09 Dic 2022

HELLO! 1

Así inicia la historia de nuestro Seminario

El Seminario de Monterrey nació el 19 de diciembre de 1792 por decreto de don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés, tercer obispo de Monterrey, así inicia la aventura de formar pastores al servicio del pueblo de Dios. 

La primera ubicación de nuestro Seminario fue una casa rentada que hacía esquina entre Ocampo y Dr. Coss. Su primer rector fue el Pbro. Br. Don Domingo Ugarte y Burgoa.

El Seminario durante la persecución religiosa

En 1914 las tropas carrancistas ocuparon el Seminario, por lo que los treinta alumnos con que contaba la institución se refugiaron en sus casas en espera de la próxima reapertura.

Ya desde 1910, tras el estallido de la Revolución, la formación eclesiástica de los seminaristas no era tan fácil. Los conflictos político-religiosos de la época ponían en peligro la existencia de los Seminarios. Ante esta necesidad apremiante, el Episcopado Mexicano funda en Castroville, Texas, el Seminario Nacional Mexicano. Tres seminaristas regiomontanos continúan sus estudios en este Seminario; otros tantos se preparaban de manera oculta en la ciudad.

El 1o. de septiembre de 1917, el Seminario reabre sus puertas en el edificio anexo al Templo de Nuestra Señora del Roble, donde permanecerá hasta 1926. Es su rector de 1917 a 1919 el P Juan José Hinojosa. El 11 de junio de 1919 es nuevamente nombrado rector el P. Juan José Treviño. Para 1922 es Prefecto de disciplina y de estudio el Padre Pablo Cervantes, Director Espiritual el Padre Juan José Hinojosa, y entre los profesores se encuentra el Padre Fortino Gómez; en ese momento hay en el Seminario un total de 43 alumnos.

En agosto de 1926 se cierran los templos y anexos, por lo que los seminaristas andarán de casa en casa hasta 1935; ocupando las instalaciones anexas al templo de San Luis Gonzaga, viviendo en la incertidumbre y a veces en persecución.

Don Juan José de Jesús Herrera y Piña, quinto Arzobispo de Monterrey, consigue en Roma, para nuestro Seminario, los restos de un santo mártir. En 1925 llegan los restos de San Teófimo a la ciudad de Monterrey, y en 1931, alumnos y formadores piden al entonces Sr. Arzobispo Don José Guadalupe Ortiz (exalumno de nuestro Seminario), les conceda tener como Patrono titular del Seminario a San Teófimo Mártir.

El Seminario en la casa de San Pedro, Garza García

Para 1954 las instalaciones del anexo al Templo de San Luis Gonzaga resultaban insuficientes para albergar a poco más de 150 seminaristas. Así el 19 de diciembre de 1959 se inauguran los nuevos edificios del Seminario Menor en San Pedro, construidos bajo la dirección y diseño del Octavo Arzobispo de Monterrey Don Alfonso Espino y Silva. Los edificios del Seminario Mayor se inauguran en mayo de 1964.

En los planes del Sr. Espino y Silva al construir el nuevo Seminario, era que dicha institución fungiera como Seminario interdiocesano, en el que las diócesis dependientes a Monterrey pudieran enviar a sus seminaristas, pero el responsable directo de la formación de los seminaristas, así como de lo económico sería el Arzobispado de Monterrey; distinto de un Seminario regional, en el que los obispos de la región comprendida son en colegio los responsables. No es, sino hasta 1972 cuando ingresan al Seminario de Monterrey alumnos de las diócesis de la región noreste.

En agosto de 1973 se ponen al servicio los edificios del Curso Introductorio en Allende, N.L., gracias al apoyo de Dn. José de Jesús Tirado y Pedraza, Noveno Arzobispo de Monterrey.

El Seminario en la casa de Juárez

Las instalaciones del Seminario ubicadas en San Pedro Garza García resultaron insuficientes al aumentar el número de jóvenes seminaristas, llevando a la necesidad de construir un nuevo Seminario, más grande, Es así como el 20 de abril de 1994, da inicio la construcción del Seminario Mayor en el municipio de Juárez. 

Tantas son las personas que hace falta mencionar y que, sin embargo, han escrito con su vida la historia de nuestro Seminario, que faltarían hojas para poder compartir una historia íntegra.

Ya se suman 230 años formando sacerdotes, y con la ayuda de Dios y todo el Pueblo de Dios que sostiene con su oración y su apoyo económico al Seminario de Monterrey, seguirá formando los sacerdotes que la Iglesia de Jesucristo necesita, para los tiempos venideros.

