23 May 2016

HELLO! 1

Por: Diác. Juan Reynaldo Díaz Castillo

Todo seminarista espera con mucha alegría y esperanza la respuesta final de su formación, “el ser aceptado para el Orden Sacerdotal”. Es una noticia que esperamos alrededor de 10 años, después de clases y exámenes, apostolados, disciplina, etc.

Cumplir con los requisitos que nos pide la Iglesia para poder solicitar este santo sacramento.

Luego de que el equipo formador, realizara los debidos escrutinios, estos resultados fueron entregados al Señor Arzobispo Mons. Rogelio Cabrera, y era por parte de él que recibiríamos la tan esperada noticia.

Un día uno de nuestra generación se topó con Monseñor Rogelio, y como es peculiar de nuestro Pastor, el siempre está atento nos pregunta nuestro estar. Y para pronto le mencionó este diácono “pues muy emocionados por recibir nuestra respuesta”. Y es así como el Arzobispo nos dio fecha para darnos la noticia. Nos esperaba en su casa el domingo 8 de mayo de 2016, a las 5:00 p.m.

Todo ese fin de semana fue muy emocionante, una larga espera para el domingo, pero cual era la prisa si ya habíamos esperado tantos años de formación. Llegamos a su casa alrededor de las 4:30 p.m. tomamos asiento en la sala, platicamos un rato con Monseñor Rogelio y unos invitados, y muy puntual se retira para ir a su oficina y preparar nuestra entrevista.

La entrevistas estaban marcadas cada 15 minutos, aunque alguno nos tardamos un poquito más porque nos gusta la plática. Cada uno iba bajando y nos comunicaba su alegría de lo que el Señor Arzobispo y él charlaron acerca de su ordenación, cada uno tuvo diferentes temas, pero eso si, a todos nos preguntaba “¿Quieres ser ordenado presbítero?”, y con mucha alegría cada uno de nosotros respondía.

Después de las entrevistas y nuestras respuestas, tuvimos un momento de convivencia con nuestro Pastor, muy amablemente nos brindo los alimentos de esa cena, entre risas y pláticas disfrutábamos de tan gran noticia. Al término de nuestra cena ya para retirarnos nos dio la fecha, hora y lugar de nuestra ordenación sacerdotal, 15 de agosto de 2016 a las 6:00 p.m. en la Basílica de Guadalupe.

Así es que los 10 diáconos a ordenarse este día esperamos contar con su presencia, pues esta fiesta es una fiesta para todos, es un sacramento que se comparte con toda la Iglesia de Monterrey.

17 May 2016

HELLO! 1

Por: Sergio Arturo Almanza Arredondo, seminarista.

La kermesse de este año se llevó a cabo los días 14 y 15 de mayo en el Seminario Menor que se encuentra ubicado en San Pedro Garza García. El objetivo de la kermesse fue agradecer al pueblo de Dios por todo su apoyo y entrega que ha tenido con el Seminario de Monterrey.

En dicha kermesse se llevaron a cabo varias actividades: obra de teatro, juegos mecánicos, juegos de azar, puestos de comidas, eventos culturales, etc. La obra de teatro de este año le correspondió realizarla al Instituto de Teología con el nombre de “Memorias de un buen samaritano” y dicha obra invitó a todas las personas a no tener miedo de preguntarle a Dios sobre su voluntad para cada una de ellas y, para los jóvenes especialmente, que no tengan miedo de tener un proceso vocacional llevando a cabo las obras de misericordia. Esta obra consistió en cuatro presentaciones: sábado 14, una presentación a las 5:00p.m., y otra a las 8:00p.m., de igual manera el domingo 15.

Los juegos mecánicos y de azar fueron parte de la atracción de la gente de esta kermesse junto con las diferentes comidas que se ofrecieron, por ejemplo: hamburguesas, tacos, enchiladas, como un puesto de snack. También algunos eventos culturales como danza, ministerios de música, fueron de ayuda para que las personas que asistieron este año a la kermesse pudieran disfrutar de lo mejor esos momentos.

