19 Dic 2025

HELLO! 1

Socialmente, el concepto de pureza es concebido, en la mayoría de los casos, al orden en la actividad sexual. Sin embargo, el Señor Jesús, en sus múltiples intervenciones descritas en los Evangelios, trasciende el concepto a una disposición del alma que se encuentra en el corazón del hombre, dejando de ser entonces, un factor meramente externo.

Desde esta perspectiva, puede inferirse, con palabras simples, que la pureza es una virtud cristiana que perfecciona interiormente al creyente para recibir al Hijo de Dios en su nacimiento, que está próximo en este tiempo litúrgico del Adviento. Redactado está, en el Evangelio de san Mateo, el Sermón de la Montaña, donde Jesús enseña las siete bienaventuranzas: «Dichosos los de corazón limpio, pues ellos verán a Dios» (cf. Mt 5,8).

En el rostro de Jesús, el Hijo enviado por el Padre, se manifiesta la mirada que Dios tiene sobre su Creación: una mirada plenamente pura, proveniente de Aquél que es la pureza misma. Así, en el Hijo, el Padre revela al hombre el camino que conduce a su presencia. Este camino, en el Sagrado Corazón de Jesús; es en donde más fácil se puede encontrar la pureza del alma, debe haber ciertos esfuerzos humanos, exigencias, disciplina, pero por encima de todo…el deseo profundo de ser santo, amando el Corazón de Cristo con la pequeñez humana, que, ante Él, basta para limpiarnos de las manchas de nuestros pecados.

 En el uso cotidiano, el corazón suele identificarse como la sede de los sentimientos, en él nacen el temor y el deseo, el amor y el rechazo, siempre vinculados a la vida afectiva. Sin embargo, en la Sagrada Escritura el corazón posee un significado más amplio, pues designa el centro profundo de la persona en su totalidad. Con palabras del apóstol san Pablo, conviene guardar la pureza y claridad del corazón:

«Huyan, pues, de la inmoralidad sexual. Cualquier otro pecado que una persona comete, no afecta a su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales, peca contra su propio cuerpo. ¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes?» (1 Cor 6,18-19).

Evidentemente, ser puros de corazón es una encomienda que reta la frágil voluntad del hombre, asechada constantemente por la concupiscencia, que desordenada las facultades morales del hombre y, sin ser una falta en sí misma, le inclina a cometer pecados (CEC, 2515). Sin embargo, esta lucha, que tiene un carácter individual pero padecida por la humanidad entera, tiene su fin cuando el corazón del hombre es purificado paulatinamente por la gracia y misericordia de Dios.

Los «corazones limpios» designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad, la castidad o rectitud sexual, el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe. Existe un vínculo entre la pureza del corazón, la del cuerpo y la de la fe (CEC, 2518).

San Juan Pablo II, durante su pontificado, predicó de manera insistente la pureza del corazón a través de sus catequesis conocidas como Teología del Cuerpo. En ellas, el Papa subrayó que la pureza no consiste en la negación del cuerpo ni del deseo humano (como creían los gnósticos en el siglo I d.C.), sino en su redención y correcta integración en el amor.

 A partir de las enseñanzas de Cristo en el Sermón de la Montaña, san Juan Pablo II mostró que el corazón humano está llamado a una mirada nueva, capaz de reconocer en el otro no un objeto de uso, sino una persona digna de ser amada. Desde esta perspectiva, la pureza se presenta como una virtud que hace posible el amor auténtico y prepara al hombre para acoger el misterio de la Encarnación, en el cual el Hijo de Dios asume un cuerpo humano y manifiesta que el cuerpo, vivido en la verdad del amor, puede convertirse en lugar de encuentro con Dios. «Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo» (cf. 1 Cor 5,20).

El misterio de la Encarnación, que purifica y redime nuestra humanidad, no se puede meditar por completo sin considerar el testimonio tan humano y sencillo de la Santísima Virgen María, la madre de Jesús, la «siempre virgen», como lo estipula el dogma de la Inmaculada Concepción. Desde los tiempos más antiguos, la Iglesia ha confesado de manera constante, tanto en la formulación del Credo como en la celebración de su liturgia, la fe en María como siempre virgen (cf. CEC 499).

El nacimiento de Cristo, «lejos de disminuir consagró la integridad virginal» de su madre (cf. LG 57). Esta convicción, profundamente arraigada en la Tradición, se expresa de modo sintético en la antigua fórmula que proclama su virginidad «antes del parto, en el parto y después del parto», subrayando así el carácter singular de su maternidad. María acogió el misterio de la salvación con una fe íntegra y un amor indiviso. Finalmente, su perseverancia virginal después del nacimiento de Cristo se presenta como signo de una entrega total y permanente, expresión de un corazón purificado y orientado enteramente a Dios.

El Corazón de Jesús se formó en el corazón de la Virgen María. Ella, nuestro auxilio delante de la prueba, acepta sin reservas la voluntad de Dios, enseñando a la Iglesia cómo es posible responder con su fiat a los deseos divinos del Padre, que son perfectos, buenos y agradables para todos sus hijos.