Luis Miguel Éxiga López 

2do. de Teología 

02 Sep 2022

HELLO! 1

El reloj registra las 23:56 hrs. En algún lugar del mundo, el padre godínez ha dejado la oficina; el operario marca su hora de salida mientras distingue al que registra la entrada; la cansada madre de familia apagó la luz de la cocina; la madre soltera se dispone a engañar al maestro de su hijo haciendo su tarea, o reproducir con su pequeña princesa un mundo imaginario de compras, cocina y veterinaria; el estudiante experimenta la adrenalina de enviar su tarea con 3 minutos de anticipación al horario límite; el conductor siente en su rostro el aire fresco de la carretera, anhelando llegar a la meta; la pareja enamorada rehúsa concluir la conversación; el adolescente que llega a casa es reprendido sin posibilidad de disimular los efectos del alcohol; y el joven misionero rememora su día apostólico, profundizando su experiencia de encuentro con Dios. Pero en todos los casos, en todos los lugares del mundo, la conciencia se sienta a solas con Dios, escuchando su voz en el recinto más profundo de su corazón (GS 16). 

En su caso, el misionero escribe, registra la voz de Aquel que le llama durante el día. Rememora un día caliente, las puertas que toca y las personas que salen; las puertas que se quedan cerradas y los perros que ladran con rabia. Recuerda a quienes le hacen pasar a la sala, y quienes se niegan a atenderlo. Cuestiona a Dios aquellos casos de indiferencia, pero se regocija por las personas que consoló y reanimó a causa de sus palabras y testimonio. No puede olvidar la tierna figura de la abuelita que le sirvió un vaso de agua fresca con tanto cariño; pero aún le duele la ofensiva mentada de aquel anciano malhumorado. 

Le conmueve la mirada de la anciana postrada en la cama, que le advierte su partida al encuentro con sus padres y hermanos ya fallecidos. Le brota una lágrima al recordar la sonrisa de aquel niño desahuciado a causa de su leucemia en etapa terminal. Recordar a los padres del pequeño, tomados de la mano con una sonrisa falsa, tan falsa como la esperanza de sobrevivir, hace que el joven misionero quiebre en un amargo llanto a causa de tristeza e impotencia.

Pero en su corazón escucha la voz de Aquel que puede compadecerse de nuestras flaquezas, de quien ha sido probado en todo como nosotros, menos en la impureza (Hb 4,15). De esta manera, el misionero recurre a la fe para mirar los acontecimientos desde el punto de vista de Jesús, es decir, repasa su día desde los ojos de Jesús (LF 18). Así la fe se convierte en el punto de partida para discernir el llamado de Dios. 

Pero, ¿Por qué la misión se convierte para el joven en un espacio para escuchar lo que Dios quiere de su vida? Los que conocen de la vocación dirán que Dios ha puesto en el corazón de cada joven la necesidad de responder a la alegría del amor. Solo de este modo su existencia podrá dar frutos. Yo me pregunto si el padre godínez, el operario, la madre de familia, el estudiante, el conductor, la pareja de enamorados, el adolescente reprendido, entre otros tantos, tienen la necesidad de dar frutos para encontrar sentido a su existencia. Pero dejemos en libertad a cada uno de ellos para que emitan una respuesta propia.

Volviendo al diario del joven misionero, este enfrenta el reto de reconocer la forma concreta en que Dios le llama a vivir la alegría del amor. En este sentido, la reflexión de la experiencia misionera se convierte en un espacio de discernimiento vocacional. Esto consiste en un proceso de diálogo con el Señor para elegir su estado de vida. Se comprende como un caminar en el cual Dios da luces para la elección de una vocación totalmente personal: matrimonio, vida religiosa, orden sacerdotal, por mencionar tres estados elementales. 

¿Cuál es el proceso del joven que enfrenta la misión buscando descubrir el estado de vida al que Dios le invita? ¿Cuál es la experiencia en el corazón de quien ha descubierto la vocación que Dios le invita y vive la misión desde ese estado de vida? ¿Cuál es tu pensamiento y sentimiento al llevar a cabo una misión desde la realidad en que Dios te ha puesto? 

Porque la realidad supera la idea, toda misión exige un diálogo entre la idea y la realidad. Por lo tanto, la idea se elabora, pero la realidad es (EG 231). La realidad iluminada por el razonamiento (EG 232) es la ventana para buscar atender la voluntad de Dios en cualquier estado de vida; en cualquier oficio que se desempeña para llevar el pan a la mesa; o en cualquier misión apostólica. 

