17 Oct 2025

HELLO! 1

Vengo de una familia practicante y de una educación del Opus Dei en el Liceo. Gracias a ello conocía a Dios en la teoría, pero fue al integrarme a los grupos juveniles de Corpus Christi que lo empecé a conocer vivo, ardiente, en la alegría, en la gente. Aprendí que a Jesús le puedo hablar como a mi mejor amigo y comencé una relación real con Él.

En la pandemia me invitaron a coordinar Cate, y me enamoré de la vida parroquial. Ese mismo año me enteré que mi hermano se había unido a una comunidad cristiana casi sectaria, y falleció mi papá. Se me movió el tapete y empecé a cuestionar mi fe, lo que me impulsó a investigar más sobre ella y a unirme mucho más a Dios.

Inicié Arquitectura en la UDEM y regresé a misa diaria. En una junta de Cate me llamó la atención la vida franciscana. Empecé a consumir contenido católico como Aquinas 101, Fr. Mike Schmitz y Bishop Barron. Me seguía formando, iba a retiros de silencio de la Obra y participaba activamente en la parroquia. Luego me invitaron a coordinar Fiat; cantar en Misas y Horas Santas se volvió de mis actividades favoritas y comencé a componer mis propios cantos. Inspirado por San Ignacio, San Juan Bautista y San Francisco, tomé la decisión de vivir más austeramente, más desprendido de mi imagen y pertenencias.

Vivía intensamente y enamorado de Cristo, de mi carrera y de la vida. “No me falta nada”, pensaba, hasta que el Señor decidió mostrarme la única perla que me faltaba, la más preciosa: Él mismo. Para obtenerla, tendría que vender todas las demás. Esta realización sucedió el 15 de octubre de 2022, en una peregrinación. Fue al conversar con el P. Jesús Treviño y al hacer oración en el silencio de la montaña, que pude sentir esa claridad, paz y alegría que Dios le da al que hace su voluntad al considerar que quizá Dios me llamaba a entregarme enteramente a Él en el sacerdocio. Esa tarde en Misa, Jesús me hizo reconocerlo a Él como mi mayor anhelo. Sucedieron tantos signos que no ya me podía “sordear”. Fue entonces que al comulgar, miré la cruz fijamente, y le pregunté: “¿Qué quieres de mí?”, y yo escuché: “Yo te quiero todo a ti.”

Después de un camino de oración y discernimiento con ayuda de varios sacerdotes, descubrí que Dios no me llamaba a la vida religiosa, sino al sacerdocio diocesano. Hoy estoy en mi tercer año de formación, primero de discipulado. Me siento feliz; creo que Dios me llama a seguirlo y a estar con Él, y sigo buscando su voluntad día con día.

Seminarista José Emilio Villarreal de la Garza

10 May 2024

HELLO! 1

Hola, mi nombre es Reyna Reyna Reyna y estoy casada con Francisco Barbosa Rocha, llevamos 31 años de casados. Tenemos tres hijos: Francisco, Mario Ernesto y Juan José que por gracia de Dios fue ordenado sacerdote el pasado 15 de agosto del 2023; a continuación, les platicaré un poco de cómo Dios se fue manifestando en nuestra familia a través de señales que se fueron dando en el caminar de Juan José.

Yo creo que la vocación de Juan José se fue manifestando de diferentes maneras o dando diversas señales a través de su vida hasta llegar a su Ordenación. Fui una mujer educada en la fe por mis padres y ellos tenían una gran fe en la Virgen de San Juan de los Lagos y era muy común para mí que me llevaran a visitarla con frecuencia, ya que ellos platicaban de experiencias muy hermosas gracias a su valiosa intercesión.

Mi madre nos decía a mí y mis hermanos, que mis abuelos le pusieron el nombre de Juanita por una manda que le prometieron a la Virgen, para que le diera su salud por lo prematuro de su nacimiento y mi papá nos platicaba que a él se le aparecía cuando era niño y que le daba miedo cuando eso sucedía, ya que no sabía quién era, cuando él se da cuenta y razona quién es dijo; creciendo te iré a visitar. Es por ello que yo conocí a la Virgen de san Juan de los Lagos, si no mal recuerdo, fue la primer Virgen que conocí y mi fe fue creciendo para con ella.

Creo firmemente en que son llamados desde el vientre, una de las primeras señales fue cuando tenía unos 4 meses de embarazo, anualmente se organiza la visita de la Virgen de San Juan de los Lagos y siempre como familia asistimos. En aquella ocasión tocó la visita de la Virgen Peregrina a Monterrey, en una de esas ocasiones que vino yo me encontraba embarazada de Juan José y tenía amenaza de aborto, ya que habíamos perdido una bebé antes que él, por lo consecuente este embarazo era de alto riesgo.

Al entrar al templo a visitar a mi Madre Santísima, mi vientre empezó a aumentar de volumen y nos asustamos ya que era muy doloroso y no me dejaba caminar, eran las típicas contracciones, al darse cuenta mi esposo me dice: vámonos a urgencias (por lo vivido en el embarazo anterior) y la verdad ya solo faltaban unos pasos para llegar a la imagen y yo le respondí; déjame llegar, y me llevas.

Al llegar a la imagen me lleve una sorpresa, nos santiguarnos, dimos gracias y al momento de retirarnos mi vientre volvió a su tamaño normal sin poder explicar lo que había sucedido con toda esa molestia y desapareció en segundos, después de mucho entiendo el primer mensaje o señal que nos enviaron, que “fuiste elegido desde el vientre”.  Esto sucedió en Julio 1996 en la Iglesia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos que esta ubicada en la colonia Martínez en Monterrey, N.L., inclusive ahí fue bautizado al año de nacido.

