27 Sep 2016

HELLO! 1

– Un acercamiento a la Palabra de Dios por medio de la Lectio Divina –

Por: Eduardo Alberto Mata Ortiz, seminarista.

A lo largo de toda la Sagrada Escritura podemos constatar que Dios quiere establecer una relación personal con el hombre. Él llama, incansablemente por amor, a cada uno de nosotros. Es Dios quien, tomando siempre la iniciativa, mueve los corazones para que vayamos a su encuentro.

Este encuentro, ciertamente, puede darse de múltiples formas y en diversos lugares. Dios nos ha querido hablar por medio de la creación, de los acontecimientos, de los hermanos, especialmente por medio de los más pobres, etc. Sin embargo, Dios nos ha querido hablar de una forma muy especial por medio de su Palabra escrita.

La Iglesia, a lo largo de los siglos, siempre ha tenido a la Sagrada Escritura en un lugar privilegiado. Esto lo podemos constatar en el Concilio Vaticano II, cuando la Constitución Dogmática, Dei Verbum (sobre la Divina Revelación), señaló que la Iglesia siempre ha venerado las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo de Cristo (n. 21).

Pero, ¿cómo podemos acercarnos a la Sagrada Escritura en nuestro diario vivir? ¿cómo debo leer los textos bíblicos para obtener una mayor riqueza? La Iglesia ha propuesto a lo largo de la historia diferentes caminos, todos ellos con la única intención de provocar un encuentro con el Dios vivo que nos habla.

En los últimos años, sin embargo, la Iglesia ha invitado a sus fieles a recuperen un antiguo método de acercamiento a la Palabra. Es un camino que busca llevar al creyente  a tener un contacto directo con el texto bíblico mediante la llamada Lectio Divina o Lectura orante de la Palabra, sea esta individual o grupal. Es una llamado que se nos hace para nutrirnos y regir nuestra vida con esa Palabra (Dei Verbum 21).

Esta lectura, podemos decir, debe tener ciertas características. Ha de ser una lectura inteligente, atenta a la dimensión histórica del texto; debe ser, a su vez, una lectura creyente, siendo conscientes de que la Biblia es Palabra de Dios; y, finalmente, debe ser una lectura actualizada, recordando que estamos ante una Palabra viva capaz de transformar nuestra realidad (cfr. JUNCO, C., La Biblia, libro sagrado, Biblioteca Bíblica Básica, p. 403).

La Lectio Divina o la lectura orante de la Palabra, ordinariamente tiene cuatro pasos:

  • El primero paso, la lectura del texto bíblico, consiste en leer y releer con atención respondiendo a la pregunta ¿qué dice el texto bíblico?
  • El segundo paso, la meditación, consiste en dejarse interpelar por el texto. Este momento debe ayudarte para contestar a la pregunta ¿qué me dice el texto?
  • El tercer paso, la oración, nos pone en diálogo directo con Dios. Es un momento en el que, basado en el texto bíblico que leímos, nos preguntamos ¿qué le digo yo al Señor?
  • El cuarto paso, la contemplación, nos debe llevar a mirar con nuevos ojos a Dios y a los hermanos, así como a nosotros mismo y al mundo que nos rodea. Es, sin duda, un momento que nos ha de invitar a la acción concreta y al compromiso de vida.

Como lo pudimos ver, la Lectio Divina es un camino que debe llevar al creyente a un encuentro con Dios y con Jesucristo que se hace presente en su Palabra. Es una invitación a escuchar con atención, pero también a responder y vivir con auténtico compromiso cristiano. Ten ánimo y hagamos juntos este ejercicio que es alimento para nuestra vida.

26 Sep 2016

HELLO! 1

Por: Hugo Eduardo Lara, seminarista (Experiencia Eclesial)

La participación que tuvimos hace unos días, feligreses, seminaristas y sacerdotes en la Asamblea Eclesial Diocesana 2016, fue muy especial e importante para nuestra Arquidiócesis de Monterrey. Les comparto que lo sobresaliente de nuestra asamblea fue la reflexión que hicimos sobre la vida del cristiano y su participación en la Iglesia, bajo la luz del evangelio de San Juan, sobre todo, profundizamos en cómo los servidores necesitamos seguir manifestando la misericordia de Dios en todos los ámbitos de nuestras comunidades parroquiales.