De este modo, solo una misión contenida en el amor y atención al prójimo; así como las tareas más cotidianas orientadas al cuidado de quienes amamos, se convierten en el medio para escuchar el llamado de Dios que conduce a la alegría del corazón humano. 

Angel Salvador Martínez Chávez

Seminarista | 1ero. de Teología

29 Jul 2022

HELLO! 1

El inicio del evangelio de San Juan es muy peculiar, no solo por el hecho que comienza con un prólogo creado como un himno a la Palabra eterna del Padre: el Hijo, sino además porque continúa con una narración distribuida a lo largo de una semana en donde el evangelista va narrando, poco a poco, la formación de la fe de los discípulos y la creación de la Iglesia. De esta manera, la misma narración evangélica va encaminando al lector a descubrirse parte de esta nueva creación, parte de los nuevos discípulos del Señor.

Es propiamente en el tercer día (cf. Jn 1,29.35) cuando ocurre lo que se puede denominar la creación del discipulado, el llamado de los primeros tres discípulos del Maestro. Y es aquí donde me gustaría centrar la atención, en la escena de este primer encuentro, el momento fundante que cambia la vida y el destino de estos dos (o tres) hombres a partir de su decisión por seguir a Jesús.

El relato del evangelio dice: “Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan [el Bautista] y dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo: «Éste es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: «¿Qué buscan?». Ellos le dijeron: «Rabbí -que significa: Maestro-, ¿dónde vives?». Les respondió: «Vengan y lo verán». Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima” (Jn 1,35-39). La escena continúa con el momento en que estos dos nuevos discípulos del Señor llaman, a su vez, al hermano de uno de ellos (Pedro) para que se convierta, también él, en discípulo.

En esta escena podemos centrarnos a reflexionar en muchos aspectos ya que es muy rica en narrativa y detalles. Sin embargo, me gustaría centrarme en tres pinceladas particulares sobre los que considero, este relato del llamado discipular, hace un énfasis particular y peculiar.

  1. La escucha a la invitación que hace Juan el Bautista. El tercer día de la semana inicial joánica comienza con una profesión de fe de parte del Bautista: “Este es el Cordero de Dios”. Juan el Bautista ya había tenido una experiencia cercana con Jesús al ver descender el Espíritu Santo sobre Él y había dado testimonio sobre ello un día anterior (Jn 1,29-34). Esta experiencia de fe seguramente cambió el corazón del Bautista para siempre y por ello se convirtió en testigo de la Luz, pues esta Luz lo había iluminado y le había otorgado el don de la fe.

A partir de ese momento Juan el Bautista se convirtió en la voz por medio de la cual la Palabra transmitía su mensaje. Y es así como, al inicio de este tercer día, por medio de la voz (Juan el Bautista), se deja escuchar el llamado de la Palabra (Jesús): “Éste es el Cordero de Dios”. Había ahí, escuchando atentamente, dos discípulos del Bautista. Estos dos discípulos no solo oyeron lo que Juan afirmó como profesión de fe, sino que además, captaron el mensaje detrás de esas palabras. El Cordero de Dios es el único que puede salvar, es el único que puede proporcionar la salvación contra el ángel exterminador (Ex 12,5-13).

Los discípulos escucharon lo que su maestro, Juan el Bautista, proclamaba; escucharon que el único que podía salvarlos, del que proviene la vida, era Aquél que señalaba su hasta entonces maestro. Y por ello, decidieron dejarlo atrás. Escucharon la verdad sobre aquel hombre hasta ahora desconocido para ellos y decidieron aventurarse para conocerlo… todo comenzó con una profesión de fe, una declaración de intenciones, y ellos decidieron escucharla.

  • La valentía de querer seguir a Jesús. El relato continúa inmediatamente con el movimiento de los discípulos. El evangelista deja en claro que la importancia no radica en el Bautista sino en aquellos dos hombres que lo han escuchado. Y porque oyeron lo que su maestro les decía por eso pudieron reconocer en Jesús su nuevo Maestro. Nada dice la narración evangélica sobre el pensamiento de los discípulos, sobre sus dudas, ni siquiera sobre una despedida de Juan. La atención se centra en su seguimiento. Y es que en el seguimiento de Jesús hay muchos detalles, muchas situaciones que pasan desapercibidas porque el centro se convierte en el Señor. Todo lo demás es accesorio.