Y así fueron pasando los años donde Dios a través de María Santísima me daba señales de que el camino de mi hijo podría ser muy diferente.

Juan José nace prematuro y su maduración para caminar y hablar fue diferente a la de sus hermanos. Él desde los dos años tuvo asesoría psicológica y llevaba su terapia de lenguaje. El psicólogo alguna vez me dijo en una de las consultas; el niño me ha salido en una prueba que él es un líder nato, que él había nacido líder y que este niño viene a mover masas, multitudes, prepárate porque te va a volar muy chico del nido, no sé si se te va a casar, se va a estudiar fuera de la ciudad, no se la verdad, pero no será alguien común.

Mi hijo entró al Seminario de Monterrey a los 17 años y recordé mucho las palabras del psicólogo. En referente a lo de mover masas me dijo,  tal vez sea algún político, maneje su propia empresa y me dio varios ejemplos, pero nunca de que sería sacerdote, porque un sacerdote es guía, líder, mueven masas, etc…

Otra señal fue cuando cursaba el catecismo y nos causó gracia en su momento. Le pusieron una actividad que hablaba del pecado y le dieron un dibujo para que lo coloreara y escribiera uno de sus pecados.  Cuando voy y lo recojo me enseña el dibujo y yo le dije que la actividad la había echo mal porque era escribir un pecado y no absolver al pecado y la respuesta inmediata fue: “No mamá yo voy hacer el que los perdone” y hoy después de tanto tiempo veo a mi hijo administrando el sacramento de la reconciliación como alguna vez lo dijo en el catecismo.

El 9 de Junio del año 2014 a mi hijo le marcan por teléfono para que fuera al Centro Vocacional por su respuesta para ingresar al Seminario, recuerdo que cuando íbamos de camino, le pedí al Señor que me diera una señal para saber si verdaderamente era su camino y me respondió inmediatamente cuando mi hijo me dice; Sí me aceptaron en el Seminario.

Desde ese momento entendí y le dije al Señor nuevamente; es todo tuyo, haz tu obra en él. Después de casi 10 años mi hijo es ordenado sacerdote. También algo que siempre se le dijo a Juan José, es que el día que el decidiera salirse nunca pensara en el qué van a decir nosotros como familia, su comunidad, sus amistades, etc… Que esa decisión la tomara solo él con Nuestro Señor, que siempre como familia lo vamos a apoyar inclusive ahorita que es sacerdote, porque le digo: tú vas a curar almas y tus hermanos el cuerpo, pero una cosa si el alma no está tranquila el cuerpo no va poder sanar.

Desde ese momento fue un apoyo incondicional a él y su grupo de compañeros, ya que ellos se convierten en una extensión de la familia orando y pidiendo día a día que de verdad esa fuera su vocación y si no era, que los guiara y la encontraran. He visto que muchos compañeros de mi hijo que pasaron por el Seminario, en el trascurso de los años se siguen frecuentando por aquella amistad y ese mismo sueño que lo unió estando dentro del Seminario.

Los sentimientos que yo tengo como mamá de un sacerdote no lo puedo explicar, porque son muchas emociones encontradas, todo esto me lleva a poder compartir la gratitud de la vocación que Dios le ha dado a mi hijo. Doy gracias por todo lo que he recibido de Dios y estoy muy agradecida con todos aquellos que tuvieron que ver en la formación de mi hijo, desde la terapia que empezó a muy temprana edad, hasta la culminación de sus estudios en el Seminario de Monterrey. A la edad de 26 años mi hijo fue ordenado sacerdote y agradezco a todos por aportar su granito de arena para que él llegará a hacer lo que él soñaba ser: Sacerdote para siempre.

Reyna Reyna Reyna

Mamá del Pbro. Juan José Barbosa Reyna

15 Mar 2024

HELLO! 1

La primera vez que conocí Sl Seminario yo tenía 11 años, fue el día en que mi primo Luis Andrés ingresaba a la formación sacerdotal y quedó grabado en mi memoria. Observé ese lugar tan enigmático para un pre adolescente; sus largos pasillos, los murales y vitrales, el ambiente de alegría e inquietud de todos los jóvenes que iniciaban su formación, los jardines, las canchas deportivas y la multitud de gente que nos disponíamos a celebrar la eucaristía de apertura del ciclo escolar 1989-1990, ese día inició mi historia vocacional.

La inquietud por ser sacerdote no solo se presentó ese día, sino en muchas ocasiones posteriores en que, como familia, asistimos a convivencias y obras de teatro que ofrecía el Seminario con ocasión de fiestas patronales y posadas, en ellas resonaba en mi mente la frase: “ven y sígueme”. También, en muchas de esas ocasiones yo me trataba de convencer a mi mismo de que quizá me equivocaba al sentir “algo”, y continuaba mi vida en los grupos parroquiales, o bien, en el colegio, en la prepa y después realizando mis estudios profesionales.

En todo ese recorrido, desde los 11 hasta los 22 años, participé en retiros de los grupos juveniles de la parroquia Corpus Christi en Monterrey; también fui de misiones a la Sierra de Durango con un grupo llamado Emaús, conformado por amigos que éramos exalumnos Lasallistas; participé en fiestas y reuniones juveniles, fiestas de universitarios, congresos y eventos culturales. Viajé al extranjero para estudiar inglés, en donde tuve la oportunidad de conocer gente de todas partes del mundo, pude apreciar sus puntos de vista y dialogar con apertura y tolerancia, pero en todos esos momentos permanecía la sensación de que Cristo me estaba preparando para algo más. También tuve buenas amigas con las que, en diversas ocasiones, pude experimentar una relación recíproca de compartir lo más profundo de mi ser y recibir lo más profundo de su ser.

