14 Jul 2020

Les presentamos la lista de los ganadores del Sorteo Seminario de Monterrey, celebrado el domingo 5 de Julio de 2020, en las instalaciones del Seminario Menor, ubicado en Prolongación Corregidora Norte 700, Col. Plan de Ayala, C.P. 66217, San Pedro Garza García, N.L.

El Sorteo se realizó en presencia del Lic. Carlos Montaño Pedraza, Titular de la Notaría Pública 130, con ejercicio en el primer distrito de la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Para la realización de este evento se establecieron las medidas sanitarias y de sana distancia, indicadas por parte de la Secretaría de Salud, siendo el evento cerrado al público y con número máximo de asistentes de 10 personas.

Nos comunicaremos con los ganadores para indicar el proceso de entrega de entrega de premios, siguiendo para ello, las medidas sanitarias adecuadas. Dudas o aclaraciones al (01) 81-11-60-13-76. En caso de quejas, favor de comunicarse a la Dirección General de Juegos y Sorteos al (01) 55-52-09-88-00.

25 Jun 2020

HELLO! 1

Desde la creación del mundo, Dios va comunicando su voluntad de que todo lo que existe sea bueno y sirva de motivo, para que los hombres alcancen la plenitud de su existencia en su presencia. Cuando el hombre se aleja de este plan, Dios permanece en activa espera a la plenitud de los tiempos para revelar sus designios a un pueblo, que él mismo se irá preparando para dicha manifestación.

El recorrer la historia de la salvación nos permite reconocer la grandeza del misterio que envuelve el amor que Dios tiene, por todo aquello que ha hecho y de manera preponderante, por la humanidad. A pesar de las opacidades que se vislumbran en los escritos del Antiguo Testamento, interpretados desde la óptica de nuestra actualidad, podemos reconocer en ellos la pedagogía con la que Dios va actuando para edificarse una comunidad lista para asimilar las verdades de fe que, aunque no carecen de lógica, podrían confundir la limitada razón humana.

Los Patriarcas son aquellos hombres que dan respuesta de fe al plan de Dios, de preparar ese pueblo que en el futuro será tan grande como las estrellas de los cielos o las arenas del mar, y en ellos serán bendecidas todas las naciones (cf. Génesis 22,17). La identidad familiar y la lealtad a la Alianza pactada con Dios en el cumplimiento de la Ley hacen de este pueblo su predilecto.

Dios habló a su pueblo por medio de profetas aunque no siempre fueron escuchados, los jueces invocaban su nombre e impartían justicia entre una sociedad cada vez más hostil al parecer divino, la monarquía fue la expresión humana de pretender igualar la grandeza de Dios manifestando la suntuosidad del poder del hombre como una mísera sombra de la realeza divina. Esta consecución de sucesos preparan el camino a la revelación completa. Llegada la plenitud de los tiempos envió Dios a su hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley para rescatar a los que vivían bajo el yugo de la Ley. (Gálatas 4,4s).

El nacimiento del unigénito de Dios es la culminación de la enseñanza para la humanidad. A fin de que el mensaje salvífico sea comunicado de manera auténtica, se prepara el terreno de la predicación con los apóstoles como garantes de la fe, misma que experimentan y viven junto al Gran Maestro.

La Sagrada Escritura recaba esta historia salvífica como tesoro incalculable al acceso de todo aquel que se siente movido a descubrir el verdadero sentido de la vida y ayuda a recorrer la sabiduría milenaria que ha llevado a la humanidad al encuentro de lo que lo supera y, venciendo las limitaciones, a alcanzar la plenitud de su ser. Por esto, te invito a que averigües que tanto conoces de la Biblia con el siguiente quiz.

César Arturo Sánchez Lara
3° Filosofía

22 Jun 2020

HELLO! 1

La santidad es un llamado que todos recibimos y podemos responder. Es muy común que tengamos alguna experiencia con algún santo, ya sea por ser devotos, por la comunidad en la que participamos o porque nuestros papás o nuestros abuelos tienen alguna imagen o ícono que lo representen en algún lugar de la casa.