La narración es muy lacónica en la decisión de estos dos hombres. No explicita cuanto tiempo estuvieron detrás de Jesús, siguiéndolo. Solo expresa el hecho que habían realizado una elección de vida. Toda su realidad se había transformado por haberse dado la oportunidad de ir detrás de un hombre del cual les habían dicho era “el Cordero de Dios” el que podría salvarlos de las garras de muerte del ángel exterminador. Por eso, la importancia radica en la valentía de estos dos hombres que dejaron lo que estaban haciendo ese día para seguir a Jesús. Y a partir de ese momento nada en su vida volvería ser igual.

  • El quedarse a vivir un tiempo en donde vive el Maestro. La atención, a partir de este momento, se centrará en Jesús: él propicia el diálogo y las acciones de sus nuevos discípulos. Ciertamente no sabemos cuánto tiempo estuvieron estos dos hombres, hasta ahora desconocidos para el lector, siguiendo a Jesús. Pero, en un determinado momento, el Maestro toma la iniciativa y les pregunta sobre su actuar: “¿Qué buscan?”. Lejos de sorprenderse por el cuestionamiento de Jesús, aquellos hombres parecen determinados en lo que desean: por un lado, reconocen en Jesús su autoridad y por eso lo llaman Maestro; por otro, se descubre su decisión firme de seguimiento, pues quieren conocer el lugar donde habita Jesús.

Saber dónde vive una persona es conocer una parte fundamental e íntima en ella. En el deseo de querer conocer dónde vive Jesús, estos dos hombres no hacen sino afirmar su deseo de querer convertirse en discípulos. La experiencia en el lugar donde vive el Maestro transforma a estos dos hombres y los hace discípulos porque descubren realmente quién es ese hombre al que, por la mañana, han estado siguiendo. Lo acontecido después de ese momento: “Vengan y lo verán”, nadie lo sabe. De este suceso solo queda el recuerdo de la hora. Solo conocemos dos cosas: se quedaron con Jesús y eso los transformó en verdaderos discípulos del Señor.

La experiencia del llamado solo puede reconocerse con la experiencia de la respuesta. Solamente quién es llamado podrá responder a esta intuición cuando vive una experiencia cercana con el Maestro. Es a través de la vivencia con el Señor donde las dudas y las inquietudes se resuelven. Estos dos discípulos siguieron a Jesús y fueron a vivir un día con Él. Pero el cambio que generó en su vida fue interminable, pues a partir de ese momento nada fue igual para ellos. Esa es la experiencia de un discípulo y esa es la experiencia a la cual también a nosotros nos invita el Señor. Solo yendo y viendo donde vive el Maestro podremos descubrir por qué nuestro corazón arde dentro de nosotros cuando vamos de camino y nos explican las Escrituras y parten para nosotros el pan (cf. Lc 24,30.32).

Pbro. Lic. Jaime Jesús Garza Morales

Colegio Mexicano en Roma

11 Abr 2022

HELLO! 1

Iniciamos el momento que Jesús nos pone para acompañarlo, para estar y caminar juntos. ¿Cuántas veces hemos caminado a su paso?, ¿cuántas veces hemos actuado como Cireneo?, el mismo que le ayuda con la cruz, con miedo y sintiéndose indigno. El Señor nos invita a estar junto a Él, especialmente en estos días en que conmemoramos su pasión y muerte. Recordamos el camino doloroso que Cristo recorrió para llegar a la victoria santa a la que estamos llamados todos los cristianos.

En estos tiempos en que todo queremos vivir de inmediato, en que buscamos que el tiempo vaya más deprisa, no sabemos disfrutar de los momentos. Debemos aprender a detenernos, a descubrir este tiempo que Cristo nos brinda para vivirlo con Él, nos invita a vivir con intensidad y conciencia el momento cumbre de la Cruz, a permanecer de pie en el monte calvario y contemplar cómo Él está con los brazos abiertos para acogernos, para recibirnos y llenarnos de su amor.

Cuántas veces hemos sentido que nos caemos y no hay quién nos levante, sentimos que estamos por los suelos y no vemos el final de nuestros problemas, pero debemos tener la certeza de que es Jesús mismo quien nos ayuda a levantarnos, es Él quien se muestra como Cireneo para estar ahí a nuestro lado, para caminar junto a nosotros y así podamos seguir adelante.