El año de 1999, el Padre Héctor Pérez, hoy obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México, nos hizo una invitación a algunos amigos y amigas, para asumir la coordinación de un grupo de jóvenes catequistas en Corpus. Ese fue el año de la decisión. La experiencia de que un presbítero depositara en nosotros la confianza de organizar la catequesis infantil, fue crucial, me inspiró y me dio luces para responderle a Cristo que me había estado invitando a seguirlo. También me impulsó la decisión de otro de mis primos, José Luis, quien en ese momento estaba a punto ingresar al Seminario. Por ello, en el año 1999-2000, me decidí a vivir el proceso vocacional, dejando que el Espíritu Santo me iluminara.

El Seminario fue una época maravillosa de crecimiento personal, descendí a las profundidades de mi historia, toqué mis heridas, vi resurgir cualidades enterradas, tuve grandes amistades, algunos hoy son sacerdotes, otros buenos laicos de parroquia, todos brindándome la oportunidad de crecer. Esto me configuró y me preparó para iniciar la vida como presbítero el 14 de agosto de 2010, día en que recibí el orden sacerdotal con el rostro lleno de ilusión, con las ganas de seguir a Cristo siendo signo de su presencia vivificante, ahí mismo fui nombrado vicario parroquial de la parroquia Santa Catarina Mártir, la cual fue mi segunda escuela de formación, y en la que junto con la comunidad viví una infinidad de experiencias que forjaron mi carácter en la caridad pastoral.

Después, la experiencia de estudios en Roma, por la cual estoy profundamente agradecido, significó no solo la especialización de contenidos académicos sino una experiencia eclesial internacional de gran valor.

Posteriormente, los años que tuve la oportunidad de colaborar en la formación en el Instituto de Teología y más delante en el Seminario Menor, fue intensa en cuanto fraternidad sacerdotal y amistad vocacional, mientras que durante los años en los que fui enviado a realizar estudios de doctorado a la Universidad Pontificia de México y mi colaboración acompañando a Mons. Alfonso Gerardo Miranda Guardiola en la CEM (Conferencia del Episcopado Mexicano), pasé por momentos de concentración y silencio, de escucha y atención a la voz de los señores obispos, así como de colaboración y comunicación en foros a nivel nacional, todo ello provocando en mi la necesidad de dejar en manos de Dios los factores que no puedo controlar y dedicarme a realizar lo mejor posible lo que sí está en mis manos realizar.

Después, don Rogelio me dio la oportunidad de concentrarme, durante un semestre, exclusivamente a terminar mi tesis doctoral, habitando en la residencia sacerdotal de la UIC, con los Misioneros de Guadalupe. Esta experiencia fue nutrida de fraternidad y amistad sacerdotal, pero también de arduo trabajo de redacción y revisión de mi investigación.

Más delante, hacia junio de 2022, terminé mi tesis y fui nombrado vicario parroquial de la parroquia universitaria San Juan Bosco. Durante este tiempo defendí la tesis, viví un sinfín de experiencias que me ayudaron a tocar la realidad en los ambientes universitarios, así como del ambiente eclesial resultado de la post-pandemia, y tuve nuevamente la oportunidad de construir lazos de amistad con mis hermanos sacerdotes compañeros de residencia, Alex y Edgar.

Finalmente, en marzo de 2023, don Rogelio me comunicó que sería enviado de nuevo al Seminario Mayor de Monterrey para servir a los seminaristas como acompañante espiritual. Esto, por supuesto que me agradó, pero debo admitir que también me produjo cierto sentimiento de inestabilidad, así, ahora me encuentro ya estabilizado sirviendo como padre espiritual en el Seminario Mayor. En todo este caminar vocacional ciertamente ha habido momentos difíciles que han exigido fuerza de voluntad, pero ha abundado más la alegría de saber que estoy con Él, el Maestro, el Hijo de Dios, quien me ha dado una nueva vida, cada día me reconcilia con mis fragilidades y me da nueva fuerza para servir a su pueblo.

Pbro. Jesús Treviño Guajardo

Coordinador de la Dimensión Espiritual del Seminario de Monterrey

y Director Espiritual de la Etapa Configurativa

16 Feb 2024

HELLO! 1

Una de las frases que me gustan de la Sagrada Escritura es esta:“El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros y estamos alegres” (Salmo 125). Porque siento que Dios ha sido bondadoso conmigo, y no hay otra manera de manifestarlo que en el servicio a los demás, y con una sonrisa.

¡Hola, qué tal! Mi nombre es Karlos Cristian Ortiz González, tengo 29 años, y estoy de experiencia eclesial en la parroquia San Juan Bautista, en García, Nuevo León. Lugar donde he estado muy contento y alegre porque Dios se manifiesta de una manera inconmensurable hacia mi persona, y donde puedo descubrir la mirada de Dios con misericordia por la gente que me rodea. Expreso mi agradecimiento y alegría por poder compartir mi testimonio vocacional con todos aquellos que leen este blog de nuestro querido Seminario Arquidiocesano de Monterrey.

En primera instancia, es necesario partir que mi deseo de querer ser sacerdote nació por la entrega generosa y la experiencia de vida de mi párroco. Esa alegría que manifestaba al atender diariamente a los fieles que a él acudían, cómo celebraba los sacramentos, era algo inexplicable por lo que al ver su alegría por las cosas de Dios, me gustó demasiado que tomé la decisión de entrar al Seminario.

