10 Sep 2021

HELLO! 1

Jóvenes y adolescentes dejen que la vocación sacerdotal se desborde como mi amor hacia ustedes; sean como mis apóstoles, que dejaron todo y me siguieron; vayan y proclamen el evangelio, vayan y digan que el Señor está vivo, yo pondré mis palabras en su boca.

¡No tengan miedo de mirarme porque cuando están triste, o enojados! Me miran,  y yo les miro y les digo: ¡Yo los amo!

Y ¡Salgan de su casa! yo quiero que mi iglesia salga y reparta mi amor a las personas necesitadas, yo los llamo a ustedes, jóvenes y adolescentes. Yo los llamo a mi casa, vivan conmigo,  vengan y amen también a María mi madre, yo se las comparto. Mi madre los cuenta cada día como las estrellas de su manto, yo los escondo como a las niñas de mis ojos, sean sacerdotes buenos como yo se los he enseñado; porque el día que sean ungidos, serán ungidos hasta la muerte y ya después de la muerte serán sacerdotes eternos

¡No tangan miedo de responder! Nunca es tarde para responder, vayan y escuchen mi llamado; porque muchos son los llamados y pocos los escogidos, y quiero que de esos pocos escogidos seas tú, si, “tú” joven, no importa si en tu barca solo hay redes, lo que quiero solo de ti, es tu trabajo. Yo quiero trabajadores para mi viña, quiero que mi casa el Seminario de Monterrey se desborde de jóvenes inquietos de amor hacia el sacerdocio.

«Por eso yo te invito, porque  Dios puso todas estas palabras en mi boca y quiero que tú sientas esta experiencia tan bonita.  Quiero que cada día que te levantes y pongas los pies en el suelo de mi casa digas: “nunca me dejes solo Señor”, y al despuntar el alba cuando ya vayas a descansar puedas decir: “gracias Señor por llamarme a esta humilde y hermosa misión, que es el sacerdocio».

¡Gracias hermanos y respondan al Señor!

Soy Omar Alessandro Rodríguez Alvarado, joven que respondió al Señor.

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Seminarista Omar Alessandro Rodríguez Alvarado

2do. De Preparatoria

27 Ago 2021

HELLO! 1

Durante todo este tiempo que ha transcurrido, hemos vivido diferentes momentos de desolación, fragilidad, enfermedad, desesperanza. Y cada una de estas cosas han debilitado nuestro sentido de escucha, de observación, de camino, de pertenencia y sobre todo de confianza en Dios.

Recuerdo que, al principio de la pandemia muchas personas creyentes y no, comenzaron a preguntarse: “ante todo esto ¿aún existe Dios?”, otros se preguntaban con más desesperanza: ¿acaso Dios se ha vuelto inhumano?

Pudimos observar cómo, muchas personas comenzaron a perder la fe, el amor, la confianza en Dios; y todo por que perdimos de vista el amor de Dios por nosotros.

Perdimos de vista la cruz, que nos recuerda nuestro fin y medio para llegar al cielo.

Perdimos de vista el primer amor; aquel amor que siempre y para siempre será Jesús.

Perdimos de vista lo que Dios nos va diciendo cada día.

Perdimos de vista la posibilidad de un proyecto propuesto por Dios, abandonamos cualquier proyecto que quizás unos años atrás se veía totalmente nuevo y fructífero. Y así fuimos dejando poco a poco todo aquello que para nosotros nos hacia crecer, levantarnos. Dejamos que Dios, que es siempre actual, fuera totalmente viejo y por lo tanto, dejará de tener relevancia en nuestra vida, en nuestra historia.

Ahora, después de mirar un poco lo que hemos pasado, llegó la hora de preguntarnos esto: ¿Qué sigue?

Lo que sigue es, volver a redescubrir lo que ya había sido descubierto, pero ahora vuelve hacer nuevo para nosotros.

Sigue redescubrir a un Dios que ama, que camina, que no es inhumano, y que nos llama por medio de su mirada y ternura.

Sigue redescubrir nuestra propia vida, nuestra propia historia, nuestra identidad de hijos de Dios.

Sigue redescubrir los proyectos que alguna vez produjeron en nosotros una pasión totalmente fuerte.

Hermanos, los invito a redescubrir el plan de Dios que tuvo, tiene y tendrá para nosotros. Recuerda que nada está terminado.

Dios tiene un proyecto totalmente nuevo que te invita a volver a ser un hombre nuevo, dispuesto a entregar la vida.