La Cuaresma ha sido el tiempo propicio para poder enmendar nuestras faltas, procurar ser mejores personas y ayudar al prójimo, ahora iniciamos la Semana Santa, en estos días en que se nos invita a reconocernos necesitados de la misericordia de Dios, necesitados de la vida que solo Él nos puede dar. Solo participando de su salvación, dejando que el misterio de la Pasión del Señor transforme nuestras vidas, podremos manifestar esa ayuda y amor que provienen de Dios.

Dios nunca nos pedirá algo que no podamos cumplir, Él siempre nos dará las herramientas para poder ayudar como Él lo desea, en nosotros queda estar abiertos a todos y amar cada vez más al modo de Jesús. Nuestra fortaleza la encontramos en la cruz de Jesús, dejemos que Él transforme nuestro corazón para que sepamos ser más humanos unos con otros y mostremos al mundo el amor con el que Dios nos ha amado.

Ángel Alberto Bernal Hernández | 2º de teología

25 Mar 2022

HELLO! 1

Es en el desierto donde renacemos, es en el desierto donde podemos ver lo necesitados que somos, es en el desierto donde nuestra debilidad se hace presente, donde nos damos cuenta que somos pequeños y que necesitamos una fuerza para poder avanzar, para poder salir adelante, a flote de la autoreferencialidad.

En esta Cuaresma aún con pandemia y queriendo regresar a la vida ordinaria, nos damos cuenta que estamos caminando bajo nuestras propias fuerzas, que no avanzamos, que nuestros pasos son débiles y que quizá caminamos sin sentido, sin ninguna meta.

Nuestros ojos están cegados, caminando bajo las sombras del mundo, no nos ha bastado una pandemia sino que ahora estamos en medio de una guerra y bajo la avaricia del poder. Sin embargo, lo grandioso de todo esto es que aún estamos a tiempo de salir victoriosos, de triunfar de la mano de Dios.

En esta Cuaresma, diferente a muchas otras, Dios nos está hablando y queriendo quitarnos la ceguera y la dureza de piedra que tenemos en el corazón (Ezequiel 11, 19), solo basta aclamarlo, solo basta  llamarle para pedir su gracia, misericordia y paz para todo el mundo (cf. Jeremías 33, 3). Dios nunca nos abandona, es el hombre quien se aleja de Él, pero nunca es tarde para regresar y tomar del agua viva donde nuestra sed es saciada (cf. Juan 4, 14).

En este tiempo que aún no termina podemos tomar una dirección diferente y ver la promesa de Dios presente en nuestras vidas. Aún estamos a tiempo (cf. Joel 2, 12) de caminar bajo la protección de Dios, como aquel Pueblo que sacó de Egipto (cf. Éxodo 15).


Caminemos de la mano de José y María para poder llegar a la Pascua de Cristo y ser hombres nuevos llenos de su gracia.

Dios nos ha hablado al corazón, sigamos caminando, sigamos confiando en Él.

José Albero Pérez Estrada | Experiencia Eclesial

28 Ene 2022

HELLO! 1

Desde siempre Dios se ha ido manifestando en mi vida, a lo largo de mi infancia, mi adolescencia y ahora en mi juventud. ¡Es un don de Él que seamos agradecidos! Y precisamente con esto quiero comenzar, diciendo: ¡Gracias Señor por llamarme!

Toda vocación nace de aquella mirada llena de ternura con la que Jesús sale a nuestro encuentro, tal vez justo cuando la barca de nuestra vida estaba siendo agitada por la tormenta de la desilusión, del desánimo, del sin sentido. Pero Jesús está ahí, mirándonos fijamente (cfr. Mc 10, 21) y es una mirada que nos interpela e invita, que nos confronta y nos vence, que nos seduce y que nos llama, y nos dice: ¡Sígueme! (cfr. Lc 9, 59).       

La vocación debe convertirse, paulatinamente, en convicción y experiencia, porque la vocación la da Cristo, la vocación es nuestra relación con Él que llama a los hombres para que estén a su lado y después enviarlos a compartir que el Amor está vivo (cfr. Mc 3, 13-19). Por eso, toda vocación ha de entrañar profundamente la intimidad de la vida con el Misterio.

La respuesta al seguimiento de Jesús ha de ser asumida con libertad, sin miedo y con ánimo alegre. Sin duda, en la actualidad hay demasiadas cosas que nos inquietan, distraen y que no nos permiten prestar atención a los pequeños detalles, a los acontecimientos sencillos, a lo que se fragua en el misterio y lo secreto. Pero dentro de todo ese bullicio Dios permanece fiel, esperando las necesidades reales de nuestro corazón, y para comprender su designio de amor, es cuestión de que nosotros respondamos: ¡Habla, Señor, que tu siervo te escucha! (cfr 1Sm 3, 10).

