLO! 1

En la homilía de la Misa que celebró este jueves 22 de junio en la Casa Santa Marta, y tomando como ejemplo a San Pablo, el Papa Francisco explicó tres características que deben tener los sacerdotes para poder ser realmente buenos pastores.

1.- Es apasionado

Tras resaltar que “el Buen Pastor da la vida por sus ovejas” y que no las abandona como si fuese “un mercenario”, el Santo Padre dijo que una primera característica es la de ser apasionado “hasta el punto de decirle a su gente, a su pueblo: ‘Yo experimento por ustedes una especie de celo divino’”.

“Y este es el trato al que llamamos celo apostólico. No se puede ser un verdadero pastor sin este fuego dentro”, dijo el Pontífice en su reflexión sobre un pasaje de la Segunda Carta a los Corintios de San Pablo.

2.- Sabe discernir

Un pastor, prosiguió, es “un hombre que sabe discernir”. “Sabe que en la vida hay seducción. El padre de la mentira es un seductor. El pastor no, el pastor ama. En cambio la serpiente, el padre de la mentira, el envidioso, es un seductor. Es un seductor que busca alejar de la fidelidad, porque ese celo divino de Pablo servía para llevar al pueblo a un único esposo, para mantener al pueblo en la fidelidad a su esposo”.

“En la historia de la salvación –continuó– muchas veces encontramos el alejamiento de Dios, la infidelidad al Señor, la idolatría como si fuera una infidelidad matrimonial”.

El pastor, entonces, “saber discernir donde están los peligros, donde están las gracias… donde está el verdadero camino”. “Acompaña a las ovejas siempre: en los momentos bellos y en los momentos feos, también en los momentos de la seducción, con paciencia las lleva al redil”.

El Papa Francisco explicó que “un apóstol no puede ser ingenuo” y debe saber “condenar, debe saber decir ‘esto no’, como los padres le dicen al niño cuando comienza a gatear y va hacia una conexión eléctrica a meter los dedos. ‘¡No, esto no, es peligroso!’ Me vienen a la memoria tantas ocasiones en las que mis padres y mis abuelos me advertían que había algún peligro”.

“El Buen Pastor sabe denunciar, con nombre y apellido”, dijo luego el Papa para luego recordar su reciente visita al norte de Italia en donde rezó ante las tumbas de dos sacerdotes del siglo XX.

Recordando a uno de ellos, el P. Lorenzo Milani, el Santo Padre se refirió a su lema cuando enseñaba a los jóvenes: “I care. ¿Y esto qué significa? Me han explicado que con esto él quería decir ‘me importa’ Enseñaba que las cosas se debían tomar en serio, contra el lema de moda en ese tiempo que era ‘no me importa’, pero dicho en otro idioma (inglés). Y así enseñaba a los jóvenes a seguir adelante”.

Es necesario también, prosiguió, denunciar “lo que va contra tu vida”. Muchas veces, alertó, “perdemos esta capacidad de condena y queremos llevar a las ovejas un poco con aquel buenismo que no solo es ingenuo sino que hace mal. Ese buenismo de los compromisos para ganar la admiración o el amor de los fieles dejando hacer”.

El Papa Francisco concluyó la homilía con una oración “por todos los pastores de la Iglesia, para que San Pablo interceda ante el Señor, para que todos los pastores podamos tener estas tres características para servir a Dios”.

Información extraída de: www.aciprensa.com

 

06 Jun 2017

HELLO! 1

Convivir con seminaristas en Misiones fue algo que me enriqueció, aprendí cosas que desconocía sobre las vocaciones y la vida misionera. Al escuchar hablar de las distintas vocaciones que existen pasaban muchas cosas por mi mente, como el imaginar que uno está disponible al llamado de Dios sin importar la condición social, la manera de pensar, la manera de ser, pues para Dios todos somos iguales. Lo que más me gusto fueron de los temas, que me permitieron conocer más a fondo cada vocación y la vida cotidiana en cada una de ellas.

