11 Sep 2018

HELLO! 1

El pasado sábado 8 de septiembre en la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, el Pueblo de Dios de la Arquidiócesis de Monterrey bajo la guía de su padre y pastor Mons. Rogelio Cabrera López, se reunieron en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, para orar y ser testigos de la consagración diaconal de 6 hermanos nuestros.

El ministerio diaconal es el primer grado del sacramento del orden, su misión está explícita en su misma palabra de origen griego “διάκονος” que significa servidor o sirviente; es pues el ministerio diaconal una expresión del aquel que debe servir a los demás, especialmente a los más pobres y desamparados, así mismo, su ministerio está íntimamente unido a la colaboración con el orden episcopal, el cual ejercen los obispos de la Iglesia, los diáconos ayudan a sus obispos, no solo en el ámbito litúrgico-celebrativo, sino también en las tareas pastorales para la extensión del Reino de Dios.

En la emotiva celebración Mons. Cabrera López, en su homilía recalco el cuidado de los pobres, los invito a no limitar su servicio en el templo, sino salir fuera de él. “Así como sirven a la mesa del altar, tendrán que servir a la mesa de los pobres. Así como darán el alimento de la Palabra y de la Eucaristía, tendrán que preocuparse para que nadie pase hambre. Es deber de toda la Iglesia, es deber de todos nosotros, pero de modo especial la Iglesia quiere qué tomen conciencia de ello. Son sacramentos de Cristo pobre, para amar a los más pobres”. Estas fueron algunas de las palabras del Sr. Arzobispo dirigías a los nuevos diáconos.
En la misma celebración eucarística; algunos hermanos nuestros del Seminario Arquidiocesano de Monterrey, recibieron los ministerios laicales del lectorado y el acolitado, una gran alegría y esperanza, puesto que son hermanos que siguen perseverando en el camino vocacional, poniendo su deseo en configurar su corazón con el Corazón de Jesús Buen Pastor.

Ambos acontecimientos llenan de alegría a la comunidad del Seminario, puesto que son motivo de esperanza para aquellos que seguimos en el arduo proceso de formación sacerdotal, y que en ellos vemos de forma latente la Misericordia y la Gracia de Dios. Compartimos con ellos el mismo deseo de ser sacerdotes de Cristo para el servicio de su Iglesia. Así mismo como hermanos mayores, reconocemos su perseverancia y su esfuerzo en llegar a este momento tan deseado por los hermanos menores, su ejemplo nos llena de motivación, esperanza y alegría.
La comunidad del Seminario de Monterrey, expresa fraternalmente su felicitación y nos alegramos todos, por este acontecimiento que es sin duda, un regalo para esta Iglesia local y para toda la Iglesia Universal. Los seguimos encomendado en nuestras oraciones y pedimos a Dios que siga realizando su obra en todos y cada uno de ellos, que Nuestra Madre la Santísima Virgen siga siendo modelo e imagen en su peregrinar.

Héctor Elías Morales Montes
Seminarista de Primero de Teología.

21 Ago 2018

HELLO! 1

Con gran gozo hemos recibido en el Curso Introductorio las reliquias de Santa Margarita María Alacoque, misma que el sábado 18 de agosto llegaron a Monterrey para compartir esta experiencia espiritual y de amor con los regiomontanos. Nuestra casa en Paso Hondo, Allende, NL, tuvo la dicha de compartir una hora de oración ante los restos de la santa.

Esta santa del siglo XVII, perteneció a la Orden a de la Visitación de María, y tuvo una experiencia mística con Jesús mismo, quien le invitó a compartir la devoción al Sagrado Corazón los primeros viernes de mes. Esta devoción ha sido de las más rezadas por los cristianos, ya que lleva consigo lo que el mundo sigue necesitando: el amor.

Con un mes de anticipación invitamos a los fieles y amigos de nuestro Seminario y la respuesta no se dejo esperar, ya que desde temprano algunos invitados, junto con los seminaristas, con alegría en el corazón, esperaban la llegada de las reliquias.