 

Jesús Gerardo Urrutia Martínez

Seminarista | 2do. de Filosofía

Revista San Teófimo No. 155

20 Ago 2021

HELLO! 1

México es un país de extensas culturas, que conjuntan una diversidad única en el mundo.  A lo largo de los siglos hemos visto un devenir en nuestra historia donde esos intercambios culturales hablan de la cimiente de la esperanza, somos un país donde la «esperanza» es una lucha, desde quienes han sufrido la desigualdad, hasta quienes buscan concretar una cultura de trabajo y crecimiento económico; la cimiente de la «esperanza» nace del corazón impetuoso del ánimo de “salir adelante” de saber aspirar a ser una sociedad cada vez más humana desde el pensamiento cristiano.

Es en nuestro México lleno de vida y de una gran biodiversidad, en donde convergen muchos tipos de climas, sonidos, paisajes, montañas, planicies y ríos, donde la geografía también habla de una riqueza incalculable. En sus montañas y valles se han escrito historias sumamente trascendentes; en el valle de México, en el norte de la ciudad capital, en su cerro del Tepeyac, se construye una identidad nacional, con la aparición de María de Guadalupe, la montaña juega un papel importante en la espiritualidad, que simboliza la lucha y el consuelo, y ahora es una casita, la casita sagrada del Tepeyac.

Esa casa es la casa de los mexicanos, en ella (en la Basílica de Guadalupe) se escriben historias contadas desde el terror de la violencia, la enfermedad que vivimos del coronavirus, hasta la alegría de la vida misma. Más que una construcción es un Santuario sagrado que habla de identidad nacional, donde se habla con la Madre, y viendo que nuestra cultura se centra primordialmente en nuestras “mamás”. Con ello la familia juega un papel sumamente importante, es la cuna de los valores, es el lugar donde aprendemos a ser seres humanos en todas sus expresiones.

Sin embargo es notorio también que la familia es un blanco de ataque, donde la disfuncionalidad y la división son el pan de todos los días, veo un México de familias agraviadas por la desconfianza, por el hambre, por la desnudez, por el desaliento ante las faltas de oportunidades. México sufre ante la violencia que se vive en todos los niveles y no debemos acostumbrarnos a vivir en ella.

En el Tepeyac vemos un rostro de identidad, de compañía; en Monterrey también tenemos nuestro Tepeyac, en el cerrito de la Loma Larga, donde vive la Señora de Guadalupe en la Col. Independencia, comunidad que dibuja una polaridad severa ante la pujanza de una ciudad negociante, un barrio que encarna la realidad de un México herido por la desigualdad y el hambre; sin embargo, en nuestro Tepeyac regiomontano también se escriben grande elogios a nuestra madre del cielo, al ser una comunidad llena de fe por quien la patrocina, es una radiografía de lo que hay en toda periferia existencial, el amor de una madre con sus hijos heridos por el dolor del sobrevivir.

A México no le hace falta consuelo, le hace falta más bien dejarse consolar por la presencia de la Virgen María. Recuerdo aquel diálogo entre San Juan Diego y la Virgen de Guadalupe: “¿Qué es lo que aflige?”, “¿Qué no estás bajo mi manto?”, son preguntas que calan en nuestra sangre cultural hasta nuestros días. Sentirnos consolados levanta nuestra autoestima, sentirnos con la convicción que no caminamos solos, que vamos acompañados y que nuestra tierra es bendecida; si fuéramos más conscientes de ello otro fuera nuestro horizonte, y lograríamos escribir nuevas historias de vida y resurrección.

Hemos sido salvados en la «esperanza», a pesar de nuestra corrupción que incide en nuestra defectuosa forma de vivir, no podemos solos; tenemos que ser un pueblo que luche hombro a hombro, donde todos nos escuchemos, donde el que no tiene voz pueda experimentar la amistad al sentirse escuchado, donde los canales del amor a través de las palabras nos hagan entender el arte de vivir y vivir para Dios.

En nuestras comunidades ese es un gran defecto social: “la falta de escucha”, y gran área de oportunidad es que no sabemos decir lo que sentimos, al no tener una cultura de lenguaje espiritual por ende tampoco podemos transmitir lo que tenemos por dentro, y no podemos vivir enmudecidos ante las batallas que estamos librando como sociedad mexicana.