Los santos son testigos palpables del gran amor que Dios tiene para con nosotros. Él nos muestra por medio de ellos que todos podemos alcanzar el Reino de los cielos. Ellos siendo personas con muchas virtudes y grandes carismas, ayudaron a acercar a Cristo a las personas que les era desconocido, y claro está que ellos también tuvieron defectos y muchos problemas que evitaban que tuvieran una conexión más fuerte y profunda con Jesús.

No dudemos del gran amor que Cristo nos tiene, está claro que tú puedes ser santo, no metas excusas e ideas de que no cumples las cualidades necesarias para poder serlo. Lo primero que tenemos que hacer, para encaminarnos en ella, es querer serlo; porque desde el momento en que pensamos que es imposible, descartamos de manera inmediata la santidad y podemos quedarnos en la tranquilidad, por creer la dificultad que implica la entrega total al Señor.

Bueno ¿qué esperas? es tu momento de decir ¡quiero ser santo!, pero dilo, repite en tu corazón y en tu mente: “¡quiero ser santo!, ¡quiero ser santo!, ¡quiero ser santo!”. La santidad no se trata de estar las 24 horas de los siete días de la semana hincado rezando. No, claro que no, y mucho menos te estoy diciendo que entres a alguna congregación, seminario, convento, etc. En cualquier camino la puedes encontrar, solo es cuestión de que la busques y dejes que te encuentre.

Pero ¿cómo comienzo este camino de santidad?, no te preocupes hay muchos modelos de los que podemos tomar nota, empezando por la misma vida de Jesucristo narrada en los Evangelios. Tal vez nos podamos encontrar como los discípulos de Emaús (Lucas 24, 13-35) donde ellos se encontraban desconcertados y tristes por la muerte de Jesús y Él se les aparece en el camino y les explica las escrituras, pero no es hasta el momento de partir el pan, cuando lo reconocen, y se preguntan ¿no ardía nuestro corazón?… y desde ese momento se fueron a proclamar que Cristo verdaderamente resucitó, así nosotros proclamemos que Él vive, que Él está presente.

Así pues, sabemos que no es fácil caminar solo por esta vida, por eso, te invito a que averigues a que santo te puedes encomendar con el siguiente test para que él o ella te acompañe en tu propio camino de configuración con Cristo.

Manuel de Jesús García Ramos
1ero. de Filosofía

20 Jun 2020

HELLO! 1

Nos remontamos al principio de la historia, en donde Cristo hace palpitar los corazones cansados y afligidos, en busca de ese amor faltante en sus vidas. Jesucristo es quien viene a derramar toda su gracia a este mundo para nuestra salvación, y es hasta el punto de la Cruz donde lo hace culmen, donde su costado es traspasado, y su sangre es derramada como bendición. ¿Qué más podemos pedir? Su amor es mejor que todo lo que tenemos en nuestra vida.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús existe desde el principio de la cristiandad, pero es hasta el siglo XVII cuando Jesús pide a Santa Margarita María Alacoque que se establezca una fecha específica para su celebración, y a raíz de sus revelaciones en junio del año 1675, se estableció precisamente en este mes, celebrándose específicamente el viernes posterior a la Solemnidad de Corpus Christi. Es decidido así debido a la gran cantidad de personas que desagradaban y mostraban ingratitud ante el gran milagro del Cuerpo y la Sangre de Cristo entregada por amor para nuestra salvación. Por lo tanto, esta devoción es principalmente de reparación ante las injurias a la Santa Eucaristía.

Junto a Jesús se encuentra María, por esto mismo, podemos encontrar en el calendario litúrgico la celebración del Inmaculado Corazón de María el día siguiente a la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Esta devoción mariana surge como resultado de la gran influencia espiritual de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús que fue promovida por San Juan Eudes y esta festividad de la Virgen María está íntimamente unida a Jesús, porque nos dirige a Él.