La kermesse siempre es un grato evento donde se puede convivir en familia y agradecer a Dios por todos los beneficios que Él ha concedido a su pueblo.

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29 Abr 2016

HELLO! 1

Por: Leonardo Rafael Castro Solís, seminarista.

Para hablar de San José, el carpintero de Nazaret, es necesario adentrarse en su silencio de amor y obediencia a la voluntad de Dios, al llamarlo a ser custodio de los tesoros más grandes de nuestra fe: Jesús, la Virgen María y la Iglesia. Esto lo podemos reflexionar dentro de las Sagradas Escrituras, a pesar de la poca información que se brinda de él, se alcanza a presenciar su obediencia y disposición por servir a Aquél que lo ha llamado a ser parte del proyecto de salvación prometido por Dios a la humanidad.

Los evangelistas nos presentan a San José como un hombre justo y trabajador, un padre y esposo atento a responder a su misión ante Dios, la familia y la sociedad. Dentro de los evangelios se habla de un hombre justo y obediente a la voluntad de Dios, que manifiesta su misericordia ante aquella mujer en quien había puesto su amor y la cuál sería su esposa, ya que al enterarse de que María estaba esperando un hijo, que naturalmente no era suyo, decide no denunciarla públicamente, pues esto le traería como consecuencia la muerte. En este gesto se puede percibir que San José ya vivía la misericordia.

Al igual que la virgen María, José cree en las palabras del ángel y rectifica la misión que se le ha sido encomendada como esposo, padre y custodio.

San José, hoy en nuestros días, debe ser un modelo de santidad que nos inspire valentía, humildad, amor por la familia y a la voluntad de Dios. Al igual que José, la paternidad debe verse como un don y una bendición que exige cada una de las virtudes y actitudes de un buen cristiano, en donde la misericordia sea fruto de la justicia y no de “la lastima”, y que nos lleve a ponernos en los zapatos del otro para buscar y emprender juntos una misión, tal como lo hicieron San José y la Virgen María como esposos y padres.

25 Abr 2016

HELLO! 1

Por: Ángel Josué Loredo García, seminarista.

Corría el mes de Agosto del año 2015. Comenzaba, en aquellos días, a cursar mi noveno año de formación, propiamente iniciaban para mí, los estudios del tercer año escolar en el Instituto de Teología y me encontraba con una gran expectativa al retomar mi formación académica en el Seminario. Indudablemente, una de las noticias que los seminaristas esperamos con más ansias a inicio de año, es la de poder conocer cuál será nuestra nueva experiencia de apostolado.

Recuerdo claramente, que en primer momento, vi en la lista de apostolados, los nombres de dos hermanos seminaristas y el mío, el destino eran dos capillas: Espíritu Santo y San Judas Tadeo, ambas ubicadas en Juárez, Nuevo León. Junto a las capillas, también decía en la lista como lugar de apostolado el Centro Multimedia Aletheia del Seminario, esta noticia, tengo que decirlo, me impacto demasiado, ya que Aletheia es un estudio donde se trabaja mucho con computadoras, cámaras de video, entre otras tareas, y la verdad, en las cuestiones tecnológicas no soy nada bueno.

Así mismo, aparecía como encargado del proyecto el padre Martín Galicia, director espiritual del Seminario en el Instituto de Filosofía. Lo más pronto posible, me acerque al padre Martín para aclarar qué es lo que me esperaba, me aclaró, gracias a Dios, que la encomienda era solamente en las capillas, junto a esto, me encuentro ahora con la sorpresa de que el proyecto es comenzar a forjar una comunidad parroquial con los fieles de estas  capillas. ¿Por qué una sorpresa? Lo ordinario, al menos en la experiencia apostólica que he vivido, había sido, estar en parroquias ya establecidas pastoralmente o propiamente en la pastoral Vocacional. Entonces, el reto presentado fue muy interesante desde aquél momento.