Tuvimos tres momentos especiales: primero, cuando rezamos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús; segundo, la catequesis que nos compartió el Padre Claudio (de la guardia de honor de Santa Margarita); y el tercero, y no menos importante, la veneración a las reliquias de la Santa.

El coro del Seminario cantaba con gran devoción y los fieles pasaban a rezar de rodillas y tocando la urna para pedir algún favor a Dios a través de Santa Margarita. Este momento se fue extendiendo en la medida que pasaban los fieles, y no se diga de los seminaristas, que con gran devoción hacían sus peticiones.

Cabe destacar que la comitiva que acompaña a las reliquias, formada por 15 personas, entre ellas, laicos, sacerdotes y religiosas, hizo un gran esfuerzo para realizar los recorridos con las reliquias de la Santa en nuestra ciudad y llevarlos hasta nuestro Seminario en Allende, NL.

Recordemos que con los santos y la Virgen María realizamos actos de veneración, ya que sólo la adoración es a Dios (CEC 2095ss). Recordamos también los que nos dice el Concilio de Nicea II: Veneración a los santos; híper veneración a la Virgen María y sólo a Dios la adoración.

Los santos son personas que han vivido en grado máximo las virtudes de Cristo, y que han sido reconocidos por el sensus fidei y el Magisterio de la Iglesia para ser ejemplos de vida e intercesores; así entonces, pidamos a Dios a través de Santa Margarita, un corazón que sea semejante al de Jesús.

Pbro. Ernesto Fabián Tello Medina
Coordinador de Espiritualidad del CI

15 Ago 2018

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La ordenación sacerdotal es uno de los sacramentos con más elementos significativos que nos adentran al misterio de la misma liturgia. Es un momento en el cual, la Iglesia diocesana se manifiesta en la oración incesante hacia Dios, para que mande más obreros al campo de la mies (Cfr. Mt 9, 38); por ello, el primer signo eclesial que encontramos dentro de la celebración, es reunirnos como asamblea de Dios.

Reunirnos como asamblea nos hace vivir la comunión eclesial; pues laicos, consagrados, presbíteros y obispos, nos congregamos como un solo pueblo, para hacer patente cómo Dios ha elegido a un hombre de entre los hombres (Cfr. Hb, 5, 1) para el servicio de los hermanos, presidiendo en la caridad; siendo testigo de la misericordia, y alimentando a los hermanos con los sacramentos.

Otro signo esencial de la ordenación sacerdotal es la imposición de manos y la oración consecratoria. Con estos gestos, el sacramento nos evoca «la transmisión de un oficio (misión, ministerio, tarea) y comunicación del Espíritu (fuerza, gracia, poder) necesario para desempeñarlo debidamente». En la tradición judía ya se consideraba la imposición de las manos como una forma de instalación de un cargo u oficio. En el Nuevo Testamento, este signo se entiende precisamente como el envío a la misión. A la vez la imposición de las manos demuestra el simbolismo de contacto ante el cual, se expresa la transmisión del Espíritu Santo. Además la imposición de las manos aunada a la oración, es el significado inmediato de que esa elección proviene de Dios, así lo consideraba San Juan Crisóstomo al decir que, «se extiende la mano del hombre pero es Dios quien lo realiza todo, y es Dios quien toca la cabeza de aquel que es ordenado.»

Otro signo dentro del sacramento es la unción de las manos, la cual los Santos Padres identificaban con la unción de los reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento, pero reconocen además la superioridad del nuevo sacerdocio de Cristo que interpretaban que ya no era el aceite material, sino el Espíritu Santo, quienes los ungía, así como Cristo era el ungido del Padre.

Existen además otros signos complementarios dentro del sacramento, los cuales hacen referencia a las tareas concretas a las cuales el sacerdote se consagrará. Uno de ellos es la entrega del pan y del vino a los nuevos ordenados, simbolizando la presidencia del sacerdote en la asamblea de fieles; y el despojo de los ornamentos diaconales, y el revestimiento de las vestiduras sacerdotales, que se convierten en una manifestación pública de su función cultual sacerdotal.