Desde inicios de su pontificado, el Santo Padre continuamente nos ha insistido en el importante papel que como Iglesia tenemos en el mundo. La invitación es muy clara: que seamos “una Iglesia en salida”, yendo a los más alejados de nuestra sociedad, teniendo además “las puertas abiertas”, es decir, siendo “hospitales de misericordia” para todos los que deseen la gracia de Dios.

Una característica esencial en todo cristiano es la alegría que brota del encuentro con Cristo. Por ello, como Iglesia necesitamos ir a tal encuentro, para que así sigamos alegres, dando testimonio de nuestro ser “sal de la tierra y luz del mundo”, ante las adversidades, como la indiferencia e individualismo, que se presentan en el mundo actual. Estamos llamados (sacerdotes, seminaristas, secretarias, catequistas, etc.) a una misión de amor universal, participando en todas las pastorales y dimensiones de la vida parroquial.

Tras haber recorrido tres días consecutivos, orando y reflexionando sobre el modo que se requiere para impregnar la misericordia de Dios en nuestras realidades parroquiales, se llegaron a estas propuestas:

Por una parte, que los laicos, desde nuestra vida familiar, busquemos construir una sociedad más humanizada y cristificada, poniendo como base los valores del Evangelio (amor, verdad, paz y unidad). Que prevalezca la unidad entre los servidores, buscando siempre la reconciliación, de modo que lleguen a ser auxilio para las demás familias, las cuales pueden necesitar ayuda. Que no seamos “rubricistas”, es decir, tan rígidos y apegados a la norma, sino por el contrario, que nos mantengamos disponibles a los que buscan algún servicio en nuestra parroquia.

Y por otra parte, que los sacerdotes se mantengan siempre atentos a las necesidades de su comunidad (sacramentos, catequesis, celebraciones, etc). Que no cierren la “puerta de la misericordia” cuando alguien se acerca a reconciliarse con Dios a través de la confesión, sin poner límites de tiempo ni restringiendo tal sacramento. Que reciban a sus fieles en una actitud de servicialidad, sobre todo, cuando alguna persona necesite una palabra de aliento o de fe. Que en toda actividad y a todas horas, den un testimonio misericordioso.

Al termino de nuestra asamblea diocesana, la propuesta e invitación que se nos hizo a trabajar como comunidad eclesial de Monterrey, fue el tener siempre una mirada contemplativa y misericordiosa en todo lo que hagamos en nuestra vida cristiana, desde la oración personal hasta las relaciones interpersonales que tenemos con nuestros semejantes diariamente.

19 Sep 2016

HELLO! 1

Por: José Luis Morán Becerra, seminarista (T1)

El 15 de septiembre es una fecha importante para todo mexicano, pues sin importar el lugar en donde se encuentre, ya sea dentro del país o en el extranjero, si se vive en alguna colonia de la ciudad, o se encuentra dentro de los espacios espirituales y religiosos de un Seminario (como en el caso de nosotros, seminaristas y sacerdotes), es una fiesta que no puede pasar sin celebrar. Han pasado ya 216 años de ser un pueblo independiente y tenaz, y eso es digno de recordar y celebrar. La memoria histórica nos invita a tomar lo que el pasado nos dejó de enseñanza, para construir un mejor futuro.

Esta fiesta no pasa en lo absoluto desapercibida, pues los colores, verde, blanco y rojo, se hacen notar desde que inicia el llamado mes patrio. Al ir caminando por las calles, viajando en camión, o transitando en tu automóvil, rumbo a la escuela o trabajo, fácilmente notas al vendedor que, en algunos puntos de la ciudad, con banderas, sombreros y cornetas, invitan con espíritu patriótico, a celebrar esta fecha.

La Independencia de México es toda una celebración vivida intensamente sin importar el lugar, y precisamente en nuestro Seminario, también celebramos esta fecha importante para nuestro país. Tal vez te preguntarás, y ¿cómo celebran este día ahí en el Seminario? Permíteme compartirte lo que sucedió en nuestro Seminario Mayor de Monterrey este día.

Comenzamos con un acto cívico en el que presentamos los debidos honores a nuestro lábaro patrio, y recitamos a una sola voz el juramento a la bandera. Luego entonamos con orgullo el Himno Nacional Mexicano, parte de la comunidad del Instituto de Filosofía y Teología. Concluido tales honores, siguió el momento esperado por todos: la Cena Mexicana. Entre adornos y música mexicana disfrutamos de los antojitos mexicanos preparados por el equipo de cocina. Se preparó una dinámica, como un momento de convivencia y esparcimiento entre los seminaristas y sacerdotes. Y cerramos con broche de oro, pues uno de los sacerdotes del equipo formador, en conmemoración de lo ocurrido en 1810 en el pueblo de Dolores, dió el grito de Independencia al que orgullosos y contentos todos gritamos: ¡Viva México!