Es cierto que caminamos en una sociedad con muchas grietas sociales pero debemos echar mano de las grandezas que tenemos también, somos un pueblo en lucha, donde las madres se saben levantar a preparar a sus hijos para vivir el día, de padres que labran la tierra y soportan largas jornadas para llevar el sustento a sus familias, de abuelos que cuidan de sus nietos ante las ausencias de sus hijos, de jóvenes que luchan ante la desigualdad y el desamor, en México hay muchos cerros inspirados en el Tepeyac, hay que luchar con fe y seguir adelante llevando a Cristo en el corazón. ¡Amar hasta contradecir al mundo!

 

Pbro. José Luis Guerra Castañeda

Coordinador de Raza Nueva en Cristo

Revista San Teófimo No.155

13 Ago 2021

HELLO! 1

El sábado 14 de agosto serán ordenados sacerdotes, 7 jóvenes de nuestra Arquidiócesis. ¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrentan, en un mundo necesitado del Evangelio?

 

Vivir lo que creemos, plenamente felices.

Creo que uno de los principales retos que tenemos como neo sacerdotes es buscar nuevas formas de transmitir el Evangelio a los niños, jóvenes y adultos. El Evangelio es para todos y debemos de usar la creatividad que Dios nos da para trasmitir su amor por cada uno de nosotros.

Necesitamos ser hombres de fe, que sean los primeros en creer, en vivir lo que creemos y enseñar lo que creemos. Que todos puedan encontrar en el sacerdote el ejemplo de una verdadera vida humana y cristiana.

¡Vivir alegres! Que la gente quiera acercarse a Dios y a su Iglesia porque nos ve que somos plenamente felices teniendo a Cristo como centro de nuestra vida.

Diác. José Ignacio Ávila Rangel

 

Mostrar el Amor de Dios 

Un joven sacerdote se tiene que enfrentar a un mundo que vive de manera individualista, que vive de manera en que solo sus propios criterios son los que quiere imponer y que por lo tanto,  cuando alguien le habla de Dios, lo primero que siente es que se les quiere imponer una serie de reglas o preceptos.

Por lo que uno de los retos de un joven sacerdote es ayudar a descubrir que seguir y amar a Dios no es solo una normativa, sino que involucra algo más profundo; es descubrir el amor más grande que puede haber en nuestra vida y que en respuesta a ese amor nuestra vida cambia de dirección y se orienta a buscar ya no solo el bien personal, sino a descubrir al verdadero amor que es querer el bien para el otro.

Un sacerdote en nuestros tiempos tiene que saber dialogar con las distintas percepciones que se van dando en nuestros círculos sociales y mostrar que Dios siempre está presente, que Dios no excluye a nadie y por lo tanto, el sacerdote tiene el reto de ser canal, de mostrar ese mismo amor de Dios.

Diác. Adrián A. Garza Morales 

 

 

Para un mundo necesitado del Evangelio: el Evangelio. 

El Evangelio es Cristo. El mayor reto que encuentro es no perder la identidad como amigo, discípulo y apóstol de Jesús. Cada vez que un consagrado pierde su identidad, el mundo pierde un poco el Evangelio. Creo que ese es el mayor reto que yo encuentro… mientras tengamos la mirada en Jesús, nuestra vida reposada en su pecho, discípulos de su Sagrado Corazón y, como nos enseña nuestra Madre, haciendo lo que Él nos diga, el mundo siempre será alimentado por la alegría del Evangelio: Cristo.

Diác. Antonio de Jesús Peña Díaz  

 

 

 

Presentar un Cristo Vivo 

Uno de los desafíos más importantes del siglo XXI, será la indiferencia religiosa y el empirismo reacio, donde tenemos que enfrentarnos con una Iglesia que ya no le importa nada; una sociedad que vive sin que le importe nada; con jóvenes que no les interesan las cosas que no les puedas comprobar de alguna manera, por eso tenemos que renovar más que nunca nuestros métodos, nuestras expresiones, nuestro ardor por el Evangelio, que no es otra cosa que poder presentar a un Cristo vivo y real en la vida de todos nosotros.

Diác. Jorge Ricardo González López 

 

 

 

Ser creativos para transmitir el Evangelio

Los retos que tenemos son muchos y variados, es menester ser creativos si queremos llevar nuestra experiencia de Dios al mundo. El primer reto es ser hombres de Dios, es cuidar nuestra espiritualidad y estilo de vida para ser un buen testimonio de Cristo. Debemos amar a Dios y a la Iglesia y estar dispuestos a sacrificarnos por ellos.