Hoy en día, puedo afirmar, que el tiempo que Dios me ha permitido vivir en estas dos bellas comunidades, verdaderamente ha sido enriquecedor. Y es que, contemplar la fe sencilla y fervorosa de las personas que forman estas comunidades, ha sido para mí proceso vocacional un fortalecimiento del mismo. De igual modo, el encuentro con la parte del pueblo de Dios que vive en estos lugares donde hemos compartido juntos la fe, ha sido una realidad que me ayuda a renovar la respuesta vocacional que busco dar a la invitación que Dios me hace a seguirle.

En mi persona, sin duda alguna, el sentimiento que más ha aflorado, es el de la gratuidad, ante tantas muestras de aprecio y cariño por parte de la comunidad. Es una alegría inmensa, el poder ver la confianza de tantas personas, cuando comparten desde lo más profundo de su corazón, las vivencias de su vida con un servidor. Esto es, un tesoro incalculable que va forjando en mi persona un corazón de futuro pastor del rebaño de Dios. Agradezco a nuestro buen Dios por la oportunidad que me da de poder servirlo a Él en su pueblo.

26 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Brandon Ricardo Velázquez Álvarez, seminarista

“¡Hossana al Hijo de David!”, con esta aclamación iniciamos la Semana Santa, el Domingo de Ramos, en el que celebramos la triunfal entrada mesiánica de Jesús a Jerusalén. La celebración se llevó a cabo dentro de un ambiente de alegría y fraternidad. Las comunidades aledañas al Curso Introductorio asistieron a la Eucaristía y participaron devotamente cada uno con su respectivo “ramo”. La homilía giro en torno a la Pasión del Señor, especialmente en la valentía que debemos asumir para aceptar la cruz con generosidad y alegría, buscando vivir coherentemente nuestra vida cristiana.

Los días previos al Triduo Pascual fueron muy enriquecedores, especialmente porque el lunes y martes contamos con la presencia de Monseñor Juan Armando Pérez Talamantes, quien, de una manera apasionada y rotunda, nos compartió temas que abarcan el Jueves y Viernes Santo, entre los temas que compartió están: El sacerdocio y la Eucaristía, El mandamiento del Amor, El Combate Espiritual, La Cruz y la Muerte del Señor. Realmente sus palabras, a la mayoría de nosotros nos confrontaron, nos sacaron de la cómoda postura que a veces adoptamos en nuestra formación en el Seminario y al mismo tiempo nos ayudaron a disponer el corazón para iniciar con alegría el Triduo Pascual.

Todas las celebraciones del Triduo las vivimos con los fieles que muy dispuestos participaron en cada actividad con devoción y entrega, desde el Jueves Santo, con la Cena del Señor, pasando por la Pasión y Muerte del Señor, el viernes con la representación del Viacrucis, y culminando con inmensa alegría la Resurrección del Señor en la Vigilia Pascual, donde todos pudimos vivir y experimentar las palabras de los ángeles en el sepulcro, “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”.

20 Mar 2016

HELLO! 1

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
    ¿Amo a Dios sobre todas las cosas?
    ¿Dios es la primera prioridad en mi vida o yo estoy antes que Él?
    ¿El placer y el dinero se han vuelto más importantes para mí que Dios que me hizo para Sí mismo? ¿Rezo con frecuencia?
    ¿Descuidé mi amistad con Dios por no rezar?
    ¿Participé en prácticas ocultas o supersticiosas, por ejemplo, la adivinación del futuro?¿Recibí la Sagrada Comunión en pecado mortal?
    ¿Mentí en la confesión u omití deliberadamente confesar un pecado mortal?

 

  1. No tomarás el nombre de Dios en vano.
    ¿Juré en falso, es decir, mentí bajo juramento ante un tribunal de justicia?
    ¿Alguna vez mentí después de “jurar por Dios” que estaba diciendo la verdad? ¿Alguna vez pronuncié el nombre de Dios cuando estaba enojado/a, en una palabrota?