Después de un tiempo de estudio y oración, en la etapa de Configuración; los seminaristas somos enviados a realizar un año de servicio que se llama: “Experiencia eclesial” o “Magisterio”, un encuentro fuerte con Dios a través de su Iglesia ya sea por una pastoral en específico, o en mi caso una comunidad parroquial.

Este año de servicio pastoral he podido experimentar esa alegría por la cual me enamoré por las cosas de Dios. Y tal vez te estés preguntando ¿Qué actividades realizan los seminaristas durante este año?

Principalmente, la atención a las personas en los diferentes carismas que tiene nuestra Iglesia. He podido constatar que me encuentro en una parroquia verdaderamente misionera. La extensión territorial de la parroquia es extensa, cuenta con realidades diversas, rurales y urbanas. Son aproximadamente 58 comunidades, donde mi tarea principal es apoyar al párroco en lo que se me encomiende como organizar actividades pastorales, celebraciones de la Palabra, atender y formar al grupo de monaguillos, lectores y jóvenes entre otras acciones pastorales.

Este año de servicio, es un tiempo formidable para ir a la raíz de nuestra vocación, es meditar sobre el futuro ministerio sacerdotal; significa aprender de nuestros párrocos que con sus experiencias nos invitan a reflexionar y aceptar con madurez los retos que representa el llamado al sacerdocio en este contexto actual.  Aprovecho para agradecerle a mi párroco, que con su testimonio y acompañamiento ha ayudado en mi camino de formación.

Son tres acciones en síntesis, acompañar a los grupos, ayudar en las actividades en la parroquia y aprender a amar a Dios en medio de su Iglesia y a través de ella. Cada una de estas acciones representa un papel fundamental en mi historia vocacional, pues al trabajar con niños, adolescentes, jóvenes y adultos puedo hacer mías las palabras del Salmo 125,  de la cual me siento llamado: “A estar alegre porque este año en García, Dios ha hecho grandes cosas conmigo”.

Karlos Cristian Ortiz González

Experiencia Eclesial

Parroquia San Juan Bautista, García., Nuevo León

02 Feb 2024

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En ciertas ocasiones le cuesta al ser humano aceptar su realidad y atender un llamado, esto lo digo porque fue lo que me pasó. Siempre fui un joven de grupos parroquiales por lo que estaba en actividades y demás cosas que esto conlleva. En mi parroquia, Santa María Goretti se estaba desarrollando el grupo llamado “Cristeros” y durante ese proceso fui invitado a ir a Sahuayo, Michoacán con el motivo de la canonización de San José Sánchez del Río quien es el patrón de los grupos de cristeros.

En este viaje me tocó visitar una comunidad que recibía la Santa Misa una vez al mes, lo cual se me hizo raro ya que en mi parroquia la Eucaristía es diaria en la mañana y en la tarde, y los fines de semana en distintos horarios, yo aún no caía en cuenta de la falta de sacerdotes que hay y de la escasez de vocaciones sacerdotales.

 Cuando regresé del viaje, llegué impactado a platicar lo que había sucedido con mi familia y con mi párroco, el Pbro. Felipe de Jesús Sánchez Gallegos; y al tener presente esa inquietud vocacional comencé a preguntarme si la vida del Seminario era para mí.

Después de tanto pensar y cuestionarme al llamado que había sentido, me acerqué al Centro Vocacional donde mi acompañante espiritual, el Pbro. Alberto Estrada, junto con el equipo de seminaristas me ayudaron a tener un discernimiento y tomar una decisión.

Desde que entré al Seminario he podido ver el amor incondicional de Dios en mi vida con mis compañeros en el día a día, en el deporte, en los momentos de espiritualidad, en el apostolado, incluso en los aseos y es que en esta etapa en que estoy de formación me he sentido con un gran gozo al reconocer a Cristo en mi camino vocacional. Durante este discernimiento, el Señor no me deja de llamar cada día a entregarme y con gran alegría le respondo con mi vida.

Hay dos cosas que me han quedado claras; primero, el atender al llamado de Dios, porque Él es quien nos hace la invitación a esta vocación tan hermosa, nos muestra su amor inefable sin límites, sin barreras, se entrega de todo a nosotros, es ahí donde llegamos a un punto en el que no nos podemos hacer para un lado y respondemos. Tal vez le saquemos la vuelta un par de veces, pero no podemos hacer eso para siempre. Lo segundo es, que Dios se hace presente de diversas formas, se hace presente en las personas, ya sea por un comentario, una oración, en el diálogo con el prójimo, en una frase de ánimo o en el convivir con los sacerdotes, escuchando sus anécdotas que te llenan de fuerza para continuar.

Muchas veces dude del llamado de Dios, he llegado a experimentar miedo, desconcierto, incertidumbre, pero he aprendido a dejarme caer en las manos de Dios, a saber que debo de dejarme moldear por los sacerdotes formadores e ir poco a poco configurándome con Cristo Buen Pastor, que Él es quien guía mi llamado en la medida que yo se lo permita.

José Genaro Pérez Sánchez

Seminarista | 2do Año de Curso Propedéutico

26 Ene 2024

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Desde el Antiguo Testamento el fundamento del sacerdocio se da mediante la mediación, es decir, el sacerdocio levita siempre encontraba su misión en el ofrecimiento de los sacrificios a Yahvé, Dios. Esto siempre para poder encontrar misericordia o favor por el pueblo escogido. Además, dichos sacrificios -al menos en tiempo de Jesús- encuentran su sentido en el Templo de Jerusalén.

