22 Nov 2023

HELLO! 1

Cuando se hace referencia a los inicios del cristianismo, en no pocas ocasiones se menciona el fenómeno de las persecuciones como una nota característica que acompañó a diversas comunidades cristianas primitivas. Sin embargo, se sabe por las fuentes históricas que las persecuciones no fueron generalizadas en todas las regiones del Imperio, ni tampoco se llevaron a cabo continuamente a lo largo de los primeros siglos.

¿Cuáles son las fuentes con las que contamos?

Las persecuciones a los cristianos del período antiguo se conocen por la existencia de varias fuentes, por ejemplo: existen narraciones de historiadores no cristianos como Tácito o Plinio que revelan la hostilidad bajo la cual vivían los cristianos que habitaban en Roma; también existen informes judiciales (actas y pasiones de los mártires) que contienen datos valiosos de los procesos que condujeron a algunos cristianos al martirio. Por otra parte, también se cuenta con relatos de testigos oculares como en el caso de los mártires de Lyon (177 d.C.) que narran lo que sucedió en el momento del martirio; y sobre todo, a partir del año 313, después del edicto que permitió el ejercicio libre del cristianismo en el Imperio Romano, nacieron múltiples narraciones que buscaban enaltecer la figura de los mártires de los primeros siglos, entre ellas tenemos la obra de Eusebio de Cesarea; el cual, en su “Historia Eclesiástica”, comenta cronológicamente las principales persecuciones que padecieron algunas de las comunidades cristianas de los primeros siglos.

¿Por qué perseguían a los cristianos?

Podemos agrupar las causas, que fueron múltiples, en dos grandes grupos; primero, las causas que tenían que ver con la fidelidad de los cristianos que rechazaban de manera radical cualquier otro tipo de culto, por lo cual iban en contra de la cultura religiosa romana que más bien aceptaba múltiples prácticas religiosas y que obligaba rendir culto a los dioses del Estado. Y segundo, las causas que tenían que ver con la resistencia de los cristianos a cumplir con algunas obligaciones civiles como la de venerar al César, o la de realizar el servicio militar, por implicar éste el uso de la violencia y la aceptación de aniquilar vidas si así se lo ordenaran.

¿Cuáles fueron las principales persecuciones?

La persecución de Nerón (64 d.C.), fue consecuencia del incendio de Roma, en ella, Nerón culpó a los cristianos de la Iglesia de Roma y los hizo sufrir castigos hasta llevar a algunos al martirio. San Pedro y San Pablo fueron víctimas del martirio en esta persecución.

Después de algunas persecuciones circunscritas, siguieron dos de las más grandes: la persecución del emperador Decio (249-251 d.C.), en la que muchos cristianos se mantuvieron firmes a su fe rechazando la obligación de sacrificar a los dioses del Imperio.  Y la persecución del emperador Valeriano (257-260 d.C.) quien tomó medidas adversas contra el clero cristiano, prohibió el culto a Cristo y las reuniones religiosas en los cementerios. En el 258 d.C. martirizó a quienes se habían rehusado a sacrificar a los dioses del Imperio.

Después, Valeriano, quien se encontraba en guerra contra los persas, fue capturado y murió. Su sucesor, el emperador Galieno emitió un edicto de tolerancia hacia los cristianos (261 d.C.) que permitió vivir un período de cuarenta años de paz, en el cual la Iglesia creció y se fortaleció.

Finalmente llegó la última persecución de la antigüedad, una de las más grandes y generalizadas, la del emperador Diocleciano (303-311 d.C.). A partir de febrero del 303 d.C. se sucedieron una serie de edictos restrictivos para quienes se declararan cristianos, en ellos se ordenaba la destrucción de libros sagrados, deshabilitación de lugares de culto, obligatoriedad de sacrificar a los dioses y hasta la condena a muerte. Dicha persecución, aunque tuvo sus particularidades regionales tanto en intensidad como en duración, se extendió por todo el imperio y vio su fin hasta que Constantino firmó un acuerdo con Licinio en Milán (313 d.C.) en el que se les concedió libertad religiosa a los cristianos.

El año 313 d.C. significó para el cristianismo el comienzo de la era de la Iglesia constantiniana, la cual se caracterizó por una relación vinculante entre el Imperio y la Iglesia.

A partir de esta época y en adelante, el recuerdo de quienes sufrieron con valentía las persecuciones anteriores forma parte de la herencia espiritual que poseemos los fieles cristianos.