 

  1. Santificarás las fiestas.
    ¿No asistí a la Santa Misa deliberadamente el sábado por la tarde o el domingo? ¿No asistí a Misa en una fiesta de precepto o en una fiesta importante del calendario litúrgico (es decir, Jueves Santo, Viernes Santo, Domingo de Pascua, Navidad, Santa María Madre de Dios, etc.)?

 

  1. Honrarás a tu padre y a tu madre.
    ¿Desobedezco a mis padres? ¿Les falto el respeto?
    ¿Les insulto? ¿Tengo vergüenza de ellos?
    ¿Les digo que los amo? ¿Les miento?
    ¿Les robo? ¿Obedezco y respeto a quienes ocupan el lugar de mis padres, como por ejemplo los maestros y directores?
    ¿Me ausento a clases? ¿Miento a mis maestros?
    ¿Les insulto?

 

  1. No matarás.
    ¿Me estoy matando a mí mismo consumiendo drogas?
    ¿Me alcoholizo? ¿Me sometí a un aborto?
    ¿Aconsejé a alguien para que se practique un aborto?
    ¿Defiendo el derecho a la vida de los niños por nacer o me he limitado a aceptar la mentalidad de la sociedad anti-vida?
    ¿Utilicé anticonceptivos abortivos o alenté a alguien para que los utilizara?
    ¿Me esterilicé de algún modo o alenté a alguien para que lo hiciera?
    ¿Participé en una eutanasia o estuve de acuerdo con ella?
    ¿He arruinado la reputación de una persona por hacer circular rumores en forma deliberada o por mantenerlos vivos transmitiéndoselos a otros?
    ¿Siento ira contra una persona? ¿Guardo rencor?
    ¿Me niego a perdonar? ¿Maldije a alguien?

 

  1. No cometerás adulterio.
    ¿He mantenido relaciones sexuales con alguien?
    ¿He tenido sexo conmigo mismo?
    ¿Alguna vez miré pornografía por internet o por cualquier otro medio?
    ¿Alguna vez tuve pensamientos impuros de manera libre y deliberada?
    ¿He practicado algún método anticonceptivo?
    ¿Soy recatado/a con la vestimenta?

 

  1. No robarás.
    ¿Les robo a mis padres? ¿Les robo a mis amigos?
    ¿Alguna vez robé algo a un extraño? ¿Alguna vez robé algo en un negocio?
    En otras palabras, ¿alguna vez tomé algo que pertenece a otra persona por legítimo derecho? ¿Hago demasiadas apuestas?
    ¿Busco compartir lo que tengo con los pobres y necesitados?

 

  1. No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.
    ¿Soy mentiroso/a?
    ¿Soy culpable de detracción, es decir, de dar a conocer las faltas de otros?
    ¿Soy culpable de calumnia, es decir, de divulgar mentiras sobre otras personas?     ¿Ando con chismes sobre otras personas?
    ¿Doy a conocer información que debería ser confidencial?
    ¿Soy falso/a, es decir, he sido un cierto tipo de persona para unos y otro tipo de persona completamente diferente para otros?

 

  1. y 10. No codiciarás a la mujer de tu prójimo ni a los bienes ajenos. ¿Soy envidioso/a de otras personas?
    ¿Deseo que se prive a otras personas de sus bienes o talentos?
    ¿Soy celoso de otras personas?
    ¿No perdono a otras personas o les guardo rencor?
    ¿Soy resentido/a?
    ¿Menosprecio a los demás?

