01 Nov 2019

HELLO! 1

Una dolorosa despedida, una promesa de vida después de la muerte, un “último” adiós, la certeza que en el cielo los volveremos a ver, entre otros gestos… Eso es lo que nos acompaña y consuela cuando un ser querido termina este peregrinar terrenal.

México ofrece a todo el mundo una rica tradición en torno a nuestros seres queridos que han partido a la casa del Padre: “El día de muertos”. La tradición de nuestro país basado en las tradiciones culturales de origen prehispánico, ha dedicado este día para hacer presentes a quienes han terminado este peregrinar, y ahora gozan en la casa del Padre.
La muerte es un tema que la iglesia aborda con esperanza: “Frente a la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su cumbre” (GS 18).

El Catecismo de la Iglesia Católica propone que “La muerte es el final de la vida terrena. Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida” (No.1007).

¿Quién ha muerto? ¿Quién se ha ido? ¿A quién ya no volveremos a ver? ¿Jamás se repetirá un beso en la mejilla? ¿La muerte borra bellos momentos? ¿La muerte suprime el amor?
Vive en el corazón la figura del abuelo tierno y sabio, o de la abuela amorosa, que cocinaba y tejía. ¡Cómo se extraña aquellos “viejos” a quienes les decíamos “mamá” o “papá”! con quienes comprobamos que en un punto de la vida se invierten los papeles. ¿Ahora quién cuida a quién? –nos preguntábamos desconcertados-. ¡Cómo nos hacen recordar tantas anécdotas, el tío o la tía confidentes! Los primos con los que hicimos tantas locuras y cosas tan imprudentes, como refrescan la garganta y dan un sentimiento de libertad.

Los hermanos y hermanas que han partido, y nos enseñaron mucho, ellos son un hueco en el comedor, pero ya están instalados en su habitación eterna. El esposo o la esposa, compañero de esa unión que la hermana muerte separó; pero heredamos ese lenguaje de amor, que contiene tantos símbolos, guiños y muecas, pues solo entre amados se puede traducir esa única e irrepetible lengua de amor. Todos los que partieron repentinamente, dejando pendiente la reparación de la llave que goteaba, sin poder ocupar el asiento para la premier que se había reservado, sin despedirse y dejando tantas preguntas sin respuestas. En este día recordamos y hacemos presente a quienes han contribuido a formar las personas que somos.

El diagnóstico, la sala del hospital, minutos cruciales, un último suspiro, lágrimas, sepelio, un dolor y un vacío. Una sonrisa, un abrazo, cálido apapacho; una voz que se escucha, una mirada que llega al alma, un agradable aroma; viajes, charlas, cafés, desayunos, comidas y cenas; una vida que hace brotar otra vida; momentos y hechos articulados por el amor, que la muerte no puede borrar; para exclamar como el apóstol: ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? (1Co 15,55).

Pensar en su muerte nos hace valorar la vida; recordar su vida nos lleva a reflexionar en el momento que terminará la nuestra; lo que nos dieron nos hace ver quiénes somos. Hoy conmemoramos a nuestros difuntos convencidos que su partida no es el final:

Entonces se cumplirá lo que está escrito ¡la muerte ha sido devorada por la victoria! (1Co 15,54b).

Angel Salvador Martínez Chávez
1o. de Filosofía

01 Nov 2019

HELLO! 1

“La solemnidad de todos los santos, representa visualmente a toda la multitud de los redimidos, para descubrirnos el destino que nos espera también a nosotros, peregrinos. Es además, un motivo para hacernos conscientes de nuestra solidaridad con todos aquellos que nos han precedido en el mundo del espíritu. Todos ellos, que viven frente a Dios, son nuestros intercesores que dan impulso a nuestra vida”. (Misal Romano)

En mi caso, habitualmente le pido a la Virgen María que me ayude a ser tan dócil como ella, para interpretar las señales de su Hijo ante esta vocación que estoy viviendo, en la cual he podido ser más feliz.

La solemnidad de todos los santos, comenzó a celebrarse debido al excesivo número de mártires en el tiempo de la persecución de Diocleciano (302-313d.C.), que provocó la necesidad de celebrarlos un día en común.