Pbro. Dr. Jesús Treviño Guajardo

Coordinador de la espiritualidad del Seminario de Monterrey

27 Oct 2023

HELLO! 1

Es interesante conocer sobre este nuevo sínodo que ya ha iniciado dentro de la Iglesia que ha convocado el Papa Francisco, que si bien, no termina ahora, sería bueno ver qué nos está aportando, desde lo que ya se había anunciado antes del sínodo como tal; es decir, las consultas que se hicieron a nivel Iglesia para hacer lo que se propone, escuchar a todos, que en sí mismo, ya manda un mensaje muy fuerte y claro a lo que se quiere obtener; así aunado a lo que ya se ha tratado en esta primera sesión que comenzó a principios de octubre.

Si queremos conocer el “para qué” de este sínodo sería bueno preguntarnos a “quién” se invita, ya que lo que se quiere alcanzar es a partir de sus “destinatarios”. El Papa Francisco invita a todos los bautizados a participar de este proceso, ya que somos los bautizados la voz del pueblo de Dios, es decir; con esto se puede traer una visión diferente, porque si veíamos un sínodo como algo lejano que sólo le correspondía a unos cuantos, ahora en lugar de eso, nos compromete a actuar y ser parte de…

Teniendo en cuenta quienes son los involucrados dentro de este proceso, es que podemos ir resolviendo la pregunta ¿para qué?, para poder hacer verdaderamente una reflexión sinodal no sólo por ahora, sino que se haga como un camino que se siga recorriendo a lo largo del tiempo. Esto es lo primordial, que no sólo sea mientras duren las sesiones, sino que se tome como algo propio, es decir, de la misma naturaleza de la Iglesia para que pueda perseverar un “caminar juntos” de aquí en adelante. Es un sueño a soñar, aunque parezca redundancia, aspira a conseguir la Iglesia que se está llamada a ser, es decir una Iglesia en comunión y en misión, como lo expresa el Manual oficial para la escucha y el discernimiento en las iglesias locales.

Ahora bien, para poder alcanzar este sueño de la Iglesia, es necesario tener en cuenta algunas actitudes que se proponen para lograr una buena participación del proceso sinodal, a saber, dedicar tiempo para compartir, que es sinónimo de ser sinodal; tener una apertura a la conversión y al cambio, no dar lugar a prejuicios. Y qué decir de la esperanza que tiene un lugar importantísimo, no basta sólo con tenerla, sino que hay que hacer nacer esta virtud, y tener una gran humildad al momento de escuchar en consonancia a la valentía en el hablar, una actitud de discernimiento, ir más allá dejando atrás las ideologías, estando abiertos al diálogo, todo esto ya que debemos de considerarnos signos de una Iglesia que escucha y que también está en camino, y sobre todo, no olvidar que el Espíritu Santo es el protagonista de este proceso[1].

Aún y cuando el Sínodo de la Sinodalidad concluye el próximo año, el reto es grande para la Iglesia, sin embargo no es imposible, y a pesar de ser un proceso eclesial, el cambio tiene que comenzar desde la propia vivencia de cada uno de los que conformamos la Iglesia, y este giro debe entenderse no como algo meramente superficial; sino todo lo contrario, tiene que evocar en la persona una verdadera conversión de sí hacia la comunión y la misión de llevar a todos el mensaje de Cristo, donde verdaderamente, impulsados por el Espíritu Santo, se pueda decir y testimoniar que caminamos juntos como Iglesia, para llegar a tener entre nosotros los mismos sentimientos de Cristo (Flp 2,5) y alcanzar la salvación.

Jesús Osvaldo Valdés Ayala

3ero de Teología


[1] Cf. https://www.synod.va/es/que-es-el-sinodo-21-24/para-quien-es-el-sinodo.html.

06 Oct 2023

HELLO! 1

Debe entenderse el sínodo como una asamblea convocada y presidida por el Santo Padre que tiene como finalidad la consulta, revisión y el profundo análisis de algunos asuntos que conciernen a nuestra Iglesia en un tiempo determinado. No es un acontecimiento improvisado ni pensado solo para la elaboración de un documento que pueda publicarse tiempo después y ya, sino de

Sinodalidad significa «caminar juntos». Cuando somos pequeños necesitamos el apoyo de nuestros padres para aprender a caminar; su mano junto a la nuestra nos hacía sentir seguros y confiados en que los pasos que dábamos eran firmes y que por ningún motivo nos harían caer. No podemos decir que a la Iglesia apenas se le ha ocurrido aprender a caminar ni mucho menos, pero cuando se trata de cumplir poco a poco la invitación de Jesús de predicar -y vivir- el Evangelio se requiere salir de la propia zona de confort, del esfuerzo, el amor, la constante dedicación de todos sus miembros, de un arduo trabajo en equipo, pero sobre todo de la confianza en que Aquel que nos ha enviado nos acompaña y nos indica el camino a seguir.

¿Cuál fue, pues, la intención del Santo Padre de convocar este sínodo dos años atrás? Su deseo es que volteemos a ver a quien se encuentra a nuestro lado, escuchemos con amor lo que quiere y necesita decir, tejer con él una relación fraterna y fortalecerla, y caminar a su lado hacia el camino de la santidad.