 

Oración antes de la confesión:

Padre, Tú te compadeces de toda la humanidad, nos acoges y nos concedes tu auxilio cuando lo necesitamos. Abre ahora mis ojos, para que sepa ver el mal que he cometido y el bien que he dejado de hacer, y toca mi corazón, para que me convierta sinceramente a ti. Cura y fortalece mi debilidad, renueva en mí tu amor: así resplandecerá en mis obras la imagen de tu Hijo, seré testigo de tu bondad entre la humanidad y viviré en comunión con mis hermanos en la Iglesia. Concédeme, Padre, tu luz, por Jesucristo, hermano y guía de toda la humanidad.

Padre todopoderoso, lleno de bondad y misericordia, aquí estoy de rodillas ante ti. Quiero confesarte los pecados con que te he ofendido, Padre mío.

Padre, posa sobre mí tu mirada misericordiosa. Mírame, como lo hiciste a través de los ojos de tu Hijo Jesucristo, que vio a aquella mujer pecadora que comparecía ante Él y no la condenó. Concédeme la gracia de la contrición y propósitos firmes de enmienda, para que sea capaz de comparecer ante tu presencia, dispuesto a comenzar una nueva vida a la luz de tu Palabra.

Padre bueno, concédeme tu gracia para que pueda desde ahora llenarme de gozo, mientras me preparo a encontrarme contigo, en el Sacramento de la reconciliación. Haz que desaparezcan en mi todo miedo y vacilación, de tal suerte que sepa, como debo confesar mis pecados. Envía tu Espíritu sobre mi, para que los recuerde todos y sienta dolor por ellos. Dame el valor para no mantener en secreto ningún pecado, abriendo mi alma ante ti con toda sencillez y sinceridad.

Amén.

Acto de contrición:

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho mas me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber muerto que haberle ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia, no pecar mas y evitar las ocasiones próximas de pecado.

Amén.

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La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento.

  1. Examen de Conciencia.

Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una guía para hacerlo bien.

  1. Arrepentimiento.

Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos lastimado al que más nos quiere: Dios.

  1. Propósito de no volver a pecar.

Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.

  1. Decir los pecados al confesor.

El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha.

  1. Recibir la absolución y cumplir la penitencia.

Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos.

18 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Juan Alejandro Alejos Zamarripa, seminarista (2º Filosofía)

Estamos por iniciar la Semana Mayor, la Semana Santa, y con ello el trabajo de misiones, en donde los seminaristas participamos con nuestro apostolado en las diferentes parroquias y comunidades con los oficios litúrgicos, actos de piedad, temas o charlas, para que junto con la comunidad nos preparemos a vivir de manera nueva y consciente el misterio y centro de nuestra fe, la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

El tiempo de misiones inician con el Domingo de Ramos, en la celebración de la entrada triunfal del Señor a Jerusalén y se concluyen en el Domingo de la Resurrección; no se trata  de cumplir con un requisito formativo, pues es una semana muy anhelada por el seminarista, una semana de encuentro, de reflexión, de fuerte oración y de enseñanza siempre nueva, en donde lo importante no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de la Resurrección que es primicia de la nuestra.

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Siempre es una gran alegría compartir con el Pueblo de Dios la experiencia del Resucitado, que renueva nuestra fe nos impulsa a la caridad y nos llena de esperanza. En las misiones caminamos como hermanos, no tratándose solo de transmitir conocimientos, sino sobre todo vivir como Iglesia la experiencia de Jesús en donde aprendemos todos, la comunidad, los grupos, los seminaristas y sacerdotes.

Ya previamente nos hemos preparado en nuestro camino cuaresmal, con todo lo que la Iglesia nos propone, ahora es tiempo de meditar el misterio de amor que Dios ha tenido para con todos nosotros: su Iglesia; es también un encuentro con el otro, donde tenemos la oportunidad de llevar a los tristes, a los más alejados la alegría del Evangelio, el anuncio del Cristo vivo, que nos amó hasta el extremo (Cfr. Jn 15, 13). Éste tiempo, es para todo cristiano el momento culmen de nuestra fe, pues en ella se hace palpable el gran amor que Dios nos tuvo al entregar a su único Hijo para la salvación del hombre (Cfr. Jn 3, 16), pero también un momento privilegiado de amar al prójimo en donde Cristo se nos hace presente (Cfr. Mt 25, 45), por ello es de vital importancia para el seminarista la vivencia de la Semana Santa junto al Pueblo de Dios, pues la enseñanza es mayor que en aula de clase porque Cristo no es un concepto sino una persona, un modelo que nunca deja de sorprender, hasta en los acontecimientos aparentemente más ordinarios y sencillos Dios le habla a su pueblo, le enseña y lo acompaña.