Entre la multitud de santos que celebramos, hay algunos que se han destacado como símbolos de nuestra fe. No podemos olvidar el desprendimiento de san Francisco, la entrega de santa Teresa de Calcuta, la conversión de san Agustín, la valentía ante la muerte de san José Sánchez del Río, la gran paciencia en las largas filas de confesiones del santo Cura de Ars, la tenacidad de san Cupertino quien a pesar de sus dificultades para realizar sus estudios logró convertirse en sacerdote en tiempos muy estrictos y sobre todo el gran testimonio de humildad de la Santísima Virgen María. Sin embargo; a pesar de la diversidad de carismas y virtudes, todos ellos tienen algo común, el escuchar la voz de Dios para servir a quien lo necesite.

Aún así, no debemos creer que la santidad es una realidad alejada de nosotros, que no podemos alcanzar. La santidad es para todos, de manera que podemos imitar las virtudes de los santos para llegar a contemplar a Dios. Recordemos las palabras de Jesús a modo de exhortación “sean santos como su Padre celestial es santo” (Mt. 5, 48).

José Eliseo Soriano Aguillón
2do. de Filosofía

24 Oct 2019

HELLO! 1

No hay nadie que no quiera ser feliz, de hecho, todo lo que hacemos es con el fin de obtener la felicidad. El deseo de ser felices es algo natural en todos los seres humanos.

El ser humano siempre busca la obtención de bienes para satisfacerse, y los hay de toda clase. Podemos distinguir una escala de bienes: desde los más efímeros y básicos como el placer (alimento, descanso, placer sexual, ocio, etc.) el tener (posesiones materiales, empleo, salud, vivienda, etc.) y el poder (estima, reconocimiento, éxito, autoridad, etc) que son deseos instintivos de todo ser humano. Los buscamos en todo momento. Pero parece que no nos bastan ellos para sentirnos felices, pues estos bienes pueden estar ausentes. Podemos tenerlos, pero se nos escapan, un día nos sentimos bien (con placer) y al siguiente, nos sentimos mal; podemos poseer cosas materiales pero también perderlas; podemos ser reconocidos y aplaudidos, pero en el instante siguiente podemos ser humillados. Esto nos lleva a pensar que debemos ir tras otra clase de bienes más profundos y que le dan más sentido a la existencia.

El segundo escalón serían los bienes referentes a la realización de la persona, que pueden verse expresados en diferentes ámbitos. Por ejemplo, en los bienes conocidos como familia, amigos, afecto, intimidad, en los cuales una persona puede compartir su vida con personas de manera especial y única. Descubrimos que este bien es superior a los bienes primeros. Están también aquí, los bienes concernientes a la autorrealización. El ser humano busca su perfección propia, por eso busca superarse, llevar una vida de acuerdo a sus ideales morales, intelectuales y sociales. La búsqueda del ideal de sí mismo suele ser a veces frustrante, sobre todo cuando descubrimos que no siempre somos capaces de lo que soñamos. La paz del corazón nos es arrebatada cuando perdemos a un ser querido o cuando lo que hemos construido a lo largo de nuestra vida se ve destruido.

Es aquí donde descubrimos la cruda realidad de que encontrar la felicidad perfecta, parece ser sólo un utopía. Puede ser una postura bastante pesimista, pero es evidente que los bienes que tenemos, y en los cuales nos sentimos seguros y en paz, puede sernos arrebatados, podemos perderlos. Desde un bien material o un placer, hasta la persona que más amo. Podemos llegar a perder el sentido del ¿Qué hago aquí?, ¿Cuál es el objetivo de todo esto? ¿Para qué existo?

El Catecismo de la Iglesia Católica dice que el deseo de felicidad es “de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer.” (CIC 1718) Existen muchos bienes, pero el Bien, el más excelso bien y el que le da más sentido a nuestro ser y que hacer en la vida, es Dios, autor de todos los demás bienes. Ya lo expresaba san Agustín acertadamente: “Nos creaste Señor, para ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti.” (Confesiones I, 1). Este estar inquieto del que habla san Agustín, es un estado de búsqueda, pero una búsqueda acompañada de aflicción e incertidumbre. Es la falta de paz en el corazón, la falta de descanso. Si el descanso lo encontraremos hasta que estemos en Dios, podemos concluir que sólo en la vida eterna podremos poseer la felicidad perfecta. El estado de inquietud también puede sentirse reflejado en el querer ya gozar de la presencia total de Dios, demostrado por muchos santos. Santa Teresa de Jesús exclamaba: “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero, que muero porque no muero.”