A la luz del misterio de la Encarnación, la Sagrada Escritura enseña que «a cuantos lo recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios» (Jn 1,12), y que el Verbo eterno «se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Acoger a Cristo implica, por tanto, una disposición interior que permita a Dios habitar en el corazón del creyente. En este sentido, la pureza del cristiano se comprende como la apertura sincera del corazón a la acción de la gracia, que transforma la fragilidad humana en lugar de encuentro con Dios.

El tiempo del Adviento invita, por tanto, a una conversión profunda del corazón, en la que el cristiano, consciente de su fragilidad, se deja purificar por la misericordia divina para acoger dignamente a Cristo que viene.

Siguiendo el ejemplo de la Santísima Virgen María y contemplando el Corazón de Jesús, el cristiano aprende que la pureza no es fruto exclusivo del esfuerzo humano, sino un don que se recibe y se custodia en la medida en que se ama y se busca la santidad. De este modo, la pureza del corazón se convierte en el espacio interior donde el cristiano puede celebrar auténticamente el nacimiento del Salvador.

Bernardo Luna González

Primero de Filosofía

17 Oct 2025

HELLO! 1

Vengo de una familia practicante y de una educación del Opus Dei en el Liceo. Gracias a ello conocía a Dios en la teoría, pero fue al integrarme a los grupos juveniles de Corpus Christi que lo empecé a conocer vivo, ardiente, en la alegría, en la gente. Aprendí que a Jesús le puedo hablar como a mi mejor amigo y comencé una relación real con Él.

En la pandemia me invitaron a coordinar Cate, y me enamoré de la vida parroquial. Ese mismo año me enteré que mi hermano se había unido a una comunidad cristiana casi sectaria, y falleció mi papá. Se me movió el tapete y empecé a cuestionar mi fe, lo que me impulsó a investigar más sobre ella y a unirme mucho más a Dios.

Inicié Arquitectura en la UDEM y regresé a misa diaria. En una junta de Cate me llamó la atención la vida franciscana. Empecé a consumir contenido católico como Aquinas 101, Fr. Mike Schmitz y Bishop Barron. Me seguía formando, iba a retiros de silencio de la Obra y participaba activamente en la parroquia. Luego me invitaron a coordinar Fiat; cantar en Misas y Horas Santas se volvió de mis actividades favoritas y comencé a componer mis propios cantos. Inspirado por San Ignacio, San Juan Bautista y San Francisco, tomé la decisión de vivir más austeramente, más desprendido de mi imagen y pertenencias.

Vivía intensamente y enamorado de Cristo, de mi carrera y de la vida. “No me falta nada”, pensaba, hasta que el Señor decidió mostrarme la única perla que me faltaba, la más preciosa: Él mismo. Para obtenerla, tendría que vender todas las demás. Esta realización sucedió el 15 de octubre de 2022, en una peregrinación. Fue al conversar con el P. Jesús Treviño y al hacer oración en el silencio de la montaña, que pude sentir esa claridad, paz y alegría que Dios le da al que hace su voluntad al considerar que quizá Dios me llamaba a entregarme enteramente a Él en el sacerdocio. Esa tarde en Misa, Jesús me hizo reconocerlo a Él como mi mayor anhelo. Sucedieron tantos signos que no ya me podía “sordear”. Fue entonces que al comulgar, miré la cruz fijamente, y le pregunté: “¿Qué quieres de mí?”, y yo escuché: “Yo te quiero todo a ti.”

Después de un camino de oración y discernimiento con ayuda de varios sacerdotes, descubrí que Dios no me llamaba a la vida religiosa, sino al sacerdocio diocesano. Hoy estoy en mi tercer año de formación, primero de discipulado. Me siento feliz; creo que Dios me llama a seguirlo y a estar con Él, y sigo buscando su voluntad día con día.

Seminarista José Emilio Villarreal de la Garza

23 Dic 2024

HELLO! 1

Les presentamos la lista de ganadores del Sorteo Seminario de Monterrey, celebrado el 22 de diciembre de 2024 en la instalaciones del Seminario Menor, con permiso de gobernación: 20240164PS04

El sorteo se realizó en presencia del Lic. Diego Jonathan Calderón Castillo, inspector adscrito a la Dirección de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación.

Dudas o aclaraciones al teléfono (01)8111-60-1380. En caso de queja favor de comunicarse a la Dirección General de Juegos y sorteos al (01) 5552-09-8800