El Instrumentum laboris, documento de estudio elaborado luego de la convocación hecha por el Papa que traza por primera vez el camino que se ha de recorrer durante el proceso sinodal, nos remite a las palabras del apóstol san Pablo dichas a la comunidad de Roma: «Que el Dios de la constancia y del consuelo les conceda tener, conforme a Cristo Jesús, los mismos sentimientos unos con otros, para que unánimes, a una voz, glorifiquen a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo» (Rm 15, 1-6). Estas palabras suceden a su invitación de acompañar en el camino de la fe a quien lo necesite, así como de buscar su bien y su edificación (Cfr. Rm 15, 1-2). Tener los mismos sentimientos que Cristo, implica hacer a un lado el satisfacer nuestros propios intereses y hacer todo lo que está en nuestras manos para que el otro crezca y se fortalezca, implica atender, vendar sus heridas y acompañarlo en su crecimiento humano y en su vida de fe.

El «Sínodo de la Sinodalidad» es, entonces, una serie de momentos oportunos para fortalecer la unión de los miembros de la Iglesia, propiciar su participación aceptando su capacidad de aconsejar, analizar y vivir la fe recibida por Cristo, y de comprometerse a ser testimonio en todas las realidades que conciernen su existencia.

El Espíritu Santo es quien guía la Iglesia y es con su auxilio que podemos dar pasos seguros con mucha paciencia en el camino de la configuración con Jesucristo Nuestro Señor.

Luis Carlos Solís Garza / 2do. de Teología

08 Sep 2023

HELLO! 1

Y el Verbo se hizo carne… (Jn 1, 14)

Hablar de comunicación es hablar de Jesús, el Verbo encarnado, quien, haciéndose hombre, compartió la vida con nosotros para comunicarnos el verdadero rostro de Dios, su Padre:

“El Logos, que está junto a Dios, el Logos que es Dios, el Creador del mundo (cf. Jn 1, 1), por quien fueron creadas todas las cosas (cf. 1, 3), que ha acompañado y acompaña a los hombres en la historia con su luz (cf. 1, 4-5; 1, 9), se hace uno entre los demás, establece su morada en medio de nosotros, se hace uno de nosotros (cf. 1, 14). El Concilio Ecuménico Vaticano II afirma: «El Hijo de Dios… trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado».  (Const. Gaudium et spes, 22).” (Benedicto XVI, 2013).

Hablar de Jesús, es hablar de la Buena Noticia que nos trae de parte de su Padre: “Dios quiere que todo el mundo se salve, y llegue al conocimiento de la verdad” (1, Tm 2, 4); esta buena noticia que comienza desde la promesa, se confirma en la encarnación y se va expresando en la vivencia de la fe de la Iglesia; toma como presupuesto el anuncio claro y gozoso de la persona de Jesús. Él mismo, anunció la salvación con palabras, gestos y acciones, comunicándonos la verdad desde su propia existencia. 

Jesús confirma con sus acciones las palabras que proclama, el verdadero sentido de la comunicación es la construcción de la comunión, y la realización de la comunión comienza por la liberación y salud de sus miembros que lo conforman. Por la vivencia del buen decir, de las palabras correctas y las acciones claras que confirman la obra salvífica de Jesús; pues Él perdona los pecados, pero también levanta de la camilla al enfermo. La salud construye la comunidad, y donde hay fragilidad, las palabras y acciones correctas son necesarias. La Buena Noticia entonces necesita de la comunicación para la comunión. 

“Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio” (Mc 16, 15)

En la vida sacerdotal el anuncio gozoso de la persona de Jesús no es una opción, es una realidad, un deber y una necesidad. El Verbo se hizo carne, sigue siendo “Emmanuel”; es decir, Dios con nosotros en sus apóstoles. El envío de sus discípulos incluye la proclamación, el anuncio gozoso, pues el Verbo está presente en su Iglesia por la efusión del Espíritu Santo que se comunica a todos sus fieles que desean seguirlo en Espíritu y en Verdad (Jn 4, 24).

Así entonces, “La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción»” (Francisco, Evangelii Gaudium, 2013), no se pretende “abarcar” sino crear comunión y dicha experiencia de la Iglesia sólo puede entenderse como la vivencia de los que han conocido a Jesús y no pueden callar (Cf. Hch 4, 13, 21). 