El sacramento del orden sacerdotal concluye con el saludo de la paz, que es dado por el obispo a sus nuevos colaboradores del ministerio sacerdotal. Este signo es un mensaje de acogida a un colegio, a una fraternidad sacerdotal en la cual obispo y presbítero trabajarán unidos por el pueblo encomendado por Dios.

El último de los signos de la ordenación sacerdotal es la presencia del sacerdote en el mundo, ya que la misma definición de sacramento es un signo sensible de la gracia de Dios; porque el sacerdote se convierte, en el signo sensible para la comunidad eclesial y para el mundo; da testimonio de su ser consagrado y de ser el Pastor que no solo cuida del rebaño que le ha sido encomendado; sino que también va por aquellos que son de otro rebaño para construir la unidad en el mundo como es propio de su misión.

Edgar A. Del Río Reyna
Tercero de Teología

13 Ago 2018

HELLO! 1

Así de simple, quien se detiene no avanza, no llega a su meta, se frustra, se pierde, no comprende, entristece…y además lo mucho o poco que ha caminado no le dice nada, porque no ha alcanzado su meta.

Gracias a Dios, este año pude participar de la peregrinación que como arquidiócesis hacemos a la Basílica de Guadalupe de la ciudad de México. Y en éste caminar descubrí 3 cosas importantes:
1. El pueblo de Dios tiene una gran necesidad: encontrar a Dios en sus pasos; saber que es Él quien nos guía y descubrir que no estamos solos en este caminar; sino que Dios mismo camina nuestros pasos y en muchas ocasiones, nos lleva en sus hombros. Cada uno de sus rostros decía demasiado, sea niño, joven o adulto; todos se veían contentos porque sabían que al final de esta peregrinación, nos encontraríamos con nuestro Señor Jesucristo en la santa misa. Yo pensaba: “cada uno viene con un número grande de gracias a entregar al Señor y pedir la protección de nuestra Madre del cielo”, todos de caminos paralelos, de realidades distintas, de caminos que sin duda, han de llevarnos a Dios.

2. No caminamos solos. Para alguien que ha crecido en una educación cristiana, y con devociones Marianas; es imposible evitar emocionarte con escuchar el son de los danzantes, o el corear del canto a la “Guadalupana” o escuchar que alguien va rezando. Esta sensación, como la que experimentan los aficionados del fútbol cuando el equipo de sus amores gana; así lo experimenté yo, y creo que muchos hermanos que hicimos esta peregrinación. No estoy solo, tengo muchos semejantes y todos caminamos a un mismo destino, y mi fervor, pasión y amor alientan a otros. Esto se contagia, se transmite, se comparte en comunidad.

3. Tengo una meta, y ésa es el Señor. Hay un dicho que versa: “es mejor estar perdido que no saber a dónde ir”, por que quien está perdido sabe a dónde tiene que ir, y aunque se desvíe, él tiene una meta. Pero quien no sabe a dónde ir, ¿qué lo motiva a caminar, a avanzar, a esforzarse? “Derechito, derechito”- decía una señora a su hija- “esta la casa de Dios, y Él nos espera”. Y, así es, Dios nos espera.

No se cuanto más me quede por caminar en esta vida, pero les aseguro que yo no me quedo, no me detengo. Aunque estos tiempos sean difíciles de andar para todos, yo no me quiero quedar aquí, porque sé que alguien me espera más adelante.

No sé tú, pero yo no me quedo aquí. Quiero luchar, cansarme, caminar, peregrinar, quiero ser un valiente que camina hacia la casa de Dios.

Luis R. Martínez Cigarroa
Segundo de Teología

09 Jul 2018

HELLO! 1

Por cuatro semanas, 6 seminaristas fuimos elegidos por el equipo formador del Seminario de Monterrey para participar durante el mes de Julio, en un curso impartido por el Instituto Superior de Música Sacra de Morelia (ISMUSAM).