Considero que un gran desafío es “traducir” el Evangelio al lenguaje de hoy, de tal manera que pueda ser digerible y atractivo para cualquier persona independientemente de su educación o condición social.

El internet revolucionó la manera no solo de comunicarnos, sino de vivir, por ello debemos ser lo suficientemente astutos para transmitir el mensaje íntegro de Jesús, utilizando los medios modernos. Además, es una obligación estar al pendiente de los avances científicos y tecnológicos, ello en virtud de ofrecer luces que iluminen el camino a seguir.

Diác. Rodolfo Guadalupe Amador García

 

Ser testigos del amor de Dios 

Hoy en día, el mundo está viviendo incertidumbre, indiferencia, soledad, falta de compromiso, de fe, de esperanza y de amor. Considero que un desafío para el sacerdote joven es ser testigo del amor de Dios, de que, en medio de toda tormenta, Jesús va en la misma barca, sereno, confiando en el Padre, que no estamos solos, que nunca se ha ido y camina a nuestro lado.

Se necesitan sacerdotes alegres, llenos de fe, enamorados de Jesús, de la Eucaristía, que transmitan esperanza y que practiquen la caridad; sacerdotes humildes, que no busquen ser servidos sino que vivan sirviendo a los demás, que estén dispuestos a desgastar su vida por el otro, por el más necesitado; que al predicar, los demás escuchen las palabras de Jesús y no las nuestras, que vean las acciones de Jesús y no las nuestras, sacerdotes que reflejen los sentimientos de Jesús y no los nuestros. Que en cada gesto, cada detalle y en todo momento, las personas no se sientan solas, que se sientan amadas por Dios, que experimenten la presencia y la compañía de un Dios que ama, que perdona, que espera con los brazos abiertos para celebrar, para sanar y para abrazar con amor.

Diác. Oziel Rodríguez Martínez

Habitar donde Cristo habita 

Los desafíos que tiene un sacerdote, no varían mucho de los desafíos que tienen los católicos comprometidos. Pero quisiera mencionar al menos uno de los grandes desafíos de los que un joven sacerdote necesita cuidarse, es el no deslumbrarse por las aparentes ofertas que en nuestra sociedad ciegan a más de alguno.

Un claro ejemplo de esto es que si bien, las grandes potencias tienen puesta su mirada en la colonización de otros planetas, el auténtico cristiano (incluido el sacerdote) debe de aprender a poner su mirada, hacia abajo. Debe atreverse a poner la vista donde nadie quiere ver, hacer visibles a los que el mundo quiere hacer invisibles (los pobres, los migrantes, los marginados), porque los considera “descartables”.

El reto es este, salir sin deslumbrarse por las ofertas que se anclan a nuestro egoísmo. Lo realmente importante es anclarse en Jesucristo para habitar donde Cristo habita. Para terminar deseo citar al Cardenal Ratzinger en una de sus homilías cuando habla sobre la amistad con Cristo:

“El Hijo de Dios, es el hombre verdadero. Él es la medida del verdadero humanismo. No es «adulta» una fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad”.

Diác. Gilberto Eliud Gómez Pérez 

30 Jul 2021

HELLO! 1

“Y la Palabra se hizo barrio y habitó entre nosotros”.

El el mes de junio, después de una capacitación por parte de TELAR A.C. iniciamos en la comunidad parroquial de San Rafael Arcángel de Monterrey, la misión de verano, que tiene como objetivo ayudar en la «reconstrucción del tejido social».

“Cuando nos referimos a reconstruir el tejido, dejamos en evidencia que algo está roto o frágil, a punto de romperse. Si le agregamos la palabra «social», queremos dar a entender que la sociedad actual, con su forma de ser y vivir, está sufriendo rupturas, se ha deshilado, ya no cubre y protege a sus familias, también rotas y divididas. Lo mismo si nos referimos al tejido eclesial: las redes de nuestra evangelización ya no pescan, por más que trabajamos toda la noche (cfr Lc). Como los apóstoles, parte de nuestro llamado, es remendar las redes rotas que atraen más gente a la Iglesia y remendar el manto materno que de la Iglesia, ahora deshilado para que, con cariño misericordia y ternura, arrope a los que se acercan como fruto de la misión y les de seguridad, identidad, vínculos en la parroquia, como una «casita sagrada»”. (La reconstrucción del tejido eclesial desde la renovación del Consejo Pastoral, pág. 3)

Una de las finalidades de la reconstrucción del tejido social es apostar por la paz, la cual no consiste solamente en suprimir toda clase de conflictos, sino que es un proceso de reconstrucción de los vínculos comunitarios rotos y la creación de condiciones culturales, ambientales, familiares, y eclesiales para una buena convivencia.