La Buena Noticia se abre paso a través de los tiempos, y por ende necesita encajarse en el contexto del aquí y del ahora, para que tanto el emisor como el receptor comprendan lo que se quiere transmitir. Para ello creo que es necesario una doble dimensión, el carisma y la estructura. El Papa Francisco dirá en su mensaje para la 57° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: 

“Sueño una comunicación eclesial que sepa dejarse guiar por el Espíritu Santo, amable y, al mismo tiempo, profética; que sepa encontrar nuevas formas y modalidades para el maravilloso anuncio que está llamada a dar en el tercer milenio. Una comunicación que ponga en el centro la relación con Dios y con el prójimo, especialmente con el más necesitado, y que sepa encender el fuego de la fe en vez de preservar las cenizas de una identidad autorreferencial. Una comunicación cuyas bases sean la humildad en el escuchar y la parresia en el hablar; que no separe nunca la verdad de la caridad.” (Francisco, 2023).

Dentro de la formación inicial que brinda el Seminario a los futuros sacerdotes, este carisma y estructura se van moldeando. Por un lado, la vida comunitaria va formando la posibilidad de la comunión en la comunidad, allí donde el adolescente y el joven entra en diálogo con el otro, saliendo de sí mismo para trascender su propia verdad y entrar en la verdad del que está frente a él; de esta experiencia comunitaria se desprende la amabilidad, la relación sana con el otro que los lleva a Jesús, y la siempre necesaria humildad en el escuchar.

Así mismo, la formación sacerdotal dispone al seminarista a profesionalizarse en la comunicación eclesial profética, capaz de anunciar esta llamada en el tercer milenio. El apostolado y la misión lo disponen a estructurar el carisma para tener parresia (decir todo con valentía) en el hablar. Y así, junto a Jesús y junto a la Iglesia consolidar una opción por el anuncio gozoso de la buena noticia. 

Concluyo con una reflexión personal: seminaristas y sacerdotes, sonriamos. No hay nada más creíble y certero de la Buena Noticia de Jesús, nada más carismático y estructurado en la vida de la Iglesia que sonreír. Porque Evangelio es alegría, es salud, es comunicación, comunión. Pero todo comienza allí, en el gesto que me hace ser empático con el otro, haciendo que podamos hablar con el corazón confirmando con nuestra comunicación efectiva que Cristo vive y nos quiere vivos, sanos, felices y en comunión, siempre. 

Pbro. Darío Fco. Torres Rodríguez

Coordinador del Departamento de Comunicación

del Seminario Arquidiocesano de Monterrey

06 Jun 2023

HELLO! 1

Sin la sombra de la pandemia

En este año, empezamos 100% las actividades del Seminario: apostolado, visita a familias, etc. dando el primer paso a volver al ritmo normal.

Seminaristas de experiencia eclesial

Volvió la experiencia de tocar la realidad. Es necesario el encuentro con la realidad y tocar al pueblo. La experiencia eclesial es una necesidad para enriquecerse de la parroquia y  12 alumnos salieron a la experiencia.

230 Aniversario del Seminario de Monterrey

La memoria es necesaria; recordar los 230 años era memoria, de dónde venimos y  hacia dónde vamos. Recordar para no caer en desolación.

La presencia del mártir San Teófimo en el Seminario de Monterrey

Este año en el espíritu de la fiesta y la memoria, se colocó una placa en la capilla de san Teófimo con la carta de los seminaristas y formadores de aquel entonces, solicitando que san Teófimo fuera el patrono del Seminario.

La Pastoral Vocacional: tarea de todos  

Se volvió a reactivar la visita a los colegios, las reuniones de los jóvenes de la pastoral vocacional y las actividades presenciales del mes del Seminario.

Semana Santa en Galeana, Nuevo León.

La diócesis de Linares es una iglesia necesitada y misionera; nosotros como iglesia de Monterrey estamos comprometidos con la misión de nuestras iglesias hermanas; porque estas iglesias están sin sacerdotes. Necesitamos abrir nuestras puertas también con un horizonte amplio de la Iglesia para que siga marcando su sacerdocio, abriendo perspectivas para la misión.

San José y los 230 años: «Testimonios sacerdotales»

El libro “Testimonios sacerdotales” de Mons. Alfonso Miranda, nos lleva a hacer memoria de nuestro caminar, y nos llena de esperanza. Nos debe hacer sentir muy agradecidos por el don del sacerdocio.

Insertos en el Pueblo de Dios que peregrina en Monterrey: ASERCAT

El Seminario no debe ser un ente aislado. Somos conscientes de la riqueza e la iglesia, caminamos con la iglesia de Monterrey, estamos con ellos. Así puedo expresar, nuestra participación en la Expo Católica, AsercaT.

Doce razones de esperanza

La ordenación de 8 sacerdotes y 4 diáconos nos alegra y motiva a vivir la esperanza. 12 ministros nuevos insertos en la diócesis también son 12 nuevos promotores vocacionales; cultivadores de su propia vocación y de la vocación de los jóvenes.

Gracias

Gracias a todos por su esfuerzo y camino,  los espero el 26 de julio a las 6:00 pm en la Basílica de Guadalupe, en la Ordenación Episcopal de un servidor.