Ahora bien, no podemos simplemente sentarnos a esperar que llegue el día de nuestra muerte, para ser felices. La felicidad es algo que exige al ser humano esforzarse y actuar desde ahora, desde hoy. Sabemos que podemos buscar a Dios desde ahora, y encontrarlo en la oración, en los sacramentos, en la creación y en los hermanos, en especial en los más necesitados de nuestra amorosa ayuda. Es por eso que nuestra inquietud no puede reflejar sólo tristeza y aflicción.

Quien se ha encontrado con Jesús es una persona que contempla la vida de una manera muy diferente. A pesar de que no podemos ignorar que tenemos sufrimientos y pesares, quien se siente amado por Dios refleja siempre la alegría fundada en la esperanza de que podemos ser felices no sólo en la vida eterna, sino desde ahora. Es el Emmanuel, el que está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 19). Es un Dios vivo que camina con nosotros, y si Él vive eso es garantía de que podemos ser felices, podemos encontrar descanso en Él. Podemos saber que nuestros cansancios y sufrimientos servirán de algo. “Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede. Esa es la seguridad que tenemos. Jesús es el eterno viviente.” (Christus Vivit n. 127)

El seguidor de Cristo debe saber que Jesús vino al mundo no para erradicar el dolor, sino para darle sentido y llenarlo con su presencia. En consecuencia vive la alegría del Evangelio, esa Buena Noticia: Dios nos ama y nos ha dado a su Hijo para salvación nuestra. Esta Noticia llena el corazón y la vida entera de los que se han encontrado con Jesús. Quienes se dejan salvar y amar por Él, son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. (Cfr. Evangelii Gaudium n.1)

Ismael de la Torre Acosta
1ero. de Teología

18 Oct 2019

HELLO! 1

La felicidad es aquella satisfacción por un bien alcanzado o logrado. En el desarrollo de la cultura queda plasmada la búsqueda de esta felicidad, a la cual se referían de diversas formas, pero con un mismo fin: la posesión de un bien.

Los griegos buscaban la eudaimonía, los romanos la felicitas, en la edad media cristiana se pretendía alcanzar la beatitud. A pesar de establecer estos conceptos con una carga de significado particular, el trasfondo de esta búsqueda es la satisfacción plena de todos los bienes.

La sociedad griega de tiempos de Aristóteles está regida por un parámetro de búsqueda y práctica de la excelencia, la virtud (areté). En este modelo de sociedad, cada individuo busca la felicidad (eudaimonía) que es el estado de absoluta realización. El camino para alcanzar esta felicidad se logra en la búsqueda y realización del bien común: es en el orden social y el equilibrio comunitario que se concreta la plenitud personal.

Tal aspiración es digna de ser fomentada y estimulada, pues, ¿Quién no quiere ver satisfechos todos sus anhelos? Aunque la brecha generacional entre aquellas sociedades y las nuestras es bastante amplia, esta búsqueda de la felicidad, de la plenitud humana continua vigente, es atemporal.

Ciertamente la posmodernidad se ha encargado de presentarnos una amplia gama de opciones mercadotécnicas con la finalidad de satisfacer nuestros voraces apetitos. El capitalismo y el liberalismo económico propician el mercado y flujo de bienes y servicios de manera tal que no es necesario esperar para obtener algo, sino que la inmediatez de las transacciones indiscriminadas nos insta a llenar ese deseo de plenitud, ya no solamente con la búsqueda de la perfección en virtud, como los coetáneos de Aristóteles, sino mediante bienes desechables.

Esta cultura pragmática donde impera lo desechable y lo efímero puede sernos de utilidad, pues facilitan los quehaceres de nuestra vida, cada vez más acelerada. Queda demostrado que, con el progreso de los siglos, el hombre ha plasmado su incesante búsqueda de la felicidad en la técnica y ésta ha sido un medio fascinantemente monstruoso a la hora de brindar satisfacciones instantáneas.

Pretendiendo interpelar se presentan las siguientes cuestiones: ¿Qué entendemos por felicidad? ¿Estamos, actualmente, fomentando el bien común como búsqueda, práctica y realización de la felicidad? ¿Somos felices?