COMPRADORES

1° Premio $300,000

Número de Boleto: 05779

Nombre del Ganador: María Teresa

2° Premio $200,000

Número de Boleto: 11294

Nombre del Ganador: Sabas

3° Premio $100,000

Número de Boleto: 25121

Nombre del Ganador: Ricardo

4° Premio $60,000

Número de Boleto: 04021

Nombre del Ganador: Oscar

5° Premio $20,000

Número de Boleto: 14069

Nombre del Ganador: Roberto

6° Premio $20,000

Número de Boleto: 19349

Nombre del Ganador: Juan

7° Premio $20,000

Número de Boleto: 08486

Nombre del Ganador: Ma. Inés

8° Premio $20,000

Número de Boleto: 16406

Nombre del Ganador: Ma. Magdalena

9° Premio $20,000

Número de Boleto: 07686

Nombre del Ganador: Lorena

10° Premio $20,000

Número de Boleto: 10193

Nombre del Ganador: Laura

11° Premio $20,000

Número de Boleto: 16927

Nombre del Ganador: Sergio

12° Premio $20,000

Número de Boleto: 05006

Nombre del Ganador: Magda

13° Premio $20,000

Número de Boleto: 15983

Nombre del Ganador: Jorge

14° Premio $20,000

Número de Boleto: 22011

Nombre del Ganador: María

15° Premio $10,000

Número de Boleto: 22891

Nombre del Ganador: Rosalinda

16° Premio $10,000

Número de Boleto: 14288

Nombre del Ganador: Alicia

17° Premio $10,000

Número de Boleto: 16764

Nombre del Ganador: Juana

18° Premio $10,000

Número de Boleto: 21933

Nombre del Ganador: Miriam

19° Premio $10,000

Número de Boleto: 23854

Nombre del Ganador: Roberta

20° Premio $10,000

Número de Boleto: 23495

Nombre del Ganador: Mónica

21° Premio $10,000

Número de Boleto: 16053

Nombre del Ganador: Norma

22° Premio $10,000

Número de Boleto: 04329

Nombre del Ganador: Mario

23° Premio $10,000

Número de Boleto: 23306

Nombre del Ganador: Irving

24° Premio $10,000

Número de Boleto: 18911

Nombre del Ganador: Claudia

25° Premio $10,000

Número de Boleto: 12403

Nombre del Ganador: Juana

26° Premio $10,000

Número de Boleto: 12048

Nombre del Ganador: Elsa

27° Premio $10,000

Número de Boleto: 01394

Nombre del Ganador: Jesús

28° Premio $10,000

Número de Boleto: 15599

Nombre del Ganador: Gilberto

29° Premio $10,000

Número de Boleto: 09097

Nombre del Ganador: Diana

30° Premio $10,000

Número de Boleto: 21078

Nombre del Ganador: Rogelio

COLABORADORES

1° Premio $100,000

Número de Boleto: 05779

Nombre del Ganador: Ma. Carolina

2° Premio $80,000

Número de Boleto: 11294

Nombre del Ganador: Axel

3° Premio $50,000

Número de Boleto: 25121

Nombre del Ganador: Javier

4° Premio $30,000

Número de Boleto: 04021

Nombre del Ganador: Adalberto

5° Premio $10,000

Número de Boleto: 14069

Nombre del Ganador: Ma. Laurencia

6° Premio $10,000

Número de Boleto: 19349

Nombre del Ganador: Juan

7° Premio $10,000

Número de Boleto:  08486

Nombre del Ganador: Ma. Inés

8° Premio $10,000

Número de Boleto: 16406

Nombre del Ganador: Graciela

9° Premio $10,000

Número de Boleto: 07686

Nombre del Ganador: Kika

10° Premio $10,000

Número de Boleto: 10193

Nombre del Ganador: Emma

11° Premio $10,000

Número de Boleto: 16927

Nombre del Ganador: Hans

12° Premio $10,000

Número de Boleto: 05006

Nombre del Ganador: Glafira

13° Premio $10,000

Número de Boleto: 15983

Nombre del Ganador: Jorge

14° Premio $10,000

Número de Boleto: 22011

Nombre del Ganador: María

15° Premio $5,000

Número de Boleto: 22891

Nombre del Ganador: Laura

16° Premio $5,000

Número de Boleto: 14288

Nombre del Ganador: Alicia

17° Premio $5,000

Número de Boleto: 16764

Nombre del Ganador: Mónica

18° Premio $5,000

Número de Boleto: 21933

Nombre del Ganador: Alexis

19° Premio $5,000

Número de Boleto: 23854

Nombre del Ganador: Rocío

20° Premio $5,000

Número de Boleto: 23495

Nombre del Ganador: Claudia

21° Premio $5,000

Número de Boleto: 16053

Nombre del Ganador: José

22° Premio $5,000

Número de Boleto: 04329

Nombre del Ganador: Mario

23° Premio $5,000

Número de Boleto: 23306

Nombre del Ganador: José

24° Premio $5,000

Número de Boleto: 18911

Nombre del Ganador: Pascuala

25° Premio $5,000

Número de Boleto: 12403

Nombre del Ganador: Irma

26° Premio $5,000

Número de Boleto: 12048

Nombre del Ganador: Joel

27° Premio $5,000

Número de Boleto: 01394

Nombre del Ganador: Jesús

28° Premio $5,000

Número de Boleto: 15599

Nombre del Ganador: Silvia

29° Premio $5,000

Número de Boleto: 09097

Nombre del Ganador: María

30° Premio $5,000

Número de Boleto: 21078

Nombre del Ganador: Eduardo

03 May 2024

HELLO! 1

El más pequeño de mis hijos, Jesús Gerardo, ingresó al Seminario Arquidiocesano de Monterrey hace ya casi 8 años, acababa de cumplir sus 15 años de edad y comenzaba sus estudios de preparatoria en esa misma institución.