Mons. Carlos Alberto Santos García

Rector

17 Feb 2023

HELLO! 1

Estando en el ombligo del mes de febrero, estando todavía en el Mes del Seminario, los seminaristas de las distintas casas de formación nos hemos dado a la tarea de visitar las Zonas Pastorales de la Arquidiócesis, teniendo presencia en las parroquias y comunidades para compartir la alegría de la propia vocación, pero principalmente, vamos por una sola razón: AGRADECER.

En las diversas comunidades que he visitado, he sido testigo de que los fieles cristianos de nuestras parroquias oran, ya sea en comunión o individualmente, por el seminario y los seminaristas. Oran a Dios Nuestro Señor para que dé pastores a su Pueblo, y para que los que están en formación nos asista con su gracia en la respuesta que le damos a Él. Los fieles laicos no escatiman sus oraciones por pedir por nosotros y en muchas ocasiones nos lo hacen saber con mucho entusiasmo y alegría: Seminarista ¡Yo oro por ustedes! ¡Siempre están en mis oraciones!

Esto es lo que alegra y anima la propia vocación, y pienso, es lo que mueve al seminarista a corresponder y tener siempre en los labios un GRACIAS a toda comunidad a la que va a Colecta del Seminario.

Y aunque los recursos materiales en sí mismos son un medio, nunca un fin, siempre agradecemos anticipadamente a las comunidades por su apoyo generoso para con el Seminario, en el sostenimiento de la casa y los estudios de los seminaristas, los futuros sacerdotes del Pueblo de nuestro Señor.

A toda la comunidad en general, nos seguimos encomendando a sus oraciones, ya que, en este Mes del Seminario, los seminaristas celebramos que hemos sido llamados a esta vocación específica y con su gracia hemos dado una respuesta generosa. Y, por último, a nombre de mis hermanos seminarista les decimos ¡Gracias por su oración! ¡Gracias por su generosidad! ¡GRACIAS!

Luis Miguel Éxiga López

2do. de Teología

23 Dic 2022

HELLO! 1

Los tiempos de Adviento y Navidad, son momentos llenos de alegría como Iglesia y como familia, es un tiempo lleno de esperanza en el Salvador que estará en medio de nosotros siendo el Emmanuel, el Dios con nosotros. La Natividad de Jesús es un momento tan lleno de gozo para todo cristiano, es allí donde recordamos las palabras del Padre (Dt. 18, 18-19). Dios nos promete a su Hijo, a su Palabra hecha carne que vendrá en nuestra condición humana y en el que Dios pondrá sus palabras y dirá lo que Él mande. Al hacer todo un recorrido en el Adviento de las profecías, en especial las de Isaías, escuchamos como cada percepción que se tenía del Mesías, es realmente lo que en el humilde pesebre de Belén se encontraba.

Antes de la Navidad tenemos una preparación: «el Adviento». Y nos quedamos expectantes ante el cambio visual que se nos presenta, una tonalidad morada, las lecturas nos mencionan que el Señor viene, que nos preparemos y ciertamente, algo que tenemos presente durante este tiempo, es la frase: «Ven Señor Jesús». 

El Adviento procura unos días de entero adentramiento espiritual. Es un entrar en el corazón para limpiar y desechar todo aquello que durante este año hemos guardado; ya sean rencores, envidias, divisiones, rivalidades, faltas de caridad con el prójimo, pecados personales y sociales. En una frase, PURIFICARSE de la impureza de los vicios y pecados que hemos ido acumulando. Este es un tiempo propicio para nosotros como personas, como familias, como sociedades y como Iglesia para renovar y mejorar nuestro corazón. Este tiempo es de espera en el que “es el camino, la verdad y la vida” (Jn,14,6), “del Alfa y el Omega. Aquél que es, el que era y que vendrá” (Ap.1,8).

Los tiempos han cambiado conforme pasa el tiempo, las costumbres y tradiciones ya no tienen tanta relevancia en las nuevas generaciones y pareciera que entre más rápido sean los compromisos, las actividades y los momentos, mucho mejor. Vivimos en un tiempo en que lo fugaz es la mejor opción. Por esta razón sería complicado que alguien que solamente vive de momentos fugaces, tenga una relación cálida verdadera, que lo lleve a una experiencia trascendente.

Uno de los tiempos que considero que ha perdido un poco el significado por la actividad mercantil que la sociedad motiva, es la Navidad.  Deberíamos celebrarla como un acontecimiento real y actual que sucede en cada persona de buena voluntad, no solamente como una fecha que se palomea y no tiene mucha relevancia, más que consumir. 