César Arturo Sánchez Lara
3ero. de Filosofía

27 Sep 2019

HELLO! 1

El próximo 30 de septiembre celebramos en la Iglesia Universal la memoria de San Jerónimo, a quien veneramos por su amor a Dios en la Sagrada Escritura, y quien se se dio a la tarea de hacer la traducción de ésta al latín. Por esto, la Iglesia de Monterrey durante la semana previa de la celebración de este santo, lleva a cabo lo que conocemos como Semana Bíblica, en donde en toda la Arquidiócesis se intensifica la reflexión en torno a la Palabra de Dios en la Biblia.

En este mismo espíritu de nuestra Iglesia local, el Seminario de Monterrey no queda excluido, y durante la semana del 23 al 27 de septiembre tenemos nuestra Semana Bíblica, en la que profundizamos y reflexionamos con más empeño la Palabra de Dios.

Todo cristiano tiene la tarea de acercarse a la Sagrada Escritura para profundizar en nuestra fe, ya que en ella, podemos conocer a Dios y entrar en comunicación con Él; por eso, con cuanta mayor razón en la formación sacerdotal el estudio de la Palabra de Dios, forma parte vital de nuestra formación.

El estudio y la reflexión de la Sagrada Escritura es tan importante en nuestra formación sacerdotal, que uno de los pasos para que un seminarista llegue al sacerdocio son los ministerios laicales, en donde uno de ellos es el Lectorado, que en la antigüedad era quienes podían leer en la Eucaristía la Palabra de Dios (como los grupos de lectores que hay en algunas parroquias). Pero este ministerio no se reduce a eso. Cada vez que nuestro Obispo, Monseñor Rogelio, da estos ministerios a los seminaristas, nos recuerda la tarea primordial de conocer y enamorarnos de la Escritura; ya que sin ello, nuestras palabras estarán vacías al no surgir de este encuentro con la Palabra.

Ciertamente el estudio de la Biblia no se queda condensado solo en una semana, no se trata de que solamente desempolvemos nuestra Biblia y que el resto del año no le prestemos atención; sino que esta semana, nos debe de llevar a saber la importancia que tiene su interiorización en cada cristiano y en cada joven que se está formando, para ser el futuro pastor del pueblo de Dios.

San Jerónimo nos dice que quien no conoce las Escrituras (la Biblia) no conoce a Cristo, por lo tanto, si queremos ser discípulos y amigos de Cristo tenemos que conocerlo por medio de su Palabra.

Dejemos que la Palabra de Dios nos impacte y nos transforme en nuestra vida cotidiana. Date tiempo de leer algo de la Biblia, comienza por los evangelios, escoge alguno de ellos y de ser posible no solo lo leas y ya, quédate con alguna frase que te haya impactado y llévatela a tu memoria para el resto del día y descubrirás, cómo es que Dios nos habla por medio de su Palabra.

Adrián Alejandro Garza Morales
3ero. de Teología

17 Sep 2019

HELLO! 1

Se cumplen 209 años que según la historia, se dieron los inicios de la lucha por la independencia del territorio nacional, hoy conocido como México. Han pasado ya más de dos siglos en que México se constituía como nación libre y soberana, sin duda fueron tiempos muy difíciles de inestabilidad social, económica y religiosa; pero gracias a aquellos hombres y mujeres valientes de quien hoy también hacemos heroica memoria, somos un pueblo con identidad y soberanía propia.

México sigue luchando por ser un país más justo, con mayor libertad y con una identidad bien arraigada. En los inicios de la lucha por la independencia se tenía como ideal, la no esclavitud de los hombres, el respeto de los derechos y garantías que la sola dignidad humana merece. Sin embargo es bueno preguntarnos ¿En verdad somos libres? ¿En verdad promovemos la dignidad de la persona? Quizá hoy en día no vivimos sujetos a las disposiciones de otro país, quizá no somos dominados por una monarquía, pero en estos tiempos en que todo se torna difícil y pesado, debemos seguir trabajado por una nación más justa, donde la persona realmente valga como lo que es y no por lo que pueda producir o hacer.

La construcción de nuestra nación no ha sido cosa fácil, han sido años de lucha, de ir caminando e ir plasmando huella, nos hemos enfrentado a muchas situaciones en las que el pueblo mexicano ha manifestado sus ideales y su identidad como una nación que se sabe autentica y humana. En los muchos problemas a los que hoy nos enfrentamos, debemos trabajar juntos, las soluciones no les competen a unos cuantos, sino que cada uno de nosotros debemos tomar nuestro lugar para que esta nación siga caminado, se siga construyendo y auto determinando.