No te extrañe todos estos detalles y preparativos, pues somos seminaristas, y somos mexicanos, orgullosos de la tierra que produjo la tilma donde la Madre de Guadalupe decidió plasmarse. Como ciudadanos responsables en formación hacia el sacerdocio, somos conscientes del gran valor que tienen las tradiciones de nuestro país, sobre todo, este acontecimiento histórico. Somos seminaristas mexicanos, tenemos orgullo en expresarlo. Porque Dios ha obrado maravillas en nuestra tierra, y “no ha hecho cosa igual con nación alguna”.

Sabiendo que Él siempre está con nosotros, y alegres por estas fiestas patrias, todos a una voz digamos: ¡Viva México!

09 Sep 2016

HELLO! 1

Por: Santos Cristóbal Meléndez, seminarista (F3)

La madre Teresa de Calcuta es oficialmente santa, aquella mujer misionera que con gran humildad, demostraba a la humanidad que no era necesario llenarse de lujos para alcanzar la felicidad. Fue una mujer que bastaba con sólo verla, y te contagiaba esa alegría que sentía al seguir a Jesús, siempre con un corazón humilde y desprendido.

Se distinguió por ser una mujer abandonada en los brazos de Dios, llena de amor, entregada a los más pobres, enfermos y moribundos. Además es reconocida, a nivel mundial, por haber sido una gran defensora de la vida humana.

El día de su canonización, el Papa Francisco hizo una descripción del alcance que tuvo, no sólo en nuestra Iglesia, sino también en la sociedad, diciendo que: “la Madre Teresa hizo sentir su voz ante los poderosos de la tierra para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos  mismos”.

Sin duda, Santa Teresa de Calcuta vino a enseñarnos a todo ser humano que cuando hay amor en nuestras vidas, el sacrificio no cuesta, que la vida de las personas no está hecha para dar amor medias, sino “hasta que duela”; esto es, en hacer una entrega generosa y un amor desinteresado a los demás, sobre todo, a los más desahuciados y discriminados por la sociedad.

07 Sep 2016

HELLO! 1

Por: Juan Yosimar Moreno Saucedo, seminarista (T3)

Esta semana seguimos meditando los acontecimientos, de los cuales hemos sido partícipes, como Seminario y como familia de la Iglesia Arquidiocesana de Monterrey. El pasado 3 de septiembre del 2016, vivimos con gran alegría la consagración diaconal de 9 de nuestros hermanos de cuarto de teología. Dentro de la meditación de estas ordenaciones, brotan algunas preguntas al respecto. Primero, ¿qué es un diácono?, y segundo, ¿cuál es su papel en la Iglesia? Las respuestas a estas interrogantes nos ayudarán a comprender lo vivido.

Pues bien, respondiendo a la primera cuestión, encontramos que un diácono «es aquel hombre que ha recibido el primer grado del sacramento del Orden Sagrado». Como parte del rito de la consagración, se le imponen las manos, como signo de la asistencia que harán a su Obispo y sacerdotes en la predicación de la Palabra de Dios, en la distribución de la comunión y en las obras de la caridad, siendo así el servicio lo más específico de su ministerio. Aunque si bien, además de las diversas y nuevas encomiendas que recibe (como ver por los pobres, bautizar, bendecir, entre otras), el diácono debe ser un reflejo vivo de Jesucristo, quien no vino a ser servido, sino a servir.

Y como respuesta a la segunda pregunta, el Señor Arzobispo nos manifestó a toda la comunidad congregada en torno a la celebración, dirigiéndose especialmente a los nuevos diáconos, sobre el papel que asumiría en su ministerio: “les encomendamos a los pobres de Monterrey, pongan su corazón en servirles; en ser testigos del amor de Cristo. El diaconado es servicio, es entrega. Tenemos un gran número de indigentes que necesitan todo nuestro cariño y nuestra caridad”.  La encomienda es muy clara: un continuo desvivirse por amor, amor al pueblo de Dios, con especial servicio y atención a los pobres de nuestra Iglesia Regiomontana.

En lo personal, un momento emotivo y lleno de luz, fue cuando se les confió su destino de ejercicio ministerial, que aunque ellos tenían algunos fines de semana asistiendo a tales comunidades, el expresarlo públicamente fue algo conmovedor, pues acompañaba una expresión de confianza  y compromiso: “les encomendamos a los pobres y desprotegidos de la comunidad…”.