La verdadera celebración de la Navidad no está en las fiestas, ni en los regalos, en los nacimientos o belenes que se compran, ni en los alegres brindis. Claramente todo esto es consecuente de la Navidad, pero la vivencia que más nos debería importar es la espiritual, que solo puede vivirse en el silencio del corazón, donde únicamente se escuche el mensaje que trae consigo el Verbo hecho carne. Dios quiere venir a tu corazón y quiere que lo recibas, aunque el niño Dios esté en silencio y permanece callado después de haber nacido, nos dice tanto, nos invita a reflexionar a adentrarnos a nuestro corazón.

El ambiente creado por la liturgia de la Navidad, desea provocar la fe en la manifestación divina, la importancia de la gracia y la necesidad del amor. Los colores se tornan de blanco, los cantos se tornan de regocijo y jubilo. Las campanas suenan mientras se canta gloria, el niño Dios se levanta y se muestra como signo de que ya nos ha nacido el Salvador.

La Navidad es el fruto de lo que en el Adviento nos hemos propuesto cambiar, mejorar y administrar bien. No importa si nuestros frutos son pequeños o grandes, lo importante es que sepamos darlos. El fruto necesita florecer expresándolo y dándolo a conocer a los demás, donándose al servicio. Así, pues, la Navidad es Él, lo que celebramos como Iglesia universal, como Seminario de Monterrey, como familia y como personas. ¡Él es nuestra esperanza en la que fuimos salvados! (Rm.8,24).

Manuel de Jesús García Ramos

1ero. de Teología

02 Dic 2022

HELLO! 1

Siempre me ha llamado la atención la frase que dice: “De la familia nace la vocación”, ya que he visto reflejada esta frase en la corta vida que tengo.

Durante mi infancia, mis padres no eran católicos practicantes, solamente para el sacramento del matrimonio se acercaron un tiempo a la iglesia y eso bastó para que se alejaran.

Soy el segundo y último hijo de mis padres. Durante mis primeros años de infancia vivíamos en la casa de un familiar en las faldas del Cerro del Topo Chico perteneciente a la parroquia Reina de México en Monterrey.

Aunque mis padres tenían los sacramentos de la iglesia, después de su boda no eran muy apegados a la iglesia, incluso mi madre compartía otra religión; pero Dios siempre coloca a las personas correctas en los momentos correctos.

Un día, mi madre estaba con el quehacer de la casa cuando llegaron a tocar a la puerta de la casa unas personas que venían de la iglesia católica, estaban compartiendo la Palabra del Señor casa por casa, y cuando llegaron a la nuestra se toparon con una madre que compartía otra religión y que tenía miedo de recibir a católicos en su casa, pero conforme fueron pasando los días, aquellas personas iban constantemente a la casa a seguir evangelizando a mi familia, hasta que mi mama volvió a la iglesia católica, formando parte de un grupo de catequesis. A su vez mi papá y mi hermana también se integraron al servicio parroquial ¡quién diría!, las vueltas que dan la vida por gracia de Dios.

Al pasar unos años más, terminando el kínder, me integre al grupo de monaguillos con la ayuda de mi hermana, pero sin duda lo que más me impactó en mis 6 o 7 años de monaguillo fue la evangelización que había en mi comunidad parroquial, esa evangelización que fue la responsable de guiarnos al camino correcto a mi familia y a mí. Sin duda el trabajo pastoral en la parroquia fue algo que encendió en mí, la llama de seguir al señor. Agradezco a Dios haber puesto en mi camino a estos sacerdotes que guiaban el camino de evangelización en la parroquia, le agradezco al Padre Mario Escalera su labor evangelizadora y por haber puesto mi corazón más inquieto por seguir al Señor por medio del sacerdocio.

Seamos una iglesia en salida, que procure llevar a Jesucristo a las personas que no lo conocen, porque no sabemos, tal vez seamos los iniciadores de un milagro de conversión dentro de familias que no conocen al señor, mi familia y un servidor somos la prueba de que Jesús siempre llega a los que no lo conocen.

Oscar Rubén González Ramírez

3ero de Preparatoria 

21 Oct 2022

HELLO! 1

Desde los orígenes de la Iglesia, esta no ha dejado de lado su misión, cada día celebra y administra los sacramentos, anuncia la palabra de vida, y se compromete a favor de la justicia y la caridad. Y esa evangelización produce frutos: da luz y alegría, da el sentido de la vida a muchas personas.