Podemos darnos cuenta que Cristo no ofreció un sacrificio común,  ni siquiera fue en el Templo. De modo que, ante la Antigua Alianza, Jesús no tiene ni el linaje (Levita), ni tampoco ofrece un sacrifico ordinario y tampoco es en el Templo.

Entonces ¿Dónde encontramos que Jesús es sacerdote? En el Nuevo Testamento, el único libro neotestamentario donde encontramos a Cristo Sacerdote es en la Carta a los hebreos. Dicha carta es fundamental en este tema, estamos ante una comunidad de judíos convertidos al cristianismo que comienzan a perder un poco el rumbo, por lo tanto es importante recordar que Cristo es aún más que Moisés (Hb 3,3) y los ángeles (Hb 1, 4). La superioridad es porque Dios lo ha constituido mediador entre Dios y los hombres. Pero, ¿Por qué Cristo es el nuevo y único mediador entre Dios y los hombres?

Esto es, porque Cristo ha asumido nuestra carne humana, ha tomado nuestra naturaleza; pero, no como una realidad a medias, sino de manera completa. De hecho Aquél que no es pecador se convierte en pecado (Flp 2, 8-9) para que así, podamos recobrar nuestra dignidad de hijos de Dios (CEC 460) y poder llegar a nuestra Patria Celeste, nación a la que todos nosotros pertenecemos al ser coherederos de Dios.

Cristo no es constituido sacerdote por sí mismo, quien lo constituye es el mismo Padre (Hb 5, 5-6). Ya que lo ha enviado a nuestro mundo para poder asumir nuestra condición, ser consciente de nuestra vida para acercar la divinidad a nuestra humanidad (San Irineo, Adversus haereses, 3, 19, 1: PG 7, 939) y así, en el cumplimiento de la voluntad del Padre, Cristo se ofrece como sacrificio agradable a Dios en favor de la redención del hombre.

Desde este punto damos un paso más adelante. Ya hemos contemplado que Cristo no es sacerdote como los de la Antigua Alianza ya que no ofrece un sacrificio en el altar del Templo y tampoco tiene la ascendencia sacerdotal, es decir, no tiene por herencia sanguínea el sacerdocio. Pero, es el Padre quien lo ha constituido, esto lo ha hecho en favor de nosotros -sus hijos- para que Jesús al ofrecerse logre la expiación de los pecados algo que los sacrificios de la Antigua Alianza no lograron nunca.

La ofrenda de Cristo es Él mismo, que se entrega en el altar del madero de la cruz, lugar desde donde ofrece al Padre su sangre de cordero inmolado (Jn 1, 29) en favor de nuestra redención, es decir, por el perdón de los pecados. Es así que, Cristo en este sacrificio suyo en la cruz, instituye a su vez un nuevo sacerdocio. Una nueva mediación entre Dios y los hombres.

En la Carta de a los hebreos del Nuevo Testamento encontramos un resumen de todo lo que ya he comentado:

“Todo sumo sacerdote está tomado de entre los hombres y constituido en favor de la gente en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Es capaz de comprender a ignorantes y extraviados, porque también él se halla envuelto en flaqueza; y, a causa de la misma, debe ofrecer por sus propios pecados lo mismo que por los del pueblo. Y nadie puede arrogarse tal dignidad, a no ser que sea llamado por Dios, como Aarón. De igual modo, tampoco Cristo se atribuyó el honor de ser sumo sacerdote, sino que lo recibió de quien le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy” (Hb 5, 1-5).

Es Cristo quien por su Encarnación toma nuestra naturaleza (Jn 1, 14) comprendiendo nuestra esencia humana al experimentarla en su vida terrena. Es el Hijo de Dios constituido sacerdote por el Padre al enviarlo y en el cumplimiento de su voluntad al ofrecerse como sacrifico expiatorio por el perdón de los pecados de todos nosotros. De modo que, Cristo es sacerdote de la Nueva Alianza, al ofrecerse como sacrificio agradable al Padre, un sacrificio efectivo y único, el cual nos ha comprado con su sangre en favor de nuestra redención.

¿Dónde entran los presbíteros y obispos que participan del sacerdocio ministerial? Hemos dicho que el único sacerdote es Jesús, pero, aquellos que por la imposición de las manos de los sucesores de los apóstoles y la oración consecratoria, participan de este sacerdocio ministerial de Jesús. Ya hemos visto la semana pasada que, el sacerdote encuentra su santidad en la fidelidad que le tiene a Dios, para así amar más a su Esposa, la Iglesia. Nuestros sacerdotes, por tanto, al participar del sacerdocio de Jesús, son también mediadores entre Dios y los hombres, esto, en cuanto que obran en la persona de Cristo cada que participan del misterio salvífico en los sacramentos.

El sacerdote en la misa, no es que ofrezca un nuevo sacramento, no es que aquel sacrificio de Cristo en la cruz no haya valido. Es el mismo sacrificio que se ofrece, es una actualización que nos hace vivir la gracia santificante y siempre actual de parte de Dios. Al recordar aquellas palabras de Jesús en la última cena, mencionadas por el sacerdote en la persona de Cristo en la misa, nos transportamos al tiempo de Dios, nos movemos entre en la humanidad y la divinidad, al tocar nuestra humanidad la divinidad plena de Jesucristo, Hijo de Dios.