Ser servidor de los demás y, más aún, de alguien a quien no te lo puede retribuir, es un mandato evangélico y una invitación a dar más de nosotros. Estamos seguros que estos hermanos nuestros, tendrán que dar más de sí en este ministerio que les ha sido encomendado, mismo que algún día queremos y esperamos con fe, ser partícipes el resto de seminaristas que seguimos en la formación.

02 Sep 2016

HELLO! 1

El Proceso Vocacional es un tiempo para conocer las distintas vocaciones que hay en la Iglesia y descubrir a cuál de ellas nuestro Padre Dios nos ha llamado. Y habiendo recibido orientación y apoyo, podemos responder en el seguimiento de Jesús que no vino sino a servir y a dar su vida para la salvación de muchos.

 Al escuchar la palabra vocación podríamos entender varias cosas, como una profesión, algo para lo que eres bueno, lo que te gusta hacer, tu proyecto de vida, etc. Pero en la Iglesia entendemos vocación como un llamado de Dios, como una invitación a seguirlo de una forma particular. Es tarea de nosotros dar una respuesta generosa a este llamado y conocer cuál es la Misión a la que nos invita Dios para entregar la vida.

Dios nos hace diferentes llamados en diferentes momentos de nuestra historia:

  1. Vocación a la Vida: ¡Somos llamados a la existencia como personas!
  2. Vocación a la Vida Cristiana: Dios nos llama a formar parte de su familia que es la Iglesia y llevar una vida de santidad.
  3. Vocación Cristiana Específica: el llamado es a dar la vida dentro de la Iglesia viviendo como laico, religioso, religiosa o sacerdote.

Estas tres dimensiones de la vocación en nuestra fe, nos invitan cada vez a profundizar más en el misterio del llamado de Dios en nuestras vidas, el cual se va revelando a lo largo de los años, apoyándonos en herramientas que la Iglesia nos ofrece.

La Iglesia de Monterrey, con el fin de brindar a los y las jóvenes los recursos necesarios para discernir su vocación, ha estructurado un proceso vocacional de acompañamiento que inicia anualmente en el mes de septiembre con la Marcha Juvenil Vocacional, y concluye en el mes de mayo con el Retiro de la Opción.  Durante el ciclo, como parte del Proceso Vocacional, se organizan retiros cada 15 días donde aprendemos, convivimos y nos fortalecemos espiritualmente. También se realizan Fines de Semana Vocacionales, que son momentos especiales de encuentro con Cristo y con otros jóvenes con la misma inquietud. En la Semana Santa vamos de Misiones a comunidades rurales y urbanas donde compartimos nuestra fe con nuestros hermanos, y convivimos con sacerdotes, y seminaristas, religiosos, religiosas, para poder conocerlos más de cerca. Además, contamos con entrevistas personales con sacerdotes y religiosas, que escuchan tu inquietud y te ayudan a clarificar las dudas y fortalecer así la respuesta al llamado.

 Asimismo, lo único que se necesita para iniciar un Proceso Vocacional es tener muchas ganas de servir a Dios y a los hermanos, teniendo la inquietud de buscar una respuesta a la pregunta: ¿De qué forma puedo seguir a Jesús y así ser feliz y hacer feliz a los que me rodean?

Ayúdanos, si conoces a alguien que busca orientación en su vida vocacional o mejor aún si eres tu quien aún no has iniciado a discernir tu vocación, y quisieras emprender este misterioso y atrayente camino de felicidad de la mano de Dios, acércate al Centro Vocacional de Monterrey, donde te ayudaremos. No hay que tener miedo, hay que dar un salto de fe.

 
Informes Centro Vocacional: (81) 1158-2838
Facebook: Centro Vocacional de Monterrey

 

Fechas de Proceso Vocacional:

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02 Sep 2016

HELLO! 1

Ingresé al seminario en el 2007, ya para cumplir los 47 años, estudié la carrera de Contador Público teniendo ya muchos años trabajando con jefaturas de recurso humanos.

Sentí algo muy fuerte cuando recibí el llamado del Señor y hablé con diferentes sacerdotes por lo que me sugirieron ir al centro vocacional, hice ahí un año de proceso.  Al terminar realicé mi carta para ingresar al seminario y al poco tiempo me llamaron donde me decían precisamente que era el Señor quién me llamaba por lo cual ingresaría al seminario el 4 de agosto de ese mismo año.