Ese sábado que lo llevamos a su nueva casa, al Seminario, me sentí un poco triste y nerviosa ya que ese día dejaba de vivir junto a nosotros, emprendía un nuevo camino, iniciaba su vuelo.

Conforme pasaron los meses mi sentimiento, poco a poco fue cambiando, porque mi hijo me demostró que lo que estaba viviendo lo hacía feliz y pleno.

En una ocasión cuando más nostálgica estaba, asistimos a una convivencia familiar en el Seminario, como regularmente se hacen una vez al mes, realizamos una dinámica en la cual nos decían que al entregar un hijo al sacerdocio no lo perdíamos sino que Jesús nuestro Señor ocupaba el lugar de nuestro hijo en la familia, esto me tranquilizó mucho y me llevó a apoyar más la decisión de mi hijo.

Desde que ingresó y hasta este momento lo que hago es encomendar siempre su vida y vocación a nuestra Madre Santísima, para que en todo momento lo cubra con su maternal manto; lo cuide y lo proteja. Y a Jesús, su hijo amado, le ruego que lo mantenga cerquita de su corazón, que lo abrace fuerte para que nunca deje de sentir su amor y su misericordia, que nunca se sienta solo. Pido también al Espíritu Santo que lo ilumine; que le dé la sabiduría necesaria para poder comprender los grandes misterios de Dios y a su vez, pueda compartir con amor la Palabra de Dios, para que así, pueda sembrar en cada persona el amor de Dios a nuestros semejantes.

Los domingos es el día que regularmente viene a la casa, disfruto mucho platicar con él, escuchar todas sus experiencias, también sus ocurrencias. Esto me hace sentirlo más cercano, me enseña algunas cosas que me ayuda a vivir mejor mi apostolado.

Me siento muy feliz, bendecida y agradecida con Dios por el llamado de mi hijo al sacerdocio.

Diana Mayela Martínez Garza | Mamá de Jesús Gerardo Urrutia Martínez, primero de Teología.

23 Feb 2024

HELLO! 1

«Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero», le dice Pedro a Jesús resucitado, un diálogo en el que el Señor le pide apacentar su rebaño (cfr. Jn 21, 17). Por una parte, es una frase que, desde una interpretación muy personal, evoca la sabiduría de un Dios que conoce lo más íntimo del corazón del hombre (cfr. Sal 138) y, por otra parte, es para mí, una expresión de humildad que me hace mirar cuan misericordioso ha sido el Señor conmigo y la confianza con que me llama, conociendo lo más íntimo de mi corazón, a apacentar su rebaño.

Soy el diácono Marco Antonio, actualmente estoy cursando el cuarto año de la etapa de Configuración o Teología como quizá muchos la conocen, estoy en la etapa final de la formación inicial. Soy originario del estado de Veracruz, un pueblito llamado Chontla y enclavado en la sierra de Otontepec. Nací en una familia de diez hermanos (cinco hombre y cinco mujeres), de los cuales soy el penúltimo. Mis papás don Jorge, que en paz descanse, y mi mamá, doña Juanita como la llaman en el pueblo, fueron quienes inculcaron en mí el servicio en la Iglesia, un matrimonio de más de sesenta años que sirvieron durante muchos años en la parroquia del pueblo, en el coro, dando catecismo, platicas presacramentales, acompañando matrimonios, adoración nocturna, entre otros grupos a los que pertenecieron. Fue este ejemplo, sin duda, el que desde muy pequeño marcó no solo mi vida de fe, sino también mi vida vocacional, pues eso me permitió tener contacto con varios sacerdotes que desde que tengo uso de razón me invitaban a la vida sacerdotal.

Desde muy pequeño, me llamó la atención el servicio en la Iglesia, fui monaguillo desde los cinco años, se podría decir que crecí en la parroquia, no solo por el servicio al altar, también porque me gustaba estar en la Iglesia. Disfrute mucho de acompañar a los padres a oficiar Misa en las comunidades, que, dicho sea de paso, tuve la oportunidad de visitar algunas el pasado diciembre, ahora como diácono, a hacer celebraciones, fue una experiencia bastante grata. Debo reconocer que desde que estaba de monaguillo llamo mi atencion la figura sacerdotal, recuerdo como me gustaba y admiraba a los padres cuando celebraban Misa y cuando estaba en casa, repetía las palabras que el padre decía. ¡Sí! Fui uno de los que de niño jugaban a celebrar Misa, le daba la comunión a mi hermana y a mis primos remojando una galleta en una taza de café.

Para no extenderme tanto, después de haber estudiado una ingeniería y una maestría, y de estar laborando en una empresa por once años, llegué a Monterrey como gerente de una planta nueva de la empresa en la cual trabajé. Y estando aquí, aquella inquietud que desde niño, Dios había puesto en mí, y que por algunos años parecía haber estado dormida… despertó. Gracias en parte a la convivencia con algunos padres y seminaristas; pero, en definitiva, gracias a la necesidad que  veía en los enfermos y en los más necesitados, Dios me recordó el sueño que de niño había puesto en mi corazón. No fue una decisión fácil, a la edad de treinta y tres años, pero busqué el acompañamiento del Centro Vocacional, y finalmente, después del discernimiento solicité el ingreso, siendo aceptado e ingresando al Seminario de Monterrey en agosto del 2014.