Hoy viene a mi mente el Sr. Cura. Miguel Hidalgo y Costilla, padre de la patria. Aquel párroco que en la noche del 15 de septiembre de 1810, al repique de las campanas de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en Guanajuato, convocaba al pueblo con el estandarte de Nuestra Señora de Guadalupe, un hombre que supo identificar el acontecimiento guadalupano como identidad para todos los mexicanos. Nunca permitamos que nuestra historia sea borrada o manipulada. La historia de cualquier pueblo es la fuente de su identidad, es la memoria de sus héroes, de sus luchas, sus derrotas y sus logros, cuidemos como un tesoro invaluable la historia de nuestra nación y nuestra gente.

Contemplemos la prodigiosa imagen de Nuestra Madre Santa María de Guadalupe, y elevemos una oración por nuestra patria, por los mexicanos y mexicanas que todos los días luchan por ser una mejor nación, por aquellos hermanos que han tenido que dejar nuestra nación para buscar una vida mejor , por aquellos que nos gobiernan para que trabajen por la justicia y la paz, y por último, por nuestra Santa Madre la Iglesia, para que sepa ser testimonio de consuelo y esperanza para todos los mexicanos, especialmente por aquellos que sufren.

¡Viva México! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Nuestra Señora de Guadalupe!
¡Viva Nuestra Santa Madre la Iglesia! ¡Viva México!

Héctor Elías Morales Montes
2do. de Teología

13 Sep 2019

HELLO! 1

Conforme «la palabra de Dios crecía, el número de discípulos se multiplicaba» (Hch 6, 7a) y la fe se esparcía por las naciones, el pueblo, habiendo escuchado el mensaje y testimonio de Cristo por parte de los Apóstoles y sus discípulos, se vio en la necesidad de contar con más hombres «llenos de Espíritu y de saber» (Hch 6, 3b), que fueran «partícipes de la misión y gracia de Cristo» (LG, 41) y asumieran diversas actividades para el bien de las nacientes comunidades cristianas. Por ello, los Doce decidieron instituir, mediante la oración y la imposición de las manos, a siete hombres capaces de entregar su vida al servicio de los demás. A esos hombres ahora los conocemos como diáconos.

Hoy en día, al igual que las primeras comunidades cristianas, el mundo necesita de personas que dediquen plenamente su vida en darle a conocer el rostro de Jesús misericordioso. El sábado 7 de septiembre, fuimos testigos de un acontecimiento sumamente significativo: cinco hermanos que dieron de nuevo el “sí” a Dios, fueron ordenados diáconos para el servicio de la Iglesia de Monterrey.

En la misa de ordenación, nuestro Arzobispo, Mons. Rogelio Cabrera, dio un emotivo y profundo mensaje sobre la significativa labor que realizan los diáconos en las comunidades en las que les compete participar. Ellos están llamados a ser imagen de Cristo en un mundo tan alejado de él, a ser «puente que une realidades que parecen distantes», a «conectar el evangelio con la vida, el templo con la calle, la mesa de la Eucaristía con la de los pobres», expresó.

Así mismo, exhortó a la comunidad a ser, junto con nuestros hermanos, servidores de los demás, a colaborar en la misión permanente que Cristo nos ha encomendado de llevar esperanza a los pobres, virtud que nos hace orientar nuestras acciones al amor, caminar junto con ellos y así dirigir nuestra mirada anhelando la eternidad que nos tiene preparada.

El Seminario de Monterrey se une a la alegría de nuestros hermanos diáconos, así como a la oración por el ministerio que se les ha encomendado. Pedimos a Nuestra Señora del Roble que interceda por ellos, los cubra con su manto y que Dios nuestro Señor llene de gracia sus corazones, los motive a seguir colaborando en la construcción de su Reino aquí en la tierra, recordando que de su mano «es posible amar, es posible esperar y es posible creer».