Por eso es sumamente importante el sacerdocio, ya que nuestros sacerdotes son mediadores, puentes que nos llevaban a Dios. Tan necesaria es la mediación que Cristo ha querido que su sacrificio y mediación se actualice en hombres que Él mismo ha llamado para que; primero estén con Él y después para santificar el pueblo de Dios. Dicha mediación de nuestros sacerdotes no es algo que pretenda ser individualista o de origen personal, sino, es por la comunidad y siempre obrando en la Persona de Cristo, toda la potestad sacerdotal que ellos tienes es para poder guiar al pueblo santo de Dios, confeccionando el sacrificio de Cristo en su Persona en favor de todos los coherederos del Reino (Lumen Gentium10).

Jesús Humberto Vega Reyes

Seminarista | 3ero. de Teología

19 Ene 2024

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Actualmente, en los estudios teológicos los rasgos de identidad sacerdotal – presbiteral están adquiriendo una relevancia impresionante, por los que se han determinado diversas características, en las que tratan de definir la identidad del ministerio sacerdotal. Por citar un ejemplo, los rasgos de identidad y espiritualidad sacerdotal mencionados en la Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis del Papa san Juan Pablo II son: cabeza, pastor, siervo y esposo. Dicho documento afirma que «el sacerdote, en cuanto representa a Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, se sitúa no solo en la Iglesia, sino que también al frente de la Iglesia, […] el ministerio del presbítero es totalmente al servicio de la Iglesia, […] el sacerdote ministro es servidor de Cristo presente en la Iglesia misterio, comunión y misión» (PDV 16).

Sin embargo, en la Sagrada Escritura, la Carta a los Hebreos, utiliza dos características, por las cuales no solo describe la funcionalidad del presbítero; sino que, hace una definición identitaria de lo que todo sacerdote ha de ser; «sacerdote misericordioso y fiel»  (Heb 2, 17a) .

El presbítero que se identifica con estos rasgos que el autor sagrado nos comparte, es un sacerdote que se visualiza como mediador, puesto que, es un hombre tomado de entre los hombres, para ser misericordioso entre sus hermanos y fiel a Dios. La mediación le es participada del único Mediador, Jesucristo.

La importancia de la mediación en Jesucristo, el Hijo de Dios, radica en que no solo es revelador, es redentor, es decir, salvador es en la mediación del Hijo de Dios donde se expresa la unión inseparable de la cristología y la soteriología. El Hijo no es sacerdote desde siempre, pero si es para siempre. ¿Cómo llegó a ser sacerdote? Ofreció un sacrificio, la Encarnación es el punto de partida, mientras que la cruz lo hace sacerdote.

Lo propio del Hijo es la purificación, salvar, liberar del pecado que es una ruptura en la relación con Dios, el Hijo hace retornar un equilibrio relacional, es así que la mediación sacerdotal es el tema central en la Carta a los Hebreos, es necesario tres elementos: el ascendente; las separaciones rituales que el sacerdote ofrece a Dios, el central; el sacrificio que se admite en la morada de Dios, el descendente; los dones de parte de Dios que se trasmiten al pueblo.

El sacerdocio es una verdad antropológica, puesto que el sacerdote es un hombre, un ser en relación por la mediación se da un acceso a la realidad, también el sacerdote tiene una responsabilidad social con Dios y con sus hermanos. La relación con Dios no es posible sin la transformación radical del ser, el paso del nivel profano al nivel sagrado.  

Sin embargo, según la Carta a los Hebreos, Jesús no pertenecía a la institución, Jesús el sacerdocio lo lleva a una plenitud, el sacerdocio es un puente, es un instrumento. En Jesús no hay una separación para designar la consagración, no separación; mas bien, encarnación, Jesús pasó del sacrificio a la compasión.

Francisco Isaac Cortés Tovar

3ero de Teología

11 Ago 2023

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¡Ay de mí, si no predicara el Evangelio!

Basta con ver la desintegración familiar que repercute a su vez en la descomposición social para darme cuenta que hay mucho trabajo por hacer, para tratar de infundir en los cristianos los valores del reino, que llevan a la unidad, amor y comprensión que tanto se ocupa en nuestras familias y esferas sociales. 

“Hay de mí sino predicara el Evangelio”, citando a San Pablo; creo que el Señor nos llama a ser proclamadores de la verdad evangélica que da vida al hombre y que es luz en medio de un mundo que se pregunta ¿qué es la verdad? 

Confío que la vida de gracia, la oración, el Espíritu Santo y María nuestra Madre siempre me impulsarán para anunciar la Palabra que hemos recibido del Señor Jesús. Así como la asidua meditación de la Palabra, la vida sacramentaria y desde luego la compasión por el dolor humano que hizo decir al Señor: andaban como ovejas sin pastor.

Diác. Emigdio de Jesús Ochoa Ambriz 

Me doy cuenta de que la Iglesia hoy más que nunca, tiene una necesidad de ser primero que nada escuchada, en cada una de sus necesidades, inquietudes y sufrimientos y luego atendida por medio del acompañamiento tal y como lo hace Jesús el Buen Pastor. 

Basta ver las inquietudes que tienen muchos de los jóvenes, las familias cristianas, los presos, los enfermos y cada persona con la que nos hemos encontrado en nuestros apostolados.

Creo que algo esencial de la predicación y la comunicación del Evangelio, aparte de ser figura del Buen Pastor, es comunicar la intención de Jesús en revelarnos al Padre. Creo que la Iglesia hoy necesita creer en ello, en el verdadero rostro del Padre que nos revela Jesús, el cuál su nombre es «misericordia».