Toda vocación implica un compromiso. El Señor sabe de qué estamos hechos, de que somos barro no se olvida (cfr. Sal 103, 14), sin embargo, Él escoge a sus amigos de entre los hombres y los constituye en favor de los hombres. Así es la acción de Dios con sus elegidos porque posa su mirada sobre el humilde y abatido que se estremece ante sus palabras (cfr. Hch 5, 1; Is 66, 1-2). Dios sabe de lo que somos capaces, por eso nos llama para poner nuestra vida totalmente al servicio del Evangelio.

El sacerdote es un Homo Dei: un hombre esencialmente de Dios. “El ministro ordenado tiene como título propio ser, no otro, sino Cristo” (Alter Christus, Fray Nelson Medina, OP). Durante estos casi ocho años de formación, mi experiencia vocacional ha sido una continua kénosis; he ido madurando gradualmente junto al Señor reconociendo mis limitaciones, pero perfeccionando mis virtudes, vaciándome para llenarme más de Él, porque Dios me llamó no para mérito propio, sino para el bien de la Iglesia, consciente desde el principio que respondí a este llamado de que, antes de ser sacerdote, debo ser testigo de su misericordia, su amor, su ternura, pues solo así mi corazón se dilatará, trasformará y configurará para ser Cristo para otros.

Y sí, “unirse a Cristo supone la renuncia. Comporta que no queremos imponer nuestro rumbo y nuestra voluntad, que no deseamos llegar a ser esto o lo otro, sino que nos abandonamos en Él, donde sea y del modo que Él quiera servirse de nosotros” (El Sello p. 56, Mauro Piacenza). Vivir la vocación no es un fastidio, sino una plenitud.

José Isabel Hernández Salazar

Seminarista | Segundo de Teología

04 Ene 2022

HELLO! 1

Estas dos palabras unidas entre sí, son la síntesis de un camino vocacional, pues cuando un joven se siente inquieto por Dios, la respuesta para que la vocación fluya es: “Sí, quiero”.

Ese “si” comienza en la infancia, adolescencia o juventud de muchos, en algunos comienza ya más tarde. Al final, el tiempo no es tan importante, lo importante es decir “Sí, quiero”.

Allí se fragua la razón, la voluntad, la libertad, el corazón; porque decir “Sí, quiero” implica conocer a quien nos llama, saber que nos llama y responder desde nuestra libertad y voluntad.

Así comienza todo, pero no solo es un “sí” inicial, el sí se va madurando, se va confirmando; va creciendo, va haciendo de la vida del joven una respuesta alegre.

Día con día lo decimos, y aunque a veces cuesta, nos negamos o nuestra fragilidad nos entristece. Sabemos que el primero en decir “Sí, quiero” ha sido Jesús cuando vino al mundo, cuando asumió nuestra carne, cuando dio la vida por nosotros.

Este “Sí, quiero” es también el sí de muchos de ustedes, de nuestros papás al darnos la vida, el tuyo al salir a trabajar, el de tu familia al luchar por la unidad, es el “Sí, quiero”  de la madre que cuida a su hijo enfermo, el “Sí, quiero” de la novia a su novio al recibir la promesa de una vida juntos.

Este inicio de año digamos también nosotros: Sí quiero a Jesús, a su Iglesia, a su amor. Digamos Sí quiero ayudar a los más necesitados, compartir el pan con quien menos tiene y hacer de nuestra vida, una vida mas cristiana, más humana, más llena del “sí” de Jesús.

Hoy vuelven los seminaristas a nuestro Seminario, tal vez para algunos costará regresar, otros regresarán con mucha alegría, otros dirán “Sí, quiero”  de una manera más sólida, la familia ayuda a fortalecer el sí; otros en 15 días la Iglesia les dirá “Sí, quiero”, al recibir nombrarlos candidatos a las órdenes sagradas, otros cambiarán de etapa de formación, allí abra otro “sí”, otros están muy emocionados porque con la gracia de Dios se acerca los días en que dirán “Sí, quiero” ser ordenado diácono o sacerdote delante del Obispo.

“Sí, quiero”, palabras tan sencillas pero tan profundas en la vida del Cristiano; “Sí, quiero”, como María al Ángel, como Cristo al Padre, como tú vida a Jesús.

¡Feliz inicio de año! Vamos adelante diciendo: ¡Sí!