Luis Carlos Solís G.
2do. de Filosofía

04 Sep 2019

HELLO! 1

Sorteo Seminario de Monterrey
CELEBRADO EL 1 DE SEPTIEMBRE DE 2019

1er Premio
06724 Francisco Vargas
Certificado de Viaje
Colaborador:
06724 Par. Santa Beatriz2266
Chevrolet BEAT 2019

2do Premio
08693 Yolanda Coindreau
Chevrolet AVEO 2019
Colaborador:
08693 Gerardo de la Garza
$13,000

3er Premio
05527 Miguel Ramírez
$50,000
Colaborador:
05527 María Zul
$5,000

4to Premio
12289 María Imamura
$15,000
Colaborador:
12289 María Imamura
$2,000

5to Premio
14444 Emmanuel Torres
$15,000
Colaborador:
14444 Jorge Assam
$2,000

6to Premio
08520 María Flores
$15,000
Colaborador:
08520 María Flores
$2,000

7mo Premio
07963 Lissette Saca
$15,000
Colaborador:
07963 María Ojeda
$2,000

8vo Premio
12179 María Velázquez
$10,000
Colaborador:
12179 Eliseo Soriano
$1,500

9no Premio
13610 Rosalba López
$10,000
Colaborador:
13610 María Alanís
$1,500

10mo Premio
12056 Isabella Navarro
$ 10,000
Colaborador:
12056 Isabella Navarro
$1,500

11vo Premio
03462 Beatriz Cruz
$ 10,000
Colaborador:
03462 Luis Saldivar
$1,500

12vo Premio
02966 Graciela Banda
$10,000
Colaborador:
02966 Ciro Alfano
$1,500

13vo Premio
00225 Vicenta Guerrero
$5,000
Colaborador:
00225 María García
$1,000

14 Premio
03379 Francisca Hernández
$5,000
Colaborador:
03379 Francisco González
$1,000

15 Premio
00530 Ma. Gpe. Hernández
$5,000
Colaborador:
00530 Ma. Gpe. Hernández
$1,000

16 Premio
10487 Soledad Castro
$5,000
Colaborador:
10487 Martha Ponce
$1,000

17 Premio
06064 Yessica Villarreal
$5,000
Colaborador:
06064 Conny Flores

18 Premio
12724 Marco Arrellano
$5,000
Colaborador:
12724 Rogelio Moyano
$1,000

19 Premio
02694 Virgilio Arévalo
$5,000
Colaborador:
02694 José Pérez
$1,000

20 Premio
00283 Guillermo Aguilar
$5,000
Colaborador:
00283 Parr. San Juan Bosco
$1,000

21 Premio
07967 Jesús Moreno
$5,000
Colaborador:
07967 Francisco González
$1,000

22 Premio
02242 Rosalinda Ortíz
$5,000
Colaborador:
02242 Rosalinda Ortíz
$1,000

En presencia del interventor de la Secretaría de Gobernación: Lic. Martha Aurora Sola-no Ortíz.

Permiso SEGOB: 20190104PS01.

La reclamación de premios se realizará dentro de los 20 días hábiles a partir de la fe-cha del sorteo en las instalaciones del Seminario de Monterrey Nuevo León, A.R., ubi-cadas en Prolongación Corregidora Norte 700, Col. Plan de Ayala, C.P. 66217, San
Pedro Garza García, N.L.

Dudas o aclaraciones al 01 (81) 1160-1376. En caso de quejas, favor de comunicarse a la Dirección General de Juegos y Sorteos al 01 (55) 5209-8800.

30 Ago 2019

HELLO! 1

El Maestro Jesús llamó a sus apóstoles, primero para que estuvieran con Él y segundo para enviarlos a predicar (Mc 3,14), fue de este modo que el Maestro Jesús formó una comunidad. El ejemplo de Jesús y la misma vida en comunidad, con las distintas personalidades de cada uno de sus miembros, con la diversidad de carismas que cada uno ponía al servicio, la vida en común y el amor que ahí se vivía, eran elementos formativos que iban marcando la vida de los apóstoles en su configuración con Jesús.

Las comunidades parroquiales de origen de los seminaristas, aun teniendo en cuenta la separación que la opción vocacional lleva consigo, siguen ejerciendo un influjo en la formación del futuro sacerdote, al acogerlo entrañablemente en los tiempos de vacaciones, al respetar y favorecer la formación de su identidad presbiteral, y ofrecerle ocasiones oportunas y estímulos vigorosos para probar su vocación a la misión.