Como grupo nos dejó una importante tarea, acercar a más jóvenes a que conozcan a Dios y a descubrir su verdadera vocación.

Por medio de un grupo parroquial, un apostolado o el simple hecho que ellos sientan el llamado por sí mismos. Y ya que me estoy refiriendo a la tarea como grupo, describo brevemente a nuestro grupo juvenil Misioneros del Rosario que, como su nombre lo dice “misioneros”, tiene como característica principal ser misioneros de Dios, pero no para identificarnos como parroquia o como grupo sino verdaderos misioneros que salen a predicar; a enseñar la buena nueva a las personas que están alejadas de Dios y de la Iglesia, pero sobre todo aprender de ellas. Pero nuestra tarea como misioneros no termina en eso, sino que es una tarea permanente, estar de misiones a lo largo de nuestra vida. Y así, trabajar constantemente para sumar más misioneros y más vocaciones.

Como persona, la misión me dejó una enseñanza que me permite hablar a los demás acerca del llamado de Dios de no tener miedo a decir “Sí” a esa invitación de Dios, pues la vocación es un gran regalo, un privilegio de ser siervo del Señor.

A los jóvenes de las parroquias a las cuales asistirán los seminaristas este verano, quiero decirles: ¡anímense! Son actividades muy recomendables. Ojalá toda la comunidad pueda sumarse a estas misiones para que cada uno seamos testigos y consciente de que somos llamados como hijos de Dios, primeramente, a la vida y después a descubrir y buscar la santidad en una vocación especifica.

Con mucho orgullo he escrito estos párrafos y agradecido con Dios porque nuestra comunidad cuenta con tres jóvenes que le han sabido responder al Señor, felicito ampliamente su valor, su disposición, su entrega. Amigos seminaristas que también se encuentran en ese mismo proceso de preparación, mi admiración y mi respeto.

Por último, los invito a seguir orando por las vocaciones e invitar a más jóvenes a salir al encuentro con Dios, pero sobre todo perder el miedo y decirle “Sí, Señor”.

Por: Oscar Uriel Sauceda Fresnillo/Coordinador del Grupo Juvenil Misioneros del Rosario/Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción (Marín, N.L.)

06 Jun 2017

HELLO! 1

¡Hola! Mi nombre es Santiago Cárdenas Murillo tengo 17 años, recientemente acudo al Proceso Vocacional y quiero ser sacerdote.

Todo inicio por medio de la invitación de unos Seminaristas (Ángel moreno, Ángel Bernal, Carlos Alberto, Osmar, Israel) Ellos acudieron a mi parroquia San Antonio de Padua, estuvieron durante una semana desempeñando muchas actividades para los jóvenes de la comunidad ¿Quién se imaginaria que ahí el Señor inicio llamándome?

Estuvo con ganas esa semana llena de actividades, pude convivir con Jesús mismo llevando música a los hospitales, ayudando a mi prójimo y aprendiendo sobre todas las vocaciones.

El Proceso lo he sentido muy intenso nunca pensé que el Señor me llamaría de la forma en la que lo hizo, yo recuerdo que llegue con la idea del matrimonio porque tenia novia! Pero Dios lo cambio todo, cambio mis planes, y puso los de Él, y vaya que lo estoy disfrutando, al principio me daba miedo! Como yo ser sacerdote? Yo? En verdad? Pero bueno, Dios por medio de su misericordia vio lo mejor que tengo, no vio en mis faltas tampoco mis defectos.

Cada vocación es un tesoro, un tesoro muy preciado, todos tenemos una misión, todos tenemos una manera de ganarnos el cielo, una oportunidad de poder ser Santos Dios solo te pondrá en la que mejor te desempeñes y en la que mejor le puedas servir.

A ti que estas leyendo te invito a que formes parte del Proceso Vocacional, aquí tienes la oportunidad de descubrir lo que Dios quiere para ti, tu misión, no tengas miedo de afrontar lo que venga Dios cuida tus pasos.