Diác. Alexis de Jesús Hernández Fuentes 

En mi último año de formación y mi año de diaconado descubrí la necesidad que la gente (iglesia) tiene no solo de ser escuchada si no también  consolada, en este último año mi trabajo de tesina trató sobre el acompañamiento espiritual a las personas en duelo, al poner en práctica la teoría descubrí esa gran necesidad que tienen las personas de ser escuchadas  consoladas y acompañadas, en las situaciones de dolor en las que pudieran sentirse abandonas es necesario hacerles saber que Dios permanece a su lado.

Creo que el mayor compromiso para comunicar el evangelio en la actualidad es hacerlo siempre desde la verdad y la caridad no podemos cegarnos ni hacer oídos sordos ante las dificultades, es necesario que como Iglesia caminemos contracorriente 

Me inspira mucho el himno de la liturgia de las horas que dice:

“Señor, tú me llamaste

para curar los corazones heridos,

para gritar, en medio de las plazas,

que el Amor está vivo,

para sacar del sueño a los que duermen

y liberar al cautivo.”

Creo que esa es la tarea y el principal compromiso de todo sacerdote.

Diác. Francisco Gerardo González Rivera 

Durante mi año de diaconado tuve la experiencia de compartir mi ministerio en la Parroquia Santa Clara de Asís, en Juárez, Nuevo León, donde pude palpar la importancia de un pastor en medio del pueblo. 

Llegaban a la oficina muchas personas a dialogar y muchas de esas veces, uno se quedaba callado y al final te agradecían por el tiempo que los escuchaste. Tenemos un pueblo muy herido y que en nosotros sus pastores no ven a la persona como tal, si no ven a Cristo quien es que los escucha y aconseja.

Dice Gaudim et Spes en el número 4: “Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza.”

Por lo que mi compromiso como sacerdote, es escuchar y no juzgar. Comprender la situación por la cual están pasando, sin importar quién sea y a ellos comunicar el Evangelio como Cristo lo hizo, con sencillez y mucho amor.

Diác. Juan José Barbosa Reyna

Descubro una iglesia necesitada de ser escuchada, al final de Misa o de la Celebración de la Palabra. Es muy común que buscan una bendición especial, porque van a salir de viaje o porque están atravesando alguna situación difícil en la familia. Buscan con regularidad compartir su sentir con alguien que les de paz.

Por eso, mi compromiso para llevar el evangelio, es hablar de Jesús como alguien cercano; vivir con la alegría que nos invita el Señor a vivir en la relación con Él. Estar presente para quien necesite escuchar y hablar de Dios. Actuar y vivir como cristiano. Soportar el rechazo con esperanza.

Diác. Feliciano Ramírez Carrizales 

La historia nos dice que siempre ha habido sufrimiento; sin embargo hoy se puede constatar que hay más sufrimientos,  que existen más heridas en las personas.   


Desgraciadamente cuando una persona no sana una herida, suele trasmitir esa misma herida a los demás. En nuestra sociedad mexicana hay un gran índice de violencia intrafamiliar, abandono familiar, drogadicción, alcoholismo, secuestros, robos a mano armada. Todas las víctimas, y especialmente los victimarios, necesitan ser escuchados y acompañados. Y cuando uno lo hace, la persona va sanando gradualmente su corazón, y si agregamos el elemento espiritual, Dios acelera ese proceso de sanación. 

Como sacerdote, me comprometo a investigar y enseñar la sana doctrina, la doctrina de la Iglesia. Sin embargo, sabiendo que las palabras no siempre convencen, sino que es el testimonio lo que arrastra; me esforzaré, con la ayuda de la gracia divina, a ser testimonio para ser “sal y luz” en donde Dios quiera que yo sirva. 

Diác. Miguel Alejandro Ortiz Balandrán 

11 Feb 2022

HELLO! 1

«¿Cómo fue tu llamado?» Esta es una de las preguntas que más me han hecho a lo largo de mi formación, y me atrevo a decir que quienes caminan junto conmigo, así como los que ya son sacerdotes, coincidimos en afirmar que disfrutamos dar a conocer cómo Dios tocó nuestro corazón en un momento determinado de nuestra historia y nos llamó para que estuviéramos con Él (cfr. Mc 3, 13-14).

Solía pensar que la forma en la que Jesús me había llamado a seguirlo no tenía nada de especial, que se había tratado de algo simple y de poca importancia. Aunque sí quedé con mucha inquietud, lo dejé pasar. Necesitaba tomarme un tiempo para terminar la carrera y meditar profundamente el llamado que se me había hecho, pues no se trataba de cualquier cosa.

No podía dejar todo por cuanto había trabajado tanto por algo que en un principio parecía tratarse de una simple cosquillita. ¡Qué ingenuo fui! Pero Él, que me conoce perfectamente me ayudó a entender que no había sido sino un acontecimiento bello y único que vino a mover (muchísimo) mis planes, a cuestionarme si lo que estaba haciendo (y pensaba hacer) me hacía realmente feliz y, sobre todo, a confrontarme pidiéndome hacer y dar más de lo que ya estaba haciendo y dando. Fue el mismísimo Amor quien se detuvo frente a mí, se acercó a mi corazón y susurró: «Te necesito como trabajador en mis campos. Sígueme». Tiempo después, con mucho miedo, pero también con la seguridad de que quien llama no abandona, por fin respondí: «Va, le entro».