El sacerdote proviene de una comunidad cristiana y a ella regresa, para servirla y guiarla en calidad de pastor; es por eso que el seminarista, primero, y presbítero, después, tienen la necesidad de un vínculo vital con la comunidad. Ella se presenta como un hilo conductor que armoniza y une las dimensiones formativas.

Otra comunidad importante es la de apostolado, donde cada fin de semana el seminarista pone en práctica lo aprendido en su formación. El compartir es recíproco, porque dependiendo las necesidades de la comunidad, ésta va enseñando qué es lo que el seminarista tiene que ir trabajando y formando para su futuro ministerio.

Una comunidad más, que forma parte de la formación sacerdotal, son las comunidades a las que asistimos de colecta del “Día del Seminario”, en ella el seminarista agradece al pueblo de Dios por su ayuda espiritual y su ayuda material. Es la oportunidad para rendir cuentas de su avance y trabajo, porque la comunidad responde al llamado en ayuda de las necesidades del Seminario, el seminarista está obligado a responder con buenos resultados.

La comunidad de fieles son el ejemplo por el cual los jóvenes se animan a llevar su estilo de vida a una forma más radical, entregando su vida a Dios en la vocación sacerdotal.
Es deber de toda la comunidad fomentar las vocaciones con una vida totalmente cristiana, con su oración incesante, su preocupación por las vocaciones sacerdotales, con su unidad, vida de fe y el ejercicio de la caridad. Es decir, cada comunidad tiene el sacerdote por el que pide y trabaja.

Juan Carlos López Martínez
Tercero de Filosofía

02 Ago 2019

HELLO! 1

Hablar acerca de la familia es traer a la memoria múltiples beneficios de nuestra historia personal, si bien es cierto que no todos hemos podido disfrutar de una familia perfecta, es un espacio donde nos sentimos acogidos, seguros, amados. La familia constituye toda una referencia, algo ineludible a la hora de entender un rostro, de descifrar una herida o por qué no, de agradecer una vocación.

Es la familia el lugar donde hemos compartido la vida, decir familia es decir amor, acogida, incondicionalidad, es decir, don de Dios. Atesoramos en el corazón muchísimos momentos donde, desde la sencillez y simpleza de la vida, encontrábamos refugio seguro, pero también referencias.

La familia hay que decirlo bien, es el espacio que Dios tenía destinado para nosotros como proyecto previo, a la acogida de un don tan alto como lo es la vocación sacerdotal. En mi caso, en mi familia encontré el modelo de una madre que, antes de dormir oraba a Dios y que me decía: “Hijo, junta tus manos, da gracias a Dios y descansa”. Fue con mi familia que yo emprendía esas aventuras llamadas “peregrinaciones” o fue en el contexto familiar, que yo aprendí valores que hoy me han hecho grande como persona: el trabajo, la responsabilidad, la libertad, pero sobre todo la generosidad y el amor, claves básicas a la hora de entender la llamada y la respuesta de una vocación.

La familia es madre porque acoge, porque corrige, porque ama. Es madre porque consuela, porque protege. Y sobre todo, es madre porque vela por nosotros, porque ahí en la familia, Dios quiso poner en el corazón de muchos jóvenes el don de la vocación. Es nuestra familia quien en las horas más bajas ha servido de aliento, quien en los momentos más grises ha sabido llenar de color la existencia. ¿Cómo no agradecer a Dios el habernos dado una familia?

Y ahora pienso en la familia de Jesús, el único sacerdote. María, con ese perfil que traza de ella el Evangelio, como la mujer amorosa, tierna, la mujer que supo cumplir con creces su misión de madre. Pienso en José, desde el silencio. ¡Qué ejemplo le dio José al niño, para que al momento de hablarnos de Dios, Jesús recurriera a la imagen del Abba! ¡En Nazaret se respiraba amor!

La familia ha sido pensada por Dios para llevar a cabo también nuestro proyecto de salvación. Es indispensable en el desarrollo histórico de una vocación echar un vistazo a esa experiencia de familia que hemos tenido. La familia que es consciente de su papel y misión en el mundo no tiene miedo de cultivar la vocación en sus hijos. El mundo les reclama. Dios les invita. Don de Dios, la familia y la vocación.

Carlos Alberto Ramírez Sánchez.
Tercero de Filosofía.
Revista San Teófimo No. 142