Pregúntale al Señor que quiere de ti, espera su respuesta y se valiente.

Dios te bendiga.

Por: Santiago Cárdenas Murillo/Joven en Proceso Vocacional.

29 Abr 2017

HELLO! 1

En mi vida San José se presentó como el Santo Patrono de mi capilla en Huinala, ahora ya Parroquia San José de Huinala, desde mis 6 años empecé a asistir a dicho lugar primero para prepararme y recibir mis sacramentos y ya después perteneciendo a diferentes grupos entre Pastoral Catequética, Liturgia y Juvenil. Poco a poco fui profundizando mi conocimiento sobre él, y entre más lo conocía más me enamoraba de su labor de su misión como padre de Jesús y esposo de la Virgen María. Siempre me ha llamado la atención su llamado, manifestándose Dios en sueños pudo conocer que sería de él y de su familia (cfr. Mt. 1,20). Conforme iba conociéndolo, 3 virtudes de este Santo son los que más me marcaron y que constantemente en mi vida he querido imitar: el ser justo, ser trabajador y ser hombre de silencio.

San José fue una persona justa, pero no utilizo la justicia que el Antiguo Testamento dictaba, pues en el momento en que María le confeso su embarazo por obra del Espíritu Santo (cfr. Mt. 1,18), lo que José tuvo que haber hecho era exhibirla públicamente como adultera, para que así fuese lapidada hasta que muriera, cosa que el AT mandaba a realizar por justicia. Pero el obrar de José fue distinto guardo silencio y no la exhibió, seguramente fue por el gran amor que le tenía, pero algo si es seguro la justicia que expresa en esta acción el Santo es una justicia propiamente divina, justicia en la cual están impregnados el amor, la compasión, la felicidad, etc. Justicia la cual podemos asimilar a la santidad. Entonces cuando en la Palabra de Dios se habla de que San José es un hombre justo (cfr. Mt. 1,19) quiere decirnos que es santo, que vive como el nuevo Reino de Dios empieza a instituirse.

Sabiendo que el gran Santo fue un carpintero, y que tomo la misión por Dios de tomar como suyo al Hijo de Dios y cuidar tanto de Él como de su misma Madre, podemos decir que fue un gran trabajador. Pues para poder sostener a una familia y con el tipo de trabajo que tenía, ser carpintero no era un trabajo de gran reputación, tuvo que esforzarse demasiado y tenía que haber sido tan dedicado en lo que realizaba.

Y por último San José nos enseña a vivir en silencio, a saber guardar la voz y dejar a Dios que actué a su voluntad a su disposición, es tan sorprendente como un gran hombre y con tan gran participación, en las Sagradas Escrituras no haya mención alguna de palabra, sino que todo lo contrario, es su silencio lo que habla de él, pues aparte de ser una manera muy particular de dialogar con Dios, pues vemos como en el silencio del sueño de José Dios le habla, también podemos obtener muchas más virtudes, entre las que podemos destacar: la perseverancia, el don de escucha, la humildad, la responsabilidad, etc.

Es por eso que yo creo que San José ha sido tomado como Custodio de la Iglesia Católica, para que de igual modo podamos nosotros aprender y practicar constantemente la justicia, el trabajo y vivir en silencio, a clara imagen suya.

Abraham Oliva
Primero de Filosofía

27 Abr 2017

HELLO! 1

“… Por encima de esta vestidura pondrán como cinturón el amor, para que el conjunto sea perfecto. Así la paz de Cristo reinará en sus corazones, pues para esto fueron llamados y reunidos. Finalmente, sean agradecidos.”

Col 3, 14-15.

 

Hace poco más de 35 años, ante la gran cantidad de colaboradoras y bienhechoras espirituales del Seminario de Monterrey, algunos sacerdotes, formadores del seminario, y el equipo de Economía, se juntaron para idear algo que sirviera como agradecimiento al labor de las bienhechoras.