La misión consiste en ir formando en los sectores del territorio parroquial comunidades del buen convivir, buscando crear una espiritualidad eco-comunitaria comprometida con el entorno social, una reconciliación familiar que de apoyo afectivo para el desarrollo integral de los integrantes de la familia y una educación para el buen convivir.

Integrantes de TELAR A.C, sacerdotes, seminaristas y diáconos estuvimos acompañando pequeñas comunidades ya existentes llamadas “Centros de Rosario” en el territorio de las  Capillas de San Marcos, Divina Providencia y de la Parroquia San Rafael Arcángel en los cuáles se compartieron temas, se hicieron círculos de diálogo, momentos de oración y creación de propuestas para mejorar la comunidad, las relaciones en la familia, y para ayudar en temas de ecología.

Estás tres semanas de misión han sido una experiencia increíble. Me han ayudado a recordar lo importante que es que nuestro cristianismo esté encarnado en las problemáticas actuales: sociales, familiares ecológicas. Nos tocó escuchar los problemas que están experimentando las personas de la comunidad, las desconexiones a causa de la pandemia y la violencia y como a pesar de todas las dificultades no se pierde la esperanza de un mundo mejor.  ¡Sigamos caminando como hijos de Dios en la reconstrucción del Reino de paz, justicia, verdad y amor!

 

André Alejandro Muzquiz Salazar  / 4to. de Teología

Revista San Teófimo No. 155

23 Jul 2021

HELLO! 1

Después de casi 11 años en el Seminario, lo sé, es mucho tiempo; puedo dar testimonio del proceso que la iglesia lleva con los que están por terminar su formación como alumnos en el Seminario de Monterrey.

Es un proceso interesante y lleno de emoción, en mi caso resuena el sueño y anhelo que tenía cuando ingresé a esta institución. En aquel tiempo solo me tocaba conocer a los futuros ordenados por la publicación que se hacía de ellos en los anuarios o en los murales de corcho en los salones y en cada casa. No los conocía personalmente, a algunos solo de vista. Conforme fue pasando el tiempo y yo avanzaba en este camino, las caras de quienes solicitaban ser admitidos al orden sagrado eran más conocidas, coincidía con ellos en misiones, visitas a colegios, colectas en parroquias incluso en apostolados. Aprendía de ellos y llegábamos a ser amigos.

La alegría que sentía iba creciendo cuanto más los conocía, aquél con quien me sentaba en el descanso de la escuela, los que se sentaban conmigo en el comedor, con quienes compartía una taza de café en la tarde estaban llegando a ese tiempo tan especial y que cada vez comprendía mejor.

Y,  ¿cómo es este proceso tan especial? El alumno del Seminario de Monterrey, una vez ingresado al instituto de Teología, se prepara para estos momentos. El primer paso es cuando cursamos el segundo año de Teología, se abre un tiempo para que el joven haga su solicitud para ser aceptado como candidato a las órdenes sagradas y a la administración de los ministerios laicales: lector y acólito. Termina este año escolar e inicia el siguiente.

A mitad del próximo año (tercero de Teología) se abre el tiempo de solicitud de órdenes sagradas (diaconado y presbiterado), así los que están en tercero y cuarto pueden hacer la solicitud del orden correspondiente. Ojo. No siempre es así. Es decir, no todos hacen la solicitud a su debido tiempo y no la hacen por algún motivo personal, por alguna decisión del equipo formador al mandarlos a algún servicio en especial, o simplemente por esperar algún tiempo más. Y esto no tiene nada de malo, los jóvenes nos hacemos muchas preguntas ante la gran responsabilidad y compromiso del sacerdocio de Cristo.

Luego de la solicitud viene un «tiempo de discernimiento», los formadores investigan y evalúan al alumno, sin embargo, esto no lo hacen solos, lo hacen con la comunidad. A algunos compañeros de quien solicitó se le dan unas evaluaciones para que las llene a la luz de la verdad con lo que sabe y conoce de quien solicitó; asimismo, se mandan estas evaluaciones al apostolado donde sirve el seminarista para que algunas personas que lo conozcan hagan también su evaluación, de igual manera se envían éstas a la comunidad parroquial de la que el joven seminarista pertenece. Una vez reunida toda esta información los padres del Seminario se reúnen a realizar los «escrutinios» para determinar si el joven que solicitó algún ministerio es idóneo o no para recibirlo. Posteriormente le corresponde al Arzobispo dar a los jóvenes la respuesta de las evaluaciones y admitir a los jóvenes al orden sagrado.