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Unámonos en oración unos por otros, pidiendo al Señor que nos permita tener un encuentro con Él y vivir intensamente esta semana, acompañándolo y dándole el primer lugar para participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo.

Nos encomendamos a su oración, cuenten con la nuestra.

Que el Señor nos bendiga.

15 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Antonio Peña, seminarista (2º de Filosofía)

“Para este año de la misericordia estaría bien que hiciéramos algo diferente” así comenzó este sueño que el equipo de La Alegría del Evangelio logró hacer realidad gracias a la solidaridad de la Iglesia.

En la emisión dedicada a la Epifanía del Señor se invitó a los grupos juveniles de la Iglesia de Monterrey al concurso “Compartir la Misericordia con Alegría”, consistió en inscribirse para que, después de sorteado el grupo ganador, fuera ayudado y acompañado por LAE a realizar una obra de misericordia: dar de comer al que tiene hambre. La motivación: compartir los tradicionales tamales del día de la candelaria con quien necesite.

Grata fue la sorpresa de la participación de los grupos juveniles, cabe destacar que participaron grupos de Cadereyta y Linares, y entre todos el ganador fue Brotes de Olivo, de la Parroquia San Jorge Mártir del municipio de San Nicolás de los Garza.

El reto fue organizarnos para llevar a cabo esta obra, que en el marco del año jubilar de la misericordia y en medio del tiempo cuaresmal, implicó estar dispuestos, grupo juvenil ganador y equipo de LAE para sacarlo adelante, el cual se logró gracias a la participación de la Iglesia ¡pudimos compartir con alegría la misericordia de Dios gracias a la Iglesia de Jesús!

Los tamales se convirtieron en lonches ya que se consideró oportuno compartirlos con los familiares de los pacientes del Hospital Metropolitano “Dr. Bernardo Sepúlveda” en San Nicolás de los Garza, fuimos acompañados por un grupo de amigos y bienhechores, quienes sumándose a esta labor lograron donar más de 150 lonches y fruta. El grupo Brotes de Olivo fue responsable de las bebidas para completar la ayuda.

Al llegar al hospital nos sorprendió la participación del grupo de Renovación Carismática del Templo del Señor de la Misericordia, quienes ya estaban entregando desayunos a la puerta del hospital. “Estamos dando lo que Dios nos comparte, para sus hijos, para los enfermos” expresó María Teresa de Jesús motivada, junto con sus hermanas de grupo, por el Año de la Misericordia promulgado por el Papa Francisco.

“Hay que ser grupos de puertas abiertas, no de puertas cerradas, ser alegres y compartir lo que sabemos, aunque sea poquito” expresó Janelly Cardiel motivando a los demás jóvenes a salir de sus salones parroquiales conforme a la enseñanza del Papa Francisco; “Evangelizar sin miedo, salir a la calle” reiteró Carlos Alejandro Cantú, también del grupo Brotes de Olivo.

Entre las bienhechoras de esta obra Myrna Pérez de Sánchez comentó: “El amor a Cristo es el que nos mueve, gracias a su Espíritu Santo, es el amor a Cristo el que nos mueve a servir al hermano” y Alma Ramírez Perea agregó “a cada uno Jesús nos dice: denles ustedes de comer” quien atendió el llamado para preparar los lonches de esta obra. “Que el pastor salga del templo es lo que hizo Jesús, estar con los más necesitados es el mejor ejemplo que pueden dar… cuando el Pastor sale uno se siente más acogido” nos aconsejó Lizeth Lara a los futuros pastores, quienes agradecemos estas palabras que animan nuestra formación como pastores a imagen de Cristo, Buen Pastor.