Sin embargo, desde hace ya algunas décadas, nuestra sociedad ha experimentado diversos cambios, de todo tipo; por ejemplo, han ido variando las modas, la manera de pensar, la música, los estudios, la ciencia ha hecho nuevos descubrimientos, hemos crecido en la tecnología y las ciudades han crecido a paso prolongado. En fin, nuestro mundo ha vivido un cambio, y a la par de todo esto, nuestra Iglesia vive también un proceso de cambio, esto lo vemos más claramente a mediados del siglo pasado, cuando el Papa Juan XXIII concibe la idea de convocar un concilio, para poner a la Iglesia en sintonía con los nuevos retos que afrontaba la humanidad.  A propósito de esto, el santo concilio dirá:

“Corresponde a la Iglesia el deber permanente de escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, de manera acomodada a cada generación, pueda responder a los perennes interrogatorios de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relación mutua entre ambas. Es necesario conocer y comprender el mundo en el que vivimos, sus expectativas, sus aspiraciones y su índole muchas veces dramática” (GS, 4)[1]

La esencia de la Iglesia es ser misionera, y con la enseñanza que nos deja el Concilio Vaticano II, debe encarnarse en diferentes culturas y pueblos. Es tarea de la propia Iglesia el analizar si realmente el Evangelio está llegando hoy al mundo y al hombre que sigue necesitado de salvación.

Dirá el Papa Pablo VI algunos años después, que la evangelización es transformar a cada hombre  a través de la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio (EN, 41)[2] y esta evangelización consiste en anunciar el Amor del Padre revelado por Cristo en el Espíritu.

Este reto que ha asumido la Iglesia, tiene que ir de acuerdo a los nuevos retos que presenta la sociedad, es aquí donde surge el título “Nueva Evangelización”, que será usado institucionalmente por primera vez por el Papa Juan Pablo II en 1983, decía a los miembros de la XIX Asamblea del CELAM en Haití que el compromiso de los obispos, junto con los presbíteros y los fieles era no la re-evangelización, sino la evangelización nueva. Nueva en su ardor, métodos y expresión.

Aquí la idea central del Papa Juan Pablo era que la Iglesia tuviera el mismo ardor misionero que la distingue, y este la ayudase a no quedarse anclada en el pasado.

Esta evangelización tenía que ser nueva en el impulso interior de los evangelizadores, pues pedía el Santo Padre estuvieran siempre abiertos a la acción del Espíritu Renovador; nueva, porque busca modalidades que sean adecuadas a los tiempos y situaciones, y al mismo tiempo; nueva, porque ha de tener lugar en naciones que hace siglos han recibido el anuncio de la Buena Nueva.

La nueva evangelización no se hace porque la anterior haya estado mal o no haya funcionado; no cambia el evangelio ni lo esencial del Kerigma, mucho menos se trata de una reduplicación de la primera, se trata más bien de atreverse a caminar por nuevos senderos frente a nuevas condiciones en las cuales la Iglesia está llamada a vivir hoy el anuncio del Evangelio. [3] Más tarde, los obispos reunidos en Santo Domingo para la celebración del Descubrimiento de América afirmarán que la nueva evangelización consiste en promover la civilización del amor y de la vida.

Con la nueva evangelización, la Iglesia está llamada a hacer un esfuerzo de renovación para estar a la altura de los desafíos que el contexto socio-cultural pone a la fe, a su anuncio y a su testimonio. Juan Pablo II entendía que la Iglesia no debía cerrarse a sí misma, sino tenía que promover una obra de revitalización, poniendo como centro a Jesucristo, renovando las energías para una misión a través de nuevos caminos capaces de hablar a culturas contemporáneas. [4]

Berzosa hará un resumen sobre el contenido y fin de la nueva evangelización, recordando que esta implica una profunda renovación de la Iglesia; en su síntesis dirá los siguiente:

“Los fines de la nueva evangelización se resumen en éste: redescubrimiento de Jesucristo, del Dios Vivo de la revelación y, desde aquí, promover y hacer realidad la civilización de amor y de la vida, redescubriendo el sentido de la historia y de la humanidad: caminar hacia la realización y consumación del Reinado de Dios.”[5]

Años más tarde, el Papa Benedicto XVI convocó a un Sínodo, cuyo tema principal era tratar la nueva evangelización para la transmisión de la Fe. Afirmará el mismo Papa que evangelizar es un arte, pues muestra el arte de vivir que es llevar a Cristo que es el Camino y la Felicidad. Asumirá también la preocupación de sus predecesores, deseaba también que la Iglesia se dejara regenerar por el Espíritu, para presentarse al mundo con un nuevo impulso misionero que promueva la nueva evangelización.(US,6) [6]

La nueva evangelización no busca que se nos escuche como si fuéramos una empresa o traigamos algún tipo de propaganda, pues no pretendemos el poder ni mucho menos extendernos, sino que queremos servir al bien de las personas dándoles a Aquél que es la Vida.