Ahora me toca estar de ese lado, y vaya que se siente muy distinto, aunque ya haya sido admitido como candidato a las órdenes y ya haya pasado por una etapa de escrutinios, esto es distinto, ya que uno se encuentra de cara a unos ministerios que dan una gracia que desborda la misma naturaleza humana y que conllevan una gran responsabilidad y compromiso. Sin embargo por otro lado se siente la emoción de decir “por fin, estoy llegando”. Entre todas las emociones que pueda sentir en estos momentos de una cosa estoy completamente seguro: Jesús, una vez que nos ha llamado nos invita a seguir caminando con él y nos pone a la Iglesia misma como receptora y al mismo tiempo intercesora para ser en un futuro los ministros que ella misma necesita y merece.

 

Erick Alfonso Rivera Ortíz | 1ero de Teología

Revista San Teófimo No.154

16 Jul 2021

HELLO! 1

Llegó a donde estaba el hombre herido y, al verlo, se conmovió profundamente  (Lc 10, 33).

 

¿Puedes imaginar un modo mejor de ser cristiano? Afortunadamente en torno a nosotros hay algunos que sí, son esos hombres y mujeres que están transformando las cosas alrededor, aquellos que mantienen la llama de la esperanza en los corazones. Si quieres descubrirlos no los encontrarás “dándose la gran vida” sino dando su vida grandemente al servicio de los demás, ¿por qué lo hacen? Ellos experimentan la tranquilidad de ser poseedores de una alegría que no se acaba, pues su fuente es el inagotable amor de Dios y su panorama el horizonte fascinante del Evangelio.

Al leer estas líneas, te invito a que recuerdes los relatos que te han contado sobre el día de tu bautismo, las fotos en donde apareces tú junto con familiares, padrinos y amigos, date cuenta que tu vida ha sido tocada por Dios, que Él ha pronunciado tu nombre, te ha hecho su hijo o hija muy amada, ha salido a tu encuentro.

Y no hace falta que pienses ni en el bien que has hecho, ni en el mal cometido, basta que te abras a la presencia de Dios que lo abarca todo y percibas como hay una luz interior que resplandece en ti cuando reconoces su presencia.

Responder a Dios en la vida es una gracia maravillosa, pues nos permite ser salvados, esto es importante, ya que solo por medio de la amistad con el Señor, como lo dice el Papa Francisco: “somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad; llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero” (Evangelii Gaudium, 8). 

Aceptar la llamada de Cristo es emprender un camino hacia una humanidad plena, pues el ser humano solo con la gracia es que puede realizar actos de amor extraordinarios, al igual que transformar las obras sencillas en portentosas.

No podemos ser ingenuos en pensar que delante de este proyecto de Dios para nosotros no habrá obstáculos. Todos los relatos iniciales de los cuatro Evangelios nos narran, de un modo u otro, como la presencia de Cristo en este mundo es incómoda tanto para personajes poderosos como Herodes, que le persiguieron sin importar sacrificar vidas inocentes, como para la gente común que no le brinda alojo donde nacer “Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron” (Jn, 11). Sin duda, todos ellos instigados en lo más profundo por el Enemigo, pues sabe que el Señor, así como sus discípulos, harán que los demonios se sujeten en su nombre y a él lo verán caer del cielo como un rayo (Cfr. Lc 10, 8).

De esto modo podemos palpar lo crucial del compromiso que tenemos como cristianos y la relevancia de la obra evangelizadora; nuestra misión no es el anuncio de palabras dulces o ideas bellas, sino la participación en un proyecto de instauración del Reino de Dios en cada una de las personas, es una lucha contra el poder de las tinieblas que si bien ya vencido por Cristo, continúa astutamente arremetiendo contra nosotros.

Las problemáticas de salud, económicas, sociales, ecológicas y espirituales en las que nos encontramos, son una oportunidad para despertar del sueño, de una vida que se nos ha vendido como dedicada al propio contento, entendiendo este como el pasarlo bien o disfrutar del momento. Este tiempo es momento para hombres y mujeres valientes que, con la cruz de Cristo en cuello, apuesten por una vida significativa y virtuosa, esa que por el bien de sus hermanos es capaz de sacrificar lo propio y darse a sí mismo por una causa más alta, la causa del Reino.