Hoy en día puedo decir que, este tiempo que he pasado en el Seminario, con sus altas y sus bajas, han sido los mejores de mi vida, en los que me he sentido feliz y amado por Dios. He crecido humana, vocacional y sobre todo cristianamente.

Después de unos meses en mi ministerio diaconal, he podido ser nuevamente testigo de la necesidad que tiene el pueblo de encontrarse con Dios, aún y cuando parezca lo contrario, se tiene la necesidad de Él. De la misma manera que hace años, eso me mueve a querer ser instrumento de su gracia.

Hoy con mayor certeza y libertad quiero entregar mi vida al servicio de la Iglesia y para gloria de Dios. Hoy nuevamente, con ilusión y con la confianza puesta en el corazón de Cristo, he solicitado ser ordenado sacerdote, sabiendo que es un don para su Iglesia, y un signo de amor por su pueblo. Sigo diciendo en mi oración, como desde hace unos años: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.

Dios los bendiga a todos, no olviden rezar por mí, por las vocaciones, por los sacerdotes y seminaristas, por los jóvenes de nuestras parroquias para que atiendan generosamente el llamado que Dios les hace.

Marco Antonio Cruz Pérez

4to. de Teología

16 Feb 2024

HELLO! 1

Una de las frases que me gustan de la Sagrada Escritura es esta:“El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros y estamos alegres” (Salmo 125). Porque siento que Dios ha sido bondadoso conmigo, y no hay otra manera de manifestarlo que en el servicio a los demás, y con una sonrisa.

¡Hola, qué tal! Mi nombre es Karlos Cristian Ortiz González, tengo 29 años, y estoy de experiencia eclesial en la parroquia San Juan Bautista, en García, Nuevo León. Lugar donde he estado muy contento y alegre porque Dios se manifiesta de una manera inconmensurable hacia mi persona, y donde puedo descubrir la mirada de Dios con misericordia por la gente que me rodea. Expreso mi agradecimiento y alegría por poder compartir mi testimonio vocacional con todos aquellos que leen este blog de nuestro querido Seminario Arquidiocesano de Monterrey.

En primera instancia, es necesario partir que mi deseo de querer ser sacerdote nació por la entrega generosa y la experiencia de vida de mi párroco. Esa alegría que manifestaba al atender diariamente a los fieles que a él acudían, cómo celebraba los sacramentos, era algo inexplicable por lo que al ver su alegría por las cosas de Dios, me gustó demasiado que tomé la decisión de entrar al Seminario.

Después de un tiempo de estudio y oración, en la etapa de Configuración; los seminaristas somos enviados a realizar un año de servicio que se llama: “Experiencia eclesial” o “Magisterio”, un encuentro fuerte con Dios a través de su Iglesia ya sea por una pastoral en específico, o en mi caso una comunidad parroquial.

Este año de servicio pastoral he podido experimentar esa alegría por la cual me enamoré por las cosas de Dios. Y tal vez te estés preguntando ¿Qué actividades realizan los seminaristas durante este año?

Principalmente, la atención a las personas en los diferentes carismas que tiene nuestra Iglesia. He podido constatar que me encuentro en una parroquia verdaderamente misionera. La extensión territorial de la parroquia es extensa, cuenta con realidades diversas, rurales y urbanas. Son aproximadamente 58 comunidades, donde mi tarea principal es apoyar al párroco en lo que se me encomiende como organizar actividades pastorales, celebraciones de la Palabra, atender y formar al grupo de monaguillos, lectores y jóvenes entre otras acciones pastorales.

Este año de servicio, es un tiempo formidable para ir a la raíz de nuestra vocación, es meditar sobre el futuro ministerio sacerdotal; significa aprender de nuestros párrocos que con sus experiencias nos invitan a reflexionar y aceptar con madurez los retos que representa el llamado al sacerdocio en este contexto actual.  Aprovecho para agradecerle a mi párroco, que con su testimonio y acompañamiento ha ayudado en mi camino de formación.

Son tres acciones en síntesis, acompañar a los grupos, ayudar en las actividades en la parroquia y aprender a amar a Dios en medio de su Iglesia y a través de ella. Cada una de estas acciones representa un papel fundamental en mi historia vocacional, pues al trabajar con niños, adolescentes, jóvenes y adultos puedo hacer mías las palabras del Salmo 125,  de la cual me siento llamado: “A estar alegre porque este año en García, Dios ha hecho grandes cosas conmigo”.

Karlos Cristian Ortiz González

Experiencia Eclesial

Parroquia San Juan Bautista, García., Nuevo León

09 Feb 2024

HELLO! 1

Para empezar a contar mi vocación he de decir que mucho ha sido gracias a mi familia. En ella he encontrado el apoyo necesario para poder discernir y cumplir la voluntad de Dios en mi vida.