Cuando Jesús te llama a seguirlo, debes saber que es necesario poner atención en todo cuanto acontece en tu vida para así descubrir qué quiere decirte y por dónde te pide que camines. En una Eucaristía escuché a quien presidía decir que la Iglesia necesitaba de sacerdotes que estuvieran dispuestos a dirigirse a todos los rincones del mundo para dar a conocer el Evangelio de Cristo. Fue en ese instante en el que mi deseo de que los demás conocieran lo que Dios había hecho en mi vida tomó muchísima fuerza y me confirmó que el camino que había decidido tomar era el correcto.

Y aquí estoy, en el sexto año de mi formación sacerdotal. El tiempo ha pasado lo suficientemente rápido, pero no por eso he perdido la oportunidad de descubrir en cada una de las etapas la belleza y grandeza que tiene el sacerdocio ministerial.

Entré al Seminario con la ilusión de algún día ser “el padre” que camina junto con su comunidad parroquial, y claro que ese anhelo sigue latente en mi corazón, pero ser «otro Cristo» implica muchísimo más. Se trata de estar para quien lo necesita; de tener un deseo incansable de llevar almas al cielo, todas cuantas sea posible; de consolar cuando en el corazón de alguien que se ha perdido no hay más que sufrimiento; de hacer presente a Cristo en la Tierra y compartirlo; de darme, de darlo a Él; de amar a todos como el mismo Jesús nos ama, «hasta el extremo» (cfr. Jn 13, 1)

Esta es mi más grande motivación y lo que enciende en mí la esperanza de que estaré dispuesto, no dentro de cuatro o cinco años, sino a partir de ahora, al saberme amado por Aquel que me amó primero, a entregar mi vida entera para poder decir, como mi gran amiga santa Teresita, «no me arrepiento de haberme entregado al amor».

Luis Carlos Solís Garza

Seminarista | Experiencia Eclesial

23 Jul 2021

HELLO! 1

Después de casi 11 años en el Seminario, lo sé, es mucho tiempo; puedo dar testimonio del proceso que la iglesia lleva con los que están por terminar su formación como alumnos en el Seminario de Monterrey.

Es un proceso interesante y lleno de emoción, en mi caso resuena el sueño y anhelo que tenía cuando ingresé a esta institución. En aquel tiempo solo me tocaba conocer a los futuros ordenados por la publicación que se hacía de ellos en los anuarios o en los murales de corcho en los salones y en cada casa. No los conocía personalmente, a algunos solo de vista. Conforme fue pasando el tiempo y yo avanzaba en este camino, las caras de quienes solicitaban ser admitidos al orden sagrado eran más conocidas, coincidía con ellos en misiones, visitas a colegios, colectas en parroquias incluso en apostolados. Aprendía de ellos y llegábamos a ser amigos.

La alegría que sentía iba creciendo cuanto más los conocía, aquél con quien me sentaba en el descanso de la escuela, los que se sentaban conmigo en el comedor, con quienes compartía una taza de café en la tarde estaban llegando a ese tiempo tan especial y que cada vez comprendía mejor.

Y,  ¿cómo es este proceso tan especial? El alumno del Seminario de Monterrey, una vez ingresado al instituto de Teología, se prepara para estos momentos. El primer paso es cuando cursamos el segundo año de Teología, se abre un tiempo para que el joven haga su solicitud para ser aceptado como candidato a las órdenes sagradas y a la administración de los ministerios laicales: lector y acólito. Termina este año escolar e inicia el siguiente.

A mitad del próximo año (tercero de Teología) se abre el tiempo de solicitud de órdenes sagradas (diaconado y presbiterado), así los que están en tercero y cuarto pueden hacer la solicitud del orden correspondiente. Ojo. No siempre es así. Es decir, no todos hacen la solicitud a su debido tiempo y no la hacen por algún motivo personal, por alguna decisión del equipo formador al mandarlos a algún servicio en especial, o simplemente por esperar algún tiempo más. Y esto no tiene nada de malo, los jóvenes nos hacemos muchas preguntas ante la gran responsabilidad y compromiso del sacerdocio de Cristo.

Luego de la solicitud viene un «tiempo de discernimiento», los formadores investigan y evalúan al alumno, sin embargo, esto no lo hacen solos, lo hacen con la comunidad. A algunos compañeros de quien solicitó se le dan unas evaluaciones para que las llene a la luz de la verdad con lo que sabe y conoce de quien solicitó; asimismo, se mandan estas evaluaciones al apostolado donde sirve el seminarista para que algunas personas que lo conozcan hagan también su evaluación, de igual manera se envían éstas a la comunidad parroquial de la que el joven seminarista pertenece. Una vez reunida toda esta información los padres del Seminario se reúnen a realizar los «escrutinios» para determinar si el joven que solicitó algún ministerio es idóneo o no para recibirlo. Posteriormente le corresponde al Arzobispo dar a los jóvenes la respuesta de las evaluaciones y admitir a los jóvenes al orden sagrado.

Ahora me toca estar de ese lado, y vaya que se siente muy distinto, aunque ya haya sido admitido como candidato a las órdenes y ya haya pasado por una etapa de escrutinios, esto es distinto, ya que uno se encuentra de cara a unos ministerios que dan una gracia que desborda la misma naturaleza humana y que conllevan una gran responsabilidad y compromiso. Sin embargo por otro lado se siente la emoción de decir “por fin, estoy llegando”. Entre todas las emociones que pueda sentir en estos momentos de una cosa estoy completamente seguro: Jesús, una vez que nos ha llamado nos invita a seguir caminando con él y nos pone a la Iglesia misma como receptora y al mismo tiempo intercesora para ser en un futuro los ministros que ella misma necesita y merece.

 

Erick Alfonso Rivera Ortíz | 1ero de Teología

Revista San Teófimo No.154