La dos horas que estuvimos en las afueras del hospital, nos permitieron conocer un poco el padecimiento de los internados y el esfuerzo de sus familiares, permitiéndonos así, al menos por un instante sostener junto con ellos, por medio del alimento y la oración, la cruz de la enfermedad. “La gente a nuestro alrededor nos miraba y se acercaba. Su rostro les cambiaba al sentirse reconfortados por el agua y el pan que les entregábamos, eso nos llena a nosotros de Dios” expresó Hugo Lara, compañero de Teología que nos acompañó, a sus hermanos menores del Instituto de Filosofía a vivir esta experiencia.

Nos pareció un milagro el darnos cuenta que alcanzó la fruta, los lonches y el agua, uno solo quedó, como queriéndonos decir por medio de ello el Señor “sigan dándoles de comer” y ese fue el compromiso que hicimos en nuestra oración final, no hacer de esto un gesto único, sino un habito de vida, encarnar la virtud de la solidaridad, de la compasión. Dice el Papa Francisco la palabra solidaridad está un poco desgastada y a veces se interpreta mal, es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad (EG 189) por tanto, esto que comenzó como un sueño y que ahora es una realidad que podemos contar exige nuestra respuesta generosa ante el llamado que Jesús, a toda su Iglesia, nos sigue haciendo: Denles ustedes de comer. (Mc 6,37)

 

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01 Mar 2016

HELLO! 1

Por: Jesús Pablo Saldívar Castillón, seminarista (1°Teología)

La Iglesia ha entendido el mandato de Jesucristo de “velar y orar” (Cfr. Lc 21,36), como aquel importante precepto que nos mantiene atentos y en espera de la venida del Reino de Dios; y la Sagrada Liturgia va guiando este esperar a través de tiempos o estaciones, que nos ayudan, primeramente, a unirnos a Cristo en su ministerio salvífico, y segundo, a vivir  de manera personal y comunitaria la propia historia de salvación, en la que Dios se hace presente, participando en nuestra historia, incidiendo positivamente nuestra vida, si se lo permitimos.

Y es precisamente en esa libertad y deseo de permitirle a Dios ser parte de nuestra vida (que de suyo es necesario), que en el Tiempo Litúrgico de Cuaresma la Iglesia hace una pausa breve para reflexionar en el papel que juega Dios en su vida, es el momento idóneo para la práctica penitencial de la Iglesia (Cfr. CEC 1438).

La Cuaresma es un tiempo de preparación para la Pascua, y ésta última exige la alegría del saberse salvado por Jesús, pero también una nueva vida en Cristo, vida que se nos da por los méritos del Crucificado, muerto y luego resucitado. Para lograr esto, los fieles cristianos nos preparamos durante cuarenta días, en una especie de desierto personal, que a imitación del de Jesús, pretende catapultarnos hacia un firme propósito de conversión, y el aumento y permanencia de la gracia en nosotros.

Para lograr esto, la Santa Madre Iglesia exhorta a los párrocos (según las prescripciones de sus Obispos) a la organización de “Ejercicios Espirituales” (Cfr. CIC 770), que actúen como momentos pedagógicos para intensificar la escucha de la Palabra y la Oración (SC 109); y en esta sintonía, el Seminario de Monterrey, como miembro de la Iglesia local, participa enviando seminaristas y diáconos a comunidades parroquiales, para ayudar en la preparación de los fieles a la vivencia y celebración del Misterio Pascual.