Cuando yo era niño, mi hermana fue al Centro Vocacional y recuerdo que ese acontecimiento me llamó mucho la atención porque yo no sabía en qué consistía ese «proceso vocacional». Después se me explicó, y al final vi muy bien que mi hermana le quisiera dar a Dios, tiempo de su vida, para saber qué quería Él de ella.

Tiempo más tarde cursé la preparatoria, y ahí me la pasé muy bien. Salía con amigos y tuve novia. Pero en tercer semestre de prepa me llamó la atención en pensar en que el sacerdocio podía ser un estilo de vida para mí, pero no se lo dije a ninguno de mis amigos y amigas. Todo esto ocurrió a raíz de ver a un sacerdote levantar el Cuerpo de Cristo en misa y me pregunté que cómo era posible aquel suceso de que un hombre pudiera traer al presente el Cuerpo de Cristo, preguntarme eso me impactó.

Así que fui al Centro Vocacional yo también para saber que quería Dios de mi vida, pero terminé abandonado el proceso después de algunos retiros y entrevistas con los acompañantes, diciéndome a mí mismo: “yo no soy para el sacerdocio, lo mío es casarme y tener hijos”. Mis papás ya sabían que yo estaba yendo al proceso, por lo que cuando me salí, también recibí apoyo y me dijeron que ellos iban a estar para mí en cualquier decisión que yo tomara.

Después ingresé a la Facultad de Relaciones Internacionales y puedo decir sin miedo a equivocarme que ha sido la mejor etapa que he tenido como estudiante, principalmente por las amistades que tuve ahí y el ambiente universitario. Pero ocurrió algo que no esperaba, y es que mientras tomaba clases empezaba a pensar en el sacerdocio otra vez, como un estilo de vida posible. Y cada día pensaba más en que me gustaría administrar el sacramento de reconciliación, pues yo quería que la gente sintiera la paz de Dios cuando se confesaran. Así que platiqué con mi párroco de mi comunidad Corpus Christi en Monterrey y él me ayudó mucho a discernir, hasta que llegó un punto donde me dijo que tenía que regresar al Centro Vocacional. Y mi familia no se sorprendió de mi decisión de volver, se veían más tranquilos que yo y me apoyaron en esa decisión. Por otro lado, yo volví a sentir nervios, a pesar de tener más seguridad en lo que quería que la vez anterior. Al final hice el proceso y fui admitido.

Hoy en día voy en mi quinto año de formación sacerdotal, conocido como tercero de filosofía, y no me arrepiento de haber ingresado. He aprendido mucho de mí mismo de y de los demás, he conocido más a Jesús y he crecido en muchas dimensiones de mi persona. Estoy muy agradecido con esta institución y con los padres formadores por todo lo que me han enseñado, y espero que con la ayuda de mi familia, de cualquier persona que lea esto y haga oración y con Dios, algún día ser sacerdote en favor del pueblo de Nuestro Señor.

Para concluir quiero decir que desde que tengo 12 años rezando el rosario diario y no tengo la menor duda que Nuestra Madre, la Virgen María, ha sido quien me ha dado fuerza para primeramente tratar de ser un buen cristiano y en segundo para seguir en esta vocación.

Roberto Manrique Nielsen

3ero de Filosofía

22 Dic 2023

HELLO! 1

La Navidad es sin duda, una época del año llena de tradiciones, celebraciones y, sobre todo, intercambios. Las personas alrededor del mundo se sumergen en el espíritu festivo, adornan sus hogares, comparten comidas y regalos, y se reúnen con sus seres queridos. Sin embargo, en medio de la vorágine de actividades y el bullicio consumista, es fundamental recordar el verdadero significado de la Navidad, un intercambio mucho más trascendental: el nacimiento de Jesucristo.

En la sociedad contemporánea, la Navidad a menudo se ha desvirtuado, eclipsada por las luces brillantes de los escaparates y el estruendo de las compras impulsivas. El consumismo desenfrenado ha amenazado con opacar la esencia misma de esta festividad, alejándonos de la reflexión sobre su origen sagrado. La historia detrás de la Navidad nos habla de un intercambio divino que ha dejado una marca indeleble en la historia de la humanidad: la Encarnación.

Los Padres de la Iglesia han denominado el misterio de la Encarnación como un “Intercambio Santo” (Sacrum Commercium), donde Dios mismo se hizo semejante a la humanidad, excepto en el pecado. Este acto divino no fue simplemente un gesto simbólico, sino un acto de amor supremo. Dios, en la figura de Jesucristo, se hizo uno de nosotros para que pudiéramos participar de Su divinidad: “Él, siendo de condición divina, no se apegó a su igualdad con Dios, sino que se redujo a nada, tomando la condición de servidor, y se hizo semejante a los hombres…” (Flp 2, 6-7) La Encarnación es un intercambio radical: Dios humaniza lo divino y diviniza lo humano.

Este misterio marca un punto de inflexión en la historia. Un nuevo comienzo se despliega cuando Jesús entra en la escena humana. El nacimiento de Jesús, celebrado en la Navidad, debería ser siempre la mayor alegría del hombre. En un tiempo en que la humanidad estaba sumida en la esclavitud del pecado y la muerte, Dios no permaneció distante. Por el contrario, salió a nuestro encuentro, asumiendo nuestra fragilidad y vulnerabilidad. Jesús experimentó todo lo que el ser humano conoce: la alegría y el sufrimiento, la risa y las lágrimas.