Estas reuniones dieron como resultado un evento periódico en el Club de Leones. Ahí las colaboradoras no sólo gustaban de una buena merienda, sino que también disfrutaban de un desfile de modas patrocinado por una agencia de viajes, en el cual, participaban diversas marcas de ropa importantes. Ya desde entonces los seminaristas asistían a estos eventos para conocer y atender a sus bienhechoras.

En esta actividad llegaron a asistir cerca de 1000 bienhechoras. Con el paso del tiempo y por diversas circunstancias, se tuvo que cambiar el lugar del evento, siendo después el Seminario Menor donde se realizarían estas actividades. Sin embargo, empezó a disminuir la asistencia de las colaboradoras porque el espacio interno del lugar no favorecía la buena apreciación del desfile. Esto llevó al departamento de Economía a pensar en otra actividad que estuviera adecuada al lugar. Así cambió la dinámica de este día, permaneciendo solamente la merienda e incluyendo el juego de lotería y una rifa, todo ello armonizado con música en vivo. Surge así la llamada “Tarde de Damas”.

Este evento se realiza tres veces al año, ahí algunos de los seminaristas asistimos con el fin de agradecer, atender y acompañar a sus bienhechoras. La primera es en Septiembre, donde asisten los seminaristas que viven ahí en el Menor; después en Diciembre, apoyando seminaristas del Instituto de Filosofía; y por último está la de Abril, ahí participamos los seminaristas que estudiamos ya Teología.

Es para nosotros muy importante asistir a estos eventos porque podemos conocer más de cerca de nuestras bienhechoras espiritual y materiales. Así mismo aprovechamos para agradecerles personalmente el gesto que tienen de ser colaboradoras de nuestro Seminario de Monterrey.

Miguel Alejandro Ortiz Balandrán

Segundo de Teología

25 Abr 2017

HELLO! 1

Este año, en el Seminario de Monterrey celebraremos un “septenario” en honor a San José Obrero, que a diferencia de otros años, celebramos un “novenario”, y esto debido a que después de haber estado de misiones y una semana de vacaciones en familia, sólo podemos hacer 7 días de fiesta, en torno a al santo, pero al igual que el novenario, nos sirven para lo mismo, es decir, lo único que cambia son los días que dura la fiesta.

Pero, sabremos, ¿qué es un novenario?, ¿por qué celebrar un novenario?, ¿para qué nos sirve? Partiendo de su nombre, que también se le puede llamar novena, significa que durante 9 días se celebran o conmemoran a la vida de algún santo, a la Virgen, o al mismo Cristo, para pedir a Dios alguna gracia o por alguna intención especial. La manera de realizar la novena, puede ser los 9 días previos al día del santo, o puede ser nueve veces un día determinado de la semana (por ejemplo: 9 viernes previos a la fiesta del Santo).

Además de pedir la intercesión del  santo, la novena nos debe ayudar a conocer más sobre él, de su vida; a conocer las virtudes que lo hicieron tener una vida más cercana a Cristo, y no sólo conocerlas, sino también nos debe motivar a ponerlas en práctica, ya que esto es lo que le da sentido a celebrarlo durante nueve días. Si quitáramos esto sería meramente una fiesta, ya que quitamos la parte espiritual: la fe.

Por lo tanto, cuando celebremos un novenario en torno a algún santo, debemos de recordar siempre esto, y que cada novenario en el que participemos nos ayude a acercarnos más a Dios, como a su vez en pensar que algún día nosotros podemos llegar a ser santos, como muchas personas llevando una vida unida a Cristo; una vida llena de testimonio lo han logrado.

Los sigo invitando a que sigan de cerca las redes sociales del Seminario, en las cuales estaremos compartiendo más acerca de este septenario, acerca de San José Obrero, sobre su vida, y sobre nuestra fe, al igual como las distintas actividades que se llevaran a cabo durante estos 7 días, pues que esta celebración participamos todos.

Que el Señor los siga llenando de bendiciones.

Michaelle Vladimir Chávez Palomo

Tercero de Filosofía.