Las materias que llevamos no sólo tratan de la historia de la música o los documentos que hablan de este tema; también vamos adquiriendo técnica o tips para los que tocamos algún instrumento o para los que cantan.

Durante el día, tenemos una hora de práctica con el maestro, de manera personal y tenemos oportunidad de intercambiar conocimientos entre el mismo alumnado, porque hay alumnos de diferentes estados de la República.

Durante el curso de música sacra, la institución nos hace diferentes invitaciones a conciertos de coro de cámara, de orquesta, de guitarras, etc. También tenemos momentos de conveniencia entre alumnos y maestros para fomentar el buen ambiente y la amistad.

Por último quiero mencionar que todos los maestros están muy bien preparados y que cada uno demuestra esa pasión por la música, pasión misma que nos transmiten.

Seminarista Julio Ulises Martínez Fresnillo
1º. De Filosofía

15 Jun 2018

HELLO! 1

Todo los cristianos estamos invitados a vivir la Santidad, es el principal llamado que Dios nos hace, es una cualidad de nuestra vocación. Por el simple hecho de ser bautizados, Dios nos ha regalado la vida de gracia, la dignidad de ser sus hijos, y la facultad de vivir conforme a su Evangelio. Esa es la santidad a la que, sin distinciones de ningún tipo, todos estamos llamados, no importa la cultura, la distinción social o el apostolado que se haga. En este, mi octavo año de formación en el Seminario, y en el que vivo mi etapa de Experiencia Eclesial, Dios me ha invitado a colaborar con Él en una pastoral muy concreta la cual está encargada de llevar el mensaje de Cristo a una porción de su pueblo muy significativa: las pandillas y bandas de la zona metropolitana; me toca colaborar en la Pastoral de Raza Nueva en Cristo, y compartiré en estas líneas, cómo un joven integrante de una pandilla lucha por su santidad.

Es cierto que no es cosa fácil vivir la santidad, pues la vida y sus vicisitudes nos llevan por un interesante camino de retos que nos van ayudando a madurar y a crecer, y es precisamente ahí donde se nos complica la existencia. Los ambientes donde nos desenvolvemos pueden jugar un factor importante en el vivir la santidad personal; muchos dirán que tales ambientes te pueden favorecer o al contrario, arrastrar por el mal camino, pero particularmente yo he aprendido en este año y de la mano de nuevos camaradas que no es así, sino que, como dice la Palabra de Dios todo va bien para los que aman al Señor (cf. Rm 8,28). Es cierto, el medio ambiente influye, pero nunca puede ser determinante, porque de lo contrario los jóvenes que viven en situaciones de pandillas y en comunidades con problemas de vandalismo, no tendrían otra opción que continuar por el único camino que han conocido en su vida y en su barrio: la violencia, el desdén y la rebeldía. Pero no es así, Cristo es siempre una opción fuerte y tenaz, y en la penumbra de las calles ausentes de luz y sin pavimento, hay destellos del evangelio que asombrarían hasta el más santo.

Las pandillas tienen en sí mismas muchos valores cristianos que quedan velados tras una máscara de dureza y dolor; como por ejemplo, en el corazón de una pandilla hay mucho más que odios y riñas, drogas y ambientes negativos, hay amistades sinceras y un profundo sentido de fidelidad y pertenencia a un grupo, hay camaradería y sentido de comunidad. En las bandas hay preocupación también por el hermano que se mete en problemas de drogas, incluso hay pandillas donde los mismos integrantes no dejan a sus camaradas caer en ese mundo de vicios, y muy a su estilo les ayudan a sobreponerse. Bien dice el Papa “aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida” (Gaudete et Exultate 42).