Pbro. Darío Fco. Torres Rodriguez

Coordinador de Espiritualidad del Seminario Menor

Coordinador del Dpto. de Comunicación del Seminario de Monterrey

11 Jul 2016

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación.

Otro día en misiones, los seminaristas alistan sus actividades, preparan la ruta, se dividen en equipos. Don Alfonso prepara la van negra en la que llevará a todos los seminaristas a sus actividades. Antes de llegar al asilo Huitzil en la calle Dr. Coss, hacemos dos paradas para que los equipos de seminaristas hagan base en otra parroquia y salir junto con los párrocos, ministros o voluntarios a las actividades de misiones que les corresponden.

Tocamos la puerta de la casa geriátrica Huitzil, nos abre la dueña, feliz por la visita, ya tenía listos a los abuelitos en la sala. “Faltan algunos, están despertando, en un momento se los llevo”, comentó Elda Hernández.

En cuestión de minutos la sala estaba lista. “Buenos días, yo me llamo Roberto y tengo 44 años, tengo 9 años en el Seminario de Monterrey,  en dos meses seré Diácono… ¿Saben qué es un Diácono?, inició el seminarista Roberto Vantroi.

 -Es como un sacerdote- contestaron los abuelitos.

“Así es, casi-casi seré sacerdote, les pido un favor, recen mucho por mí, para que llegue ese día.”Después de Roberto se fueron presentando los seminaristas del grupo, Alejandro Cantú Saénz de 30 años, Luis Montes de 17años y Francisco de la Cruz Hernández de 16 años, “-ah el bebé”- dijo un abuelito.

 “Hoy venimos aquí para acompañarlos, compartir y aprender juntos. Estamos en misiones, y queremos transmitir en estos día la importancia de las vocaciones, no solamente de las monjitas y los sacerdotes, hablar de vocaciones es hablar también de laicos consagrados y por supuesto del matrimonio.

Hablar de vocación es decir: Dios te llama, escúchalo. Queremos pedirles un gran favor, queremos que nos ayuden en esa misión otra parroquia y salir, queremos que nos ayuden en esta misión, ayúdenos con su oración, ofrezcan su dolor, su soledad, sus alegrías, su día… pedir por los jóvenes para que puedan escuchar a Dios y encuentren su vocación.

La oración es tan poderosa, que aunque tu reces por alguien que no conozcas, que no veas, Dios si escucha y manda tus bendiciones a quien lo necesita. ¿Qué dicen?, se suman al grupo de personas que rezamos unos por otros”.

Roberto siguió hablando a los abuelitos, los demás seminaristas preparaban las bocinas, platicaban con ellos, les ofrecían agua o los ayudaban a ponerse más cómodos. Todos estaban atentos al momento, al mensaje que Dios les había llevado a voz de los seminaristas.

“Nunca te sientas solo, nunca te sientas inútil, nunca… nunca estamos de más. Nuestra vida tiene sentido, eres un don para los demás, Dios te necesita, eres un regalo para cada uno de los que te rodean. Nuestra presencia es un regalo, para los demás. Cada uno decide si regala una sonrisa o una cara triste. Su vida aquí tiene un sentido… Ofrece esta etapa, la vejez, puede ser una etapa pesada, pero ¿saben?, es también la más hermosa por que estamos cerca de llegar con Dios.

Ayúdenme a transmitir a los jóvenes la alegría de la vejez. ¿Quieren cantar?”.

Y el canto se convirtió en alabanza, en entrega, en una hora llena de alegría y recuerdos. Los abuelitos cantaban y tarareaban, seguían el ritmo, algunos con manos temblorosas y ojos húmedos. Después de cantos cristianos, llegaron de invitados Pedro Infante, José Luis Perales, Napoleón, Marco Antonio Solís y hasta la de ‘la mochila azul´.

Los pasos de baile no faltaron, hasta las sillas de ruedas se mecían al ritmo , incluso doña Paulita de 95 años, desde su sillón tuvo su turno para bailar con el seminarista Alejandro.

La visita terminó en concierto de alegrías, sonrisas y abrazos, ‘abracémonos a nuestra vida, reconciliémonos y amemos a Dios.’

Este es una breve reseña de tan solo una actividad en los días de Misiones de Verano 2016, como esta, durante tres semanas desde que amanece hasta que anochece los seminaristas del Seminario de Monterrey estarán tocando los corazones de niños, jóvenes, matrimonios, enfermos y abuelitos en 10 Decanatos de la Arquidiócesis de Monterrey.