Así pues, ante estas celebraciones que hemos vivido, digámosle desde nuestro interior al Señor ¡te amo con todo mi corazón! Te entrego toda mi vida y mi ser, ayúdame a valorar cada momento que paso ante tu presencia, permite Señor que mi vida se una a la tuya. Cuestiónate también, ¿qué tanto he recurrido a la Eucaristía?, ¿he tenido un encuentro vivo con el Señor?, ¿lo he buscado en estos tiempos de contingencia e incertidumbre? Son muchas las cosas que nos pueden distraer, pero somos nosotros los que decidimos traer a Jesús a nuestro hogar, por eso es importante recordar que somos parte también de una iglesia doméstica, y que Él está con nosotros en nuestra casa.

Por lo tanto, es conveniente que nos informemos más sobre esta devoción que nos ofrece grandes riquezas espirituales que nos ayudan a alcanzar el cielo. Por eso te invito a realizar el siguiente quiz para que te des cuenta cuanto sabes de ella.

19 Jun 2020

HELLO! 1

Sin duda alguna, el pasaje del peregrino de Emaús es uno de los más bellos y significativos del evangelio de San Lucas, pues es muy semejante a lo que la Iglesia experimenta diariamente, el dolor, la soledad, la angustia; pero después de encontrarse con Cristo todo cambia a alegría, confianza y seguridad.

Desde hace ya varios días, hemos emprendido un caminar con algunas comunidades de nuestra Iglesia local, especialmente con los jóvenes. Ha sido una experiencia muy enriquecedora de misión de verano, pues es un compartir mutuo sobre lo vivido en estos días y cómo hemos descubierto a Dios en la adversidad.

Podría parecer difícil, y a la vez algo extraño el pensar: ¿Cómo podremos misionar en tiempos de contingencia? Como Iglesia no podemos quedarnos con los brazos cruzados, tenemos que trabajar por el Reino de Dios. Por eso saldremos al encuentro de sus hijos, partiremos con ellos hacía Emaús, hacia ese lugar al que todos anhelamos llegar, hacia esa tierra prometida, donde descubriremos al Señor en los acontecimientos del ordinario.

El primer paso de esta misión, es el unirse a la peregrinación; la Iglesia está en marcha; aún en tiempos de pandemia, sigue caminando, no podemos entorpecer ese camino ni mucho menos hacerlos ir por otro. Tenemos que unirnos a ese camino y entender poco a poco el por qué ir hacia allá.

En un segundo momento, después de haber entendido un poco el rumbo de los peregrinos, compartiremos lo que hay en el corazón, aquellas palabras de esperanza: “ánimo”. “¡Dios está con nosotros!”. Pues en el rostro de las personas pareciera haber miedo, incertidumbre.

Y por último, al llegar a Emaús, a lo más íntimo para nosotros, dejaremos que ese peregrino entre con nosotros, pues su rostro nos es familiar, sus palabras nos han devuelto la vida, nos han sanado, han cambiado nuestro luto en alegría; y es ahí, en lo más íntimo del corazón, en lo más profundo de nuestro ser, donde lo encontraremos y descubriremos. No solo al fraccionar el pan, no solo en los momentos de felicidad y gozo, sino en todo, pues Dios ha visitado, ha entrado y se ha querido quedar en mi casa, en mi vida.

Ahora más que nunca, como los discípulos de Emaús, queremos como Iglesia, anunciar a todos que verdaderamente el Señor está con nosotros, nos ha visitado, lo hemos descubierto y no hay por qué temer.

La Iglesia está y seguirá en marcha pues Cristo camina con nosotros. Gracias Señor por quedarte en nuestras vidas.