Así, la Navidad se convierte en un recordatorio de que, en medio de nuestras celebraciones terrenales, hay un regalo divino que trasciende cualquier intercambio material. Es un recordatorio de que, a pesar de nuestros errores y debilidades, Dios nos ofrece la oportunidad de participar en Su vida divina, podernos reconciliar con Él, haciéndonos capaz de entrar en una íntima relación con Él. La Navidad nos invita a reflexionar sobre este intercambio santo, que no solo transformó el curso de la historia, sino que también nos ofrece la esperanza de una vida renovada en comunión con lo divino.

En última instancia, mientras nos sumergimos en el intercambio de regalos y momentos entrañables con aquellos que amamos en esta temporada, permitámonos sentir la profunda resonancia en lo más profundo de nuestros corazones del verdadero significado de la

Navidad: el regalo divino manifestado en la figura tierna de Dios hecho un niño en un humilde pesebre.

En este intercambio celestial, Dios despliega ante nosotros el sendero resplandeciente del amor incondicional, la redención que abraza nuestras imperfecciones y la promesa de una eternidad colmada de esperanza.

La Navidad, en su esencia más conmovedora, nos insta a recordar y celebrar este intercambio santo que, con su majestuosidad en la sencillez, ha alterado de manera eterna el curso de la existencia humana. Nos incumbe a cada uno de nosotros adoptar este sagrado intercambio, permitiendo que Dios, con Su gracia, penetre en nuestros corazones, tocando, sanando, transformando y elevando nuestras vidas. Así, podremos, en algún momento, afirmar con convicción, al igual que los santos que nos precedieron, que nuestra historia personal se divide en un antes y un después de Cristo.

Axel Jaret Hernández Torres

1ero de Teología

08 Dic 2023

HELLO! 1

Llega diciembre, escucho a los hombres y mujeres decir que viene algo. Le pregunto a la inteligencia que todo identifica, recopila, selecciona, entrena y prueba. Pero no me sabe decir la Verdad. Encuentro que viene una remuneración económica a todo propietario de una nómina, veo a lo lejos paquetes de cena navideña; me estreso anticipadamente por las compras de pánico directamente proporcionales a mi desidia y vanidad.

Me viene al pensamiento una noche navideña con bebidas y comida; abrazos y besos; conversaciones, discusiones y reconciliaciones; rezos burocráticos y una suave brisa en el rostro; selfies, filtros y mentiras; y al amanecer, la inevitable pestilencia. Me abruma pensar que vendrá el fantasma de los abuelos, de mis padres, hermanos o hijos a exigir un lugar en la mesa y en la sala. Comprendo que los licores, los cocteles, el whisky, el tequila, el bote blanco o rojo terminarán en el resumidero después de un gancho al hígado, una vez que los riñones hagan su trabajo.

Me decepciona pensar que después de pagar en la tienda las bebidas alcohólicas, en la mañana siguiente me llegara una factura a mi cabeza, estómago y músculos; con debilidad, sed, nausea, vértigo e irritabilidad a modo de impuestos. Al menos me consuela saber que habrá algo que recalentar al siguiente día, que mis hijos, padres, hermanos, nietos, sobrinos recibirán un regalo. Pero como quisiera que su alegría por los regalos se extendiera a un eterno presente, que no terminara como la hierba que se hecha al horno.

Descubro que es vanidad. Me pregunto, ¿para qué esperar eso todo el año? Así como llega, así se va. Un festejo navideño más; pero el patio, la sala, la terraza, el asador, la cocina, las recámaras, las amistades y las enemistades, ¡permanecen donde mismo! Pareciera que es la misma historia, un capítulo que se repite. ¿Cómo reescribir el futuro? Si es que la ficción es realidad, ¿dónde está ese universo feliz? Mejor me acuesto con el abuelo, con mi padre, con mi madre, con mis amigos, mis hermanos o mis hijos que ya son felices debajo de la tierra, o arriba en el cielo.

Pienso en esos hombres y mujeres alegres, que se la pasan hablando y diciendo, gritando y presumiendo que algo llega; creo que no conocen de la vida. Necesitan saber que el mundo es triste, y no hay provecho alguno en lo que hacemos en nuestros contados días. Y llegó la feliz navidad y aquello que siempre ha sido, sucedió; aquello que siempre se ha hecho, se hizo. No hay cosas nuevas por hacer en una noche navideña.

Tiempo después, a lo largo del año, me encontré fuera de la espera navideña a esos mismos hombres y mujeres alegres. Los odié, los envidié y los maltraté. Les expresé mi frustración, les presumí mis conocimientos del mundo y les dije que todo es como si quisiéramos atrapar el humo con la mano.

Esos mismos hombres y mujeres alegres, sin que fuera su intención, me humillaron. No como lo hice yo, sino con una actitud tan tierna, como la que jamás volví a sentir de mamá y papá. Pareciera que las caricias que jamás volveré a sentir de mis hijos, abuelos o nietos, ellos las reprodujeron al instante y las clavaron en mi corazón. Les pregunté que era eso que esperaban con ansia y les llenaba de alegría que no acaba.