Hablé con mi familia y todos se pusieron muy contentos sin embargo al despedirme de ellos si hubo algo de tristeza pues somos una familia muy unida.

Poco a poco fui conociendo a Cristo; Él me había conquistado para siempre.  Siempre sentí un gran deseo de abandonarme en Cristo y así lo fui haciendo poco a poco hasta el día de hoy y no me arrepiento de haber dejado todo pues sé que en todo mi existir está derramándose su amor cada día; no solo en mi corazón sino en todo mi ser y mi existir.

Me he encontrado con Cristo en todos los lugares a donde voy.  No ha sido fácil pero Lo he sabido encontrar en toda la gente no solo que está necesitada, sino también en personas que están llenas de amor y que te hacen sentir que Cristo está vivo y que unidos se pueden realizar muchas cosas.

Para mí ser sacerdote es ser Cristo.   Por eso día con día le pido que me deje vivir con Él, y al día siguiente le vuelvo a insistir lo mismo y así seguiré pidiéndole para poder seguir con el llamado al que me he sentido llamado.

Nunca he dudado de que Él me ha llamado ya que lo he sabido identificar aunque no es fácil seguirlo porque para seguirlo se necesita como decía al principio abandonarse completamente en Él que es toda perfección y uno es un hombre sencillo como los demás.

Los retos son muchos pues he luchado en la indiferencia de muchos, pero no he dejado de insistir en estar donde considero que me lleva, han existido peligros pero también Cristo me ha dado fortaleza para afrontarlos y salir adelante.  Considero que para seguirlo se necesita abrir el corazón, orar mucho, insistirle en que camine junto con uno en todo momento y que así como me abandono en Él, Él siempre se deje encontrar.

01 Sep 2016

HELLO! 1

Entre al seminario a los 23 años de edad. Era estudiante de la facultad de Ingeniería Civil en la UANL y miembro de grupos parroquiales principalmente coros.

Descubrí mi vocación, cuando en mi interior había como un fuego ardiente que no podía apagar (Jer 20,9) fue cuando le pregunté a Dios respecto a mi vocación. Y todo fue providencial. El llamado de Dios en mi vida lo descubro en el proceso vocacional. Y en medio de mis ocupaciones diarias traté de dejarme llevar por su voz, entiéndase que la voz de Dios la descubrimos en los acontecimientos y signos que muestra a través de las personas de Dios y claro; en su Palabra y en la Eucaristía.

Paz interior y alegría. Creo este binomio de sentimientos me ha acompañado desde que acepté el llamado y en toda la formación, siempre busqué estar abierto a la voluntad del Señor y solamente a través de los frutos es como he podido conocerla.

Al darles la noticia a mis padres, creo que las palabras internas fueron: “Ya nos esperábamos esto, como te la pasas todo el día en la Iglesia”; pero lo que me dijeron en realidad fue, por parte de mi papá: “pues tú ya sabes, ya eres mayor de edad”. Por parte de mi mamá: “Yo sentía que algo tenía Dios para ti”.

Llegar a ser sacerdote significa para mí una manifestación de su gracia en mi persona en donde lo indigno, por su presencia Él lo hace digno. Significa que Dios puede dar para su Pueblo la expresión más grande de Amor, de Misericordia, de perdón, de paz a través de mí.

“Hubo algún momento en tu caminar que dudaste de tu vocación. ¿Cómo enfrentaste esto?”
Si. Primero, reconociéndome necesitado. Segundo, pidiendo ayuda y tercero, dejándome acompañar. La clave está en estas tres cosas: Humildad, limosna y docilidad.

La indiferencia, la dispersión, el egoísmo sobre todo la rutina. Estos son los retos que he descubierto en la comunidad al transmitir a Dios, sobre todo la rutina.

31 Ago 2016

HELLO! 1

Entré al seminario a los 24 años, terminé la carrera de Lic. en Derecho y Ciencias Sociales. Y me encontraba como misionero en la comunidad del ITE, un instituto que pertenecía a la diócesis.

“¿Cuándo descubriste tu vocación? ¿Cómo fue?”
Recuerdo que me encontraba en unas misiones de Semana Santa en el 2004, cuando sentí por primera vez que Dios me llamaba a algo, pero no sabía que quería de mi vida.