En una banda hay fe y esperanza en Dios a quien no ven, pero que de algún modo tienen la certeza de que existe. Una cualidad muy significativa de las pandillas de nuestra ciudad, es que tienen un profundo sentido religioso, y es muy común ver pintas de bardas con motivos de la Virgen de Guadalupe, San Judas Tadeo, y sobre todo de Cristo sufriente en la cruz. Los jóvenes pandilleros, y en general los habitantes de comunidades populares se sienten identificados con el dolor de Cristo, y con la imagen del crucificado sufriente que clama a Dios desde su cruz “perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Incluso la música que escuchan siempre trae letras que hablan del sufrimiento en esta vida, de la soledad y el mal, pero curiosamente la gran mayoría de ellas mencionan a Dios como el único que los pudiera cuidar y entender; ellos son los bienaventurados de sufren y que serán consolados (Cfr. Mt 5,4).

Un pandillero no tiene puntos medios, ni en su fe, mucho menos en su vida, él está con todo su ser y pone todo de sí donde se siente amado, valorado y necesitado. Un pandillero que ha tenido su encuentro con Cristo, es un pandillero que ya nunca abandonará su fe.

Entonces ¿puede un joven pandillero ser santo? Definitivamente que sí, y yo lo he visto, porque vivo entre ellos. Hablar de santidad no es lo mismo que ser impecables, y en su nueva exhortación apostólica el Papa Francisco nos habla de ello, así que quitémonos de la mente el estereotipo del pandillero, y pongamos más bien atención en cómo un joven dentro de esa situación y con todas sus limitantes, intenta vivir como Cristo le pide que viva, intenta “mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor” (Gaudete et Exultate 86).
Cuando un joven experimenta un encuentro verdadero con Jesús, no puede más que pensar en cómo transformar su vida. Ese es el testimonio de Antonio Carlos Maciel Z. (Tony) de 22 años, de la pandilla de “los Vagos” en la Colonia Nueva Esperanza en Escobedo, quien pensó mucho y en conciencia sobre lo que quería de su vida luego de su encuentro con Jesús de Nazareth, y entonces comenzó una lucha por querer seguir y ser un buen discípulo de Jesús; y aunque tenía muchas dudas sobre Dios y el papel que ahora jugaría en la Iglesia, 8 años después ahora como misionero de Raza Nueva, Tony ha visto cómo actúa el Espíritu Santo sobre cada persona, y echa mano de todo lo que puede para llevar el mensaje de Cristo a los jóvenes de las pandillas, dice él “para que vean que la Iglesia está viva en las calles, más allá del templo, y que Dios los está buscando hasta los rincones más oscuros, lugares donde no todas las personas se atreven a ir… todo con la gracia de Dios”.

Tony percibe que la sociedad se ha vuelto indiferente al Dios de la misericordia, dejándose llevar por lo que leen en las redes sociales o en la televisión que los invitan a creer incluso que Dios no existe. Esa es la razón principal por la que Tony pone su esfuerzo y su tiempo, Él, al igual que san Pablo, transmite lo que a su vez ha recibido (cf. 1Co 11,23), y esto en contracorriente de lo que se vive en su barrio. Tony trata de vivir su vida en santidad, viviendo lo que Jesús le pide, creyendo lo que la Iglesia le propone, aunque muchas cosas no las entienda; viviendo el Evangelio de manera sencilla, y sin complicaciones, ofreciéndole a Dios nada más que su buena voluntad y su experiencia de vida. A eso se refiere el Papa Francisco cuando dice “ser pobre en el corazón, esto es santidad” (Gaudete et Exultate 70).