La respuesta de los hombres y mujeres siempre alegres me iluminó la mente y el corazón. Para entender su respuesta tuve que renunciar a mis conocimientos del mundo y vida. Los metí en una bolsa de basura y los aventé al contenedor más cercano. Porque no había conocido a hombres y mujeres que devolvieran bien por mal; comprendí que esa actitud no es de este mundo, no era de mi mundo.

Me aventuré a vaciar mi mente de vanidades y comencé a escuchar; me enseñaron a escuchar en el silencio de la noche y adentrarme en las oscuridades de mi corazón con una Luz que no se apaga. Los hombres y mujeres alegres no me dejaron solo. Gracias a ellos comprendí que hay algo distinto a las navidades de este mundo. Salí de mi ignorancia y comencé una espera que se extiende todo el año, que se renueva cada año hasta la eternidad.

¡Comprendí la verdadera espera que se presume, y que en verdad supera todo aquello que ahora considero basura!

Gracias a esos hombres y mujeres alegres, que tienen el sobrenombre de cristianos, descubrí que no se espera “algo”, sino “Alguien”.

Angel Salvador Martínez Chávez

2º de Teología.

Jn 14,6; 1Re 19,9-12; Mt 6,30; Qo 1-2; Ex 20,4; Rm 12,17; Jn 16,33; Jn 1,1-18; Flp 3,7-9

01 Dic 2023

HELLO! 1

Estén siempre alegres en el Señor. Otra vez se los digo: Estén alegres. Que su bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca. (Flp 4, 4-5)

Finalizando la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo (en la cual reconocemos que nuestro fin último es participar de la Gloria del Hijo al final de los tiempos), ahora nos preparamos para el nuevo año litúrgico, específicamente el Ciclo B, iniciando con el tiempo de Adviento. Con ello empieza un tiempo de espera y preparación para una de las fiestas más emblemáticas del año, la Navidad; pero ¿es realmente necesario una dedicación exhaustiva de este tiempo litúrgico?, ¿es necesario el tiempo de Adviento?

Primero hay que responder a la pregunta ¿qué significa Adviento? La palabra tiene su origen en el latín, adventus, que significa venida, así mismo este tiempo inaugura un período litúrgico que abarca cuatro semanas y que tiene como finalidad celebrar la venidad del Señor, tanto en su aspecto histórico como en el escatológico[1].

Sin duda, el tiempo de Adviento tiene una pedagogía más que amplia, porque nos acerca a vivir fuertemente el misterio de la Encarnación, preparando nuestro corazón y vida. Esto se puede observar en la división de las dos grandes partes de este tiempo: la primera abarca desde las I visperas del primer domingo (de Adviento) hasta el 16 de diciembre, donde se celebra especialmente la venida escatológica de Cristo; es decir, su retorno en gloria y majestad (…) A partir del 17 de diciembre (hasta el 24), se centrarán un poco más en la preparación de la Navidad[2]. Respectivamente, la primera parte se le considera como feria menor, cuya liturgia de la palabra estará guiada por el profeta Isaías, yla segunda parte, la feria mayor, por los evangelios.

Observando el contexto del tiempo de Adviento, ahora sí podemos preguntarnos, ¿es necesario el tiempo de Adviento? Considero que sí. Es un tiempo para prepararnos al encuentro del Señor, donde hacemos vida la palabra “Maranatha” (Ven Señor), con un mayor énfasis en la esperanza de encontrarnos con Él llenos de júbilo: no es un tiempo gris o estéril, es la esperanza activa y recreativa, no es triste; es el tiempo de la “devota y gozosa espectativa”[3]

Para iniciar este tiempo de esperanza y conversión de corazón, necesitamos disponernos en este camino, respondiendo al llamado que Dios nos hace, como a los pastores (cfr. Lc 2,8-11). Lo menciona perfectamente Benedicto XVI: los pastores eran hombres de vigilia. En nosotros tiene que permanecer la vigilia de corazón, la capacidad de percibir las realidades más profundas, la capacidad de dejarse dirigir por la palabra de Dios[4].

También debemos esperar con alegría las bendiciones que Dios nos tiene preparados para este tiempo; por ello es necesario escuchar la voz de quien nos ha creado, para que, acercándonos al Padre, reconozcamos su amor en el Hijo, a ejemplo de la Virgen María: Alégrate, llena eres de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 28).

Vivamos esta espera con alegría de corazón, y que las palabras del apóstol impregnen nuestros compromisos en este tiempo de conversión, sobretodo con una actitud dócil y dinámica a la voluntad de Dios: Estén alegres. El Señor está cerca (Flp 4, 4b-5b).

Osmar Gregorio Rivera Hernández

3ero. de Teología


[1] Propio del tiempo de adviento, Liturgia de la hora de los fieles, p. 3.

[2] Propio del tiempo de adviento, Liturgia de la hora de los fieles, p. 3, 43.

[3] Calendario Litúrgico, 39

[4] Ratzinger, Joseph; Y Dios hizo al hombre, p. 2.