Jesús Emmanuel Garza Torres
1ero. de Filosofía

16 Jun 2020

HELLO! 1

No cabe duda que el Señor nos ama infinitamente, Él es conocedor de toda la historia humana, Él es el Creador y fundador de ella, pero al darnos libertad, no obliga de manera directa a que estemos destinados a un solo camino. Es por esto que en la historia de la salvación Dios envía a ciertas personas para que volvamos a Él. Jesús fue este gran culmen que nos dejó Dios, para que supiéramos que Él nos ama sin ninguna condición, entregando su cuerpo y derramando su sangre en la cruz, que hoy se hace presentes en las especies de Pan y Vino, en la Eucaristía.

Ya hace algunos días estuvimos celebrando la solemnidad de Corpus Christi (Fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesús) en donde recordamos que Cristo se entregó por nuestra salvación. Jesús reunido con sus apóstoles en la última cena instituyó el sacramento de la Eucaristía: “Tomen y coman; esto es mi cuerpo…” (Mt, 26, 26-28). De esta manera hizo partícipes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que hicieran lo mismo en memoria suya.

Grandes regalos son los que nos deja, la Eucaristía es una de ellas, pero para que esta celebración pueda hacerse posible dejó la institución sacerdotal. En donde contemplamos el más grande milagro, ya no es solamente pan, ahora es Cristo mismo que se hace presente entre nosotros, y como cristianos estamos en espera de su segunda venida gloriosa.

En la Santa Misa, los sacerdotes convierten realmente el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo durante la consagración; esto es llamado transubstanciación (CEC 1375-1376). Cambia la substancia del pan, que no es ya más pan; sino el Cuerpo Resucitado de Jesús, y lo mismo sucede con el vino. Y gracias a la sucesión Apostólica, Cristo se hace presente, ya no es el sacerdote quien hace esta conversión, es Jesús mismo quien actúa en ellos. Y gracias a esto podemos contemplar, adorar y recibir a Jesús hecho pan.

Damos gracias a Dios por todo su amor e infinita misericordia hacia toda la humanidad. Nosotros como hijos de un mismo Padre, ¿qué es lo que hacemos para tener un mejor encuentro con Él?, ¿nos esforzamos por vivir el mandato del amor? Reconozcamos que Él está con nosotros en todo momento, pero ¿nosotros estamos siempre con Él? Por eso, te invito a contestar este pequeño Quiz para que averigües qué tanto conoces de este tema del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Manuel de Jesús García Ramos
1ero. de Filosofía

12 Jun 2020

HELLO! 1

De las pandemias que ha sufrido la humanidad, la Iglesia ha sido testigo en la historia, no sólo como esa vieja espectadora de los hechos; sino como madre que sufre con sus hijos. Muchos de sus santos se han desgastado en las pestes que han azotado al mundo, como san Luis Gonzaga o san Juan de Dios.

Hoy, el mundo entero enfrenta esta herida y la Iglesia está allí, cargando la cruz con sus hijos y siendo signo de esperanza y de consuelo.

Con el comienzo de esta pandemia las cosas cambiaron, los templos se vaciaron, los grupos parroquiales dejaron de juntarse, la forma de ir a catecismo cambió, incluso la forma de participar en la misa. Todo con tal de cuidar, especialmente, a los más vulnerables: los niños, los ancianos.

Esta nueva realidad nos ha recordado algo. Que la Iglesia está más viva que nunca, y este tiempo ha servido para que broten los sentimientos más genuinos de piedad y solidaridad. Motiva saber que las familias se congregan para mirar por la TV la Eucaristía o por alguna red social. Anima el que los grupos apostólicos hayan hecho de la tecnología su aliada, para no detener su crecimiento en la fe. Miles de sacerdotes trasmiten la Eucaristía, otros participan en Horas Santas o dando temas de formación, y nuestro Señor Sacramentado ha salido a las calles para bendecir.

La Iglesia se adapta a estos nuevos tiempos y no sólo se ha quedado en la parte del discurso o la formativa, tampoco en lo litúrgico, ¡no! Ella misma asume aquello mismo que el Señor les dijo a sus apóstoles en el monte: “denles ustedes de comer”.