A veces lo más difícil de evangelizar a las pandillas es quitarles la idea que otros les han puesto en su cabeza sobre que ellos son delincuentes, o el rechazo y exclusión que sufren por parte de algunos miembros de la Iglesia, ese discurso repetido que los califica como drogadictos y sin futuro, es decir, abismalmente alejados de la santidad. Llegar y hablar de santidad y de un Dios que los ama tal cual son y que es misericordioso especialmente con ellos es todo un choque racional; pero para llegar a ese punto es fundamental que el misionero lo crea también. Así fue como Karina Castro, de 19 años, vivió su proceso de conversión a Dios. Ella que ahora también es misionera de Raza Nueva, llegó a la conclusión de que Cristo quiere que sean felices, pero para eso, ella se dio cuenta que tiene que estar con Él, y por eso trata de obrar por gusto y con amor. Intenta llevarse bien con las personas que le rodean, y eso es lo que verdaderamente la cuesta mucho trabajo –admite ella- pero a su vez, con ello comparte lo que significa el amor de Dios. Karina sin darse cuenta coincide con Santa Teresita del Niño Jesús en que «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades» (Historia de un Alma), y quiere que los jóvenes de las pandillas vean que se puede ser feliz estando con Dios, sin hipocresías ni falsas poses, es decir, ofrecerles lo que la verdadera vida y santidad es, la felicidad para la cual fuimos creados (Gaudete et Exultate 1)

Esto me hace reflexionar que aún hay esperanza, el Señor sigue tocando los corazones de aquellos sencillos que lo buscan a él con sinceridad. Santidad es como dice el libro del Génesis “caminar en la presencia del Señor” (Cfr, Gn 17,1), y afuera, en los barrios y en las plazas de colonias populares, hay muchos jóvenes que buscan desesperadamente una luz en sus vidas, por eso, cuando la encuentran, no se alejan de ella. No permitamos que se alejen de ella, todos podemos ser santos, ¡y ellos están más cerca!

Jesús Pablo Saldívar Castillón, EE.

13 Jun 2018

HELLO! 1

En el sexto año de su pontificado el Papa Francisco no regala una nueva Exhortación Apostólica llamada Gaudete et exsultate, en la que nos invita a vivir la santidad en el mundo actual: “Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada” te compartimos los cinco temas más importantes de esta nueva exhortación:

1. El llamado a la santidad

Dios nos llama a cada uno a la santidad: “Sean santos, porque yo soy santo” (Lv 11, 45). En nuestro camino podemos alcanzar esta meta, sin necesidad de copiar a otros, el discernimiento constante y la cercanía con Dios nos permitirán descubrir nuestra santidad original. La santidad es algo serio, no en serie.

“Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca” (Hb 12, 1), sabiendo que muchos otros nos ayudan y acompañan a la meta, hay santos que con su vida nos enseñan con signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes. Ninguno se santificó solo, por eso estamos llamados a santificarnos en comunidad, en medio de nuestro pueblo.

La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Es importante que nos dejemos iluminar por los testimonios sencillos en el día a día. Así podremos ser testigos en la actualidad, “mártires” hoy.

El camino de santidad se distingue en construir el Reino del amor, verdad, justicia y paz para todos. Estamos llamados a vivir la contemplación en medio de la acción, según nuestra realidad, nuestra forma particular de compartir la gracia de Dios.

No tengamos miedo a la santidad, no quita fuerza, vida o alegría, al contrario, seremos lo que el Padre pensó cuando nos creó y seremos fieles al propio ser.

2. Dos sutiles enemigos de la santidad.

El Papa identifica como enemigos de la santidad, dos doctrinas heréticas: el pelagianismo y el gnosticismo. El pensamiento pelagiano no necesita de la gracia, su sola voluntad lo construye, olvida entonces que “todo depende de la misericordia de Dios (Rm 9, 16). Esta forma de vida impide que la gracia de Dios actúe mejor en nosotros, porque se le impide a Dios ayudarnos en nuestro camino a la santidad.

Por otro lado, la corriente gnóstica se distingue por una fe encerrada en el subjetivismo, el gnosticismo es solo pensamiento pero nada de acción, se aleja de “un sano y humilde uso de la razón para reflexionar sobre la enseñanza teológica y moral del Evangelio.

3. A la luz del Maestro.

El corazón del documento es el Evangelio de Jesús: las bienaventuranzas. Estas son “el ID” del cristiano. Cuando alguien se cuestiona -¿Cómo se hace para ser un buen cristiano?- el Maestro nos responde con las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro de Jesús que cada uno estamos llamados a reflejar.