A manera de conclusión, quisiera citar las palabras de Ring Fisichella, que resumen el quehacer de la Iglesia para poder llevar a cabo la nueva evangelización y continuar con esta tarea dada por el mismo Jesucristo:

“El evangelio es el anuncio siempre nuevo de la salvación obrada por Cristo para hacer a la humanidad partícipe del misterio de Dios y de su vida de amor y abrirla a un futuro de esperanza fiable y fuerte (…) Como puede verse, la nueva evangelización exige la capacidad de dar razón de la propia fe, mostrando a Jesucristo el Hijo de Dios, único salvador de la humanidad. En la medida en que seamos capaces de hacerlo, podremos ofrecer al hombre contemporáneo la respuesta que espera o que debemos provocar.”[7]

Esta es la tarea de la nueva evangelización, que hoy también como Iglesia a la luz del sínodo de la sinodalidad seguimos trabajando. Mientras la Iglesia no se abra a los nuevos tiempos, esta nueva evangelización no podrá llevarse a cabo. La Iglesia que camina con sus hijos, con los hijos de este tiempo contemporánea, aquella que acompaña, acoge, enseña y recibe, es la que está llevando a la vida el evangelio mismo.

Jesús Emmanuel Garza Torres

1ero. de Teología

Fuentes consultadas

  • Berzosa, R. (2012). Hablemos de nueva evangelización, para que sea nueva y evangelizadora. (G. Galetto, Ed.). Desclée de Brouwer, S.A.
  • Fisichella, R. (2012). La nueva evangelización. Sal Terrae.
  • Blázquez, R. (2013). Del Vaticano II a la nueva evangelización. Sal Terrae.
  • Benedicto XVI, Carta Apostólica “Ubicumque et Semper” (2010)
  • Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual (1965)
  • Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (1975)
  • SÍNODO DE LOS OBISPOS (XIII ASAMBLEA GENERAL), La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, Lineamenta, Ciudad del Vaticano (2011).

[1] Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual (1965)

[2] Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (1975)

[3] Berzosa, R. (2012) p.18

[4] SÍNODO DE LOS OBISPOS (XIII ASAMBLEA GENERAL), La nueva evangelización para la

transmisión de la fe cristiana, Lineamenta, Ciudad del Vaticano 2011, p. 11.

[5] Berzosa, R. (2012) p.21.

[6] Benedicto XVI, Carta Apostólica “Ubicumque et Semper” 2010

[7] Fisichella, R. (2012) p. 96

30 May 2022

El apostolado es parte fundamental en la formación sacerdotal, ya que este implica la práctica de lo que se ha aprendido dentro de las aulas, así como también de la expresión de la fe por medio del amor al prójimo y el servicio. Es el medio por el que se puede servir a los demás, el cual permite tomar experiencia para un futuro ministerio en las parroquias.

Este año tuve la oportunidad de hacer apostolado en la parroquia de San Juan Bautista en el centro de Cadereyta Jiménez, junto con otros compañeros seminaristas y en conjunto con los padres que ahí se encuentran dando su ministerio. Puedo decir en primer lugar que fue una experiencia muy grata volver a las parroquias de manera presencial, especialmente porque la pandemia nos había quitado esta experiencia el año pasado.

Al principio comenzamos solo yendo algunos de los que formábamos el equipo, esto como medida de precaución ante la pandemia. Por eso algunas actividades las tuvimos que realizar de manera virtual. Así sucedió durante un semestre. De esto pude aprender a utilizar mejor los medios de comunicación, pues era necesario para poder estar en contacto con la comunidad. Sin embargo, sentía que era necesario ya estar en contacto de manera presencial con las personas, para compartir mejor las experiencias y las actividades.

Una de las actividades que más disfruté fueron las celebraciones litúrgicas, sirviendo en los bautismos y eucaristías. Debo decir también que disfruté mucho la convivencia, gracias a la buena relación que llevo con mis compañeros seminaristas, como con los padres y las personas cercanas a la parroquia.

Fue hasta el segundo semestre, luego de unas merecidas vacaciones de Navidad, que volvía de nuevo a la parroquia pero ahora con todos mis compañeros, ya que la situación de la pandemia nos permitía más apertura. Ahora tocaba tener mayor participación en la vida parroquial.

Las actividades que realizamos en la parroquia eran el acompañamiento en los grupos de catecismo, compartir algún tema con los jóvenes y ayudar en las celebraciones litúrgicas, como bautismos, bodas, quinceañeras y misa dominical.

Considero que este año el apostolado me permitió conocer las circunstancias exteriores y cómo enfrentarlas, de cómo ante ello se persevera y se resiste con fortaleza y por amor. Fue también el conocer a las ovejas y a los pastores, su relación entre ellos y con Dios. Agradezco mucho a esta comunidad por su calidez, por su amor a la Iglesia, por su ejemplo y servicialidad, porque pude aprender de su generosidad y esfuerzo para hacer las cosas bien para la gloria de Dios. Puedo decir que fue un aprendizaje para servir, y fue un encuentro con Dios en las personas que sirven. Me quedo con la experiencia y la enseñanza de este apostolado, y espero que me sirva para los próximos y para un futuro ministerio.

Jesús Alfredo López Díaz | 1º de Teología