La experiencia, que para nosotros los seminaristas, ofrecen los Ejercicios Cuaresmales en Parroquia, excede el valor cuantificable. No solo porque nos permite estar con el Pueblo de Dios, al que nos estamos preparando para servir, y vamos aprendiendo a amar al modo de Cristo, conociendo en su misma realidad, sino porque la reflexión propia en torno a la cuaresma y la conversión, nos hace caer en la cuenta de que las charlas y catequesis que preparamos para las comunidades son también para nosotros (incluso, tal vez a los primeros a quienes las dirigimos es a nosotros mismos). El hecho de compartir con la comunidad lo que Dios ha hecho por nosotros, y la respuesta que en gratitud le vamos dando, nos permite que, como futuros consagrados, vayamos configurando nuestro corazón, al modo de Cristo Buen Pastor y Esposo de la Iglesia.

Los Ejercicios Cuaresmales en Parroquia plantean también un reto importante para los seminaristas que, continuando con sus actividades normales, rompen su rutina vespertina para asistir durante una semana a una parroquia o comunidad, y colaborar en ella, llevando la alegría del Evangelio, y la doctrina de la Iglesia. El reto en sí, es vivir lo que se predica: si hablamos de caridad, no debemos faltarla, si predicamos perdón, debemos prodigarlo, si hablamos de conversión, es porque, como dice el dicho popular, “arrieros somos y en el camino andamos”…en el camino andamos… ¡Definitivamente no es tarea sencilla!, pero creemos con certeza que Dios nos auxilia, y su gracia nos anima a vivir todo aquello que Cristo, en conciencia, nos invita; y precisamente la reflexión y las prácticas penitenciales nos ayudan a crecer en esas virtudes, que necesitamos para ser buenos y santos sacerdotes. Y aunque la conversión no es un reto de escasos cuarenta días, sino de toda la vida, en resumidas cuentas, el reto principal es la semilla del testimonio que sembramos, a donde quiera que vayamos.

29 Feb 2016

HELLO! 1

Por: Edgar Fabián Cruz del Ángel, Experiencia Eclesial en Centro Vocacional

Año con año, durante el mes de febrero se lleva a cabo en nuestra Arquidiócesis de Monterrey la colecta anual del Seminario, la cual solo es una de las actividades que se organizan en favor de la promoción y oración de las vocaciones sacerdotales. En dicho mes se dedicó de manera especial una semana en la que se ha pedido como intención orar por las vocaciones sacerdotales.

Durante los últimos dos fines de semana del mes de febrero, los seminaristas salimos a las diversas comunidades parroquiales a realizar la colecta. En nombre de todos los seminaristas quiero hacer mías las palabras de agradecimiento hacia toda la comunidad de la Arquidiócesis de Monterrey que con su generosidad hacen posible la formación de cada uno de nosotros que hemos sentido el llamado de Dios a consagrar nuestra vida en la vocación sacerdotal, sepan que estar con ustedes hace que en nosotros se vaya formando el corazón de Jesús Buen Pastor. ¡Nuestra vocación es para ustedes! ¡Muchas Gracias!

Por último, con la reciente visita del Papa Francisco a nuestro país sabemos que su testimonio inquietará los corazones de muchos jóvenes que desearán consagrar su vida en una vocación concreta, es por eso, que quisiera invitarles a no dejar de orar por las vocaciones porque tenemos la certeza de que “detrás y antes de cada vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, está siempre la oración fuerte e intensa de alguien: de una abuela, de un abuelo, de una madre, de un padre, de una comunidad. Es por esto que Jesús ha dicho: ‘¡Rueguen al dueño de los sembrados –o sea a Dios Padre- que envíe trabajadores para la cosecha!’. Hagamos nuestra la invitación del Papa Francisco que nos hace en este Jubileo Extraordinario de la Misericordia: “Ojalá puedan redescubrir que la vocación cristiana, así como las vocaciones particulares, nacen en el seno del Pueblo de Dios y son dones de la divina misericordia. La Iglesia es la casa de la misericordia y la «tierra» donde la vocación germina, crece y da fruto”.