Es tiempo de cristianos: laicos, religiosos y sacerdotes, que con responsabilidad y prudencia reformen y no simplemente destruyan o exploten las estructuras que dan identidad y cohesión a las diversas instituciones y la sociedad. Es ocasión de revalorar y defender las raíces que han forjado nuestro semblante como creyentes y como nación, de hacer memoria histórica, de recuperar el concepto de verdad, de cuidar los pequeños, de favorecer un diálogo cara a cara entre amigos y contrarios, del cultivo de la sabiduría, de rescatar el sentido del bello, de lo sublime, es tiempo de orar y de hacer realidad todo esto amando como el Señor nos ha amado.

Al final, el cristiano en lo cotidiano está llamado a ser como el buen samaritano, que después de hacer el bien “se fue” sin esperar reconocimientos ni gratitudes. La entrega al servicio era la gran satisfacción frente a su Dios y a su vida, y por eso, un deber. Todos tenemos responsabilidad sobre el herido que es el pueblo mismo y todos los pueblos de la tierra. Cuidemos la fragilidad de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada anciano, con esa actitud solidaria y atenta, la actitud de proximidad del buen samaritano”( Fratelli Tutti, 70).

Todos tenemos un momento en que la puerta a esa vida radical se nos abre y depende de nosotros entrar, todos recibimos esa invitación, pero no siempre se tiene la valentía.  Pero la puerta sigue ahí, esperando y la voz de Dios firmemente llamando, ¿y si te atreves a entrar?

 

Pbro. José Francisco Gallardo Viera.

04 Jul 2021

BONO POR LAS VOCACIONES

COMPRADORES

1° Premio $200,000

Número de Boleto: 10644

Nombre del Ganador: Dora María

 

2° Premio $100,000

Número de Boleto:  12797

Nombre del Ganador:  Juana María

 

3° Premio $50,000

Número de Boleto: 01810

Nombre del Ganador: Ana María

 

4° Premio $30,000

Número de Boleto: 12032

Nombre del Ganador: Rubí

 

5° Premio $15,000

Número de Boleto: 08073

Nombre del Ganador: Juan Carlos

 

6° Premio $10,000

Número de Boleto: 14851

Nombre del Ganador: Eva Rosalinda

 

7° Premio $10,000

Número de Boleto: 07753

Nombre del Ganador: Elsa

 

8° Premio $10,000

Número de Boleto: 10630

Nombre del Ganador: Raúl

 

9° Premio $10,000

Número de Boleto: 08492

Nombre del Ganador: José

 

COLABORADORES

1° Premio $50,000

Número de Boleto: 10644

Nombre del Ganador: Oscar

 

2° Premio $40,000

Número de Boleto:  12797

Nombre del Ganador: Juana María

 

3° Premio $30,000

Número de Boleto: 01810

Nombre del Ganador: Isabel

 

4° Premio $15,000

Número de Boleto: 12032

Nombre del Ganador: Rubí

 

5° Premio $10,000

Número de Boleto: 08073

Nombre del Ganador: María Trinidad

 

6° Premio $5,000

Número de Boleto: 14851

Nombre del Ganador: Eva

 

7° Premio $5,000

Número de Boleto: 07753

Nombre del Ganador: Elsa

 

8° Premio $5,000

Número de Boleto: 10630

Nombre del Ganador: Gloria

 

9° Premio $5,000

Número de Boleto: 08492

Nombre del Ganador: Ma. Del Roble

 

 

 

02 Jul 2021

HELLO! 1

El cristiano llena a Dios de preguntas y busca muchas respuestas; por su parte, Dios llena al cristiano de invitaciones y solo espera una respuesta: Sí.

Recuerdo que en el Episodio 4 de la Temporada 1 de la serie “The Chosen” hay una escena que representa el llamado que Jesús le hace a Pedro cuando afrontaba una dificultad para pescar. Pedro, después de darse cuenta que los rumores eran ciertos acerca de Jesús, y ver que realmente Él es el Mesías, cae de rodillas a sus pies y le pide que se aleje porque es un pecador, se presenta como tal; le dice: no sabes quién soy y las cosas que he hecho. Pide perdón por su falta de fe y le pregunta: ¿Qué quieres de mí? Lo que quieras, lo que me pidas, lo haré. Pedro anteriormente había pedido tanto de Dios, se había decepcionado y desconfiado de Él, le exigía tantas cosas; pero Jesús, sin juzgarlo por todo aquello que Pedro dice, únicamente le hace una invitación (una petición): «sígueme». Pedro dice: Lo haré (No pone ningún “pero”).