Cáritas, por ejemplo, ha sido para miles de hogares la mano providente que ha atendido sus necesidades. El Seminario de Monterrey hace de su misión de verano, una “misión de esperanza”, enviando a sus seminaristas a animar, acompañar y compartir la fe, en todas sus redes sociales; junto con Cáritas de Monterrey, la Pastoral Juvenil, La Pastoral Vocacional, y la Vicaría de Pastoral con la Misión COVID.

La Iglesia sabe que el anuncio del Reino es integral, y la esperanza que se comparte es una esperanza fundada en la fe y en la caridad. No sólo predica; sino que actúa en silencio, discretamente, llegando a donde tiene que llegar, sin luces ni reflectores.

Mario Alberto de Luna Guevara
2do. de Filosofía

09 Jun 2020

HELLO! 1

No cabe duda que la vida da muchas vueltas y siempre nos sorprende repentinamente; en ocasiones podemos tener muchos planes, actividades, proyectos, etc.; pero siempre es Dios quien tiene la última palabra.

Hace ya más de tres meses que nuestros días ordinarios se volvieron extraordinarios, dejamos tal vez muchas cosas que para nosotros eran importantes y valiosas, como por ejemplo, la Santa Misa, las horas santas, la espiritualidad comunitaria, el apostolado, las clases entre muchas otras cosas; pero hemos encontrado y reconocido algo que teníamos olvidado: la Iglesia doméstica.

Desde el día que salimos de nuestra casa común para iniciar el confinamiento en casa de nuestras familias, nos parecía difícil lo que se venía, nos sentíamos solos, desamparados, angustiados, al igual que muchas otras personas; iniciábamos un nuevo caminar e íbamos preguntándonos por el camino: ¿Qué seguirá?, ¿Cuándo volveremos a la normalidad?, y fue precisamente en ese momento en el que alguien especial se unió a nosotros. Ya era muy conocido por todos, en ocasiones habíamos platicado con Él, inclusive, nos ha acompañado algunas otras veces, pero en esta ocasión, se hizo el encontradizo.

Entre muchas actividades en casa, como el pintar las paredes, ayudar en las labores de la cocina y los mandados, los momentos de convivencia en la hora de la comida, sentíamos como esa presencia nos era familiar, nos daba una esperanza grande, y sobretodo, veíamos en el a alguien que nos amaba de corazón y nos unía como familia en su amor.

Sí, era Él, que venía a visitarnos y a quedarse con nosotros, no solo un rato, sino para siempre, porque así como nos dijo una vez: “Con amor eterno te he amado” (Jer 31,3), así es su fidelidad, eterna. Este gran regalo de su presencia en este tiempo es algo que no podremos olvidar jamás, pues ha salido a nuestro encuentro, ha venido a darnos su amor y sobretodo ha venido a unirnos más en su amor.

Nosotros somos testigos de las cosas maravillosas que ha hecho y sigue haciendo.Gracias Jesús por tu cercanía ayer, hoy y siempre; te pedimos que nos ayudes a saber reconocerte en todos los acontecimientos de la vida, y que a ejemplo tuyo sepamos también acompañar a muchos otros hermanos que aún siguen caminando y no te han encontrado.

Jesús Emmanuel Garza Torres
1º. de Filosofía

05 Jun 2020

Como cada año, el mes de Junio es mes de misiones. Por ello, los seminaristas salimos al encuentro con la comunidad para evangelizar, como parte nuestra formación pastoral.

Este año, en comunión con la Pastoral Juvenil, la Pastoral Vocacional, Cáritas de Monterrey y la Vicaría de Pastoral con la Misión COVID, uniremos esfuerzos para acompañar a la comunidad, de manera especial a los jóvenes de nuestra Arquidiócesis, ante la contigencia que estamos viviendo, del 7 al 27 de Junio.

Nuestros obispos han contemplado una realidad, que necesita ser escuchada, y acompañada, por lo que la misión caminará por tres ejes:
1. Las plataformas digitales que los grupos de jóvenes tienen en nuestra Arquidiócesis, desarrollando contenido de valor para niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
2. Ayudando físicamente en algunas parroquias, donde los sacerdotes son vulnerables a la pandemia.
3. Apoyando a Cáritas de Monterrey, en los proyectos que han desarrollado para la comunidad más vulnerable de nuestra Arquidiócesis.