Por eso es feliz, santo, dichoso, bienaventurado, quien es fiel a Dios y vive lo que su Palabra le enseña ¡Es santo quien vive como Jesús! El Papa Francisco toma las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo (5, 3-12) y predica una actualización de las mismas:

-Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos
-Ser pobre de corazón, depender completamente de Dios, es santidad.
-Felices los mansos, porque heredarán la tierra
-Reaccionar con mansedumbre, no optar por el odio, la violencia o la venganza, es santidad.
-Felices los que lloran, porque serán consolados
-Evitar la esclavitud de la indiferencia, saber llorar con los demás, es santidad.
-Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados
-Buscar con hambre y sed la justicia para cada persona, es santidad.
-Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia
-Dar y perdonar, mirar y actuar con misericordia, es santidad.
-Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios
-Cuidar y mantener nuestro corazón limpio de todo aquello que mancha el amor, eso es santidad.
-Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios
-Dejar el chisme, trabajar por la comunión, sembrar paz en nuestro alrededor, eso es santidad.
-Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos
-Optar por el Evangelio día a día aunque eso nos traiga problemas, es santidad.

Francisco concluye este capítulo recordándonos que seremos juzgados conforme seamos misericordiosos en este mundo y denuncia que algunos piensen que solo se da gloria a Dios con el culto y la oración, centrados en sí mismos, sin desgastar la vida intentando vivir las obras de misericordia.

4.Algunas notas de la santidad actual.

El Papa Francisco distingue cinco notas de la santidad en el mundo actual:
Es fundamental vivir centrados en Dios, quien nos ama y nos sostiene, viviendo la misericordia en todos los aspectos de nuestra vida.

Vivir con alegría y sentido del humor; porque los santos viven en gozo, la alegría de la santidad se comparte a los demás.
La santidad es audacia, empuje evangelizador que deja marca en el mundo. El santo confía y transforma la realidad, no tiene miedo, sabe quien lo acompaña, crea y es capaz de desinstalarse para dar testimonio de su realidad misionera de la alegría del Evangelio.

La santificación es un camino comunitario, porque en la soledad es difícil luchar contra la propia concupiscencia, las asechanzas del demonio y la actual cultura egoísta. Es en la comunidad y en los pequeños detalles de amor que uno se santifica.

La santidad depende de una habitual oración y adoración. Dice el Papa “No creo en la santidad sin oración” y, “en la oración encontramos los caminos de santidad que Dios nos propone”.

Hemos de preferir la lectura orante de la Palabra de Dios, en el encuentro con Él en su Palabra nos moveremos a encontrarnos con Él en la Eucaristía. Así, aliados a Él, podrá transformar nuestra vida ¡santificarnos!

5. Combate, vigilancia y discernimiento.

En la vida cristiana el combate es permanente. Es necesaria mucha fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida.
La lucha es contra el diablo, el príncipe del mal, y se suma a la mentalidad mundana de la mediocridad, a la ausencia de compromiso y de gozo. El diablo nos envenena con el odio, la tristeza, la envidia y los vicios, así nos destruye, a nuestra familia y a nuestra comunidad, porque “como león rugiente, ronda buscando a quién devorar” (1 P 5, 8) Por eso hay que estar vigilantes siempre para no corrompernos espiritualmente.

En otro sentido, el discernimiento constante es fundamental para evitar caer en tentación, para salir de la mundanidad a la que nos empuja el mundo. Es oportuno entonces hacer diariamente un examen de conciencia para reconocer la voz de Dios. Así seremos capaces de salir de nosotros mismos y dejar que Dios nos ayude a vivir la misión a la cual fuimos llamados para el bien de los hermanos.

El Papa Francisco corona sus reflexiones poniendo como ejemplo a María, quien vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña, platicar con ella nos consuela, libera y santifica, ella no necesita muchas palabras, le basta que constantemente digamos “Dios te salve, María…” ¡Que el Espíritu Santo infunda en nosotros el hambre de ser santos para mayor gloria de Dios y contagiemos a otros para ello! ¡Solo así disfrutaremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar!