Descubrí el rostro de Dios en el rostro de unos niños y también vi la necesidad de darlo a conocer a las personas que tenían hambre del Él, pero no había quien se los transmitiera. Creo que mi primer llamado lo sentí a la vida misionera y ya en la misión logré comprender que Él me quería por completo a su servicio en la vida Sacerdotal.

Los sentimientos que tuve al aceptar el llamado, pues de primer momento creo que miedo, pero a la vez alegría y entusiasmo de sentirme llamado por Dios. También confieso que cuando entré al Seminario no lo hice por querer ser Sacerdote, más bien buscaba ser feliz y para mí la felicidad es hacer la voluntad de Dios y pues la voluntad de Dios me hizo llegar al Seminario

“¿Cómo recibieron tus padres o tu familia, la decisión de Servir a Dios? ¿Recuerdas sus palabras?”
Bueno pues mi mamá ya había fallecido cuando yo decidí entrar al Seminario, pero en una ocasión mi hermana me confesó que mi mamá le había comentado que yo terminaría en el Seminario. Cuando le dije a toda mi familia yo me encontraba de misiones en General Treviño y fueron a visitarme el día de mi cumpleaños y después de pasar el día completo con un servidor, ya al final cuando se iban me subí a la camioneta y en ese momento les dije; todos se quedaron helados de la noticia y se quedaron callados por un momento, mi papá fue el primero que tomó la palabra y me dijo: “yo siempre he querido para cada uno de ustedes que sean felices y los he apoyado en sus decisiones, y si tú crees que esa es tu felicidad yo te apoyo”.

Llegar a ser sacerdote, es hacer la voluntad de Dios, responder a su llamado para servir a Él y a su pueblo, y hacer mi corazón semejante al de Él.

Durante mi caminar, han habido dos ocasiones en las ha sido complicado continuar.
En el Curso Introductorio, a raíz de una lesión en el tobillo que me hizo estar en reposo por un buen periodo de tiempo, me llevo a entrar en crisis y estuve a punto de salir, pero gracias al apoyo del padre espiritual y el padre formador decidí permanecer un tiempo más, pero lo más importante fue que descubrí una espiritualidad personal, que hasta la fecha la sigo realizando y es lo que me ayuda a permanecer en el Sí constante a Dios.

La otra fue en tercero de filosofía, no dudaba del llamado de Dios, sino dudaba de mi repuesta, que tan firme y fiel era en mi llamado, la indignidad que sentía, el no sentirme realmente preparado. Pero una vez más me vi acompañado por mis formadores y la guía de mi director espiritual y por supuesto la comunidad (mis hermanos).

Los retos que he vivido han sido conmigo mismo, vencer mis temores, comprender y conocer a la comunidad en la que me toca servir y saber acompañar, aprender a tener capacidad de frustración y romper paradigmas en la evangelización.

30 Ago 2016

HELLO! 1

Entré al seminario a los 35 años. Trabajaba en el hospital, soy cirujano general.

Mi vocación la descubrí en el mes de mayo del 2006. Todo empezó en el año 2002. Empecé a ir a Misa y me enamoré, no pude dejar de ir todos los días. Estudié Biblia, me hice Adorador Nocturno, viví el Taller de Oración y Vida del padre Ignacio Larrañaga, entré al grupo de visitas a enfermos en mi parroquia San Juan Bosco. Todo lo anterior fue vivido entre el año 2002 y 2006. Dos acontecimientos derramaron el cántaro de la vocación, un librito titulado “La Vocación”, que al leerlo sentí que a mí me estaba pasando todo lo que decía ahí, y el otro acontecimiento fue cuando una persona me dijo que el llamado de Jesús es personal. En ese momento me cuestioné si todo lo que había vivido desde el año 2002 no sería un llamado de Jesús a ser sacerdote… y aquí estoy.

“¿Qué sentimientos tuviste al momento de aceptar el llamado de Dios a servir como Seminarista?”

Mucha alegría, felicidad y paz.

Las palabras de mis padres al contarles mi decisión fue: “Aquí estamos para apoyarte, es tu vida y nosotros queremos tu felicidad”.

Llegar a ser sacerdote significa responder al llamado que Jesús me hizo y me hace todos los días, ¡Ven y sígueme! Gracias a Dios, en el caminar de mi formación vocacional no ha habido dudas en que Él me llama.

Uno de los retos que he vivido en la comunidad es cómo trasmitir el mensaje de Jesús al mundo de hoy, de tal manera que no reciban palabras, sino que experimenten en su mente, corazón y vida el Encuentro con Jesús Resucitado.