La crisis por la contingencia puede resultar limitante, pero vemos en ella la oportunidad de predicar el Evangelio; pues el anuncio de la Buena Nueva se da por la Gracia de Dios, no se basa en nuestras limitaciones, nuestro protagonismo, nuestras habilidades o logros.

¡Es tiempo de reavivar la esperanza! Porque llevamos un tesoro en vasijas de barro, que nos mueve a dar testimonio de Cristo Resucitado (cfr. 2Cor 4,7).

22 May 2020

HELLO! 1

La esperanza tiene que ver con el futuro, de tal manera que, cuando alguien no espera nada del futuro, no tiene esperanza. Hay, claro está, diversos tipos de esperanza, habrá quien quiere terminar sus estudios, después trabajar, tal vez formar una familia, quizá espera que vayan mejor las cosas en la familia, en el trabajo, en la salud; pero, hay una esperanza que es mayor que todos estos tipos de esperanza y que el Papa Benedicto XVI en la encíclica Spe Salvi llama: «gran esperanza», pues es una esperanza que tiene que ver con el futuro, que va más allá de está vida. Esta esperanza es un don, es decir que no la obtengo por ser muy inteligente, aunque supone la inteligencia, es la esperanza que he recibido cuando se me dio la fe en el Bautismo.

¿Cuál es esta esperanza? Es la esperanza de la vida eterna, el hombre fue creado para la vida, no para la muerte y, es la muerte justamente la que nos mata la esperanza.

Pienso en los jóvenes que sólo ven a su alrededor violencia y muerte, esto les lleva a la angustia, al sinsentido de la vida, esto les arranca la esperanza. Por eso, vamos a plantearnos una pregunta fundamental ¿Cómo suscitar la esperanza? En primer lugar hay que anunciar el evangelio, pues en él encontramos la esperanza en Cristo, y no sólo la esperanza para esta vida, sino esperanza en la vida eterna. Dice San Pablo: «Si nuestra esperanza en Cristo se limita sólo a esta vida, ¡somos las personas más dignas de compasión!» (1 Cor 15,19). Esta claro, lo específico y propio de la esperanza cristiana es la vida eterna, que Cristo con su resurrección nos ha alcanzado. Pero, ¿cómo anunciar el evangelio de manera que despierte la esperanza de aquellos que les ha sido arrebatada o que no se les ha anunciado?

La esperanza en la vida eterna, es decir, la vida plena en Dios, la que no conoce ya la muerte, no se sustrae del dolor o sufrimiento, lo asume, es más, es condición necesaria. «Los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se ha de manifestar en nosotros» (Rom 8,18). Parte del anuncio que suscita la fe, lleva implícito la cruz.

La cruz es la que da sentido a la resurrección, la muerte a la vida «el que ama su vida, la perderá; pero el que odia su vida en este mundo la guardará para la vida eterna» (Jn 12,25), la vida futura, ilumina el presente, lo hace llevadero, comprensible, le confiere un sentido. La fe cristiana es entonces fuente de esperanza, de manera que podemos decir que la crisis de esperanza es una crisis de fe, de ahí la necesidad y urgencia de anunciar el evangelio. Un texto de la encíclica Spe Salvi dice: «Quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene la vida (cf. Ef 2,12).

La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando “hasta el extremo”, “hasta el total cumplimiento” (Jn 13,1; 19,30). Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que sería propiamente la “vida”. Empieza a intuir qué quiere decir la palabra esperanza que hemos encontrado en el rito del Bautismo: de la fe se espera la “vida eterna”, la vida verdadera que, totalmente y sin amenazas, es sencillamente vida en plenitud» (Spe Salvi 27).

Pbro. Marcos Montealvo Veras
Revista San Teófimo No. 146