22 May 2018

HELLO! 1

La academia es una actividad formativa propuesta por el Seminario de Monterrey, cuyo objetivo es que los alumnos desarrollen la capacidad de actualizar el pensamiento Tomista, a través de la elaboración de un ensayo que tenga como punto de partida, alguna de las cuestiones contenidas en la Suma Teológica de Santo Tomás y que de respuesta a alguno de los problemas que aquejan al mundo contemporáneo.

Esta actividad fomenta en los alumnos la inquietud intelectual, la capacidad de análisis de los problemas actuales y la actitud propositiva, ofreciendo alternativas de solución desde el método Tomista.

A cada año formativo se le ha asignado un tema específico para reflexionar:

En el Menor es: La existencia de Dios

En el Curso Introductorio es: La relación entre Fe y Razón

En Filosofía los temas son: para primer año, La oración eucarística; segundo año, Teorías del conocimiento y tercer año, Antropología.

En Teología los temas son: para primer año, La Fe; segundo año, La esencia de Dios y tercer año, Ética y Política.

Cada año, los alumnos inician su reflexión en octubre del año escolar en curso, elaboran su ensayo y lo entregan en abril. Posteriormente se tiene el día de la premiación y exposición de los ganadores. Este año escolar el día de la premiación será el miércoles 23 de mayo.

A partir de mañana, compartiremos en Facebook, los ensayos de los seminaristas que obtuvieron los primeros lugares, esperando enriquecer tu caminar cristiano.

Pbro. Jesús Treviño Guajardo
Prefecto General de Estudios

30 Mar 2018

HELLO! 1

En el año 2010 tuve la oportunidad de vivir una experiencia que cambiaría mi vida para siempre. Estaba cursando la preparatoria y un amigo me invitaba a asistir a una Iglesia Bautista. Mi mamá se sentía preocupada de que yo me cambiara de religión, aunque siendo franco, yo no vivía ninguna religión. Así que, para tranquilizar a mi mamá, asistí a unas platicas cuaresmales para jóvenes en mi parroquia: San Judas Tadeo Apóstol. Cuando concluyeron las pláticas hicieron la invitación para participar en el Vía Crucis, así que me animé y fui.

El día que repartieron los papeles para el Vía Crucis, yo iba seguro de pedir un papel que tuviera mucho diálogo, quería lucirme en el escenario. Leímos el guión y noté que los sumos sacerdotes hablaban mucho y pedí que me dieran a uno de ellos, me dieron el papel de Caifás, el sumo sacerdote.

Cuando llega el Viernes Santo todos estábamos listos. Empezamos las escenas y por fin tenía a Jesús frente a mí. Dije mis diálogos como si fueran palabras mías. Mi odio y rencor los había enfocado hacia Él y cada insulto que yo le decía, salía de mi corazón, cada caída que Él sufría, yo la disfrutaba y lo insultaba gritándole; pero Él se volvía a levantar. Y en mi interior pensaba, ¿por qué nunca se defendió? No entendía por qué perdonaba a un ladrón siendo un verdadero criminal, no entendía por qué María no hacía nada, no entendía nada; hasta que Jesús dijo: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Entonces comprendí que Él se encuentra con el que sufre, con el que está solo, con el que no entiende el por qué suceden las cosas, como yo.

Ahora que he aprendido más a vivir la fe, mi vida tiene un sentido que antes no tenía. Hoy sé que la vida no se trata de seguir los panoramas que presenta la sociedad; sino que lo verdaderamente importante, es encontrarte con Aquel que te ama de verdad y que aunque no somos capaces de entenderlo, sabemos que Él se encarga de eso. Yo no era feliz hasta que conocí a Jesús, hasta mi encuentro con Él. Por cierto, el papel les gustó mucho a mis compañeros de la parroquia; hice el papel 3 años seguidos, y se me quedo de apodo Caifás.

Seminarista Pedro F. Ramírez
Tercero de Filosofía