Esa sencillez de Jesús es tanta que rompe nuestros esquemas, nuestras dudas, nuestros planes tan elaborados y meticulosos, nuestras expectativas, nuestros anhelos, nuestro estilo de vida; Una invitación tan simple y tan llena de sorpresas, emprender un camino con Él, atreverse a vivir una nueva vida. Así es como cada día al despertar nos invita a levantarnos y nos vuelve a decir: ¡sígueme! Y las respuestas solo pueden ser: sí o no.

Es el llamado de alguien por quien generaciones esperaban, por quien oraban y pedían que llegara a salvarlos, que generaciones han proclamado, que generaciones se han atrevido a seguir, por quien muchos han cuestionado, por quien muchos esperamos. Mañana, al despertar, y al siguiente día, y al siguiente… ¿cuál será tu respuesta a la única petición (tan llena de sentido) que Jesús te hace? Sígueme: Sí/No.

 

Oscar Valdez Huerta | 2do. de Filosofía

Revista San Teófimo No. 154

25 Jun 2021

HELLO! 1

Vivir sin compartir es como vivir sin vivir, porque cuando algo realmente bueno se encuentra, se comparte. No se necesitan fórmulas muy elaboradas para dar lo que se recibe; lo valioso, brilla sin necesidad de adornos, pues el que ama quiere el bien de los demás. El cristiano que tiene a Dios por amigo siente en su corazón la necesidad de llevar esa dicha a los que se encuentra por el camino, tal como los discípulos cuando salieron de dos en dos y proclamaron la alegría de ser llamados, compartieron ese querer estar con el Maestro.

De igual manera, en el tiempo actual se manifiestan esos signos del amor que fluye hacia cada comunidad o parroquia en donde se celebra la fe. Porque Dios escucha la voz de su pueblo y atiende a sus oraciones, Él envía a sus colaboradores para que compartan la vida, la fe y la esperanza de una vida plena a través del amor hacia el prójimo.

El apóstol, aquel que es enviado a proclamar el Evangelio, se vuelve mensajero de todos los tiempos y no por ello cambia el mensaje. Aunque sea diferente el pensamiento de los hombres a través de las épocas, sólo se modifica la forma en que se presenta, los medios que se usan son diversos, pero el contenido permanece: ¡Cristo murió y resucitó para dar vida verdadera a todos los hombres! ¡Él vino para que el mundo tenga vida en abundancia!

Cuando Jesús anduvo caminando por Galilea y Jerusalén la gente se reunía en las sinagogas, las plazas o en el campo para escuchar la enseñanza de Cristo. En los tiempos actuales (siglo XXI), es diferente la forma en la que se distribuye el mismo mensaje de amor, más aún cuando la comunicación ordinaria se limita y las personas se ven en la necesidad de utilizar medios tales como: televisión, internet (video llamadas, transmisiones en vivo, etc.). Una envoltura diferente, un contenido permanente.

El alma tendrá siempre hambre y sed de Aquél que le creó, los problemas o la enfermedad que se lleguen a presentar al cristiano no podrán detener su necesidad de Dios. El hombre necesita del agua viva que es Cristo, la vida de fe no se detiene, sólo encuentra otros caminos, se abre paso entre las vicisitudes y, como un riachuelo, crea nuevos caminos para empapar la tierra y hacerla florecer.

He visto dentro del apostolado presencial y ahora virtual, la misma sed de Dios, ese anhelo de vivir de verdad, de ser pleno y avanzar en santidad. Lo iniciado por nuestro creador es verdadero y perfecto; pues, quién hay que le diga a Dios: “tu pensamiento no es correcto” (cfr. Ez 18, 25), mejor como San Martín Caballero dice: “Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo, hágase tu voluntad”.

Al principio de este camino “virtual” experimenté –como algunos— una resistencia interna a los medios de transmisión masiva, resultado de mi desconocimiento. Pero ahora, me son de buena ayuda para estos tiempos excepcionales. Porque, de cualquier manera se ha de manifestar el amor verdadero que fluye por doquier, que los obstáculos son sólo escalones para ir hacia la única meta por la cual el cristiano lleno de fe quiere gastar la vida, con Jesucristo, el verdadero Dios por quien se vive.

 

Mauro Villegas Barboza | 3° de Filosofía

Revista San Teófimo No. 154