DA CLICK AQUÍ PARA VER LA FOTOGALERÍA

05 Jul 2016

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación

El pasado 02 de Junio, los seminaristas terminaron un semestre más en su formación. Para lo que la mayoría de los estudiantes significa descanso, vacaciones y diversión, para los jóvenes con vocación sacerdotal el verano es un tiempo formativo en donde pueden compartir su vocación en Misión de Verano que se organiza en las Parroquias de la Arquidiócesis de Monterrey.

Este año, dichas misiones tienen un objetivo muy específico, llevar el mensaje de la vocación a todas las comunidades, un proyecto que durará tres años y que buscará abarcar todos los decanatos de nuestra Arquidiócesis.

Los más de 120 seminaristas del Seminario de Monterrey estarán del 4 al 23 de julio atendiendo en los 10 Decanatos de la Arquidiócesis a más de 63 Parroquias, con actividades que van desde horas santas, rosarios, retiros con jóvenes, visitas a enfermos, hasta apoyo social con limpieza de parques o pinta de bardas y colegios, todo ello buscando compartir la alegría de la vocación.

DECANATO SAN ANTONIO DE PADUA. COLONIA PROGRESO.
UN ROSARIO POR LOS ENFERMOS.

Eran las 10:15 am, los seminaristas esperaban ansiosos llegaran los invitados al rosario por las calles de la Colonia Progreso. “Vamos a esperar diez minutos más” comentaba Charlie, seminarista de Primero de Teología.

Los 10 minutos se hicieron 20 y los centígrados subían sin clemencia.

El equipo de seminaristas empeñados en cumplir su actividad cambiaron el destino: “Vamos a la clínica 17, hagamos el rosario con los familiares de los pacientes”.

En una mini procesión de la parroquia a la clínica, avanzaron con rosarios en mano hasta llegar a la sala de espera de consulta en la recepción, se sentaron frente a no más de 5 personas, “Venimos hoy a acompañarlos espiritualmente con un rosario por sus enfermos, quienes quieran acompañarnos son bienvenidos”.

Con fe las personas cercanas comenzaron a nombrar a sus familiares, todos pedían desde el corazón por la salud de quienes se encontraban hospitalizados o quienes esperaban un diagnóstico, a la lista se sumaron los nombres de quienes se encontraban por ingresar a urgencias.

El rosario comenzó sutil en medio del ruido habitual, el abrir y cerrar del elevador y la mirada extrañada de quienes pasaban con prisa. Los Ave María y los Padre Nuestro comenzaron como un susurro y conforme avanzaba cada rezo incrementaba la fe y la cantidad de personas, poco a poco se fueron incorporando intensiones y voces, a tal grado que el coro del rosario era ahora más fuerte. Ojos cerrados y almas abiertas fueron dejándose llevar por la fe y la esperanza en Dios.

Antes de finalizar con una bendición a los presentes, el Diácono Israel Gómez quien será ordenado sacerdote el próximo 16 de Agosto les dijo: “Aprovechen este tiempo de dolor para acercarse a Dios, ofrezcan este tiempo con sus familiares, el tiempo que ofrezcan aquí el Señor se los recompensará”.

DA CLICK AQUÍ PARA VER LA FOTOGALERÍA

21 Jun 2016

HELLO! 1

Mirarán al que traspasaron.

La Ordenación sacerdotal es un suceso alegre para toda la Iglesia y nuestra Iglesia de Monterrey se llena de gozo porque el domingo 19 de junio recibimos a un nuevo sacerdote quien fue ordenado en la Catedral de Monterrey por nuestro Arzobispo Mons. Rogelio Cabrera.

Partiendo de las lecturas del día Monseñor Rogelio indica cuál es el camino del sacerdote: mirar al que traspasaron, seguir el camino del crucificado. Este camino pudiera parecer en contra de cualquier deseo humano, quien a simple vista prefiere el camino doloroso al camino de la fama. Pues precisamente el Cristiano y el Sacerdote están llamados a seguir la misma suerte del maestro. Al final de la homilía se dirigió a Rodrigo y le dio un consejo para su futuro Ministerio: “Rodrigo, toda tu vida mira a Jesús, míralo en profundidad”.

Concluyendo la homilía prosiguió al rito de la Ordenación Sacerdotal, momento que vivió profundamente tanto la familia, los sacerdotes y todos los que lo acompañaban, ya que es una alegría y bendición contar con un nuevo sacerdote para nuestra Iglesia.

¡Felicidades Padre Rodrigo!